Cáp. 4
Desde que fue nombrado francotirador, la batalla había tomado otro sentido; él solo tenía un blanco, el líder, sargento, coronel o incluso otro francotirador.
Su misión era solo eso, matar a su blanco, no podía hacer otra cosa, solo mantener su concentración total en su blanco, esperando a que diera la cara o se delatara lo suficiente como para apuntarle en un punto mortal.
Ya le era normal escuchar lo halagos de los demás, las palmadas en la espalda y los buenos deseos para la siguiente víctima.
-Le enviare mis condolencias a la familia del desgraciado.
-Suerte Inuyasha
-¡¡Gracias!
Salió, como ya le era costumbre, armado con su rifle de alto calibre; era su favorito, de color negro con mira telescópica, y las balas eran de muy buena calidad, la distancia que recorrían era de 10,5 m/s a casi 200 Km./h; por esas "simples" razones era su favorita.
Estaba bajo una manta café, llevaba poco más de 15 minutos en la misma posición, sin moverse, su ojo derecho en la mira telescópica apuntando a donde se encontraba escondido su blanco.
-Vamos maldito…sal.
Espero uno minutos más a que se delatara, y su espera no duro poco más de 3 minutos, pues el coronel salió lentamente de su escondite, provocando una sonrisa de victoria en el rostro del muchacho.
-Te tengo.
Apunto directamente a la sien, y disparo; vio el cuerpo caer con una herida en la cabeza de 1.2 cm. Muchos soldados que se encontraban cerca corrieron para auxiliarlo, pero no había nada que hacer, había muerto en el instante que la bala había perforado su cráneo.
Celebraban la victoria, el vino era muy relajante en esos momentos de tanto estrés. Kouga seguí escribiendo, pues debía de hacer todos los días la cuenta de muertos y le agradaba bastante el decir que el número de líderes alemanes muertos había aumentado por lo menos un 30 y todo gracias a su queridísimo amigo Inuyasha Taisho Vassili.
-Bueno, esta es por el 12 que mataste
-Sí se toma una por cada que mataste, se desmayara en el quinceavo.
La risa de todos resonó, mientras veían a su compañero atragantarse el tarro en un solo sorbo.
-¡Ven Kouga, únetenos!-
-No gracias.
-Amargado, y sin intereses.
-Sí, de seguro ni una mujer le haría reaccionar.
-¡¡Cierto!-
-¡Cállense!-
-Koga, tranquilo, solo juegan.
-Sí, como tú no eres el juguete.
-Je je
Estaba profundamente dormido, tenía una misión al otro día, era por un campo algo arriesgado, el viejo almacén, sabía que los alemanes solían atacar mientras cruzaban el puente.
-"Tendré que ser muy precavido"
Intentó conciliar el sueño, pero era bastante difícil, pues aún seguían los tiroteos de los veladores nocturnos, pues no había uno que otro alemán que quisiera aprovechar y atacar mientras todos duermen.
-Este es el tercero
-¿Es que?-
-Nada Kouga, tú duérmete.
-Eres muy reservado.
-Tú lo eres más.
-Ja ja que gracioso.
-Es la verdad.
Miro a su compañero que lo veía furiosa y se daba la vuelta para intentar conciliar el sueño. Eso mismo intentaba hace él, pero a diferencia que todos los presentes, sabía que los alemanes tenían sus armas secretas, y que no tardarían mucho en usarlas contra ellos.
Pero entonces, entre todos esos pensamientos, un recuerdo vino, la mujer que estaba en el tren el cual viajaba hacia el campo de batalla ¿Qué habría pasado con ella? ¿a dónde iba? ¿Por qué en ese tren? ¿Acaso iba a pelear?
-¿Quién habrá sido aquella bella flor?
Continuara…
