El ataque de las hormonas

Prince of Tennis

Lady

Capítulo 3: Los Echizen.

El lugar estallaba en vítores para su persona, el sol radiante que calentaba el suelo de la cancha y lo hacía sudar junto con el ejercicio que iba realizando. Lanzó una sonrisa torcida mientras ajustaba la gorra blanca a su cabeza.

Triunfar, no había otra palabra en su diccionario ni ninguna otra que lo definiera mejor.

Dio un vistazo a los lados, los enormes carteles del US Open adornaban todo el estadio repleto de gente, la misma que seguía gritando. Miró al frente a alguien con mucha más estatura.

-Mada mada dane

-¿Te crees muy bueno, no es así Echizen?-cuestionó su contrincante con una sonrisa torcida. Estaba sufriendo por el pésimo juego que se estaba dando pero aun no dejaba de parecer insistente en intentar lograr algo.

Aunque fuese un punto.

-¡Responde Echizen!

Ryoma sintió como sonreía con satisfacción.- ¿Crees que podrás hacer algo contra mí?-inquirió arrogante, sacando una pelota amarilla de su bolsillo, preparando su saque entre los botes que le daba.

-¿Escucha, señor Echizen?-él parpadeó extrañado al notar el tono con el que le hablaba, que no iba acorde con su cara donde se pintaba la decisión.

-¿Ah?

-Echizen.

-No gastes saliva-refunfuñó lanzando la pelota al aire e inyectaba fuerza en la raqueta para dar un certero golpe.- Ni mi nombre.- Él era un Echizen, uno que sería respetado por el Mundo. Uno que le ganaría al Mundo.

-Echizen.

-Hmph

-Echizen-kun.

-Echizen.

-Ryoma-sama.

-"Cuanto apoyo" –pensó desconcertado, observando a su alrededor, buscando, pero era como si las voces estuvieran en su cabeza. Tan conocidas y distantes a la vez… Era como tener de un lado a Horio, Kachiro y Katsuo y a Osakada en el otro.

Pero era imposible por que él estaba en EE.UU. ¿Cierto? Ganando el US Open.

¿¡Cierto!?

-Ryoma-sama.

-Echizen.

-Echizen-kun.

¿Qué estaba pasando?

Frotó con fuerza sus ojos dorados, y de pronto su vista se volvió borrosa. Ya ni siquiera parecía estar en el mismo recinto deportivo, ahora parecía que estaba en las simples canchas del Seigaku.

-¿Ryoma-kun?

Ryoma-kun…

Sólo había una persona que lo llamaba así, sólo una a la que se lo permitía por lo menos. Y ella no estaba en ningún lugar. La voz era tan suave como la recordaba y casi podía imaginar el rostro de aquella joven con su expresión llena de preocupación.

-"Ganaré, no te angusties"-pensó sonriendo, mirando el típico cielo invernal y azul sobre su cabeza, y sin pensarlo ni proponérselo se le escapó un murmullo.- Ryuzaki…

-Echizen

-Echizen

-Mmh…

De pronto el panorama cambió, ya no veía el cielo, mucho menos las canchas que tanto adoraba. Podía ver a su vecino más cercano riendo abiertamente, por un momento sospechó que se carcajeaba de él.

Sintió su mejilla pegada a la dura superficie tibia, en un jalón se separó y buscó a su alrededor. Todos en el aula lo miraban divertidos y con grandes sonrisas en el rostro. Los ojos caobas con aquel destello rojizo también lo examinaron algo preocupados, pero cuando el tenista levantó el rostro supuso que todo estaba bien y solo se había quedado dormido.

-Mada mada…-bostezó, estirando sus brazos en el aire.- …da ne…

-¡Echizen!-la temible voz de la profesora no se compraba con sus ojos amenazantes, detrás de ella la pizarra verde tenía escrito: "Proyecto de fin de curso para la clase de Economía del hogar".- ¿Terminó con su siesta?-inquirió con sarcasmo, el pelinegro asintió.

La mujer apretó los puños con furia y la apenas controlable tentación de sacarlo del aula.

Ryoma apoyó su codo en la mesa y dejó descansar su cabeza en su mano. Miró al frente con la amenaza de que sus ojos volvieran a cerrarse, ahora lo recordaba, había perdido la conciencia cuando la clase que más detestaba llevaba al menos cinco minutos de comenzada.

¿Qué clase de cosas podría aprender?

Él nunca iba a aplicarlas, no se iba a encerrar en la cocina a preparar todos los pasteles que enseñaban ahí, ni tampoco iba a ir a la tienda a escoger fruta o verdura. Lo veía demasiado claro, contrataría a alguien para que lo hiciera. Y no creía que se necesitara saber demasiado para administrar su propio dinero –ni ahora ni después-. Actualmente su prima Nanako se hacía cargo de todo eso junto a su madre. Así que la pregunta volvió a rondar su cabeza¿Para qué servía?

Sus ojos brillantes inspeccionaron –aburrido, por cierto- cada espalda hasta que se topó con una familiar, una que era adornada con la caída delicada de unas trenzas castañas. Sakuno escribía apurada todo lo que decía la profesora.

Pensó con ironía que él ni siquiera podía escucharla.

Sus ojos volvían a cerrarse mientras iba perdiendo la conciencia del espacio y el tiempo.- Mmh…

Ya no hubo más interrupciones, pero ahora su sueño ya no tenía que ver con una final en el US Open… Veía a la nieta de la entrenadora golpeando con su raqueta rosada como la recordaba de las prácticas sabatinas.

-No está tan mal-había dicho él al ver que había golpeado y dado en el área correcta. Se acercó pero cuando ella daba la vuelta Ryuzaki ya no tenía las largas trenzas, ni los ojos caoba. Sino más bien su cabello se volvía platino y sus ojos brillaban mieles.

-Tú…

-¡Ryoma-chan!

Algo subió por su pecho, una manita blanca.- ¿Y Ryuzaki?-sin quererlo se estaba llenando de ansiedad por no verla cerca, la otra chica tocó su hombro. Cuando giró el rostro para exigirle que se alejara llevaba de nuevo las trenzas y aquella sonrisa tierna.

-¿Ryoma-kun?-ella lo miró con cierta calidez que lo confundió.- ¿Estás bien?

-Ryuzaki…-ella le miraba atenta esperando una explicación. Parpadeó sintiéndose perdido, sin encontrar algo que decir.

Sí, él la estaba llamando y no como sucedía comúnmente, al revés.

-¿Sí, Ryoma-kun?

- Ryuzaki… Yo…-susurró, era una sensación extraña, como si se tambaleara pero en realidad nada de eso pasaba sino que aquella chica lo miraba con intensidad.

¡No!

¡Él no quería ser un pervertido como Oyaji¡Todo menos eso!

Él no tenía por que serlo, que llevaran la misma sangre y el mismo apellido no quería decir que tuviera que heredar ese gusto irreverente por las mujeres. Los labios rosados de Ryuzaki se extendieron en su suave sonrisa que sin él darse cuenta, lo hipnotizó. ¡No podía pasarle eso!

¡No podía volverse un depravado!

¡Y… Y ella tenía la culpa por que… por que…¡Estaba claro, lo estaba provocando¡Esa niña quería que de pronto se diera cuenta de que sus ojos brillaban tanto como un espejo, que su boca era extraordinariamente delicada y que su cabello marrón caía con gracia por su frente y sus hombros en formas de trenzas!

¡Eso era¡Él no era ningún demente pervertido!

-Ryoma-kun…-su amiga suspiró, y él veía su rostro cada vez más cerca, de piel clara y aparentemente suave y lisa.

Calor.

Calor en su rostro.

¡No¡No¡No¡¿Por qué ella¡¿Por qué él?!

-Echizen.

-¿Ah?-¿Desde cuando las niñas tenían voces tan varoniles?

Cayó en cuenta.

-"Una pesadilla…"-la imagen de su compañera se desvaneció y fue así como pudo abrir los ojos sobresaltado, con el corazón latiendo a millones por segundo.

El chico frente a él se asustó al ver los amenazantes ojos dorados que parecían inusualmente perturbados, le pasó una hoja. El pequeño príncipe le miró interrogante mientras la tomaba.

-Tu nombre y el de tu compañero-y se dio la vuelta, viéndolo a veces de reojo algo preocupado pero Ryoma lo ignoró. Se estaba preguntando cuantas veces y que tan rápido podía quedarse dormido un chico durante la misma clase.

-¿Compañero?-se preguntó.

¿Cómo los dobles¡Los dobles son para hombres! Y él, era un hombre. –Uno no pervertido, pensó-.

Repasó la lista, hasta Osakada tenía pareja ya.- Que problema.-murmuró, escribiendo su nombre y el de su supuesto compañero.Pasó la lista hacia atrás. ¿Compañero para qué? De nuevo sus ojos dorados dieron con el pizarrón y el título de la clase.

¿Qué clase de proyecto sería?

Sakuno recibiría desde atrás la hoja con los nombres. El chico que pretendía pasársela le sonrió amablemente.

-Ryuzaki-san-llamó, ella levantó la mirada sonriente.- ¿Te gustaría ser mi pareja para el proyecto?

La muchachita sintió el calor irse acumulando en su cara mientras esbozaba una sonrisa nerviosa.- C-Claro.

-Umh-conocía ese carraspeo, desvió su vista hacia el chico de mirada gatuna por ahora oculta bajo sus párpados.

-¿Echizen-kun?-el otro adolescente levantó una ceja.

-Ya tiene pareja-aclaró, su compañero revisó con cuidado todos los nombres y luego le pasó la hoja a la chica para que ella misma lo comprobara.

-Tiene razón.

¿Alguien la había escogido?

Un parpadeo.

Dos parpadeos.

-¿W-Wuaaah?-su boca quedó entreabierta de la impresión.- ¿R-Ryoma-kun?

Levantó rápidamente el rostro para encontrar al muchacho, pero éste parecía entretenido dándole una mirada a su diccionario intentando no quedarse de nuevo dormido, ignorando la conversación entre los otros dos.

-Por lo menos debiste preguntarle-gruñó el de atrás, mirando molesto al príncipe.- Tal vez a ella no le apetecía estar contigo, Echizen-kun.

Sin despegar sus ojos del diccionario, dijo claramente.- La próxima vez tendrás que ser más rápido que yo-entonces le dedicó una sonrisita irónica.- Mada mada da ne.

-Está bien, Shuugo-kun-susurró Sakuno intentando calmar los ánimos, pues su amigo se había levantado dispuesto a decirle una o dos verdades al tenista.- Discúlpame pero estaré con Ryoma-kun.

El muchacho asintió con el ceño fruncido y se giró para buscar a la compañera de atrás para ver si estaba aún disponible.

-No es por que le gustes, lo sacarás de un apuro.-dijo Ryoma con su voz habitualmente fría. Sakuno asintió tristemente pensando que tenía razón.

Entonces… ¿También lo sacaría de un apuro a él?

-"Debe ser eso"-suspiró. No es que ser su compañera de trabajo la hiciera más importante, pero… por un momento le gustó creer en la posibilidad.

La profesora recibió la lista terminada y miró con satisfacción a todas las parejas formadas.- Muy bien, espero que hagan un buen trabajo y que esto les de una visión del esfuerzo requerido. Podrán medir sus capacidades.

Eso llamó la atención de Echizen. Él tenía más capacidad que todos juntos en ese salón. Las chicas parecían demasiado animadas al respecto, en tanto los chicos no compartían la misma actitud.

Cocinar no podía ser tan difícil.

Cuando finalizó la clase se levantó dispuesto a buscar sus cosas e ir a las canchas para practicar. Permanecía aun adormilado –en todas las clases era lo mismo-, tanto que Oishi y Kawamura le preguntaron si se encontraba bien.

Ryoma bostezó.- Hai…-fue lo único que respondió.

-Entonces¿Qué te parece un juego contra mí?-inquirió Syuichiro sonriente, tratando de reanimarlo. Y parecía que había funcionado pues de inmediato ese brillo de desafío se instaló en los ojos gatunos de Echizen junto con su sonrisa arrogante.

-Por supuesto, sempai-se encaminó a los vestidores, por casualidad se dio cuenta de una imperceptible figura femenina a lo lejos. Se quedó de pie esperando hasta que Sakuno terminó por acercarse.- ¿Ryuzaki?

-A-Ano…-parecía que no sabía por donde comenzar, Echizen levantó una ceja impacientemente.- ¿P-Podríamos vernos al final de… tus prácticas?-inquirió tímida, sin atreverse a mostrar su rostro rojo.

-¿Para qué?-respondió con otra pregunta, renuente a salir con aquella chica. ¿Y si Momoshiro, Kikumaru o cualquier otro de los sempais los veían¡No quería ni imaginarlo!

Y ya conocía las extrañas maneras de la nieta de la entrenadora. Los imprevistos besos, las inesperadas palabras hirientes y un sin fin de cosas que implicaban que ellos estuvieran juntos.

-Mou… para… el proyecto de Economía del hogar-repuso rápidamente al detectar el tono de fastidio en el muchacho y en sus ojos se podía ver que la idea no lo satisfacía.- P-Pero si no puedes…

Ryoma la interrumpió rápidamente.- ¿Es completamente necesario?-Sakuno jugó con sus dedos mientras buscaba que mirar –siempre y cuando no fuera al chico-. Asintió silenciosa.

El muchacho pasó una mano por su cabello con algo de exasperación, en ese caso no podría quedarse a jugar hasta tarde como tenía planeado.

-De acuerdo-suspiró resignado, eso desanimó más a Ryuzaki.

Pero ella no tenía la culpa, Echizen la había escogido.

-¡Hoi Hoi Sakuno-chan!-la chillona voz de Kikumaru estalló detrás de la oreja de Ryoma quien se giró furioso, ya molesto desde antes.

-¡Tenga más cuidado, Kikuma----¡¡Ugh!!--!-Eiji había enroscado sus flexibles brazos alrededor del cuello del príncipe que se quejaba por no poder respirar.

Sakuno los miró horrorizada.- ¡Kikumaru-sempai…!-llamó, intentando detener la asfixia de su compañero.

Pero el jugador acrobático la miraba de manera simpática, con su cara de gato recién alimentado y sus ojos chispeando de felicidad.- ¿No te está haciendo daño este O'chibi malcriado?-preguntó infantilmente, las mejillas de la chica se tiñeron de un suave rosa.

-¡No, claro que no!-agitó sus manos de un lado a otro mirándolo con angustia, el rostro de Ryoma comenzaba a ponerse azul.- ¡Kikumaru-sempai no respira!

-¿Nyah?-sin dejar su sonrisa ladeó tiernamente su cabeza hacia un lado.- Pero si respiro muy bien… ¡El aire está tan fresco!-chilló.

-¡Es Ryoma-kun!-gimió angustiada.

-¡Oi chicos¿Qué sucede?!-Momoshiro se acercaba con su jovial sonrisa.- ¡Que gusto verte, Sakuno-chan!-movió la mano a modo de saludo. La niña lo miró en busca de ayuda.

-¡Hoi Hoi, Momo!

-¡U-Ugh!

-¡Momo-chan-sem----!

-¿No te está haciendo daño este enano malcriado?-cuestionó severamente mirando al titular más joven quien seguía moviéndose frenéticamente entre los brazos de Kikumaru.

-¡Por supuesto que no!-respondió avergonzada.- Pero él---

-¡Ah, Ryuzaki-chan que agradable sorpresa!-por detrás de ella avanzaba Syusuke con su afable sonrisa y una raqueta en sus manos.- ¿Hoy también entrenarás con nosotros?

-¡Hoi Hoi Fujiko!

-¡Oi, Fuji-sempai!

-¡U-U-Ugh…!

-¡Fuji-sem----¡

-No te está haciendo daño Echizen-kun¿cierto?-su pregunta era seria, y había abierto ligeramente los ojos para dar un rápido vistazo al rostro de Ryoma quien seguía siendo torturado sin piedad por el abrazo cariñoso de Eiji.

Medio vivo y medio muerto. Bien, él era sádico así que no hizo nada para librar a Echizen de su sufrimiento.

-¡No!-fue la respuesta inmediata de Sakuno quien solo dirigía sus ojos preocupados al pelinegro más joven.

-¡Fshhhh… Abran paso!-ordenó la voz ruda de Kaidoh que no podía pasar ante la muchedumbre que se había reunido. Miró despectivamente a Ryuzaki.- Las chicas no deben estar en el club masculino-siseó.

-Ryuzaki-chan es una invitada especial, Kaidoh-fue la respuesta de Fuji que había regresado a su amabilidad regular.

-¡Hoi Hoi Kaidoh!-rió Eiji- ¡Pareces molesto, nyah!

-Solo falta que hagan al club mixto-gruñó indignado Kaoru, cruzándose de brazos.

Despreocupadamente Fuji le sonrió.- Eso es discriminación…

-¡Mamushi, eres quien menos merece opinar!-discutió Momoshiro frunciendo el ceño, luego sonrió creídamente.- ¡Eres el que menos talento tiene, ja, ja, ja, ja!

-¡¿Cómo te atreves¡Fshhh!-la serpiente se abalanzó sobre su presa.

-¡Con que quieres pelea, Mamushi!

-¿¡A quién llamas Mamushi!?

-¡A ti, estúpido!

-¡U-Ugh!-Sakuno comenzaba a compadecerse de Echizen.

-¡Baka!

-¿¡Cómo me llamaste!?

-¡Baka!

-¡Ahora sí te la ganaste a pulso, Mamushi!

-¡Atrévete¡Fshhh!

-Disculpen…-la débil voz de Ryuzaki a penas y se escuchaba entre la discusión.

-¡Hey chicos!-saludaba la tranquila voz de Takashi quien llegaba.

-¡Hoi Hoi Taka-san!-fue el saludo de Kikumaru.

-Hola Taka-san que gusto verte-sonrió Fuji quitando su atención de la pelea.

-¡Kawamura-sem----!-Sakuno fue interrumpida de nuevo.

-¿Echizen no está siendo grosero contigo, Ryuzaki?-preguntó amablemente y hasta algo retraído Kawamura, como si hubiera sido él quien hubiera herido a la muchachita.

No podía decirse que Echizen pudiera estarse portando mal con ella puesto que él no podía hablar, pensar o siquiera respirar. Lo único que había dentro de él –en esos momentos- era el instinto de supervivencia.

-¡N-no!-lo miró con esperanza al ver que era el único que se percataba de la precaria situación del novato titular. Justo cuando el chico de fuego iba a hablarle a Eiji fue interrumpido.

-Eh Taka-san-llamó Syusuke, su amigo volteó a verle.- Hay que detenerles-sugirió señalando a los dos compañeros de grado que estaban uno sobre otro gritándose a todo lo que sus pulmones daban.

Le pasó la raqueta que llevaba y el futuro cocinero la aceptó sin chistar.

-¡¡BURNINGGGGG!!!-llamas a su alrededor brotaron, mientras giraba el brazo completo con el que sostenía la raqueta.- ¡¡OH MY GOD¡DORYA¡¡Sepárense ahora mismo!!

Y se lanzó entre los dos contrincantes.

-¡¡Déjame darle su merecido, Taka-san!!-exigía Momoshiro tratando de alcanzar el cuello de Kaoru.

-¡Fshhh!

-¡U-Ugh…!-menos aire.

-Pero que alboroto…-la voz grave de Inui se acercaba y se colocaba entre Sakuno y Fuji.

-¡Hoi Hoi Inui!

-Hola Inui-dijo Syusuke.- Llegaste en el momento más divertido.

-Es lo que veo-de pronto cayó en la presencia de la chica.- Ah, Ryuzaki…-miró su libretita verde releyendo los datos.- Hay un cinco por ciento de probabilidad de que Echizen siga siendo descortés contigo… y hay un noventa y cinco por ciento de que haya recapacitado…

-I-Inui-sem---- Sakuno comenzaba a desesperarse. Y eso que ella era muy paciente. Su extraña amistad con Ryoma era un ejemplo.

-¡U-Ugh!

-Estaba pensando que quizá te gustaría probar uno de mis entrenamientos especialmente diseñado para personas del sexo opuesto-habló seriamente pero con una sonrisa llena de confianza. Los cristales de sus gafas brillaron mientras las acomodaba sobre su nariz.- Te aseguro un cien por ciento de mejora en tu rendimiento deportivo.

-A-Ano… Mu-Muchísimas gracias, Inui-sempai-dio una profunda reverencia mientras su rostro enrojecía de la vergüenza, pero por ahora lo único que quería era ver liberado a Ryoma quien seguía sin volver a su color original.

-También he preparado un jugo especial para las necesidades femeninas que sirve para completar el entrenamiento-seguía hablando sin escucharla.

-Supongo que ha de estar delicioso-sonrió Fuji, quien le prestaba atención desde el momento que la palabra jugo apareció.- ¿Qué contiene?

-Ah, eso es un secreto-respondió satisfecho por causar la curiosidad de alguien.

-Je, eres muy cruel cuando te lo propones…-pero aquello no coordinaba con su sonrisa de "Yo lo sé todo y tú no".

-Mou…

-¡U-U-Ugh!-Ryoma luchaba por su vida.

-¿Qué sucede aquí?-preguntó preocupado Oishi, al ver a Kawamura separando a Momoshiro y a Kaidoh, a Fuji hablando pacíficamente con Sadaharu sobre sus horribles jugos, a Kikumaru ahorcando a Echizen y a Ryuzaki mirándolo aterrorizada intentando –sin ninguna probabilidad de éxito- liberar al chico. Lo normal ¿no?

-¡Hoi Hoi Oishi!

-Hola Oishi-saludaron al mismo tiempo Fuji e Inui.

-¡¡Mamushi!!

-¡¡Baka!!

-¡¡DORYA!!

-Cuanto alboroto-se dijo Syuichiro resignado y acostumbrado a ese tipo de espectáculos en las canchas de tenis varonil.

-¡Ugh!

-¡O-Oishi-semp----!

Kikumaru ahorcando a Echizen y a Ryuzaki mirándolo aterrorizada e intentando liberar al chico.

-¡Eiji estás matando a Echizen-kun!-se alarmó acercándose precipitadamente.

-¿Nyah?-miró hacia abajo con curiosidad, un desganado Ryoma seguía tratando de quitarse a su compañero de encima. El rostro del minino de Seigaku se puso más blanco de lo normal.- ¡O'chibi!-parecía mortificado pero sin soltarlo o sin percatarse de que él lo estaba asfixiando- ¿¡Qué te pasa!?

-¡Es lo que he estado intentando decirle, Kikumaru-sempai…!-gimió Sakuno, acongojada.

-¡Lo matarás Eiji!-Oishi parecía igual de afligido que la chica de primero. Kikumaru se apresuró a soltarlo, Ryuzaki lo ayudó a sostenerse pasando un brazo por su espalda con gentileza.

-¡Ryoma-kun!-lo miró con preocupación, observando su rostro pálido y sus ojos entreabiertos, se acercó un poco más para examinarlo detalladamente.- ¿Estás bien?

Su voz era suave en un intento por no molestarlo más.

-Hn…-la miró de reojo y de pronto las imágenes de su pesadilla retornaron a la velocidad de la luz. Se separó bruscamente arreglando su gorra blanca que ocultaba perfectamente sus ojos ambarinos. El rostro de Ryuzaki en sueños no era muy diferente al real. Sakuno lo miró tristemente mientras él contestaba.- Perfectamente…

-¿Qué es esto?-la grave voz del capitán retumbó en los tímpanos de todos los titulares quienes se quedaron helados.- ¡Treinta vueltas a la cancha¡Ahora!-exigió, sus ojos avellana dieron con la cohibida nieta de la entrenadora que miraba como los demás se apresuraban a obedecer sus órdenes.

-Ryuzaki-habló con los brazos cruzados, Sakuno levantó el rostro para darse cuenta de lo alto que era el capitán a comparación con ella.- Será mejor que vayas a tu propio entrenamiento, no está permitido la entrada a nadie que no pertenezca al club.-aclaró, tranquilamente sin sonar molesto pero sí serio.

-A-Ah… Yo… Sólo vine a hablar c-con Ryoma-kun-Kunimitsu la miró sin inmutarse a través de sus elegantes gafas. Dio unas aceleradas reverencias con todo su nerviosismo y salió corriendo de ahí en dirección a las canchas femeninas.

Tezuka observaba silencioso a sus titulares correr pero parecía que seguían jugando entre ellos, Momoshiro y Kaidoh se gritaban con Kawamura entre ellos en su modo tímido e intentaba calmarlos, Fuji hablaba con Inui con una sonrisa de ambos, Eiji le estaba pidiendo disculpas a un aparentemente fatigado Ryoma quien corría sin escucharlo –o ignorándolo- y Oishi reprimía a su compañero de dobles.

El momento de la despedida sería muy triste, y seguramente el Seigaku Tennis Club no volvería a ser el mismo, sus ojos reposaron en la pequeña figura del príncipe que parecía no mirar nada específico.

El próximo pilar de Seigaku estaba ahí, después se fijó en Momoshiro y Kaidoh, luego en los novatos que recogían pelotas que lanzaban los de segundo.- "Será un desastre"-pensó con amargura.

-¡¿Quieres pelea?!-insistía Kaidoh. Takeshi al otro lado preguntaba lo mismo.

-Calma chicos-suplicaba Kawamura.

-¡Corre, nyah¡Corre, nyah!-canturreaba el jugador acrobático.

-Tienes mucho entusiasmo-opinó sonriente Oishi, olvidando por un momento el asunto del linchamiento de Echizen.

-Reúnanse todos-pidió cuando terminaron de su ronda de vueltas, con una sonrisa de satisfacción –excepto de Ryoma- todos se acercaron.- Hay un anuncio para los veteranos.-los de tercero prestaron mucha mayor atención.- Este es el último año en Seigaku así que se está organizando un baile de graduación, procuren no hacer planes.- parecía que el capitán era el menos entusiasta en cambio Eiji daba brincos de alegría y Oishi le rogaba en susurros que se contuviera.- Eso es todo.

¿Un baile?

Ryoma lanzó un suspiro de fastidio, él ni siquiera era de tercero y simplemente lo había olvidado… Que los sempais de tercero ya no estarían más para jugar, ni tenis ni nada.

Se acercó a Syuichiro quien le había prometido un juego.

-Seguro pero ¿Estás bien?-se rió un momento ante la mirada de incomprensión del más joven.- Eiji fue muy pesado contigo.

-Estoy bien-respondió cortante, yendo a un lado de la cancha.

¡Pok!

¡Pok!

Kachiro suspiró.- Son increíbles…-su amigo a su lado asintió mirando también cuidadosamente el juego entre el sub-capitán y el novato.- ¿Crees que algún día podamos ser como ellos?

Horio se cruzó de brazos con una sonrisa altiva y después rió.- ¡Por supuesto¡Y estoy seguro que algún día los superaremos!

-No pidas tanto-susurró Katsuo, indignado.- Ah, un Moon Volley estilo Oishi-sempai.

¡Pok!

¡Pok!

-¡Pronto cumpliré tres años de experiencia en el tenis!-presumió aumentando la intensidad de su risa.

-Pero tener a Ryoma-kun de capitán…

¡Pok!

¡Pok!

-¿Por qué crees que Echizen será el capitán?-gruñó Horio.- ¡Alguien como yo, con tanta experiencia podría ser capitán!

-No digas tonterías-suplicó el otro siguiendo el trayecto de la pelota amarilla.- Mira Kachiro… un Twist Serve…

-Ryoma-kun es el que merece ser el capitán-murmuró tranquilamente su amigo, mirando con orgullo al chico mada mada dane quien golpeaba la pelota después de un movimiento de Oishi.- Además creo que él lo hará genial.

Lo mismo pensaba Tezuka.

¡6-4¡Juego y Partido para Echizen!

-Bien hecho, Echizen-kun-la sonrisa benévola de Oishi hizo sonreír también a su compañero, el mayor le ofreció una mano para estrechar y él la aceptó de inmediato.

Un juego más… Momoshiro fue su nueva víctima. ¡6-3¡Juego y Partido para Echizen!

-Me retiro, gracias por todo.-se despidió Syusuke mientras abría la puerta del vestidor dispuesto a desaparecer por ahí.

-¡Bye Bye, Fujiko nyah!

-Hasta mañana, Fuji.

-Fshhh…

-¡Que descanse, Fuji-sempai!

-Yo también me voy-dijo indiferente Echizen, llevando su bolso a su hombro.

-¡Oi, Echizen¿Quieres ir por una hamburguesa?-preguntó amigablemente Momoshiro, parándose a su lado.

-No puedo, tengo algo que hacer-y sin más salió, sin esperar alguna despedida.

-¿Huh¿Algo que hacer?-Takeshi rascó su mejilla indeciso. Eso nunca, menos cuando lo invitaba a comer una hamburguesa.

-¡Nyah¿¡Será que tiene algo con Sakuno-chan para esta tarde!?-inquirió el gatuno Kikumaru.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del de ojos violáceos.- ¡¡Tenemos que----!!

Oishi se adelantó a interponerse entre el par y la puerta.- Ni lo piensen chicos… Si eso es verdad, tienen que dejarlo solo.-sus mejillas se tiñeron de rosa al recordar el último episodio al que había sido arrastrado.

Inui acomodó sus gafas.- Hay un cero punto uno por ciento de que su teoría sea cierta… Echizen no es de los que se anda haciendo citas con chicas.

-¡Pero es tan insensible!-insistió desesperado Takeshi.- ¡Hay que ayudarlo para que no meta la pata!

-¿Ah¿Ryuzaki y Echizen?-Horio parpadeó repetidamente, el dueño de una de las bicicletas estacionadas fuera de Seigaku asintió.- Creo que Inui-sempai tiene razón ésta vez.

-¡Hai!-apoyaron los otros dos novatos. Ninguno tenía idea de que Ryoma y Sakuno eran pareja en el proyecto planteado en la mañana, habían evitado preguntarle a su amigo pues sabían de antemano que no respondería.

-¿Cómo que ésta vez?-preguntó indignado el hombre de los datos.- Mis cálculos siempre son correctos.-sonrió con satisfacción recuperando su seriedad- Y puedo asegurarles en un cien por ciento que Echizen se niega a tener una relación de cualquier tipo con las mujeres.

La madre de Seigaku asintió.- Recuerden que es un niño.

-Y que niño…-dijo frustrado Momoshiro mirando el techo aparentemente molesto.

-¡Pero Sakuno-chan es tan linda!-chilló Eiji, haciendo un puchero.- O'chibi debería darse cuenta…

-Como si eso fuera posible-susurró Kaidoh rodando los ojos.- Fshh…

-Hasta mamushi lo sabe-suspiró Momoshiro, con una mirada suplicante para Syuichiro.

-¿A quien llamas mamushi?

-No comiencen de nuevo-pidió Kawamura débilmente, después miró al más glotón con una sonrisa.- Oishi tiene razón, no podemos meternos… Esos son asuntos de pareja y solo ellos pueden solucionarlos.

Momoshiro sonrió mientras lo miraba suspicaz.- ¡Ne, Taka-san¡Debes decirlo por experiencia!

El rostro de Takashi se puso completamente rojo.- N-no, yo no lo decía por eso…

-¡Nyah, Taka-san tiene novia!-saltó Kikumaru recobrando su felicidad de siempre.

-N-no es así, me están malinterpretando.-respondió nervioso mientras rascaba su nuca.

-Vamos chicos, tranquilos-suplicó Oishi, cerrando los ojos con algo de cansancio.- Dejen a Echizen-kun, él sabrá resolverlo.

-Yo lo dudaría-dijo para sí Inui.

-Apostaría un mes de hamburguesas gratis a que sí tiene que ver con Sakuno-chan-añadió con fatiga Takeshi.

Sin siquiera imaginarse la afrenta (protagonizada por Momoshiro y Kikumaru) que intentaba contener el sub-capitán, Ryoma caminaba por las instalaciones deportivas de Seigaku.

¿Y ahora que haría? Seguramente Ryuzaki estaba en sus propios asuntos, se encaminó a la cancha de tenis femenil y tal como pensó ahí la encontró, con la falda tableada y las mallas de lycra cubriendo sus muslos.

¡Maldita herencia!

Cerró los ojos con fuerza y apretó con ímpetu el asa de su bolso. Pero no le sirvió de mucho pues tenía bien memorizado el rostro de la chica. ¡Maldita pesadilla!

Encontró un árbol que cubría parcialmente una de las canchas y se sentó ahí para mirar con detenimiento los movimientos de la joven.

Ella sudaba y algunos cabellos se pegaban a sus mejillas ya rojas por el esfuerzo, su boca era pequeña y estaba entreabierta intentando regular con ella su respiración. -"Esas trenzas…"-miró como se movían de un lado a otro mientras la chica corría como las demás.

-¡Es Echizen-san!-abrió como platos los ojos ámbares al verse descubierto.

Todas las muchachas corrieron a ese extremo de la cancha, mirándolo a través de la reja, de pronto se sintió como si fuera una atracción en un Zoo.

-¡Vamos, vuelvan al trabajo!-se escuchó el grito de una chica de cabello negro que llegaba por la mitad de su espalda, lacio y ojos castaños, acompañada por Sakuno quien miraba con sorpresa a Ryoma.

Después de que las demás se dispersaron y regresaron a sus actividades ella fue capaz de acercarse.- ¿Ryoma-kun¿Qué haces aquí¿Te sientes mal?

Le hubiera gustado contestar todas las preguntas pero prefirió mantener la boca herméticamente sellada, después de todo él no era muy comunicativo.- Mmh…

Sí, era Echizen Ryoma. Estaba ahí por que técnicamente había terminado el entrenamiento y ella no le había permitido quedarse más tiempo. Y no, no se sentía mal. Correr había servido para renutrir sus pulmones.

-Nunca lograrán nada con esas prácticas tan inútiles-Sakuno lo miró sin saber que decir, pero parecía disgustada por el comentario.

-Miyazawa buchou es muy buena-aseguró en defensa de la capitana.

-No tanto como Tezuka buchou-espetó, lanzándole una mirada de advertencia sobre no desafiarlo y poner en duda la supremacía de Kunimitsu.

Sakuno frunció el ceño.- Sakuno-chan regresa a entrenar, por favor-pidió de manera amable la capitana, logrando que la novata se sonrojara, le dedicara una tímida reverencia –con miles de disculpas- y corriera hasta alejarse de ahí.

Miyazawa lo examinó a detalle, Ryoma al sentirse observado levantó una ceja.- ¿Soy o me parezco?-preguntó rudamente.

-Me recuerdas a Tezuka-san-comentó despreocupada.- Está prohibido que los hombres vengan a este club-advirtió de manera cordial.

-No estoy dentro, sólo observo-estando recostado llevó sus brazos detrás de su cabeza para que ésta descansara y cruzó una de sus piernas.- Tus jugadoras son muy enclenques.-añadió de manera despectiva.

-Son muy buenas-aseguró levantando la barbilla con orgullo.

-Lo mismo dice Ryuzaki de ti-añadió dedicándole una mirada aburrida.- Así que me puedo dar una idea de lo buenas que son-sonrió con sarcasmo, volvió a cerrar los ojos ámbar decidiendo tomar una siesta. Su gorra lo protegió de la inspección curiosa que le hacía la capitana.- Mada mada da ne.

-Soy Miyazawa Tsukino, capitana del Seigaku femenino.-al ver que él no parecía interesado, agregó.- ¿Y¿A quién esperas?

-¿Mmh?

-Sí… generalmente los chicos esperan a sus novias-le guiñó cómplicemente con una sonrisa enorme.- Créeme, lo veo diariamente.-señalando a todas las chicas detrás.- Terminamos un poco tarde por que siempre corremos al principio y al final de nuestras prácticas, para que no haya lesiones y…

Esa muchacha le recordaba extrañamente a Oishi.

-No es mi novia-interrumpió abruptamente pero inmutable.- Tenemos un proyecto.

Ella lo miró felizmente pensando que había hecho un gran logro con ese muchacho que tenía fama de cortante y frío. Pero lo que le urgía a Ryoma era aclarar que NO TENÍA ABSOLUTAMENTE NADA con NINGUNAniña, no es que le gustara hablar y mucho menos con una desconocida.

-¡Seigaku¡Fight¡Oh! –Canturreaban a lo lejos- ¡Seigaku¡Fight¡Oh!

Miyazawa lo miró ladeando la cabeza y juntando sus dos manos tras su espalda.- Será mejor que te vayas levantando, comienza a hacerse tarde.-luego amplió su sonrisa.- En un momento Sakuno-chan estará contigo.

Echizen parpadeó extrañado. ¿Cómo sabía que era ella a quien buscaba?

La muchacha se alejó.- ¡Eso es todo por hoy!-la escuchó anunciar.

Todas se dispersaron, incluso perdió a su compañera de vista. Se encaminó hacia la entrada. Se detuvo un momento al escuchar el alboroto detrás de él.

-"Demonios"-pensó, dándose cuenta de quienes se trataba y maldiciendo su mala suerte.

Para nadie pasó inadvertido que venía de las canchas femeniles.

-¿¡Con que saldrás con Sakuno-chan!?-preguntó traviesamente el chico de ojos violáceos mientras picaba sus costillas. El príncipe solo gruñía.

-No-respondió tajante.

-¡O'chibi tiene una cita, nyah!

-No-repitió frunciendo el ceño.

-Esto no puede ser… mis datos siempre son correctos-susurró Sadaharu examinando sus apuntes, alarmado.

Exactamente por eso no quería ir a ningún lugar, por ningún motivo con Ryuzaki.

-Será mejor que les dejemos solos…-opinó Kawamura, sonriendo dulcemente.

-Taka-san tiene razón-asintió Oishi.

-Probabilidad de una relación amorosa…-leyó los datos en su libreta verde.- Cero por ciento.

-¡Pero Inui-sempai ya se había equivocado una vez!-protestó Horio.

-Hmph-bufó el pequeño príncipe, indignado por todos los comentarios.

-¡Entonces vamos, nyah¡Estoy seguro de que Kaidoh quería invitarnos a todos un helado!.-propuso Eiji haciendo crecer su sonrisa.

-Otro cero por ciento.-intervino el más alto.

-¿¡Yo¡¡Fshhhh¿¡Y yo por qué!?-sus ojos se desorbitaron mientras fruncía gravemente el ceño.

-¡Que mamushi tan tierna!-se burló Takeshi.- ¡Y amable!

-¡No.me.llames. Mamushi!.-siseó su compañero, matándolo con la mirada.

-Eiji, no debes comprometer a la gente así-reprendió Syuichiro, tal como una mamá haría a su hijo pequeño, con una voz apaciguadora.

Olvidándose –por un momento- del asunto de Ryoma y Sakuno, comenzaron a alejarse, el pelinegro suspiró aliviado mientras avanzaba discretamente detrás de ellos para esperar a Ryuzaki en la entrada.

El resto de los titulares iba calle abajo.

-¡¡Suerte matador!!-Kawamura había recibido una raqueta para separar –nuevamente- a Takeshi y Kaoru.- ¡¡BURNINGGGGGGGGG!!

-Mada mada da ne…

Vio como desaparecieron pero fue deslumbrado por el sol ya en el horizonte. Aun estaban en invierno y hacía una brisa helada que resultaba relajante.

-Ryoma-kun-la suave voz de Sakuno lo llamó, él volteó para verla detrás. Llevaba aún la ropa deportiva igual que él.

-¿A dónde iremos?-cuestionó sin ganas de perder el tiempo.

-A un supermercado, por supuesto-dijo como si fuera lo más lógico del mundo, eso molestó al príncipe que inició la larga caminata que les esperaba. Escuchaba los ligeros pasos de la nieta de Sumire.

La castaña miraba el suelo y al frente los talones del hijo de Nanjiroh. ¿Qué podía decir? El silencio aunque relajado era algo incómodo, por lo menos para ella.

-En… el partido contra Fujiwara… Realmente lo hiciste muy bien-sonrió débilmente mirando su espalda y como él seguía con la vista al frente como si no la hubiera oído.- Esa niña era muy fuerte ¿Verdad?

Bajó la cabeza al ver que no había surtido ningún efecto su intento de plática.

-¿Cómo podrías saberlo?-su voz era la de siempre que le hablaba, pero aún así Ryuzaki no podía creer que le estaba contestando.- Llegaste tarde.

¿Lo había notado¿Realmente lo había notado?

Con un sentimiento de felicidad invadiéndole el pecho, sonrió.

-M-Me quedé dormida-respondió, con las mejillas ligeramente sonrojadas.

-Hmph… No me sorprende.

Cuando llegaron a la tienda las puertas automáticas les permitieron el paso. Avergonzada Sakuno agachó la cabeza fijándose ya únicamente en el piso.

¡Pok!

-¡I-Itai…!-su cabeza había dado contra la espalda del chico que se había detenido silenciosamente.

-Fíjate por donde andas-ordenó, mirándola de reojo. Con el rostro rojo Sakuno se apresuró a asentir.

-¡Gomen nasai, gomen nasai, gomen nasai-----!

Ryoma suspiró mientras la interrumpía.- ¿Y¿Qué estamos buscando?

Tenía que hacerle frente a aquella niña con cada gota de paciencia que tenía en el cuerpo. –que tampoco era mucha-.

-H-Huevos…

-¿Huevos?

-Hai-la chica lo guió por los diferentes pasillos, Ryoma la siguió y una que otra vez se detenía a coger algún producto como galletas o papas fritas que llevaría a su casa para comer en su cuarto a escondidas con Karupin como único testigo.

Ella escogió un paquete pequeño lleno de óvalos blancos y se encaminó a la fila para pagar. Ryoma buscaba en un refrigerador cercano un paquete de Pontas.

-¿Haremos omelet?-preguntó distraído sacando las latas y colocándola en la canasta donde llevaba sus golosinas.

-¿Omelet?-inquirió volteando a verlo, sonrió tiernamente.

Ryoma no tuvo más opción que mirar en otra dirección pero sin dejar de escucharla. -¿Pastel?

-¿Pastel?

-¿Entonces?-inquirió impaciente.

-Es para nuestro hijo.

¿Nuestro hijo? Eso sonaba a Ryuzaki y él.

Casi –casi- le dieron ganas de reír.

Un hijo con Ryuzaki… Que disparate.

Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno.

¡Pok!¡Esperen un momento…!

-¡¿Hijo?!-abrió los ojos de par en par.- ¿¡Cuál hijo!?

Sakuno se sonrojó ante su reacción.- El de nuestro proyecto… tendremos que cuidar un huevo como si fuera un hijo.

-¿Es una broma?

Ryuzaki le lanzó una mirada lastimera.- N-No Ryoma-kun… pensé que tú lo sabías.-Ahora que lo recordaba, era poco probable que él supiera pues se había dormido en medio de la clase.

-No sabía nada-refunfuñó irritado.- Pensé que tendríamos que guisar… o algo parecido.

Sakuno parpadeó y fue entonces cuando se atrevió a dejar salir la pregunta que todo el día le había dado vueltas en la cabeza.- ¿E-Entonces por qué me escogiste…?

Ryoma acomodó su gorra.- Por que tienes idea de cómo cocinar-pensándolo bien no solo había sido por eso. Ninguno de sus amigos estaba disponible, así que la niña de trenzas estaba bien por ahora: por que la soportaba perfectamente. De hecho, ya se estaba acostumbrando a su presencia… pero eso no lo admitiría, ni siquiera a él mismo.

-O-Oh…

Decepción.

¿Y ahora que podía hacer? Había sembrado toda su esperanza en que las palabras de Ryoma-kun para Shuugo-kun solo fueran para su compañero, no que también se aplicaran para él como había sospechado desde el principio.

Quería estar equivocada, pero estaba claro que no había confusión posible. Ryoma la quería para una buena nota, nada más. Y aún así¿Ella que esperaba¿Qué la hubiera elegido por que creía que sería buena madre algún día¿Por qué se había dado cuenta de que la quería o algo semejante?

Error. Típico error.

-Será hombre-dijo de la nada el chico, ajeno a los pensamientos de Ryuzaki.

-Y-Yo pensaba que sería mejor si fuera niña…-susurró tímidamente su esposa.

-No-respondió.- Será hombre.

-Mou… De acuerdo.-suspiró resignada.- ¿Y cómo se llamará?

-Ryoma-contestó rápidamente.

-Eso no está permitido-cortó apenada, sus mejillas enrojecieron.- No puede llamarse como ninguno de los padres.

Echizen le pasó un billete a Sakuno para que pagara los huevos, después él acercaba todas sus cosas para que fueran cobradas también, mientras tanto pensaba en como le pondría a su hijo.

¿Nanjiroh? no era opción, no quería que su hijo llevara una maldición, Rinko era el nombre si hubiera tenido una niña. ¿Ryoga¡Nah! Le recordaría a su hermano mayor¿Sumire¡Ni que estuviera demente! –además también era femenino-. Repasó todos los nombres de los sempais pero ninguno lo convenció.

Incluso pensó en el de Horio…

Cosa grave. Poca inspiración.

-No se me ocurre nada-dijo cuando estaban saliendo, el chico cargaba las bolsas.

-Ah… ¿Ryoma-kun?-Sakuno lo distrajo de sus desesperantes pensamientos.- ¿T-Te gustaría ir a mi casa? Para preparar al… bebé para mañana-al chico no le quedó otra opción más que asentir.

Cuando llegaron Ryuzaki le ofreció unas cómodas pantuflas y lo hizo sentarse mientras ella iba a buscar todo lo necesario para crear al bebé. Se dio permiso para dejar todas las bolsas que cargaba en el pequeño desayunador en la cocina, y después regresar al salón.

Sakuno bajó felizmente dejando las cosas en la mesa de la sala.- ¿Mou¿Y los huevos?-el muchacho señaló la cocina, así que fue por ellos, Ryoma la imitó después, quedándose a mitad del camino.

-No sé cual escoger-se decía la nieta de Sumire mirándolos con detenimiento.

-Tráelos.-dijo cortante, la chica asintió tomando la caja.

Pero eso no era buena idea con una chica tan torpe como resultaba aquella, con que se atorara con sus pantuflas fue suficiente para que los huevos salieran volando.

¡Paaaaaaaaaaaaaaaaaaaaak!

-¡Kyaaaaa!-horrorizada miró su obra maestra. El suelo había sido manchado por las yemas de nueve huevos estrellados contra este. Dos escurriéndose en el cabello oscuro de Echizen y uno, sano y salvo en la mano del chico quien lo había atrapado.

El rostro inmutable del pequeño samurai hizo temblar a la jovencita.

-E-Etto… R-R-R-Ry…Ryoma-kun… ¡¡Gomen nasai, gomen nasai, gomen nasai, gomen nasai!!

Con su mano libre el chico se deshizo de los huevos en su cabeza lanzándolos directamente al piso.- Olvídalo-gruñó conteniéndose de gritarle y no queriendo verla a sus pies pidiendo perdón.

Aunque hubiera sido lo menos que esperaría de cualquier otra persona.

-¡Pasa al baño, por favor!-imploró nerviosa empujándolo escaleras arriba, lo llevó por el pasillo hasta el cuarto.- T-Te traeré una toalla…-dijo antes de encerrarlo.

-Hmph-miró al huevo entre sus dedos.- Es un milagro que se haya salvado.-unos segundos después Sakuno tocó la puerta ansiosa, se notaba por su insistencia y él abrió.- Cuídalo, es el último-recibió la toalla y cerró la puerta en sus narices.

-Lo arruiné.-suspiró dejando caer sus hombros. Cuando bajó se dedicó a limpiar lo mejor que pudo y parecía que no había sucedido nada, de pronto encontró la maleta del tenista.

-¡Ryuzaki!

-¿Mou?-esa era la voz de Ryoma, se apresuró a subir.- ¿R-Ryoma-kun¿N-Necesitas algo?-apoyó la frente en la puerta mientras agudizaba el oído.

-Mi maleta-respondió al otro lado.

-¡H-Hai!-a toda la velocidad que sus piernas le permitían bajó y volvió a subir con lo que le pedía el príncipe, de pronto vio la puerta mucho más grande. ¿Cómo se la entregaría?

Con una mano descontrolada y el rostro ardiendo giró el picaporte y lanzó el enorme bolso para después cerrar tan pronto como pudo, azotando la puerta incluso. Respiraba como si hubiera corrido un maratón.

-¿Ah¿Y ahora que le pasa?-se preguntó mirando la puerta y luego su bolso.- Mmh… lo dejó muy lejos.

En tanto el corazón de Ryuzaki no paraba de golpear contra su pecho, casi sin dejarla respirar.- "¡Baka¡Baka¡Sakuno Baka!"

No pasó mucho tiempo cuando Ryoma bajaba con su uniforme negro, pasando la toalla sobre su cabello húmedo. Sakuno esperaba sentada completamente estática en uno de los sillones pero de pronto un aroma a flores inundó todo el lugar.

-¿Tienes el huevo?-preguntó de pronto impaciente. Ella sorprendida de verlo –y sin variar, sonrojándose- asintió. Ambos lo examinaron, era inusualmente redondo y pequeño.

Les recordaba a una pelota de tenis. Ryoma pensó que era perfecto, después de todo ni él ni su esposa eran muy altos. Suerte que lo había salvado.

-Es muy bonito-el chico asintió en silencio pensando que tenía razón.

-Hazlo tú-dijo, recordando de pronto las pelotas con su rostro. Ella aceptó sonriente y mucho más tranquila.

Con delicadeza y un plumón negro comenzó mientras Echizen miraba a su alrededor. La casa no era por dentro como la imaginaba, parecía más hogareña.- ¿Tu abuela vive aquí también?-preguntó de la nada.

Concentrada en lo que hacía asintió.- Hai, ella y yo.

Silencio.

-¿Y tus padres?-interrumpió de nuevo, ahora observándola.

-Mi padre es jugador de tenis profesional y mi madre está con él –explicó rápidamente, ladeando un poco la cabeza mientras garabateaba en la superficie blanca.- Viven en Londres…

-¿Ryuzaki Kazuma?-exclamó asombrado, pero ella afirmó sin darse cuenta de la reacción del chico, recobrando la compostura continuó.- Es uno de los mejores en voleo cerca de la red.-Nunca se le había ocurrido que alguien tan torpe pudiera ser hija de un deportista tan famoso. Pensaba que en todos los casos se aplicaba el ejemplo de Nanjiroh y él.

-¿Tu padre también es jugador?-era obvio¿De donde más hubiera aprendido o heredado el talento?

-Está retirado-confirmó.- Es Echizen Nanjiroh.

Sakuno permaneció silenciosa.- El discípulo de la abuela. –ahora Ryoma movió la cabeza de forma afirmativa.- ¡Ya está!

Echizen parpadeó al ver lo parecido que era a él, tenía la misma mirada gatuna con lo que parecía una "n" de boca.- ¿Te gusta?-el muchacho notó que ella había tomado confianza y aunque no sabía a que se debía estaba satisfecho con que pudieran estar el uno junto al otro de manera serena. Sin tartamudeos ni gruñidos.

Aunque él tuviera todo el derecho a molestarse después de que le habían caído dos huevos en la cabeza gracias a su torpeza.

-Hmph… No hay forma de que un hijo mío no me guste.

-Ano…

Silencio.

Silencio.

Ryoma solo podía escuchar todos los utensilios de Sakuno mientras ella trabajaba dándole la espalda. Impaciente y después de media hora el muchacho pensaba que podría dormir un momento. De pronto sentía sus músculos pesados, sería por la ducha caliente que se había dado…

-¡Listo!-Sakuno se levantó sosteniendo con las dos manos su obra, dando pequeños saltitos de alegría. Enrojeció al ver que el chico la miraba dudoso. Le estiró el huevito que ahora tenía un cabello similar al suyo pero de estambre, con los ojos ámbar y con unas mejillas rosadas. Ryuzaki se sentó a un lado de él quien se removió incómodo, el huevo entre sus manos y sobre su regazo.

Sakuno lo miró con orgullo, observó esperanzada a Ryoma queriendo que le dijera alguna cosa linda.

Pero él es Ryoma ¿Lo olvidan? Y además Echizen.

-Mmh…-sostuvo el huevo con una mano y luego lo balanceó hacia la otra.- Está gordo.

-¿M-Mou?

-Y parece que tiene fiebre-añadió señalando las mejillas.

Sakuno mordió uno de sus labios y ligeramente ceñuda.- Es muy bonito-defendió a su hijo.- ¡Si le dices que está gordo desde ahora, seguramente tendrá traumas...!-miró con pena al pequeño blanquillo.

-Ryuzaki, es un huevo-le recordó.

-¡Tenemos que fingir que es un niño!-se rehusó, impaciente.- Todo cuenta.

-La profesora no se enterará.-insistió.

-¡Ryoma-kun…!

Echizen se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia otro lado, inconforme.- Como quieras.

Automáticamente Sakuno sonrió.- ¿Y el nombre?

-Kazuma-dijo sin más, apoyando su espalda en el respaldo del sillón, la jovencita lo miró sin comprender.- Tu padre es un buen tenista, así que mi hijo puede llevar su nombre.-Ryuzaki sonrió agradecida.

-Kazuma…-suspiró, siendo escuchada atentamente por Ryoma.- Echizen Kazuma…

El muchacho tragó pesado.

-¿A que te vas a dedicar?-inquirió curiosa, observándolo fijamente.- En el proyecto…-aclaró al ver que Ryoma no comprendía la pregunta.

Sus brazos se cruzaron detrás de su cabeza y miró el techo como si fuera lo más entretenido.- Tenista profesional, claro.

De nuevo el silencio los inundó.- Oi, Ryuzaki…-ella asintió en señal de que lo escuchaba, Ryoma la miró de reojo.- Ni una palabra de esto a los sempais.

-¿Eh?

-Nada a los sempais.-ordenó, más severamente.

-H-Hai…

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-Así que ustedes son la típica familia con problemas económicos-la profesora tomaba nota mientras Horio asentía complacido con un huevo que tenía cierto parecido a él y a su lado Tomoka con otro huevito que se parecía a ella.- Han sido muy valientes al querer tener gemelos.

-Mis hermanos son gemelos y siempre los cuido-comentó la de coletas con orgullo.

-Pasen a sus lugares.-los chicos obedecieron.- veamos… ¡Familia Echizen!

Todos parecían emocionados al saber quien sería finalmente la pareja de proyecto de Echizen. Horio se cruzó de brazos con una sonrisa burlona imaginándose el desastre por el que atravesaría su amigo junto a una de las peores candidatas al puesto.

-¡Que envidia amiga!-gimió Osakada.

Ryuzaki le devolvió una sonrisa temblorosa mientras se ponía de pie, giró un poco su cabeza para observar a un gruñón príncipe. Ambos pasaron al frente. Sakuno estaba demasiado nerviosa a lado del chico quien parecía no inmutarse con nada.

-¿¡Qué!?-los tres novatos amigos de Ryoma se pusieron de pie, mirándola incrédulos. Entonces ¿Los sempais tenían razón?

La pareja los miró interrogantes en tanto la mujer encargada les ordenaba que no hicieran alboroto.-"¡No puede ser¡Con Ryuzaki!"-se decía Horio sin poder creerlo aún.

Después de un momento, Ryoma comenzó a hablar.

-Somos los Echizen-murmuró amargamente, Sakuno sostenía al pequeño que tenía su cara en dirección a los compañeros de sus padres.- Yo soy Echizen Ryoma, soy tenista profesional y he ganado todos los torneos a los que he entrado-se cruzó de brazos altaneramente.- Así que somos millonarios.

-Ejem-la profesora tenía levantada una ceja.-¿Millonarios, señor Echizen?

Sí ¿Algún problema?

-Somos de clase media-rectificó refunfuñando al ver la mirada peligrosa de la maestra quien tenía el bolígrafo en mano.- Y ella es mi esposa-dijo señalando a Sakuno.

-A-Ah… b-bueno-la cara de la joven estaba tan roja como una cereza.- Y-Y-Yo soy Ry--- eh…-miró de reojo a Ryoma quien también la miraba, el calor en su rostro aumentó.- Soy E-Echizen… Sakuno… y soy ama de casa…-sintiendo el corazón en la garganta pudo percatarse como el chico tomaba al huevo, rozando delicadamente sus dedos.

Ryuzaki alguna vez pensó que quizá sus manos podrían ser frígidas, callosas, duras pero en cambio se topó que era tan tersa como la suya propia.

-Este es Echizen Kazuma-dijo indiferente- Tiene un mes de nacido y jugará tenis en Seigaku cuando sea mayor.

Hubo una risa general.

-Así que son el matrimonio joven e inexperto-la profesora parecía divertida, incapaz de creer ver al famoso novato de Seigaku en una situación como aquella.

Tampoco él lo creía.

Continuará.

Agradecimientos en profile, imagen de Kazuma Echizen en mi blog (dirección en profile)