Alewin
Alewin, rodeó el cadáver de aquel hombre. La sangre que había salido del cuello a borbotones también le manchaba los brazos. La muchacha se colocó de nuevo frente a él y se sorprendió al ver que su muerte había sido una verdadera tortura, ella solamente le hubiera clavado una flecha en el corazón o degollado de un solo corte, pero esto iba a un nivel muy alto. Colgado de las vigas del techo con una cuerda que le había asfixiado y como si no fuera suficiente, también el asesino le había sacado los ojos
Se fijó en el suelo y ahí encontró ambas esferas que antes sirvieran para observar el mundo. Alewin recogió uno y lo envolvió en un pedazo de tela
-¿Te molesta si me quedo con uno?- Alewin puso ante el rostro del cadáver la esfera envuelta en la tela y sonrió ironícamente. No importaba que ella no lo hubiera matado, agradecía el favor al que lo había hecho.
El ruido de la puerta principal la sacó de sus pensamiento, alguien había ido a buscar a aquel hombre. Rápidamente y sin cambiar su halo de seguridad, salió por la ventana donde había entrado, pero esta vez no subió al techó. Varios guardias entraron a la casa y una muchedumbre se aglomeró en el jardín con antorchas. Alewin se echó la capucha de su abrigo a la cabeza para pasar desapercibida entre todos.
Cuando llegó de regreso a su habitación en la taberna, se quitó todo aquel exceso de prendas y solamente conservó su ropa interior, se sentía mejor y el dolor ya era mínimo, sacó de su bolso unas cuerdas de cuero y subiéndose al tocador para alcanzar las delgadas vigas del techo las amarró. Sujetándose hábilmente de las vigas, atoró sus pies en las pulseras que había hecho con las cuerdas, se soltó esperando que la madera aguantara su peso, como así fue, quedó de cabeza. Respiró hondo y comenzó a hacer abdominales en aquella posición, sus músculos se tensaban y pronto el sudor comenzó a perlar en su frente
Recuerdo
"La oscuridad era algo palpable ante ella. Llevaba vendados los ojos y amarradas las manos más de una semana. A su alrededor solo podía escuchar como las ruedas del carruaje rompían todo a su paso, y como el conductor de éste cambiaba cada cierto tiempo. Ese día al parecer habían llegado finalmente a su destino. La sacaron prácticamente a rastras del carruaje; su mejilla chocó contra la roca caliente del suelo y luego con una cuerda al cuello le jalaron como a un animal hasta un palacio.
Un guardia la arrojó de una patada dentro del salón oscuro en su totalidad, le habían cortado la cuerda de las muñecas y pudo quitarse la venda de los ojos. A pesar de que en aquella habitación la luz era casi inexistente no pudo evitar parpadear al abrir sus ojos. De tras de ella escuchó una voz aterradora y prontó las llamas envolvieron la silueta de una armadura de hierro.
Trató de echar a correr pero unos orcos le impidieron el pasó y la obligaron a volverse hacía el espectro en llamas. Alewin sintió en ese momento un calor abrumador filtrarse por los poros de su piel. Todo aquel terror terminó en minutos, el fuego se apagó y los orcos se alejaron, solamente quedaron ella y el Señor Oscuro cara a cara, en una habitación apenas iluminada por unas cuantas luces
-Pedí que te trajeran de inmediato ante mi, porque quiero que hagas algo. A cambio recibirás la recompensa que desees- no había palabras para describir la aterradora y horrible voz de Sauron, pero a pesar de eso, Alewin se plantó firmemente ante él
-Yo no haré ningún favor
Sauron pareció desconcertado, se levantó de su trono y levitando entre una bruma de oscuridad fue al lado de Alewin, clavó las garras de hierro de su armadura en las mejillas hundidas de la chica-¿Acaso no sabes quien soy yo? ¿A caso no me temes?
-Se quien es usted. Escuchó su propuesta, pero no le doy mi palabra de que haré lo que me pida
Sauron estuvo relativamente de acuerdo con eso, así que la soltó y cuidó muy bien su argumento
-Hay en la Tierra Media un pequeño ser que no debe de existir. Lo que quiero que hagas es que lo busques y lo mates. Es sumamente poderoso... mas de lo que él imagina
Alewin analizó con sumo cuidado lo que el Señor Oscuro le decía y no pudo evitar soltar una carcajada cuando cayó en la cuenta de lo que había tras fondo
-¡Tú tienes miedo de ese ser!
-¡Claro que no!- apresuró a decir Sauron en un tono bastante molesto, pues por alguna extraña razón no intimidaba tanto a la chica como el hubiera esperado, cosa que para Alewin también era mentira. Ella sentía que en cualquier momento se desmayaría del terror que la acongojaba, pero trataba de salvar su vida
-Entonces por que dices que es poderoso, Muy poderoso
-Eso a ti no te importa. ¡Dime ahora! ¿Vas a hacer lo que te pido?
-¿Por que no lo hace alguno otro de tus lacayos oscuros?
-Por que esto no lo puede hacer cualquier ser oscuro, necesito a alguien menos malvado que nosotros. El poder de esta criatura nos puede detectar, puede ver la oscuridad que nos rodea, así que sabría que estamos cerca antes de que lo pudiéramos atacar...
-Así que necesitas a alguien que se hace pasar de simple humano o campesino. De esa manera él no verá el peligro hasta muy tarde
-Así es
Alewin lo pensó un momento. Sabía que la recompensa iba a ser muy buena por cumplir aquel trabajo, pero la simple razón de que era un favor para el mal, le asqueaba. Se irguió perfectamente y contestó:- ¡No! ¡No haré lo que me pides!
-Entonces tu camino acaba aquí
-No me interesa, al contrario me haces un favor. Al matarme te quedas sin posibilidades de acabar con esa criatura. sabes que nadie mas que yo podrá tomarlo por sorpresa, por eso me llamaste a mi antes que a nadie.
Sauron lanzó un grito que hizo que la tierra se removiera.
A Alewin no le importaba morir, porque no tenía nada por lo cual vivir, solo se dedicaba a cumplir asesinatos y fechorías al amparo de la noche.
-Llévenla a las mazmorras
De pronto los orcos, que en realidad nunca se habían ido, aparecieron tras ella y la jalaron de los brazos para cumplir con lo que el Amo les había ordenado. Les costó mucho llegar hasta las mazmorras porque Alewin no dejaba de retorcerse, se sorprendieron de que a la chica no le importase lastimarse con tal de ser liberad, pues las garras de los orcos comenzaban a incrustársele en la piel y la sangre le corría por los brazos, y al parecer eso no le importaba a la muchacha
Cuando por fin lograron encerrarla. Alewin golpeó toda la noche los barrotes de su celda, la cual estaba ubicada cerca de la lava de los volcanes.
Sauron desde su trono vigilaba todo su imperio. y le llamó especialmente la atención al ver que su prisionera no se rendía como todo el desafortunado que caía en sus indestructibles celdas; él sabía que si dejaba libre a la chica ésta no diría nada en lo absoluto, pues eso incluiría también echarse la soga al cuello ella sola.
Alewin pasó encerrada en aquel infierno dos semanas, en las cuales no comió más que la porquería de los insectos muertos; en las que no durmió y en las que no dejó de buscar una salida"
Fin del recuerdo
Alewin despertó de sus recuerdos; su respiración estaba acelerada y el sudor le bañaba la piel, no sabía cuanto tiempo llevaba haciendo ejercicio, pero su cuerpo le reclamó un descanso, ascendió por última vez, pero cuando estaba apunto de aferrarse a las vigas, la cicatriz que le surcaba a lo largo de las costillas le hizo sucumbir. El dolor era tan agudo que no pudo reprimir un grito, con desesperación trató de zafarse de las correas de cuero.
Aterradoras sombras comenzaron a atacar sus pensamientos y a nublarle la vista, a lo lejos vio el fuego del Ojo.
Las correas reventaron y ella cayó al suelo golpeándose la cabeza, los brazos le temblaban al igual que las piernas. A rastras llegó a una esquina donde abrazó sus rodillas contra su pecho y lloró en silencio. Nunca se irían aquellas sombras, Sauron la había marcado para la eternidad.
Un repiqueteo en la ventana llamó su atención, recortado contra la las estrellas estaba su cuervo Amirendes esperando. Alewin se puso de pie y fue corriendo a la ventana, el cuervo se posó en su brazo.
La chica se recostó en su cama y el cuervo se acorrucó en su abdomen. Nunca había tenido tantas ansias de que el sol iluminara la oscuridad de la noche.
Pronto se quedó dormida
