Disclaimer: No lo repito más. Al principio me remito.

Aviso: SPOILERS HD. SLASH, relación chico-chico.

NdA: Lo siento, pero este capítulo ha perdido el tono humorístico. Pensad que originariamente era un oneshot, y al seguirlo ha cobrado vida propia. Ahora no sabría como etiquetarlo. Espero que os guste, a pesar del giro.


La tienda de los Deseos

Capítulo 4. El partido

- ¿Vas a confiar en la palabra de esa serpiente?- La cabeza de Ron ardía en la chimenea del salón de Harry.

- No tengo más remedio.- Tenía cierta garantía, ya que había pagado por su silencio, pero eso no se lo iba a decir a Ron.

- Bueno, lo hablamos esta noche.

- No voy a ir Ron, tengo que ir a La Madriguera a buscar a James y Lily. Ginny no volverá hasta el domingo.- Por no hablar de lo cansado que estaba. Había sido un día difícil.

- Pero va a venir John. Deja a Albus también con mis padres.- Si él no venía, podía ir despidiéndose de la noche de juerga por el Soho. Harry nunca le dejaría ir solo con el atractivo proveedor de pociones.

- Pues ir vosotros. Pídele a George que os acompañe.

- ¿De verdad no te importa?- No iba a insistir mucho, Harry no era buena compañía cuando salían por bares de ambiente. Siempre acababa enfadado, y se tenían que ir cuando el ambiente empezaba a animarse. Total porque no le gustaba que bailase con otros. ¿Si él no quería bailar qué tenía que hacer¿Quedarse sentado con una copa en la mano?- Tu mismo. Nos vemos el domingo en La Madriguera, entonces.

- Nos vemos. No bebas mucho.- Pero la chimenea ya se había apagado.


Ron sabía que algo había ocurrido en la mansión Malfoy. Harry no actuaba con normalidad. Iba a dejarle salir solo por el Londres gay! Peor, con John! Buscó a George en su despacho.

- A Harry le ha pasado algo con Malfoy. Dice que no va a hablar, y que no le ha pedido nada a cambio.

- ¿Y va a confiar en la palabra de esa serpiente?- La asombrosa compenetración de los hermanos Weasley. El estar todos los días juntos empezaba a suplir el no haber nacido en el mismo parto.

- Dice que sí, pero creo que no lo tiene tan claro. Está raro. No va a venir esta noche. Pero me ha dicho que salga yo.

- ¿Con John¿Solos? Definitivamente está raro.

- Bueno, me ha dicho que te pida a ti que vengas.- Ron miró a George.

- Si, puedes pedírmelo.- George miró a Ron.

- Ven esta noche.

- No me apetece.

- Vale.

- Vale.

- Te quiero, George.

- Yo también, Ron.


El sábado hizo un espléndido día soleado, perfecto para jugar al quiditch.

Dos chicos llegaron corriendo al campo, vestidos con uniformes de Slytherin. Allí les esperaban sus padres, uno con el uniforme celeste del equipo auror, el otro con una sencilla túnica negra, que le encajaba como un guante.

- Dos contra dos. – Draco sabía con quién quería jugar su hijo. Ya le iba bien.

- Mejor tres contra tres!- Dos personas se acercaban al campo. – Aquí llegan refuerzos!

- Rose! – Albus corrió a abrazar a su prima, que vestía su uniforme azul.

Scorpius se mantuvo impasible, como un buen Malfoy, evitando que su rostro mostrase la desilusión que sentía. La prima de Albus le caía bien, pero no le gustaba compartir a su amigo. Era muy posesivo, le venía de familia.

Draco no tuvo tanto éxito como su hijo. No pudo disimular el disgusto que sentía al ver desbaratados sus planes, por culpa de la comadreja. Solo le faltaba ver cómo Harry, después de besar a su sobrina, se dirigía hacia Ron, para saludarlo, demasiado efusivamente, para su gusto. ¿Era necesario tanto contacto? Por Merlín! estaban sus hijos delante!

- ¿Qué haces aquí Ron?- Harry aprovechó el saludo para interrogar a Ron. Le había sorprendido su aparición tanto como a Draco.

- He venido a jugar. Porque eso es a lo que has venido¿no? Ginny me llamó. Hacía tiempo que quería traer a Rose al campo de las Arpías.

- Ginny no lo sabía. No se lo dije por si se lo decía a James, ya sabes que se lleva mal con Scorpius. Además, Albus quería estar solo con su amigo.

– Gary le avisó, siguen en contacto.- Se preguntó si Harry también quería estar solo con Malfoy. Le molestaba que ni siquiera le hubiese contado que vendrían.

- ¿Qué haces aquí, Weasley?- Draco se acercó a ellos, una vez recuperado de la ingrata sorpresa. Andaba con paso seguro, rindiendo la hierba a sus pies. Su pelo atado en una cola, se balanceaba a cada paso, lustroso, suave. Era la imagen de la elegancia. La comadreja le había estropeado los planes, pero se iba a vengar, rebajándolo al sitio que le correspondía. – ¿No ganas lo suficiente de dependiente, que tienes que agrandar tu viejo uniforme de Gryffindor?

- Harry me invitó, Malfoy, si sobra alguien aquí eres tú. Aunque entiendo que tú no te enorgullezcas de los colores de tu casa. No hicisteis un buen papel en…

- Ron. – Harry lo interrumpió, los chicos se acercaban.

- Hola Al, Scorpius. ¿Preparados¿Slytherin contra Gryffindor? Como los viejos tiempos. – Ron se esforzaba en recordar a Draco cual era su sitio. Cualquiera lejos de Harry.

- ¿Eso donde me deja, papá?- Rose estaba harta de la visión dual de su padre sobre las casas. La casa de su hermano era la buena, la de su primo, mala. Las otras no eran dignas de mención.

- Vamos cariño, tú eres Gryffindor de corazón. Lo que pasa es que heredaste la inteligencia de tu madre. Y gracias a Merlín, la afición por el quiditch te viene de mí. – Los tres chicos rieron, conocían la imparcialidad del Gryffindor. Harry y Draco estaban demasiado ocupados, mirándose.

- Mejor los chicos contra nosotros.- Draco no quería jugar con Ron, pero tampoco contra Harry.

- Por casas está bien, papá. Si juegas con nosotros estaremos más equilibrados. Contigo y el señor Potter en el equipo contrario no tenemos ninguna posibilidad. - A Scorpius no le gustaba el tío de Albus, por la forma en que hablaba a su padre. Pero ayudó a que el pelirrojo se saliera con la suya, sin saberlo.

- Perfecto! Así mantenemos nuestras posiciones en el equipo. Harry y Scorpius, buscadores; Al y yo guardianes; Rose cazadora. Malfoy, tú quedas fuera de lugar.


Empezaron el juego, antes de que las miradas entre el rubio y el pelirrojo incendiaran el campo.

Harry volaba muy alto, evitando la mirada de los dos hombres. Se sentía en conflicto. Ron era su pareja, pero extrañamente deseaba disculparse con Malfoy. Necesitaba decirle que él no lo había invitado a venir, que no había intentado huir. Que no necesitaba excusas para cumplir su pacto, que no le importaba estar cerca, aunque fuese un pago. Pero lo era. Al fin y al cabo le estaba utilizando. Pues que se aliviase solito. Ron tenía razón, Draco Malfoy no cambiaría, siempre pensaba en él primero. Scorpius se acercó y se mantuvo cerca.

- Has aprendido bien. Marcar al otro buscador. Buena estrategia.

- Me enseñó mi padre. Él no lo admite, pero Blaise dice que era muy bueno. Que sólo le superaba usted. – Scorpius hablaba pero no perdía de vista el campo que sobrevolaban.

- ¿Blaise¿Zabini?- Harry se sorprendió de que Scorpius conociera al Slytherin. Nunca había visto a Zabini acercarse a Malfoy en el andén. Pero las serpientes eran muy reservadas. Lo sabía bien, porque tenía una en casa.

- Si, es amigo de mi padre.- Scorpius notó que el padre de su amigo lo miró un momento, para luego volver la vista al campo. ¿No le caía bien Zabini? Sabía que las relaciones de la generación de su padre habían quedado muy marcadas por el "Asunto Tenebroso", como lo llamaba su abuelo. Él se mantenía al margen. Pero como buen Slytherin, decidió utilizar la información para su provecho, y si el tío Blaise ponía nervioso a su contrincante, seguiría con el tema. Era Harry Potter. Un buscador de leyenda. Si no tenía alguna ventaja sobre él no podría coger la snitch. Y le gustaba cómo lo miraba su amigo cuando la atrapaba. ¿Si ganase a su padre lo miraría igual?- Viene mucho a casa. A mi no me cae muy bien su hijo, pero a veces se lo trae a pasar el fin de semana.

- Ah. Así que son buenos amigos.- Recordaba a Zabini. En las reuniones del club de Slughorn le había parecido un pretencioso. Guapo, pero pedante. Ahora le caía peor.

- Sí. Como usted y el señor Weasley.- Bien, segunda pérdida de contacto visual con el campo.

- No me llames de usted, Scorpius.


En el campo el ambiente se iba caldeando. Rose había logrado colar la quaffle dos veces, la mitad de sus tiros a los aros. Los dos primos estaban muy igualados. Cada uno conocía el juego del otro, aprendido en horas de juego en el jardín de La Madriguera. Su competición no era tan feroz como la que se jugaba en los aros del equipo contrario. Ron había parado todos tiros de Malfoy, que cada vez estaba más cabreado. El juego entre los dos se estaba volviendo violento. Más que intentar acertar en los aros, Draco se lanzaba contra Ron, que recibía el placaje con fuerza. Una de las veces casi lo tira de la escoba, pero Ron se agarró a la túnica de Malfoy para mantener el equilibrio, y aprovechó la cercanía para amenazarle al oído.

- Cuidado, hurón, no sabes jugar en esta posición. No te metas en juegos que no puedes ganar, o acabarás perdiendo más de lo que puedas apostar.

A partir de ese momento Rose no pudo volver a coger la quaffle. El señor Malfoy siempre le había inspirado respeto, pero ahora mismo le daba miedo. Y temía también por su padre. La extraña competición que estaban llevando a cabo se estaba volviendo demasiado violenta. Miró a su primo que permanecía en su posición frente a los otros aros. Él también parecía alarmado.

Albus buscó la atención de su padre, pero estaba mirando a Scorpius. Su amigo sí le miraba, suerte que se compenetraban tan bien en el campo. Con una seña logró llamar su atención. No quería que el partido acabara mal. No ahora que había visto a Scorpius dos veces en una semana y tenían tantos planes para el resto del verano.

Harry notó la tensión de Scorpius, y miró hacia abajo pensando que el chico había divisado la snitch. Cuando vio la mirada de su hijo supo que algo iba mal. Se dirigió rápidamente hacia el campo, justo para ver cómo Malfoy lanzaba con todas sus fuerzas la quaffle, no hacia el aro, sino directamente a la cabeza de Ron. El impacto lo tiró de la escoba, pero Harry reaccionó y logró llegar a Ron antes de que chocara contra el suelo. Los demás también tomaron tierra, Scorpius con la snitch en la mano, pero sin decir nada. Quería ganar, pero no estaba contento de cómo la había atrapado.

Rose se acercó con cuidado a su padre, que todavía se apoyaba en su tío.

- ¿Estás bien papá?

- Sí, solo ha sido un golpe.- Pero no se soltó. Quería demostrar al hurón por quién se preocupaba Harry. A quién pertenecía. Lo miró y sonrió, sabiendo que Harry no vería su gesto de triunfo. Pero Albus sí lo vio, y pensando que su tío ya estaba bien, dio por finalizado el partido.

- Si estás bien, tío Ron, lamento decirte que hemos ganado. Scorpius a cogido la snitch mientras tú te caías de la escoba.- Y se abrazó a su amigo, celebrando la victoria como tantas antes.

- Eh! eso no es justo. Tío, diles que no es justo. – Rose se sintió estafada. Tiraban a su padre de la escoba, y se aprovechaban de que su tío era un héroe para robarle la snitch. Empezaba a pensar que su padre tenía razón con las serpientes.

- Me temo que tienen razón, cariño. En mi tercer curso caí de la escoba, y el otro buscador cogió la snitch. Él quiso que anularan el resultado, pero no lo admitieron. Era legal. Igualmente, no es un partido convencional, Rose. Hoy iba a ser el día de Al y Scorpius, que lo disfruten.- Se apartó de Ron y lo miró enfadado, casi le había estropeado el día a su hijo.- Vamos chicos, a las duchas.

Ron retó a Malfoy con la mirada, y se disponía a seguir a Harry, cuando su hija lo cogió de la mano.

- No, papá, tú te vienes conmigo. Al lado del vestuario femenino está la enfermería, necesitas una revisión. – Rose era igual de práctica y responsable que su madre.

- Rose, estoy bien.- Ni loco dejaba a Harry con Malfoy en los vestuarios.

- Tú no me dejarías ir sin un reconocimiento, papá. He recibido golpes menos fuertes y me has llevado a San Mungo. Agradece que aquí hay un sanador.- Arrastró a su padre hacia sus vestuarios, sin percatarse de las miradas que se lanzaban los dos adultos.


Draco sonrió a la comadreja, y se dirigió sin tardar al vestuario. Entendía porqué la chica había acabado en Ravenclaw. Al llegar escuchó cómo el agua corría, pero Harry no estaba en la ducha.

- ¿Me esperabas?- Se le acercó insinuante. No iba a tenerlo entre sus piernas, no con sus hijos en las duchas y la comadreja merodeando, pero al menos probaría sus labios. Se había quedado con las ganas de saborearlo, y Draco estaba acostumbrado a satisfacer sus deseos.

- Malfoy, escucha.- Harry quería aclarar las cosas. Por eso no había entrado en las duchas. Bueno, por eso y porque tenía miedo de empalmarse delante de sus hijos y de Ron. No sabía cómo reaccionaría al ver el cuerpo de Malfoy, y recordar los sucesos del otro día. – Yo no invité a Ron a venir. Cuando le pedí el campo al entrenador, habló con Ginny y ella pensó que a Rose le gustaría venir. No, escúchame.- Intentó esquivar a Malfoy, que acercaba sus labios peligrosamente, tentándole.

- No quiero escuchar, no me importa. Sé que pretendía Weasley, no soy idiota. Y él sabe lo que pretendo yo.- Mientras hablaba se iba acercando, aprisionándolo contra la pared, colocando la rodilla entre sus piernas.

- ¿Y qué pretendes, Malfoy¿No fue suficiente, el otro día?- Mierda, se estaba excitando. Debía evitarlo, debía relajarse. Ron llegaría de un momento a otro, seguramente solo había ido a acompañar a Rose.

Pero Ron ya estaba en el vestuario. Se quedó parado cuando vio a Malfoy empujando a Harry contra la pared. Había llegado tarde. Maldito hurón, no había cambiado, acorralando a Harry cuando estaba solo. Cobarde.

- Para mi no fue suficiente, Potter. Pero veo que tú también tienes ganas de repetir.- Se separó un poco, solo lo justo para que su mano tanteara la abultada entrepierna. Aprovechó que Harry echó la cabeza hacia atrás, abriendo la boca, para probar esos deseados labios. Le supieron a gloria, a victoria de quiditch. Las lenguas chocaban con violencia, pero perfectamente sincronizadas. Cumplía con las ansias y expectativas de un primer beso, pero también con la experiencia y el conocimiento de los besos de antiguos amantes. Sus bocas no se separaban, respirando la una en la otra, como si se fueran a ahogar al separarse. Sus cuerpos se acoplaron perfectamente. Harry, extasiado se agarró a los mechones de pelo de Malfoy, deshaciendo la cola, sintiendo el sedoso tacto bajo sus dedos. Demasiado fino, demasiado largo. No era el pelo su pelirrojo, y no estaba bien sentirse así, porque con Ron nunca había experimentado algo tan intenso. Se sentía totalmente entregado, en cuerpo y alma, mucho más que la otra vez, al ser poseído. Su fidelidad Gryffindor le hizo deshacer el mejor beso de su vida.

- No! Ron!- Apartó a Malfoy bruscamente, recuperando su espacio.- Estará a punto de venir.

- El otro día no pensabas en la comadreja, cuando gritaste mi nombre.- Draco estaba furioso. Había sido llevado cerca del éxtasis con tan solo un beso. El beso. El mejor beso de su vida y acababa despreciado. Pero a un Malfoy no se le desprecia.- Es la última vez que me rechazas, Potter. Recuerda que no fui yo quién te fue a buscar.

Ron hubiese valorado el gesto de Harry, sino hubiese entrado en shock. Lo había perdido. Lo supo en cuanto vio la pasión que destilaba el beso. El cabrón de Malfoy había ganado, pero había que reconocer que jugaba muy bien. Solo esperaba que no hiciese daño a su amigo, o pagaría las consecuencias. George y él se ocuparían de ello.

Los chicos salieron de las duchas, desnudos y mojados. Alegres, por la victoria, y simplemente por estar juntos. No se dieron cuenta de la tensión que flotaba en el ambiente, absortos en ellos mismos. Se vistieron y se disponían a celebrar su pequeño triunfo cuando se dieron cuenta de que se había acabado la fiesta.

- Nos vamos Scorpius. Potter.- Malfoy salió disparado, tenía ganas de llegar a la mansión y romper algo. Su hijo le siguió, obediente, lanzando una última mirada a su amigo. En la puerta se encontraron con Ron. Si las miradas hubiesen sido maldiciones estarían los tres tirados en el suelo, Scorpius de rebote.

- Tío Ron¿estás bien? tienes muy mala cara.

Ron ni siquiera miró a Harry, al entrar en el vestuario. No estaba enfadado, entendía la situación, a él también se le había ido un poco la mano, la otra noche, con John. Pero no podía evitar sentirse traicionado, despechado. En primer lugar se trataba de Malfoy. Había que reconocer su belleza, aunque el tipo pijo no estuviese dentro de sus preferencias. Pero guapo o no, era Malfoy. Habían sido enemigos durante años, le habían criticado, se habían reído de él juntos y le habían hecho más trastadas que a Peeves. Pero lo que más le dolía era que nunca se había sentido así en brazos de Harry. Era como si todos esos años de enfrentamientos hubiesen ardido en un apasionado beso. También él se había quemado en esa hoguera.

- Estoy bien. ¿Te vienes a La Madriguera con nosotros? tus hermanos ya están allí, y mañana comemos todos juntos.

- ¿Puedo papá?- Su padre asintió con la cabeza, incapaz de articular palabra.- Genial! Podremos jugar un partido todos juntos! Voy a buscar a Rose!

- Nunca tienes bastante¿eh?- Miró a Harry, y le inspiró pena verlo sentado en el banco, con esa cara de desolación que tanto conocía. Pero esta vez no le tocaba a él consolarlo. Ya tenía bastante con recoger los trozos de su propio corazón. – Nos vemos mañana, Harry.

Harry asintió con la cabeza, pero no elevó la mirada. Se quedó solo, sentado en el banco del vestuario, pensando. Siempre tomaba decisiones preocupándose de cómo afectarían a su alrededor. Y casi siempre acababa haciendo algo que dañaba a los que más quería. No podía seguir soportando la responsabilidad que él mismo se había adjudicado. Necesitaba un cambio. Debía hablar con Ron, con Ginny, con sus hijos. Luego, una vez liberado del peso, iría a buscar a Malfoy. Para liberarse también. Pero no sabía si del chantaje o de la presión que sentía en el pecho desde que se había separado de sus labios. Intuía que no podría volver a respirar con normalidad hasta que lo viese de nuevo. Definitivamente, su vida necesitaba un cambio.

Continuará...