Una historia original de NikkaFuza y LuenePetris
Traducida por Asideilogica21 y Vaana.
Capítulo 4 - Don't Stop Believin'
Strangers waiting
Up and down the boulevard
Their shadows searching in the night
Streetlights, people
Living just to find emotion
Hiding somewhere in the night
Don't stop believin'
Hold on to the feelin'
Streetlights, people
Journey
Habría sido un almuerzo muy raro si no fuera por Iván y su infinita gama de historias. Claire participaba activamente en la conversación, pero cada vez que yo decía algo me ignoraba completamente. Dimitri hacía sólo una que otra observación, manteniendo casi todo el tiempo una postura neutral y casi indiferente. No sabía si era de ese modo todo el tiempo o si sólo estaba así porque estaba presente. Y, realmente, no tenía idea de cuál era la peor opción.
Después de la comida, Iván y yo nos despedimos y él me llevó a casa.
- Te dije que lo conseguirías. - el rubio dijo cuando estábamos ya dentro del coche. - Conozco a Dimitri. -
- Tengo la impresión de que no le he caído muy bien. - acabé comentando.
- Ah, relájate, él es así. No está muy a gusto con extraños. -
- Muy reconfortante. -
Entonces él realmente estaba actuando de aquella forma taciturna por mi causa. Eso no me ayudaba en nada a relajarme.
- ¿Por qué tienes esa cara? - Iván preguntó después de observarme por unos segundos. - ¡Ánimo, mujer! Has conseguido el empleo. ¿No era lo que querías? -
- Lo es. - suspiré. - Sólo me estoy preguntando si conseguiré hacer el trabajo. Yo realmente no sé nada sobre los niños, a menos que se trate sobre el cuidado de un paciente. -
- Si tú sabes manejarlos en ese tipo de situación, será mucho más fácil con una niña increíblemente saludable, Rose. No te preocupes. -
- Espero que tengas razón. -
- Ustedes van a llevarse bien, te lo aseguro - él sonrió. - Pronto van a enloquecer a Kirova juntas. -
- ¿Y qué es lo que le ocurre a aquella mujer? Ella es tan extraña, parece el alma en pena de una película de terror. -
- Ah, ahora tengo más que certeza de que ustedes se van a entender bastante rápido. -
- ¿Quiénes? ¿El alma en pena y yo? - pregunté confusa. Dudo que esa mujer pueda ser agradable.
- No, tú y Claire. - Iván rio y entonces me arrojó una mirada condescendiente. - Sólo sé tú misma, Rose. Se aquella chica fuerte y obstinada que conozco no te dejes intimidar ni por ella ni por Dimitri y todo saldrá bien. -
Sonreí para él antes de que volviera de nuevo su atención hacia la carretera. Era increíble cómo Iván me conocía hace tan poco tiempo y ya me veía de esa forma, o eso era sólo su pseudo-atracción por mí hablando más alto. Pero, de cualquier forma, sus palabras me hicieron sentir, momentáneamente, un poco más de confianza mientras nos dirigiamos al edificio de Lissa en un silencio cómodo.
- ¿Estás segura que no quieres que te espere para llevarte de vuelta a la casa de Belikov? - preguntó al estacionar el coche frente a nuestro destino.
- No es necesario. Voy a tardar un poco en arreglar todas mis cosas y todavía tendré una conversación con Lissa sobre mi mudanza. -
- ¿No le has contado nada a ella? -
- No. - dije mientras encogía los hombros. - Me pareció mejor antes estar segura de que el empleo sería mío para ahorrarme una discusión innecesaria. -
- Entonces me imagino que será una larga conversación. -
- No tienes ni idea. - sonreí mientras me inclinaba hacia él dándole un beso en la mejilla. - Gracias por todo lo que hiciste por mí. Nunca seré capaz de devolver tu amabilidad apropiadamente. -
Algo brilló en el fondo de aquellos ojos azules mientras me alejaba y sentí que su mano izquierda resbalaba por mi brazo derecho.
- Rose... -
- Debo irme, Iván. - di mi mejor sonrisa ya abriendo la puerta y desvinculándome de lo que él quería hacer. - Tengo que volver allí hoy. Gracias de nuevo. -
Entre al edificio sin mirar hacia atrás y subí ansiosa a arreglar las maletas. Sabía que Lissa probablemente estaría en casa, ya que era su día libre y ella no me había advertido de que tuviera ningún compromiso. No iba a ser nada fácil explicarle que me iba.
Al abrir la puerta del apartamento la vi en la cocina revolviendo algo en la estufa.
- Rose, finalmente has llegado. - dijo ansiosa. - Intenté contactarte, pero tu teléfono estaba apagado. -
- Se le habrá terminado la batería. -
- ¿Dónde has estado? No te vi ayer antes de ir a trabajar y cuando desperté hoy ya te habías ido. -
- Estaba en una entrevista de trabajo. - suspiré, dirigiendome a mi cuarto, mientras Lissa venía detrás de mí animada, llevando una taza con algo humeante dentro. Sólo espero que ese líquido no venga a parar encima de mí cuando empiece a enloquecer con las novedades.
- ¿Fue aquella para la que Iván te llamó? - Liss preguntó. - ¡Cuéntamelo todo! ¿Dónde es? -
- Es en San Petersburgo. - respondí mirando mi cama donde mis ropas estaban esparcidas. Lissa las empujó hacia un lado para sentarse y empecé a doblarlas tranquilamente para ganar tiempo.
- ¿Y qué más? - ella insistió después de algún tiempo de silencio, percibiendo que yo no iba a decir nada más. - ¿El trabajo es en una clínica? ¿En un centro de rehabilitación? -
- Bien… En realidad, no son unas prácticas... Medio que voy a trabajar fijo para una sola persona... - ¿Por qué no podía decir todo de una vez?
- ¿Vas a atender a un paciente particular? - Lissa pareció entusiasmada. - Entonces a la persona le debe haber gustado mucho tu trabajo... ¿Qué estás haciendo? -
Ella se interrumpió cuando jalé una enorme maleta de debajo de la cama para poner las ropas ya dobladas.
- Me voy a mudar, Liss. - sonreí de forma débil. - Voy a vivir en mi nuevo empleo. -
- Espera, ¿qué tipo de empleo es ése? - preguntó desconfiada abandonando la taza semi llena en la mesita de noche lo que me dejó un poco más tranquila. - No es necesario que te mudes para trabajar como fisioterapeuta. -
- En realidad, voy a trabajar como niñera. - al fin revelé la verdad sin mirarla, volviendo al armario para recoger el resto de la ropa.
- ¿Como? ¿Niñera? ¿Estás loca? - Ella se puso de pie y empecé a lanzar mis ropas sin mucho cuidado en la maleta para poder terminar lo más rápido posible.
- Liss... - empecé a intentar explicarme, pero ella no me dejó continuar.
- No me vengas con Liss ¡Nada de eso! Rose no puedes simplemente mudarte a la casa de unos completos extraños. - Lissa empezó a caminar nerviosa de un lado a otro yo tomé otras dos bolsas para colocarlas abiertas sobre la cama y comenzar a llenarlas.
- Él no es un completo extraño. - suspiré.
- ¿Él? ¿ÉL? ¿Vas a trabajar de niñera para un hombre? Me imaginé que sería para una pareja. -
- Él está recién divorciado y solo con una niña de siete años. Y como dije, no es un completo extraño, Liss. Él es... - una vez más no he podido proseguir.
- ¿Ah no? ¿Entonces supongo que lo conoces muy bien? - interrumpió con desdén, evite su mirada desaprobadora agachándome para alcanzar mis zapatos dentro del armario. – Porque hasta donde yo sé, no conoces a nadie que tenga hijos. -
- Bueno, lo conocí hoy cuando... - traté de explicar.
- ¿QUE TU LO HAS CONOCIDO HOY? - Esta vez ella realmente gritó, quitándome el par de sandalias que estaban en mis manos y tirándolas de cualquier manera sobre la cama. - ¿Qué hiciste? ¿Te fuiste a pasear por el parque y decidiste trabajar como niñera para el primer hombre caliente que apareciera con un niño? -
- No fue así, Liss. Y estás empezando a ofenderme. - Dije mientras la miraba, colocando los zapatos sueltos en una maleta antes de ir al baño a recoger mis artículos de higiene personal.
- ¿No has aprendido nada de confiar en extraños con todo lo que pasó? Me pareció que Nathan había sido suficiente experiencia para una vida, pero veo que me equivoqué. -
- No te atrevas a hablarme de aquel cerdo. - gruñí ahora lanzando yo las cosas que estaban en mis manos sobre la cama para encararla. - Sabes muy bien que lo que pasó no fue culpa mía. No tenía ni idea de cómo era en realidad y creo que he pagado muy caro por ello. -
Mi voz se rompió al decir la última frase, cerré mis ojos para controlar las lágrimas que amenazaban con brotar cuando los malditos recuerdos volvieron a mi mente. La forma en que me agarró y me arrojó de cualquier manera sobre la cama, sus puños golpeando mi cuerpo...
- Lo siento, no debería haberte dicho eso. - Lissa interrumpió mis pensamientos sombríos haciéndome que me enfocara de nuevo en su cara. El arrepentimiento reemplazó a la rabia en aquellos ojos verde jade y apenas asentí, retomando mi tarea.
Por unos minutos nos quedamos en silencio. Lissa se ocupó de doblar correctamente las ropas que estaban esparcidas de cualquier forma dentro de las maletas mientras yo seguía recolectando todo lo que estaba en el baño. Ella parecía estar eligiendo con más cuidado sus próximas palabras.
- Es sólo que... No entiendo cómo puedes mudarte a la casa de un completo desconocido así sin más, y mucho menos después de aquella experiencia. -
- Liss, si me dejaras explicarte en vez de enloquecer tal vez lo entenderías. - hablé de forma cansada, mientras me sentaba en la cama por un instante.
- Explícamelo. - Lissa se sentó a mi lado con una expresión seria.
- Él es amigo de Iván. Ellos crecieron juntos y es el padrino de la niña o algo así. Tú sabes que nunca me dejaría ir a vivir a la casa de alguien en quien no confía totalmente. -
- Rose... - ella comenzó de forma insegura - ¿Esto es por lo que pasó con Christian? Lo siento mucho, prometo que nunca más se repetirá. -
- No, no tiene nada que ver con eso. - mentí un poco. Realmente ese episodio contribuyó mucho a mi decisión. - Sólo necesito un empleo. No tengo dinero para nada, ni para pagar el alquiler, ni siquiera para poner comida en la nevera. -
- Estoy consiguiendo pagar todo, Rose. Realmente no tienes que someterte a esto. -
- Pero yo no quiero que pagues por todo. - exclamé volviéndome a exasperar. - ¿No lo entiendes? -
- Somos un equipo, ¿Recuerdas? No me importa ayudarte por un tiempo.-
- ¡Me importa a mí! Y tú no vas a poder pagar mi préstamo estudiantil de todos modos.-
- Encontraremos una manera de hacerlo. Estoy segura de que si hablas con tus padres... -
- No, Liss. Eso está fuera de consideración. - Me levanté para reanudar la organización y comencé a recoger algunas pertenencias que estaban sobre el escritorio y dentro de los cajones para meterlos en una mochila. - Sabes muy bien que no voy a hablar con ellos.-
Las cosas podrían haber resultado mejor si yo hubiera hablado con mis padres, pero jamás olvidaría las palabras de Janine cuando finalmente les di la noticia de que no había actuado a la voluntad de ellos. Después de gritos y acusaciones, ella dijo que nunca sería capaz de vivir sin el sustento y los lujos que Abe me proporcionaba y que no me daba ni un mes antes de que volviera corriendo pidiendo ayuda.
Sólo que probé que ella estaba equivocada. Llegué hasta aquí sin un dólar del viejo, trabajando duro como camarera y otros pequeños empleos que conseguí y ahora no iba a admitir una derrota. A pesar de no tener los mismos privilegios descubrí que vivir por mi propia cuenta era realmente liberador.
- Dije que lo conseguiría y eso es lo que voy a hacer, independientemente de lo que pase. - suspiré terminando de guardar algunos artículos de maquillaje y perfumes en una bolsa de mano. - Y ya di mi palabra, no voy a volverme atrás. De hecho, tengo que volver pronto a San Petersburgo. -
- ¿Te vas hoy? - Lissa preguntó sorprendida y herida. - ¿Vas a abandonarme así sin más ni menos? -
- No sea dramática, Vasilisa. - puse los ojos en blanco. - Yo no te estoy abandonando, solo no voy a vivir más contigo. -
- No va a ser lo mismo, Rose. - ella hizo un puchero poniéndose de pie mientras yo comenzaba a cerrar las maletas.
- Piénsalo por el lado bueno. El tarado de tu novio puede venirse a vivir aquí y vosotros vais a poder hacerlo como conejos en cualquier lugar de esta casa sin correr el riesgo de traumatizar a nadie. -
Lissa bufó y salió fuera de la habitación pisando firme. Aproveché para cambiarme de ropa por un vestido más ligero que había separado antes y eché un vistazo a todos los rincones para comprobar que nada había quedado atrás. Todas mis cosas entraron en tres maletas y una mochila, aparte de lo que conseguí meter en mi bolsa de mano.
Mi amiga resurgió minutos después de llamar un taxi, trayendo una bolsa de tela con varias pertenencias mías.
- Había tomado prestadas estas cosas tuyas. - suspiró y empezó a ayudarme a cargar las maletas para el hall del apartamento.
- Lissa, deshazte de esa cara de entierro. Vamos a seguir viéndonos en nuestros tiempos libres. -
- No es por eso por lo que estoy así, Rose. Sólo creo que deberías pensar mejor al respecto. Una cosa era vivir de subempleos antes de formarte, ¿Pero ahora? Si tienes paciencia pronto vas a encontrar algo en tu área - insistió unos segundos antes de que la puerta del ascensor se abriera para colocar mis cosas.
- Sólo que ya no puedo esperar. Y sabes muy bien que no es tan fácil encontrar trabajo. -
- ¿Estudiaste siete años de tu vida para terminar como niñera? ¿En serio? - Lissa intentó otro enfoque.
- ¿Recuerdas a David? Él que se graduó el año pasado y hacia nuestras uñas los fines de semana. -
- Claro que lo recuerdo - ella frunció la frente, no comprendiendo mi cambio súbito de asunto. - Mis manos nunca más fueron las mismas desde que dejé de arreglármelas con él. -
- Pues entonces puedes buscarlo. Lo transformó en un empleo a tiempo completo desde la graduación ya que no consiguió nada. -
Ella me miró incrédula.
- También está Marianne que está trabajando en la limpieza en Miami y George que está vendiendo seguros. - enumeré. - Ah ¿Conoces a Henry? Está trabajando como empleado en McDonalds. También tiene el... -
- Está bien, está bien. Ya sé. - Lissa respondió malhumorada mientras vaciamos el ascensor en la planta baja. - Pero todavía creo que estás precipitándote. Aunque no sea en tu área otra cosa mejor puede surgir.
¿Mejor que ese salario descomunal? Lo dudo mucho.
- Liss, ya basta, por favor. No quiero seguir discutiendo contigo. Me voy y punto final. Y, además, esto es lo que quiero. -
- ¿En serio? ¿Quieres ser una niñera? Tú tienes miedo de los niños. - ella giró los ojos.
- Esa chica es... diferente. - respondí saliendo a la calle cuando vi el taxi esperando.
- Tu padre se va a morir cuando lo descubra, Rose. - Lissa apeló a otro lado. - Él va a morir, matarte y luego matarme a mí por dejarte hacer esta locura. -
- Él no nos matará si ya está muerto. - dije riendo mientras observaba al taxista intentar encajar todo en el maletero. - Y él no va a descubrirlo si tú no se lo cuentas. -
- Apuesto que esto va a ser como cuando entraste a la universidad. Casi tuve la certeza de que Abe y Janine iban a teletransportarse a través de la línea telefónica. Y él realmente hizo algo cerca de eso. Ningún vuelo de Pensilvania a Florida es tan rápido como aquel. -
- Ellos sólo lo van a descubrir si se los cuentas y tú no vas a hacer eso ¿Verdad? - dije envolviéndola en un abrazo. - Te mando un mensaje tan pronto como llegue. Voy a estar bien, Liss. -
- Voy a extrañarte mucho, Rose. - ella lloriqueó.
- Vamos a seguir viéndonos con frecuencia. Te lo prometo. Su casa está a menos de media hora de aquí. -
- Y al final ¿Quién es él? Tú no me lo has dicho. -
- Dimitri Belikov. - respondí encogiendo mis hombros. Realmente dudo que ella vaya a conocerlo.
- ¿Dimitri Belikov? - ella abrió los ojos. - ¿El Quarterback de los Bucs? -
- ¿Lo conoces? - pregunté sorprendida. ¿Desde cuándo Lissa sigue el fútbol?
- Claro, él... -
- Muchacha, tenemos que irnos - el taxista interrumpió.
- Debo irme, Liss. Te llamo tan pronto como pueda. - Le di un rápido abrazo y entré en el coche, dejando a una Lissa sorprendida atrás.
Le indiqué la dirección al conductor y pasé el viaje entero pensativa.
A pesar de haberle dicho a mi amiga que quería hacer esto, muchas preguntas todavía rondaban por mi mente. ¿Qué me esperaba? ¿Voy realmente a conseguir cuidar a la chica? ¿El trabajo va a ser tan simple como Iván me garantizó?
Antes de que cualquier respuesta cayera mágicamente en mi regazo paramos frente a aquella gigantesca casa. El taxista me ayudó a llevar las maletas hasta la puerta, le pagué y toqué el timbre.
Eran cerca de las ocho de la noche y el sol se iba poniendo. El horario de verano alargaba los días al máximo, lo que era óptimo, porque amaba el sol, a pesar de que el verano de Tampa acercaba a la ciudad a ser una sucursal del infierno. Hoy el día tuvo una temperatura considerada 'amena' para aquella época del año, pasando los treinta grados.
- Dios del cielo. - Kirova exclamó al abrir la puerta y verme. - ¿Qué ropas son esas? -
- ¿Qué? - pregunté sorprendida. No era la recepción que yo esperaba.
- El señor Belikov está preparando la cena de Claire. - ella dijo sin responder, abriéndome paso para que arrastrara mis maletas hacia adentro. - Usted ya sabe cuál va a ser su habitación ¿Verdad? Lleve sus maletas allí. -
Una vez más ella me inspeccionó de arriba abajo y yo misma miré mi vestido para ver lo que tanto la había espantado. No vi nada inadecuado en él.
- Ya preparé su uniforme de trabajo. Mientras que usted esté cuidando de la niña debe usarlo. Sin excepción. Cuando no esté de servicio puede usar su ropa, pero trate de mantenerse más decente que eso que lleva puesto. -
- ¿Eh? Yo... -
- Usted está perdiendo nuestro tiempo aquí. No puede dejar estos trastos esparcidos por la entrada, llévelos ahora mismo a su cuarto - la loca me interrumpió. - Ve, rápido chica no tengo toda la noche. -
Kirova se volvió dándome la espalda y salió marchando hacia algún lugar y no se dignó a ayudarme con las maletas. Equilibré lo que pude de la mejor manera posible y seguí el camino que recordaba para llegar al cuarto. Conseguí acertar la habitación y abandoné lo que llevaba en la entrada, volviendo para buscar el resto de mis cosas.
Cuando cerré la puerta, vi un juego de uniformes esparcidos por la cama. Camisas polo de color rosa bebé, pantalones vaqueros blancos y unos zapatos keds blancos.
¿Es en serio que quieren que utilice esta ropa? Eso era simplemente horroroso. Además, utilizar pantalones largos con el calor de Tampa era con certeza la mayor estupidez del mundo.
Respiré profundamente por un instante y decidí no discutir. Ahora yo seguía órdenes, así que no había mucho que pudiera hacer.
Pasé un buen rato guardando mis ropas en el armario y organizando mis pertenencias por la habitación y el baño, así que fui a refrescarme. El baño era maravilloso. Hace siete años que no disfrutaba de algo así diariamente y tuve la certeza de que podría acostumbrarse a vivir allí fácilmente.
Dentro de la casa la temperatura era muy agradable y, por eso, decidí ponerme un pantalón corto y una blusa roja de tirantes anchos.
No sabía si sería apropiado salir de la habitación por ahora, entonces decidí quedarme allí, a pesar de que estaba empezando a sentir un poco de hambre. Hacía menos de una hora que estaba en aquella casa y ya me sentía totalmente perdida.
Observé como la oscuridad había tomado el cielo desde la ventana de mi cuarto y mandé un mensaje a Liss avisándole de que llegué bien. Simplemente no la llamé porque no estaba preparada para una ronda de preguntas a las que no sabría que responder.
Fue entonces cuando escuché un golpe en mi puerta.
- ¿Sí? - pregunté desanimada al ver a Kirova allí parada. ¿Esta mujer no me dejará en paz?
- El señor Belikov desea verla en su oficina. - dijo y se dio la vuelta dándome la espalda.
- Eh, espera. No sé cómo llegar hasta allí. -
- Sígame. - Kirova giró los ojos. - Y trate de no perderse. -
Caminamos silenciosamente por los pasillos y ella me dejó en la puerta de la oficina. Después de golpear, oí a Dimitri mandarme a entrar con ese acento tan sexy.
- Señorita Mazur. - me saludó e indicó una silla frente a la mesa en la que estaba acomodado. - Por favor siéntese. -
- Sólo Rose, por favor. - pedí una vez más después de sentarme y observar el lugar. Era una habitación pequeña en comparación con otras de aquella casa, pero bien acogedora.
- ¿Se ha instalado correctamente? -
- Sí, gracias. - sonríe. Eso era extraño.
Él se detuvo un instante midiéndome tal cual lo hizo Kirova, pero no pude identificar si él aprobaba o desaprobaba mi vestimenta por su mirada neutral.
- Entonces Rose, le pedí que viniera aquí, pues porque necesitamos discutir algunos detalles. En primer lugar, aquí están las llaves del coche que va a usar para llevar a Claire y una copia de las llaves de la casa para que pueda caminar libremente. -
- Gracias. - dije cogiendo las llaves que él me extendía.
- Como le dije, mi hermana vendrá a hablar con usted entre mañana y pasado. Ella es quien administra toda mi agenda de trabajo y cuida de algunos de mis compromisos financieros, entonces cualquier problema al respecto deberá ser discutido con ella. También he pedido a Viktoria que traiga una copia de mis horarios durante la temporada. -
Dimitri hizo una pausa y me observó, tal vez, para ver si lo estaba entendiendo y asentí para demostrar que sí.
- Por el momento. - continuó - usted sólo debe garantizar que Claire no incomode a Kirova. Ella está de vacaciones por una semana más. Las clases empiezan en la primera semana de agosto y usted garantizará que no falte o se retrase. -
- Sí señor. -
- Hasta el inicio de la temporada tendré descanso los domingos y por lo tanto, ese será también su día de descanso. Durante la semana estoy ocupado en el campo de entrenamientos por las mañanas, pero la mayoría de las noches estaré en casa si no hay un compromiso con mis patrocinadores. De esta forma puede haber algunos horarios libres para usted. -
- ¿Y cuándo comienza la temporada exactamente? - pregunté pensativa. Realmente no sé nada sobre fútbol americano.
Como esta mañana, vi una leve sombra de una sonrisa pasar por sus ojos castaños. Él debe creerme una lunática. ¿Quién en este país no seguía el fútbol americano?
- Septiembre. - Dimitri respondió, sin embargo, sin ningún cambio en su voz. - Seguirá hasta enero si no clasificamos para los playoffs, pero el Super Bowl se disputa el primer fin de semana de febrero. Será cuando su tiempo libre pasará a ser los martes, con excepción de las semanas en que hay partidos en lunes y en jueves. Probablemente mi primer viaje será sólo a finales de septiembre, lo que le dará un buen tiempo para adaptarse a la rutina de Claire.
- Entiendo. - contesté a pesar de estar encontrando esos horarios medio locos, pero ¿Quién era yo para discutir?
Espero conseguir realmente adaptarme. Si bien esta temporada de juegos era muy corta. ¿Se quedaba de vacaciones el resto del año? Eso sí que era vida. Ganar millones y tener unos cinco meses de descanso.
- Mañana tengo entrenamiento por la mañana. - el ruso me hizo volver mi atención una vez más a él. - Saldré a las siete de la mañana y volveré a las cinco de la tarde. Claire debe despertar como máximo a las nueve para tomar el desayuno. Kirova te presentará a Sonya Karp. Ella es nuestra cocinera. ¿Tiene alguna duda, Rose?
- No señor. - En realidad todavía estaba curiosa con la cuestión de sus vacaciones, pero pensé que no era adecuado preguntar.
- Eso es todo por hora entonces. - Dimitri obviamente me estaba dispensando. - Espero que tengas todo lo que necesitas. -
- Si lo tengo. Gracias. - di una leve sonrisa antes de levantarme y caminar hacia fuera.
- Rose. - me llamó cuando estaba a mitad de camino de cerrar la puerta, haciéndome interrumpir el movimiento para mirarlo. - ¿Ya has cenado? -
- En realidad no. - admití, frunciendo la frente, sin entender lo que él quería.
El ruso me miró por unos segundos como si estuviera pensando en lo que iba a decir, lo que aumentó aún más mi confusión por su pregunta. ¿Por qué le importaría eso?
- Usted es libre de prepararse lo que quiera en la cocina. - dijo por fin. - Ya te dije que quiero que te sientas como en casa aquí. -
- Ah, cierto. Gracias. - agradecí de nuevo un poco desconcertada y me fui de una vez.
Por un instante tuve la impresión de que iba a hacerme alguna invitación, pero acabó cambiando de idea.
Como yo realmente estaba hambrienta, seguí la sugerencia de Dimitri y me dirigí hasta la enorme cocina. Revisé los armarios y la nevera en busca de alguna cosa fácil, ya que no quería arriesgarme a cocinar nada, y acabé recalentando los restos de unos macarrones integrales con salsa boloñesa que encontré. Yo realmente odiaba cualquier cosa que pudiera ser comprada en tiendas de productos naturales, pero admito que esto estaba muy bueno. Si fue esa la comida que el ruso había preparado para su hija más temprano, este hombre definitivamente era una bendición de Dios.
Al volver a mi cuarto me sentía exhausta. Me puse mi pijama y caí directamente en la cama después de cepillarme los dientes. Esta mañana me desperté ansiosa sin saber si tendría o no un empleo y ahora iba a dormir siendo empleada y viviendo en una casa completamente extraña, rodeada de desconocidos. Eso sí que es un giro.
No tuve un sueño exactamente tranquilo, tal vez por la nueva cama, me desperté al día siguiente muy temprano. Oí a Dimitri -probablemente- pasar por el pasillo y bajar las escaleras.
Seguí hacia el baño para hacer mi higiene y luego me puse mi ropa de yoga. Tendría tiempo suficiente para practicar un poco antes de encarar mi nueva rutina diaria.
Decidí abrir la puerta de cristal de mi habitación que daba a un patio y me extendí allí, dejando el sol bañar mi piel. Hice los ejercicios durante casi una hora, entonces me vestí con aquel uniforme horrible que Kirova me había dado y bajé para tomar el desayuno.
Allí no tenían nada que me gustara, por lo que decidí salir a comprar mi propia comida. Había visto una cafetería no muy lejos de la casa cuando vine ayer y seguramente tendría tiempo suficiente para ir hasta el lugar a pie y volver antes de las nueve.
- Kirova. - avisé cuando la encontré de camino a la puerta. - Voy a salir para comprar algo para comer, no tardaré mucho tiempo. -
- Espero que no. Usted no querrá retrasarse el primer día viviendo en su lugar de trabajo. - dijo, claramente desaprobando mi plan. Salvo que conseguí ir y volver a tiempo.
Llegué completamente sudada poco antes del horario estipulado por Dimitri para despertar a Claire. Aquel uniforme era caliente como el infierno, pero decidí respirar profundamente y simplemente aceptarlo.
- Usted debe preparar el desayuno de Claire. - Kirova me alertó cuando pasé por ella para ir al cuarto de la niña. - La señorita Karp sólo llega para el almuerzo. -
- ¿Qué? No tengo idea de lo que come un niño. – termine dejándolo escapar.
- Entonces creo que estás en el trabajo equivocado, chica. -
- ¡Pero qué mierda! -exclamé ¿Qué es lo que una niña de siete años come en el desayuno? ¿Cereales?
- Cuidado con esa boca cerca de Claire. Ella ya tiene pésimos modales sin necesidad de alguien para enseñarle más formas equivocadas. - Kirova me reprendió. Esta mujer es un verdadero grano en el culo.
- Está bien. - murmuré. - ¿Puedes ayudarme, sólo por esta vez? -
- Ella come todos los días yogurt con ensalada de frutas. - la mujer dijo después de una pequeña evaluación. - Creo que mejor deberías aprender rápidamente cómo funcionan las cosas por aquí. -
- OK, gracias. -
Corrí hasta el cuarto de Claire para despertarla y ella me miró malhumorada antes de encerrarse en el baño. Por lo menos la chica consigue manejarse sola con esas cosas, ¿No?
Decidí separar una ropa para ella, entonces abrí su armario y quedé instantáneamente sorprendida con lo que vi allí. Había una infinidad de vestidos colgados en perchas, de todos los colores y para todas las ocasiones. Tenía algunos que parecían hechos para una muñeca Barbie, pero otros eran muy bonitos.
- Yo uso la ropa que está en los cajones. - la voz de Claire me sobresaltó y la miré parada en la puerta del baño con el pelo atado en una cola de caballo. - Ni pienses en intentar convencerme de ponerme uno de esos vestidos idiotas. -
- ¿Por qué no? - Tienes algunos bien bonitos aquí - hablé abriendo el primer cajón y sacando de allí una camiseta cualquiera. Mostré lo que tenía en la mano a la niña, y ella volvió los ojos, y se dirigió al armario para escoger ella misma lo que iba a vestir.
Claire no respondió a mi pregunta sobre su ropa. Sólo vistió lo que le pareció mejor y bajó a la cocina. "Yo conseguí preparar su desayuno de forma adecuada - al menos creo que sí, ya que ella no se quejó de nada -, entonces ella se fue a la sala y se sentó frente a la televisión para seguir viendo uno de esos vídeos que estaba viendo con Iván ayer.
Durante toda la mañana ella se quedó allí ignorándome totalmente. No había nada que yo pudiera decir o intentar, ella no me dejaba acercarme.
Terminé renunciando a intentar conversar sobre algún asunto con Claire y me quedé en la cocina después del almuerzo, observando a Sonya Karp organizar los platos en el lavavajillas. Ella fue extremadamente amable conmigo desde el momento en que me vio. Debería rondar los treinta y cinco años y era muy bonita, con cabellos castaños oscuros y ojos verdes.
- ¿Cuál es el problema de la chica? - pregunté a la cocinera.
- Claire es siempre así con las nuevas niñeras. Por lo menos hasta que ella decide si le gusta o no la persona. - Karp dijo sonriendo de forma indulgente. - Si le gustas, ella comenzará a abrirse. -
- ¿Y si no le gusto? - pregunté incierta de si quería saber la respuesta.
- Entonces ella va a hacer de su vida un infierno hasta que usted dimita. - ella rio y me hundí en el baquillo en la que estaba sentada. - Juro que tuvo niñeras que duraron sólo tres días. -
- Qué maravilla. - hablé desanimada. - ¿Y cuánto tiempo tarda hasta que Claire decide? -
Era obvio que yo sería la próxima en ser torturada por la niña. No había posibilidades que de un niño pequeño me tomara cariño, soy pésima con ellos. Simplemente no los entiendo.
- Pueden ser algunas horas, puede que sean algunas semanas. - La mujer se encogió de hombros. - Pero no te preocupes, tengo la impresión de que vas a estar bien. -
- Espero que sí. - suspiré. – realmente necesito este trabajo o tendré que admitirle a mis padres que soy un fracaso y volver a Pensilvania. -
- Eso sólo va a suceder si tú continúas rindiéndote de esta manera como lo estás haciendo ahora. Rose, sólo dale una oportunidad para que te conozca. -
Sólo esperaba que Karp estuviera realmente segura.
Siguiendo su consejo, fui a la sala donde la niña todavía veía los partidos, para volver a intentarlo una vez más.
- ¿Qué estás haciendo? - Le pregunté sentándome junto a Claire.
- Viendo dónde mi padre se equivoca en las jugadas para poder comentarlo con él cuando llegue. - respondió como si fuera la cosa más obvia del mundo.
- ¿Y a él le gusta cuando lo haces? -
- ¿Estás ridícula con esa ropa, lo sabías? - Claire me cortó, mirando de lado hacia mí.
- Sí, lo sé. - murmuré. Está a simple vista que no le voy a gustar a la niña. ¿Por qué todavía estoy insistiendo? - ¿No ves, no sé, dibujos? -
- ¿Tengo cara de ser una bebé por casualidad? - preguntó enojada. - Apuesto a que vas a ser igual que todas las otras niñeras y vas querer obligarme a aprender el nombre de las princesas Disney. -
- Bueno, no tienen por qué gustarte las princesas necesariamente. - le indiqué pensativa. - A mí nunca me gustaron. -
- Tú estabas vestida como una princesa ayer. - Claire me acusó de forma petulante. - Dudo que no te gustaran las princesas y no quieras vestirme como una de ellas. -
- Que yo use un vestido no significa que me visto como una princesa. - respondí en el mismo tono. Entonces ¿Era por eso que no le gustaba esas ropas lindas en su armario? ¿Por no querer parecer una muñeca o algo parecido?
- Yo no te creo. -
- Ok, vamos a hacer lo siguiente. - hablé después de tener una idea. - Me encanta ver los dibujos y nunca involucran a las princesas. Puedo seleccionar mis favoritos y los vamos a ver juntas. -
-No tienes cara de alguien a quien le gustan los dibujos. - la niña dijo levantando una ceja de la misma forma que el padre.
- Ok, es verdad, no me gustan, pero puedo buscar hasta encontrar uno que las dos vamos a disfrutar ¿Qué te parece?-
- Está bien. - ella se encogió de hombros. - Mañana podemos ver una película si consigues una. -
- Bueno. - Sonreí ya planeando coger mi notebook para buscar algunas opciones.
Finalmente creo que conseguí algún mínimo avance, ella no me estaba ignorando por lo menos.
Pero había una cosa en la que Claire tenía toda razón: Me veo patética en esta ropa.
