Capítulo 4. Saktim.
Me estaba hablando con palabras que no se podía traducir con este casco de forma rara.
–¿Una qué? –pregunté parpadeando, completamente confundida.
Suspiró con paciencia.
–Una Saktim. –dijo despacio. –¿Sabes siquiera que es una Saktim?
Y ahora me está tratando como una idiota. ¡Uuy! ¡Quiero golpearlo!
–No, no tengo idea. –contesté de mala manera.
–Creo que ya encontré a quien estaba buscando Layla. –musitó con molestia.
Aquello no era para mí. Parecía confundido e inseguro, había mencionado una palabra que tampoco se pudo traducir, o es una palabra rara alienígena o era un nombre. Era un nombre, de una mujer, no es la primera vez que lo escucho.
–Layla. –murmuré.
–¿Te suena el nombre? –preguntó, curioso.
–Algo… no con mucha claridad. –dije intentando recordar donde había escuchado aquel nombre. –Creo que lo escuché de mi padre… alguna vez… no sé.
–¿Padre? ¿Tu padre es humano? –preguntó con interés.
–Lo era. –contesté. –Está muerto. –cambié de tema rápidamente, no me gusta hablar de esto. –¿Quién es Layla.. o qué es?
Él pareció molesto por mi falta de respeto a aquella cosa o persona. ¿Es alguien importante?
–¿Cómo te llamas? –preguntó ignorando mi pregunta.
–¿Cómo te llamas tú? –contraataqué. –Es de mala educación no presentarse antes.
Él no pareció importarle si estaba siendo amable o educado, y si a él no le importaba, a mí tampoco tenía porque importarme. No voy a dejar que me trate como se le da en gana.
–Natsu. –contestó sin reclamar. –¿Ya vas a decirme tu nombre?
–Lucy. –dije con tranquilidad. –No creo que mi apellido sea importante.
Natsu reaccionó a mi nombre. Abrió un poco más los ojos con asombro y me miró fijamente como suele hacerlo. Me removí incomoda por su mirada.
–Los humanos no nos miramos tan fijamente. –comenté para que dejara de hacerlo. –Nos resulta muy incómodo. ¿Puedes dejar de hacerlo?
–No eres humana. –repitió con molestia.
–Lo soy, en parte. –insistí. –Nací en la tierra y he vivido ahí por años. Claro que soy humana.
–Nacer en un lugar no te vuelve de ese lugar. –contestó frunciendo el ceño. –Nacer en la tierra no te vuelve humana.
¿Y a él que le importaba? No me conocía. Parecía tratar de convencerme de que no era humana, de que era lo que el llamo como Saktim. Pero ni siquiera sabía cómo eran aquellos seres. Habla de ellos como si él no fuera uno.
–¿Qué eres tú? –pregunté, cambiando el tema.
–Un Snaga. –contestó.
Rayos las pronunciación es medio rara. Snaga.
–¿Y cómo se llama este planeta?
–Rubrum. –volvió a contestar con seriedad.
Uhmm… no entiendo nada. Todo es tan complicado.
–¿Mi madre mandó a esos seres azules, cierto? –pregunté volviendo a mi curiosidad principal. –Sé que mi madre es una alienígena. Una vez mi padre me dijo eso, pero no sé cómo se llama su especie o como se llama ella. ¿Ella no está aquí? ¿No es una Sna-Snaga?
–Ya te lo dije. –dijo con molestia. –Ella, tu madre, es una Saktim y por obvias razones, tú también eres una Saktim. El planeta Saktrum está a unos pocos años luz de aquí.
¡Oh! Agh, me duele la cabeza. Es demasiada información. ¿Entonces si estoy en el jodido planeta equivocado? Vaya suerte la mía.
Me deje caer en la camilla y me hice bolita. Sentía el cuerpo palpitarme del cansancio. Mi estómago se contraía de hambre y mi garganta ardía por agua.
–Tengo hambre y sed. –dije en un leve susurro.
–Necesitas un aseo. –comentó el hombre. –Vamos. –se levantó de la camilla y me ofreció su mano. –Después del aseo te daré de comer.
Sin mucho ánimo de caminar, me levanté de la camilla para tomar su mano con timidez. Mi mano era diminuta en las suyas. Podría rompérmela en un fácil apretón. Él era letal, no puedo bajar la guardia estando con él.
No sé a dónde me llevo. Pero parecía una casa, una casa muy grande con muchos pisos. Tres para ser exactos. Había muebles con formas raras y algunos que eran similares a los humanos. El ambiente aquí era un poco más frio que afuera.
¿Saben lo que es un aire acondicionado? Dios, gracias. Me estaba asando de calor.
El piso era como mármol, era un poco resbaloso con mis zapatos. Pero él, estando descalzo, caminaba sin patinar. En todo el camino, incluso después de entrar a la casa no me ha soltado la mano. Me guió por varios pasillos y puertas hasta llegar a un pequeño cuarto pequeño.
Había una especie de retrete algo raro, era un poco más alto que los de la tierra, si me sentara, fácilmente mis pies quedarían balanceándose. Aun lado había un lavamanos flotante y un espejo encima de este. Del otro lado del retrete, había una zona que debo de adivinar es la ducha. Pero no podía ver ninguna regadera, el techo era extraño, había como una cosa, una placa plateada que cubría el techo y había raros símbolos en una de las paredes dentro de la ducha.
–Bien, aquí puedes asearte. –mencionó el hombre mirando fijamente la ducha.
–Mmm… gracias. –murmuré, nerviosa.
Espere hasta que se fuera, pero no lo hiso y no parecía estar dispuesto a retirarse de la habitación. Estaba recargado en el lavabo cruzado de brazos.
–¿Qué esperas? –pregunta, impaciente.
Lo miré incrédula. No estará pensando en que tome la duche frente a él ¿O sí?
–A que te marches. –contesté frunciendo el ceño.
–¿Por qué? –preguntó, confundido.
–¿Cómo que porque? –pregunté un poco alterada. –¡No voy a dejarte mirar mientras me baño!
–¿Por qué? –repitió esta vez con incredulidad.
–¿Cómo que porque? –pregunté cada vez más enojada. –¿Qué en tu planeta acostumbrar a ver a la gente bañarse?
Él frunció el ceño. Joder, era desesperante.
–Ni siquiera sabes cómo usar esta ducha. –comentó señalando con su dedo índice hasta la rara regadera. –Y por cierto, no me interesa verte desnuda.
Rechiné los dientes con furia, por una parte tenía razón, no comprendía para nada los raro jeroglíficos que aparecían en la pared y la verdad no entiendo el raro mecanismo… ¿De dónde mierdas sale el agua?
Por otra parte, quería patearlo por cabrón.
–Valeeee~ –dije dejando salir todo el aire de mis pulmones, rezando por paciencia. –¿Puedes decirme y luego darme privacidad?
Movía su enorme cuerpo dentro de la ducha y comenzó a enseñarme que es lo que debía hacer. Que botones aplastar después de cada cosa y me indicó de donde se supone salía cada cosa. Una vez cerró la puerta del baño tras él, me aseguré de que tuviera bien el seguro, aunque… no sé qué raro movimiento hiso con su cabeza que hiso un foquito brillar encima de la puerta.
Este lugar es raro.
Presioné los botones como él me había indicado. El instante una cortina de agua me cubrió, agua en forma de lluvia, lluvia que caía del techo cubriendo perfectamente el pequeño rectángulo de espacio. Era perfecto, era tan genial. Era como tener tu propia lluvia, lluvia personal.
Al poco rato, el agua olía a algo parecido a la menta e imaginé que es algún tipo de químicos que están en el agua que esta gente usa como jabón.
Lluvia con Jabón integrado. ¡Cool!
Una vez fuera, me sentí renovada. Ropa extremadamente grande ya estaba lista, doblada y bien planchada. Ropa de color blanca.
Mmm… el blanco nunca fue mi favorito. Pero, diablos, estoy en un maldito planeta a no sé cuántos millones de años luz, no debería quejarme.
La casa era enorme, lo repito, es fantástica. Tiene un estilo futurista muy parecido a la de las películas que salen en la tele. Había mucha tecnología, demasiada para los tipos de personas que viven aquí.
Aquel hombre parecía un guerrero griego mutante con ADN animal. No podía evitar no mirarlo, se movía con mucha agilidad para tamaño mastodonte. Lo envidiaba un poco. Yo era más torpe que un alce con patines. Además de que me sentía muy pequeña a lado de este alienígena.
–¿No hay ropa más… pequeña? –pregunté estirando lo que parecía ser un vestido. –Me queda como una batón.
Él hombre me miró de reojo y sonrió.
–No. –contestó con simpleza. En sus manos llevaba una tipo Tablet híper delgada. –Las mujeres Snaga son mucho más altas que tú. Es lo más pequeño que pude conseguir.
–¿Lo más pequeño? –pregunté, asombrada. –Me lleva el tren…. –murmuré sin dejar de mirar el enorme pedazo de tela que me cubría. –Y me trae de regreso…
–¿Qué?
–Olvídalo. –dije restándole importancia. –Expresiones humanas.
Al parecer los hombres Snaga no eran los únicos mutantes aquí. ¡Santa mierda! Era un completo planeta de guerreros superdotados… no, espera, eso se escuchó muy mal…
–De todas maneras. –continuó… ¿Cómo se llamaba?... aquel hombre, sin despegar su vista de esa rara Tablet. –En poco tiempo habrá ropa de tu talla.
Alcé una ceja, confundida.
–¿Por qué? –pregunté, intentando mirar lo que sea que sea que estaba viendo aquel tipo. –¿Van a llevarme a mi casa?
De repente una oleada de felicidad y emoción me invadió. ¿Será posible? Que estas criaturas, después de todo, sean de buen corazón y se hayan compadecido de este pobre humano perdido.
–Algo así. –comentó.
–¡Oh, dios, sí! –exclamé emocionada. –¡Allá voy Tierra!
El hombre rodó los ojos y apagó la Tablet.
–No vamos a la Tierra. –dijo con voz fría.
Y esa emoción y felicidad, se esfumó, como un encantador sueño al despertar. Dejé caer mis brazos hacia mis costados con pesadez mientras fulminaba al raro alíen frente a mí. Era molesto tener que alzar la cabeza para tener que mirarlo a los ojos.
–¿Ah? –logré emitir con furia. –¡¿De qué hablas?! ¡No hay otro hogar en el Universo que la Tierra!
–Sí, si lo hay. –contestó cruzándose de brazos. –El planeta Saktrum está muy cerca de aquí.
–¡No soy una Sactin! –grité haciendo un leve puchero.
–Es Saktim. –dijo con paciencia. –Y sí, si lo eres. –dio una largo paso hasta estar muy malditamente cerca de mí. Repentinamente me puse nerviosa –¿Alguna vez no has hecho algo que te ha vuelto diferente a los humanos?
Me quede en silencio, mirándolo fijamente, mirando fijamente esos ojos verdes brillar.
Sí, la respuesta a su pregunta era sí. ¡Por dios! ¡Controlo y leo las mentes de las personas si quiero!
Papá siempre me decía que era especial, ¡Vamos!, es lo que siempre le dice un padre a su hija ¿No? Jamás creí que sería tan literal. Podía sentir mis nervios florecer de nuevo.
¿No hay una forma de salir, cierto?
–No quieres aceptarlo. –comentó el hombre relajando sus hombros. –Has vivido demasiado en la ignorancia de los humanos.
Quise contestar, pero ya no tenía ganas de pelear. Estaba terriblemente cansada, tanto física como emocionalmente. Muchas cosas estaban pasando a la vez que parecía irreal, parecía un tonto sueño, un sueño del que deseo despertar.
Un delicioso aroma llegó hacia mis fosas nasales haciendo que mi estómago gruñera como una bestia salvaje.
El hombre sonrió al escuchar mi patético ruego por comida.
Varios platillos de aspecto raro estaban frente a mí. Sinceramente, me daba miedo comer alguna de estas cosas, podría ser cualquier cosa, y la verdad es que soy muy chiqueona con la comida. Deslizó un vaso con un líquido parecido al agua y sin evitarlo tomé el líquido de un solo trago aliviando la fuerte resequedad de mi garganta.
Gruñí de satisfacción. ¿Cuántos días habré pasado sin tomar agua?
–¿Mucho mejor? –preguntó después de terminar de comer. Alcé la vista hacia él y asentí. –Bien. Vamos. Una nave nos espera.
Una nave… espera, ¿Qué?
–¿Tan rápido? –pregunté, preocupada. –¿Enserio vas a llevarme con mi madre?
El ser asintió jalándome de la mano. Ugh, técnicamente tenía que trotar cuando él solo caminaba. Es injusto. Él tiene piernas largas y atléticas, yo por mi parte, tenía piernas cortas.
Jalonee mi brazo, no podía seguir trotando de esta manera, al parecer el tipo se lo tomo como un acto de rebeldía, ya que de un movimiento rapidísimo me colocó, de nuevo, en su hombro y me cargó como un vil costal de papas hasta las afueras.
–¡Hijo de…!
–Guarda silencio, Lucy. –me interrumpió con una sonrisa.
¿Se estaba divirtiendo?
Bufé. Al menos me tengo que evitar el desgaste de la caminata, no es que sea una floja o algo así, de alguna manera, se sentía bien ser cargada por alguien. Nunca en la vida un hombre me había cargado, no estilo princesa, mucho menos como un costal de papas. Aunqueee, no sé si puedo denominar a este tipo como un hombre, no tengo ni el menor conocimiento sobre estas criaturas. Pero si tienen mujeres Snaga, estoy segurísima que este tipo era todo un hombre, si no, estaría muy decepcionada.
Me encantaría leer la mente del tipo. Pero él solo tenía pensamientos en su idioma madre, así que técnicamente no entendía nada. Y no vale la pena gastar energías por pensamientos que no entiendo.
Recargué mis codos en su hombro para impulsarme hacia arriba y así poder ver hacia donde nos dirigimos.
Voy a admitirlo, esta ciudad es muy bonita, limpia, la gente, a pesar de su rudo aspecto, parecía amable y solidaria, aunque algunos me miraban anonadado cuando pasábamos cerca de ellos, solo me dedicaba a sonreír con pena. Los edificios eran altísimos y todos de un mismo color, blanco platinado, también hay algo que me dejó estupefacta. Había… ¿Cómo explicarlo?... tipos carreteras flotantes que pasaban por los cielos rojizos donde eran utilizados por extrañas esferas con gente conduciendo dentro.
¿Carros espaciales?
–Oye, compañero. –hablé tomando la atención del hombre, el me miró de reojo. –¿Por qué no vamos en uno de esos automóviles geniales?
Él alzó la vista, mirando por encima de nosotros las raras carreteras flotantes y a los curiosos autos esféricos.
Pude notar una leve mueca de disgusto
–No es necesario. –contestó volviendo su atención al camino.
Resoplé. La verdad es que si tenía ganas de subirme a esas raras esferas-móviles. Aunque no comprendía el mecanismo con que funcionaban.
Después de una larga caminata, poco a poco se fue vislumbrando una enorme y aerodinámica nave espacial con varios hombres mutantes vestidos con un tipo uniforme negro que se cernía muy bien en el pecho.
Todo hombre con el que pasábamos hacia una pequeña reverencia al gran hombre que me estaba cargando.
¿Es alguien importante?
–Dragneel. –saludó un hombre con cabello negro que parecía tener la misma Tablet en sus manos.
–¿Está todo listo? –preguntó el chico que aún me estaba cargando.
–Por supuesto. Puede partir cuando quiera. –afirmó el otro hombre.
–Ya escuchaste, mujer. –dijo refiriéndose a mí. –Vamos a darle una visita a tu casa.
