Disclaimer: solo la historia me pertenece, los personajes y Crepúsculo le pertenecen a Stephenie Meyer.
Bueno, Shaolyn dice que este se entiende bien, jeje. Gracias por pre-leerlo wapa.
De todas formas, y por si acaso, la primera parte del capitulo va tres años atrás y relata como se conocieron Edward y Bella; la segunda parte vuelve al presente, después de la boda y de que Bella le dijera a Edward que está embarazada.
BORN TO BE WILD
Capítulo 4 - Familia
Julio de 2009. Tres años antes.
— ¡Rose! ¿Has visto mi cazadora? — pregunté.
— La guardaste en mi maleta, porque no cabía en la tuya, — contestó con calma.
Fui corriendo a su habitación, totalmente exasperada. Acabábamos de volver de Grecia y no había tenido tiempo de deshacer la maleta antes de tener que ir a trabajar, e iba a llegar tarde.
Me pasó la cazadora mientras hablaba. — Puede que Emmett y yo vayamos al bar esta noche.
Emmett era un tío con el que se había liado en Grecia que casualmente también vivía en Seattle. Parecía que la cosa entre ellos progresaba.
— Perfecto. El grupo que toca esta noche es muy bueno.
Uno de mis trabajos era en un bar de Seattle. En realidad era un agujero en la pared, lleno de grafitis y posters de grupos; los sábados había música en directo. Yo trabajaba allí de camarera los viernes y los sábados por la noche y a mis padres casi les da un ataque cuando lo vieron; a mí me encantaba, podía trabajar en vaqueros y zapatillas, y además escuchaba buena música.
También trabajaba como camarera todas las tardes en un café. El pluriempleo hacía que a veces me volviera loca, pero acababa de licenciarme en historia y quería empezar un máster.
— Garrett también va a venir… — dijo con indiferencia, con demasiada indiferencia.
Garrett estaba con Emmett en Grecia y no entendía que yo no estaba interesada. Rose tampoco parecía entenderlo.
— ¿Vais a hacer un trío? — Sabía que Garrett solo iba por verme a mí, pero me apetecía molestarla por su insistencia.
— Bella, no seas así. Tienes que empezar a salir con alguien o se te va a pasar el arroz.
— Solo tengo veinticuatro años, Rose. Además, no tengo tiempo para esto, — le dije antes de marcharme.
- . - . - . - . –
Llegué al bar y dejé mi chaqueta y mi bolso en la habitación del fondo antes de ponerme detrás de la barra.
Abastecí de cerveza y botellas de agua a los chicos del grupo que tocaba ese día, y después me puse a atender a los clientes habituales que ya estaban ahí. Se me pasaron un par de horas volando y justo antes de que el grupo fuera a empezar, Rose y Emmett entraron por la puerta con otros dos chicos.
Uno de ellos era Garrett; me lanzó una sonrisa que, supuse, trataba de ser seductora, aunque a mí no me sedujo en lo más mínimo. No voy a decir que el tipo era feo, porque no lo era, pero no era mi tipo. Al otro no le conocía, era bastante alto, delgado, con el pelo castaño claro y, por su cara, parecía que prefería estar en otro lugar. Cuando se acercaron a la barra me lo presentaron como Edward Masen.
Se sentaron en taburetes, Rosalie y Emmett en medio con Garrett al lado de Rosalie y Edward al lado de Emmett. Supuse que Garrett se había sentado al lado de Rosalie pensando que me quedaría cerca de ella para hablar cuando no tuviera que servir; mi sospecha se vio confirmada cuando noté cómo me miraba Rosalie. Así que, tras servirles cerveza a los chicos y un Martini a Rose, me coloqué lo más alejada que pude de Garrett para escuchar al grupo, y terminé al lado de Edward.
Edward terminó siendo un tipo bastante interesante y tuvimos varias conversaciones durante la noche cada vez que tenía un momento para detenerme.
Descubrí que teníamos la misma edad; que había estudiado biología en la universidad, aunque también le gustaba la música y trabajaba tocando el piano en un estudio de ballet. Al parecer era adicto al deporte, porque me dijo que solía ir los fines de semana a hacer senderismo y también le gustaba el buceo, la escalada y cualquier tipo de deporte practicable.
Yo le conté que, igual que él, siempre había vivido en Seattle. Le hablé también de mis estudios, agradeciendo que no comentara las pocas salidas que tenía estudiar historia. Mi parte favorita fue cuando, tras reír al decirle que no me disgustaba el deporte pero que era demasiado vaga, él mencionó que tal vez podríamos quedar un sábado para mostrarme algunos de los lugares que conocía; me emocioné como una adolescente cuando la idea abstracta se convirtió en una cita fija para el siguiente sábado.
Al final de la noche, antes de que él se marchara y yo empezara a recoger para cerrar, intercambiamos números de teléfono y se despidió de mí con un beso en la mejilla y una sonrisa que me dejó incapacitada durante media hora.
- . - . - . - . –
Pasé todo el domingo reprimiéndome para no llamarle y parecer desesperada. El lunes por la tarde tuve que ir a la universidad para hablar con el Profesor Banner, que sería mi tutor en el máster y quería coordinar conmigo las horas de tutoría y el temario que yo tendría que impartir cuando empezara el curso como su asistente.
Imagina la sorpresa que me llevé, cuando dos horas después salí de la Facultad de Historia y me encontré a Edward sentado en un banco justo delante de la puerta.
— ¿Qué haces aquí? — pregunté cuando me acerqué a él.
— He ido con Emmett a tu casa y Rosalie me ha dicho que podía encontrarte aquí, — contestó poniéndose de pie y quedando muy, muy cerca de mí.
— Eso no responde a mi pregunta, — dije casi sin aliento. Su cercanía, su olor, me nublaba la mente.
— No podía esperar una semana para verte.
Una de sus manos se enredó en mi pelo en la nuca y la otra fue a la parte baja de mi espalda. Me acercó a él mientras bajaba la cabeza para unir nuestros labios por primera vez.
Septiembre de 2012. Presente.
— ¿En qué piensas? — me preguntó Edward, abrazándome por detrás y dejando un beso en mi cuello, sacándome efectivamente de mis pensamientos.
— En ti, — contesté mientras terminaba de poner la comida en una bandeja. — No deberías estar levantado, — añadí cuando acabé, girándome en sus brazos y rodeando su cuello con los míos.
— ¿Por qué no? — preguntó, hundiendo su cara en mi cuello.
— Te iba a llevar el desayuno a la cama.
— ¿De verdad? — Levantó la cabeza.
Me encogí de hombros. — Llevas todo el verano sirviendo a otros.
Rio. — En ese caso… — empezó apartándose de mí, — me vuelvo a la cama.
- . - . - . - . –
— ¿Podéis dejar de comeros mi desayuno? — preguntó Edward con fingida molestia mientras Will se comía un trozo de tortita.
Le cogí otro trozo de kiwi. — Yo ahora tengo que alimentarme por dos.
Sonrió. Por suerte, la noche anterior no solo se lo había tomado bien, sino que se había mostrado encantado por la nueva adición a la familia. Sin embargo, todavía teníamos que decírselo a Will; se había tomado bien lo de que fuéramos a casarnos, incluso había empezado a llamarme "mamá", pero había crecido sin una madre y no estábamos muy seguros de cómo se tomaría tener que compartir a la suya tan pronto.
— Yo soy pequeño y tengo que crecer, — le dijo Will, siendo la personificación de la inocencia mientras sus manitas cogían el vaso de zumo de naranja que había exprimido.
— Muy bien, — dijo Edward, dejando la bandeja en el suelo y quitándole el vaso a Will. — Os vais a enterar vosotros dos.
Will se llevó las manitas a la boca, soltando un pequeño jadeo de sorpresa. — Vamos mami, tenemos que escapar, — dijo, cogiendo mi mano.
Salimos corriendo, riendo con Edward detrás de nosotros. Cogió primero a Will, que rio incluso más fuerte cuando su padre empezó a hacerle cosquillas. Me quedé parada en medio del salón, mirándoles, hasta que Edward se detuvo y los dos decidieron que en ese momento me tocaba a mí.
Caí en el sofá con ellos encima atacando mis costados. En ese momento pensé que no podía esperar a empezar una nueva etapa de mi vida con ellos y el bebé que venía en camino.
Hola!
Espero que os haya gustado, estoy deseando leer vuestras opiniones.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells, :)
