Sálvame, por favor

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 4 El reecuentro


No lo podía creer. Sencillamente no podía creerlo. Terry estaba ahí, ante mí, mirándome con esa travesura y arrogancia que tando adoro, que tanto añoraba. Dios existe y le caigo bien. Luego de quedarme estática por varios segundos corro a sus brazos. Corro hacia él sin cohibiciones. Sin importarme los que están a mi alrededor.

—¡Terry! ¡Terry!— Estoy llorando de emoción mientras él me está abrazando muy fuerte, reteniéndome, como sientiendo el mismo miedo que siento yo de que de pronto él se esfume y se vuelva inmaterial, un espejismo.

—Vine por ti, Candy. Ni un día más aguanté sin ti, he llegado hasta aquí.— Mientras aún me sostiene firme en sus brazos, beso todo su rostro desenfrenadamente, olvidando el mundo y sus prejuicios. No miro a Flammy, pero sé la cara que debe estar poniendo, puedo imaginarme las regordetas mejillas de Molly encendidas de vergüenza. ¡Envidiosas!

—Te traje con el pensamiento, Terry. Yo... estaba dispuesta a ir por ti... no sabes todas las veces que estuve a punto de tomar un tren y...— Me besa, en frente de todos, acallando mi diálogo, cambiándolo por algo mucho más interesante.

—¡Señorita White!— ¡Oh Dios! Mary Jane... me ha encontrado en la situación más comprometedora jamás, estoy en mi lugar de trabajo y estoy besando a un hombre en los labios frente a todos... me separo abruptamente, mis mejillas ardiendo y tengo la ligera sospecha de que mi carrera profesional acaba de culminar.

—Lo siento, Mary Jane, es que... es que...

—La entiendo perfectamente, White. Me alegro que la razón de tu torpeza y distracción esté de vuelta, pero permítame recordarle que está en una clínica y que su compartamiento es por demás inadecuado.— Vuelvo arder de vergüenza, pero siento que no hay nada severo en el rostro de Mary Jane, sino que intenta fingir, pero puedo ver que está feliz por mí aunque en el rostro de mis compañeras resplandece la codicia y hasta cierto aire triunfal cuando Mary Jane me reprende. No captaron como yo, que Mary Jane está feliz por mí y que en la sala de espera en que nos encontramos, no hay nadie más feliz que yo.

—No volverá a ocurrir, Mary Jane, se lo prometo.— Le digo con una sonrisa boba y tomada de la mano de Terry que se había tornado serio, no le gustaba que nadie se metiera conmigo, despertaba su instinto sobreprotector y además, sé que le incomoda la forma en que Flammy y Molly lo están mirando.

—Estoy segura de que no volverá a ocurrir. Y aún sigo esperando que recuerdes una virtud que se llama modales y nos presentes al apuesto caballero responsable de tu cabeza despistada.— Vuelvo a sonrojarme, esto ya se ha hecho un ejercicio.

—Disculpen. Él es...

—Terrence Grandchester, señora, señoritas.— Mi arrogante y galante inglés hizo una presentación magistral y besó las manos de las tres mujeres luego de hacer una venia. Puedo decir que hasta Mary Jane se sonrojó y yo estaba como un pavo real de orgullo.

—Terrence Grandchester... es decir que... ¡Usted es Romeo! ¡Sí! ¡Es usted!— Molly se puso eufórica de momento, sonreía como si estuviese viendo al mismísimo Adonis y no puede ocultar su admiración. Me siento absurdamente celosa, pero es inevitable, Terry además de guapo y robar el aliento... ahora resulta que se va volviendo más famoso.

—Sé que White y su compañía nos trajo mucha distracción, pero les recuerdo que hay trabajo que hacer, Molly, hay algo que quiero enseñarte. White, tu descanso esta por culminar y debes...— ¡Dios! ¿Habría algo en el mundo que le quitara lo aguafiestas a Flammy? Era peor que Mary Jane.

—Gracias, señorita Hamilton, puede llevarse a Molly con usted. La señorita White está libre a partir de este momento y no se presentará en los próximos tres días. Disfrute el descanso, Candice White.— Mi boca no puede cerrarse ante el asombro. Es a penas medio día y Mary Jane acaba de dejarme libre para que disfrute a mi amor. Definitivamente sí, Dios existe. Y le caigo bien.

—Pero Mary Jane... aún...

—¿Cuál es el problema, Hamilton?

—Ninguno. Con permiso.— Dijo la amargada y alta pelinegra retirándose junto con Molly, seguida de Mary Jane. El mundo ahora era nuestro.

Terry y yo salimos del hospital de la mano, como dos tórtolos, sonrientes, enamorados, felices, tanto que parece irreal. Estamos caminando sin rumbo, no sé a dónde iremos a parar, sólo sé que caminar con Terry de la mano se siente increíble después de tanto tiempo y nada puede romper ese momento. Estoy en la luna aunque el sol de primavera es radiante y hasta algo sofocante al medio día. Nos detenemos en algún lugar apartado y verdoso. Hay muchos árboles. Nos miramos... sonreimos con complicidad, sin duda, recordando los tiempos de colegio.

—Ven, Pecas. Aquí, donde nadie nos vea.— Me arrastra de la mano para adentrarnos a ese lugar, corro con él de la mano y estoy riendo, audiblemente, como una niña, estoy feliz, inmensamente feliz. Cansados y agitados nos detenemos en el tronco de un árbol como en los viejos tiempos. Sus manos en mi cintura, su mirada profunda desnudándome el alma, con él aprendí a distinguir el deseo y sus pupilas están destilando fuego. Fuego que me quema y me consume, muero por arder.

—Hace rato que quería hacer esto.— Dice casi en un susurro y antes de que lo piense sus labios están sobre los míos y yo los acaricio en mi boca, con tanta añoranza, sus manos firmes en mi cintura mientras su boca me prueba. Su lengua se va introduciendo dulce y acaricia la mía, siento que me voy quedando sin aire. Él me besa con tanta hambre, con tanta necesidad y yo me voy contagiando por su desenfreno, no le pongo peros. Me recuesto más sobre el tronco del árbol, bastante reclinada, lo que hace que él caiga un poco sobre mí y puedo disfrutar de su cuerpo pegado al mío mientras sigue consumiendo mis labios. Coloco mis brazos al rededor de su cuello y disfruto de su beso, de su candente y ardiente beso mientras cada poro de mi piel se eriza y mil sensaciones nuevas se despiertan. Paso mis manos por su cabello, tan suave, moría por hacer eso durante tanto tiempo.

—Te extrañé tanto, Candy. No te imaginas mi infierno. Haber estado lejos de ti... pensando que te había perdido para siempre... me hizo vivir los momentos más oscuros de mi vida.— Me expresa luego de que culmine nuestro beso antes de que se volviera más abrasador y peligroso. Puedo ver la mezcla de angustia en su voz y su gesto. Odio ver tristeza en el rostro de mi niño hermoso. Me voy rodando hasta quedar sentada sobre la hierba y lo invito hacer lo mismo. El área está totalmente despejada y el espesor de los árboles no deja que nadie tenga acceso a vernos. Separo un poco mis piernas para que él se siente entre ellas. Normalmente era al revés, pero quiero consentirlo. Quiero consolarlo por todo lo que sufrió por mí.

—Yo también te extrañé un mundo, mi amor. No sabes cuánto me arrepentí, fue inmediatamente. No sé cómo pude desprenderme de ti así. No hubo ni un sólo día que no pensara en ti... hasta tuve miedo de que terminaras olvidándome, que te enamoraras de ella...

—¡Eso nunca! Yo a ti no te podría olvidar nunca, pecosa de mi alma. Te llevo en la piel. Además... si te rehusabas a venir conmigo...— Me muestra su sonrisa arrogante y de lado mientras se gira para que yo capte la malicia en su mirada. Le doy un beso en los labios sin poder evitarlo. Es que lo amo, amo todo de él.

—Iba a secuestrarte. Te iba a llevar conmigo aún en contra de tu voluntad. No iba a dejarte escapar esta vez, Pecosa y no tengo intención alguna de dejarte ir.

—¿Serías capaz de secuestrarme?— Se gira completamente hacia mí y su mirada maliciosa me la regala una vez más, me pongo un poco colorada porque se va acercando cada vez más a mí y nuestra posición en el suelo no es muy... decente...me quemo por sus ojos.

—Sí, Iba a llevarte conmigo tal vez amarrada y amordazada... Te metería en la parte más oculta del vagón del tren... y sólo si te portabas bien... te quitaba la cuerda y la mordaza... y no te dejaría nadita de comida para el viaje. Sólo mis besos.—Me besa mientras habla con esa voz que me produce escalofríos y calor a la vez. Estamos tan pegados, tan cerca y me va besando... lo que me está diciendo me hace sentir cosas que no conozco, pero me agradan... son las cosas que él me dijo una vez en el San Pablo que eran malas, pero buenas.

—Durante tu viaje conmigo, sólo te ibas alimentar de mis besos, de mis caricias...— Y según me habla, está besándome y acariciando mi cabello y luego mi espalda. Me estoy volviendo loca, me olvido de respirar.

—Si seguías siendo una buena chica, te dejaría acurrucadita con mi cuerpo mientras te voy comiendo a miles de besos...— Juro que estoy ardiendo, mi respiración se vuelve tan agitada y él, él se ve tan tranquilo, está disfrutando sin duda de mi nerviosismo, de mi cara colorada, lo hace a propósito.

—Yo imaginé muchas veces que venías por mí... soñaba que escapábamos juntos lejos y... y me amabas y...

—Y te amo. Más que a mi vida, Pecosa.— Vuelve a tomar mis labios y esta vez soy yo la que pierdo el control, es que había guardado tantas ansias y todas por él. Nuestro beso estaba siendo ardiente, nuestras lenguas estaban en guerra, nuestros labios dolían, él me los succionaba, me los mordía dulcemente, los enrojecía y yo quería cada vez más de él, de sus besos. Sus manos van cobrando vida sobre mi cuerpo, acarician mi cuello mientras su boca desciende para besarlo, me estremezco toda, la humedad de sus labios mientras besa mi cuello era una sensación que había añorado tanto... y no sé qué pasa, pero hoy se siente mejor que en los tiempos de colegio. Tal vez por las ansias acumuladas, el deseo, no sé... sólo sé que echo mi cabeza hacia atrás porque quiero que siga haciéndolo y lo hace... lo hace y yo acaricio su nuca y pude sentir su escalofrío mientras mis dedos y uñas lo acariciaban dulcemente ahí, como antes.

—Extrañaba tanto poder hacerte esto, estar así contigo... Te amo, Candy. Y te quiero por siempre, por siempre así.

—También te amo, Terry. Amo todos tus besos y tus caricias... ohh..— Se me escapó un pequeño gemido inevitablemente porque él estaba acariciando el lóbulo de mi oreja con su lengua y sus manos... se deslizaban por mi espalda a través de la tela de mi uniforme... me electricé completa al imaginar cómo sería sentir sus manos sobre mi cuerpo desnudo. Me puse tan roja como una fresa ante mi pensamiento, tanto que creí que él pudo haberme escuchado.

—Candy...—Me llama mientras su voz es agitada porque no ha dejado de besarme ni un momento. Ahora me está acariciando, por los costados, el vientre, sé que hace un gran esfuerzo por no tocar mis senos, está controlándose, lo sé. Me recrimino por el hecho de que me gustaría que sus manos siguieran explorándome, pero no es el momento y mi rebelde, aunque le dejo sus libertades, es un caballero y no abusa de su privilegio.

—Voy a llevarte conmigo. Te vienes conmigo a Nueva York esta misma semana, Candice.— Su voz es agitada por el efecto de acariciarme y besarme, utilizó mi nombre de pila para darme a enteder que hablaba en serio, que estaba decidido y que no era una petición.

—Me iría contigo hoy mismo, Terry. Ahora mismo.— Respondo igual de agitada que él, bajo el efecto de sus caricias, de sus besos, estoy jadeante, deseosa y haría en ese momento cualquier cosa que él me pidiera.

—Hazlo. Vámonos ahora. No te faltará nada, te lo prometo. Te lo daré todo, todo lo que pidas, Candy.— Se vuelve más desenfrenado y me besa con más ardor, siento su lucha interna por no tocar zonas prohibidas en mi cuerpo, pero su voz es tan cargada de deseo, su respirar y hasta yo misma desearía que estuviéramos en otras cinrcunstancias para poder disfrutar nuestro deseo a plenitud.

—Ahora no puedo, mi amor. Tengo al menos que... avisar en mi trabajo y... despedirme de los chicos y de Albert...—Para de besarme de golpe y sus ojos azules ahora me miran con una intensidad distinta, no lo comprendo y de pronto me asusto.

—No quise decir que no me iré contigo, Terry. Lo haré, sólo que no puedo hacerlo hoy, creo que debemos...

—¿Ha mejorado algo Albert con tus cuidados?— Espeta de pronto, interrumpiéndome. Lo conozco bien, hay molestia en su voz aunque está luchando por disimular. Sé que nunca le hizo mucha gracia la idea de que yo viva con él, pero aceptó, aceptó por mí a pesar de sus demonios internos. Sí, porque mi niño hermoso, además es muy celoso y posesivo y compartirme de cierto modo con Albert supuso una prueba de fuego para él.

—Bueno... aún no recupera su memoria, pero se ha superado, trabaja y ha seguido con su vida, enfrenta su realidad muy bien y es siempre muy alegre... él es lo que me ha ayudado a no derrumbarme cuando... cuanto tú y yo nos separamos... es un buen amigo, Terry.

—Lo sé. Sólo por eso acepté ese locura de que cuidaras de él y además confío en ti. Pero no puedo evitar sentir celos, Candy. Saber que él ha estado contigo todo este tiempo, junto a ti, mientras yo sólo vivía de tu recuerdo... a veces sentí miedo de que... te enamoraras de él.— Las palabras salieron de su boca con trabajo, con verdadera angustia y vi su rostro apagarse, odiaba eso, yo llenaba mi vida haciendo feliz a mi niño amargado. Me acerco a él y beso sus hermosos ojos, su pelo y su nariz recta para finalmente dejar un beso tierno en sus labios.

—Terry, cielo. Sabes que mi amor es sólo para ti, nadie nunca podrá hacerme sentir lo que siento contigo. Ese tipo de amor sólo te pertenece a ti. Yo no te olvidaría con nadie y menos con Albert, mi amor, eso sería casi incesto. Albert es como un hermano mayor, lo conozco desde que tengo unos diez años y no lo veo con esos ojos, estoy segura que él tampoco, por el contrario, todo este tiempo, siempre me alentó a buscarte, a luchar por ti. Aún cuando no te recuerda, su lealtad hacia ti tiene memoria.— Beso y acaricio su cabello y veo como se va calmando, cómo la tensión se va liberando y él se acurruca de mí como un niño, mi niño, siempre con tanta necesidad de cariño, de afecto, con tanta inseguridad y yo doy mi vida por cambiar todo eso, me lo he jurado, me lo he propuesto.

—Me deja muy tranquilo saber eso, Candy. Disculpa si te ofendí de algún modo, es que te quiero sólo para mí... soy tan egoísta cuando se trata de ti. Quisiera que tus atenciones fueran sólo para mí... pero sé que es imposible, no se le puede negar tu luz a todos y te amo y te admiro por eso.

Yo me siento aún más orgullosa. Mi mocoso rebelde ha madurado mucho y sabe cómo controlar sus impulsos, bueno a veces no lo logra, pero se esfuerza y eso vale mucho para mí.

—Mi cielo, me encantaría poder quedarme así contigo toda la vida, pero debemos volver. No quiero preocupar a Albert... él no sabe que estás aquí y además... creo que le encantará conocerte... otra vez.

Él se pone de pie y me ayuda hacer lo mismo. Tomamos el primer coche y en unos cuarenta minutos estamos en el apartamento, pero... no fue lo que esperábamos.

—¡Candy! ¿Dónde has estado? Fuimos a buscarte al hospital y no estabas y...— El acto de presencia de Terry hizo que Archie interrumpiera su reclamo mientras los demás nos miraban sorprendidos, Albert estaba alegre aunque con sorpresa. Stear y Patty nos miraban con asombro, pero en su rostro había también alegría por mí, pero Archie no estaba contento y no estaba disimulando, vi el rostro descompuesto de la pobre Annie, sé que se siente humillada ante los celos que aún Archie demuestra por mí y que nunca ha sentido por ella a pesar de que le sobran pretendientes.

—Lo siento. No fue mi intención preocuparlos, es que imagínense...— Digo señalando a Terry que no suelta mi mano y se ha puesto muy serio, está molesto, pero está conteniéndose.

—Ya sabemos que está muy bien, chicos. Tranquilos. Supongo que tú debes ser Terry, ¿no?— Albert le sonríe amable y le estrecha la mano, la cual Terry acepta y le devuelve la sonrisa.

—¡Claro! Y también es la razón por la cual Candy casi se muere luego de haber ido a verlo...

—¡Archie!— Exclamo como advertencia porque además, conozco a mi amado y sé que su autodominio tiene un límite y su mandíbula apretada está indicándome que mi adorado primo está sobrepasándolo.

Continuará...


¡Holaaaaa!

Espero que les guste el capítulo. Chicas, a partir de aquí es que esta historia realmente comienza. Gracias por el apoyo.

Tus comentarios han sido bien recibidos:

anaalondra28, bebeserena, kary klais, Mayuel, dulce lu, Eva Mara Hernndez, Dali, WISAL, Iris Adriana, Daniela Bascun, Silvia E, Zafiro Azul Cielo 1313, Ivis Sanroman, norma Rodriguez, LizCarter, Luisa, Rose Grandchester, VERO, Comoaguaparachocolate, Betk Grandchester, alejandra, Zucastillo, jazmin reyez, Amy C.L, Laura Grandchester, bettysuazo

Un beso enorme desde Puerto Rico

Wendy