Harry no pudo pegar ojo en toda la noche, el temido murciélago grasiento iba a ser su tutor a partir de ahora. Prefería mil veces enfrentarse a Voldemort y a sus secuaces que soportar un minuto más de lo estrictamente necesario al capullo de Snape. Ron y Hermione habían respirado aliviados al saber que Harry no sería expulsado de Hogwarts pero Ron había flipado en colores cuando le explicó lo de su nuevo tutor y lo de las 2 semanas de "expulsión de las clases". Por supuesto Hermione, se ofreció en tomar apuntes de las clases para que no fuera tan brusca su vuelta. Si, en eso estaba pensando Harry, en cuanto tardaría en ponerse al día con sus clases. A veces, estrangularía a Hermione. Harry intentaba mantener la sangre fría. Intentaba pensar en positivo. Al menos no lo habían expulsado de la escuela. Si lo expulsaran tendría que volver con sus tío, y sabía muy bien, que aquello si que era sin duda el peor de los panoramas que Harry podía imaginar. Incluso, se había planteado en entregarse el mismo a Voldemort antes que soportar a los Dursley cada día hasta que cumpliera los 18.
Las horas fueron pasando una tras otra, la última vez que miró el reloj era las 4:48. ¿Y qué iba a hacer él durante esas dos semanas? Sino podía asistir a las clases, ni al salón común, ni dormitorios, ni comedor. ¡Espera! Ni dormitorios ni comedor. Es imposible que lo castigaran sin comer ni dormir ¿Verdad? Claro que Snape seguro que podría. Pero Dumbledore, no se lo permitiría ¿Verdad? Claro que no, estúpido. Se dijo a si mismo. Harry volvió a mirar el reloj tan solo habían pasado unos minutos. Si no iba a poder ir a los dormitorios más vale que empezara a recoger sus cosas, para estar preparado para ir a donde fuese que iba a dormir y a estar las siguientes dos semanas. De repente un sudor frío recorrió la espalda de Harry. Y si tuviera que pasar esas dos semanas en las mazmorras con Snape. ¡Imposible! Él tiene que dar clases. Quizás Hagrid, al fin y al cabo, él estaba fuera de la escuela. Eso sería sensacional, dos semanas con Hagrid. De repente el corazón de Harry se aligeró dos toneladas, ya estaba pensando en todas las cosas que Hagrid y él podrían hacer y de cuantas criaturas magníficas podrían hablar. Y quizás, incluso, podrían ver esos licántropos que le había hablado esa misma tarde. Harry estaba perdido en sus pensamientos, ni tan siquiera se dio cuenta que alguien había entrado en los dormitorios y que estaba a escaso metros de pie observándolo. Esa imponente figura esperaba que el muchacho dejara al fin de moverse de un lado a otro y se percatara de él. Pero después de un largo rato de verlo deambular arriba y abajo y de poner todo tipo de caras, mientras mascullaba cosas sin sentido decidió hacer notoria su presencia con un leve carraspeo.
- ejem ejem Harry dio un bote hasta la mesita de noche en busca de su varita señor Potter me alegra saber que sus reflejos siguen intactos Grrrrr Snape y sus venenosos comentarios, deje esa varita y acabe de empacar, le espero fuera en 10 minutos.Y como acostumbraba de un giró seco y rápido se dio la vuelta y abandonó el dormitorio de los Gryffindors, dejando a Harry aun sin reaccionar.
- Profesor (dijo Harry con el hilito de voz que su valor le había dejado) ¡Son las seis! ¿A dónde vamos?
- Muchas gracias señor Potter, yo también tengo un buen reloj (enseñándole el reloj de bolsillo), vamos a lo que será su hogar por las próximas dos semanas.
- ¿Señor? (Harry tenía que reconocerlo, estaba un poco asustado)
- Si, Potter, el director Dumbledore está al corriente de su nueva ubicación. No obstante, aprovecho para recordarle que como las siguientes dos semanas está usted expulsado (alargando innecesariamente lo de expulsado) el director ya no tiene potestad en sus infantiles demandas.
- ¿Qué? (Harry permanecía quieto mirando incrédulo a Snape)
- Está usted expulsado, creía que eso le había quedado claro, error mío por presumir que el famoso señor Potter era capaz de entender el significado de la palabra expulsión y sus consecuencias. (Severus dijo con un tono muy retorcido de sarcasmo) No podemos simplemente expulsarlo y mandarlo a casa, como ya debería saber, tiene demasiados y muy poderoso enemigos. Así que aunque no lo mandemos fuera de Hogwarts, el resto su expulsión está en plena vigencia.
- Profesor ¿Dónde vamos? (Harry volvió a preguntar, esta vez un poco más molesto)
- A las mazmorras. Allí pasará las próximas dos semanas (de repente Harry se puso blanco como el papel de arroz, ya se veía encadenado y torturado o como conejillo de indias de las pociones de aquel ser repulsivo que le había agarrado de la mano y lo llevaba casi arrastras. Espera, un segundo Harry. ¿Agarrado de la mano? Snape te está agarrando de la mano como si fueras un maldito mocoso de 3 años. Harry lo más disimuladamente que supo hizo el ademán de soltarse del agarre. Era imposible que nadie les viera, todos dormían. Pero aquello era entre denigrante, aterrador y vergonzoso y ninguna de esas sensaciones por separado eran del agrado de Harry) Señor Potter, deje de luchar conmigo, le voy a llevar de la mano, su actitud y sus actos han hecho que no sea de mi confianza. (Harry gruñó) Más vale que se vaya acostumbrando, a partir de ahora y hasta que acabe su expulsión será siempre llevado de la mano de un adulto responsable.
- ¡Qué! (gritó furiosos Harry parándose en seco y obligando a Snape a pararse también)
- Señor Potter, no tengo problemas de audición, así que ya está bajando ese tono (Snape retomó el paso esta vez más rápido). ¿No querrá empezar con mal píe estas largas dos semanas, verdad? (Snape lo fulminó con la mirada, Harry se meo de miedo, no literalmente, pero se le tiene que reconocer a Snape, que estuvo muy cerca).
Tras bajar y girar y volver abajar y girar unas cuantas veces más, finalmente dieron con las mazmorras, donde estaban situadas: el aula de pociones, los laboratorios, una pequeña biblioteca, el despacho de Snape y finalmente el alojamiento privado del vampiro nauseabundo de Snape. Tras pasar el aula, uno de los laboratorios y la biblioteca, Severus se detuvo ante una puerta. Harry llevaba 3 años bajando casi a diario y no se había percatado de esa puerta. Y él era un chico muy observador y curioso. Por llamarlo de alguna forma. Severus dijo en voz alta "LICENTIOSUS" y la puerta se abrió. Aquello era una especie de habitación. Una cama, una mesita de noche, una cajonera, un escritorio, una silla y para horror de Harry en una esquina había un pequeño inodoro junto a una palangana de loza blanca, una toalla blanca, un pequeño espejo y una jarra con agua. Nada más. Las paredes y el suelo eran los mismos del resto de mazmorras. No había ventanas, no había alfombras, cuadros, cortinas, estantes, no había nada más. Sus miedos más profundos se iban a hacer realidad. Snape lo iba a torturar y acabaría siendo un ingrediente más de sus pestilentes pócimas.
