Capítulo 4
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La plaza parecía muy concurrida aquella tarde. Bueno, teniendo en cuenta que estaba comenzando la primavera, no le extrañaba que la gente fuera a tomar el sol. Nunca nevaba en el Reino de Diamantes, se jactaban de ser el mejor reino para viajar por su tranquilidad y por ser la más pacífica después del reino de Corazones. El joven buscaba desesperado por las calles, su cabello rubio oculto por una capucha, su mirada seria y concentrada, buscando el objeto que siempre le provocaba dolor de cabeza desde el día en el que finalmente le nombraron Jack del reino.
Todo el palacio se había movilizado sin que el pueblo lo notara, todos disfrazados buscando al Rey Francis, quien desapareció aquella mañana después del desayuno. Normalmente iba con Antonio, su inseparable amigo de la infancia, o con el mismo Jack y su dulce hermanita la Reina. Pero que saliera solo aquel día, sin avisar siquiera, eso les preocupaba a todos. Sobre todo, a Michelle, la hermana mayor del Rey, quien se acercaba a él cuando iba a adentrarse en uno de los callejones.
- ¿Le has encontrado, Vash? – le preguntó Michelle con obvia ansiedad.
- No, pero cuando lo encuentre me vas a tener que permitir darle una paliza por preocuparnos a todos cuando tenemos cosas más importantes de las que ocuparnos. – Respondió Vash con molestia.
- Espero que esté bien – dijo Michelle.
Ella avanzó, su cabello del color del caramelo resplandeció por un momento debajo de la capucha que llevaba. El Jack siguió buscando por la plaza y las calles, cuando los dos comandantes de la Guardia, Antonio y Paulo, vinieron a él.
- Vash, le hemos encontrado – dijo emocionado Antonio.
Finalmente, en uno de los parques cercanos al palacio, encontraron al Rey, tirado en el césped, con los ojos cerrados y sorprendentemente rodeado por botellas vacías que antes habían contenido vino. Su pelo dorado sucio y enredado, su cara tan sucia como el pelo, demostraban que al monarca ya poco le importaba su imagen. Estaba inconsciente, cosa que los preocupo a todos. Le llevaron a palacio, aprovechando que estaba apenas a ochocientos metros del claro donde habían encontrado al rey.
Michelle lavó y arregló el pelo de su hermano, además de ayudar a una de las sirvientas a colocarle el pijama. Lo acostaron en la cama con cuidado, y el resto de los habitantes del palacio se ocuparon de que la ausencia del Rey aquel día no se notara, ocupándose de sus obligaciones.
Ya era más del mediodía cuando los ojos del Rey abrieron ante la cegadora luz que venía de la ventana. No recordaba nada del día anterior, la única secuela que quedaba era la migraña que sufría. Quitó las sabanas que cubrían su cuerpo, y con un gran esfuerzo se levantó de la cama. La sirvienta ya le había dejado preparada la ropa para que se pudiera vestir después de una buena ducha. Así pues, procedió el Rey a atender su cuerpo con el mismo ritual de todas las mañanas. Aunque aquella mañana comenzara a atenderse bastante más tarde de lo normal.
La bañera estaba con el agua a la temperatura perfecta. Cogió las cremas y jabones que requeriría para el cuidado de su cabello, el cual llevaba despeinado y desaliñado como pocas veces lo había tenido, a pesar de que su hermana lo hubiera lavado la noche anterior. Eran pocas las veces que ofrecía espectáculo tan lamentable. Apenas podía pensar con claridad cuando se metió en la bañera, introduciendo todo su cuerpo y mojando su pelo.
Cogió las cremas y se embadurnó y frotó el pelo, y todo el cuerpo. Meditó la idea de afeitarse, pero pensó que la barba de tres días que lucía en aquel momento era lo suficientemente elegante como para seguir llevándola apenas unos días más.
Realizada la primera mitad de su rutina, comenzó la ardua tarea de secarse. Tardaba más de la cuenta, por la sencilla razón de que era muy, demasiado, narcisista.
Media hora más tarde, llamaron a la puerta. Pudo oír la puerta abrirse, y unos pasos sonaron de manera firme, hacia el baño. Se abrió la puerta del baño y entró Michelle, quien le esperaba pacientemente. Miraba a través de sus gafas, a su hermano, imperturbable ante la atenta mirada de su reflejo.
- ¿Hasta cuándo vas a estar perdiendo el tiempo de esa forma? Tienes obligaciones que atender hermanito – dijo la dama.
- Michelle, ¿desde cuándo estas aquí? – preguntó el Rey con torpeza intentando cubrirse, cosa que sólo hacía con la pequeña y dulce Lily y su amiga y hermana del As Emma.
- Vamos Fran, no hay nada que no haya visto ya cuando éramos pequeños. – Le dijo su hermana. Aun así, ella salió del baño y le dejó al Rey cinco minutos en los que milagrosamente pudo vestirse y peinarse hasta lograr quedar como él quería en un principio.
Salió a la habitación y los dos hermanos salieron rumbo al comedor que había en uno de los jardines interiores, decorados con todo tipo de flores y plantas traídos de todos los rincones de los cuatro reinos.
El Rey se acomodó en la mesa en la que las sirvientas dispusieron un desayuno ligero, algunas frutas y zumos recién exprimidos y algún que otro pastelillo que había sobrado de aquella mañana. Uno de los sirvientes le procuró un vasito con un líquido rosado, el cual el Rey se tomó rápidamente para aliviar su migraña. Dos niños llegaron a la mesa, acompañados de Michelle, quien llegaba con un pequeño fajo de papeles. La niña, de pelo rubio corto y ojos verdes, cogió un pastelillo y se sentó al lado del Rey sin decir una palabra. Tendría unos trece años, y a su lado se sentó el otro niño, quien era su hermano pequeño, de pelo rubio, cubriendo el ojo derecho, de colores verdes, y de doce años.
- Francis, ¿recuerdas algo de lo que pasó ayer? – Le preguntó su hermana tendiéndole el fajo de papeles.
- No, querida, no me acuerdo de nada, - dijo el Rey confuso. - ¿Qué pasó?
El Rey se tomó el desayuno tranquilamente, mientras su hermana le ponía al corriente con lo ocurrido el día anterior, hablando y bromeando con los niños.
- Emma, querida, ¿podrías llamar al pequeño Vash y a nuestra pequeña y adorable Lily? – preguntó el Rey tomando un sorbo de zumo. La pequeña se levantó y fue corriendo a buscar a su amiga y al hermano de ésta.
- Majestad, recibimos ayer a un comerciante procedente del Reino de Picas – le informó el pequeño que se había quedado acompañando al monarca y a su hermana.
- Vaya, hacía tiempo que no venía nadie de Picas – dijo el Rey sorprendido. - ¿Qué comerciaba?
- Nos comentó que traía libros únicos, prohibidos en el reino de Tréboles que se habían podido rescatar – dijo Michelle, haciendo que su hermano frunciera el ceño.
- ¿Alguien de Picas rescatando libros de Tréboles? – se dirigió al pequeño. - ¿Qué aspecto tenía?
- Tenía el pelo y los ojos oscuros, era delgado y tenía un traje que no se sabía si era azul o verde – explicó el niño.
Llegaron Emma y Lily a la carrera, y venía siguiéndoles el joven Jack Vash, vestido con el traje impoluto, quitando las manchas de sudor propias de quien ha estado entrenado, seguramente con el As y los dos comandantes que seguramente seguirían sin él. Los recién llegados se sentaron en la mesilla, y la que era mayor pidió un poco de agua para todos.
- ¿Podréis ponerme al día de mis obligaciones? Como pudisteis comprobar no estaba muy en condiciones de atenderlas ayer – dijo el Rey tomando un sorbo de su bebida.
- Tampoco te perdiste mucho. – Dijo el Jack. – Un comerciante, cuatro médicos pidiendo el beneplácito del Rey para sus investigaciones, el presupuesto para poner en marcha la construcción de la Real Universidad de Medicina del Reino de Diamantes, los embajadores del reino de Corazones, la llegada del Joker Gilbert esta misma mañana… Nada tan importante como para impedir que su estúpida Majestad se emborrachara y se tomara el día libre.
- Oh cielos… - el Rey había palidecido, no se esperaba tanto trabajo. Aun así... – Debería ponerme manos a la obra ya. – Añadió levantándose de la silla y dirigiéndose al salón del trono. El Jack fue por su parte a cambiarse de ropa y a por algunos documentos que el Rey necesitaría, y la Reina, acompañada de Emma y su hermanito, fue a atender a los recién llegados, acompañados por Paulo, a quien habían dejado solo con el Joker y sus acompañantes.
El Rey avanzaba por los pasillos mientras pensaba en lo último que le había comentado el Jack. Nadie le había avisado de que vendría un Joker, menos Gilbert. Normalmente quien venía a visitar su reino era el pequeño Peter cada año, y Gilbert solía avisar para que "prepararan fiestas para su absolutamente genial persona". Eran él mismo y Antonio quienes las preparaban, con muchísimo alcohol y señoritas bonitas, y siempre por aquellas fechas. Tal vez era por ello por lo que había venido, pensando que tendrían preparada una fiesta aun sin que avisara. Llegó al salón del trono aun encerrado en sus teorías por la llegada del Joker, y se sentó en su trono, dorado con algunas incrustaciones de diamantes del tamaño de fresas.
Una vez sentado fueron pasando algunas peticiones para la investigación de algunas enfermedades, los cuatro médicos que vinieron el día anterior y varios comerciantes. El último comerciante fue aquel misterioso hombre que llegó el día anterior. Era tal y como se lo había descrito el pequeño Vincent, de pelo negro, ojos castaño oscuros, y ropa remendada con tiras verdes y azules. Llevaba un pesado saco que dejó al suelo con un gran suspiro de alivio.
- Rey Francis – le dedicó una reverencia al monarca. – Le traigo libros procedentes del reino de Tréboles, libros enterrados por el Rey Alexei, abuelo del Rey Ivan que pudieron ser rescatados antes de que fuera demasiado tarde.
- Y ¿por qué piensas que me podrían interesar? – preguntó Francis con la mano en la barbilla, intentando ocultar su curiosidad.
- Majestad, son libros únicos que necesitan un lugar en el que estar a salvo. Y no confío en que el Rey Robert los cuide con el trato que merecen.
- Mm… - se quedó pensando el Rey. - ¿Podrías decirme qué libros son? Me extraña que el reino de Picas tuviera algo en contra de unos libros ya sean de la temática que sean.
- Por supuesto Majestad. – Dijo el comerciante. Comenzó a rebuscar en el saco y sacó una simple hoja de papel. – Aquí tengo la lista de los libros que traigo además del nombre de los autores Majestad. – El comerciante adelantó unos pasos hacia el trono y le tendió la hoja a Francis.
Francis leyó durante un rato aquella hoja, su cara cambiando desde la más alegre sorpresa hasta pasar al miedo absoluto, y a la estupefacción. Pálido como estaba, preocupó un poco a Vash, quien estaba a su lado revisando que el Rey no se pasara regateando.
- Me los quedo todos – declaró el Rey para sorpresa de ambos.
- Majestad, no podemos hacernos con todo el lote, ¿sabe acaso cuánto cuestan? – protestó el Jack algo enfadado. En aquel momento pensó que al Rey se le había fundido algo dentro de esa cabeza suya.
- Vash, querido, estos libros no deben caer en malas manos. – Declaró el Rey mientras le tendía la hoja aun con el rostro mortalmente pálido. Se volvió hacia el comerciante. – Dime, ¿estarías dispuesto a recibir doscientos marcos dorados por el lote?
- Claro Majestad, aceptaré cualquier precio que vos queráis ofrecerme, mientras pueda asegurarme de que estos libros no caigan en malas manos. – Dijo el comerciante mirando cómo el Jack también se volvía blanco como las eternas nieves del reino vecino.
Vash les tendió a ciegas el saco donde guardaban algo de dinero para los comerciantes como aquél. El Rey se levantó del trono y avanzó hasta el hombre, quien recibió el dinero justo de manos del propio Rey, algo extraño teniendo en cuenta que siempre era el Jack quien hacía las transacciones comerciales.
El comerciante se fue, y los sirvientes se llevaron los libros a la biblioteca, dejando al Rey y al Jack agotados y aun temblando por la impresión.
Unas horas más tarde, terminado sus deberes habituales, Francis fue a cambiarse y se dirigió al comedor, donde se escuchaba un jaleo bastante distinto al habitual. Al entrar se llevó varias sorpresas: empezando por el Joker Gilbert con oscuras ojeras, un bebé que parecía a punto de cumplir un año, y, por último, un elfo del reino de Tréboles.
Antonio parecía tan estupefacto como él, mientras Lily, Emma y Michelle parecían estar encantadas dándole carantoñas al pequeño, Gilbert y el elfo parecían estar mortalmente preocupados o tristes o quizás las dos cosas, y los demás miembros de la mesa no parecían estar sacando mucha información de ellos dos.
- Fran mira – le llamó Michelle, enseñándole el pequeño. – Se llama Andrei, ¿a qué es adorable? – le pasó el pequeño haciendo que Francis lo cogiera torpemente. Nunca había cogido un bebé. Se fijó en él, y notó que tenía el pelo castaño, los ojos del color del caramelo fundido. Parecía que estaba algo desnutrido, y al llevar un tiempecito en los brazos del monarca empezó a sollozar, causando que Gilbert tuviera la primera reacción desde que Francis entrara al comedor.
- Dámelo Fran – le pidió el Joker con un tono de voz hasta entonces desconocido por los presentes. El Joker siempre se había mostrado como alguien alegre, despreocupado, fiestero, bromista, y siempre que iba allí, la diversión junto a Francis y a Antonio siempre estaba al orden del día. Al ver la cara de desconcierto y preocupación del Rey y de los demás dijo: - Te lo contaré después de comer si no te importa esperar.
- Claro Gil – respondió el Rey. Todo eran sorpresas aquel día.
Así pues, se sentó a la mesa y se sirvió una copa de vino. Diamantes se jactaba de tener el mejor vino de los cuatro reinos, y con razón.
Comieron en silencio, a diferencia de los jaleos que se formaban todos los días, preocupados por el estado del Joker, quien le daba un puré al pequeño Andrei.
Terminaron en silencio, y el Rey con un ademán le indicó al Joker que le siguiera. Se les unió el elfo que había acompañado a Gilbert, Antonio, Vash y Govert, quienes aparte de la curiosidad también debían saber qué estaba pasando.
Los cinco se dirigieron hacia el estudio que había junto a la biblioteca, donde un sirviente había dejado los libros que se habían comprado aquella mañana. El Rey abrió el estudio y dejó que sus invitados entraran. Entró por último él, cerrando la puerta detrás suya para que nadie les interrumpiera y para tener privacidad.
- Somos todo oídos – dijo el monarca habiéndose sentado en el sillón detrás del escritorio.
- Está bien – dijo el Joker. – Lo primero, os presento a Brøndr, un elfo desertor del ejército de Ivan que quiso acompañarme – el elfo inclinó la cabeza en señal de respeto hacia Francis. Todo el mundo estaba atento a lo que fuera a explicar el albino. – Todo empezó cuando el Jack de Corazones y su hermano mayor volvieron de un entrenamiento en el reino de Tréboles…
Un par de horas después, cuando el Joker terminó de relatar su periplo en el reino de Tréboles, Vash, Antonio y Francis estaban blancos como el pelo del albino, intentando asimilar las crudas y nefastas noticias que traían del reino vecino.
- Eso quiere decir que debemos preparar el reino para una guerra. – Dijo el Comandante a media voz.
- Nuestro reino debe permanecer neutral – dijo Vash mientras negaba. – Como mucho ofrecer refugio y medicinas, pero no inmiscuirnos en una guerra que no nos incumbe.
- Vash, querido yo creo que sí nos incumbe. Y bastante he de añadir. – Dijo el Rey con pesadez. – ¿Ya has olvidado lo que nos trajeron esta misma mañana?
- ¿Qué ha pasado esta mañana? – preguntó el Joker con una ceja alzada.
El Rey le cedió la hoja con el listado de libros que habían recibido aquella mañana de manos de aquel misterioso comerciante. El albino, junto al elfo y al comandante, leyó aquel listado.
- ¿Podéis traerlos? – preguntó Brøndr. Era la primera vez que hablaba desde que llegó aquella mañana. El Jack fue a la puerta que daba a la biblioteca y trajo el saco. En su interior había doce libros, con las portadas llenas de barro y polvo. A pesar de ello, no parecía que hubieran pasado casi dos siglos desde que fueron escritos.
El Joker sacó el primero, uno que estaba bastante bien conservado, apenas tenía manchas en las hojas y la letra era claramente legible. Empezó a leer ese libro desde la mitad, concentrado, lo cerro bruscamente y comenzó a hacer lo mismo con otro libro del saco. Aquellos libros le traían recuerdos sobre relatos, fechas y hechos, que, si llegaban a hacerse conocidos, la guerra entre los reinos de Picas y Tréboles podría llegar a ser peor que cualquiera otra que pudieran imaginar. El caos sacudiría el mundo tal y como lo conocían. Afortunadamente para ellos sólo quedaba un dragón en el reino de Picas. O eso era lo que creían.
Repitió la operación varias veces antes de volver a dirigirle la palabra a los allí presentes.
- Estos libros son la clave para que la guerra estalle o el mundo quede por fin en paz. Debemos guardarlos en el más riguroso secreto. Le comentaré a Peter el descubrimiento, pero por nada del mundo debe salir ni una sola palabra de lo que hemos hablado aquí – dijo el Joker con profunda seriedad y preocupación. Francis asintió, y el resto le siguieron, dando su palabra de no decir nada a nadie. El Joker suspiró antes de decir con una de sus grandes sonrisas: - Y bien, ¿dónde está mi fiesta?
Unas horas más tarde.
Francis, Gilbert y Antonio iban por la plaza, dando un apacible paseo, sin armar los escándalos que solían armar cuando estaban juntos. Iban hablando de temas banales, correrías y ligues en separado. Una típica caminata para despejar su mente de los oscuros pensamientos que habían estado poblando sus mentes. Había sido una gran idea por parte de Antonio. Francis paró en seco, blanco como la nieve, haciendo que se quedara atrás de sus compañeros.
En la dirección en la que miraba había un teatrillo, representando algunos momentos de su vida. En aquel momento estaban representando uno de sus recuerdos más nefastos: la muerte de aquella chica que lo dio todo por él.
Francis recibió una palmada en la espalda, recibiendo el aire que necesitaban sus pulmones y reactivando su corazón. Empezó a correr huyendo de sus recuerdos, dejando atónitos a Gilbert y a Antonio, quienes le miraron preocupados, al ver que lo habían dejado atrás antes.
Por suerte, iban de incógnito, con una peluca y una suerte de lentes que utilizaba el albino.
Francis corrió todo lo rápido que pudo, y pudo colarse por un callejón poco transitado por el que había ido otras veces. A duras penas por la anchura, pudo pasar y llegar al otro lado.
Los ojos verdes de ella todavía seguían vivos en su recuerdo, torturándolo cada vez que cerraba los ojos. Los pájaros seguían cantando dulces melodías ajenos al torrente de emociones que pasaba por el monarca. Una gran bola de fuego descendió del cielo. Era un ave fénix, que se acercó al Rey, y sofocando el calor de sus llamas, envolvió con sus alas a Francis, en un cálido abrazo consolador.
Antonio empezó a correr por el camino que había cogido el Rey, seguido de Gilbert, quien tenía varias preguntas que hacerle al Comandante.
- Antonio, ¿qué pasa?, ¿por qué ha salido Francis corriendo tan de repente? – preguntaba el Joker mientras corría a la par que el castaño.
- Es largo de explicar, cuando encontremos a Francis te lo cuento. – Fue la tajante respuesta que recibió.
Estuvieron corriendo dos horas por toda la capital, preguntaron incluso a los transeúntes, a las sirenas y a las aves fénix que había sueltos fuera de palacio. Nadie había visto al monarca. Empezaron a andar desanimados. Se encontraban cansados, y en a unos tres kilómetros de palacio, por lo que Antonio procedió a contar la historia de cómo Francis se volvió Rey.
Flashback
Un pequeño Francis de once años iba acompañado de la mano de una muchacha de quince años, su hermana mayor Michelle. Iban por la plaza mayor, frente al más grande hospital que el padre de ambos, el por aquel entonces Rey Louis, Rey que se destacaba por algún que otro exceso, como comprar joyas para sus muchos amantes, algunas bellas jóvenes y otros nobles muchachos, había cerrado.
Aquellos excesos recibieron desaprobación por parte del padre del actual Jack, quien también desempeñó aquel cargo mientras que la Reina, la madre de Lily y Vash, murió a los pocos años de nacer ella. En aquel entonces Vash tenía ocho años y Lily tenía cinco.
En aquellos momentos, el Reino de Diamantes estaba en crisis. El pueblo estaba harto de que el Rey hiciera lo que le viniera en gana, gastando el dinero que era necesario para las investigaciones médicas en joyas y alhajas para sus múltiples acompañantes. Por no mencionar la tensión que seguía existiendo entre los reinos de Picas y Tréboles.
Michelle, sospechando una revuelta, y a petición del Jack, se llevó a los futuros gobernantes a una villa algo alejada de la capital, donde apenas llegaban un par de cartas cada semana. Allí los niños jugaban, siendo cuidados por Michelle, quien recibía las cartas del Jack en las que describía situaciones críticas.
Aquél día paseaban por la capital, habiendo tapado sus identidades en sencillos disfraces, y pasaban apenas los últimos días de calma antes de la tempestad. Fue entonces cuando una niña de diez años, sucia de hollín, de polvo y de sudor, chocó con el aquel entonces príncipe. Aquel fue el comienzo de una bella e inocente amistad que los marcaría a ambos.
La joven Michelle, vio la turba que seguía a aquella niña, y huyó con ambos niños antes de que los alcanzaran y los aplastaran. Se escondieron en una callejuela, a salvo por el momento, en lo que pasaba la muchedumbre, quienes venían seguidos de guardias y autoridades. Los niños permanecieron juntos, importándoles poco a Francis y a Michelle manchar su ropa. A partir de entonces, Michelle decidió darle a Francis una lección de humildad, puesto que había sido demasiado mimado en palacio, cubierto siempre de dinero y de las atenciones de su padre una vez que se descubrió que llevaba la Marca Real de Diamantes. "Para ser un buen Rey, deberás saber mantener al pueblo contento, cubriendo sus necesidades".
Fue entonces cuando vivieron con aquella niña, cuyo nombre era Jeanne, y quien fue la que les enseñó las necesidades y les enseñó a luchar por sus derechos. Un par de meses después de convivir con su pueblo, de luchar por los valores que en realidad valían la pena, Francis luchaba hombro con hombro con aquella niña y su hermana. Un día descubrieron que era el príncipe y casi no lo cuentan. Fue Jeanne quien actuó de intermediaria, e hizo que el pueblo tuviera esperanza en aquel niño de once años que luchaba por los mismos principios que su padre, el Rey, pisaba cada día.
Y llegó el día en que el Rey se enteró de que el heredero luchaba junto a sus enemigos. Aquel día fue el día en el que el Jack fue asesinado por el Rey Louis. Las aves fénix y las sirenas se fueron del reino, emigrando a las fronteras hasta el día en el que el Rey muriera y el príncipe Francis ocupara el trono. Desde aquel día los rebeldes, liderados por Francis y por Jeanne lucharon para derrocar al Rey.
Finalmente, ocurrió lo que nadie pensaba que pasaría. Jeanne fue capturada, y sería ejecutada a pesar de su corta edad. Francis luchó con renovadas fuerzas, hasta colarse en el salón del trono acompañado de Antonio y Paulo, los hijos de un comandante que no simpatizaba con la política de excesivo consumismo del que hacía gala el Rey. Aquel día el Rey había programado la ejecución de la niña que habían capturado y para quien ya no había salvación.
Francis mató a su padre, por quien ya no sentía ni siquiera el respeto que le habían inculcado de pequeño. Se sentó en el trono ensangrentado y recibió el juramento de los dos niños de doce años recién cumplidos que le acompañaban. Unos minutos más tarde salía de palacio, corriendo a parar la ejecución de su mejor amiga y compañera.
Pero por mucho que corrió, ya fue demasiado tarde.
Solo quedaron cenizas.
Fin del Flashback
- Desde entonces, Francis intenta olvidarla. No porque no la quisiera, sino porque su recuerdo le hace daño. – Terminó Antonio.
Gilbert se quedó pensativo unos segundos: - Hay algo que no me cuadra, ¿por qué ejecutaron a esa niña en primer lugar? No creo que en aquel entonces quedaran muchos fieles al Rey Louis.
- Créeme, todavía quedaban nobles dispuestos a darlo todo por el Rey Louis. Incluso designaron a un heredero ajeno a la Familia Real, tatuándole la Marca y esparciendo el rumor de que Francis era un impostor – rememoró Antonio con la mirada seria. – Costó lo suyo aplacar a esos nobles. A algunos los mantenemos en las mazmorras como castigo.
- ¿No los ejecutáis? - preguntó el Joker con agradable sorpresa.
- No, ni que fuéramos como Tréboles – dijo Antonio con el cejo fruncido. – Los mantenemos como presos políticos. Algunos recapacitaron y son libres, y a otros les está costando.
Siguieron caminando hasta llegar a una plaza. Sentado en la fuente estaba la razón por la que habían estado corriendo dos horas casi sin respirar. El Rey estaba esperándoles, con la barbilla apoyada en la mano, y sentado con las piernas cruzadas.
- No me jodas que hemos pasado dos horas corriendo pudiendo haberte esperado aquí. – Dijo el Joker con desolación en su voz.
- Lamento mucho haber salido corriendo tan de repente. ¿Os invito a beber? – dijo el Rey con una sonrisa cansada. Tenía los ojos rojos e hinchados, y el pelo algo desordenado.
- Faltaría más, tienes mucho que explicarme. Y quiero que sepas que voy a entrar en coma etílico solo para vengarme por hacerme correr dos horas. Kesesesese.
Los tres se rieron, por primera vez en todo el día. Fueron a una taberna y hablaron de los viejos tiempos, de Jeanne y de Vlad, ajenos a las figuras que estaban en el rincón, observándoles, sin darse cuenta de que el disfraz que llevaban los tres no los ocultaba ante aquellas miradas. La figura que estaba junto a la puerta, estaba echada sobre la mesa, con solo un ojo abierto, y mirada atenta pero perezosa. La otra figura, erguida, con una capa ocultándole el rostro, estaba concentrada mirando a los tres amigos, que estaban haciendo una especie de competición de a ver quién bebe más.
Tenía la mirada fija sobre Francis, quien ajeno a ello, pagaba las consumiciones de sus amigos, con apenas una copa de vino en su mano. La figura que estaba encorvada, que reveló ser un hombre joven, de apenas diecisiete años, se enderezó, llamando la atención de su acompañante, quien interpretó la señal como un "suficiente, vámonos". Ambos se levantaron y salieron, ya habiendo recopilado toda la información que necesitaban.
- ¿Volveremos a la base? – preguntó el varón una vez que hubieron salido.
- Vuelve tú, yo tengo que hacer algunas cosas más. – Contestó la otra figura con una voz que resultaba difícil dilucidar si era un hombre o una mujer. El hombre encogió los hombros y se dirigió a la pared de un edificio. Apoyando sus pies sobre la pared, saltó y se agarró a la cornisa. Siguió trepando agarrándose de las rejas de las ventanas y de las cornisas, y cuando llegó al techo empezó a correr de tejado a tejado, con una agilidad sorprendente. La figura, ahora solitaria, suspiró, miró por un momento la puerta de la posada y se fue por una calle lateral, hacia la parte posterior de palacio. Se detuvo cuando una persona salió de palacio.
- ¿Te ha seguido alguien? – preguntó al recién llegado.
- No, Maestra. – respondió.
- ¿Has entregado los diarios al Rey?
- Sí, Maestra.
- Bien, volvamos a la base entonces. Aún hay mucho que hacer.
- Sí, Maestra – respondió el mercader con una reverencia.
Ambos se mezclaron con la gente, desapareciendo en el bullicio sin dejar rastro.
El monarca llegó a palacio luego de unas horas de descanso, con la mente despejada y sin rastros de estar borracho. No como sus acompañantes, que daban una imagen lamentable el uno apoyándose en el otro, dando tumbos y haciendo eses al caminar. Francis se encaminó a una sala anexa al salón del trono, que hacía las veces de sala común donde los habitantes del palacio podían descansar, tanto los sirvientes y trabajadores como los propios nobles. Allí se encontraba Brøndr con un Andrei profundamente dormido y liado en mantas, rodeado por la Reina Lily, Emma y Michelle. Michelle leía concentrada un libro de biografías de antiguos Reyes de los cuatro reinos. Emma y Lily escuchaban una historia de Brøndr sobre el antiguo reino de Tréboles, cuando todavía era pacífico.
El Rey entró y sentó como pudo a sus dos acompañantes borrachos, quienes se quedaron KO justo antes de que sus cuerpos tocaran los sillones.
- Señor Francis, ¿fue agradable su paseo? – preguntó la Reina Lily con voz suave.
- Por supuesto, pequeña, ha sido una delicia – respondió Francis con una sonrisa. – Y por favor, no soy tan viejo como para que me llames Señor.
- Bueno, desde aquí te puedo ver las canas hermanito. - Bromeó Michelle sin levantar la vista del libro que estaba leyendo.
- No puede ser – dijo Francis corriendo a por un espejo para ver si aquello era verdad, con el rostro desencajado por el terror. Brøndr, Michelle y las dos pequeñas se rieron al ver al Rey corriendo como un poseso. Unos minutos más tarde, volvió con el pelo enmarañado y desordenado, y con expresión molesta. – Ja, ja hermanita, no ha tenido gracia. – Se acomodó el pelo detrás de la oreja en un intento de parecer coqueto. – Con mi pelo no se juega.
Todos los presentes se rieron a carcajadas, lo más ruidosas posibles, y el monarca indignado se marchó a la biblioteca buscando algo de tranquilidad.
Al llegar se encontró al As, Govert, el hermano mayor de Emma y Vincent, quien sostenía uno de los diarios y lo leía con rostro serio. Tenía el cabello rubio al igual que sus hermanos, peinado hacia delante, ojos verdes claros y vestía un abrigo largo anaranjado con una bufanda azul. A su lado, y con la cara tan pálida o incluso más pálida que antes se hallaba Vash, quien leía otro de los diarios mientras aguantaba las ganas de vomitar. O eso creía el Rey. Paulo, el hermano mayor de Antonio también se hallaba allí, mirándolos aburrido y con ganas de salir de allí pitando.
- Paulo, ¿por qué no vas a echarle un ojo a tu hermano?, está borracho en la sala común. – Dijo el Rey con una sonrisa amable. Paulo asintió agradecido y se fue. El monarca se dirigió hacia los dos lectores. - ¿Algo interesante?
- Todo. – Dijo seco el As. – Sírvete tu mismo. – Le dijo mientras le tendía uno de los diarios.
Había dos tipos de diarios: una mitad tenía en la portada una rosa azul con un número del uno al seis, y la otra mitad tenía en la portada un dragón negro en forma de círculo con números del uno al seis en el centro del círculo.
Las páginas apenas tenían manchas de humedad, estaban asombrosamente intactas, como si no hubiera pasado el tiempo por ellas. La caligrafía era perfecta en todos los diarios. En las últimas páginas de los libros numerados con el seis había manchas oscuras que podrían ser de tinta o de… sangre. Francis estaba realmente intrigado.
Cogió el libro de la rosa con el número uno y empezó a leer.
Querido Diario, hoy día x del mes x del año 880, mi hermano menor Oliver me ha recomendado empezar este diario. Encuentro esto como una pérdida de tiempo y una soberana estupidez. Lo peor ha sido cuando Alistair y Gwen se han puesto de acuerdo diciendo no sé qué que podría ser bonito tener nuestros recuerdos escritos para nuestros hijos o para nuestros nietos. Eso es más estúpido aun siendo parte de la Familia Real lo van a saber escribamos esta mierda o no. Total que mi hermano mellizo Bryan y los demás también han comenzado sus propios diarios.
Bueno, todo sea por ver feliz a Oliver.
Mi nombre es Rose Kirkland. Tengo cuatro hermanos, dos mayores y dos menores. Aunque uno de los menores es mi mellizo. Bueno, da igual.
Alistair es el mayor. El mayor cobarde que haya habido sobre la faz de los Reinos. Le da miedo hasta su propia sombra. ¿Lo más gracioso? Es el As, el encargado de proteger a la Reina. Si él no sabe protegerse a sí mismo, ¿cómo va a proteger a alguien más? Ni los dioses lo saben.
La segunda es Gwen. Es la experta en dragones. Es la única que tiene los huevos para meterse en los nidos y criar ella a las crías.
Luego estoy yo. Rose. Mi especialidad es la telequinesis, una forma pura de la magia que se ha transmitido por generaciones. Lo bueno es que puedo tirar cuchillos sin fallar ni un tiro.
Mi mellizo Brian. Es igual que yo, pero con dos pelotas entre las piernas. Le encanta hacer experimentos mágicos con las hadas.
Y por último Oliver. La Reina de Picas. No creo que nadie sea tan idiota como para no saber quién es.
Madre dice que somos la generación Kirkland más poderosa, hasta los próximos doscientos años. Ella es vidente, una especie de Oráculo. Hace unos meses abdicó y le cedió el trono a Oliver. Nuestro padre se desentendió de nosotros apenas nació Oliver. Al menos nos tenemos los unos a los otros.
Basta de presentaciones. Se supone que debo contar cómo ha ido el día y esas mierdas.
En una palabra: MAL.
La historia es:
Hoy hubo una especie de reunión de reyes de los cuatro Reinos, para mantener las buenas relaciones entre unos y otros. Y una mierda. Los reyes son idiotas. Sobretodo el Rey Allen y el Rey Nikolai. El Rey Allen es el Rey de Picas, es decir, mi "cuñado", y el Rey Nikolai es el Rey de Tréboles. ¿El problema? Los dos están coladitos por Oliver.
Al principio todo iba bien, las acciones diplomáticas entre Corazones, Picas y Diamantes estaban yendo como la seda. Hasta que llegó Tréboles, y todo se fue a la mierda.
Empiezo a pensar que utilizo demasiado la palabra mierda. Bueno qué más da.
Total, que la cosa se fue tensando y jodiendo. Oliver intentó arreglarlo hablando y tranquilizando a los dos imbéciles. Pero lo que hizo fue empeorarlo. No le culpo, hizo lo mejor que podía, pero, ¿he dicho ya que esos dos son gilipollas? Porque lo son con ganas.
Al final se han agarrado a ostias y han tenido que intervenir el Rey de Corazones, Lutz y el Joker Gilbert. Que fuertes son, y que Bestias. Menos mal que Gillen, el mellizo de Lutz no es así. Es dulce como un caramelo. Formará parte de la Compañía Sagrada de los Dioses. No me extraña, tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
¿Lo que más me jode? Que, a mi hermano, LA REINA, le tuviera que proteger el Rey de Diamantes. ¿Qué dónde estaba Alistair? Escondido hasta que pasara la tormenta. Menudo As tenemos.
Poco más se podría contar, solo que Oliver ha tenido hace media hora una crisis nerviosa. Gwen y yo nos hemos quedado con él esta noche, por si acaso.
La cosa sigue tensa entre Allen y Nikolai.
Mientras los habitantes del palacio de Diamantes seguían con sus vidas y leían acerca del pasado, un pequeño niño, apenas abrigado y sintiendo el infierno en la garganta, cruzaba la frontera que separaba el Reino de Tréboles del Reino de Corazones.
Bueno, ya iba siendo hora de que volviera con Chronicles. Entre lo que me ha costado ponerme a escribir, el bloqueo del verano, que he cambiado el capítulo no se cuantas veces, me he distraido hasta con el vuelo de una mosca, lio de medicos, vuelta al trabajo, etc., por fin, POR FIN he publicado el capítulo con el Bad Touch Trio. Me ha quedado un poco más corto, eso sí, pero la cabeza no me da para más. Encima son la 1:22 am en España y yo me tengo que levantar a las 6 para ir a trabajar al hospital.
Los reviews no están de más, aunque sean para lanzarme maldiciones gitanas o hacerme vudú por haber tardado o para que me ponga a escribir el siguiente capítulo.
ya mañana contestaré los reviews de capítulo de Tréboles si es que no los he contestado ya.
Y con esto y un bizcocho hasta mañana a las ocho. YEAH.
