FUE SÓLO ALGO DE UNA NOCHE
Twilight y sus personajes pertenecen a SM. La historia es completamente mía.
Capítulo con contenido sexual (+18) se recomienda discreción.
Capítulo 4: La noche
"El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores" -Woody Allen
Una vez en el interior de la habitación pareciera que desde siempre hubieran planeado esto o que esto siempre hubiera estado planeado para ellos. No hay necesidad de pensar y repensar el hecho, no hay que buscar el porque, no hay porque arrepentirse, aun, de lo que pasará entre estas paredes.
Una vez que la puerta se ha cerrado son libres y son esclavos de esta extraña pulsión que hizo sus vidas colisionar, aun antes de que alguno de ellos lo supiera siquiera.
Ella lo tiene contra la puerta y eso a él le excita, es una epifanía sobre si mismo; su historial de relaciones no es muy largo pero todas ellas fueron amores dulces, tiernos y calmados, la ferocidad de la mujer entre sus brazos es algo nuevo, desconocido y atrayente, por un momento lo compara con lo que sintió al contemplar el paisaje oscuro de afuera y está seguro qué es la misma emoción, emoción que ahora lo domina y lo hace actuar.
Él usa una de sus piernas para separar las de ella y su vestido se sube a su cintura, él puede observar sus blancas piernas, las medias que ella usa están sujetas por unos ligueros, él aprovecha para poner sus manos sobre sus caderas, justo sobre el borde de sus bragas, la sostiene fuertemente de la cintura, una vez más le sorprende lo pequeña que ella es en apariencia; él empieza a hacer círculos con sus pulgares sobre la suave piel que a encontrado y ella hace lo mismo pero en su cuero cabelludo y es sólo un momento de desasosiego, es como estar en el ojo del huracán, es como contemplar la calma antes de la tormenta, es algo que no durará.
Al poco ella parece despertar de ese extraño momento de intimidad y lo rompe, haciéndole saber a él que nunca pasó y continúan como lo hicieran antes. Él esta desconcertado por lo rápido que vuelve la atmosfera caliente, eléctrica y sofocante; y lo de hace unos segundos, nunca existió.
Vuelven a besarse y a retomar el ritmo, la cadencia, el deseo oscuro que los ha traído hasta este punto emerge con toda su fuerza, con toda su destrucción. Ella vuelve a tirar fuertemente de él y es como si en el cuerpo de Edward se despertara un instinto que hubiera estado atrapado, ya que responde con la misma fuerza, pero también sin duda, sin miedo y sin memoria. Un extraño embotamiento de sus sentidos se hace presente, uno que hace que el roce más pequeño parezca que viajara magnificado por todo su cuerpo, que los jadeos retumbaran en las paredes, que el calor sea sofocante, que el aire parezca escaso...y surge en él un desconecte con la realidad, porque esto se siente sexual, primario y fugaz, pero no se siente real, en este momento ni siquiera él se siente real.
Y ella, por otro lado, es en este momento cuando se siente viva, cuando su cuerpo despierta, cuando su mente está mas activa, cuando puede comprobar que tiene un corazón por el sencillo hecho de que puede sentir como su sangre es bombeada y se acumula en zonas especiales de su cuerpo, como en sus senos o entre sus piernas, en sus mejillas y hasta en sus orejas; disfruta de la sensación de necesidad que sufre su cuerpo, del anonimato que da el desconocer al otro en todos los aspectos psíquicos, sociales... pero no en los carnales, y la fugacidad, fugacidad de lo que es sólo algo de una noche... porque sabe que no puede dar más, que no quiere dar más a nadie. Y ella está perfectamente bien con eso.
Ella camina hacia atrás en busca de la cama, él la sigue con deseo y porque en ningún momento dejó ella de tirar de sus cabellos, las manos de él siguen en sus cintura y una vez que ella puede sentir el borde del colchón en sus rodillas, lo aleja, de nuevo. Él espera, a únicamente un paso del abismo, y no porque sea paciente en este momento (que si lo es normalmente) es sólo porque sabe que quien lleva la voz cantante es ella y que seguro esperar unos segundos de infierno le pueden traer placeres intensos.
Ella esta complacida y más aun, excitada, con su actitud, así que piensa hacerlo esperar lo más que pueda, porque ella sabe que el deseo es espera, el deseo es necesidad, el deseo es ceguera, el deseo es dolor... pero una vez que tu deseo se ha cumplido, este desaparece, muere, y como en toda muerte, no hay vuelta atrás.
Ellos se miran a los ojos, verde brillante contra café oscuro, el ambiente es el mismo, pero ella ha ralentizado sus movimientos mientras que él está estático en su sitio... ella empieza pasando sus manos, ahora sin guantes, por sus piernas, tomando su falda y lentamente la va subiendo por su cuerpo mostrando los ligueros que Edward ya había encontrado, ella no deja de ir subiendo la prenda y él puede ver encaje negro y transparencias en el vértice entre sus piernas y un poco más arriba un abdomen plano y marfileño, su cintura pequeña... pero antes de poder ver más de su cuerpo ella deja caer la prenda, quedando cubierta de nuevo. Él se siente desesperar, ¿para que toda esta espera? piensa y eso sólo demuestra, que aun en esta extraña y surrealista situación es sólo ella la que conoce los juegos del sexo.
Y en cambio ella, ella disfruta con está espera, está extasiada con la hermosura y actitud inocente de este hombre y entonces llega a su mente una canción*, una canción con melodía rítmica, resonante y sugerente en la cual una mujer canta desgarradoramente como es que todo el deseo que siente por un hombre puro y bueno de corazón hace que le duela el cuerpo, el alma, destrozando su mente hasta convertirla en una bestia que desea consumirlo, desgarrar su ternura, sentir en sus labios su sangre, su corazón. Ella es esa mujer ahora y el hombre de ojos verdes es puro y bueno de corazón, está segura.
Ella se deja caer en la cama, se quita los tacones sin usar las manos, sólo dejando que resbalen por sus pies y mientras lo hace sus piernas se rozan entre si enfrente de él, después ella sube las rodillas al colchón y las separa levemente, dejándose expuesta, sólo carnalmente, para este hombre bueno que espera, que contempla, que agoniza y que desea. Ella lo mira a los ojos, alza su mano en señal de petición y él la toma en señal de rendición, sus dedos se tocan piel a piel y él podría jurar que sintió una sacudida de alguna energía pasar del cuerpo de ella al de él en ese toque tan nimio, tan simple. Pero no hay tiempo de pensar, sólo de sentir, de dejarse llevar, porque como en los cuentos de hadas esto es algo que se desvanecerá con la luz del día, como la ilusión que es.
Ella tira de él, él se deja caer sobre ella y ahora están los dos sobre la cama, él entre sus piernas y justo sobre ella. Ella jala de sus cabellos y acerca sus bocas, sólo lo suficiente para que se rocen sus labios, para que el cosquilleo sea estremecedor, para poder sentir sus alientos mezclarse en el aire caliente que circunda el cuarto y ella muerde, ella succiona, ella da todo y en un segundo lo quita, él siente algo, una sensación estremecedora y acogedora ... dolor. Pero no es un dolor común, como lo es cuando te golpeas con algo y te sale un moretón o tienes una cortada en el dedo, tampoco es un dolor emocional como cuando te sientes desilusionado o afligido, es un dolor extraño que no es ni uno ni otro y es ambos al mismo tiempo, uno que lo quema y reconforta, que lo hace sentir que podría desmayarse o elevarse, es un dolor placentero que le recorre el cuerpo entero pero después se concentra, se acumula, se condensa, se calienta, se arremolina y serpentea en una parte especifica de su anatomía, tanto así que él cree que esa parte podría quedar inutilizable si esto continua así por mucho tiempo. Ella le sonríe, ella lo sabe, ¿es esto lo que querías? piensa é,l teme y está expectante, las sonrisas de ella son letales, siempre hay algo oscuro detrás de ellas, ahora lo sabe.
Ella lo toma de los hombros y con una fuerza que él jamás hubiera intuido de una mujer que en apariencia es tan pequeña y delicada, logra, sin demasiado esfuerzo, reposicionarlos y entonces él queda debajo, ella está sentada a horcajadas sobre él, sobre su punto de dolor; y si es que es posible, la sensación estremecedora ha aumentado, haciéndole sentir el palpitar de la sangre en su cabeza, casi está seguro que de no estar acostado muy probablemente caería al suelo. Ella se mueve ligeramente, él gime en respuesta, ella repite la acción y obtiene el mismo resultado de él. Ella sigue con su juego de pequeña tortura, mientras, él sufre, él disfruta, él la observa, ve como es que pasa sus manos, pequeñas y suaves manos, por su cuello, por sus pechos, por su cintura; él siente que las manos le arden, le pican por tocar algo de su carne, de su néctar, pero ella está tan concentrada en no dar en demasía, en hacer que estas sensaciones duren lo más que se pueda... porque ella sabe que alargando la dolorosa espera es como se magnifica el placer.
Él no puede dejar de observarla, ella tiene los ojos cerrados, la boca abierta, boca por la cual sólo salen largos y tendidos suspiros, su frente está perlada de sudor; ella es igual a él en este momento, un ser ambivalente, uno que goza y sufre, uno que quiere dar y recibir, uno que quisiera vivir eternamente en éste momento y al mismo tiempo olvidarlo.
Ella ha empezado a bajar la cremallera de su vestido, una vez que lo hace deja que resbalen los tirantes por sus hombros y el vestido resbala lentamente, él está impaciente por lo que estira sus manos para ayudar a apurar el camino de la prenda y con un tirón es suficiente. La prenda cae, él observa su cuerpo, ella trae un sujetador negro, como todo lo demás en su vestimenta, sus pechos son turgentes, ni muy grandes ni muy pequeños y perfectos es una palabra que acude a su mente en ese momento; su piel es ligeramente roja en esa zona, puede ver como su pecho sube y baja al ritmo de sus respiraciones agitadas, puede ver como unas mínimas gotas de sudor se deslizan por su cuello, un cuello que ahora tiene unas inmensas ganas de morder y eso es lo que hace.
Ahora él no espera, no se contiene, algo en él se ha liberado, algo en ella ha sido el detonante para que esto ocurriera; él quita con dedos ligeros y hábiles el cabello oscuro y suave de sus hombros, observa como la nívea piel de su cuello retumba rítmicamente al compas de la sangre bombeada en sus venas, él se sienta en la cama, ella sigue en su posición anterior, ambos están cada vez más cerca, él posa sus labios en el punto exacto del pulso y siente el movimiento, el calor; primero es despacio, húmedo y sutil con su caricia pero escucha un gruñido de desesperación por parte de ella, sabía que reaccionaría así, no sabe porque pero sentía la necesidad de comprobar que, por lo menos, algo de ella sabe con certeza.
Empieza de nuevo, ahora sin juegos, el beso es fuerte, rudo y sin pensarlo mucho deja que sus dientes entren en el momento, ella suelta uno de esos gemidos sexuales que vienen desde el fondo de su garganta y él repite la acción; sopla en la zona que ahora está húmeda y enrojecida, la piel de ella se eriza, su cuerpo tiembla ligeramente y en este punto las cosas avanzan más deprisa, más intensamente, como en una melodía oscura que va en crescendo hacía el clímax, las notas preliminares han sido dadas, el camino hecho está y sólo basta seguirlo para llegar al inminente final.
Ella jala la playera de él con fuerza y desesperación, él la ayuda en la tarea de deshacerse de la ropa , todo ahora se sucede más rápido, más apremiante y desesperado; más difuso en la memoria de él, más memorable en la de ella y más trascendental en la vida de ambos.
Los juegos ahora se han terminado y en pocos minutos él está enteramente desnudo frente a una extraña mujer de energía oscura, belleza blanca y pasión roja, mientras, ella sigue en lencería de encaje y transparencias; él quiere verla toda, sentirla, ya no quiere esperar... su deseo parece ser escuchado, ella serpentea por encima de su cuerpo, ella ataca de nuevo su boca, las manos se pierden en la carne del otro, la piel se frota, el calor estremece los cuerpos...pero algo la detiene, él puede sentir su sobresalto y ella se vuelve a retirar; él cree que ella podría matarlo de desesperación, ella se para de la cama, ambos se observan, se comunican, están de acuerdo en esto. Ella va hacía su bolso, que está en algún lugar del suelo, y busca dentro de él, encuentra fácilmente lo que busca y regresa.
Con manos decidías, sin miedo, pena o vergüenza rasga el envoltorio plateado de un preservativo, se acerca lentamente a su posición anterior y se posiciona entre sus piernas, toma su miembro entre sus manos y él siente que todo el aíre vibra, que su corazón se detuvo unos segundos junto con el toque de sus tibias manos; ella le coloca el condón con destreza y ahora no hay impedimentos para continuar.
El ritmo anterior es retomado, las posturas siguen su curso y es como si no hubiera habido interrupción alguna, vuelven a besarse, a morderse, a rasguñarse, restregarse y enloquecerse. Él tira con fuerza y sin miramientos de lo que queda de las prendas de ella, sólo logra hacer salir sus pechos sin haber quitado el sostén pero cree que le gusta más así, en cambio la prenda inferior no corrió tanta suerte; él nunca había hecho algo así pero las bragas de ella han quedado destrozada entre sus manos y se siente extraño, fuera de si, como si en lugar de ser él el protagonista de la escena fuera un simple espectador, tal vez debido a que la sensación de irrealidad sólo ha ido aumentando más y más desde que esto dio comienzo.
Nada puede hacerlos esperar más aunque nada pudo detenerlos, en realidad. En una serie de movimientos que no quedan del todo claros para ninguno de ellos él se encuentra sobre ella y la besa, la muerde otra vez en el cuello, después baja lentamente por entre sus senos, se detiene en ese lugar un momento, escucha los gemidos que vienen de ella, se acerca a uno de sus pechos y pasa su lengua sobre éste, mientras tanto sus manos vagan hacía el sur, entre sus piernas y su caricia es suave, medida y controlada y por lo tanto más desesperante para ella. Ella siente que está a un grado de la locura, no puede esperar más y con un esfuerzo que es casi demencial ella vuelve a reposicionarlos, ahora él se encuentra abajo y ella hace el movimiento que ambos habían estado esperado y evitado con todas sus fuerzas; se deja caer sobre él, se desliza suavemente y ambos se sienten fundir en uno, la sangre pareciera que corre del cuerpo del uno al otro y las palpitaciones acompasan su ritmo, es tan intensa la sensación de la penetración que casi se sienten acabar al mismo tiempo.
Ambos respiran intermitentemente, ella siente algo extraño en el pecho, algo que jamás había sentido antes, algo pequeño, cálido y frágil que no sabe definir; él también siente algo en el pecho, algo grande, pesado y ardiente para lo que tampoco tiene un nombre.
Ella se balancea, primero despacio y después rápido, frenético, mientras boquea por aire, el cuerpo de él se sacude al compas del de ella y entierra sus manos en esa suave piel de ella que encontró y parece no querer soltar nunca, y así, ambos perdidos en el vaivén de sus cuerpos, se pierden a si mismos, se encuentran con el otro y forjan con esa última gran sensación de placer que la hace gritar a ella, que lo hace gruñir a él, el camino que devendrá en dolor.
Su tiempo juntos se extingue, ellos lo saben y nada pueden hacer, nada hay que hacer, piensan que este es el fin de lo que fue sólo algo de una noche, pero las noches oscuras de tormenta, llenas de presagios y deseos secretos, llenas de choques del destino no duran sólo el tiempo que tarda en volver a brillar el sol en el cielo, duran tanto como sufran y anhelen sus almas por dentro.
*La canción a la que se refiere esa parte es la canción del capítulo anterior, Howl de Florence and the Machine
Este es el primer lemmon que escribo nunca... en fin, espero que sea aceptable.
Si hay alguien por aquí sientase libre de expresar lo que sea, hacía esta pequeña historia.
K.M. ;)
