MISIÓN FALLIDA

En definitiva, todo se había tratado de un extraño sueño. Sí, sí, eso debía ser. Empezaba a maldecir a la bebida por jugarle tales trucos malsanos, y a disculparse con su pobre hígado por abusar de ese líquido que solamente funcionaba como alivio temporal a toda su patética vida. Por otro lado, cierta parte de su conciencia agradecía haber podido vislumbrar aquella hermosa alucinación que se había desvanecido demasiado pronto para su gusto. La imagen de ese hombre no se iría de su memoria jamás. Si tan solo lograra volver a verlo una vez más, no le habría importado lo que pudiera pasarle luego, pero el mareo que había sentido rato después de contemplarlo, lo había llevado a un breve periodo de inconsciencia.

Un ligero dolor de cabeza hizo que sus ojos se abrieran poco a poco. Pestañeó varias veces antes de recorrer con ojos cansinos la habitación en la que se encontraba, tratando de reconocer algo familiar en esta para conectar espacio y tiempo. La palabra más adecuada para describirla sería "pirata". Un momento… ¿pirata?

– Vaya, hasta que por fin reaccionas.

Esa grave voz lo terminó de despertar y le hizo girar la cabeza hacia la dirección de la persona a la que le pertenecía. Un hombre muy familiar se encontraba sentado despreocupadamente, una pierna sobre otra, en una refinada silla de madera dorada que no combinaba con el aspecto de la habitación ni mucho menos encajaba para nada con el sujeto que estaba usándola. No tuvo claro si se trataba de la continuación del sueño, mas su subconsciente sintió un poco de alivio al poder volver a ver a esa persona, aunque tal vez se estaba confiando demasiado de un desconocido. Esperen… ¡ese tipo no era más que un vil secuestrador!

– ¿Qué ocurre? ¿Tienes miedo de hablar?

– ¿Hablar? ¿Sobre qué?

Un puñetazo sobre una especie de mesa de noche lo sobresaltó y, por instinto, se aferró a las desgastadas sábanas que cubrían la cama en la que se encontraba. ¿Cómo había llegado hasta ahí? De acuerdo, eso no interesaba tanto ahora, ya que lo importante es que no era momento para acobardarse; era bien sabido que lo recomendable en casos como esos era que el perpetrador no oliese el miedo de su víctima o se aprovecharía para acorralarla y devorarla. Tenía que enfrentarlo o, al menos, intentar ganar tiempo siguiéndole la corriente en su insólito interrogatorio. Para su desgracia, dicho individuo no parecía ser alguien con quien se pudiera jugar.

– ¡Habla antes de que colmes mi paciencia, maldito Kurokawa!

– Está bien, te lo voy a decir todo. En primer lugar…

Su incipiente explicación paró en seco en el momento en el que escuchó ese apellido; no solo porque, obviamente, no era el suyo, sino también porque se le hacía tremendamente familiar. Además, desde que notó que ese secuestro no tenía fines monetarios, había estado convencido de que ese pirata se había equivocado de persona. Y, en efecto, segundos más tarde, ya empezaba a recordar mejor ese apellido.

– ¿Acaso dijiste Kurokawa? Sabía que te estabas confundiendo de persona. Mi apellido no es Kurokawa, es Morinaga.

Souichi lo observó detenidamente, mientras se ponía de pie con lentitud. No era posible, ¿verdad? Ese degenerado pretendía engañarle para que no descubriera el malvado plan que había sido llevarse a su hermano menor. Entonces, se puso a reflexionar sin quitarle la vista al tipo de enfrente. Y es que todo ese tiempo persiguiendo a Tomoe para decomisarle las repulsivas cartas de amor que ese individuo le enviaba no podía ser un error. No. Tomoe siempre decía "Kurokawa-san es diferente" y demás porquería sentimental. Souichi podía ser malo para los nombres, pero… de acuerdo, podía ser muy malo para los nombres, pero tremenda equivocación sería inadmisible para alguien como él. Luego de reflexionar un rato consigo mismo, a la vez que era observado curiosamente por Tetsuhiro, lo encaró de nuevo. No daría su brazo a torcer tan fácilmente.

– Tenías esto en el bolsillo, así que no trates de engañarme. – dijo mostrándole la tarjeta de presentación – ¿Vas a seguir negando tu identidad?

– Espera un momento, ¿quieres decir que solamente por eso tú…?

– Además, me importa un demonio tu nombre, lo que importa es el delito.

Tetsuhiro no terminaba de creerse la obstinación de ese tipo. Tenía que haber alguna forma de convencerlo de su equivocación, solo que en ese instante, su cerebro todavía se encontraba cansado y le era imposible procesar la información de manera más veloz. Se tomó las sienes con las yemas de los dedos y suspiró tratando de mantener la calma. Por fortuna, ya se había vuelto un experto en el arte de la paciencia, con los padres que se cargaba y con las barbaridades que estos le escupían a diario y que él, como buen segundo heredero, debía soportar.

– Por enésima vez, date cuenta de que estás hablando con la persona equivocada. Es cierto que Kurokawa-san me dio esa tarjeta y…

– ¿O sea que no eres Kurokawa, pero sí lo conoces?

– Lo conozco, pero…

– ¿Lo estás protegiendo entonces?

– ¡Nada de eso! Lo he visto una sola vez y me dio su tarjeta, eso es todo.

El ofuscado capitán siguió observándolo como para hallar algún atisbo de mentira en su actitud. Si bien era bastante torpe para las relaciones interpersonales, por algún motivo le pareció que ese chico no mentía, lo cual empeoraba en sí la situación. Acto seguido, también Tetsuhiro se puso de pie con un poco de esfuerzo y caminó hacia la puerta del dormitorio ante la mirada atenta y confusa del pirata.

– Ahora, con tu permiso, voy a…

– ¿Dónde planeas ir? Hace rato que zarpamos.

El más joven se giró de golpe para mirarlo con los ojos llenos de pánico, y fue precisamente ahí cuando reparó en el leve movimiento que significaba el avance del gran barco, monitoreado, en ese instante, por el vicecapitán.

– ¿Eh? ¿Eh? ¡¿Ehhh?!

– Sí que eres imbécil. – expresó mirándolo con desprecio – Por si no lo recuerdas, te desmayaste y tuve que ponerte sobre la cama. Estuviste como muerto un buen rato y, obviamente, tuvimos que partir. ¿Me causas problemas y ahora te quejas?

– Oh, vaya, discúlpame por haber hecho que me secuestraras por error. – respondió con marcada ironía.

– S-Si no eres la persona que buscaba, no cuenta como secuestro.

– ¿Ah, sí? ¡Pues en serio lamento no ser quien estabas buscando! – contestó ya casi sin paciencia – En fin, lo único que tengo que hacer es llamar a mi casa y…

Extrajo su lujoso smartphone del bolsillo trasero de su pantalón para comprobar con terror que, no solamente no había señal, sino que su batería estaba casi agotada. No podía creer su mala suerte. Negó con la cabeza varias veces, cuando la voz de Souichi lo distrajo de nuevo.

– ¿Qué es ese aparato ridículo?

Ese escenario sí que era verdaderamente surrealista. Tetsuhiro se aclaró la garganta y elevó el dispositivo justo hacia el campo de visión del joven pirata. Con esa clase de explicación, seguro que habría sido contratado por cualquier empresa de publicidad del país.

– Esto se llama celular y comunica a las personas. Yo… tú… celular…

– ¡Basta, no me trates como a un retrasado! Claro que sé lo que es, es solo que aquí no solemos usar esas cosas.

Tetsuhiro resopló resignado y guardó el celular. Lo que al inicio había parecido una especie de revelación se había convertido en una situación bastante incómoda. Realmente estaba harto de siempre tener que decepcionarse de las personas; sabía que, la mayoría de veces, era su culpa por ilusionarse como si aún fuera un tonto adolescente en espera de su gran amor. A pesar de que siempre se decía a sí mismo que ya había renunciado a esa estúpida idea de enamorarse de verdad, en el fondo añoraba conocer ese sentimiento. Deseaba con todo su corazón amar a alguien tan intensamente hasta sentir incluso que podría dar la vida por esa persona. Ah, qué infantil de su parte seguir pensando de esa forma a su edad. Volvió a suspirar y, a continuación, suavizó su tono de voz.

– Mira, mi intención no es pelear contigo, ¿sí? Solamente quiero que me digas cuándo regresaremos a la ciudad.

– En una semana quizá.

– ¡¿Qué?!

– Soy un pirata comerciante, para tu información. – contó caminando de un lado a otro con los brazos cruzados – Tenemos que viajar constantemente para comprar y vender la mercadería.

– ¿Y mientras tanto qué hago yo con mi vida?

El capitán se encogió de hombros y lo observó con cierta desconfianza. Sabía que por ser tan impulsivo solía meterse en problemas, así que quizá sería conveniente no apresurarse esta vez y disimular su aprensión; después de todo, había sido un error casi garrafal dejarse llevar por su ira y raptar al hombre equivocado, por lo que más le convenía actuar cool hasta que pudiera deshacerse de ese muchacho atrevido. En el transcurso, podría sacarle información valiosa, ya que, al menos, ciertas cosas podría saber que le dieran una pista sobre el paradero de su hermano.

– Oye, ¿cuál dijiste que era tu nombre?

– Morinaga. Morinaga Tetsuhiro. – respondió con desgano.

– Pues mira, Morinaga, soy el capitán de este barco, y…

De repente, un déjà vu lo atacó con tal fuerza, que sacudió cada una de sus memorias desde que tenía uso de razón. Comenzó a temblar de pies a cabeza y sus manos se cerraron en dos puños, al compás de su respiración agitada. Alzó la mirada y sus iris tintinearon con furia.

– ¿Morinaga?

Bingo. Estaba seguro de que la causa de ese temblor era el miedo. Todos conocían a su adinerada y poderosa familia, y ese pirata de cuarta no sería la excepción. Si bien en un principio, Tetsuhiro había pensado que la razón del secuestro había sido la intención de pedir un rescate, al descubrir que ese ingenuo pirata simplemente se había equivocado de persona, significaba que su objetivo era uno muy diferente. De pronto y sin previo aviso, el energúmeno hombre lo tomó de la camiseta y lo lanzó contra la pared.

– ¡¿Qué estás…?!

– Eres de esa familia, ¿eh? Esa maldita familia que no se cansa de contaminar este mar. ¡Creo que será una buena idea tenerte aquí para que pagues por el horroroso crimen que comete tu asquerosa familia!

Tetsuhiro quedó petrificado como si el golpe no doliera más. Pudo ver en ese par de ojos miel más que odio, dolor. Nunca en su vida había conocido a alguien con valores tan fuertes y un sentimiento de cuidado por el medio ambiente, en especial por el mar que era su único hogar. El heredero se frotó la mejilla, avergonzado sin saber exactamente por qué, y sintiendo que debía justificarse de alguna manera.

– Sé bien lo que hace mi familia, pero no es mi culpa. – se excusó levantándose.

– Pero bien que con su dinero comes y te vistes, ¿eh? Y seguro que hasta pagas mujeres… Qué asco…

– No hago eso porque yo…

Un golpeteo en la puerta llamó la atención de ambos; al poco rato, un hombre desconocido para Tetsuhiro ya asomaba la cabeza antes de entrar del todo. Su expresión de sorpresa no pasó desapercibida por ninguno de los dos presentes.

– Souichi-kun, ¿qué fue ese ruido? ¿Eh? ¿Quién es este chico?

– ¡¿Isogai?! ¿De nuevo te estás quedando en mi barco?

– ¿Qué tiene eso de raro?

– Eres un… Oye, ¿sabes quién es este tipo? Es nada más y nada menos que…

De un momento a otro, los ojos de Souichi se llenaron de espanto y las palabras quedaron a medio camino de ser pronunciadas. Su mente buscó la excusa más cercana que pudo a la realidad y la lanzó sin pensarlo más.

– E-Es el novato.

– ¿Ah? Pero si tú mismo te oponías a la idea de tener más miembros en la tripulación. Encima se nota que es un aprendiz.

– Cambié de parecer. – cortó tajantemente – Mori… Morikawa, este es Isogai, él es…

– Soy el intermediario conveniente. – aseveró guiñando un ojo – Cuando Souichi-kun está en problemas por su horrible carácter, soy yo quien entra en acción y calmo las aguas. Sin mí, no habría comercio en estos mares, y menos entre Souichi-kun y otro ser viviente.

– ¿Ya terminaste con las presentaciones? Ahora, encárgate de buscarle algo de ropa decente para que empiece sus labores mañana a primera hora.

– Yo encuentro sus ropas bastante decentes. – dijo mirándolo de pies a cabeza – Es más, diría que hasta parecen caras.

– ¿Qué sabes tú de moda?

– Más que tú, de hecho.

– No me obligues a lanzarte por la borda.

– Sabes bien que nunca lo harías.

Si había algo que Souichi odiaba era que Taichirou fuera tan entrometido hasta el punto de convertirse en la voz de su conciencia. Eso realmente le molestaba, porque la mayoría de veces terminaba teniendo la razón. Por supuesto que él jamás reconocería su, muchas veces, oportuna ayuda.

– Por cierto, Souichi-kun, ¿encontraste a…?

– N-No, no lo encontré. – interrumpió Souichi nerviosamente.

Unos segundos de tensión y misterio llenaron el ambiente, por lo que Souichi aprovechó para intentar sacar de su habitación al astuto hombre, asegurándole que se encargaría de entrenar al nuevo miembro de la tripulación tal y como él le había sugerido desde hace tiempo. El intermediario, sagaz como era, no se terminaba de tragar el cuento ese del aprendiz, pero decidió que por esa noche estaría bien quedarse con la curiosidad.

– En fin, Morina… Morikawa, esta noche dormirás aquí en mi cuarto.

– ¡¿Eh?!

– No tenemos más habitaciones disponibles por ahora. Además, ¿qué tendría de raro? Serás mi aprendiz, y si quieres aprender a ser un buen pirata, tienes que observarme, y no toleraré ningún error ni ninguna falta de respeto, ¿entendido?

La expresión letal de Souichi le hizo asentir lentamente por inercia ante la mirada siempre suspicaz de Taichirou. Una vez que este último se hubo retirado del lugar deseándole a ambos un buen descanso con evidente ironía, Tetsuhiro inició con las preguntas, visiblemente confundido.

– ¿Qué fue eso?

Eso es Isogai, ¿que ya no se presentó él mismo?

– Sabes bien a lo que me refiero. ¿Tu aprendiz? ¡¿Quién dijo que quiero ser un pirata?! ¿Y por qué has cambiado mi apellido?

– ¿Puedes bajar la voz? – recriminó fastidiado dejándose caer sobre la silla – Veámoslo de este modo: te vas a quedar en mi barco durante varios días, ¿podrías al menos colaborar y hacer lo que te diga? Los dos queremos salir de este enredo, ¿cierto?

Esa contundente petición había hecho sentir a Tetsuhiro como un indefenso pajarillo atrapado en una jaula sin lugar a escape. Sin embargo, por alguna razón, una desconocida sensación se formó en su pecho y no tuvo las fuerzas de refutarle y menos de negarse. Posiblemente era culpa al ser consciente de todo lo que hacían los Morinaga con tal de extraer hasta la última gota de petróleo y sin importar qué o a quién dañaran en el proceso. Sí, en definitiva, era culpa. De cierto modo, tenía sentimientos encontrados con respecto a esa situación. Al principio se había sorprendido con la belleza singular de aquel hombre para luego darse cuenta de que su personalidad era totalmente opuesta a su apariencia. Después, resultó que lo había confundido con otro pirata que, al menos a él, le había simpatizado de primera impresión; todo lo contrario de Souichi, cuyo odio por el capitán del Himawari se notaba a leguas, hasta el punto de querer secuestrarlo por… ¿Qué era lo que había mencionado sobre un delito?

– Lo haré con una condición.

– ¿Cómo cuál?

– Es más una pregunta. ¿Por qué odias tanto a Kurokawa-san?

– ¿No te lo dije ya? Secuestró a mi hermano menor.

Tetsuhiro siguió alistando el futón en el que dormiría esa noche y que le acababa de entregar Souichi, mientras comenzaba a reflexionar sobre lo que le acababan de decir. Si ese malhumorado pirata tenía un hermano menor, supuestamente secuestrado, eso quería decir que… Un segundo, ¿pero esos dos no eran pareja? No había forma en que una víctima de rapto anduviera tan feliz y tranquila de la mano de su secuestrador, ¿o sí?

– Entonces el chico que estaba con él…

– ¿Cuál chico? ¡¿Acaso sabes algo de mi hermano?! – gritó zarandeándolo con los ojos fijos en él.

– N-No, no sé nada, tan solo los vi esa vez en la que te digo que Kurokawa-san me dio su tarjeta.

– Un momento, ahora que lo pienso, tú estabas saliendo de ese lugar… – susurró al mismo tiempo en que retrocedía con una mirada cargada de angustia.

De pronto, Tetsuhiro lo comprendió todo perfectamente como si fuera una cruel ironía. Así que era eso, ¿eh? Ese hombre despreciaba a los homosexuales. Justo cuando empezaba a pensar que todo lo que estaba ocurriéndole no sería tan malo, que al fin podría huir de la discriminación de su familia y tal vez encontraría la libertad, reparó en la injusticia del destino como un castigo divino por amar a los de su mismo sexo. Y que de todos los lugares del mundo, tuvo que ir a parar al barco de un pirata homofóbico. Y que aquella vez en la que juró no avergonzarse nunca más de su orientación sexual, no pensó siquiera en que un día la negaría por una razón que solo descubriría más tarde.

– Estás equivocado… Un amigo mío trabaja ahí y lo estaba visitando…

Esa mentira casi ardió en su pecho y creyó que su corazón se destrozaría en ese preciso instante por el hecho de estar traicionándose a sí mismo. ¿Por qué le importaba lo que ese tipo pensara de él? No obstante, al recordar cómo se había expresado despectivamente de Kurokawa Mitsugu, tuvo miedo de ser lanzado al mar como había amenazado hacer con el tal Isogai, y eso que parecían ser amigos o algo así. Sí, definitivamente, esa era la razón por la que había dicho una mentira tan atroz.

– Amigo, ¿eh?

Después de eso, ninguno volvió a tocar el tema, pues ciertamente había cosas que ahora le preocupaban más al temible capitán. Sabía que era un tremendo error que alguien de la familia Morinaga estuviera en ese barco, pero el metiche de Taichirou ya lo había visto, y no tardaría en saber quién era en realidad; además, el mismo Tetsuhiro, aunque tuviera una carita de que no mataba una mosca, no iba a quedarse callado una vez que pisaran tierra firme.

– ¿No vas a dormir? – preguntó el más joven al ver que Souichi se dirigía hacia la puerta.

– Claro que no; tengo que intercambiar puesto con el idiota del vicecapitán o es capaz de estrellar mi barco contra un iceberg.

– ¿Siempre haces eso?

– ¿Qué cosa?

– Pilotar un barco con este frío en vez de dormir.

Souichi no contestó; únicamente se limitó a mirar de reojo una última vez a su nuevo aprendiz, antes de coger su saco y dejar la habitación.

– Buenas no…

El sonido de la puerta cerrándose no le permitió terminar su frase. Una vez que no se oyeron más los pasos del capitán, el silencio llenó el ambiente. A Tetsuhiro le asombró en demasía la manera tan ácida y bastante grosera que ese hombre de personalidad retorcida utilizaba al expresarse. Aun así, no pudo evitar reflexionar sobre la enorme responsabilidad que conllevaba ser el capitán de un barco, más aún, siendo un pirata comerciante. ¿Qué clase de vida habría tenido que llevar durante todos esos años? ¿Tendría una familia allá afuera que esperaba por él con ansias?

Un momento, ¿qué le importaba a él todo eso? Debía concentrarse en mantenerse a salvo los días que pasaría junto a ese homofóbico sujeto y, sobre todo, tenía que volver a casa lo antes posible para seguir con su patética y rutinaria vida, ¿cierto? Eso sería lo mejor para todos. Sin embargo, lo que más le perturbaba era el hecho de no poder dejar de pensar en su secuestrador. ¿Qué clase de Síndrome de Estocolmo era ese? El sueño fue venciéndolo poco a poco, desvaneciendo paulatinamente las imágenes de esa primera noche que pasaría en aquella habitación que, para su desgracia, olía demasiado bien.

Su nombre es Souichi…


Un conmocionado Souichi se encaminó hacia cubierta a paso lento, intentando asimilar la situación en la que acababa de caer por culpa de su impulsivo comportamiento. Habían pasado demasiadas cosas y lo peor era que ninguna de ellas se relacionaba con el paradero exacto de su hermano. El viento furioso de la noche le hizo sentir escalofríos, obligándole a abrochar hasta el último botón de su saco. Recordó las últimas palabras del insolente muchachito que ahora pernoctaba en su dormitorio, lo cual hizo que su desesperación se incrementara, porque sabía que había fallado totalmente en su misión de encontrar a Tomoe. El único plan posible ahora era seguir avanzando a ciegas hasta encontrar una salida.

Tan solo esperaba que el engreído heredero colaborase aunque fuera un poco.

Sí que me he metido en un lío…

Porque ya no había vuelta atrás para enmendar un error de ese calibre.


Hello, Jane is finally back!

Después de mucho tiempo, al fin puedo actualizar esta historia. Realmente lamento la demora, así que ojalá que con este capítulo haya podido compensar un poquito el tiempo de ausencia. Mi total agradecimiento a todos los que me leen y, en especial, a una lectora que hizo un dibujo hermoso de este fic y me emocionó demasiado. Muchas gracias, te prometo seguir esforzándome con esta historia. ;D

Como siempre quedo atenta a sus comentarios e impresiones.

Para el cap 5:

Pista: Omisión

Pregunta: ¿Qué sucederá en el primer día de aprendiz de Tetsuhiro?

じゃねぇ❣

**Jane Ko**