Después de una larga presentación familiar donde todos los allí presentes notaron la vergüenza y lejanía de Sky, y todo lo contrario por parte de su hermana menor, Esme les mostró sus respectivos alojamientos. La habitación de Sky era grande y amplia. Había alguna estantería con libros y música. En el centro se hallaba una gran y alta cama enorme para una sola persona, con mesitas de noche. Cara a esta una enorme cristalera que llegaba prácticamente desde el suelo hasta el techo. En frente de la cristalera un pequeño sofá con una mesa auxiliadora y al lado un hermoso piano de cola. Al fondo de la habitación había un gran tocador blanco, como los que se muestran en las películas de Hollywood. Al lado de este una puerta doble que daba paso a un enorme vestidor. Al lado de la puerta principal se encontraba otra que daba paso a un hermoso lavabo privado.

Sky contemplaba asombrada desde la puerta mientras Carlisle dejaba la maleta encima de la cama mientras que Esmeralda apartaba las cortinas.

-¿Esto es para mí?- decía en un susurro Sky. Estaba sin palabras.

-Claro, ¿Es de tu agrado?- preguntó la anfitriona.

Sky asintió.

Carlisle se acercó a Sky y depositó su brazo encima de su hombro suavemente.

-Haremos todo lo necesario para que te sientas como en casa.

La noche había caído en la ciudad y en los alrededores. Sky no había salido en toda la tarde de su habitación. La pelinegra se hallaba organizando sus pertinencias. Alice le había dejado miles, literalmente, de vestidos, zapatos y demás en el gran vestidor.

En un rincón de la casa de escuchaban las risas de Eleazar y Carlisle recordando viejos tiempos; en el otro lado de esta se escuchaban las angelicales voces de Carmen y Esmeralda.

-No creo- comentaba Carmen- que acabe de acostumbrarse. Nosotros le sacamos de la muerte, pero… No sé, es como si no quisiera encajar en el puzzle: Eleazar, Carmen y Lizzy.

-Es normal, piensa que Sky ya ha tenido una familia, una madre, cosas que a la pequeña le queda por experimentar. Quizás lo único que busque es encontrar su lugar…No necesita una madre, Carmen, ya tuvo una, pero quizás una consejera o una amiga no le haría daño. Además- concluyó Esme- tranquilamente podría pensar que la pequeña Lizzy es la única razón por la que la salvaste. Al fin y al cabo, fue de ella de quién te encaprichaste.

Había sido dura, pero sincera. Había dado en el clavo.

-Tengo miedo de que intente quitarnos a Lizzy porque ella no se acabe de acostumbrar.

-¡No!- exclamó Esme- Eso es prácticamente imposible. Ella quiere lo mejor para su hermana y quizás sepa lo que pasa. Que Eleazar y tu seáis los padres de la pequeña Lizzy no significa que no sea su hermana. Se lo notó en la mirada. Ella lo único que quiere es la felicidad de su hermana y la propia. Y como su hermana ya es feliz, ahora esta en busca de la suya.

-Tienes toda la razón del mundo- dijo Carmen tras unos segundos- Debería hablarlo con Eleazar pero creo que estará de acuerdo con lo que dices. Yo solo quería que fuera una más.

-Y lo es, a su manera. Esa chica es especial.

-Eso seguro- sonrió Carmen- ¿Escuchaste su corazón cuando le dijimos la naturaleza del licántropo? Su corazón ni se alteró. Como si ya lo tuviera asimilado. Lo mismo pasó cuando le comentamos nuestra naturaleza.

-Es especial.

Sky se duchó y se puso la ropa para dormir: una enorme sudadera que le llegaba por las rodillas. Al salir del vestíbulo calmada y relajada contempló la escena que la gran cristalera le proporcionaba. La luna daba paso a una fría y hipnótica luz pálida que se extendía por toda la gran habitación. Se asomó a la cristalera. Los arboles, el cielo…Una foto. Pura maravilla. Miró hacía abajo y vio a dos lobos. Seguramente de la manada de Jacob. Cerró las cortinas y se metió en la cama, donde rápidamente se quedó profundamente dormida.

Blaine estaba a su lado. Se estaba comiendo al lento dependiente del autoservicio. Sky contemplaba la escena apoyada desde la farola. No sentía nada.. Blaine miró hacía donde estaba ella apoyada, sorprendido. Dejó a un lado al dependiente que yacía muerto en el asfalto y el vampiro olfateo algo. A los pies de Sky se hallaba una servilleta que la pelinegra había arrojado al suelo. Blaine lo cogió con delicadeza y olío el perfume natural de Sky.

-La próxima serás tú, preciosa.