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The storm keeps the sky full of clouds

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Los segundos pasaban y Edward aún no podía terminar de asimilar toda la información.

Honestamente, no es como si se hubiera quedado pensando en toda la historia de los padres de Bella, la corporación o la déspota decisión de hacer que ella y Jasper contrajeran matrimonio.

No, claro que no.

Edward había ascendido hasta la séptima nube al escuchar a Bella confesarle su amor, al haberse enterado de que todo el dolor que el había sentido, toda la miseria en la que se había sumido su vida no debe haber sido ni la décima parte de lo que Bella debió haber vivido.

Tuvo que enfrentar a sus padres, la gente que le dio la vida, y sin embargo, había tenido que ceder ante sus amenazas, sólo para protegerlo a él. No solo a él, sino al bebé, a su hijo.

Tener que casarte con la persona que no amas, llevando el hijo de tu verdadero amor que te es prohibido y tener que levantar una mentira a los ojos de la sociedad sólo por un estúpido acuerdo entre familias ortodoxas era un precio muy caro al que ella tuvo que acceder a cambio de que él siguiera vivo.

Al terminar de comprender la grandeza tras ese acto de amor, Edward se sintió pleno. Como si su dolor no existiera más, pero no como si hubiera sanado, no era que la herida había cicatrizado ni nada parecido. Era la sensación de que la herida nunca estuvo ahí.

Una sonrisa blanca y sin esquirlas ya de su anterior infelicidad se apoderó de las finas facciones del rostro de Edward.

Bella levantó la vista, y arrodillada frente a ella, estaba la viva imagen del chico del que se había enamorado, de expresión dulce y sonrisa preciosa. Supo que estaba perdonada en cuando apreció aquella expresión de alivio, y no pudo evitar devolverle la sonrisa, aunque algo ruborizada.

-¿Por qué sonríes así?

-Porque yo tenía razón, después de todo- Confesó Edward levantándole el rostro con un dedo.

-¿Sobre qué?- Preguntó curiosa.

-Sobre que era imposible que hayas fingido tan bien la noche que estuvimos juntos. Hay cosas que no pueden simularse- Le dijo con una sonrisa.

-Nada de lo que pasó esa noche fue fingido, esa noche fue la mejor de toda mi vida. Pero la mañana siguiente, cuando llegué a mi casa aún flotando en mi burbuja, estaban mis padres y los de Jasper esperándome. Esa tarde tuve que dejarte y mi mundo se vino abajo- Explicó Bella sintiendo las lágrimas otra vez en sus ojos.

-Ya no más- Le dictó Edward con firmeza, mientras secaba las lágrimas de su rostro.

-Edward…tu no entiendes…por más que ya sepas la verdad, la realidad sigue siendo la misma- Explicó Bella con dolor en su voz, el dolor de comprender que tan reales eran sus palabras. El peso de esa verdad pudo haberla tirado al suelo si no estuviera sentada.

-Si, bueno. Ya pensaremos en algo, mientras tanto, te quedarás aquí- Dijo Edward suave, acercando su rostro al de ella.

Bella abrió la boca para replicar pero él le cubrió la boca con dos dedos.

-Llama a Jasper y dile que venga a mi casa en cuanto llegue, tenemos que hablar los cuatro.

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-Jasper, que bueno que ya estas aquí- Saludó Edward al rubio ojiazul que había tocado la puerta segundo antes, tratando de ser discreto sin que nadie lo vea.

Edward lo invitó a pasar con una sonrisa cómplice, signo que le dio la tranquilidad a Jasper de que estaba al tanto de todo y que seguramente lo hizo volver antes de su viaje para tratar de solucionar las cosas.

Cuando entró a la sala, vio a Bella sentada en un sillón individual, mientras acariciaba su vientre, al verlo le sonrió de lado, mostrándole que todo estaba bien.

Un perfume familiar y adictivo le llegó a su olfato y giró la cabeza hacía donde provenía, parada al pié de la escalera estaba Alice. Al encontrarse con sus orbes negras azabache, sintió como si su cuerpo no resistiera fingir un minuto más. Como si mostrarse indiferente le fuera más difícil que nunca, imposible.

No cupo en su sorpresa cuando la pequeña mujer se lanzó a sus brazos, respondiendo a sus deseos internos. En cuanto hicieron contacto, se sintió en su hogar.

-¡Oh, Jazz! Lo sé todo, y no me pidas disculpas, ya estás perdonado- Alice siempre adelantándose a los hechos, pensó.

Sonrió para si mismo, y la estrechó aún más fuerte contra su pecho.

-Alice, no sabes cuanto te quiero- Le decía con la cara escondida en su cuello, en susurros.

-Y yo a ti, con locura.

Bella observaba la escena fascinada, satisfecha de que Jasper fuera feliz.

El la había contenido de mil maneras durante el último tiempo, no sentían amor el uno por el otro, pero se adoraban. Se protegían mutuamente, ambos estaban atravesando el mismo infierno, con las mismas consecuencias. En las noches la arrullaba para que deje de llorar, y ella lo acompañaba a él en sus noches de insomnio, cuando las imágenes de Alice lo atormentaban al punto de no dejarlo vivir. Solo ellos eran conocedores del sufrimiento de cada uno, y ese lazo los hizo tan cercanos como se puede ser con un ser humano.

Ver esa expresión de alivio en el rostro de Jasper, la hizo feliz.

-Jasper merece esto, cuidó mucho de mí y del bebé- Dijo Bella mirando a Edward.

-Y es algo por lo que estaré agradecido siempre- Contestó.

Luego de un rato, los cuatro se acomodaron en el living, Edward tomó la mano de Bella y le dio un beso en el dorso, para infundirle aliento.

-Creo que la mejor opción, será ir a la policía- Dijo Alice, arrojando la primera piedra.

-No, sería inútil- Dijo Bella- Ellos también son parte de este tipo de cosas, no creas que no lo pensamos.

-Lo mejor sería dejar todo como está, me alcanza con haber podido contar la verdad- Dijo Bella, mirando la nada en la pared, con voz monótona.

-¿Qué? No, no dejaré que…

-Edward, te amo, ya lo sabes y eso es lo que me interesaba. Pero no voy a permitir que arriesgues tu vida, si tu estas bien, yo lo estoy.

-No se trata de estar o no estar bien, Bella. No sé tú pero yo ya no soportaba respirar siquiera, que más me da arriesgarme para estar contigo si lo único que podría perder sería mi vida. Una vida que no me interesa tener si no es al lado tuyo y de mi hijo ¿Comprendes?

-¡Esto no se trata solo de ti, Edward! No solo te perdería a ti, sino a Alice también- Dijo Bella gritando.

-A mi no me importa nada, sinceramente, no es como si un par de amenazas pudieran asustarme. Mi amor por Jasper lo vale, así que, responderé a las consecuencias- Afirmó Alice con la firmeza de la decisión.

-Yo he pensado en algo, que no sé si estarán de acuerdo, no deja de ser riesgoso- Comentó Jasper con gesto pensativo, como si estuviera limando las asperezas de su plan en su cabeza.

-¿Qué propones?- Inquirió Edward.

-Exponerlos por completo- Dijo mirando con el fuego ardiendo en sus pupilas.

-¿Cómo?- Preguntó Bella.

-He estado investigando los movimientos de nuestros padres y esa supuesta "mafia" en la que se ven envueltos. Y hay algunos datos interesantes los cuales creo que podrían servirnos- Explicó Jasper relajando un poco su postura en el sillón.

Bella lo miró extrañada, pensando como pudo ocultarle aquello sin que ella lo descubriera, después de todo vivían juntos, convivir con el implicaba conocer todos sus movimientos.

-No sólo hacía esos viajes por negocios, Bells- Dijo con una sonrisa, respondiendo a su pregunta mental.

-Claro, debí suponerlo…

-¿Y que has encontrado?- Inquirió Edward.

-Tal parece, la organización a la que pertenecen nuestros padres, tiene una contracara, una segunda organización a fines de destruir la primera. Tienen el interés de conseguir las cabezas de algunos miembros, y a que adivinan quienes están en la lista negra.

-Nuestros padres- Sentenció Bella.

-¿Hablas de entregarlos?- Preguntó Alice dudosa.

-No, no va con mis principios, después de todo son mis padres y los de Bella. Pero podemos amenazarlos- Propuso Jasper, quién buscó la aprobación de Bella en los ojos chocolate de la castaña.

-¿Crees que aceptarán? Puede que no les importe- Dijo Edward, que para esas alturas caminaba de un lado al otro de la estancia como un felino enjaulado.

-Lo harán, tengo fotos, documentos, escuchas telefónicas donde se habla de ellos con nombre y apellido, y créeme cuando te digo que este tipo de gente no se detiene en contemplaciones.

-Pero ¿Cómo puede ser que aún no los hayan encontrado? Se supone que son gente poderosa y con influencias ya deberían haber dado con ellos- Preguntó Edward.

-Nuestros padres utilizan nombres falsos, solo los miembros de la organización conocen las verdaderas identidades- Explicó Jasper.

Los cuatro quedaron en silencio, comprendiendo que tenían a su alcance la solución a todos sus problemas.

Era como ver la luz al final del túnel, el pequeño destello de lo que podría ser la libertad.

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Las caras de Charly y René eran algo digno de ser fotografiado, Elena Hale tomó su whisky a las rocas de un solo trago. Lorenzo por su lado, se aflojó un poco la corbata pero no mostró signos de estar sorprendido ni asustado, mucho menos de sentirse intimidado. Claro, como no, el gran Lorenzo Hale, el hombre más sofisticado y arrogante del mundo siempre se sentía el ventrílocuo, nunca el títere.

Edward, estaba sentado al lado de Jasper en el sillón de dos cuerpos, habían decidido que las chicas no tenían que estar presentes, cómo los caballeros que siempre son, prefirieron afrontar esa situación con firmeza, no sabían lo que podía llegar a suceder. A demás, Bella estaba muy sensible, no querían hacer sufrir al bebé.

-Tú, mi único hijo varón, piensas traicionar a tu familia de esta manera ¿Por una mujer? Creí que eras más inteligente- Espetó Lorenzo mirando a su propio hijo como si fuera basura, como si no se tratara de la sangre de su sangre, aquello en lo más profundo del corazón de Jasper, dolió.

-¿Tú me hablas de valores a mí, padre? Cuando me aseguraste que matarías a Alice si no cumplía con tu orden. Tú no eres quién para darme lecciones de moral, Lorenzo Hale- Le escupió con sarcasmo.

-¡Tú!- Grito Charly Swan de repente, señalando a Edward con el dedo índice- ¡Tú y esa Alice son los culpables de todo esto! Nunca debí permitirle a mi hija que se acercara a ti, ¡eres un oportunista, qué encima nos dejó un bastardito de regalo!- Gritó el padre de Bella.

Edward se levantó de su silla en un segundo, la ira lo estaba consumiendo y tuvo que luchar consigo mismo para no saltar a romperle la cara a ese hombre.

-¡Mi hijo no es ningún bastardo! ¡Yo soy su padre y voy a tomar mi lugar le guste a usted o no! Amo a Bella y a ese bebé más que a mi vida, pero no puedo pedirle a usted que comprenda ese sentimiento, si su vida es toda una mentira- Terminó la frase con asco en su rostro.

-¡No te permito que me hables así! Tu y Bella nunca…

-¡Cállate, Charly! Bella y yo ya no somos sus fichas, ya no más, vinimos aquí para mostrarles que tenemos los documentos necesarios para arruinarlos por completo, sólo queremos que nos dejen en paz- Decretó Jasper.

Su alma de líder demostró que le sobraba el coraje y la fortaleza para enfrentar a quien sea, en un primer momento, se había mostrado dócil y acató cada orden que sus padres le impusieron, ya que necesitaba tiempo para llevar a cabo su plan. Aquellos viajes que hacía por "negocios" eran en su 70% en búsqueda de información de utilidad, con los mejores detectives del país. Ahora que todo estaba sobre ruedas, no se doblegaría nunca más.

Tanto Charly y René, como Lorenzo y Elena, expresaron en los gestos de sus rostros la sensación de la derrota.

Eran lo suficientemente cobardes como para desistir de sus planes de casar a Jasper y Bella, con tal de salir limpios en la organización y continuar con sus vidas de "alta sociedad elite"

Como no pudieron rebatir la sentencia de Jasper, ninguno de ellos cuatro habló.

-Nos iremos lejos, y no volverán a saber de nosotros. No nos busquen porque no dudaré en hundirlos con tal de proteger a quienes amo. Hasta nunca- Con eso, Jasper tiró del brazo de Edward y salieron de la mansión Hale, donde se dio el encuentro.

Jasper no quiso repararse para observar los rostros de aquellas personas, no quiso llevar en su memoria esos rostros en esas circunstancias. Eran sus padres, por el amor del cielo, como no puede sentirse uno decepcionado y profundamente dolido al saber que los perdió para siempre. Era más triste que si hubieran muerto, por lo menos así, no tendría que convivir con la idea de que ellos mismos decidieron apartarlo de sus vidas. Pero sabía sin quién no podría vivir, y esa era Alice.

Solo cuando se encontraban ya sentados en el Volvo de Edward, ambos exhalaron todo el aire contenido, se miraron y sonrieron, triunfantes.

En cuanto cruzaron la puerta de entrada de la casa de Edward, donde Bella y Alice estaban impacientes por alguna noticia, las dos corrieron a la sala para encontrarse con los chicos.

-¿¡Y!? ¿Qué pasó?- Gritó Bella.

-¿¡Tuvieron que golpearlos!?- Gritó Alice también, arrancándole una sonrisa a todos.

-No, mi amor, nadie golpeó a nadie- Dijo Jasper acercándose a la pequeña mujer, abrazándola.

-Somos libres- Aseguró Edward.

Bella no pudo evitar correr a sus brazos y dejarse alzar en el aire por el amor de su vida.

Edward volvió a ponerla en el suelo, y en cuanto sus miradas se encontraron, el mundo exterior desapareció por completo a su alrededor.

Bella tomó el rostro de Edward entre sus manos y observó los labios perfectos frente a ella, Edward comprendió la señal, tomó su nuca y la atrajo para besarla con toda su dulzura y devoción.

-Te amo- Susurró Edward al separarse solo unos centímetros de ella.

-Yo también te amo.

-¿Estás dispuesta a empezar una vida nueva conmigo y nuestro hijo?- Inquirió Edward sin aflojar sus brazos de la cintura de Bella, en tono juguetón.

-¿Tú que crees, Cullen?- Dijo Bella, sonriendo de oreja a oreja, acercándose para besarlo con todo su amor nuevamente.

Por supuesto que para enmarcar este final feliz, todos debieron sufrir más de lo que cualquier persona sufre en toda una vida, pero todo ese pasado de nubes oscuras y lluvias torrenciales que había en sus horizontes, se despejó para mostrar que el cielo es azul sobre nuestras cabezas, para todo el mundo de igual manera. Y que el Sol se mostrará brillante luego de cada tormenta, sin excepciones.


Bueno, espero que les haya gustado el final.

Un beso grande (: