La Decisión de un Hyūga.
4. Simultáneo.
Disclaimer: Los personajes de esta historia no son de mi propiedad. Son de Masashi Kishimoto.
Los OC que aparecen sí los cree yo (son familiares de personajes existentes)
Este fic esta hecho solo para el entretenimiento de su creadora y quien lo quiera leer.
Espero lo disfruten.
— ¡Inoichi! —llamó una voz desde el piso de abajo.
El niño abrió un ojo. Notó el brillo del Sol en su cara. Se giró buscando un lugar donde ocultar el rostro, alguna sombra que la luz aún no hubiera alcanzado. Se puso boca abajo, pero ya no era lo mismo, había despertado y ahora estaba incómodo. Suspirando por no tener la oportunidad de descansar más, se deshizo de las sábanas que lo cubrían. Debería cerrar las cortinas de noche para no tener que despertar de esa forma día a día, pero era sin duda lo más efectivo.
Bajando las escaleras se topó con la figura de su madre al pie de éstas, ambas manos en las caderas. Estaba esperando a que bajara.
—Buenos tardes, Inoichi— saludó haciendo énfasis en la palabra "tardes". El Yamanaka tendía a dormir mucho en las vacaciones.
— Buenos días —susurró, aparentemente sin escuchar el comentario, en un bostezo — ¿Qué pasa mamá? —preguntó el niño tallándose el ojo izquierdo con una mano. Había sido llamado para algo.
La mujer lo miró ceñuda. ¿Acaso lo había olvidado? Se quedó extrañada. Su hijo esperó ese momento por mucho tiempo, y todos los días preguntaba por ello… ahora que sucedía, parecía como si no importase o no hubiera reparado en realizar la diaria pregunta de aquello.
—Pues, tu padre me pidió te avisara —hizo una pausa muy breve— que hoy comenzarán tus prácticas oficiales en las técnicas del Clan —dijo y esperó a ver su reacción.
Cambió en un segundo. Los ojos adormilados del Yamanaka se abrieron completamente, incrédulos. Una sonrisa se extendió en su rostro. Claro, ¿Cómo era que lo había olvidado? Las primeras palabras que cruzaba con sus padres apenas verlos cada mañana. Una rutina para él. Se había vuelto usual su insistencia, y ahora que sucedía… bueno, pensó sería más impresionante o impactante la noticia, más eso no le quito el encantó con el que la vió. Comenzaría a practicar –y, según el propio pensamiento de Inoichi- rápidamente dominar el control mental. Estaba tan emocionado. Ése era su momento para destacar.
— ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Ya? —insistía ansioso. Al pronunciar la última palabra dirigió la vista hacia la entrada de su casa, allí, de pie en el umbral, se hallaba el líder del clan Yamanaka recargado en el marco de la puerta.
El hombre rió por lo bajo. —Calma Inoichi —le aconsejó. El pequeño corrió en su dirección.
—Papá, vamos, vamos —pedía. Ahora se sentía con renovadas energías.
Ojos azules y castaños se encontraron. Ella asintió. El padre bajó su mirada al niño que enfocaba sus orbes a un punto indefinido fuera de la ventana. Probablemente pensaba en lo que sería capaz de lograr en los entrenamientos. Sonriendo de medio lado ante la ignorancia e inexperiencia de su hijo referente al esfuerzo y talento necesarios para realizar sus fantasías, colocó una gran mano en la cabeza rubia del menor, y revolvió su clara cabellera.
—Vamos —y al momento de pronunciarlo, ambos salieron a la fresca mañana de enero. Del seis de enero, para ser más precisos.
Caminaron por las calles casi vacías de Konoha. La nieve que iba y venía en intervalos irregulares, propios de la naturaleza, espolvoreaba la superficie, por lo que la aldea tenía la apariencia de una ciudad glaseada de escarcha. El cielo se encontraba despejado, con una que otra ocasional nube aislada que se paseaba lentamente. No había viento, pero adornos con aires navideños se agitaban suavemente al pasar junto a ellos. El hombre miraba el cielo, mientras Inoichi al suelo. Siguieron en dirección al campo Yamanaka con tranquilidad.
—Y ¿Cómo te fue ayer con los gemelos? —cuestionó el padre tras unos minutos de inusual silencio. Inoichi tenía en esos momentos la cara vuelta hacia el suelo, por lo que no se podía ver la expresión en su semblante.
Tardó un poco en contestar, y cuando lo hizo, fue con voz que denotaba un poco de decepción y hasta cansancio.
— ¿Los gemelos? —cuestionó sin saber si su padre había preguntado, o solo lo estaba imaginado, porque en esos precisos momentos pensaba en ellos, el día anterior. No había podido demostrarles ser capaz de intercambiar las mentes momentáneamente con… ¿quién fué? ¿Hiashi? ¿Hizashi?
Se había sentido como un tonto.
Ya había recibido anteriormente Inoichi, demostraciones y explicaciones de la técnica característica de su clan. Fue demostrado y afirmado que el rubio poseía habilidades excepcionales, hasta había logrado realizar un intercambio de mentes apenas y momentáneo con Shikaku, hijo de un buen amigo de su padre, y con quien se llevó muy bien apenas conoció. Shikaku y él formaban parte de algún tipo de idea entre los padres de éstos. En su primer encuentro, se hizo una demostración de las habilidades de ambos clanes… al parecer, los hombres planeaban el incluir a alguien más en algún tipo de estrategia, que a los niños les daba igual al no saber nada acerca de ésta. Más sin embargo, Inoichi fue instruido –para medir su capacidad inicial- de cómo realizar la técnica durante el encuentro, por lo que pudo hacerlo con algunos fallos (ésa fue la razón por la cual les dijo a los Hyūga que sabía hacer la técnica de cambio de mentes). La técnica en sí era muy sencilla de realizar por un miembro Yamanaka, pero difícil de mantener. Ése parecía ser el reto: mantenerla. Tal vez por eso era llamado a aprender tan de repente. No sabía por qué, pero era evidente que él formaba parte de la plática de días anteriores.
Le pareció inusual el tono de voz que empleó su hijo, además de su tardanza en responder. Concluyó en que algo había sucedido entre los gemelos Hyūga y él para que se hallara en tal estado de silencio. Decidió preguntar.
— ¿Qué pas…? —no logró concluir su pregunta, pues Inoichi lo miró e interrumpió.
—Nos divertimos mucho. Otou-san —agregó—. Tú estuviste allí —y rió.
Se detuvieron al llegar al campo de flores de la familia. No estaba nevando, pero el cielo despejado engañaba. El Sol en lo alto. Debía ser mediodía.
—Ahora —le llamó la atención —. Te explicaré las reglas para que la técnica resulte perfecta.
Una mirada atenta le indicó que continuara.
Las puertas se abrieron por el empuje de Hyūga Hoshuto. Los tres entraron al "Destino". Hubo un cambio drástico en la iluminación, pero más en el ambiente. Comparado con el exterior, dentro se hallaban en penumbra. Así mismo, el ligero y calmo ambiente entre los gemelos se vió oprimido de repente.
—Hoshuto-sama —profirió un anciano Hyūga que se encontraba situado en el fondo del lugar —. Es hora de proceder con la imposición al sirviente del heredero.
Los gemelos se miraron entre sí, no comprendían. ¿De qué hablaba ese viejo? Pensaban que sería un regalo de cumpleaños… pero algo les decía que estaban equivocados.
—Pero lo más importante Inoichi, y quiero que te quede bien claro lo que te voy a decir — advirtió en tono serio, cambiando su semblante.
—Que proceda el menor al centro de la habitación —habló potente el anciano poseedor del byakugan, en el fondo del lugar.
—Hyūga Hizashi —habló ahora su padre.
—Jamás, nunca, uses la técnica de ésta forma… —señaló haciendo énfasis en la posición que realizaba —. Porque nunca debió ser descubierta por nuestro clan —continuó mientras los ojos del niño se abrían poco a poco.
—De ahora en adelante tú serás el sirviente de tu hermano… —cada palabra sonaba peor que la anterior.
—Esto no me gusta —susurró para sí Hiashi.
— ¡Y está totalmente PROHIBIDA!
—… ¡El pájaro enjaulado!
El aliento se escapó de sus pulmones.
No podía tener los ojos mas desorbitados, la boca más abierta, la garganta más seca, las piernas más temblorosas, el corazón más acelerado. Frente a él, su padre realizaba una posición de manos con la forma de un diamante de cabeza, uniendo ambos dedos índices y pulgares.
La recordaba. La misma posición que realizó con sus amigos, Hiashi y Hizashi Hyūga. Prohibida, peligrosa. Gritó.
No podía tener los ojos mas desorbitados, la boca más abierta, la garganta más seca, las piernas más temblorosas, el corazón más acelerado. Frente a él, su padre realizaba una posición de manos antes de golpear su frente con el dedo índice y medio. Un dolor le escoció la cabeza. Gritó.
Un alarido hizo que los pájaros posados en árboles cerca del lugar emprendieran el vuelo, aterrados. Habían atrapado a uno.
— ¡¿Qué esa técnica es prohibida? —exclamó. Eso estaba mal. Debía estarlo.
Y así, Inoichi se vió involucrado en la erróneamente aplicada imposición al "sirviente". Y se preguntó: ¿Ellos ya se habrían dado cuenta? Al fin y al cabo eran iguales. Esperaba que sí, porque si pasaba algo que dejara consecuencias… mejor sería avisarles.
Me disculpo por todoas las líneas de separación, pero eran para darles un "toque" (según yo de emoción), sin embargo parece muy revuelta, confío en que comprendan la procedencia de los hechos, y que ocurren simultáneamente.
Aquí está el cuarto capítulo. Muchísimas gracias a Kusubana Yoru y Sifu Sihaya por sus rewiews. Gracias, en serio, tomé prioridad en realizar ésta parte, deseo haya salido bien. Espero hayan encontrado alguna pista en éste capítulo. Además, éste es el más corto que he hecho hasta ahora –aunque haya ocupado más hojas-, por lo que el próximo trataré de hacerlo más largo que los otros (y más interesante). Hasta un nuevo capítulo.
Shima No Ru.
