Despertó en la oscuridad, Elios no veía nada, se preguntaba donde estaba. No podía mover su cuerpo, no veía ningún tipo de ataduras a su alrededor. Lo último que recordaba era echarse una siesta tras alojarse en un hotel en un pueblo a unos cuantos kilómetros del otro pueblo, el mismo día que derrotaron al esbirro de cuatro brazos, de no ser por Akali, hubiese tardado mucho más.
―¿Hay alguien ahí? ―preguntó Elios.
―Oh, vaya, por fin despiertas ―dijo una voz muy masculina delante suya. Elios se fijó y distinguió dos siluetas, parecían estar sentadas cruzando las piernas a un metro de distancia.
―¿Deberíamos de continuar? ―dijo una voz no tan masculina pero aterrorizante.
―No, dejémoslo para después, no sabemos cuando podremos hablar con él, además llevamos esperando como unas diez horas desde que se durmió.
―¿Diez horas desde que me dormí? Mierda, debe de ser de noche ya, quede con las chicas para ir a cenar a celebrar la incorporación de Akali. Perdonen señores, pero tengo que largarme, ya hablaremos en otro momento, ¿vale?
―¡No! Te quedaras aquí, es la primera vez en tres meses que nos ponemos en contacto ―dijo la voz terrorífica.
―Vale, vale, lo entiendo. Al menos encended las luces para que nos veamos, yo que se. No tiene sentido hablar si no nos vemos, vamos, creo yo.
El lugar, en un parpadeo, se aclaró, Elios pudo ver a los dos hombres que tenía delante. El de su derecha era un hombre apuesto y musculoso, tenía pelo corto, blanco y ordenado, al igual que su barba, sus ojos eran completamente lilas, como su ojo derecho. Todo su conjunto de ropa era blanco. El de la izquierda, no era tan apuesto, pero era igual de musculoso que el otro hombre (por que todos los hombres con lo que ha hablado son musculosos, se estaba cansando de verlos), su piel era mas morena, su pelo era completamente negro, corto y desordenado, sus ojos eran iguales a su ojo izquierdo cuando lo activaba, negro con la pupila roja, iba vestido completamente negro. Parecía que jugaban con cartas, pero no sabía que juego exactamente.
―Déjanos presentarnos ―la voz masculina total le pertenecía al hombre de blanco―. Me llamo Dun, soy un dios.
―Yo soy Verkin, soy un demonio ―por lo tanto, la voz terrorífica le pertenecía al hombre de negro.
―Mas o menos me lo podía imaginar un poco, ¿Qué jugáis? ―preguntó Elios.
―¿Esto? Es un juego de otro planeta llamado carioca, se juegan con cartas diferentes de aquí, te costaría bastante entenderlo ―dijo Dun.
―Oye, cállate, se supone que eso no debemos de explicárselo hasta pasado un tiempo ―le regañó Verkin.
―Ups, se me escapó.
―¿Otro planeta? ¿Qué es eso?
―Menos mal que su religión le oculto estas mierdas ―suspiro Verkin.
―Oye, yo soy ateo, mi madre me decía cosas de los dioses, pero eran tonterías.
―¡¿A que sí?! ¡Los demonios somos mejores!
―Nunca dije eso ―Verkin se sintió decepcionado al escuchar esas palabras.
―Si queréis, otro día hablamos sobre los demonios y los dioses, ahora hay que hablar de otras cosas ―hubo un pequeño silencio. Dun tomo aire―. Mira, los dioses y los demonios no podemos vernos, somos enemigos natos, y yo encima soy mucho mas con este soplapollas de aquí.
―¡Cállate, Dun! No empieces a tirar mierda sobre mí, yo también puedo tirarte, sabes.
―Pero bueno, estar aquí en algún modo ha mejorado nuestra relación así que lo dejamos allí. El caso, el hombre este, como se llama… Ah, sí, Shen. Parece ser que luchábamos cerca de su templo y nos encerró en una esfera de poder a el y a mí en un momento sin que nos diéramos cuenta, fue… raro. Un simple mortal nos encerró. Pasaron dos años, pensábamos que este era nuestro castigo eterno, luchar hasta el final de los tiempos… Y parece que será así, porque vamos, no sé cómo salir de aquí ―Dun tomo aire―. Volviendo al tema principal, desde hace tres meses que notamos una sensación familiar. Un enemigo en común de los dioses y los demonios ha venido a este planeta, solo juntando fuerzas podremos derrotarlo, y bueno, así estamos ahora.
―¿Tenéis idea de como se llama? ¿De lo fuerte que es? ―preguntó Elios.
―Sí, se llama Rai, es muy poderoso ―explicó Verkin―. Demonios y dioses han luchado contra el y su ejercitó durante años, pero nunca le hemos derrotado, había que juntar fuerzas, pero ambos bandos se negaban. Es una raza desconocida muy poderosa, supera nuestros poderes.
―En resumen, ahora que estamos dentro de tu cuerpo, deberemos de luchar contra él y su ejército, juntos, por cojones ―dijo Dun.
―¿No es lo que llevó haciendo durante tres meses? ―dijo Elios.
―Oye, oye, oye, no te des todo el mérito a ti ―dijo Verkin―, has utilizado nuestros poderes.
―Perdona, pero yo he sido el que controlaba las colas, que, por cierto, imagino que deben de ser tuyas Verkin.
―La batalla de hace poco, ¿notaste que tú las controlabas? ―dijo Dun. Elios se quedó callado―. Verkin y yo luchamos contra el esbirro, las colas de Verkin no podrían haber tomado la forma de puños viniendo de ti, los golpes rápidos tampoco, ni el super salto, ni la increíble fuerza, ni tus puños rodeados en las llamas lilas.
―¿A que quieres llegar con esto?
―Tienes dos opciones, Jeff ―dijo Verkin mostrando dos de sus dedos―. O aprender a controlar nuestros poderes y luchar por voluntad propia…
―O entregarnos tu cuerpo para que nosotros nos encarguemos del resto ―dijo Dun.
―Siempre y cuando me deis el cuerpo de vuelta, no hay problema.
Dun y Verkin se sorprendieron por la falta de voluntad del chico, ambos se miraron y pensaron en su siguiente jugada. Dun se dispuso a hablar― Sería imposible, si tomamos tu cuerpo, jamás podrías recuperarlo.
―Estas de coña, joder, y yo que pensaba que podría hacer el vago por un buen tiempo… Bueno vale, supongo que tendré que entrenarme hasta conseguir dominar vuestros poderes por completo, supongo. ¿Cuánto tardaría más o menos?
―Sabiendo que tienes una voluntad de mierda y que además nunca has tenido poderes mágicos o algo por el estilo, 1 año.
―¡¿NANI?! ¡1 AÑO! ¡UNA MIERDA! ¡Quiero acabar esto como antes y descansar por un buen tiempo, no puedo esperar un año!
―Entonces ponte a entrenar duro, controlar mis colas es muy fácil, pero dominarlas del todo es algo complicado ―dijo Verkin.
―¿Y no podéis hacer lo que hicisteis esta mañana cuando luchemos contra el tío ese?
―Sería inútil, no es nuestra mejor versión, debes de hacerlo por ti mismo, chico ―dijo Dun
―Joder… Vale, vale, me esforzaré, pero también tendréis que guiarme, no sé por dónde empezar.
―Ahora que hemos hecho contacto, podremos hablar contigo constantemente, incluso si no estas durmiendo. Ahora vete, se te hará tarde, o se te habrá hecho.
Elios despertó. Veía todo borroso, se sentó en la cama, por poco casi que no se cae, esta tenía un agujero. "En qué momento…" pensó Elios. Miro a su izquierdo y vio a Albion completamente asustada, con su hacha de combate en mano, preparada para luchar.
―¿Tenías pesadillas o algo? ―dijo Albion, más calmada― Tus colas se empezaron a mover solas e hicieron ese agujero en la cama.
―Era algo raro, por lo tonta que eres no lo entenderías ―dijo Elios.
―Lo que tu digas… Hemos intentado despertarte por dos horas, pero ha sido imposible. Supongo que dejamos lo de la cena para mañana.
―¿Y Akali?
―Se está duchando ―Albion dejó su hacha de combate en el suelo―. Iré a recepción un momento para pagar.
―Ah, que aun no hemos pagado… Vale, no tardes mucho, estas horas son peligrosas para una inútil como tú.
―Sí, sí, lo que tu digas. Solo te digo una cosa, como se te ocurra espiar a la maestra Akali, te mató.
La chica salió de la habitación de hotel, Elios calculaba que tardaría unos 3 minutos con 47 segundos, tiempo de sobras. Camino silenciosamente hasta la puerta que separaba la habitación de hotel y el baño.
―Mmm, tengo 3 minutos y no tengo nada que hacer, el mejor lugar para esperar será delante de la puerta del baño, no es culpa mía que mi ojo se ponga delante del ojo de la cerradura… ―Elios miró el asombroso cuerpo de Akali, una joven de 19 años, dándose una ducha. Aunque estaba de espaldas, Elios no pudo contenerse― Niiiiiiiiiice.
Akali escuchó lo que dijo Elios, aunque no sabía que estaba detrás de la puerta―Oh, Elios, veo que te has despertado.
Elios se asustó― Oh, Akali, jeje, si me he despertado… Esto, lo siento por no haber despertado, he tenido un sueño un tanto extrañó, bueno, no era un sueño, era más bien, no sé cómo explicarlo ―Elios poco a poco iba tirando hacia atrás.
Akali se estaba terminando de duchar, cortó el agua y dispuso a secarse―¿A que te refieres? Y, por cierto, olvida lo de la cena, también estaba muy cansada como para ir hasta al restaurante.
―Me alegró que te… ―Elios tropezó con su propio pie, hizo un agujero en la pared, sonó tanto que Akali le escuchó.
―Oye, ¿Qué ha pasado?
―¡Nada, sigue duchándote, no tienes por que preocuparte, solo me he caído…
Akali abrió la puerta del baño, tapada solo con la toalla, llevaba su largo cabello suelto. Vio en la posición que se encontraba el chico, aunque no se inmuto, Elios tragó saliva―Oh, estabas espiándome, bueno, da igual, voy a cambiarme, espérame aquí, ahora hablamos del sueño ese que dices.
―Es… Es… Espera, ¿no te vas a enfadar?
―No cambiaria nada, además, tampoco es para tanto. En la Orden Kinkou, hombres y mujeres nos bañamos juntos.
"Que mierda le pasa a esa orden" pensó Elios.
Akali se encerró en el ropero, de mientras, Elios intentó arreglar la pared, pero, no sabía cómo, pensaba en agarrar los trozos y encajarlos, pero habían tantos, que no sabía por dónde empezar.
"Oye, espera ahí, ya te puedo ayudar yo con eso" dijo Dun en su cabeza, Elios no se sorprendió en lo mínimo "Extiende tu mano hacia al agujero… Así, ahora, concéntrate e intenta visualizar la imagen de la pared tal y como estaba antes" Elios siguió sus indicaciones, los trozos comenzaron a flotar y encajaron por voluntad propia en el agujero, y de paso se quedaron fijos sin dejar ninguna grieta.
"Vaya, con esto podre reparar la cama" pensó Elios.
"¡NI SE TE OCURRA!" le regañó Dun "Tienes que aprovechar la oportunidad, tienes a dos preciosas mujeres y tu cama esta rota, si no va mal, alguna de las dos debería dejarte dormir con ella" aconsejo el dios.
"Dun, esas cosas no pasan" dijo el chico.
"Dun es un mujeriego, acostúmbrate a ello, no hay nada más que le apasione que el cuerpo femenino" dijo Verkin.
"Pensaba que los demonios eran mas ese estilo, vaya mierda de dios"
"¡EXACTO! ¡LOS DEMONIOS SOMOS MEJORES!" dijo Verkin!
"Nunca dije eso"
"Elios, para la próxima, utiliza tu ojo para espiar, recuerda, tienes el ojo de un dios, puedes ver a través de las paredes perfectamente" le aconsejó Elios.
"Sí, sí, lo que tu digas"
Akali salió del ropero― ¿Qué haces mirando la pared?
―Eh, nada, nada ―el chico se levantó, tomo asiento, la chica se sentó delante de él―. Veras, mientras dormía, paso algo…
―Ya estoy aquí… ¡OHHHH! No me dejéis fuera de la conversación, que es, que es, ¿planes? ¿por donde nos moveremos?
―Cállate, pedazo de inútil ―dijeron ambos a la vez.
―Sí, señorita Akali ―dijo Albion triste, se sentó al lado de su exprofesora.
―Bien, continuando por donde lo deje. Mientras dormía, bueno en realidad no fue cuando dormía, si no unas diez horas después ―dijo Elios. "No intervengáis en esto, cabrones, y tu menos, Dun, que con lo mujeriego que eres seguro que la cagas" dijo Elios a los seres dentro de su mente―, me desperté en un lugar oscuro, sin poder moverme, y pues me puse a hablar con el dios y el demonio que tengo dentro de mi cabeza. Me dijeron mierdas de que tenía que entrenar mucho para poder dominar sus poderes, o si no, no podríamos derrotar al pavo que vive en la isla esta cerca de Jonia, que, por cierto, se llama Rai. Dicen que solo con mi poder de Dios y de Demonio podremos derrotarlo. Que, además, lo que hice en la pelea contra el esbirro de cuatro brazos, fueron ellos dos, ya que no tengo la voluntad o capacidad, no sé qué era, para hacer lo que hice. Y que más o menos tardaría un año en dominar mis poderes, pero yo hare que eso suceda antes, porque ya me cansé de esta mierda. Eso. Ah, y otra cosa más, si hago comentarios muy machistas o de mujeriego, echadle la culpa al dios, es un hombre muy mujeriego. Al parecer también pueden hablar mediante de mí.
―Oh, interesante, vamos a dormir ―dijo Akali.
―Oye, oye, oye, ¿ya está? ¿Te acabo de contar toda esta mierda y dices que vayamos a dormir?
―Es que no se que decir, supongo que debe de ser verdad, vamos. No se como reaccionar ni que decir. Además, estoy cansada, vamos a dormir anda. Debemos de explorar los exteriores de este pueblo.
―Eh, vale. Una cosa, mi cama está destrozada, ¿puedo dormir con alguna de vosotras? ―dijo Dun por medio de Elios.
"Dun, cállate, por favor.
―No ―dijeron ambas.
―Da igual, puedo reparar la cama sin problema.
"Mira que eres idiota, Dun, has empeorado la relación del chico con ellas" dijo Verkin.
"Estas mujeres no saben quien soy, pero si lo supieran, actuarían con total naturaleza y vendrían a por mi sin que les preguntara" dijo Dun.
Un desanimado Elios arregló la cama con los nuevos poderes que acababa de aprender y se acostó, aunque no podía dormir. Es broma, se volvió a dormir al instante.
El grupo se levantó temprano, partieron lo antes posible hacía el bosque mas cercano, los esbirros siempre se escondían por allí. Estuvieron caminando por tres horas en círculos y se encontraron con varios cadáveres de esbirros. Caminaban con mas prisa, siguiendo el rastro. De repente, el viento comenzó a ponerse furioso, se escuchó lo que parecía una explosión detrás suya. Corrieron a ver, se asomaron entre los arbustos, volvieron a ver otro cadáver de un esbirro, con un hombre a su lado con una gran katana, llena de sangre. Llevaba unos pantalones largos azules junto unas sandalias, también lo que parecía una blusa azul que solo tapaba el hombro derecho, con el que sujetaba su espada, una hombrera de metal con cuatro puntas cubriendo su hombro izquierdo, una muñequera en cada lado, y lo que llamaba mas la atención, su pelo largo estaba recogido en forma de moño como si fuera un pincel.
―Salid ―dijo el hombre de espaldas―, os puedo sentir. El viento me lo dice todo.
El grupo salió del arbusto y encararon al misterioso hombre.
El hombre se giró hacia ellos, mientras guardaba su katana―El del medio, ¿Cuál es tu nombre? El mío es Yasuo, te lo digo por adelantado, se que me lo ibas a preguntar.
―¿Yasuo? Oh, ese viejo que asesino a su maestro y… ―dijo Albion, pero Akali le tapó la boca.
―Cállate, no la cagues más, por favor.
―Me llamo Elios, ¿tu has matado a todos estos esbirros? ¿Cuántos has matado en total? ―preguntó el chico.
―Sí, yo he matado a todos estos esbirros. No cuento a mis víctimas, la muerte es la muerte, pero si te dijera un numero aproximado, contando a los siete de hoy, unos 56 por ahí.
―Vaya, impresionante, aunque sigue siendo menos de los que yo he matado… En cualquier caso, ¿quieres unirte a nosotros? Estamos yendo por alrededor de Jonia para matar a todos los esbirros, nos dirigíamos al Norte.
―Dos cosas. Primero, no hace falta que vayáis al Norte, ya están todos muertos. Segundo, me niego a unirme con vosotros, soy un hombre que trabaja solo, pero si me derrotas en combate, me uniré sin regaños.
Yasuo puso su mano derecha en el mango de su espada, el viento comenzó a alterarse alrededor de ellos. Elios sudó un poco, estaba delante de un hombre muy fuerte, lo notaba. Se había cargado 7 esbirros el mismo día y llevaba 56 en total, debía de tenerlo a su lado cueste lo que cueste.
Se preparó para luchar, sacó sus cuatro colas, listo para la acción. Akali se iba a preparar también, pero Elios le hizo un gesto con la mano, diciéndole que se esperara.
―Este tío solo aceptara un uno contra uno, si fallo, lo debilitare lo suficiente como para que puedas darle el golpe de gracia.
Akali tragó saliva― Vale.
Yasuo desenvainó su espada y se lanzó hacia su oponente, Elios hizo lo mismo. Este iba a ser un gran duelo.
