Hola! Siento mucho haber tardado tanto en actualizar, es que me resulto bastante difícil escribir este capitulo, incluso tuve que dividirlo en tres partes. Aquí les dejo solo la parte mas importante. De todas maneras pueden leerlo y dejar los reviews allá o aquí, como prefieran! También en este capitulo he decidido jugar con el estilo de narración, así que vamos a estar viendo la historia desde el punto de vista del protagonista o con narrador omnisciente.

Gracias a:

leonhardtrose: Si hubo OOC merezco morir *se entrega encadenada y en espera de la muerte* Por ser lectora frecuente te regalo un vaso de agua bieeeen fria (porque soy pobre). En verdad gracias por tus reviews!

Megane Bishojo: Si te gusta como Levi se comporta y como trata a Comandante Cejotas, entonces por favor lee la primera parte de este capitulo, te va a encantar! Muchas gracias por tus reviews tambien, te ganaste un vaso de agua fria!

Ann: Muchas gracias! Espero te guste este capitulo 8D

Yami: *brazos abiertos* veeen, dejame recibir tu amor! (?) Ok no xD Te doy spoiler, en el proximo capitulo ya lo tengo planeado, sera cuando Levi se declare, asi que preparense! ;) Gracias por leer!

IchigoLee: Todos nos sentimos como unos "putos mocosos enamorados" cuando leemos estas cosas xD Muchas gracias a ti por el review!

ktty . c cg: Da fuq! Tal vez si soy adivina xD Mujer no se, me parece que estoy contando tu vida con Levi!

Alice: ...GRACIAS! *se zampa todo el embase de nutella con galletas* Te amo!

Mei Phantomhive: No odio la rayis, es que cuando uno publica el fic en la pagina solo sale una misera rayita! hoy intentare hacer un raya punto a ver si asi me queda xD Gracias por el rvw.

NuniiWrittingDreams: Joo, me alegro mucho que te guste como escribo, en este capitulo me esforce bastante para que fuese dramatico, pero por favor, lee la primera parte! Te encantara! Y lo importante es que comentes, tarde o temprano xD Como dije arriba, en el capitulo que viene Levi se declarara, asi que ya pronto vendra lo que las masas piden (?) Muchas Gracias por tu Review!

Paloha12314: Aqui tienes... TENSIOOOOOON! *rayitos de fondo* Ah, y mucho DRAMAA! *rayitos de fondo* Y que viva el pueblo carajo! Ojala te guste este capitulo, y muchas gracias por la idea que me das, supongo que no estaria mal intentar hacer un PersonajexLector con Erwin, Armin, Jean o Erwin... Pero supongo que necesitare de sus opiniones, despues de este ff cual personaje les gustaria? Muchas Gracias por tu RVW!

Atzuko-san: Aqui esta la conti, siento haberme tardado! Toma tu vaso de agua fria por lectora frecuente! XD

Y gracias a los que le dan al botoncito de Favorito o Follow ;)

ACLARANDO CLARESAS CLARAMENTE (?):

"blablabla" son pensamientos

-blblblblaaaa- son dialogos

-_._._._ fue a casa de pedro.- estan diciendo el nombre del lector.

POR FAVOR, ANTES DE COMENZAR A LEER ESTE CAPITULO, PASEN POR AQUI (w ww. fanfiction s/10082043/1/Roulett e-Of-Memories-Let ters-from-the-Lance-Co rporal) ALLI ESTA LA PRIMERA PARTE DE ESTE CAPITULO Y PRONTO PONDRE LA TERCERA!

Disclaimer: Shingeki No Kyojin no es mio. Su autor es Hajime Isayama. La historia si es mía.

Advertencia: OOC (Out Of Character) y Lenguaje Vulgar.


Habías estado muy asustada cuando ocurrió la primera expedición de tus amigos fuera de la muralla María, quedándote en la base por aquellas costillas rotas por al menos unos tres o cuatro días en los cuales no pudiste dormir o comer bien y tu corazón casi se había salido de tu pecho al verlos regresar. Pero ellos eran bastante duros de matar, porque tres expediciones después todos seguían sanos y salvos. Al parecer los entrenamientos con el Capitán Levi habían hecho su trabajo, volviéndolos soldados capaces para la travesía.

Estabas en verdad agradecida con tu nuevo capitán. Sabias que el que esos cinco idiotas estuviesen con vida hasta ese momento era gracias a él, quien se había encargado de enseñarles y cuidarles. Sentías, por fin, que podías confiar en alguien ademas de tus tontos amigos, por lo que no sentiste temor cuando supiste que el muro María había caído. Él les había dado fuerzas, a su manera poco educada pero sin duda amable, cuando sintieron miedo o desesperanza. Ustedes podrían contra los titanes, ustedes eran los héroes y podrían salvar algún día a la humanidad.

"-Va a estar bien jodido, pero puede que lo logremos.-"

Ahora, a casi dos meses de la caída del muro, una nueva expedición se avecinaba... Junto al invierno.

"Nieve..."

Te detuviste en la mitad del pasillo, escoba en mano, mirando por una de las ventanas de la base mientras tus ojos se perdían viendo los pequeños copos de nieve caer desde el cielo. Era finales de Octubre... Pronto tus amigos y tu habrían cumplido un año de haberse unido a la milicia.

Un extraño sentimiento se alojó en tu estomago en el momento en que pasó por tu mente la cantidad de años que tenias sin regresar al distrito de Karanese. Tres años. Los rostros de tres personas pasaron frente a tus ojos, todos con rostros ligeramente parecidos al tuyo, una joven con apariencia mas adulta, con ojos castaños y cabellos negros y lizos como una noche sin luna, y luego dos rostros mas jóvenes e infantiles, uno perteneciente a una niña y un niño de ojos azules como el añil, ambos con un color de cabello parecido al tuyo. Los rostros de esas personas se presentaban en tu cabeza con sonrisas alegres mientras se acercaban a ti, te llamaban con insistencia, pidiendo que les cocinaras el único plato que te quedaba bien: un pie de manzana.

-Liza, Zara y Charlie...

...Tu corazón se comprimió dentro de tu pecho. Sentiste ganas de llorar y te obligaste a ti misma a no hacerlo, sujetando la escoba con las mano mientras recordabas que los días favoritos de Charlie para salir a jugar eran durante el verano. En cambio a Liza le agradaban mas los días frescos del otoño y sus colores, mientras que Zara amaba la primavera y las flores con todo su corazón. A tu mente llegaron los recuerdos de esas tres personas en invierno, tu estación favorita, la mayor colgando tejidos de pino a la humilde y pequeña cabaña mientras los dos niños mas pequeños correteaban detrás de un cachorro al que habían llamado Lovely, y los tres se detenían al verte llegar...

Sus sonrisas se borraban, y sus ojos reflejaban preocupación. Liza se acercaba, jadeando al verte, sujetando tus hombros te preguntaba que había pasado, pero tu no eras capaz de responderle...

Un mal presentimiento te hizo estremecer, sintiendo un frió antinatural recorrer tu cuerpo de pies a cabeza.

-Oi... ¡Oi!- el sonido de una voz masculina te sacó de tus pensamientos, devolviendote violentamente a la realidad. ¿Cuanto tiempo te habías quedado viendo hacia la ventana? ¿Quien te estaba llamando? Miraste hacia el frente y te encontraste con el Capitán Levi, quien te miraba con expresión impasible, pero con la curiosidad brillando en sus ojos grises.

-¡A-ah! Heichō. B-buenas noches.- sin darte cuenta dejaste caer la escoba al suelo al hacer el saludo de la Legión. -Lo siento, ¿Que se le ofrece, señor?-

El pequeño hombre miró hacia la ventana por donde estabas mirando, como si buscara lo que fuera que tu estabas viendo.

-Esta nevando.- contó lo obvio, regresando la vista hacia ti. -¿Acaso una cosa tan estúpida como este clima te molesta?-

Confundida, negaste con la cabeza sin comprender sus palabras hasta que él, con un chasquido de lengua, tomo la escoba que estaba en el suelo, mostrandote como habías roto el palo en dos pedazos. Abriste los ojos sorprendida al ver que eso solo lo pudiste haber hecho tu...

-No es que estemos nadando en dinero para ir comprando cada cosa que tu rompes, mocosa.- te reprendió el moreno, luciendo no muy feliz.

Avergonzada, bajaste la cabeza y tomaste los pedazos de la escoba sin comprender aun como ni cuando habías roto aquel objeto. -L-lo siento, señor... Yo no... Lo siento.-

Levi lucía cada vez mas exasperado con cada disculpa que pedías. -Suficiente. Iremos a la ciudad luego para comprarla. Y sea como sea no deberías estar por aquí a estas horas y barriendo. Se supone que estas de reposo.-

-Lo se. Pero ya han pasado dos meses. Me siento lo suficientemente bien como par-...

-Me importa una mierda.- de un segundo a otro sujetó tu muñeca y te ignoró olímpicamente, caminando por el pasillo mientras te llevaba a rastras con él, probablemente a tu dormitorio. -El doctor dijo tres meses. Son tres meses.-

Cada vez mas sorprendida observaste tu muñeca ser sujetada por la mano de tu superior, notando que era grande, con nudillos marcados, pequeñas cicatrices en ellos y dedos largos, ademas de estar pulcras y ligeramente ásperas... Pero lo que mas resaltaba de ellas era el calor que irradiaban sobre tu piel, que no habías notado fría hasta ahora. Sentías que quemaban y al mismo tiempo sentías que ese mismo calor te inundaba, inspiraba fuerza, y hacían que un extraño hormigueo te recorriera el brazo...

-Mis manos siempre están limpias, no como las tuyas, cerda. No tienes que mirarlas así.

Los colores repentinamente se te subieron al rostro, llenándote las mejillas, arrancando tu brazo de su agarre y adelantándote en el pasillo, intentando ocultar tu sonrojo repentino al darle la espalda. ¿Pero que mierda estaba pasando contigo? ¿Que habían sido esos pensamientos tan fuera de lugar?

-¡P-Puedo caminar sola, Heichō!- chillaste con el mejor tono de indignación fingida que lograste poner, sonriendo nerviosamente al ver que él te dedicaba una mirada enojada. -Y estoy segura de saber en donde esta mi habitación.-

-De todas maneras te acompañaré.- le miraste de nuevo con los ojos como platos por encima del hombro, cada vez mas extrañada. Él te devolvió la mirada antes de apartarla a un lado, el ceño fruncido. -...Eres capaz de decir que iras a descansar y en cambio te pondrás a hacer las tareas que no querías hacer cuando estabas sana.-

"Claro." Pensaste, regresando la cara al frente. "Últimamente ha hecho estas cosas raras y todavía quiere que me lo crea. Mas bien suena a que quiere acompañarme, enano bast-..."

Te detuviste en esa linea de pensamientos, comenzando a asustarte por ellos. ¿Que demonios del infierno era eso? ¿Y por que rayos el Capitán Levi se interesaría en acompañarte? ¡Eran cosas absurdas! ¡Sin sentido! ¿Por que estabas pensando semejantes tonterías?

Solo atinaste a reírte tontamente para ocultar tu desorden mental. -Oh, vamos Heichō. Yo confió mucho en usted, usted confíe un poco en mi también. Seré buena.-

Sus ojos grises te apuntaron en un santiamén como cuchillos lanzados y clavado contra la madera, haciendo que la sangre en tus venas se detuviera. Te observó de pies a cabeza como si te midiera por unos largos minutos mientras tu fingías mirar hacia donde se suponía que ibas, sintiendo el peso insistente de su mirada en tu espalda durante el trayecto silencioso hasta que por fin llegaron a tu habitación, en donde te detuviste para abrir con tu llave.

-S-supongo que eso es todo. Gracias por acompañarme, Levi-Heichō. Es usted muy amable.- tartamudeaste mientras abrías la puerta, mostrando la obscura habitación antes de pararte bajo el marco y girarte para enfrentarlo. Levi siguió mirándote fijamente, sin apartar sus orbes grises de ti ni por un momento a pesar de que ahora podías verlo hacer eso, poniéndote nerviosa como siempre él lo había hecho. No era la primera vez que te escrutaba tan fijamente, desde unos meses atrás hacia eso, pero normalmente su razón para hacerlo era porque siempre tenias alguna mancha o suciedad en tu ropa.

Nerviosa, te removiste en tu sitio, registrando tu ropa en busca de alguna mancha o suciedad que podría estar captando la atención del "Capitán Limpieza". -¿Q-que? ¿Tengo sucio? ¿Donde?-

Él tardó un muy largo e incomodo minuto en concederte una respuesta seca.

-Tu... ¿De verdad confías en mi?

Aquello no te lo habías esperado. Pestañeaste varias veces, sin comprender la razón de aquella pregunta tan extraña y fuera de contexto, pero asentiste de todas maneras, con sinceridad.

-Si, señor. De no ser así, no podría dormir tranquila esta noche sabiendo que mis amigos se irán con usted mañana.- sonreíste ligeramente para él, corroborando tus palabras. -Confío en que usted los guiara bien y los regresara a mi con vida, Heichō.-

"Aun desde antes de la caída de la muralla... Creo firmemente en él."

Su respuesta fue algo que jamas olvidarías, en primer lugar, porque lo dijo mientras te miraba directamente a los ojos, sin vacilar, sin mirar a otro lado. En segundo lugar, porque fue la primera vez que dijo tu nombre de pila, no te llamo "Mocosa idiota", "Basura", "Cerda", "Niña tonta" o cualquier otro mote ofensivo. Y en tercer lugar, porque esperaste que te dijera muchas cosas... Pero nunca que te respondiera como lo hizo.

-Lo único que puedes hacer es creer que no te arrepentirás de la decisión que has tomado, ... .

De nuevo, aquel extraño mal presentimiento resurgió desde el centro de tu pecho, fuerte y voraz, haciendo que apretaras tu agarre sobre la puerta mientras mirabas las alas de la libertad bordadas en la chaqueta de tu nuevo capitán al darse la vuelta. No estabas segura de si era algo bueno o algo malo, solo sabías que algo iba a pasar...

-Duerme temprano si quieres despedirte de tus amigos. Mañana saldremos al amanecer.

"-¡¿... , que ocurrió?!-"

La voz de esos tres rostros en los que habías pensado un tiempo atrás llegaron a tu cabeza. Algo en verdad iba a pasar...

-R-regresaran en tres días. ¿Verdad?- preguntaste con inquietud, esa seria la primera misión desde la caída del muro María.

-Ese es el plan.- asintió el moreno, sin dignarse a mirarte siquiera. -...Pero uno nunca sabe como las cosas van a terminar. Ten eso en cuenta siempre, niña... Buenas noches.-

Mantuviste tu mirada fija sobre su espalda, observándolo comenzar a alejarse con un nudo en la garganta y la mala sensación hormigueando en tu cuerpo.

"¿Por qué justamente ahora me esta diciendo estas cosas?"

Asentiste con la mirada apagada, bajando la vista y te limitaste a cerrar la puerta, susurrando las buenas noches. Pensando en que, por un momento, después de esas palabras, habías tenido ganas de tomar la muñeca de ese hombre como él lo había hecho contigo y pedirle que no fueran a ese lugar... Que no se llevase a tus amigos.


.

.

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6.2

Invierno

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-Todos preparados. Saldremos en cinco minutos.

Escuchaste al comandante decirle a las tropas alistadas, el amanecer comenzaba a pintar de colores al cielo. A paso tranquilo acompañaste al Equipo de Operaciones Especiales a los establos, sonriendo no muy sinceramente ante las bromas tontas que Lucius y Magnus le hacían a Auruo Bozzard, quien gruñía tonterías como ser mucho mas experimentado y mayor que ustedes cuando en realidad ellos le llevaban un triste año a tus amigos y que él era quien debía estar en el Equipo de Operaciones Especiales y a saber cuantas tantas otras estupideces mas. Podías divisar también a Petral Ral mientras mantenía una conversación trivial con el Lance Corporal Levi y a tus lados Dimitri, Alex y Peter hablaban sobre lo que podrían esperar ahora que el muro María había caído.

De vez en cuando medio escuchabas algunas palabras sueltas que entraban y salían por tus oídos, respondiendo con monosílabos y risas vacías, pero tu no estabas uniéndote mucho a su animo. Aquel extraño presentimiento había amanecido mucho peor que la noche anterior, y parecía incrementarse entre menos tiempo quedaba para que tus amigos salieran en aquella expedición. Algo iba a pasar...

"¿Pero. qué?" Te preguntaste con el pecho oprimido, comenzando a desesperarte. No querías que fueran, pero ¿Por qué? No era la primera vez que salían sin ti. ¿Entonces por qué estabas tan preocupada?

La voz del Capitán Levi irrumpió entre tus tormentosos pensamientos, mientras llevaba en su mano las riendas de Black Jack para guiarlo fuera de su establo.

-Ya es hora.- avisó, haciendo que tu alzaras la vista hacia tus compañeros, mirándoles con pavor oculto tras tus ojos mientras ellos se acercaban con sus monturas y te sonreían, algunos palmeando tu cabeza, Petra abrazándote con cariño. Dimitri besando amablemente tu frente, Peter dándote un abrazo de oso, y los gemelos golpeándote o pellizcándote para despedirse.

-¡No vayas a hacer nada divertido sin nosotros!- habías escuchado a Lucius exigirte, sonriéndote picaramente mientras despeinaba tu cabello, dejándote entonces algo en la mano. Miraste tu palma hasta encontrarte con ese pañuelo rojo que él siempre llevaba en su cuello ahora en tu poder. -Cuídalo mientras no esté por aqui, idiota. ¡Nos vemos!-

"No, no se vayan..."

Observaste a Levi acercarse a ti con su expresión amargada, obligándote a ti misma a mantener la compostura.

-Procura mantener todo limpio. Y no rompas mas escobas.- fueron sus "cálidas" palabras de despedida, a las que estabas acostumbradas, pero ademas de eso y sin avisar siquiera, estiro una mano y casi como si dudara de hacerlo sujetó una de las tuyas, pasando una extraña corriente eléctrica alrededor de tu cuerpo. -Recuperate. Espera por nosotros.-

Fue lo ultimo que agregó, soltándote y alejándose, dejando un vació en tu pecho en lugar de la calidez de su mano. No pudiste evitar mirar su espalda por sobre el hombro, pero antes de que siquiera pudieras pensar algo coherente sentiste que esa misma mano que antes él había tomado era envuelta por otra de nuevo.

Regresaste el rostro al frente justo en el preciso instante en que Alex se inclinaba hacia ti, acercando su rostro al tuyo hasta que por fin sus labios estuvieron a solo centímetros de los tuyos.

"¿...Que?"

Abriste los ojos de par en par, quedándote petrificada, sintiendo el aliento cálido de Alex contra tu boca, y te quedaste esperando... Hasta que él, quien te miraba con los ojos entrecerrados, soltó un suspiro derrotado y beso la comisura de tu boca, pasando su otra mano por tu cabello mientras tú intentabas hacer reaccionar tu cuerpo o tu cerebro, quienes no terminaban de procesar la información.

¿Alex te estaba besando?

¿Por qué?

No pasaron mas de unos segundos antes de que él se separara de ti sin soltar tus manos. -No había tenido el valor de hacer esto antes, pero... Siento que debo hacerlo ahora, ... . Yo... Estoy enamorado de ti. Quiero que seas mi novia.-

Tardaste otro medio minuto en procesar la información, dando un paso hacia atrás por el instintivo impulso a huir de aquello que no comprendías, mirando los ojos dorados de Alex clavados sobre ti, brillando como dos monedas de oro mientras te miraban...

"...¡¿Que?!..."

Su expresión seria ocultaba en parte la expectación en sus ojos cuando detuvo tu respuesta. -Pero no quiero que respondas ahora. Regresaremos en tres días...- acarició tu mejilla con suavidad, dándose media vuelta para subir a su caballo y mirándote una ultima vez desde allí, luciendo imponente y hermoso... Casi como uno de esos príncipes de los cuentos de hadas. -Si correspondes a mis sentimientos o no, piénsalo bien durante ese tiempo... Esperare tu respuesta con ansias.-

Eso fue lo ultimo que le escuchaste decir, agitando las riendas de su caballo para unirse a las tropas en la salida de la base, siguiéndolo con la mirada hasta que se detuvo junto a su equipo quienes le miraban estupefactos a excepción del Líder de los Soldados, quien parecía importarle muy poco lo que había visto... A pesar de que sus nudillos se estaban tornando blancos mientras sujetaban las riendas de su caballo con mas fuerza de la necesaria.

-En marcha, mocosos.

.

.

.


El sonido de las campanas del castillo te sobresaltaron. Abriste los ojos de par en par con el corazón en la boca, mirando el techo con terror mientras prácticamente saltabas de la cama, mirando el reloj. Eran las diez de la noche.

"¡Pero si tan solo ha pasado un día!" Pensaste cada vez mas preocupada. ¿Por qué habían regresado tan pronto? Te pusiste la chaqueta de la Legión y las botas sin quitarte el camisón de dormir, corriendo por los pasillos y bajando escaleras cual bólido mientras escuchabas el sonido del los caballos galopando y las carretas por el patio frontal, encontrándote con algunos compañeros que también salían de sus dormitorios y corrían tras tuyo al escuchar la campana del castillo.

-¡Las tropas han vuelto!

Cuando por fin llegaste al patio, bajaste las escaleras casi de dos en dos, mirando nerviosamente entre la multitud de soldados y las carretas en busca de rostros conocidos mientras el caos comenzaba a armarse entre ellos, llamando a los médicos, atendiendo a los heridos. Mas de uno estaba en estado critico, con miembros amputados seguramente por titanes, huesos rotos por caídas, sangre manchando sus ropas. Nada nuevo para ti, te habías acostumbrado rápidamente a esas escenas durante ese casi-año dentro de la Legión, pero aun así...

¿En donde estaba el Equipo de Operaciones Especiales? ¿En donde estaban estaban Dimitri, Magnus, Lucius, Alex y Peter?

"¿En donde esta Levi-Heichō?" Pensante, entre preocupada y esperanzada al mismo tiempo. Él estaría bien, era un bastardo duro de matar, y tus amigos estarían bien junto a él, te recordaste a ti misma mientras comenzabas a caminar entre los caballos, ignorando los rostros borrosos de los demás soldados, sin darte cuenta de que algunos de ellos te miraban fijamente, con los ojos dilatados y obscuros, casi sin vida en ellos, mientras tu pasabas.

-¡Dimitri! ¡Peter!- comenzaste a gritar entre las personas al no poder ubicarlos entre los caballos y soldados mas altos que tu. -¡Alex! ¡Magnus! ¡Lucius!- notaste mas de un rostro conocido llorando sobre sus caballos o parados, comenzando a preocuparte, mientras el terror creciente comenzaba a llenarte el cuerpo, a pesar de que tu cabeza luchaba contra él, repitiendo una y otra vez que ellos estarían bien, que ellos estaban sanos y salvos. Buscaste entre las carretas de heridos y provisiones, pero ninguno de ellos estaban allí.

De pronto sentiste una mano sujetándote entre los cuerpos apretujados, mirando por sobre tu hombro hasta encontrarte con Levi, quien mantenía una expresión extraña, los ojos ahora bien abiertos mirando hacia ti con expresión impasible al mismo tiempo que un huracán parecía desatarse en el interior de sus ojos nebulosos, mientras las sombras cubrían sus parpados...

Oh, tu conocías esa mirada. La mirada de quien había presenciado las desgracias que los titanes traían consigo. Los que habían presenciado la muerte de sus compañeros en una guerra.

-...¿L-Levi-Heichō...?- susurraste, brincando hacia él, sujetando sus brazos para sacudirlo, notando algo de sangre en sus ropas y manos. Aquello no era sangre de titanes... La sangre de esos monstruos se evaporaba apenas entraba en contacto con la piel. -¡Levi-Heichō! ¡¿Esta bien?! ¡¿Están bien?!-

Entre todo el caos, los alaridos y gemidos de dolor de los soldados, entre los rostros borrosos de las personas a su alrededor, él no tuvo que levantar la voz ni una décima para responderte con ese tono tranquilo que él siempre ostentaba...

-Este es el resultado de la decisión que has tomado, ... .

...Tu corazón comenzó a latir con fuerza, apretando el agarre sobre los brazos de Levi mientras abrías los ojos de par en par, dejando salir un jadeo de terror puro. Él no había respondido nada en realidad... Pero tu habías comprendido todo... Absolutamente todo.

-...¿En donde están ellos...?

Levi te dedicó una larga mirada, en un silencio ininterrumpido, que tan solo hizo que te desesperaras mas. Tus amigos... Tus amigos...

-¡¿En donde están ellos?! ¡¿En donde están mis amigos, Heichō?!

Sus ojos grises atrevidos, fieros y nunca esquivos esta vez fueron, al parecer, incapaces de mirarte a la hora de responderte... Casi como si estuviesen avergonzados.

-Del Equipo de Operaciones Especiales hubo tres bajas, correspondientes...- pareció perderse un momento en sus pensamientos antes de nombrarlos. -...Al fallecimiento deDimitri Zedd, Peter Stod y Lucius White.-

Tus ojos intentaron salirse de sus orbes... Y el mundo pareció despedazarse en un segundo a tu alrededor.

Tus amigos habían muerto.

-...No...

Tu corazón se detuvo dentro de tu pecho... Dimitri, Peter y Lucius estaban... Muertos.

Bajaste la cabeza, debilitando el agarre en los brazos del Capitán, quien no pareció inmutarse a pesar de que probablemente le dejarías moretones en la piel. Tus preciados amigos, una de las pocas cosas que te quedaban en el mundo estaban muertos... Habían muerto en la batalla contra los titanes.

Habían muerto bajo el mando del Lance Corporal Levi, luchando por el ideal del Comandante Erwin Smith... En una batalla a la que los habías arrastrado.

No te diste cuenta de que mantenías el cuello del hombre frente a ti con ambas manos contra el suelo sino hasta que su rostro estuvo comenzando a tornarse rosado por la falta de oxigeno. Él no parecía inmutarse de ello, seguía mirándote con esos ojos tormentosos y ensombrecidos que no combinaban con su expresión tranquila mientras sujetaban debilmente tus muñecas, como si nada estuviese pasando...

-Dejaste morir a mis amigos...- fue lo único que susurraste, con la voz quebrada como un cristal que se había caído, pero con los ojos secos. No podías llorar porque las lagrimas simplemente no salían.

La respuesta del Lance Corporal no fue mucho mas que un simple y frió...

-¿Te arrepientes?

Sentiste brazos sujetarte y levantarte, escuchaste voces familiares gritando que soltaras al capitán. Él bien pudo haberte golpeado, bien pudo haberse defendido de ti que no eras mas que una mocosa debilucha... Pero no lo había hecho.

-Asesino...- susurraste, sintiendo de pronto que estabas muy cansada, adolorida, débil. Como si algo desde el centro de tu pecho succionara tu fuerza. Todo se difuminaba frente a tus ojos mientras te sentías arrastrada a la obscuridad... Siendo el rostro del Lance Corporal Levi lo ultimo que pudiste ver. -...Asesino...-

-...Eso ya lo sé.

.

.

.

Grande fue la sorpresa del comandante, el capitán y el Soldado Mas Fuerte de la Humanidad cuando azotaste la puerta de su despacho sin ninguna delicadeza e hiciste el saludo militar con mas fuerza de la necesaria, parándote frente al escritorio del rubio con una cara que pareció impresionar a Erwin y a Mike.

-Buenas noches, Erwin-Danchō, Mike-Taisa, Levi-Heichō.- saludaste con un tono de voz severo, recto a tal grado que no parecía combinar con el tono natural de tu voz que siempre era amable y divertido.

-Soldado ... , ya has despertado. ¿Que haces aquí?- preguntó Erwin, su expresión sorprendida seguramente al ver que en vez de estar aun desmayada o llorando junto a lo que quedaba de tu banda, estabas allí firme, sin una sola lagrima y vestida con el uniforme de invierno. De hecho, tu también estabas sorprendida por ello. Era como si tu mente trabajase por si misma, junto con tu cuerpo... A pesar de que por dentro estabas destrozada, a pesar de que sentías estar fuera de ti misma, observando todo como una mera espectadora.

-Señor, he venido a informarle de mi próxima partida hacia el distrito Karanese, junto a los soldados Lawson y White. De ser posible, quisiéramos irnos mañana al amanecer y he venido a pedirle la autorización para-...

-Espera un momento.- el comandante se levanto de su silla, mirándote de pies a cabeza como si no creyera lo que estaba viendo. -¿Informarme de una próxima partida?-

Tú asentiste con la cabeza, imperturbable. -Si, señor.-

Erwin levanto una de sus pobladas cejas, luciendo casi incrédulo, e iba a decir algo cuando una mano sobre tu brazo te halo hacia la izquierda, encontrándote con la mirada severa del Lance Corporal Levi sobre ti. -Espera, mocosa. Hablas de informar, como si tuvieses derechos o rango para decidir. ¿Que mierda crees que estas haciendo? O mejor dicho, ¿Quien mierda te crees?-

Tu respuesta fue, para la sorpresa de todos, empujar al Lance Corporal lejos de ti con una fuerza que hizo que el soldado mas fuerte de la Legión soltara su agarre sobre ti, tambaleándose solo un paso atrás, sorprendido.

-No me toque.- gruñiste gravemente, sin siquiera mirarle. Habías visto tu rostro reflejado en los ojos grises del capitán y casi te habías asustado al verte pálida y sombría, como una especie de espectro infrahumano con los ojos opacos y ojerosos, sin sentimientos ni vida.

-Mis tres compañeros han muerto en esta misión. Tan solo quiero cumplir el deseo que ellos me pidieron en vida: Entregar sus cenizas a su familia en su pueblo natal. No estoy pidiendo permiso, Danchō; Estoy avisándole sobre lo que voy a hacer para que no le tome por sorpresa. Partiré junto a Alex Lawson y Magnus White mañana al amanecer para llevar sus cenizas a Karanese y regresaremos apenas sean entregados.-

El comandante parecía anonadado, como si no procesase lo que le estabas diciendo. Mike salto de donde estaba, frunciendote el ceño mientras se acercaba a ti. -Pero ..., el viaje desde aquí hasta Karanese es de un día y medio a caballo... Están comenzando las nevadas y el camino es peligroso.-

-Es otra de las razones por las que he venido hasta acá. Estaba buscando a Hange-Buntaichō. Tal vez ella pueda acompañar-...

-No.- el comandante Erwin rodeo su escritorio hasta que se detuvo frente a ti, mirándote con severidad. -Nada de eso. Nadie saldrá ni entrara aquí hasta que yo lo decida, soldado. Entiendo que estés alterada por la muerte de tus compañeros, pero tú debes entender que...-

-Con todo respeto, Comandante Smith, me importa una mierda entenderlo.- escupiste, frunciendo el ceño tan profundamente que sentiste que todo tu rostro se arrugaba en una mueca de ira, haciendo que Erwin tragara duro ante tu expresión. Te preguntaste que tan horrible te verías por un segundo. -Llevaré el cuerpo de mis amigos a Marhjul, quiera usted o no. Esto no es una opción, no es un simple capricho. Es algo que estoy obligada a hacer... Y ni usted ni nadie va a detenerme.-

El rubio frunció el ceño a la vez, luciendo imponente y tan severo como un verdadero veterano de guerra. No te toco, ni siquiera te levanto la voz, pero su palabra sonó como una ley, algo irrompible. Algo contra lo que tu no podías luchar. El Comandante de la Legión de Exploración no iba soportar las tonterías de una niña caprichosa como tu.

-No. He dicho que nadie sale ni entra de aquí sin mi autorización, soldado. No permito este tipo de desacatos ni siquiera con mis subordinados mas cercanos. Como usted intente salir a la fuerza de aquí se le considerara una enemiga de la humanidad, se le rebajara su rango de soldado y se le encarcelara en los calabozos de la base. Y esa es mi ultima palabra.

Sentiste la sangre hervir en tus venas y las lagrimas de ira escocer en tus ojos, mostrando los dientes en una mueca salvaje mientras mirabas al comandante, teniendo que levantar la cabeza para poder encontrarte con sus ojos pero estando tan fuera de ti misma que ni siquiera te sentías intimidada, apretando los puños para no intentar abalanzarte sobre él y hacerlo obedecerte a golpes. Pediste que se fuera al demonio y gruñiste una maldición antes de darte la vuelta y cerrar la puerta detrás tuyo sin hacer ni un saludo, ignorando olímpicamente el escrutinio que el Lance Corporal y el Capitán Mike te habían hecho mientras discutías con Erwin. Al parecer ellos habían descubierto tu plan incluso antes de que tu lo hubieses pensado.

-...Si sabes que intentara irse apenas pueda, ¿Verdad?- Mike preguntó al rubio menos alto, quien volvía a sentarse en su escritorio y comenzaba a escribir algo en un papel.

-Si.

Levi ladeó el rostro ligeramente. -Si lo sabes, ¿Por qué no le has ordenado a los soldados que protejan los establos y los cadáveres?

-Porque quiero ver de que es capaz esa muchacha.

-No le costara nada desacatar tus ordenes.

-¿Y tu como lo sabes?

El moreno se mantuvo en silencio por un largo minuto, observando hacia un punto inconcreto de la estancia. -Solo lo sé. Puedo ver a través de ella, de sus ojos. Así como narizotas puede ver a través de su aroma.

-No sabia que puedes "leer ojos", Levi.

-Tu no sabes muchas mierdas, Erwin.

Justo en ese momento Smith le entrego el papel que había estado escribiendo al Lance Corporal, quien le echo una rápida ojeada antes de regresar la vista a su comandante.

-Cuida de que no se pierdan durante el camino.

Este le frunció el ceño, fastidiado. -Tch. ¿Tengo que hacer de niñera y de paso de enterrador? ¿Por que yo y no Hange?-

-Porque así como tu ves a través de ella, yo puedo ver a través de ti.

El Líder de los Soldados miró el papel por un momento y no había pasado mas de un minuto cuando la capa del Lance Corporal ondeaba por el aire antes de desaparecer tras la puerta.

Y no pasaron mas de diez minutos mas antes de que el alboroto en las puertas del castillo se armara cuando se vio a tres caballos y una carreta salir sin permiso, seguidos no muy lejos por el Lance Corporal.

.

.

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-¿Crees que ya se dieron cuenta, Snezhinka?

El sonido del galopar de los tres caballos y el crepitar de las ruedas del carruaje en donde reposaban las cajas de madera con las cenizas de tus amigos lleno el silencio que hubo entre Alex, Magnus y tú, todos con el uniforme de invierno, chaquetas de la Legión largas hasta los muslos, guantes negros y capas aun mas largas de lo normal llegando a la mitad de las pantorrillas junto con capuchas peludas y bufandas negras que en ese momento les cubrían las cabezas y medio rostro para pasar inadvertidos lo mejor posible y no congelarse por el inclemente invierno.

-Ya deben estar persiguiéndonos.- fue tu escueta respuesta, mirando gelidamente hacia el horizonte. -Apresurémonos. Si logramos meternos en Trost antes del amanecer no podrán alcanzarnos. Partiremos hacia el norte mañana por la mañana.-

-Pero... ¿En donde dormiremos? No tenemos dinero.- Magnus recordó. En la carreta solo estaban las cenizas, algo de comida robada de la cocina del castillo y lo suficiente como para hacer un campamento durante la noche.

-¿Pues no son soldados? Sean fuertes y dejen de quejarse.- susurraste, mas para ti misma que para ellos, quienes se miraron a los rostros y agitaron las riendas de sus caballos junto al tuyo, perdiéndose en el interior del bosque sin darse cuenta ninguno del galopar rápido de un cuarto caballo de pelaje negro cuyo jinete, también encapuchado, escuchaba con rostro inherente aquella conversación.

-Hacia el norte...

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Te sentías exhausta, como si tu cuerpo no fuese tuyo y simplemente te pesara. No habías pegado un solo ojo durante las cuatro horas que habían estado en Trost. Tan solo habías mantenido la mirada fija en el suelo de piedra, sin pensar, sin llorar, sin hablar, apenas pestañeabas, no escuchabas nada, no notabas nada. Era como estar muerto sin estarlo. Habías visto sombras deslizarse por tus pies y simplemente las habías ignorado, al igual que no habías notado en que momento Alex y Magnus se habían quedado dormidos.

Una sombra tapo la suave luz solar que lograba alcanzarte sin que te dieras cuenta, haciendo que pestañearas un par de veces y levantaras la cabeza de donde estabas acurrucada contra el cuerpo enorme y cálido de Snow White, observando una silueta negra erguida frente a ti... Con unos afilados, pequeños y conocidos ojos grises que te miraban como si fueran a matarte.

Ay, mierda.

-Levi-Heichō...- susurraste, despertando a Alex y a Magnus, quienes saltaron uno desde el interior de la carreta y otro que dormía en una bolsa de dormir contra la pared del callejón en donde se habían metido.

-¡¿QUE?!- chillaron a su vez el rubio y el castaño, quienes, aun medio dormidos, sacaron las hojillas de su equipo de maniobras y te empujaron tras sus espaldas de manera protectora, sin notar quien era "su enemigo" hasta cinco minutos después, cuando reconocieron el rostro amargado y el cuerpo pequeño. -...¡LEVI-HEICHÔ! ¡WA!-

Dos segundos después, los "Honorables y Valerosos Soldados de la Legión de Exploración, la Esperanza de la Humanidad" Alex Lawson y Magnus White temblaban aterrorizados tras tu espalda.

"Que esperanzas..."

-Esconderse detrás de una doncella como nenas no es lo mas valiente que he visto hacer a un soldado de la Legión.- escucharon decir al Lance Corporal Levi, quien dio un paso hacia ustedes, dejándose iluminar mejor por la luz del sol. -Aunque admito que el que no les hubiesen robado nada durante la noche al estar durmiendo en un callejón putrefacto es aun mas extraño. ¿Que acaso no tienen dinero para una jodida posada?-

Con expresión neutral, diste un paso al frente para enfrentarle. -Levi-Heichō... ¿Que hace usted aquí?-

-¿Que crees que hago, mocosa de mierda? Cuido de sus culos para que al menos lleguen con su virginidad anal a Karanese.- respondió el capitán, acercándose a Snow White para sujetar sus riendas, haciendo que ella se levantara y pareciera saludarlo al lamer su mano.

-P-Pero...- Magnus tartamudeó detrás de tu espalda. -E-Erwin-Danchō...-

-Él lo sabe.- rebusco entre sus ropas algo hasta que saco un papel que te tendió, el cual Alex y Lucius leyeron por encima de tus hombros. Era una autorización del comandante para permitirle al Equipo de Operaciones Especiales, comandado por el Capitán Levi, y así moverse entre distritos. -Ese idiota en verdad es un sentimentalista. Siendo el comandante yo los hubiese encarcelado a todos.-

Le entregaste el papel de regreso, mirándole con desconfianza. -Con todo respeto, Heichō... No me interesa nada de lo que haga o diga. Si ha venido a detenernos sera mejor que lo haga ahora. Si no, quítese de mi camino.-

Y como si quisieras demostrar tu punto, lo apartaste de un manoton de adelante tuyo, caminando hacia Snow White. Magnus, Alex y Levi parecieron quedarse petrificados en su sitio, mirando como tu lo pasabas de largo y le arrancabas las riendas de tu yegua de las manos. No había sido tu intención sonar tan gélida, por dentro no entendías porque estabas hablando ni actuando de esa manera, pero esa mitad tuya que sentía admiración, respeto y temor hacia ese hombre había entrado en un sueño profundo en el momento en que te habías desmayado tras la noticia de la muerte de tus tres amigos.

-¿Pero que mierda te pasa, moco-...?

-Heichō, no.- escuchaste a Alex decir tras tu espalda, casi en un susurro. -Ella no esta bien... Cualquier intento de hacerla razonar o detenerse sera en vano mientras este congelada.-

Tu ignoraste sus palabras, como si hubiesen entrado y salido por tus oídos mientras subías a Snow White en completo silencio.

-¿Que mierda es eso, Lawson?- preguntó Levi, comenzando los tres a subirse a sus animales. Tu aun arreglabas un poco tus ropas y tomabas un poco de agua de la cantimplora atada a la silla de la yegua.

-Todos tenemos maneras de enfrentarnos a ciertas situaciones difíciles... Esta es la manera de ella.- escuchaste a Magnus mascullar mientras tu guardabas la cantimplora y salias a la calle por donde ya transitaban algunas personas, mirando hacia arriba para buscar la torre del reloj. -Han pasado cinco años desde la ultima vez que la vimos en ese estado... Es mejor no meterse con ella.-

-Simplemente no descansará hasta hacer lo que deba hacer. Cualquier cosa que se meta en su camino sera eliminado... Incluyendo sus propios sentimientos.

El sol se alzaba en el cielo. El reloj daba las seis de la mañana.

-Magnus, Alex, andando. Si queremos llegar a Rotchan antes del anochecer debimos salir hace mas de una hora, así que tendremos que salir e ir sin descanso.- fue tu ultima palabra, aplicando las espuelas a tu montura para salir del callejón, sin importarte una mierda sobre Levi. Que hiciera lo que le diera la gana.

El sonido de cuatro galopes a tus espaldas te llegó solo después de que salieron de la ciudad y se encontraron en los caminos rurales de las afueras de Trost, aquel camino de tierra que rodeaba al rió, comenzando a dirigirte hacia el norte según tu brújula marcaba cuando escuchaste un caballo acercarse hasta que estuvo a tu lado.

-Según me dijo Magnus, Rotchan es solo la mitad del camino y no podemos forzar a los caballos a ir a este paso durante todo un día.- lograste reconocer al Lance Corporal Levi a tu lado por el rabillo del ojo, diciendo aquello sin dejar de mirar hacia adelante. -Haremos una parada de unos minutos en el lago Lehizamo.-

-Dije sin descansos.

Esa fue tu seca respuesta. Ni siquiera le dirigiste la palabra, ni una mirada. Levi ladeó el rostro para verte y se mantuvo así hasta que simplemente chasqueo la lengua y se fue hacia atrás, dejándote sola con tus pensamientos vacíos.

En tu cabeza solo rondaba la única motivación de llegar a Rotchan. No sabias de nada mas, no sabias quien eras, ni quienes eran esos que corrían detrás de ti, no te importaba absolutamente nada ni nadie mas que esas tres cajas de madera que iban en la carreta. En tu mente sabias que conocías a las personas dentro de esas pequeñas cajas negras, pero en ese momento era como si todos tus sentimientos hubieran sido encerrados en una caja con llave y escondidas en lo mas profundo de tu cabeza. Tus prioridades habían sido reorganizadas dentro de tu cabeza y tu determinación había tomado el mando de tu cuerpo al ver que tu otro lado estaba destrozado e incapaz de actuar.

Al menos ocho horas después, mientras tu te dedicabas a sacar cálculos de tiempo y distancia entre pueblo y pueblo y ahora que por fin estabas considerando la idea de un descanso, Alex fue el siguiente en acercarse en su caballo hasta que estuvo a tu lado, hablándote medio a gritos por el viento que le agitaba los lisos cabellos marrones.

-Levi-Heichō, Magnus y yo estamos preocupados, no has comido nada desde esta mañana...

"Comida. Los que aun viven necesitan comer." Escuchaste una débil voz salir del hueco que era tu mente, haciendo que giraras el rostro hacia tu amigo. -Dentro de la carreta hay algo de comida que Hange-Buntaichō nos consiguió después de preparar los cuerpos.- fue tu seca respuesta, regresando la vista al frente.

-Nosotros comimos algo mientras cabalgábamos durante la mañana, Snezhinka... Estamos preocupados por ti. No has comido nada desde ayer en la noche y ya es de tarde.-

Levantaste la cabeza y comprobaste por ti misma el horario. El sol comenzaba a moverse hacia el oeste, debían ser al menos las dos de la tarde.

-Yo estaré bien, no tengo hambre.- le respondiste automáticamente, no sentías ni hambre ni sed. Te sentías sin duda cansada, pero tu cuerpo en ese momento se sentía mas como el cuerpo de una marioneta que era manejada por cuerdas invisibles.

-Deberíamos pararnos a descansar. El lago no esta muy lejos de aquí. Los caballos están comenzando a cansarse, como dijo Levi-Heichō.

Gruñiste maldiciones que hubiesen enorgullecido a un matón. No te quedo de otra, llegado cierto punto incluso Snow White comenzó a cansarse, aminorando el paso hasta que decidió que no tomaría nada mas de tu maltrato, deteniéndose en una campiña junto a la laguna Lehizamo. Viendo que lamentablemente no podías luchar contra la naturaleza cuadrupeda, soltaste otra maldición entre gruñidos y le hiciste señales a tus seguidores para que bajaran y llevaran a sus caballos a beber y descansar, ayudando a Magnus para desatar al caballo de la carreta.

Mientras Magnus y Levi llevaban a los caballos a la orilla, tu miraste ausente como Alex subía a la carreta y sacaba una lata de frijoles, comenzando a abrirla con un cuchillo y una piedra.

Te acercaste con paso lento a la orilla del río, llenando tu cantimplora en el lago de agua cristalina cuando notaste que algo había cambiado. Aun estabas en el lago, pero ya no había nieve, sino montones de margaritas que rodeaban el lago durante la primavera, observaste el reflejo de la carreta empujada por dos caballos, a cinco jóvenes hablar amenamente mientras comían algo de sopa dentro de la carreta. Notaste algunos peces nadar bajo el agua cerca de ti, sacándote una sonrisa que viste en tu reflejo. Tu cabello estaba corto, parecido al del Lance Corporal, lo llevabas cubierto por un pañuelo rojo para que el sol no te molestase mientras cabalgaban para ir a Trost, donde se enlistarían en la academia militar... Cuando notaste por el reflejo del agua como Lucius aparecía detrás de ti y te lo arrancaba de la cabeza.

"-¡Leeenta~! ¡Reclamó este pañuelo como mio!- exclamó, amarrándolo a su cuello. -¡Intenta quitármelo ahora, leeenta~!-"

Frunciste el ceño, con una sonrisilla traviesa y te erguiste de golpe, girándote y dando el primer paso en... La nieve.

Pestañeaste. Lucius ya no estaba. La carreta con el resto de tus amigos había sido reemplazada por el reflejo de dos hombres uniformados, uno moreno y bajito que acariciaba el lomo de Black Jack, el otro rubio y con un pañuelo azul en el cuello que miraba al lago con expresión melancólica.

Había sido un recuerdo. Sentiste que algo dentro de tu pecho se rompía, lastimándote, arrancándote gritos que no llegaron a salir de tu garganta, sino que apagaron el brillo que había surgido mientras aquella ilusión había durado.

-¿Que me esta pasando?- te preguntaste en un susurro, dejándote caer en la nieve, sintiéndote de pronto con ganas de dormir. Cerraste los ojos, decidiendo que tal vez podía tomar una siesta... Olvidarte de la realidad...

No. Abriste los ojos de par en par. Conocías esa sensación, esas ganas de dormir por mucho tiempo, ese cansancio, ese desanimo repentino. Te pasaba cuando estabas en extremo deprimida. Lo habías sentido antes, y sabias que el momento en que cerraras los ojos, en el momento en que te entregaras al desaliento, todos tus demonios saldrían de entre tus propias sombras a atacarte. No podías. No cuando aun lo que quedaba de tu banda estaba tambaleándose en el apoyo que tu significabas para ellos. Si tu caías...

Te incorporaste justo en el momento en que Alex se acercaba a ti, tendiéndote la lata de frijoles los cuales miraste sin animo.

-No tengo hambre.- dijiste apartándolos de tu rostro, observando hacia las montañas nevadas en el horizonte. -Me he llenado de agua. Ofrecerle a Magnus y a Levi-Heichō si quieres.-

Alex te miró con desconfianza por un minuto antes de obedecerte, haciendo un silbido para llamar la atención de los dos soldados, quienes se acercaron a ustedes. El estomago de Magnus rugió sonoramente, mientras que Levi se limito a echarle una ojeada al contenido de la lata.

-Eso luce asqueroso.- intento hacer conversación con Magnus, quien lo miraba con desagrado.

-Dimitri nos hubiese dicho que comiéramos. Que la comida no se desperdicia... Peter simplemente hubiese vomitado al verlo.- susurro el gemelo de pañuelo (bufanda por la estación) azul con una pequeña sonrisa tristona, tomando la cucharita y dándole una probada.

"Dimitri... Peter..."

Tu cuerpo se movió solo, como lo había estado haciendo desde la noche, y se levanto para caminar hasta la carreta en donde las cenizas estaban, subiendo y sentándote junto a ellas. Acercaste la mano hasta una de las cajas, apartando con extremo cuidado la capa de la Legión que la cubría, encontrándote con un pequeño papel doblado que Hange había hecho a modo de informe de la causa de muerte. Tenias entendido que ella misma había incinerado cada cuerpo aparte de los otros...

El rostro pálido y sin vida de Dimitri Zedd fue lo que llego a tu mente mientras leías el informe, que describía la causa de fallecimiento como desangramiento debido a amputación de extremidades inferiores... Simplemente horrible. Podías verlo, el color de sus mejillas ya no estaba, la calidez que le envolvía había sido remplazada por el frió y sus ojos, cerrados, no te dejaban contemplar las orbes azules que antes brillaban como zafiros cuando te veían llegar a un sitio, como cuando un hermano ve a su hermanita menor.

¿En donde estaban tus lagrimas? Dentro de tus ojos, sin duda, pero no lograban juntarse para poder llorar, aun cuando quisieras hacerlo. Aun cuando sentías que te estabas asfixiando por el dolor contenido, tu rostro no denotaba emoción alguna. Sabias que mientras no hubieses cumplido con tu cometido, no podrías sentir nada. Escuchaste a Magnus sollozar aun junto al lago mientras te veía y viste un par de lagrimas traicioneras correr por sus mejillas mientras Alex palmeaba su hombro para reconfortarle.

Pensaste por un segundo en el horror que debió ser esa expedición. Dimitri, cuyo cuerpo había sido cercenado en dos por los titanes y tan solo habían logrado recuperar su parte superior era una prueba. Luego supiste que, en cambio, Lucius había sido aplastado, mientras que no sabias como demonios Peter había terminado... Semi-decapitado.

Por un segundo sentiste la necesidad de mirar hacia donde estaba el Capitán, encontrándote que a su vez, él te miraba fijamente por encima de la bufanda roja que llevaba puesta, sus ojos imposibles de leer. Tu le mandaste una mirada similar pero vacía, sin vida, haciendo que él entornara los ojos antes de que regresaras el papel a la caja y te bajaras de la carreta, comenzando a caminar hacia Snowhite.

-Es hora de irnos.- fueron tus secas palabras, pasando junto a Levi. Pero justo en el momento en que ibas a alejarte sentiste como él sujetaba repentinamente tu mano, haciendo que te detuvieras y abrieras los ojos de par en par al observarlo.

-Podemos cabalgar hasta la media noche. ¿Hacia donde queda tu pueblo?

Tardaste un rato en lograr conseguir las palabras necesarias. Otra vez, la mano de aquel hombre sobre tu piel irradiaba un calor extraño, como si estuviese derritiendo algo en tu interior.

-Marhjul queda entre las montañas...- levantaste la mano libre y apuntaste a aquellos altos montes nevados que se confundían con el cielo. -A un par de horas de Rotchan.-

Levi mantuvo sus ojos grises en ti por un momento mas antes de liberarte, haciendo que aquel calor que parecía revivirte se desvaneciera... Regresando ese lado tuyo a su agujero dentro de tu mente. Tu simplemente continuaste con tu camino.

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Habían acampado en el bosque de pinos entre las montañas cuando la luna indicó que era media noche, habiendo pasado de largo por el pueblito que había al pie de las montañas, Rotchan.

... no había dormido ni un segundo, por lo que sus ojos lucían unos marcados aros negros a su alrededor, resaltando el pálido enfermizo de su rostro. Alex había hecho algo así como regañarle cuando se dio cuenta que en realidad tenia dos días sin dormir y no había probado bocado, pero ella le había insultado de una manera que incluso a el Lance Corporal le había impresionado y que ella no pareció siquiera recordar solo para que la dejase en paz y ahora él simplemente parecía detestarla, manejando la carreta en silencio tras ella. Magnus había intentado hacerle hablar al menos, pero solo basto una de sus vacías miradas para hacerle entender que no quería hablar con nadie.

"Esa mocosa idiota, ¿Cuando regresará a la normalidad?" Levi no pudo evitar preguntarse, sintiéndose cada vez mas ansioso a pesar de no demostrarlo ni por asomo. No le agradaba para nada verla en ese extraño estado de "congelamiento" como Magnus le habia nombrado. Sus amigos eran los que habían fallecido, pero era ella quien parecía estar muerta y pudriéndose desde adentro hacia afuera.

La nieve comenzó a hacerse mas densa entre mas avanzaban por el camino de tierra por las montañas, momento en el que el moreno decidió preguntarle a su subordinado de apellido Lawson la dirección a la que se dirigían.

-Marhjul queda en un valle, entre las montañas. Esta prácticamente aislado así que es bastante pequeño.- explicó ligeramente enfurruñado. -Aunque nosotros vamos a dirigirnos hacia el pueblo, la casa de ... queda mas alejada, en la ladera de una de las montañas hacia el noroeste, a un par de minutos fuera del pueblo.-

Levi clavó los penetrantes ojos grises en la espalda de la nombrada, esperando alguna reacción de ella, quien sin duda lo sintió pero solo ignoro, continuando con su camino frente a ellos.

-¿Y cual es el jodido plan?

-El jodido plan es que entreguemos las cenizas...- respondió ella sin siquiera girarse a mirarlos, en tono seco y monótono, no como la vivaz y alegre voz que ostentaba antes. -Y luego esperar a que venga la jodida horda a quemar a la jodida bruja.-

Aquella ultima frase llamó la atención del Lance Corporal, quien miró a Alex en búsqueda de una explicación ante esas palabras, pero este no dijo nada, adelantándose en la cabalgata...

-Se enterará cuando lleguemos.- miró a Magnus por el rabillo del ojo, pero él también mantuvo la mirada al frente, su expresión tan ilegible como la de Alex y ... .

Levi frunció ligeramente el ceño. Él odiaba los misterios y las respuestas vacías, mas cuando tenían que ver con su equipo, él o el objeto de sus preocupaciones, aquella muchacha que cabalgaba en silencio, quien se detuvo en la cima de la empinada colina por la que estaban subiendo justo en el momento en que se logró divisar pequeñas casas en el horizonte, hacia abajo, rodeadas por nieve, pinos y montañas...

"Cinco años han pasado."

Los recuerdos comenzaron a agolparse en la cabeza de la soldado. Habían prometido no regresar hasta que la humanidad fuese libre... Pero tal vez eso no pasaría.

Marhjul era un pueblo lleno de aburridas cabañas de madera, las personas estaban acostumbradas al frío por la altura, pero sin duda no estaban acostumbrados a los extraños por lo que no a los tres antiguos pueblerinos no les pareció nada raro ver a las personas salir de las casas o detener su paso solo para verlos pasar por las calles de tierra en sus caballos, mirándoles con sorpresa.

-Son... ¿Soldados de la Legión de Exploración?-

Fue lo primero que llego a sus oídos, antes de que los murmullos se regaran como llamas en combustible.

-Esos dos... Se parecen al hijo de los Lawson y a los gemelos de los White.

Alex y Magnus miraban al frente, parecían negarse a prestar atención a los pueblerinos que les miraban con insistencia, buscando el parecido a los niños de quince años que habían sido antes de irse de aquel lugar que los vio nacer.

-¿Que es eso que llevan en la carreta...?

-Ese hombre... ¿No es Levi-Heichō? ¿El "Soldado mas Fuerte de la Humanidad"?-

-Tch...- susurró el nombrado, poniendo su mejor cara de "Odio todo en el mundo" mientras se limitaba a pasear discretamente la mirada por el lugar. Un pueblo tan pequeño era como decía Hange: todos se conocían, todos se querían o se odiaban al mismo tiempo. "Pueblo pequeño, Infierno grande"

Él no sabía cuanta razón tenia.

-Esa chica...

... mantuvo la mirada fija hacia adelante, ignorando los susurros, ignorando el desprecio en los rostros de los que ahora le miraban al mismo tiempo cuando pasaba, su mente parecía estar en otra dimensión lejana, buscando maneras de escapar de los recuerdos de su niñez cuando esas mismas personas le miraban de esa misma manera, como si fuese una escoria, una basura que no merecía siquiera la piedad de Dios.

-Snezhinka...- escucho a Alex susurrar, cerca de ella.

-Iremos primero a la casa de los Zedd.- respondió automáticamente, cual contestadora. -Levi-Heichō debe estar cansado. Llévenlo a mi casa y...-

-Yo voy con ustedes.

Por primera vez en casi dos días, un ápice de emoción pareció surcar el rostro de la jovencita mientras se giraba hacia el capitán, con cierta confusión. -¿Heichō...?- Él se limito a devolverle una mirada impasible, acercándose hasta cabalgar a su lado.

-Ocultas algo, y como tu líder te ordeno que me respondas que es lo que esta pasando. ¿A que has venido exactamente a este sitio, ...?- preguntó, su tono de voz grave y apacible denotaba sospecha, mirando a la chica directamente a los ojos por primera vez desde que se habían conocido, sin disimular, sin sentir vergüenza, como si estuviese buscando dentro de aquellas orbes vacías a su antigua soldado, la que Lucius White, Dimitri Zedd y Peter Stod llamaban "Snezhinka"... No esa reina de hielo que ahora cabalgaba sobre su corcel blanco.

Aquellos intensos ojos grises parecieron simplemente atravesarla, mirar a través de sus propios ojos y llegar directamente hacia aquel bloque de hielo en donde antes había estado su corazón... Pero cuando sintió que comenzaba a derretirlo, cuando de nuevo aquella sensación de asfixia y ese nudo en el estomago comenzaban a formarse, ella apartó el rostro, bajándolo hasta que el cabello hizo una cortina para ocultarse de esa mirada...

-...Es una larga historia, señor.- susurró, su voz sonó débil, a punto de quiebre.

-Tendrás que contármela entonces, antes de irnos.- fue su orden. -Mientras tanto, déjame decirte que yo he venido aquí a dar la cara por la muerte de estos soldados. Yo soy su jodido Líder y fui yo quien los mando a su muerte...-

Fue cuando una extraña sonrisilla recorrió el rostro de la jovencita, haciendo que Levi se estremeciera cuando su respuesta fue lanzada al aire, con un tono casi, casi divertido, pero sin duda siniestro.

-No se sienta solo en eso, Heichō... No fue usted solo...

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La primera casa por las que pasaron fueron las de Dimitri y Peter. De la familia de Dimitri, solo su padre y hermana menor quedaban, por lo que Alex se ofreció a entregar las cenizas junto al Lance Corporal, no pasando por alto la mirada de rencor profundo que el hombre te mandó hasta donde tu estabas sentada sobre tu caballo, fingiendo demencia.

La casa de Peter en cambio fue cubierta por Magnus y Levi, quienes entregaron sus cenizas a la hermana mayor y a su abuela, quienes simplemente lloraron por la perdida, cerrándoles la puerta en la cara a tu amigo y a tu capitán.

Solo en la ultima casa bajaste de tu caballo, a pesar de que Magnus y Alex intentaron detenerte. Sentías que eso era algo que tenias que hacer. La madre de Lucius y Magnus, una hermosa mujer rubia y de ojos azules, fue la que abrió la puerta.

Tu estabas parada junto a Levi, y, al igual que él, tuviste que levantar la cabeza para poder mirar a la alta mujer a la cara, quien te miró a su vez primero con confusión y luego, tras un minuto, con desprecio profundo mientras que a su lado un hombre, el padre de los gemelos, aparecía tras ella mirándote de la misma manera en que todos en el pueblo te miraban.

-Tú... Hija del demonio...- la mujer frunció el ceño para ti, pero tu ni te inmutaste. -Creí que a estas alturas debías estar pudriéndote en el interior del estomago de uno de los gigantes.-

-Nadie en este pueblo aprecia tu presencia. ¿Que es lo que has venido a hacer aquí?- el hombre poso sus ojos entonces en tu capitán, quien permanecía impasible a tu lado, a pesar de que tu no le habías pedido que te acompañara. -¿En donde están esos dos bastardos traidores? ¿Y quienes es este... Enano?-

Tu hiciste el saludo militar, cosa que tu líder no hizo, y estabas a punto de decir algo cuando él puso una mano sobre tu pecho, deteniéndote así como tu habías detenido a Lucius aquella vez, en frente de sus ojos. Se limito a mirar con cierto desprecio a la pareja y a ignorar la sorpresa que recorrió tu rostro.

-Ustedes son los White. ¿Me equivoco?- preguntó.

-¿Quien demonios eres tu? ¿Otro de los blasfemos que siguen a esta hija de puta?- preguntó con desprecio la mujer, haciendo que, por un momento ínfimo, la sangre te hirviera en las venas. ¿Como se atrevía a hablarle así a tu capitán?

Levi permaneció impasible, pero sus ojos parecieron oscurecerse al ver las reacciones de los dos esposos cuando se presentó. -Soy el Líder de los Soldados, Capitán del Escuadrón de Operaciones Especiales de la Legión de Exploración, Levi.-

El hombre dio un paso hacia atrás, sin duda reconociendo al personaje con cierto temor. -El Soldado mas Fuerte de la Humanidad...-

Casi pudiste escuchar el "Tch" mental del moreno. A él definitivamente no le agradaba presentarse a si mismo.

-...¿Que es lo que hacen ustedes aquí?- la mujer reaccionó primero que su esposo, hostil y desconfiada, notando entonces como por detrás de sus espaldas, Alex permanecía sentado en la carreta mientras que Magnus comenzaba a cargar con una de las cajas de madera en la parte trasera. -Magnus...- susurró la mujer, abriendo los ojos de par en par, comenzado a conectar los puntos.

-Señora...- el soldado a tu lado tomo una de las capas dobladas de la Legión de Exploración, dejando ver en el centro de la tela el escudo de la Legión, las Alas de la Libertad... -Hemos venido a informarle que su hijo, Lucius White, falleció durante la batalla en la ultima expedición fuera de la Muralla Rose.-

Para cuando Magnus dejo la caja de cenizas sobre la capa, su madre ya había comenzado a gritar a pesar de que un segundo atrás había llamado a sus hijos "Bastardos traidores"

-¡Mi hijo! ¡No! ¡No puede ser!- enormes lagrimones corrían por sus ojos mientras gritaba otras cosas sin sentido, cayendo de rodillas al suelo mientras abrazaba la capa y las cenizas, cosa que no afecto en nada ni a ti ni a Levi... Hasta que el padre logró salir del shock inicial y atinó a reaccionar... Abofeteándote con el dorso de su mano, lanzándote a la nieve.

-¡Papá, no!- escuchaste a Magnus gritarle, arrodillándose a tu lado para intentar protegerte, lagrimas corriendo por sus ojos.

-¡Perra!- gritó el hombre en cambio, dispuesto a abalanzarse sobre ti para volver a golpearte aun si debía apartar a su hijo del medio. -¡Mataste a nuestro hijo!- rugio entonces, apartando a Magnus de un manoton, pero cuando movía el brazo hacia atrás para darte un buen puñetazo, una segunda mano sujeto la suya por el codo, sacandole un gemido por la fuerza que estaba aplicando. Levi le había detenido... Ahora, un grupo de personas de las casas cercanas miraban el espectáculo.

-No es de caballeros golpear a una mujer.- fue su respuesta en tono monótono, pero sus orbes brillaban con rabia bien disimulada en los ojos fríos. -Vuelve a golpear a mi subordinada y me encargare de meter tu jodido trasero en los calabozos de la Legión, viejo decrepito.-

El hombre solo pudo soltar una maldición, arrancando el brazo del agarre del Lance Corporal, alejándose de ti que acariciabas tu mejilla con aire ausente mientras Magnus te ayudaba a levantarte, cargándote en sus brazos mientras recibía la mirada de desprecio de sus dos padres.

-Y tú, hijo mal agradecido...- gruñó su madre con lagrimas de rabia y tristeza. -Aun cuando ella los arrastró a esto... ¡Aun cuando ella es la culpable de que esto sea solo lo que queda de tu hermano, la sigues defendiendo!-

La barbilla del rubio tembló, sollozando suavemente ante el desprecio de sus padres. -¡Esos monstruos que hay tras las murallas que ustedes tanto protegen fueron los culpables! ¡Ella no los mató!-

-¡Claro que si!- rugió su padre, apretando los puños, mirándote a ti con verdaderas ganas asesinas. -Es por culpa de esa escoria que ustedes hayan dejado el pueblo que los acogió. Es por culpa de esa perra que ustedes arriesgan sus vidas peleando contra esos titanes... ¡Ahora tu hermano esta muerto por seguir a esa niña maldita ciegamente!-

-¡Debimos haber matado a esa prostituta del demonio y al maniquí infernal de sus padres cuando tuvimos la oportunidad! ¡Tal vez así este pueblo no estuviese bajo la maldición de su familia!

-Tal vez simplemente debimos aprovechar su ausencia durante todo este tiempo para matar a los otros engendros malditos por Dios...

Aquella ultima frase del padre de los White hizo clic en tu cabeza.

Lograbas escuchar gritos y una voz rasposa, salvaje y animal que gritaba algo como "Si llegases a tocar a mis hermanos..." Mientras sentías algo de presión en tus brazos y hombros que intentaban empujarte hacia atrás, sin éxito. Escuchabas gritar a Alex y Magnus, y sentías un poco de dolor en tu espalda como si te estuviesen lanzando bolas de nieve...

No te diste cuenta de lo que estabas haciendo hasta que sentiste la mano áspera, cálida y amable del Lance Corporal sobre tu muñeca, escuchando como, con total calma, te llamaba por tu nombre de pila...

-Detente.

"¿Detenerme? Pero si no estoy haciendo na-..."

Tus ojos se enfocaron. Ante ti, el rostro del señor White comenzaba a tornarse violáceo debido a que tu le cortabas la respiración con tus manos alrededor de su cuello, apretando sin piedad.

-¡Llega a tocar a mis hermanos y te destrozare, hijo de puta! ¡A ti y a todo este maldito pueblo olvidado por Dios!- gritabas cual monstruo, habiendo levantado al hombre en el aire y golpeando su cuerpo contra la madera de su cabaña repetidas veces. -¡En vez de Lucius, ustedes son los que debieron morir!-

-¡... , suéltalo!- Alex y Magnus intentaban arrastrarte, pero tu parecías mas pesada que una montaña. La madre de Lucius te lanzaba piedras a los brazos, pero ni siquiera el dolor de los golpes te había hecho reaccionar.

Solo los ojos grises del Lance Corporal sobre los tuyos, solo su agarre amable, cálido pero firme pareció traerte de regreso. Solo su voz, tranquila, incluso amable pareció llegar hasta el fondo de tu mente.

-Ya es suficiente, ... . Déjalo ir. Es una orden.

Tardaste un largo minuto en procesar sus palabras, mirándole perdida mientras buscabas la orden en tu cerebro para lograr obedecerlo, aflojando el agarre en el cuello del hombre.

-Si, Heichō.- susurraste hasta que lo soltaste por completo, dejándolo caer en la nieve, tosiendo sonoramente mientras volvía a recuperar la respiración, mirándote con temor.

-¿...Así fue como mataste a aquel buen hombre hace seis años, niña maldita?

Escuchaste a alguien decir tras tus espaldas.

Levi no soltó tu muñeca, ni aparto su mirada de ti, arrastrándote con él hasta Black Jack, ordenándote que subieras junto a él. Le escuchaste preguntarte varias cosas que no procesaste en tu cabeza pero que contestaste de manera automática, escuchándole cruzar palabras rápidas y preguntas con Alex y Magnus antes de agitar las riendas del caballo y hacerlo galopar rápido como vendaval, apartando a las personas que intentaban detenerlos entre gritos hasta que tras unos minutos salieron del pueblo y se adentraron en el bosque de pinos en la ladera de la montaña. Él siguió preguntándote cosas que tu respondiste sin darte cuenta, apuntabas hacia sitio que no veías realmente...

Hasta que por fin llegaron a un pequeño sendero de nieve que daba a la cima una colina oculta en el bosque. Había un pequeño pozo, algunos arboles que debieron ser frutales durante otras temporadas y una minúscula y descuidada cabañita de madera al final del sendero, en donde un par de niños correteaban tras un enorme San Bernardo, mientras que, junto a la puerta de entrada, una muchacha de largo cabello negro sentada en una silla tejía algunas ramas de pinos...

Reconociste aquel lugar desde el principio, a aquellas personas desde el fondo de tu congelado corazón, que latió fuerte, dolorosamente contra tu pecho.

Los dos niños detuvieron su juego cuando escucharon el sonido del caballo acercarse, y clavaron sus ojos entre sorprendidos y alertas al verlos alli, seguramente sin reconocer a Levi que iba adelante y como tu, cubierto por la capucha de la capa y la bufanda hasta la nariz. La mujer de cabello liso se levanto de la silla con los puños apretados, mientras los niños se escondían tras ella y el perro comenzaba a gruñir hasta que por fin Levi detuvo a Black Jack y bajo de él, tomándote de la cintura para hacerte bajar. Tu no pudiste apartar tus ojos de las tres personas que los miraban con recelo desde la puerta de la casa y el perro, que parecía a punto de querer morderte (O morder a Levi, no estabas segura) pareció relajarse cuando olisqueo tu pierna, ladrando un par de veces y permitiendo que te agacharas a acariciarle la cabeza...

Mientras el bloque de hielo en donde estaban encerrados tu otro yo, por fin, después de dos días... Se derretía por completo.

-No tengan miedo. Somos soldados de la Legión de Exploración.- escuchaste a Levi decirle a las tres personas, mirándoles por encima de la bufanda como sus rostros pasaban de tensos a confusos.

-...¿La Legión de Exploración?- preguntó la mayor, dando un paso hacia adelante, levantando una ceja. -...¿Acaso lo conozco, joven?-

Levi negó lentamente y puso una mano gentil sobre tu cabeza mientras el perro lamía tu mano enguantada. -No... Pero mi subordinada te conoce, ... .- respondió, diciendo el apellido que compartías con tus hermanos mientras que con un movimiento bajaba tu capucha, dejando ver tu largo cabello atado en una trenza... Del mismo color que el de la niña y el niño tras sus piernas.

La chica dejo caer el tejido de pinos en el suelo cuando tu te quitaste la bufanda del rostro, irguiéndote lentamente mientras que, por fin, las lagrimas que habías estado aguantando durante todo ese tiempo comenzaron a brotar de tus ojos como ríos, juntándose en tu barbilla y mojando la bufanda en tu cuello, sonriendo temblorosamente hacia la mujer y los niños que te miraban con los ojos como platos, sin poder creerse lo que estaban viendo.

-Hola, Liza.

De un segundo a otro, tus dos hermanos menores y tu hermana mayor se abalanzaron sobre ti para abrazarte, gritando tu nombre entre llantos y risas, cayendo todos en la nieve de rodillas mientras tu comenzabas a gritar en llanto, aferrándote al cuerpo cálido de tu hermana como si se te fuese la vida en ello... Estabas en casa... Ya todo había terminado.

-Tch... Esto es lo mas cursi que he visto en años. ¿En donde mierda esta la ducha? Necesito un baño.

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Sentado en la silla en donde antes había estado Liza, Levi observaba a Charlie y Zara, los dos hermanos menores, jugaban con lo que él llamaba "La gigantesca bola de pelos babosa y asquerosa" mejor conocido como Lovely el perro, entre la nieve. Sus ropas lucían viejas y baratas, pero al menos estaban en buen estado. Ahora entendía aquello que había dicho Alex, en verdad aquella familia vivía lejos... Y ahora tenia una vaga idea del porque, después de aquella "situación" que había ocurrido en el pueblo.

-Nunca la había visto comer tanto, esa niña tonta, y ahora esta durmiendo como una roca. ¿Cuanto tiempo tenia sin comer ni dormir?- escucho a la muchacha que los había recibido decir aquello, sentándose en otra silla de madera en la puerta.

-Dos días.- respondió el moreno en un suspiro, cruzándose de brazos y cerrando los ojos ante el gruñido de la joven. El le había dado un resumen de todo lo que había ocurrido y del porque estaban allí mientras la "mocosa tonta" comía y lloraba antes de caer inconsciente en una cama. -No quiso comer ni dormir desde que salimos de la base. Con suerte no se terminó desmayando en el camino... Ademas tiene esa costilla fracturada. Ojala no se le joda mas.-

La mujer bufó, negando con la cabeza lentamente, clavando unos bonitos ojos castaños en el soldado. -Por cierto, a pesar de que ya me ha contado bastante y parece conocer a mi hermana... No se aun quien es usted.-

-Soy Levi.- respondió el moreno, sin moverse de su sitio ni un milimetro, tan solo abriendo los ojos lo suficiente como para verle al rostro.

La chica sonrió ligeramente, recordandole en cierta manera a su hermana menor. -Elizabeth, pero como pareces cercano a ... puedes llamarme Liza. También me gustan los nombres cortos como a ti.-

Levi se tragó un "Tch." Sin duda aquellas mujeres eran hermanas, aunque a él le parecía que la mocosa idiota era mucho más hermosa que esta chica simple. Luego pensó que él también necesitaba comer algo porque estaba pensando pendejadas.

Se mantuvo observando el atardecer en silencio por un largo minuto, hasta que por fin tomó el valor de preguntar lo que había estado rondando por su cabeza desde que habían llegado a aquel extraño pueblo.

-Puede que ella sea algo idiota... Pero, ¿Hay alguna razón por la que los cerdos del pueblo la llamaran "Niña Maldita" y acusarla de asesinato cuando estuvimos allá?-

Los ojos brillantes y el rostro luminoso de Elizabeth se ensombrecieron lentamente, clavando la mirada en el soldado con expresión ilegible. -En verdad, ¿Después de tanto tiempo siguen con eso?- la mirada tormentosa del capitán no se aparto de ella, que se limitó a suspirar suavemente, apartando la mirada para observar a los dos niños jugueteando con el perro, sin preocupaciones. -Para darle una explicación corta... Somos considerados unos blasfemos malditos por Dios. Este pueblo esta dirigido por una pequeña fracción del Culto a las Murallas desde hace mas de cien años.-

-Malditos cerdos.- gruñó el Lance Corporal, frunciendo ligeramente el ceño.

-Nuestros padre era un soldado de la Policía Militar, el hijo de una familia adinerada de la capital, mientras que nuestra madre era parte de la Legión de Exploración, la hija de una familia que luchaba contra la influencia del culto de las murallas en este pueblo. Ambos se conocieron por casualidad en una de las reuniones de los lideres, se enamoraron y cuando decidieron casarse, renunciaron a la milicia y vinieron a vivir aquí. El problema era que ya los del culto a las murallas se habían adueñado de este pueblo y de las mentes de estas personas... Ahora, con la caída del muro María...-

-Se han puesto el doble de imbéciles, ¿Verdad? Ese es un problema general.- intervino el soldado, apoyando un tobillo en el muslo de la pierna contraria.

Liza asintió. -Para este pueblo, nuestra familia son solo blasfemos que no respetaban la santidad de las murallas. Crearon rumores de que se organizaban cultos diabólicos, orgías, hechicería y ese tipo de cosas en nuestra casa, la gente trataba mal a mi padre a pesar de que él en un principio no tenia nada que ver con este pueblo, las personas que tenían hijos en el pueblo me trataban como si fuese alguien que podría contagiarle una enfermedad a sus hijos, y mas temprano que tarde mis padres se vieron obligados a mudarse lejos del pueblo, construyendo esta casa. Yo tenia siete años cuando eso ocurrió, mi madre estaba embarazada de ...-chan.

»Cuando ella tenia cinco años, fue cuando conoció a Dimitri y a Alex. Estábamos buscando algo de leña y ese par se había perdido por culpa de una tormenta de nieve mientras jugaban en el bosque, por lo que los llevamos a casa y nuestros padres les cuidaron. Alex y Dimitri quedaron encantados con mi hermana, fue cuando comenzaron a llamarla "Snezhinka".- Una suave sonrisa se había formado en su rostro mientras parecía recordar. -A pesar de que los padres de Alex y Dimitri les prohibieron volver a nuestro hogar, continuaron escapándose a diario para venir a aquí y encontrarse con ella para jugar. Y con el tiempo, los gemelos y Peter se unieron a la banda. De cuando en cuando también llegaba una chica como de mi edad que era familiar de Peter... Me pregunto que habrá pasado con Petra-chan...-

Levi levantó ligeramente una ceja ligeramente pero no dijo absolutamente nada, sino que esperó a que ella continuara con la historia.

-Supongo que la vida le pone pruebas a uno en un momento dado. Un día, cuando yo apenas había cumplido los quince años, nuestro padre, que trabajaba cultivando en el campo que tenemos aquí en la montaña, fue mordido por un animal en el bosque y enfermó. No duró mucho mas de unos días. Nuestra madre se vio obligada a hacer algo, así que no le quedo de otra mas que buscar algún trabajo en Rotchan, Charlie y Zara tenían tan solo dos años de edad y yo tengo una salud bastante mala, así que mi hermana se encargó de todo el trabajo pesado mientras yo cuidaba a los niños. Los chicos la ayudaron a pesar de que todos eran niños como ella… lograron abrirse paso entre las dificultades por varios años… Hasta que Mamá también murió.-

Ahora Levi fue incapaz de permanecer indiferente, clavo los ojos directamente en el rostro de la mujer, quien bajaba la cabeza observando la nieve que se juntaba en la puerta. –¿También?-

-Hubo un accidente, ella estaba en camino a Trost en barco, estaba pensando en unirse de nuevo a la Legión de Exploración, el barco que la llevaba se hundió… Ella murió salvando a algunas personas, ahogándose.- respondió la jovencita. -Mi hermana estuvo al menos una semana sin soltar ni una sola palabra a nadie, ni siquiera a sus amigos, fue incluso peor que cuando Papá murió. Se comportaba como si nada hubiese pasado, pero yo sabia que por dentro se negaba a mostrarse débil, no cuando yo estaba destrozada, no cuando alguien tenia que hacer algo… Ella siempre se ha comportado como si fuese la hermana mayor, haciéndose cargo de todo cuando los demás no eran capaces. Estaba tan metida dentro de si misma que cuando estaba vendiendo frutas junto a los chicos en el pueblo, uno de los miembros del Culto a las Murallas, estando borracho, dejo caer a propósito la carreta con las frutas de una cosecha entera justo cuando unos caballos pasaban, dañándolas por completo… Dimitri siempre le decía a ella que ignorara a los pueblerinos, pero ya habia estado demasiado tiempo congelada… Y dejó salir todo el odio y la tristeza que sentía en ese hombre. Tomo el hacha que tenia para cortar leña y se lanzó contra ese tipo en mitad de la calle.-

Los ojos grises del Lance Corporal se abrieron de par en par, mientras recordaba las palabras de la señora White… Giró el rostro y observo hacia la puerta en donde Liza había dejado a su hermana durmiendo, sorprendido cada vez mas. Aquella niña ingenua, alegre y en apariencia tranquila había… Matado a una persona a tan tierna edad.

-Nadie dijo nada. Todos estaban aterrorizados de ella, de la "Niña Maldita", aquella que había matado a un "buen hombre religioso" a sangre fría, así que incluso la Policía Militar de Rotchan fueron incapaces de aplicar la ley, ni siquiera cuando algunos pueblerinos intentaron lincharla, lanzándole piedras y palos. Alex y los demás solo atinaron a huir y traerla aquí… Recuerdo cuando llegó, era invierno… Estaba ensangrentada. Y cuando le pregunte que había pasado ella solo pudo echarse a llorar al igual que lo hizo hace rato...-

Iba a decir algo mas, pero justo en ese momento, el sonido lejano de la campana del pueblo dando las seis de la tarde llamo la atención de ambos adultos y los niños. La chica de pronto retomo el brillo en sus ojos, girándose hacia su visita con una sonrisa.

–Ya son las seis. ¿Tiene hambre? Hice algo de sopa.- preguntó amablemente, levantándose de la silla para invitarle a pasar. Ya el sol se ocultaba y era hora de la cena, por lo que Levi se limitó a levantarse y arrastrar la silla hasta la pequeña mesa redonda en el interior de la casa de dos tres habitaciones. Tenía piso de tierra y los muebles en su interior lucían viejos y baratos, pero todo estaba perfectamente en su sitio, limpio y arreglado. Ahora entendía como era posible que su subordinada limpiase todo a la perfección, incluso el suelo de tierra lucia bien…

De hecho, ahora entendía demasiadas cosas.

-Aquí tiene. Ojala le agrade.- sonrió dulcemente Liza, dejando un cuenco astillado de madera lleno de sopa humeante. -Le hará entrar en calor, parece que no esta muy acostumbrado al frió de la montaña.-

-Tch. Tonterías.- respondió el moreno, que parecía mas un pingüino que un humano debido a la gruesa capa de ropa que llevaba puesta incluso en el interior de la casa, mientras que por dentro se preguntaba como demonios aquella chica flacucha solo andaba en vestido, botas y bufanda.

En silencio se bajó la bufanda de la boca para poder tomar una cucharada de sopa, sintiéndola fría a pesar de que humeaba y probablemente le estaba quemando todo por dentro. -Esta bien.- asintió a la muchacha, que le sonrió mientras dejaba tres platos mas en la mesa antes de gritar desde allí a los dos niños que entraran. Ambos muchachitos cerraron la puerta tras de si, mientras el perro se sacudía la nieve y se echaba cerca de la chimenea y ellos se quitaban los gorros tejidos, sentándose a los lados de la mesa y dejando la única silla disponible para Liza, que se sentó frente al Lance Corporal, comenzando a comer como él.

-Oye, Nii-san.- Levi clavó los ojos en el niño mas pequeño, quien supuso era Charlie. -¿Acaso eres el novio de Nee-chan?-

La respuesta de este fue escupir la sopa, a punto de ahogarse mientras que Liza parecía avergonzarse. -¡Charlie! ¿Que pregunta es esa?- le reprendió.

-¡Es cierto! ¡Ha venido con Nee-chan en un mismo caballo, como los príncipes llevan a las princesas a los castillos! ¿Acaso eres un príncipe, Nii-san?- preguntó esta vez la niña mas pequeña, Zara, haciendo que las dos coletitas en su cabeza se movieran graciosamente, ilusionada.

Levi se limitó a seguir comiendo, gruñendo algo como "mocosos metiches, les falta disciplina". –No, no soy un jodido príncipe. Yo soy un soldado, mato titanes.-

-¿Un soldado?- preguntaron los niños al mismo tiempo. –¿Como Nee-chan?-

-…Claro.- respondió esta vez con duda. Al parecer si tenían mas en común que solo ser militares. Mas aun después de esa historia que Elizabeth le había contado.

-Él es mi jefe.- los cuatro giraron el rostro, observando a aludida salir de la habitación en donde había dormido durante casi toda la tarde, una toalla en el cuello, el cabello húmedo que se le pegaba en la cara y en la espalda hasta la cintura y unos pantalones que sujetaban una sudadera negra, ropa que parecía pertenecer a un hombre y no a ella. Era la primera vez que Levi la veía usar ropa de civil y…

"Que decepción. No puedo ver su cuerpo bien con esa ropa tan horrible."

-¡Nee-chan!- los dos niños saltaron sobre ella, sacándole risas a la chica mientras los cargaba a cada uno en los brazos con apenas músculos, besando las mejillas de los dos niños antes de volverlos a dejar en sus sillas.

-¡Ustedes dos, pequeños demonios, están enormes!- exclamó con una sonrisa de oreja a oreja, arrastrando un banquillo de madera que estaba frente a la chimenea para poder sentarse entre Zara y Levi, palmeándole el hombro al mayor con tal vez demasiada fuerza. –Siento haberme perdido, Heichō. Estaba algo cansada, ¿Está bien?-

-Yo no estuve dos días sin dormir ni comer, mocosa idiota e imprudente.- le regañó el moreno, mirándole con molestia. –Parecías un jodido muerto.-

Ella soltó una risotada. –Lo siento, lo siento. Intentaré que no vuelva a pasar.-

El moreno le dedico unos segundos más de miradas molestas antes de chasquear la lengua, regresando su atención a la sopa. –Al menos ya te estas comportando como tu misma. No nos vuelvas a joder de esa manera.-

Ella se limitó a sonreirle avergonzada, inclinando la cabeza hacia adelante. -Lo siento... ¡Ah! ¡Casi lo olvido, que mala educación!- susurró, mas luego pareció recordar algo poniendo su mano en la cabeza del Lance Corporal, quien lucía confundido por el gesto. -Heichō, ellos son mi familia. Elizabeth, mi hermana mayor, Zarahi, mi hermana menor y Charles, mi hermano menor, aunque creo que ya se conocen. Chicos, este es Levi-Heichō, mi Cápitan. ¿Recuerdan a aquel compañero de mamá que hablaba del "Soldado más Fuerte de la Humanidad"...?-

Los ojos de los tres hermanos se clavaron sobre el Lance Corporal, quien puso su cara de pocos amigos al ver que eran otro grupo de civiles que creían que él era un jodido superhéroe... Cuando...

-¿Que? ¡Pero si es un niño!- chilló Charlie, decepcionado.

-¿Por qué dices eso?- preguntó Liza.

-Míralo, Nee-sama. ¡Es muy bajito!

Aura demoníaca comenzó a emanar del moreno cuando observó a su subordinada partirse de la risa junto a su hermana mayor, haciendo que los platos vacíos en la mesa se movieran cuando ella la golpeo con las manos. Esos mocosos morirían lenta y dolorosamente...

-Tal vez sea mas mocoso que yo. ¿Cuantos años tiene, Heichō? ¿Doce?-

Su amable y simpática respuesta fue un gesto con el dedo medio de su mano dirigido con mucho cariño hacia su subordinada, quien se limitó a partirse de la risa mientras él se levantaba y se encerraba en el baño de la casa para lavar sus manos y boca.

Aun así, solo cuando estuvo seguro de que nadie lo observaría, se permitió mostrar alivio en su expresión, recostando la espalda contra la puerta... Ella volvía a ser la chica que se negaba a mostrar temor de él, que no se lo tomaba en serio, que bromeaba con las personas que quería, cuyos ojos brillaban mientras sonreía.

"Todos tienen su lado obscuro" pensó, rememorando las palabras de Elizabeth... Pensando en la chica que hace momentos le sonreía en la mesa vestida como hombre y presentándole a su familia, en ese entonces bañada en sangre, sujetando un hacha salpicante... Ahorcándolo contra el suelo y llamándole asesino...

Ella no era tan frágil como lucía ante sus ojos, ella también podía ser cruel, hacer de tripas corazón, pensar sin poner sus sentimientos en sus decisiones, volverse un animal de sangre fría, todo por proteger las personas que apreciaba... Así como él.

En verdad debía estar enamorado de ella, porque incluso conociendo ese lado obscuro... Le seguía encantando esa mocosa.

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Muchas gracias por leer y perdón por lo largo! Por favor, si te gusto, si no te gusto, si lo odiaste, si quieres otro capitulo, si tienes una sugerencia para el siguiente capitulo, si crees que merezco morir... POR FAVOR deja un review, sigue o deja de favorita la historia o a mi, la escritora. Eso me ayudaría mucho.

Kurenai Lukia