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No todos los Tesoros son Oro y Joyas

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Capítulo 4

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Aviso!:

a partir de la próxima semana no publicare los viernes, ya que tengo que ir a la universidad y pierdo mucho tiempo en el viaje y mi casa, no llegaría a publicar nada.

Desde la próxima semana los días que publicare serán los ´´domingos´´!

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En un campo de flores, lleno de amapolas, tulipanes y miasotas, estaba descansando una dama de vestido turquesa con bordados blancos. Llevaba un parasol adornado con encaje blanco y unos guantes color crema. La chica de cabello castaño claro miraba hacia adelante, el ocaso se mostraba tan delicado, tan añorado que era un sufrimiento despedirse de él.

no dejes que le pase nada―sonrió a través del parasol. No quiso mirarlo directamente, pues sabía que el chico parado a sus espaldas contenía las ganas de llorar con todas sus fuerzas, verlo la deprimiría aún mas ―Sou-chan, cuídate mucho, si?―la sonrisa de la mujer se perdió entre el sol que se filtraba por la ventana…

Todo había sido un sueño.

Sougo se sentó en la cama. Tratando de refrescar su memoria, sentía que había soñado más que ese pequeño fragmento que recordaba.

―mi señor…―kondo se sorprendió de verlo ya despierto. Solía ser un rey poco madrugador―…se encuentra bien?―pregunto confundido mirándolo.

Sougo asintió levemente tratando de mantener los ojos abiertos. La noche anterior había sido larga, llegaron muy tarde de ese combate con el pirata Kamui. La madrastra de Soyo no había parado de taladrar su cabeza con rescatar a su ´´hija´´ rápidamente. El comprendía que lo que menos le importaba era su bienestar, más bien estaba preocupada por el compromiso de ellos dos. Pero luego de calmar a esa molesta mujer y mandar a los prisioneros a sus celdas pudo ir a descansar en paz. Aunque sentía que aún no había sido suficiente. Mentiría si dijera que no le preocupaba Soyo, era su prima, su prometida, claro que le preocupaba. Pero aun así, sentía alivio de poder posponer esa ceremonia matrimonial. Solo esperaba que ella se encuentre bien.

Se vistió como era debido con una casaca bordo y la chupa de un rojo sangre. Los pantalones típicos de la realeza de un color borgoña opaco y zapatos negros. Todo su conjunto real iba a acompañado por bordados exageradamente detallistas, en dorado. Ya cansado se colocó como último su capa a un costado sujeta por prensas metálicas a su chaqueta. La acomodo hacia un costado dejando ver su espada de empuñadura gris brillante. Su corona era un adorno más de su interminable vestuario.

Suspiro pesadamente, hoy debía arreglar una charla conciliatoria con gran parte de los reinos. Varios de ellos querían definir claramente los límites y restricciones entre un reino y el otro. Eran cuatro en total, esperaba que todo salga como era debido. Seguramente aprovecharía esa charla para poder juntarse con varios miembros de la realeza y la iglesia para acordar la anulación de la ley sancionada por el rey Tokugawa I. esa discusión traería varios problemas, ya que era una de las pocas leyes que unía a los cuatro reinados. Era, si no la única, la que más importaba entre todos y cada uno de ellos.

―donde esta Hijikata?―pregunto tratando de desesterarse.

―bueno…―kondo comenzó a hablar dudando si decirlo o no…

Los ´´visitantes´´ por así decirlo eran un completo dolor de cabeza. Hijikata no hacía más que fumar y fumar de su pipa mientras discutía con los prisioneros. El sujeto de cabellera plateada era un enorme dolor de cabeza y la chica, tan delicada que parecía, era una mujer brusca y violenta que solo sabía insultar y denigrar al pobre Hijikata Toushirou.

Kondo explico lo que estaba sucediendo y los problemas que estaban teniendo con ese par, incluso Shinpachi había dejado su calma para gritar un sinfín de insultos hacia esos dos. Sougo escucho divertido ante esa anécdota. Los retos le interesaban bastante.

Bajaron hasta el calabozo, en lo más alto de la torre ´´silenciosa´´, una torre hecha de concreto y piedras de gran grosor, los gritos y alaridos no se escuchaban para nada. Se podría torturar a plena luz del día que nadie escucharía absolutamente nada. Antes de entrar a ese oscuro y húmedo lugar, Sougo dejo su capa. Esta se arrastraba por el piso, y era molesto subir las escaleras con ella. Al entrar en la torre se escucharon gritos e insultos, Hijikata pedía paz mental, mientras Shinpachi retrucaba alguna estupidez que los prisioneros decían. Al momento de llegar a la habitación oscura y fría se toparon con un gran espectáculo.

―tráiganlo! Traigan a ese estúpido rey! Lo hare trisas en cuanto lo tenga adelante!―gritaba la chica pelirroja mientras se esforzaba por abrir la celda de barrotes.

Sougo rio ante sus estupideces.

―me buscabas?―Hijikata que ya estaba por explotar de rabia vio llegar a Sougo seguido de kondo.

―mi señor―dijo Hijikata mientras Shinpachi también hacia una reverencia calmando su estrés.

―escuche que alguien quería verme―dijo tranquilo pasando directamente delante de esos dos. Parado delante de Kagura pudo ver como la chica se parecía demasiado a ese maldito pirata que había hundido su barco… ´´familiares?´´ pensó.―se puede saber para que me querías, Mocosa?―pregunto mirándola directo a los ojos.

La chica no emitió sonido alguno se quedó estupefacta al verlo… Sougo sonrió creído, ´´una reacción esperada´´ era normal que las mujeres queden sin habla al verlo solía desprender un magnetismo con todas ellas. La chica de cabello bermellón no era para nada fea, tal vez le podía dar la oportunidad de pasar alguna noche con él, claro si es que cooperaba con la información que necesitaba del chino pirata.

Absorto en su orgullo y confianza no vio venir el escupitajo que la chica le había lanzado… escupitajo? Si, Kagura lo había escupido en la cara con gran asco y desprecio. Quien se creía ese sujeto para decirle mocosa?

―so…Sougo?―dijo sorprendido kondo mientras veía el hilo de baba cayendo por su rostro. Shinpachi, Hijikata y el mismo Gintoki vieron la escena con temor. Eso ameritaba un asesinato en plena plaza central, como solían hacer con los piratas capturados.

―di…discúlpela― comenzó a hablar Gintoki mientras alejaba a Kagura de los barrotes y la obligaba a hacer una reverencia―es una mocosa simplona de un pueblo lejano, sin atractivo físico y muy borde. La chica no tiene neuronas básicamente― Gin estaba preocupado por la situación de Kagura. La chica golpeo con su codo en el estómago de Gin alejándolo de ella y volviendo a mirar al ´´rey´´.

―realmente eres el rey? Pareces una de esas mujerzuelas con las que Gin sale cuando paramos en tierra, me descreo que seas hombre― Sougo sintió ganas de abrir esa celda y matarla cien veces. Hijikata veía con temor el rostro sombrío de Sougo, realmente esperaba cualquier cosa de ese rey sádico. Aunque suponía que se estaba conteniendo por la princesa Soyo. Si algo le ocurría a la mocosa esa, también le ocurriría a Soyo.

―Shinpachi― extendió su mano en dirección del chico exigiendo un pañuelo, su consejero comprendió y se lo entrego. El rey Okita no había dejado de ver a la pelirroja altanera que tenía frente suyo, ni por un segundo, retándola en todo momento.

―lo mejor será ir a comer―dijo tranquilo―Hijikata, los prisioneros nos acompañaran en la cena. Libérelos―

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A cincuenta quilómetros al sur de una isla remota el barco pirata de los ´´Yato´´ comenzaba a aproximarse a tierra combatiendo con la corriente. Ese lugar alejado de la civilización estaba rodeado de un mal temporal seguir en aguas profundas significaría la muerte para todos sus tripulantes.

―BAJEMOS!―grito Abuto apurando a todos los miembros del barco pirata.

Soyo empujada por el mismísimo Kamui, camino sin descanso entre la densa vegetación. La chica sentía rugidos y sonidos extraños entre medio de la maleza. Podía, incluso jurar, que había visto serpientes siguiéndolos muy de cerca. Con pánico, deseando que ninguno de esos animales se le acercara, se pegó más al pelirrojo buscando protección. El chico por su parte ni se inmuto a nada, la chica, poco le podía importar.

Un trueno y la lluvia torrencial que comenzaba a golpear contra sus cuerpos, enfriaba el pequeño cuerpo de la azabache. Podía ver, entre la negrura de la noche, como Nobu y Jiiya seguían el camino acompañados de varios piratas más. Nobu tenía un rastro de sangre seca, que ahora se humedecía por la lluvia, corriendo desde su cabeza hasta la mandíbula. Soyo estaba preocupada por él. La chica había sido muy egoísta al no preocuparse por la seguridad del chico cuando fue este quien se mantuvo a su lado en todo momento.

Pensando que habían estado caminando sin rumbo fijo. Soyo pudo escuchar el sonido bullicioso de risas, silbidos y canciones desafinadas. La luz eléctrica, creada por el hombre, empezó a llegar a su campo de visión, había civilización allí. No de la que ella estaba acostumbrada, pero si había.

De pie y con mucho esfuerzo se encontraba una gran choza hecha de madera, con partes de su estructura completamente hecha de piedra. El viento debería moverla como si fuera una hoja de papel, pero los árboles y la vegetación a su alrededor evitaban el impacto directo del mal tiempo.

Kamui arrastro a Soyo en su interior abriendo la puerta y haciendo que muchos pararan su diversión.

Un silencio se extendió por toda la habitación.

Las personas allí presentes compartían algo similar con Kamui, eran buscados por la ley. Muchos de ellos estaban con heridas sin curar o suciedad en su rostro, incluso había algunos que tenían una argolla de metal alrededor de alguna extremidad, eran reclusos que habían escapado.

Entre medio del silencio un hombre con el rostro inmutable hablo por obre el silencio.

―oh! Kamui ha vuelto!―dijo. Muchos comenzaron a hacerle espacio para que pasaran mientras de apoco volvían a su diversión.

Las pocas mujeres que había allí eran claramente prostitutas promoviéndose con uno o más de uno de esos sujetos. Llevaban vestidos típicos de los cabarets, aun si el lugar parecía un simple refugio para piratas.

―mira lo que trajo la lluvia―dijo un hombre tranquilo apoyado en una barra improvisada. La comida podía faltar, pero la bebida era algo imprescindible para un pirata. El sujeto no bebía pero si fumaba de su pipa.―pensé que volverías en varios pedazos o que por lo menos traerías la anulación de la ley―rio divertido―pero supongo que solo fuiste a buscarte esposa―

Kamui le devolvió la sonrisa. Para la princesa, ese sujeto era un gran misterio. El sujeto en cuestión estaba cubierto con su capucha húmeda, aun, lo único que se podía notar de él, era la sonrisa maliciosa y la pipa que llevaba.

―tengo un trato con el rey Okita, de Hinode― comenzó a explicarle al desconocido. ―pero supongo que será mejor hablar de esto en otro lugar―sonrió esta vez, mirando a Soyo. Con un movimiento empujo el cuerpo de la chica hacia su más fiel seguidor, Abuto, quien la sujeto―encárgate de ella―

Nobu lo miro con desconfianza, seguramente sería algún plan de ataque contra su señor. Abuto la sentó en una esquina junto a los otros dos prisioneros. Soyo podía sentir como varios de los piratas, fuera del ceno Yato, la miraban con burla y lascivia.

Los comentarios obscenos acerca de su cuerpo la estaban asustando. Nobu sentía su sangre hervir al escuchar como hablaban de la chica. Si no estuviera atado mataría a todos con su espada, eso era seguro.

―deberían calmarse―Soyo sintió unas notas musicales pertenecientes a un laúd. Un chico de cabellera exótica apareció recostado en el piso, cubierto con algunas mantas exponiendo, solamente, su adorado instrumento musical― tocarla podría significar un crimen―

―ha si? Y que podría pasarnos?―pregunto un sujeto acercándose retadoramente al cuerpo de la princesa. Abuto se interpuso en su camino mandándole una indirecta.

―sacando el hecho que Kamui te arrancaría las tripas en cuanto pongas una mano sobre ella…―el chico detuvo el accionar del lento sonido musical que desprendía con su laúd―…esta chica podría significar el fin a nuestros problemas―

―que es lo que quieres decir?―pregunto otro confundido.

―esta chica evitaría que muchos de ustedes sean masacrados sin un juicio justo. Además traería de vuelta a la persona importante para nosotros―Nobu quedo mirándolos sorprendida al igual que Soyo, Jiiya había caído dormida apenas toco el piso. El rostro de todos los allí presentes había cambiado a uno de comprensión y sumisión… quien era esa persona?

―Bansai tiene razón, este no es momento para pelear entre nosotros. El solsticio de invierno llegara pronto. Nuestras esperanzas están acabando―el hombre que los había recibido apoyo las palabras del sujeto llamado Bansai. Este último pronuncio un leve ´´gracias, Takechi´´ a su compañero, que Soyo y Nobu pudieron escuchar claramente.

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Delante de sus narices estaban un gran número de manjares y delicias, no por nada era el rey. Claro estaba que podía degustar esas maravillas sin esfuerzo. Kagura y Gintoki jamás habían podido ver algo así, aunque deseaban poder hacer algo más que ver.

―HIJO DE CHIHUAHUA MADRE! SUELTAME!―comenzó a gritar la pelirroja y mal hablada chica, mientras forzaba a su cuerpo liberarse de las ataduras a las que era sometida por ese vil rey. Qué tipo de ser sin corazón invita a comer a dos personas y los mantiene atados a una silla mientras él y sus consejeros degustan esos exquisitos platillos?

―Hijikata pásame pavo―dijo tranquilo mientras que su sirviente le pasaba el abrillantado pedazo de carne.―realmente es muy delicioso, lamento que no puedan comer con nosotros―decía mientras comía otra porción de carne― pero son las leyes de salubridad del reino, no alimentar a nadie que puede tener sarna―

―MALDITO CARA DE NIÑA! NOSOTROS NO TENEMOS SARNA, QUE GIN-CHAN TENGA PIOJOS NO SIGNIFICA NADA!―

―ESPERA QUE ES ESO DE QUE TENGO PIOJOS MOCOSA!? TE ALIMENTE Y CRIE PARA QUE ME INSULTES ASI?―

―Hijikata, me canse de la comida. Trae el postre―Gin ignoro todo lo relacionado a su maleducada hija para dirigir su vista brillante al azúcar que traerían a la mesa, esa tortura era peor que cuando pellizco su escroto con un alfiler de su pantalón.

―ahora lo traigo―Gin lloraba a mares, comerían postre y el aun no consumía su dosis diaria de azúcar. El aroma dulce refinado lo llamaba, era el néctar de los dioses.

―por favor dame un poco…―lloraba con muchas ganas―mandare al frente a ese mocoso bastardo con complejo de hermana a la basura! Lo diré todo solo dame dulce!―

―TRAIDOR!―le grito Kagura llorando. Sougo sonrió victorioso, su tortura había surtido efecto.

―de acuerdo, dale un poco, así comenzamos la charla―

Hijikata obedeció de mala gana. El peli plateado era un sujeto odioso al cual disfrutaba maltratar. Cuando le soltaron las manos para mayor libertad, el pobre Gin vio su postre con decepción, este llevaba una salsa espesa y grasienta sobre él, mahonesa, esa salsa francesa que estaba muy de moda en esos tiempos se esparcía sobre su dulce néctar.

―me arrepentí, prefiero las esposas―

―QUE? QUE TIENES CONTRA LA MAHONESA?―Hijikata era muy tranquilo, pero ese sujeto lo sacaba. Sougo vio con asco el postre. Su insulso consejero se había vuelto adicto a esa asquerosidad, sin decir que la comía en grandes cantidades y con cualquier tipo de platillo. El chico suspiro y la pelirroja se rio victoriosa.

Entre medio del inusual bullicio Shinpachi, su consejero, ingreso al gran comedor sorprendido de como esos dos eran personas tan desquiciadas.

―mi señor―dijo el chico haciendo una reverencia. Sougo movió su mano en una clara señal de que podía hablar.―mi señor, los caballos están listos para partir. Programe la vuelta para antes de que amanezca―le dijo seguro.

―bien, supongo que ya debo partir. Disfruten la cena―le sonrió burlón a ambos sabiendo que solo podrían mirar la comida con ojos deseosos y nada más―dile a Tsukuyo que los lleve a un cuarto de huéspedes― le ordeno a Hijikata quien lo miro sorprendido.

―huéspedes?― pregunto.

―si, a los enemigos hay que tenerlos cerca―se dio vuelta para irse, pero se detuvo y volvió sobre sus pasos―y dales de comer lo de siempre― le sonrió de manera cómplice a su mano derecha. Hijikata comprendía, agua y pan era su cena.

Dejando el gran comedor escoltado por Shinpachi y su querido maestro kondo, camino hasta el carruaje deseando terminar con ese problema de leyes lo más rápido que pudiera.

―está seguro que lo lograra?―pregunto muy respetuosamente Shinpachi de camino a su destino.

´´El ojo de los cuatro´´ era un punto acordado entre los cuatro reinos para concentrarse y discutir sobre diplomacia y demás temas de intereses propios y mutuos. Había cuatro puntos en los que podían encontrarse, todos tenían las mismas características. Torres de once metros de alto acorazadas con piedra y granito, elevada en un punto fijo, oculto entre matorrales y grandes árboles, custodiada por varios guardias.

Dependiendo de las condiciones de cada soberano podían encontrarse en la torre perteneciente a cada uno de los reinos. Si el rey, en este caso, de Hinode mandaba a llamar a una junta a los cuatro, el punto acordado sería su torre dentro de sus límites.

―solo tengo una preocupación―dijo recordando el rostro de un hombre adulto―el señor de Rakuyou, no será fácil de convencer.―Shinpachi concordó con sus palabras.

El rey y soberano de Rakuyou era un hombre tosco que poco salía del reino. Era serio y firme, con un gran desprecio por los piratas, era uno de los más asesinos y cazadores de estos. Una anulación a esa ley provocaría una ruptura entre la alianza con Rakuyou.

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―entonces, crees que lo cumplirán?―pregunto sin muchas esperanzas.

―claro!―el pelirrojo sonrió seguro.

―sabes que ellos tienen a tu hermana, podrían usarlo en tu contra―aclaro ese pequeño detalle.

―no sucederá nada, yo también puedo ser muy malo si me lo propongo― Kamui tenía en su poder a Soyo y él podría torturarla todo lo que quisiera si llegaran a tocar a su hermanita. Además que confiaba en Sakata Gintoki para protegerla.

―de eso estoy seguro―volvió a inhalar su pipa.

Kamui miro el temporal, agitado y destructivo ese sería el si se enterara que le habían hecho algo a su hermana. Sería otro motivo para odiar a la realeza.

―nuestros planes van en marcha, solo falta que cumpla mi paga―recordó el chico. Debía recompensar sus pérdidas en la batalla, además de devolver a ese estorbo de mujer.

―te recomiendo la isla desierta al norte, el tesoro de Obi Hajime se encuentra intacto― aconsejo. Obi Hajime. Era un pirata de elite. Gran guerrero, obsesionado por el oro y la acumulación de victorias. El sujeto iba sin parar de una punta del mapa a otra con el deseo de llenar su isla de tesoros y bastas riquezas.

―dudo que quiera dármelo― dijo inocentemente. Su interlocutor rio divertido.

―nunca fuiste del tipo que espera una invitación para entrar a la casa y robar lo que no es suyo― se burló de las mañas del pelirrojo.

―es cierto, pero él tiene una condición similar a la mía. Ese sujeto puede reconocerme y eso sería un gran problema―oculto sus puños apretando con gran fuerza intentando ocultar su molestia.

―matarlo será lo más seguro―dijo el sujeto calando su pipa― me pregunto si podrás hacerlo? He oído que es muy fuerte― lo estaba provocando? Kamui rio levemente.

―Shinsuke, no me subestimes― hablo pausadamente ―tal vez salimos del mismo lugar, pero, la sed de él se calma con oro, joyas y muchas baratijas de esas. Mientras la mía, se sacia con la sangre de un sujeto fuerte―

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Espero que les haya gustado, lamento la tardanza. Ya van dos horas pasadas las 12… deshonra, lo sé.

Dejen sus lindos reviews y nos vemos la próxima semana. Recuerden que a partir de la próxima semana, las actualizaciones las hare los domingos.

Aclaraciones:

Casaca: prenda masculina exterior, que se llevaba ceñida. Era del estilo de un frac en cuanto a sus dimensiones pero con cuello recto y fuerte de modo que no se doblara y cerrado alrededor del corbatín por delante por unos corchetes muy disimulados. Desde el cuello a la cintura, se cerraba con botones, así como por detrás.

Chupa: prenda de indumentaria masculina que formaba parte del traje a la francesa. Consistía en una pieza ajustada de manga larga, normalmente abotonada y con faldones, de la que asomaba la camisa.

Pantalones: si bien no se les llamaba pantalones. En esa época eran los denominados ´´calzón´´: prenda externa masculina utilizada en los siglos XV, XVI, XVII y XVIII con distintos nombres y distintas variedades según la moda: calzón, gregüescos, calzones, calzas altas, calzones de relleno y sin relleno.

*Me daba cosa nombrarlos como calzones, porque para nosotros esa prenda seria otra cosa. Sentía raro al leer que Sougo salía con unos calzones y nada mas jajajjajaj XD por eso le puse pantalón, aunque este mal. Aun así dejo esta aclaración.

Miasota: es una flor de color azul violáceo.

Parasol: es una sombrilla, también denominada parasol o quitasol, es un utensilio. Tiene forma acampanada, detallada con encaje y usado por las clases sociales altas de la época.

Mahonesa: anteriormente era ´´alioli´´ una salsa similar a la actual mayonesa, pero con ajo. Se vuelve mahonesa luego de la conquista de Mahón, quien lleva la salsa a Francia y cambia su nombre además de sacarle el ajo. Todo esto ocurre por el siglo xviii (a fines).