Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.

Y solo de pasadita por aquí, actualizo éste capi que ya tenía escrito.

El viernes se me rompió una muela y bueno, ya se imaginarán -para mayores detalles de ésto, pueden leerlo en LiveJournal- D:

Las actualizaciones de mis long fics y los fics para los retos están en proceso, mientras tanto, aunque no muchos se pasan por aquí, espero que los que lo estén haciendo estén disfrutando de la lectura ^^


Las Onna

Capítulo 4: Hone-Onna

Del brazo de Daphne y con una cara de inmenso aburrimiento, andaba Blaise caminando con desgana. Lo que prometía ser una noche de descontrol y parranda, se había vuelto la maldición gitana más injusta de la época. Nada de clubs, pubs, ni alcohol, habían dicho las chicas o por lo menos dos de ellas, porque Tracy muy quitada de la pena se había despedido con sonoras carcajadas, rumbo a un antro de perdición, según Daphne y Pansy, aunque ellos más bien lo hubieran llamado el cielo en la tierra.

Sin saber como, habían terminado en una odiosa cita doble, donde las dos chicas lo arrastraban a él y a Draco de un lado a otro, entrando en tiendas para comprar cuanta cosa se les antojara. Para lo único que servían ellos era para cargar bolsas y dar su falsa opinión. Que ganas de decirle a Daphne que los kimonos la hacían ver gorda, pero se mordía la lengua porque menudo drama se iba a armar como se quejara de algo.

Ese era su karma por haberse acostado con la rubia, porque hasta donde él recordaba entre ellos no había una relación formal. Claro que Draco y Pansy tampoco tenían una. Era interesante descubrir el precio de ser un amigo con derechos, porque las chicas daban por hecho que entre ellos había algo más y casi se sentían sus novias pese a realmente no serlo.

—¿No creen que ya deberíamos de ir de regreso? —propuso Zabini, algo fastidiado de aquel paseo sin sentido cuyo único objetivo era visitar cuanta tienda de ropa estuviera abierta.

—Pero si no tiene mucho que llegamos —argumentó la Greengrass a su lado, aunque sus palabras llegaron a oídos sordos pues el moreno se había quedado mirando fijamente a una joven que estaba al otro lado de la calle.

Era una chica muy guapa, de larga y lacia cabellera negra, tez clara, ojos oscuros y vestía a la moda muggle, con un enorme suerte color morado que pasaba como un vestido muy corto y unas mallas negras con botines del mismo color. Se veía misteriosa y exótica, muy atrayente no solo ante los ojos de Blaise, sino que Draco también se le había quedado mirando con descaro, causando el descontento de sus chicas.

—¡Hombres! —gruñó Pansy, dándole un codazo al rubio, quien enseguida se volteó para mirarla feo.

—¿Pero qué te pasa? —preguntó molesto.

—Me pasa que te le quedas mirando como si te la quisieras llevar a la cama —acusó, cruzándose de brazos y adoptando una pose altanera, como si se tratara de una esposa reclamándole a su marido que le era infiel.

—Tal vez será porque justamente eso quisiera hacer —aclaró Draco sin ningún pudor, ni medir sus palabras.

—¡Merlín! —chilló la pelinegra, más molesta que sorprendida realmente.

—¿Tú también quisieras hacer eso, Blaise? —acusó Daphne, adoptando el mismo tono que su amiga.

—¿Ah? —el aludido volteó a verla y le tomó unos segundos más de lo usual comprender lo que estaba pasando, ya que se había quedado bobo con aquella otra chica—. La verdad es que si —admitió también, sin vergüenza alguna.

—¡Tenían que ser! —chillaron ambas chicas a la vez, visiblemente molestas y tomándose del brazo la una a la otra, para manifestar apoyo mutuo, comenzaron a andar por la calle, dejando a los chicos detrás.

—¡Hey! Esperen —las llamó Draco, pero sus palabras llegaron a oídos sordos.

Ambos acababan de meter la pata hasta el fondo, pero no lo admitiría. Aunque no por eso no se preocupaban por lo que fueran hacer aquellas dos, las conocían lo suficiente para saber que eran algo vengativas y a su vez, no dejaban de ser sus amigas. La voz racional de sus cabezas les decía que fueran tras ellas, pero el orgullo los había dejado de congelado en aquel tramo de la calle.

—Ya voy —dijo Blaise de la nada, rompiendo el silencio de ambos, pero confundiendo a su acompañante.

—¿Qué? —el rubio se volteó a verlo con cara de incomprensión, topándose con que el otro chico ya se encontraba cruzando la calle para ir a donde esa chica—. Blaise, vuelve acá. Debemos de ir a buscarlas, se pueden perder —argumentó, pero fue ignorado completamente.

El moreno se marchó con aquella chica, dejando a su amigo detrás y solo. Con el firme pensamiento de que Draco podía cuidar de si mismo y que al día siguiente, cuando le contara lo bien que se la había pasado con aquella chica, le perdonaría el abandono. Con eso en mente y llegando a un lado de la joven, le tomo del brazo y se dejó guiar sin oponer resistencia. Extrañamente se sentía como si estuviera hipnotizado en el buen sentido de la palabra. La mirada de aquella chica le decía más de lo que le pudiera entender con palabras, ya que la barrera del idioma había causado que el gran Zabini se quedara sin saber que decir.

Fuese como fuera el caso, fue con ella hasta lo que parecía ser un suburbio de casas residenciales. Ni siquiera tenía idea de como habían llegado ahí, ni cuento tiempo habían estado caminando. A penas y razonaba, asumiendo que ella lo estaba llevando a su casa o algo por el estilo y si bien era algo extraño, se sentía ta cautivado que no estaba haciendo uso de la razón. Se limitaba a escucharla hablar y pese a no entenderle, asentía y sonreía, delteitandose cuando la escuchaba reír. No se lo podía explicar, pero era como estar en una especie de sueño perfecto, uno que prometía tornarse subido de tono y tener final feliz.

Sin estar muy seguro de cómo, cuando o donde, bajo la luz de un poste se comenzaron a besar. Blaise debía de admitir que a la hora de abrazarla le había sentido muy frágil entre sus brazos, pero lo atribuyó a lo delgada y menuda que era. No obstante, mientras dejaba en un rincón de su lógica aquel detalle, otra anormalidad que no pudo ignorar se hizo presente: un olor a putrefacción muy fuerte le golpeó el sentido del olfato.

—¡Puaj! ¡Que asco! —gruñó, apartándose del beso para tomar algo de aire, mirando al rededor en busca de la fuente de aquel olor.

Los ojos de Zabini recorrieron todo en busca de alguna alcantarilla abierta o tal vez algún animal muerto que estuviera cerca, pero su sorpresa fue desmesurada al notar que lo único muerto ahí era la chica de pie frente a él. La sangre se le evaporó del cuerpo al visualizar bien a aquel ser que momentos atrás había sido una hermosa chica y ahora era un cadáver, muy parecido a los inferis que había llegado a ver en las pinturas del aula de Protección contra las Artes Oscuras, cuando Snape impartía clases. La carne descompuesta se ardería aduras penas al esqueleto, así como la larga cabellera negra que ahora lucía pegajosa. La mitad del rostro de la chica era hueso, lo que le daba todavía un toque más aterrador, puesto que los ojos oculares seguían en sus respectivas cavidades, mirándole con intensidad.

—¿Ya no soy tan atractiva? —preguntó en ingles, con tono burlón.

El moreno hubiera hecho alguna broma para responder, incluso hubiese reclamado que el espectro hablara su mismo idioma y no lo mencionara antes, sin embargo, se encontraba tan impactado que no había frase lógica que se formara en su cabeza. En lo único que podía pensar era en Theo y aquel libro de advertencias. ¿Qué demonios era lo que estaba frente a él? ¿Qué quería de él? ¿Como carajos volvía a casa? Prefería mil veces hacerse el chulo con la Weasley novia de Potter que estar ahí, con aquella... cosa o como se le pudiera llamar.

Tantos años en Hogwarts aprendiendo como defenderse de una Banshee, un hombre lobo o una arpía, pero lo que de verdad le debieron de haber enseñado era cómo defenderse de ese espectro que sobrepasaba su imanación. Igual y también le hubiera ayudado mucho leer ese libro de advertencias como había sugerido su amigo, pero el "hubiera" no le servía de mucho en esos momentos.

Aterrado, retrocedió un par de pasos, buscando con impaciencia su varita. Primero sus bolsillos, luego en cualquier parte que pudiera palpar de su cuerpo.

—¡Maldición! —masculló desesperado. En algún momento había echado su varita a las bolsas que cargaba con la ropa de Daphne. Ahora no sonaba tan mal ir corriendo detrás de la rubia Greengrass.

—¿Qué pasa? ¿Ya no quieres nada conmigo? —insistió burlona, aproximándose a él, como si flotara en el aire.

Blaise tragó saliva con fuerza, estaba desesperado por alguna solución. A su alrededor no había nadie, no podía usar magia y tampoco aparecer...

—¡A correr se ha dicho! —anunció para si mismo antes de comenzar la carrera, tal vez porque alguna parte de su subconsciente todavía creía que podía tratarse de una pesadilla y entre más escándalo hiciera se podía despertar o podían despertarlo—. ¡Yo me de aquí me largo! ¡La madre que te parió! ¿Donde está San Potter cuando se le necesita de verdad? ¡Salazar! ¡Morgana! ¡Merlín! ¡Carajo, hasta Godric!

Sin voltear atrás, con los ojos cerrados y corriendo como un digno atleta de maratón, el moreno no se detuvo ni dejó de gritar hasta que no topó de frente contra algo o alguien. Su primer pensamiento fue que ese ser se había aparecido frente a él, haciendo uso de poderes misteriosos. No obstante, para su fortuna o desgracia, sin explicarse como, se encontraba de nueva cuenta en el centro de Tokio y había chocado contra la espalda de un tipo fornido y lleno de tatuajes.

El tipo lo miró mal y murmuró un par de cosas que no se escucharon muy agradables, aunque no las entendió. Era fácil adivinar que no estaba contento con el pequeño accidente y por la forma en la que él y sus compañeros iban vestidos, se podía dar una idea de que no era la clase de gente con la que uno se quisiera meter.

—Lo siento... digo, Come... Comena... Joder —balbuceó pues no recordaba ni una misera palabra en japones. Ese era un buen momento para que Draco o cualquier de sus amigos apareciera para llevárselo entre gritos y acusaciones, pero como algo le decía que eso no iba a pasar, volvió a emprender carrera.

Vaya noche, primero huyendo de una muerta y ahora escapando de una pandilla de japoneses que si bien no les entendía nada, estaba seguro de que si lo agarraban le iban a partir el alma. Así que de momento solo podía seguir corriendo por su vida o al menos integridad física.


¿Entonces? ¿Les está gustando aunque sea un poquito? ¡Espero que si!

¡Gracias por leer! ^^