Hola amigos, Mary Morante continua con su terapia de escritura.

Les comento que no pienso abandonar mis historias, simplemente que a cada una le doy la misma importancia, así que espero seguir contando con su apoyo y sus reviews. También agradezco infinitamente las muestras de apoyo que me han hecho llegar, en serio que sin su ayuda, quizás seria para mi más difícil salir de esto.

Les agradezco también a , ely, ZoeyNyx, RagnarokMorgana, birzita toache, esther, Chica-Rosa, Roo-Uchiha, Sandra Strickland, Riru-chin, ekida, viviigeraldine y GRIMMM por sus reviews, espero seguir contando con su apoyo y sus reviews en el futuro.

Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepción de los creados por mí para este fanfic.

0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0

BRUJA Y SAPO

Tercer acto: El Caballero Valiente

El fin de semana terminó más rápido de lo esperado, llegando sin demora el tan odioso lunes, junto con los tumultos estudiantiles en los pasillos de la H.S.120.

Muy temprano esta mañana, la chica cuya rubia cabellera es cubierta por una sucia gorra, va caminando a pisada fuerte, con las manos empuñadas, el entrecejo fuertemente fruncido y un gesto que decía lo "supuestamente mal" que había sido su fin de semana – ¡a un lado perdedores! – grita a todo pulmón, empujando a cualquier desprevenido que se interpusiera en su camino.

Por azares del destino, Helga se topa con la persona que ha causado (de manera indirecta) su reciente inestabilidad – ¡largo de aquí princesa! – eleva su mano y la aparta del pasillo.

– ¡Argh! ¡no me empujes Pataki! – Rhonda aprieta los ojos y pone manos en la cintura.

Helga se detiene un instante, observando de reojo a la pelinegra – no me provoques princesita… no estoy de buen humor – masculla entre dientes y continua su camino.

– Nunca estás de buen humor – replica la ofendida, en voz baja.

Asustada, Danna se aproxima a Rhonda – ¿estás bien? ¡por Dios Rhonda! simplemente no comprendo, mis fuentes más confiables me informaron que vieron a Pataki y a Johanssen en la vieja colina, disfrutando juntos un show de "autos monstruosos" o algo así, y aunque no lo creas, ella se veía feliz, tan feliz que fue demasiado perturbador.

– ¡Rayos! – exclama Rhonda con furia – no puedo creer que mis planes se me estén revirtiendo, debería de verse no se… ¡alegre o ilusionada! pero en vez de eso, parece que hemos echado más electricidad a ese Frankenstein – finaliza, haciendo su oscura cabellera a un costado y llevando manos a la cintura.

– ¿Planes? ¿Frankenstein? ¿de que me perdí? – Nadine se acerca a ellas, cargando los libros de sus primeras clases – ¿de que hablabas Rhonda?

Volviendo los ojos con fastidio, Rhonda vuelve a acariciar desde la frente, su largo cabello azabache – pfff de nada interesante Nadine, solo decía que necesito hablar con ese tonto Casanova, de Gerald Johanssen.

– Bueno Rhonda – Nadine levanta su mano y señala la entrada de la escuela – si buscas a Gerald, acaba de llegar y viene para acá.

Con el entrecejo fruncido, Rhonda diviso su objetivo – vengan chicas, es hora de tomar cartas en el asunto – Nadine y Danna cruzan miradas y se apresuran para alcanzar a Rhonda. En cuanto a la pelinegra, se encamina a paso decidido, y justo antes de llegar con Gerald (quien se esta despidiendo de Sid), cambia su aspecto fúrico, por una radiante sonrisa – hola querido ¿qué tal te fue este fin de semana?

– Oh, hola Rhonda – el chico se encoge de hombros – pues no se, supongo que normal.

– Sabes a lo que me refiero ¿verdad cariño? – Rhonda se aproxima a él, apoyando su dedo índice en sus desarrollados pectorales, de forma coqueta – lo que quiero saber, es si ya hiciste algún movimiento serio con Pataki.

– Ah vaya – incomodo, el moreno lleva una mano a su nuca y comienza a rascar sus cabellos – bueno pues salimos y todo, pero…

El estruendoso sonido de la campana, marco el inicio de las clases, deteniendo la confesión de Gerald y los cuatro elevaron la vista al reloj que esta en la pared, sobre los casilleros – te veo a la hora del almuerzo, hay algo serio que tenemos que discutir, Johanssen – al final de su frase, el semblante de la morena cambio, sonando sus últimas palabras como amenaza, más que como una invitación.

Enarcando una ceja, Gerald solo ve como sus compañeras se pierden en el mar de estudiantes, que se dirigen a sus respectivos salones – ¿algo que discutir?, supongo que sigue siendo lo de la fiesta – acomoda su mochila, y va pensativo a su primera clase.

– Buenos días Helga – le saluda Lila con tono dulzón, juntando sus manos – espero que hayas tenido un maravilloso fin de semana.

– ¡¿A que te refieres con maravilloso Lila?! – responde a la defensiva en un grito, haciendo que la pelirroja retroceda – no tuvo nada, absolutamente nada de "maravilloso" – manotea en el aire y hace comillas con los dedos, mostrando su lengua.

– Caray – la pecosa toma su cola de caballo – estoy segura, que ese no fue tu caso Helga.

Sentándose toscamente en su lugar, Helga cruza sus brazos, eleva una pierna y la pone sobre el escritorio, observando de reojo a Lila – Grrr, esta bien, lo siento mucho ¿sí? – lanza un bufido y eleva la otra pierna – sólo que, no estoy de buen humor – sube su mano hacia la gastada gorra y la baja, cubriendo sus ojos.

– Sí, ya me di cuenta – menciona Lila, viéndola con seria preocupación. De pronto, la pelirroja recuerda algo importante – por cierto Helga, el sábado por la mañana Gerald me hablo por teléfono, me pidió tu número de celular y…

Un fuerte y molesto sonido chirriante, seguido de un agudo grito, llamo la atención de todos en el salón de clases. Todas las miradas, incluyendo la del profesor de física, estaban posadas sobre Helga, que yacía en el piso, con las piernas enredadas en el pupitre y un rojo encendido decorando su cara, que todos suponían era por vergüenza, no obstante ¿Helga G. Pataki sentía vergüenza? ¿era eso remotamente posible?

Sí, Helga sentía un fuerte bochorno en su interior, pero no era esa clase de bochorno por haberse caído. Lila removió el aun reciente recuerdo del afroamericano, cargándola y tomando su mano, provocando que diera un brinco y perdiera el equilibrio, cayendo sin remedio hacia atrás.

Elevo la vista y abrió enorme los ojos, cuando vio a Gerald detrás de los demás chicos, quien también la veía contrariado – ¿Helga? – le interroga el profesor, tapando momentáneamente la visión del moreno – ¿te sientes bien?

Las palabras parecían arremolinarse en la boca de Helga, pero no lograba expulsar ninguna. Solo asintió con la cabeza, y tomo la mano que Brainy le extendía – bien clase, no hay nada más que ver, regresen todos a sus lugares que vamos a comenzar.

Lila junto con el chico de anteojos, ayudaron a poner el asiento de la rubia en su lugar. Una vez hecho esto, Brainy regresa a su sitio detrás de ella – pst, pst Lila.

– Dime Helga.

Sin despegar la vista del moreno (sentado tres lugares delante y dos filas a su izquierda) le habla en voz baja a su amiga – ¿desde cuando Gerald cambio de grupo? no lo había visto por aquí.

Con susto en su rostro, Lila se vuelve completamente hacia Helga – p-pero Helga, Gerald ha tomado esta clase con nosotros todo el tiempo ¿qué no lo recuerdas? – con sorpresa en su rostro, la rubia niega con la cabeza y Lila se aproxima a ella – ¡oh Dios bendito! ¿te encuentras bien Helga? creo que el golpe fue muy duro.

– Hey señoritas ¿qué pasa allá atrás? – interrumpe el maestro, llamando la atención de las dos.

Lila eleva su mano – disculpe profesor Foster, pero creo que Helga tiene una contusión.

– ¡¿Qué?! – la mencionada se pone de pie – ¡yo no tengo nada de eso! – desvía la vista hacia el moreno, y ve como la observa fijamente – pensándolo bien, creo que sí… yo necesito ir a la enfermería.

– Muy bien señorita Pataki, podrá ir a la enfermería si la acompaña… – para evitar que fuera un truco, el profesor busca a una persona entre el alumnado, que no sea tan cercana a ella – …el señor Johanssen ¿señor Johanssen, puede acompañar a la señorita Pataki por favor?

La mencionada no puede más y coge sus pertenencias – ¡puedo ir sola gracias! – dice rápido y sin demora sale del aula.

Haciendo un ademán con la mano, el profesor le indica a Gerald que la siga, y este de inmediato se apresura, para alcanzar a la rubia – ¡Helga espera! – grita, corriendo tras ella.

Viendo sobre su hombro, la rubia acelera el paso, causando una pequeña carrera entre los dos, que culminó en la puerta de la enfermería. Helga ingreso y cerro la puerta a sus espaldas – ¡vamos Helga abre la puerta! – golpea el madero – tú sabes como es el maestro Foster, si no llevo el justificante creerá que no te acompañe.

– ¿Qué esta pasando aquí? – Helga se gira, al escuchar detrás de ella a la enfermera, soltando la perilla a lo que Gerald aprovecho para ingresar – ¡rayos! – se queja.

– Buen día enfermera Monique, mi compañera Helga se cayó y golpeo su cabeza, el maestro nos mando para acá, yo solo vine a acompañarla – cruza sus brazos, mirando incomodo a la rubia. Gerald no entendía, porque se estaba comportando tan irritante, después de haber pasado un agradable día juntos, y él en serio había disfrutado de la compañía de Helga – pero que ciego soy, esta es la verdadera Helga… genio y figura… – se dice interiormente.

Enojada, Helga se vuelve hacia él – ¿sabes que zopenco?, no necesito de ningún niñero para explicar lo que pasó – la enfermera le ofrece una silla y esta se sienta, cruzando sus brazos y soltando un bufido.

– …Hasta la sepultura – suspira – lo que tú digas Helga – mete las manos en los bolsillos de la chaqueta, frunce el ceño ligeramente y mira a otro punto de la habitación, evitando cruzar miradas con la chica.

Pasada una media hora, la enfermera hace el diagnóstico – el único golpe a considerar lo tienes en la frente, y nada grave en la parte posterior de la cabeza.

A petición de la enfermera, Helga había retirado su gorro, soltando sus dorados cabellos para poder hacer una inspección más profunda. De forma inconsciente, Gerald de vez en cuando posaba sus ojos sobre ella, recordando lo bien que la pasaron en las jaulas de bateo y la colina – ¿qué rayos le sucede a Pataki? pensé que nos habíamos divertido – seguía sin comprender la razón de su actitud grosera, pero tenía que admitir que su cabello suelto la favorecía mucho – un momento, estoy pensando que Helga se ve…

– ¡Hey! ¿se te perdió algo cabeza de cepillo? tan distraído estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta del momento, cuando fue descubierto observándola ¿o tengo monos en la cara? ¡deja de mirarme bucko! – Helga comenzó a trenzar su cabello, para esconderlo debajo de la vieja gorra.

– Muy bien, calma – la enfermera le entrega a cada uno, un pase escolar – en caso de dolor de cabeza, toma un analgésico linda – señala su propia frente, recordándole a Helga su chichón.

– Sí, sí, como sea – termina de acomodar su cabello bajo la gorra y se levanta – gracias por nada – sale de la enfermería.

Haciendo ojos al cielo, Gerald de nuevo va detrás de ella – ¡Helga espera! ¿cual es tú problema? – le pregunta una vez que la alcanza, plantándose frente a ella.

– ¿Quieres saber cual es mi problema? – aprieta los puños y se acerca de forma amenazante – TÚ eres mi maldito problema, pelos de espagueti.

– Espera un momento ¿qué? – Gerald empieza a exaltarse – ¡¿yo soy tu problema?! ¡creí que la habíamos pasado genial el sábado!

Las mejillas de Helga se tornaron carmesí – ¡y la pasamos genial! – su interlocutor enmudece y pone ojos enormes, ante esta súbita declaración. En cuanto a Helga, comienza a sobar su brazo contrariada, pues nunca imagino que iba a sincerarse así con él – es solo que… es solo que… no, no lo entenderías – retoma su clásico ceño fruncido, y pasa de él.

– ¿Qué diablos? esa Pataki esta más loca que una cabra – el moreno niega con la cabeza, y camina al salón de clases.

c – c – c – c

Llega la hora del almuerzo y Gerald junto con Ethan, salen de la línea de la cafetería, cargando su comida – vamos Johanssen, los demás nos deben estar esperando.

Al ser miembro del equipo de americano, Gerald regularmente se sentaba con los demás jugadores y la gente popular – voy hermano, espero que Harold haya guardado nuestros lugares.

Pasan por una mesa y una pelinegra les habla – mph, mph… Gerald amorcito, creí que habíamos quedado en almorzar juntos – Rhonda le mira sonriente, guiñándole un ojo.

Los chicos cruzan miradas – ve con los demás Ethan, esta muñeca quiere pasar tiempo de calidad – de nuevo, el moreno saca su lado patán; deposita la charola en la mesa y se sienta al lado de Rhonda, rodeando su cintura y acercándola hacia él.

Haciendo ojos al cielo, Rhonda toma la mano de su cintura y la quita – créeme muñeco, si pedí que te sentaras con nosotras, no es por lo que tú piensas.

– Vamos hermosa Rhonda, sabes que soy irresistible – de nuevo, Gerald intenta hacer un movimiento con ella, pero la pesada pelinegra aleja su silla.

– ¡Seguro que lo eres Gerald!, por eso tu cita del sábado no pudo resistirse a tus encantos jajajaja – expresa Danna con sarcasmo, jugando con su ensortijada cabellera rubia – o por lo menos, escuche que la pasaron bastante bien.

Este comentario, hizo que Gerald cambiara su semblante; el desagrado se presento en su rostro y decidió concentrarse en la comida – y bien, ¿que quieres?

Las dos chicas soltaron varias risas – jajajaja oh vamos Gerald, jajaja no pudo ser tan malo.

Nadine llega con una charola y se sienta junto con ellos – hola chicos, ¿de que hablan?

Rhonda da un bocado a su comida – hablamos de la agradable velada que pasaron Helga y Gerald, este sábado en su cita romántica, ¿lo sabías Nadine?

La chica se puso pálida y cruzo miradas con Gerald, temiendo que él les hubiera contado el secreto que compartía con Sheena – n-no, no yo… no lo sabía – desvía la vista y ve que Danna está usando su celular.

– El sábado estuvo bien – responde Gerald secamente.

– Entonces ¿acepto ir contigo a mi fiesta? – cuestiona la morena, dando un sorbo a su bebida.

Molesto, Gerald se pone de pie y alza la voz– ¡cielos Rhonda no! ¡no he conseguido que me acompañe y no creo tener ganas de llevarla! ¡¿sí?! – este exabrupto llama la atención de algunos estudiantes – no importa que tan bien la pase Pataki, ¡ella es Helga G. Pataki! y eso automáticamente la convierte en una lunática, que no sabe que hacer cuando alguien la trata como un ser humano.

– Jajajaja pobre Gerald jajaja – dice Danna, sin soltar su celular – pensé que ninguna chica se resistía al galán de Johanssen.

– ¡Por favor Danna! – reclama el mencionado – Helga no cuenta como chica, ¡vamos! ni siquiera sabemos si tiene el cuerpo de una chica.

– ¿Por qué no lo intentas una vez más? – la morena desvía la vista y la enfoca en Helga, que come junto con Lila, Sheena y Brainy – si ya salió contigo una vez y sobreviviste… – se encoge de hombros – no sé, quizás avances otra casilla en el juego Pataki, recuerda que Claire esta ansiosa por verte en la alberca del yate.

Observando con ojos entrecerrados a Helga, Gerald queda pensativo unos segundos – solo una más – eleva el dedo índice delante del rostro de Rhonda – solo una vez más nena, y si esa loca no acepta, tendrás que invitarme con o sin ella.

Estas palabras poco le agradaron a Rhonda, ¿cómo iba a vengarse de Helga, si Gerald no la llevaba a su fiesta? – lo pensaré – dijo seria, aunque la verdad no iba a permitir que sus planes se vinieran abajo.

Al otro lado de la cafetería, Helga comía como de costumbre, pero su mente estaba en otra parte – ¡criminal! no puedo permitir que la presencia de ese idiota me perturbe, ¡Dios! sí solo fue una salida y ya, eso no significa que vaya a intentar salir conmigo de nuevo – medita – aún así, tengo que buscar la forma de alejarlo de una vez por todas – tuerce la boca – no me gusta sentirme vulnerable ante nadie.

El silencio de Helga era normal, por lo que ninguno se percato de que la rubia tenía sus ojos puestos en Gerald. Su objetivo termino de comer, se levanto de la mesa de Rhonda y llevo la bandeja al área de limpieza. De repente, una chica desconocida para Helga, aborda a Gerald y pudo presenciar como ambos discutían – ¿pero que rayos?

– Ella es Janice – explica Sheena, al ver su confusión – ambos tuvieron una relación, pero él la dejo, dicen que Gerald la encontró en un bar, ebria, y rodeada de chicos de grados superiores.

Los involucrados seguían discutiendo. Al fin, Gerald termina la pelea verbal y hace a un lado a Janice. Helga no podía estar más contenta y de inmediato, empezó a maquinar una estrategia para sacudirse al chico Johanssen – jajaja, estos almuerzos pueden llegar a ser bastante informativos jajaja.

Sin comprender su repentino cambio de humor, Brainy, Lila y Sheena intercambiaron miradas.

c – c – c – c

Horas más tarde, el grupo de literatura ya estaba en el auditorio – muy bien jóvenes – comenta el maestro Callahan – ya sus libretos, y en los vestidores, están las cajas con los atuendos, sugiero que cada uno busque el que más se apegue a su personaje.

– ¡¿Qué?! ¡aquí debe de haber algún error! – Rhonda se cubre la cara – ¡me toco ser la madre del príncipe Sigfrido! ¿podría ser esto más humillante?

Helga eleva ojos al cielo – ¡criminal! deberías de estar agradecida Rhonda Lloyd, por fin serás una reina, sin necesidad de estar fingiendo.

Con postura de malcriada, Rhonda va a llorarle a los profesores – por favor maestro Callahan, señorita Smith, no es posible que alguien con mi porte, tenga un papel tan insignificante, y la marimacho de Helga interprete a una princesa.

– De echo Rhonda, Odile es hija de Rothbart el hechicero, interpretado por Curly – aclara Eugene.

– ¿Eso significa, que Helga es una hechicera? – una burlona sonrisa se forman en Rhonda y Danna – ¡es una bruja! jajajajaja – exclaman juntas y sueltan varias carcajadas, siendo secundados por el resto, incluyendo Gerald, a excepción de Lila, Brainy, Sheena y Nadine.

– L-lo siento mucho, Helga – se excusa nervioso el pelirrojo.

– ¡GRRR EUGENE! – la rabiosa rubia se dispuso a perseguir al pobre Eugene, pero el profesor la toma de la cintura, justo antes de llegar a su presa – muy bien, muy bien, eso es todo por hoy, vayan y escojan sus atuendos, el club de costura vendrá mañana a tomar sus medidas para arreglarlos – aclara, mientras Helga lucha en sus brazos. Voltea a ver a Gerald y le "entrega" su cautiva – ¿la cuidas por mí?, voy a revisar el material de ambientación que llegó.

El moreno se encogió de hombros y la abrazo por la espalda – parece que ahora sí soy tu niñero, Helga linda – le sonríe de forma seductora.

Al ser Gerald un extra en el grupo de literatura (por el castigo recibido), el profesor Callahan lo tomo como asistente, para que ayudara con cualquier dificultad; por lo visto eso incluía a Helga. Su cara se torno completamente rojiza – ¡aléjate de mí idiota! – Helga lo empuja – te dije que no necesito ningún niñero.

– Pues tu maestro no piensa lo mismo "hechicera" jajaja.

– ¡Vete al diablo! – aprieta los puños y se encamina a los vestidores, pero Gerald se interpone en su camino – vamos bebé, sabes que estoy bromeando.

La rubia no respondió, solo frunció más su uniceja – mph, mph, Helga yo… – rueda la vista y se asegura de que nadie los observa, ya que no quería arruinar su reputación – quería preguntarte, si tienes algo que hacer saliendo de la escuela.

Muy bien Helga, esta es tu oportunidad – se dijo en su interior – estoy libre esta tarde chico listo – lleva manos a la cintura y cambia su tono, siendo misteriosamente dulzón – ¿quieres invitarme a salir?

Este cambio de actitud desconcertó a Gerald, protegiendo su entrepierna como reflejo (la última vez, no le había ido nada bien). Ante esto, Helga se burló – jajaja tienes suerte pelos de borrego, hoy iré a mi lugar favorito y puedes acompañarme.

No muy convencido, Gerald acepta la invitación – OK, entonces ¿a que hora paso por ti?

– Oh no pelos de espagueti, yo te mandaré la ubicación con mi celular – le indica, con ladina sonrisa.

– ¿No pensarás plantarme, verdad? – pregunta, enarcando una ceja.

Irritada, Helga cruza sus brazos – ¿vas a ir o no?

– Sí, esta bien – el moreno rasca su cabeza, escéptico por la invitación de Helga – vaya, imagine que iba a ser más difícil – espero tu mensaje.

– Jejeje, no te preocupes cabeza de cepillo, seguro lo mandare – la rubia le da la espalda y soba sus manos – veamos si después de esto, aun quieres salir conmigo zopenco jajaja. Tengo que ir a prepararlo todo.

– No olviden cuidar de sus ropas – aconseja la señorita Smith a los presentes.

Cuidaré muy bien mis ropas jejeje – se dice Helga para sus adentros – puede apostarlo señorita Smith.

c – c – c – c

Más tarde, el crepúsculo ya estaba cayendo sobre Hillwood, cubriendo la urbe con un resplandeciente tono anaranjado, embelleciendo la mayor parte de la ciudad. Por desgracia, no todos los lugares eran iluminados con tal calidez. El sitio donde se encontraba Helga, por ejemplo, es un lugar frío y lúgubre, donde la luz del sol difícilmente alcanza a ingresar por los oscuros ventanales.

El barman miraba no muy contento, a la joven rubia que permanecía en la barra. Con solo ver su aspecto, se le crispaban los vellos de la nuca. Helga trae el cabello suelto, su rostro esta cargado de maquillaje y su vestimenta mostraban demasiada piel: una blusa negra de tirantes, que deja su ombligo al descubierto, una falda corta en color vino y unas medias de red, junto con unas botas negras de tacón, cierran el cuadro.

– No deberías de estar tomando tanto – le indica el barman – ¿y desde cuando vistes así?

– ¡Cállate Michael! y dame otra botella – reclama Helga, entregándole la vacía.

– Pueden encarcelarme por esto ¿lo sabías? – la chica bosteza y mira su reloj. El barman da un cansado suspiro y ve solo el karaoke – ¿por qué no me cantas linda? sabes que me gusta oírte cantar.

La rubia se pone de pie y decide complacer a su proveedor – lo haré, solo porque hoy me desharé de una plaga – sus pasos eran sutiles, prueba de que ya estaba un poco mareada – veamos mmmh, será está canción.

La música comenzó, al tiempo que las puertas del bar se abrieron de par en par, mostrando a Gerald. El chico llegó casi una hora retrasado, ya que de última momento cambio sus ropas cuando vio el lugar que Helga le indico; eran demasiado elegantes para la pocilga que le esperaba. Sus ojos apenas se estaban acostumbrando a la oscuridad, por lo que no localizó a Helga, hasta que ella empezó a cantar.

I wait for the postman to bring me a letter

I wait for the good Lord to make me feel better

– ¡¿Ella es Helga?! – los ojos del moreno, parecían salirse de su órbitas. No podía creer que esa chica parada en el karaoke, que lucía tan sensual, fuera Helga G. Pataki. Definitivamente, lo que dijo en la cafetería era un completo error, y uno muy grande. ¿Desde cuando Helga había desarrollado esas curvas? ¿y desde cuando cantaba tan bien?

And I carry the weight of the world on my shoulders

A family in crisis that only grows older

La rubia abrió los ojos y los fijo en el barman, ignorando la presencia de Gerald – esa niña, no se que la este molestando ahora – niega con la cabeza, el señor de blanca cabellera.

Why'd you have to go

Why'd you have to go

Why'd you have to go

Este comentario lo alcanzo a escuchar Gerald – un momento, ¿usted la conoce?

Daughter to father, daughter to father

I am broken but I am hoping

Daughter to father, daughter to father

I am crying, a part of me is dying and

– Jajaja que si la conozco – pasa una mano por sus bigotes. Si no fuera por las ropas, el cantinero bien podría pasar por papa Noel – creo que la conozco mejor que nadie.

These are, these are

The confessions of a broken heart

De nuevo, Helga poso sus zafiros en el barman y de inmediato identifico a Gerald, a quien le sonríe de forma cínica – ¡ya veo! tú eres a quien estaba esperando, eres el pelos de borrego, o algo así.

I wear all your old clothes your polo sweater

I dream of another you the one who would never (never)

Leave me alone to pick up the pieces

A daddy to hold me, that's what I needed

En ese momento, Gerald se empezó a sentir incomodo. No le gustaba estar en ese lugar, y mucho menos ver lo bajo que Helga había caído. Obvio no era su amiga, ni siquiera su allegada, pero al final de cuentas era su compañera desde preescolar. Aunado al hecho de que a Gerald, no le gustaban las chicas que lucían como mujerzuelas – entiendo, no sabía que Pataki fuera una ramera.

(So) why'd you have to go

Why'd you have to go

Why'd you have to go

Un cuchillo es clavado cerca de la mano de Gerald, asustándolo – mucho cuidado con tus palabras jovencito – el barman lo retira y continua cortando limones.

Daughter to father, daughter to father

I don't know you, but I still want to

Daughter to father, daughter to father

Tell me the truth, did u ever love me

La rubia levanta su cara, y una luminaria traicionera revela más al moreno, de lo ella quisiera – ¿está llorando?

Cause these are, these are

The confessions of a broken heart

I love you, I loved you

I love you, I loved you

– Si tú eres el causante de esto, desearás no haber venido niño – ambos dirigen su atención a Helga – mi chica ya tiene bastantes problemas en casa.

Daughter to father, daughter to father

I don't know you, but I still want to

Daughter to father, daughter to father

Tell me the truth, did u ever love me

did u ever love me

these are

The confessions of a broken heart

– ¿A que se refiere con "problemas en casa"? y para empezar ¿quién es usted? – en este punto, Gerald desconocía que lo hacia permanecer en el bar.

– Vaya vaya, pero si es el pelos necios – Helga ya había terminado y se sentó al lado de Gerald, mostrando su aliento alcohólico y las carreras de rímel por las lagrimas derramas – pensé que no vendrías.

Molesto, Gerald la toma del brazo – ¿para esto me hiciste venir aquí? ¿para verte borracha? de haber sabido, te hubiera dejado plantada.

El hombre le dirige una mirada pesada, a diferencia de Helga, que ríe divertida – jajajajaja oh Geraldo, que risa me das jajajaja – recarga un brazo en su hombro – bueno tonto, tú querías conocerme – eleva una mano y tres jóvenes rápido la rodean – pues heme aquí.

– ¿Este escuálido te esta molestando, amor? – el más alto la rodea de la cintura, pero ella agarra su mano y la pone sobre su hombro, no obstante, él la regresa a su cintura y la pega más hacia él, provocando que el párpado de Helga tiemble y su sonrisa se vea más falsa, que un billete de tres dólares – largo niño, este lugar es solo para hombres.

Ignoraba porque, pero ese tipo le causaba nauseas – oigan idiotas, este chico de aquí es mi amigo – expresa el barman, limpiando un vaso – si les molesta, pueden largarse.

– Haz lo que quieras – Helga se ríe y va a una mesa de billar, con los otros tres.

En su interior, el moreno se sentía decepcionado de ella. Nunca imagino que su compañera de la escuela anduviera en malos pasos, y mucho menos que fuera una chica fácil, pues su postura en la H.S.120 era todo lo contrario. La mágica conexión que sintió el sábado, prácticamente se había desvanecido – mejor me largo de aquí – se levanto de la barra, desatando las risas del barman.

– Jajajaja oh vamos hijo, ¿no creerás todo el show que ella ha montado, cierto? – saca una botella de yahoo soda y la abre – debes de importarle mucho, para armar todo este teatro – le entrega la bebida – cortesía de la casa.

Hace una mueca de disgusto y coge la botella – ¿importarle? ja-ja buena esa amigo – da un trago – a ella no le importa nadie.

El cantinero se aproxima a Gerald, enarcando una ceja – ella solo quiere hacerte enojar, desconozco la causa, y si no la conociera lo suficiente, juraría que quiere despertar tus celos – los dos vuelven la vista hacia Helga, y ambos son testigos de como empuja de forma brusca a uno de ellos, que intenta acercar sus caderas. Al ver esto, el afroamericano frunció el ceño y apretó la mano, que descansaba en la barra – y por lo visto, lo está logrando.

– He tenido suficiente – Gerald se levanta y da un ultimo sorbo a su bebida, dejándola a medias – me voy.

Impávido, el barman abre tres cervezas y las entrega a un mesero – si la chica te preocupa, aunque sea un poco, harás lo que te digo.

Durante todo ese rato, Helga los observaba de reojo, vigilando cualquier movimiento del chico Johanssen – vamos idiota, largo de aquí – se repetía mentalmente, con la esperanza de que se fuera del bar.

– Anda preciosidad, es tu turno con el taco, aunque si gustas podemos jugar a otra cosa, muñeca.

– ¡Hazte a un lado estúpido! – de nuevo, la rubia lo empuja y se inclina para acomodar el taco.

– Hermosa Helga, sabes que siempre me has gustado – el joven se apoya en la mesa, y pone su mano en el hombro de la rubia – y hoy ¡WOW!, derrochas pasión muñeca.

– Retírate Dylan, que no te pague para esto – golpea la bola de billar y regresa la vista a la barra, notando la ausencia de Gerald – perfecto – sonríe satisfecha – me he quitado un enorme y estorboso peso de encima – se incorpora apoyándose con el taco, pues aun se sentía mareada.

El segundo, se pone detrás de Helga, y la toma de los hombros – muy bien cariño, ahora que nos dejo ese chico, podemos ir a celebrar a otro lado.

Sin poder evitarlo, Helga se larga a reír – jajajaja oh Erik, eres un tarado – se voltea y lo aleja con el taco de madera – el objetivo se ha cumplido, así que si me disculpan, yo me retiro.

Dylan, tipo de castaña cabellera, la sujeta del brazo con fuerza – mira nena, a mi nadie me utiliza.

– ¡Hey idiota! ¿qué crees que haces? – Helga forcejea, pero el tercero, llamado Ted, la sujeta del otro brazo – ¡les pague para fingir que estaba con ustedes!

Una siniestra sonrisa se forma en Dylan – mira hermosa, yo no soy ningún prostituto para hacerme lo que quieras por dinero, en cambio tú – corta distancias y da una olfateada al cuello de Helga – luces como una experta.

El alcohol que Helga traía en la sangre, parecía haberse esfumado, ahora el miedo la invadía por dentro. La chica conocía a esos tipos, más no lo suficiente, para predecir este giro en la pantomima – ¡NO! ¡suéltenme! – cierra sus párpados con fuerza, al sentir el roce de una mano en la parte interna del muslo.

– ¡OIGAN IDIOTAS! ¡déjenla en paz! – escucha el grito de alguien, así como el sonido de algo quebrándose – ¡si quieres meterte con ella, te enfrentarás a nosotros!

Con temor de abrir los ojos, Helga siente que la jalan brusco de los brazos, siendo de repente liberada de sus captores. Abre los ojos de golpe y ve a los meseros pelear con los tres tipos. Alguien la toma de la mano y ella suelta un puñetazo, que es atrapado en el aire – ¡AH!

– ¡Helga cierra la boca, y deja de forcejear! – le indica Gerald, apretando sus manos para que no lo golpee.

– ¿Gerald?

Dylan, quien es líder de los tres, logra zafarse del mesero con el que pelea y señala a la rubia – no la dejen escapar, vayan tras ella.

– ¡Alto ahí trío de rufianes! – Michael saca una escopeta que guarda debajo de la barra, y amenaza a Dylan, Ted y Erik. Gerald en tanto, se pone delante de Helga para protegerla – ¿qué esperas chico afroamericano? saca a la niña de aquí, ¡rápido!

– ¡Ven conmigo! – Gerald y Helga salen corriendo sin soltarse de las manos y estando ya afuera, el moreno se sube a una Harley Davidson – ¡hey! ¿esta moto no es…?

– ¡¿Tú que crees?! – sabiendo que el cantinero no iba a poder detenerlos por mucho tiempo, Gerald jalo a Helga y la sentó detrás de él – debemos desaparecer de aquí – arranca la moto y acelera.

Aferrándose al torso de Gerald, Helga vuelve la vista y alcanza a ver dos patrullas arribando al bar, así como a Dylan correr hacia su transporte; seguramente Michael dio aviso a la policía – ¡ve más rápido tonto Geraldo! – lo abraza con fuerza y pega el lado izquierdo de su cara en la espalda del chico. La joven Pataki estaba consciente de que si las autoridades la descubrían, el bar de Michael seria clausurado, él enfrentaría cargos de corrupción de menores, y Bob se aseguraría de que jamas volviera a ver la luz del sol.

El moreno también estaba al tanto de eso, y lo más sensato que se le pudo ocurrir, fue cortar camino por el vecindario, así se les dificultaría seguirles el paso a las unidades policíacas (a menos claro, que llevarán motocicletas) – ¿no nos persiguen, o sí? – desvía la vista hacia la rubia.

– ¡CUIDADO! – ¡AAAH! – al no ver el camino, Gerald terminó chocando con el carrito de un vagabundo, volando por los aires toda la chatarra que contenía; él perdió el equilibrio de la moto y ambos cayeron metros adelante. Helga aterrizó en grandes pilas de basura, amortiguando el golpe – aargh, criminal, mi cabeza… ¡AH!

El desorientado vagabundo se arrastro hacia la chica, sujetándola de las piernas – ¡mis latas!, han arruinado mis latas y mis botellas.

Temblando de horror, Helga cerro los ojos e intento darle una patada para alejarlo, sin embargo Gerald se adelanto y lo agarro de los hombros, quitándoselo de encima – ¡déjela en paz! – sin embargo, Helga siguió luchando y accidentalmente, le dio un golpe bajo – ¡OUCH! – el chico cae de rodillas, cubriendo su entrepierna.

– ¡GERALD! – la rubia se lanza hacia él y lo rodea del cuello – perdóname Gerald.

– ¿Per-do-narte? dice con voz entrecortada, pues el fuerte dolor de su entrepierna más los golpes de la caída, no le permiten expresarse con claridad ¿por habernos puesto en peligro, o por golpearme? – queda en silencio, al sentir un cálido líquido caer en su cuello – ¿Helga?

La mencionada se aferraba con fuerza a él, y por la cercanía, Gerald se percata de que ella esta temblando – s-siento mucho haberte golpeado… snif, lo siento, lo siento, lo siento por todo… snif.

Con delicadeza, Gerald la tomo de los hombros y pudo verlo, aunque no podía creerlo. Los hermosos ojos azules de Helga, tenían un fuerte halo rojizo, las pestañas presentaban muchos grumos y estaban apelmazadas unas con otras, incluyendo las del párpado inferior. La nariz y mejillas estaban fuertemente enrojecidas, solo que las manchas de rímel y polvo le otorgaban un aspecto sucio. Sus labios temblaban, y el pintalabios ya no permanecía solo en su boca – lo siento… ¡¿porque soy tan estúpida?!, soy una inútil, snif… buena para nada, snif… ¡Bob tiene razón! – un nuevo conglomerado de lágrimas, inicia su descenso – ¡nunca hago nada bien!

– Hey calma, no pasa nada – Gerald pasa sus pulgares sobre los pómulos, limpiando un poco su rostro y captando la atención de Helga – ¿te lastimaron esos sujetos?

La respiración de Helga se acelero un poco, al recordar como Dylan tocaba su muslo – b-bueno… Dylan solo… – rápido, cubrió su boca y se giro, devolviendo parte de su estómago – ¡puagh!

– Oh genial – pasa un mano por su cara – aun estas ebria ¿verdad?

La chica no contesto, solo le dio una triste y vergonzosa mirada, que decía más que cualquier palabra. Gerald se pone de pie y la ayuda a levantarse, retira su chaqueta y se la pone a Helga – ven, te llevare a casa.

Tratando de no acelerar mucho (para no marearla), Gerald continuo manejando por los callejones, evitando las avenidas principales para no toparse con más dificultades. Llegan a una calle y a lo lejos identifica a Dylan, que esta siendo arrestado por la policía – un problema menos – piensa sintiéndose aliviado; rueda la vista a la rubia y ve que ella no despega la cara de su espalda, abrazándolo con fuerza. Se regresa por donde llegó, dispuesto a evitar que Helga vea esa escena.

c – c – c – c

Por la velocidad en la que conducía Gerald, les tomo más tiempo llegar a la residencia Pataki, alcanzándolos la noche – listo Helga, ya llegamos.

– Mjm – la rubia no se mueve ni un centímetro, todo indicaba que se durmió durante el trayecto. Se levanta de la moto y no puede liberarse del abrazo de Helga – vamos Helga, necesitas despertar y tomar café negro.

Siendo lo más cuidadoso posible, pasa un brazo de Helga atrás de su cuello y la rodea de la cintura – ¿donde estoy? – cuestiona adormecida.

– En casa – ambos suben el pórtico y la sujeta con fuerza – necesito las llaves, así que trata de ponerte en pie.

– Jajaja en casa… jajaja – la rubia alza los brazos y rodea el cuello del moreno – nop, no se donde están las jodidassss llaves, Ge-ral-do – le sonríe – ¿por qué no mejor le gritamos a Miriam? total, a ti te abre la puerta… ¡MIRI…! – de inmediato le cubre la boca.

– Helga, no seas escandalosa – le susurra, con la esperanza de que no los hayan escuchado.

Con un pie, Gerald levanta el felpudo de la entrada y no encuentra copia de la llave – siento mucho esto, pero no puedo dejarte afuera de tu casa – aprovechando que Helga esta abrazada de él, la suelta y la revisa por encima de su falda.

– ¡Hey! deja de tocarme así – lo empuja y esto la hace perder el equilibrio, pero él alcanza a abrazarla, evitando que caiga por las escaleras – ¿quién te crees que eres?

– No puedo dejarte aquí Helga, así que no_te_muevas – repite la acción y por fin, siente un objeto en la cadera derecha. Mete la mano en la bolsa de la falda y la rubia empieza a reír – jijiji me haces cosquillas jajaja.

Esta peligrosa cercanía, la vestimenta provocativa (lo que deja ver su chaqueta), así como la falsa coquetería, lo pusieron nervioso, a tal grado que miro hacia otro punto – m-mejor entremos – abre la puerta y lo primero que ve es a Miriam, inconsciente en el sillón de la sala de estar, siendo iluminada por la televisión. Abraza fuerte a Helga y la ayuda a subir las escaleras del segundo piso – necesito ir al baño – cubre su boca y señala una puerta en específico.

El estómago de Helga parecía querer terminar en el w.c., mientras que Gerald sujeta su larga cabellera – uff estupendo, justo así quería pasar la noche de lunes – mph, mph, Helga, creo que no debería estar aquí, tus padres se van a preocupar si…

– ¿Mis padres? – le interrumpe – jajajaja por Dios jajaja, hoy es lunes así que Bob seguramente no vendrá a dormir – se sienta en el piso, mostrando sus raspadas rodillas y medias rasgadas – y Miriam ha de estar peor que yo – se arrastra hasta la bañera y cierra la cortina, arrojando por arriba de esta sus ropas.

– ¡OYE! ¡aun estoy aquí! – la lluvia de ropas lo obligan a huir del baño – ¡demonios! esa Pataki me va a sacar de quicio, ¿y ahora? – da vueltas en el pasillo – podría irme, al final de cuentas, ya esta segura en su casa – baja las escaleras y coge el pomo de la puerta – ¡que rayos! – se regresa y entra a la cocina, que es un desastre. Abrió las alacenas, y solo encontró botellas de alcohol en uso, frascos vacíos, y un envase de salsa derramándose. Se asomo al refrigerador, y entre bolsas de comida mal guardadas, encontró lo que buscaba – bien, ahora a buscar una cafetera.

Una vez que el café esta listo, se encamina sigiloso al segundo piso, dando un vistazo a la madre de Helga – ¿será esto a lo que se refería el cantinero? – niega con la cabeza y sube las escaleras. Ya en el segundo piso, ve la puerta del baño abierta y un rastro de humedad, le señala una habitación, cuya puerta esta entreabierta – ¿Helga? – abre más la puerta – ¿estás bien? ¿puedo pasar?

Recostada en la cama, boca abajo, yace la chica vistiendo su bata de baño. Mueve una mano al aire, indicándole a Gerald que ingresara.

El moreno localiza una silla y la acerca a su cama – traje esto – la rubia no responde – es café negro, te ayudará a sentirte mejor… lo dejaré por aquí – pone la taza en su mesa de noche, y descubre tres portarretratos. Uno muestra la foto de Arnold (antes de irse a San Lorenzo), otro exhibe una foto grupal, donde sale abrazados: Lila, él, Arnold, Helga, Phoebe y Nadine (en ese orden) y la tercera, más grande, es de Helga cargando en sus espaldas a Phoebe – vaya, hasta yo estoy en tu mesa de noche, y yo que creí que no te importaba nadie.

– Jaajajaja que bobo eres chico de chocolate jajaja – Helga se gira, asomando sus adormecidos ojos azules entre la maraña de húmedos mechones rubios – a mi naaaadie me importa, yo soy Helga Geraldine Pataki.

– ¿Geraldine? – pone los codos en la cama, y despeja la frente de Helga – así que tu segundo nombre es Geraldine.

La rubia le dio una boba sonrisa – shhhh, que no se entere naaaadie jajaja – pasa los dedos por sus cabellos y se atoran en un nudo de pelo – malditas greñassss.

– Aguarda un segundo – va por un cepillo y comienza a peinar su cabello – ahora si que perdí el juicio, estoy peinando a Helga en su alcoba – y dime Helga, desde cuando pues… tus padres…

– ¡Toda su vida era perfecta, con la perfecta de Olga! – se cruza de brazos y le da la espalda – ¡hasta que yo nací!

Esto hizo que el chico se sintiera mal – disculpa – continua desenredando su cabello.

Sin moverse, Helga contesta – esta bien chico de chocolate, no esss tu culpa que yo fuera un accidente.

Por un instante, Gerald dejo de cepillar su pelo, ¿qué puede responder ante eso? Da un suspiro y reanuda su labor – el único accidente aquí, son todas esas cervezas que bebiste Helga, promete que no lo volverás a hacer.

– ¡Criminal! si yo no bebo tanto.

– Pues el barman opina lo contrario.

Helga voltea su cara – ¿Michael? ay por Diosss, si con dificultadesss me da dosss cervezas.

– ¡¿Entonces que diablos te sucedió?! – sin darse cuenta, pierde los estribos y deja de peinarla – y quiero la verdad.

– Shhhh – la mano de Helga se elevo, y la posó en la cara de él – shhh baja la vozzz, que te puede escuchar.

– ¿Escuchar? tu mamá esta dormida en la sala – le confirma.

– ¡No hablo de Miriam! – la pálida mano continua explorando torpemente su rostro – se va a enterar de que me quería dessshacer de él.

Abriendo grande los ojos, el moreno da en el clavo – ¿hablas de…? – Helga le calla, poniendo el dedo índice sobre sus labios – shhhh silencio jajaja.

Esto era el colmo, primero le hace ir a un bar de dudosa reputación, encontrándola vestida de manera provocativa, con varias copas encima y rodeada de unos estúpidos que intentan abusar de ella; después tiene que hacerse cargo de una Helga ebria, que se burla de él y le confiesa en su cara, que todo lo hizo para deshacerse de él – ¿no creerás todo el show que ella ha montado, cierto? – recordó las palabras del barman.

Furioso, Gerald alejo la mano de Helga y se puso de pie – ¡si que soy estúpido! ¡mierda! – arroja el cepillo y da vueltas en la alcoba, con las manos en las sienes.

– Jajaja, si tú lo dicesss chico chocolate – mueve la mano en el aire y la deja caer, quedando el antebrazo colgado en el borde del colchón.

– Ya no pienso caer más en tus trucos – aprieta los puños y se da la vuelta.

– ¡ESSPERA! – grita Helga – ¡no le vayas a decir a naaaadie!

Frustrado, el moreno se regresa – ¡¿y contar como pase esta noche?! JA, no gracias – sale de la habitación.

– ¡Tampoco a Gerald!

La puerta de la habitación se abrió de nuevo – ¿cómo dices?

– Tú sabesss, el chico afro – pasa una mano por sus cabellos – no quiero que sepa del plan, digo… al principio quería dessshacerme de Gerald, pero la verdad esss – se rueda para quedar boca arriba – que me gusta estar con él… aunque no merezca estar con nadie.

Esta nueva y desconcertante información, puso el engranaje que faltaba a todo este rompecabezas llamado Helga. La canción, el dolor en sus ojos, lo que dijo el cantinero, las fotos en su mesa de noche, la clara ausencia e indiferencia de su padre y el problema latente de su madre, daban como resultado una persona triste y solitaria, que demostraba haber perdido desde hace mucho, la ilusión de sentirse aceptada por alguien, quizás desde que se fue Phoebe, o Arnold.

Todo mundo se percató, del duro golpe que fue para Helga perder a Arnold, y alguien como ella quizás no lo supo manejar de la mejor manera. Y ahora, estaba convencida de que era una persona terrible – no quiero que se vaya, snif… siempre terminan alejándose de mí.

Más calmado, el moreno se hinca frente a su cama – te prometo que Gerald no se va alejar de ti – se inclina y le da un beso en la frente – y no le voy a decir nada.

Una lágrima indiscreta baja por la mejilla de Helga – ¿ni a Lila?

Él le niega con la cabeza – tampoco a ella – toma con delicadeza su mano y la acuna en las suyas – es hora de que duermas.

Otra lágrima desciende de sus ojos – ¿ya te vasss?

– Estaré aquí hasta que te duermas – pasa los dedos y retira las lágrimas de sus mejillas.

Esa dulce caricia en su mejilla, hizo que Helga usara la mano de Gerald como almohada, fijando sus tristes ojos azules, en los castaño profundo del chico. Ambos permanecieron así, hasta que la rubia quedo profundamente dormida.

Verla dormir tan plácidamente, con sus largos cabellos dorados enmarcando su rostro, ya sin todo ese maquillaje, le despertaban no solo sentimientos de protección para ella, sino que algo en su interior (desconocido para él), le obligaba a mantener la vista fija en sus labios. Despacio se fue inclinando hacia ella, quedando tan cerca de su rostro, que las respiraciones de Helga topaban con su nariz. Cerró los ojos, y pudo percibir el olor del shampoo que emanaban sus cabellos, así como la esencia natural de la piel húmeda de Helga.

El sonido de su celular, hace que de un gran salto, saca el teléfono de la bolsa del pantalón y responde en voz baja – ¿b-bueno?

¡Gerald por Dios! ¿no has visto la hora? ¿desde cuando sales tan tarde los lunes?

– Sí, digo no mamá, disculpa no he visto la hora.

Ya es tarde jovencito, y será mejor que ya vengas a casa.

– Sí mamá – finaliza la llamada y sale de la pieza (negándose mentalmente a mirar a Helga), pasa al baño a recoger su chaqueta y sale de la casa, confundido – ¿acaso yo? – rueda los ojos a la residencia que se levanta frente a él – ¿estaba a punto de besar a Helga? – se sube a la moto de Michael – Santo Cielo ¿qué me está pasando?

Esta noche, Gerald no iba a poder dormir, pues su cerebro tenía que procesar mucha información, toda relacionada a Helga Geraldine Pataki.

0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0 - 0

ConTinUarA…

El plan principal de Helga, de librarse de una vez por todas de su molesto "acosador" parece habérsele revertido, acercándolos más sin querer. Gerald ha visto varias facetas de Helga que desconocía, la chica tiene buen cuerpo, canta, sus padres no le prestan atención, y parece que esto lo ha confundido más. De lo que esta convencido, es de que no importa que lo pase, de ahora en adelante, él no la abandonaría.

Quizás, esto podría beneficiar a Rhonda, aunque Gerald desconozca totalmente los macabros planes de la pelinegra.

Nos leemos después ;)

MaRyMoRaNTe:)