La primera vez que conoció a sus padres adecuadamente

16 de agosto de 1998

Ron estaba cagado. No veía posible que pudiera sobrevivir a esa noche. Si llegaba a aparecerse sin ninguna despartición, seguro diría algo tan desconsiderado o inapropiado que querría morirse. Pero Hermione no entendía qué le daba tanto miedo de la situación.

-En serio Ron, son solo mis padres- le había dicho cuando él le había contado su preocupación ante lo que para él sería el fin de su existencia-. Saben que estamos juntos y no tienen ningún problema con eso. Además, estoy segura de que va a ser una cena agradable; mi madre va a cocinar filetes.

-¿Qué no tienen ningún problema conmigo?- repitió Ron incrédulo-. Oh genial, eso es lo que todo tío quiere oír cuando va a conocer a los padres de su novia. Muy alentador.

Hermione rodo los ojos antes de darle un beso apasionado que le hizo olvidarse temporalmente de todos sus problemas.

Ya había pasado casi dos meses desde que los Granger habían regresado a Inglaterra, y durante esas semanas Hermione había estado dividiendo su tiempo ayudándolos a reacomodarse en casa, también había empezado con sus deberes como Delegada ayudando a la Profesora McGonagall a asegurar que Hogwarts estaba lista para reabrir en un par de semanas, y además morreándose con Ron. Como cabía esperar, Ron solo estaba particularmente contento con una de estas actividades. Hermione no había vuelto a casa de sus padres, algo que había sorprendido a Ron hasta ella le confeso con lágrimas en los ojos que ya no se sentía tan cómoda como antes en la casa en la que había crecido. Al parecer, aunque sus padres no estaban demasiado disgustados y teniendo en cuenta que la chica no había pasado el verano en casa desde que tenía trece años, Hermione se sentía culpable por la situación. Pero a pesar de que Hermione estaba viviendo con los Weasley, solo se la podía encontrar en La Madriguera por las tardes.

Ron estaba feliz de pasar la mayor parte del día con George, disfrutando del auge del negocio tras la reapertura de la tienda a finales de julio, sin embargo, no podía evitar desear poder estar dentro de una burbuja con Hermione e ignorar al resto del mundo durante unos días, o ya que estaban, semanas. ¿Era todavía demasiado temprano en su relación para irse de vacaciones juntos? Habían compartido cama muchas veces cuando ambos ansiaban compañía y consuelo tras los horrores vividos; la guerra podría haber acabado, pero las pesadillas seguían allí, y Ron había descubierto con rapidez que era infinitamente mejor tener a alguien a quien abrazar o que lo abrazase que estar solo cuando estas ocurrieran.

Aunque las cosas entre ellos ya no eran tan raras y estaban más cómodos el uno con el otro, todavía no habían llevado su relación al siguiente nivel, físicamente hablando. Ron no negaba que si Hermione le pedía ir más allá, él estaría encantado de complacerla inmediatamente. Pero ella le había confesado que no estaba lista una noche después de casi saltar encima de él; además, acostarte con tu novia bajo el techo de tus padres no era lo apropiado. Ron suponía que sus padres ya debían de saber que Hermione se pasaba la mayor parte de las noches en su habitación, pero se habían abstenido de intervenir en la situación. Bueno, aparte de una conversación muy incómoda que había tenido con su padre unas semanas atrás sobre la poción anticonceptiva.

Si era totalmente honesto, Ron sentía que vivir en casa empezaba a parecer algo extraño en general. Y es que por mucho que le gustara La Madriguera, había alcanzado una edad en la que lo que tenía más sentido era mudarse. Por eso estaba planeando irse con Harry a Grimmauld Place en septiembre, que ya habrían terminado de limpiar la casa y se habrían deshecho de la mayoría de los objetos de magia oscura que seguían por allí.

A pesar de no que no veía a su novia tanto como le gustaría y que seguía tratando con los efectos de la guerra, y que ambos hechos se escapaban de su control, la vida de Ron iba bastante bien. Pero claro, eso había sido antes de que Hermione le hubiera dicho que sus padres querían cenar con ellos antes de que ella regresase a Hogwarts. Ron se había pasado el resto de la semana preocupado y recibiendo el consejo de todos: Harry le había dicho que fuese él mismo; en cambio Ginny, le había dicho que bajo ninguna circunstancia no debería ser él mismo; Bill le había aconsejado que se vistiera muy bien, que hablase educadamente y que se comportase como si fuera a conocer a la familia real. La última sugerencia solo le llevo a preguntarse cómo demonios eran las cenas con la familia de Fleur.

Tal vez el que menos le había ayudado de todos había sido George.

-Asegúrate de no mencionar delante de su padre las ganas que te tienes de llevarte a la cama a su hija. Y ni se te ocurra decirle a su madre que ya sabes de donde ha sacado Hermione su belleza porque es realmente repulsivo y solo los capullos empalagosos hacen eso. Ah y si te preguntan sobre tus intenciones, te sugiero que huyas porque no hay una respuesta correcta a esa pregunta. ¡Si quieres te puedo dejar un poco de Polvo Peruano de Oscuridad Instantánea!

No habiendo hecho caso de esa información tan inútil, Ron estaba más desesperado que nunca la noche del domingo que marcaría su fin. Mientras se miraba al espejo y se colocaba el jersey marrón que picaba una barbaridad pero que se veía elegante para la ocasión y que su madre le había comprado, trato de calmar sus nervios por lo que debía ser ya la cuadragésima séptima vez en lo que iba de tarde.

-Hermione me quiere- le dijo a su reflejo-. Así que sus padres no me pueden odiar. No la voy a cagar.

Casi se lo había creído, pero su siempre servicial espejo le espetó:

-Sigue diciéndote eso, querido.

El pelirrojo frunció el ceño.

-Uno pensaría que después de dieciocho años tendría un poco más de fe en mí.

-Menos mal que el jersey no es ni naranja ni granate- le respondió el espejo en lo que se suponía era una voz comprensiva.

Justo en ese momento llamaron a la puerta. Antes de que a Ron le diera tiempo a responder, Hermione entro en la habitación.

-Tenemos que irnos en un minuto Ron. Mis padres nos esperan a las seis. Oh ves, ya te decía yo que ese jersey te sentaría bien, es genial que tu madre te lo haya comprado. Y tu pelo está genial también, estoy tan contenta de que al final me dejases cortártelo- le dijo hablando a toda velocidad mientras le pasaba los dedos por el pelo fugazmente.

Ron tratando de aparentar que no había estado discutiendo con un espejo, la agarro por la cintura y le dio un beso rápido.

-¿Y eso?- le pregunto ella cuando se separaron.

-Estaba pensando que debía darte uno más- le dijo inocentemente y cogiéndola de la mano mientras bajaban las escaleras.

-Oh venga ya, ¿cuántas veces hemos discutido sobre esto? Te has enfrentado a Voldemort así que no entiendo porque pareces pensar que esto va a acabar contigo- declaro Hermione exasperada.

-Eso no lo puedes saber. ¿Qué pasa si me quedo pillado y empiezo a decir lo placentero que es morrearme contigo?

-No seas ridículo. Además, no sé porque debería que importar eso. Deben de saber que nos besamos si consideramos que tenemos dieciocho años y que llevamos juntos más de tres meses.

-¿Y si se enteran de que ya he tenido el culo de su hija entre mis manos?

-No veo como ese dato puede salir a relucir en una conversación civilizada, Ron.

Siguieron discutiendo hasta que llegaron al final de las escaleras, donde fueron recibidos por una entusiasta Molly que iba armada con una cámara y que se resistía a dejarlos marchar sin antes hacerles unas cuantas fotos.

-Te alegrara tenerlas cuando Hermione vuelva a la escuela, hijo- le dijo con desdén cuando trato de protestar.

Cuando faltaban cinco minutos para las seis, al fin llegaron al límite de los hechizos protectores y se aparecieron. Cuando se materializaron de nuevo en un parque que estaba desierto a unas manzanas de la casa de los Granger, Ron se tuvo que inclinar para combatir las náuseas que le habían provocado la combinación de los nervios y la Aparición. Hermione le froto la espalda para reconfortarlo.

-Todo va a salir bien. Relájate y sé tú mismo.

-Ginny me ha dicho que no sea yo mismo- replico Ron avanzando lentamente por la calle y entrelazando su mano con la de Hermione.

-Tu hermana tiene un sentido del humor de lo más raro- remarco ella-. Sin embargo lo que si te sugiero que hagas es vigilar tu lenguaje.

-De acuerdo- le dijo Ron. Pensó que para Hermione había sido más fácil. Ella les había caído genial a sus padres desde el momento en que la habían conocido, y había pasado tantos veranos en La Madriguera que básicamente era ya parte de la familia. En el caso de Ron, solamente había visto a los Granger en contadas ocasiones, y la última de ellas fue en el extranjero y en un momento en el que estaban tan ocupados que ni siquiera habían notado que estaba enamorado de su única hija. Ron tenía claramente intención de formar parte de la vida de Hermione durante mucho tiempo, y sería mucho más fácil si a sus padres les gustaba. Necesitaba que esa noche fuese bien.

Antes de lo que a él le habría gustado, estaban subiendo los escalones que llevaban a la puerta de la casa de los Granger y Hermione llamaba al timbre. Un minuto después, una señora Granger sonriente les abría la puerta.

-¡Hermione!- dijo afablemente abrazándola y dándole un beso en la mejilla-. Ron, que alegría verte de nuevo- comento la señora Granger mientras soltaba a su hija y le tendía la mano para que se la estrechase. Él la cogió, esperando que no se diera cuenta de lo húmeda que la tenía.

-A usted también señora Granger- respondió Ron con la voz más confiada que pudo reunir.

-¿Han llegado ya?- les llego una voz masculina desde el interior de la casa. La voz fue seguida de cerca por el señor Granger, que repito los saludos que su mujer les había dado. Ron se obligó a sí mismo a mirar a los ojos al padre de su novia a pesar de lo incomodo que se sentía.

-La cena está casi lista- les comento la señora Granger a los recién llegado mientras se quitaban los zapatos en la entrada-. Podemos empezar a cenar ya, las ensaladas están preparadas. ¿Ron te gusta la ensalada?

-Por supuesto- contesto el pelirrojo a pesar de que la verdad era que en su vida había comido ensalada, ya que generalmente optaba por grandes cantidades de carne en vez de verduras.

-Ron come de todo, menos carne en conserva- comento Hermione mientras lo guiaba hacia el comedor. Ron le lanzo lo que se suponía que era una mirada de irritación, pero no le debía de haber salido muy bien porque ella le dedico una bonita sonrisa en respuesta.

En un momento estaban sentados en lo que para Ron era una mesa de comedor anormalmente grande para una familia tan pequeña. La señora Granger les puso las ensaladas delante. Ron probó la suya y decidió que no estaba tan mal cuando empezó el interrogatorio.

-Así que Ron- empezó el señor Granger con indiferencia-, Hermione nos ha comentado que estas ayudando a tu hermano con todo.

-Sí- le respondió Ron-. Reabrimos la tienda hace un par de semanas y el negocio va genial.

-¿Y qué es lo que vendéis?- pregunto la señora Granger.

-Es principalmente una tienda de artículos de broma, pero también tenemos una línea de productos que vendemos al Ministerio. Varios de nuestros artículos son bastante útiles para la seguridad y eso- les comento Ron tratando de hacer énfasis en la última parte, ya que por muy orgulloso que estuviera de lo que habían creado Fred y George, no creía que los padres de la chica fuesen del tipo al que les impresiona una tienda de bromas.

-¿Así que habéis estado dividiendo el beneficio?- le pregunto el señor Granger.

-Como la tienda es suya, George se queda con la mayoría- manifestó Ron con inquietud-, además yo no voy a estar por allí siempre. Empiezo el entrenamiento de Auror en enero.

-Ya os he hablado de los Aurores- intervino la castaña-. Es realmente un trabajo impresionante, y a Ron lo han admitido sin tener que hacer los ÉXTASIS, algo casi sin precedentes.

-Ah, sí. Nos dijiste que son la versión mágica de los policías, ¿cierto?- asintió la señora Granger mientras le lanzaba a Ron una sonrisa alentadora.

-¿Tienes que aprobar normalmente los exámenes de nivel superior para ser policía?- pregunto a su vez el señor Granger.

-Claro- le respondió Hermione-, es uno de los programas más selectivos del Ministerio. Ron y Harry solo han sido admitidos por su extraordinaria experiencia en el campo el año pasado.

-¿Y qué cursos se supone que tienes que tomar para entrar?- continuo el señor Granger.

-Todos los básicos principalmente- contesto el chico sintiendo como sus nervios se iban desvaneciendo ahora que hablaban de algo que le enorgullecía-. Transformaciones, Encantamientos, Pociones, Defensa… aunque también hay clases que se imparte durante el programa de entrenamiento, pero esas son casi todas específicas para el trabajo, como aprender estrategias o a ser discreto. Kingsley nos comentó a Harry y a mí que no estaremos muy atrás a pesar de que nos hemos perdido nuestro séptimo año, porque se aprende todo lo necesario a medida que avanza el entrenamiento. Mientras tanto nos han dado unos cuantos libros con toda la información que podamos necesitar.

-Entonces, ¿es un trabajo muy peligroso?- le cuestiono la señora Granger un poco nerviosa.

-Puede llegar a serlo- le dijo-, la verdad es que depende de lo que esté pasando. Los últimos años han sido bastante malos, pero ahora que Voldemort ya no está y que casi todos sus seguidores han muerto o están en Azkaban, debería ser un trabajo más bien cotidiano. Algunos de los puestos son más bien de estar viajando constantemente, pero Harry y yo nos vamos a entrenar para estar en el Departamento de Asuntos Internos.

-Y a medida que vas escalando en el Departamento, hay más trabajo de oficina- interrumpió Hermione rápidamente.

-¿Qué es Azkaban?- les pregunto la señora Granger.

-Oh perdón, es la prisión- le aclaro el chico-. Está vigilada por Dementores, así que es bastante segura.

-¿Y que son los Dementores?- pregunto esta vez el señor Granger.

Ron le lanzo una mirada de incredulidad a Hermione. ¿En serio les había contado tan pocas cosas sobre el mundo mágico? Ella lo miro abriendo los ojos como platos en respuesta, claramente para que la dejase responder a ella.

-Son solo los feroces guardias de la prisión. Conocen la suficiente magia para mantener a los presos bajo control. Solo ha habido un par de fugas en toda la historia y tampoco es una cosa que vaya a ocurrir en un futuro cercano- dijo Hermione con fluidez.

-Ya veo. Y Ron, ¿está bien pagado ser Auror?- pregunto el señor Granger.

-¡Papá!- protesto la castaña.

-No pasa nada- respondió Ron rápidamente, queriendo demostrarle al padre de su novia que no iba a ser un vago-. No va a ser mucho para empezar, pero definitivamente después de acabar el entrenamiento es un salario decente.

-¿Vas a vivir en casa entonces hasta que tengas algo de dinero ahorrado?- le pregunto la señora Granger.

Ron decidió que ella le gustaba mucho más que su marido. La señora Granger parecía tener mucho más tacto, además de que estaba genuinamente interesada en lo que decía, mientras que el señor Granger tendía a ser bastante directo (no era muy diferente a sí mismo en ciertas ocasiones).

-No, Harry y yo nos mudamos el mes que viene a la casa que heredó de su padrino. La verdad es que es perfecta, no tenemos que pagar alquiler.

-Aunque van a tener que cocinar ellos solos- dijo Hermione intentando aligerar la conversación-. Tengo curiosidad por saber cómo se les va a dar la cocina el año que viene.

-Y eso lo dice la experta cocinera- la provoco Ron.

-Oh cállate. No es que tuviera mucho con lo que trabajar el año pasado- replico la castaña dándole una suave patada.

-Ya, creo que ni siquiera mi madre hubiera podido hacer que esas condenadas setas estuvieran buenas- rio Ron.

El pelirrojo se dio cuenta demasiado tarde de que los Granger parecían un poco incomodos ante la mención casual de que su hija había vivido con dos chicos durante un año. Ron capto la mirada que intercambiaron los padres de Hermione y se dio cuenta de que la señora Granger deseaba que su marido dejase pasar el momento sin hacer ningún tipo de comentario. El chico ya estaba acostumbrado a este tipo de conversación sin palabras, ya que él y Hermione se habían vuelto unos expertos a lo largo de los años cuando trataban de comunicarse sobre Harry sin que este se diera cuenta.

Hermione se aclaró la garganta y cambio de tema bruscamente.

-¿Cómo os va en la clínica? Mamá me ha comentado que han vuelto casi todos vuestros clientes.

-Sí, somos unos afortunados por tener a una clientela tan leal. Muchos han sido más que comprensivos con nuestras pequeñas vacaciones- comentó el señor Granger y Ron soltó un suspiro de alivio cuando la conversación cambio al tema de la odontología, asunto del que estaba absolutamente satisfecho de no saber nada.

Ron pensó que la velada no estaba yendo tan mal. Estaba claro que aún había un poco de tensión entre Hermione y sus padres, especialmente con su padre, aunque no podía saber la causa exacta. Tras unos minutos de charla educada sobre la clínica dental, la señora Granger se llevó los platos vacíos y se fue a la cocina a por el plato principal. El señor Granger aprovecho la ocasión para reanudar el interrogatorio a su invitado.

-Y Ron, ¿cómo lo llevan tus padres? Hace mucho que no hablamos con ellos.

-Están bien- respondió Ron simplemente, sin saber muy bien que más decir.

-Estoy seguro de que están encantado con que vayas a convertirte en Auror- dijo el señor Granger.

-Em, sí- le contesto inquieto sin saber por dónde le iba a salir el hombre-. Lo más probable es que solo estén contentos de que no vaya a vivir con ellos para siempre- añadió tratando de incorporar un poco de humor a la conversación.

-Cuéntame Ron. Hermione dice que la experiencia en el campo que has adquirido durante la guerra es lo que te ha abierto el camino para tu carrera profesional, pero imagino que tus padres no estarán complacidos por que hayas adquirido dicha experiencia- Ron parpadeo lentamente preguntándose de dónde demonios se había sacado eso. Lo más seguro es que no fuera una pregunta socialmente aceptada ni siquiera en el mundo muggle. Hermione estaba realmente incomoda, como si estuviera utilizando toda su fuerza de voluntad para no interrumpir.

-Bueno, obviamente ellos habrían preferido que no hubiésemos tenido que luchar en la guerra- respondió Ron lentamente-, pero creo que dadas las circunstancias, saben que fue la decisión correcta. Solamente es una coincidencia que me haya ayudado en lo que respecta al trabajo.

-¿No temen que vayas a trabajar en un campo tan arriesgado?- presiono el hombre. Hermione parecía que estaba a punto de explotar.

No obstante, Ron sintió que esa pregunta no era tan agresiva y le contesto:

-Bueno sí, pero también saben que puedo cuidar de mí mismo. Lo he hecho desde el día en que llegue a Hogwarts y lo más probable es que mi trabajo diario no sea tan peligroso como algunas de las cosas a las que nos enfrentamos el año pasado.

-Pero seguro que todos os habréis dado cuenta de que por el simple hecho de ser magos no quiere decir que seáis invencibles; Hermione me conto lo de tu hermano. Lo que quiero decir es que ninguno queremos que os suceda a Harry y a ti lo mismo- la voz del señor Granger era tranquila, como si pensara que estaba siendo razonable, pero sus palabras eran duras.

-¡Papá!- exclamo Hermione, incapaz de mantenerse callada por más tiempo.

-He visto morir a mi hermano de veinte años, señor Granger, y no fue el único esa noche. Sé bastante bien que nadie es invencible- dijo Ron con fiereza, sintiendo que estaba temblando por el esfuerzo de estar usando toda su fuerza para mantener bajo control su temperamento. El señor Granger sabría que no quería hablar de su hermano fallecido durante la cena.

-Ron sabe lo que hace, papá- añadió Hermione en una voz que él encontró algo intimidante. Sin embargo, el señor Granger no parecía estar de acuerdo.

-No estoy tratando de ofender a nadie, sencillamente estoy constatando los hechos- dijo con calma.

-Pues supongo que tenemos ideas distintas de lo que es un hecho- contesto Hermione con frialdad. La habitación se sumió en un silencio incómodo y Ron hizo todo lo posible por fingir que estaba en otro sitio, en cualquier otro sitio.

Tras un tenso momento, la señora Granger volvió con los filetes. Dio la impresión de que percibió la tensión entre su marido y su hija, por lo que rápidamente comenzó una conversación afable sobre el inminente regreso de Hermione a Hogwarts, charla que les ocupo el resto de la cena y el postre y que no añadió ningún conflicto adicional. Cuando terminaron de cenar, Hermione y Ron siguieron a la señora Granger a la cocina con los platos sucios mientras que el señor Granger se retiraba a la sala de estar. La señora Granger le dijo a Ron:

-No sé qué es lo que ha pasado mientras he ido a por los filetes, pero por favor Ron, sé que no lo ha hecho con mala intención.

-Ha sacado el tema del hermano de Ron, mamá- intervino Hermione-. Es otra vez la discusión por el tema de los Aurores- Ron le lanzo una mirada llena de curiosidad. ¿Su padre ya había dicho esas cosas antes y ella no se había molestado en decírselo? Pero Hermione solo sacudió la cabeza en su dirección señalándole que ya hablarían de ello después.

La señora Granger asintió comprensivamente.

-Sabes que tu padre tiende a expresar sus opiniones en voz alta. Lo has heredado de él, Hermione. Por desgracia no tiene mucho filtro. ¿Por qué no vas a hablar con él mientras nosotras terminamos aquí, Ron?

-¿Está segura de que es buena idea?- le pregunto Ron indeciso.

La señora Granger le respondió con seguridad:

-Solo tienes que hablar con él. No puedo fingir que nos complazca saber por todo lo que ha pasado vuestro mundo estos años, pero sé que volverá en sí mismo una vez se haya acostumbrado. Le cuesta un poco más de tiempo ver las cosas desde la perspectiva de otra persona, así que creo que le deberías ofrecer la tuya.

Ron trago saliva y asintió, intercambiando una mirada nerviosa con Hermione antes de seguir al señor Granger a la sala de estar, donde se sentó en el lado opuesto de la habitación y evito hacer contacto visual con el hombre. El señor Granger casi inmediatamente encendió la televisión para evitar el incómodo silencio. A Ron no le importó en lo más mínimo ya que el artilugio muggle le había cautivado durante el viaje a Australia. No tenía ni idea de las reglas del juego que estaba puesto, pero se maravillaba con la novedad de ver una imagen en continuo movimiento. Pensó que estaría bien regalarle una televisión a su padre cuando se lo pudiera permitir, ya que era probable que fuese una de las mejores cosas que habían inventado los muggles.

Tras cinco minutos mirando la televisión en silencio, el señor Granger se aclaró la garganta. Ron miro en su dirección, pero el hombre seguía mirando la pantalla. Sin mirarlo a los ojos, empezó a hablar:

-Siento si he sido un poco insensible antes, Ron. Debes entender que esto ha sido demasiado para nosotros.

-Lo sé- le dijo Ron con honestidad-, pero Hermione tiene razón. Sé dónde me estoy metiendo y los riesgos que conlleva- tragó saliva nerviosamente sabiendo que era la discusión más importante de la noche. No importaba que el señor Granger lo hubiera ofendido, aún quería su aprobación. Tenía que probar que era lo suficientemente bueno para Hermione; era la única razón por la que había mantenido la calma hasta el momento.

-Es un trabajo respetable. Los policías son una parte muy importante de nuestra sociedad. Lo que me preocupa es que mi hija haya estado en el centro de lo una guerra cruel y que el hombre del que claramente está enamorada haya optado por seguir haciendo algo tan peligroso tan pronto- le dijo el señor Granger hablando con prudencia.

-Lo entiendo señor Granger. Sé que no es una carrera tradicionalmente estable, pero el caso es que una de las razones por las que voy a hacer esto es ella. No quiero volver a ver a su hija herida nunca más- le comento Ron hablando con más confianza de la que había tenido en toda la noche, mientras recordaba la promesa que se había hecho a sí mismo tras lo sucedido en la Mansión de los Malfoy la primavera pasada. Esa noche fue en la que se volvió plenamente consciente de su futuro, si es que llegaba a tenerlo (algo de lo que no estaba seguro en ese momento). Supo que nunca más querría sentirse así de indefenso y que nunca jamás querría volver a escuchar a Hermione gritar de esa manera.

El señor Granger tenía la mirada perdida cuando le dijo en tono resignado:

-No nos ha contado ni la mitad de las cosas por las que habéis tenido que pasar, ¿cierto?

Ron negó con la cabeza. Sabía que Hermione había omitido a propósitos los detalles más horribles de la guerra de lo que les había contado a sus padres, especialmente sobre su tortura y las partes más crueles de la batalla final.

-No, no lo ha hecho.

El señor Granger asintió, aceptando a regañadientes lo que le habían dicho. Ron veía ahora con claridad por qué había tanta tensión entre Hermione y sus padres, en realidad ellos no entendían todo lo que había visto y soportado su hija desde los once años. Siendo realistas, Ron suponía que no lo podrían entender. En ese momento, sintió una punzada de simpatía por los Granger, se dio cuenta de cómo se debieron sentir al descubrir que su hija había sufrido y que ellos no habían sido capaces de hacer ni una maldita cosas al respecto. Él se había sentido igual mientras estaba atrapado en la mazmorra escuchando los gritos de la castaña y siendo incapaz de hacer nada más que golpear las paredes y gritar hasta quedarse afónico… Repentinamente, Ron salió de su desagradable ensimismamiento.

-¿Señor Granger?- se aventuró con valor. El hombre al fin giro la cabeza para mirarlo, lo que le dio el coraje a Ron para continuar-. Solo… solo quiero que sepa que puede confiar en mí. Me refiero respecto a Hermione. Ella… ella es mi mejor amiga y ahora mucho más que eso, y… solo quiero que sepa que voy a cuidar de ella; ya sabe, en esas raras ocasiones en las que no lo puede hacer por si sola.

El señor Granger soltó una risita.

-Eso suena como mi Hermione. Casi nunca necesita ayuda, y cuando la necesita no quiere admitirlo.

-¿Qué pasa?- les llego la voz de Hermione mientras entraba en la sala de estar seguida de su madre.

-Hablábamos de lo asombrosa que eres- le dijo Ron con una amplia sonrisa mientras ella se sentaba a su lado en el sofá. Ella levanto una ceja, pero Ron sacudió la cabeza con desdén, señalándole que ya hablarían de ello después. Ahora se sentía más a gusto, cada vez que miraba a Hermione y recordaba que esa impresionante y brillante chica estaba enamorada de él, no podía evitar sentirse el hombre más confiado del planeta.

El resto de la noche fue mucho más pacifica que lo que había sido la cena en sí. La señora Granger le enseño a Ron varios álbumes de fotos de cuando Hermione era pequeña que le hicieron reír mientras la chica fruncía el ceño. Cuando llegó el momento de marcharse, se ganó un abrazo de la señora Granger y un firme y sincero apretón de manos del señor Granger. Las cosas no habían ido del todo perfectas, pero Ron había sobrevivido a la noche y se sentía muy bien consigo mismo. Mientras caminaba cogido de la mano de Hermione hasta el punto de aparición, ella le pregunto:

-¿Qué ha pasado con mi padre?

-Hemos llegado a un acuerdo- le dijo el simplemente-. ¿Sabes? Creo que para ellos es difícil entender todo por lo que hemos pasado.

-Lo es- acepto Hermione.

-¿Alguna vez de lo vas a contar todo?

Hermione se mordió el labio mientras contemplaba la posibilidad.

-No estoy segura. Creo que… cuanta menos gente sepa lo de la Mansión de los Malfoy mejor- le dijo con seriedad-. Ya les ha costado bastante aceptar la magia, especialmente a mi padre. No quiero que tengan que lidiar con ese lado de ella.

Ron asintió comprensivamente. La noche en la Mansión de los Malfoy había sido una de las peores de toda su vida. Sabía y entendía que incluso si ella se lo quería contar a sus padres, lo más probable era que no quisiera revivir los acontecimientos de aquella noche. También sabía que durante su estancia en Shell Cottage había estado tomando la poción para dormir sin soñar para evitar revivir el momento mientras dormía, y ya estaba muy familiarizado con las pesadillas que seguía teniendo de vez en cuando sobre ese momento.

Tras un momento, la voz de Hermione lo saco de sus pensamientos.

-A mi madre le gustas de verdad. Ella se abre a la gente más fácilmente que mi padre, y además cree que eres gracioso.

-¿En serio? ¿Estás segura de que no la he atraído con mi increíble belleza?- le pregunto moviendo las cejas sugestivamente.

-No entiendo porque te considera gracioso- replico Hermione, rodando los ojos mientras llegaban al parque.

Ron sonrió y se giró para mirarla a la cara, agarrándola de la mano que le quedaba libre en el proceso.

-Sabes que me quieres- le dijo descaradamente, inclinándose más hacia ella.

-Sí, lo hago- contesto justo antes de acortar el espacio que los separaba.

Cuando se separaron varios minutos después, Ron descanso su frente en la de la chica antes de comentarle:

-Nos hemos vuelto demasiado adorables, hasta el punto de que llega a ser nauseabundo.

Ella rio antes de añadir:

-No nos hemos peleado de verdad desde hace siglos. Es probable que la gente se esté empezando a preocupar.

Ron soltó una risita y la beso de nuevo.

-No necesito pelearme contigo nunca más- le dijo-. Ahora puedo llamar tu atención de esta manera.

-Siempre has tenido mi atención- respondió ella seriamente y Ron no pudo evitar sonrojarse y sonreír con alegría. No le importaba si parecía un capullo, era condenadamente suertudo, y este "periodo de luna de miel" (como lo llamaba Ginny) era malditamente genial. Su relación con Hermione había sido la parte más brillante de unos meses bastante oscuros.

-¿Nos vamos?- le pregunto Ron.

-Llévame a casa, bobo- le respondió ella antes de deslizar sus brazos alrededor de su cuello y tomarlo un poco desprevenido mientras le besada concienzudamente de nuevo. Quizás el ultimo pensamiento coherente de Ron fue que llegar unos minutos tarde a casa estaba bien si era por algo tan maravilloso como eso.


¡Al fin un capítulo nuevo! Estos días he estado más liada que de costumbre y también he tardado más de lo que me esperaba en traducirlo (aunque no tiene ni punto de comparación con el anterior).

Bueno, esta vez la perspectiva de Ron es la que nos guía.

Espero que os haya gustado y ya sabéis que todos los comentarios son bienvenidos. ¡Nos vemos en el siguiente!