-Va a matarlo ¿verdad?-Preguntó Nicholas.
-Si.-Contestó Hermes en un tono algo valemadrista.
-Vaya, ni modo…
-¡HEERRMMEES!-Gritó John a lo lejos mientras corría en dirección a ellos.
-A John, Hola.-Exclamó hermas desde el suelo cubriendo las heridas de su pecho con las manos.
-¡Chicos, la quimera!...-Luego volvió el cuello mientras corría, y se percató de la presencia de Amaimon ahora convertido en quimera, y luego miro con más detenimiento.- ¡Hay, hay, hay! ¿Q-Que rayos es eso?-Preguntó sin haberlo identificado aun.
-Otra vez la burra al trigo.-Exclamaron Hermes y Nicholas al mismo tiempo.
-¡Oigan!-Replicó John mientras ponía los puños en la cadera y paraba su correr súbitamente.
-Es Lebeche.-Contestó Nicholas.
-A… eso me hubieras dicho.-Dijo mientras ya se acercaba finalmente adonde ellos.-La quimera se dirige hacia acá, no solo es una combinación de Basilisco y demás animales sino que adentro de ella tiene una piedra filosofal.
-¿Roja?-Preguntó Nicholas.
-No, es blanca.-Contestó John.
-Esto es malo.-Dijo Nicholas en el mismo tono valemadrista que Hermes.
-Y… Al parecer, enviaron a unos tres batallones de infantería aquí.-Dijo mientras ponía las manos sobres sus mejillas y flexionaba las rodillas.
-¡En la!…-Dijo Hermes.
-¡Madre!-Terminó Nicholas.
-¿Vas a dejar que lo mate?-Preguntó John mientras veía como Lebeche estaba a punto de asestar un golpe mortal a Mephisto.
-Espera.-Dijo Hermes.
-¿Qué?-Murmuraron Nicholas y John sin entender.
-3, 2, 1...-Mientras numeraba con la otra mano.
El puño de Amaimon estaba a milésimas de segundo de acabar con un fulminante golpe la vida de su hermano mayor, pero en el último momento se detuvo, su mano temblaba como si se estuviera reprimiendo.
-¡YA BASTA!-Amaimon había hablado desde el lugar, más oscuro, recóndito, alejado y olvidado de su mente, reclamando el control sobre su cuerpo, entonces su cuerpo empezó a humear, había recobrado los rasgos necesarios como para que alguien supiera quién es a simple vista.
Mephisto estaba inmóvil, como si una gélida brisa lo hubiese invadido, y algo aun mas gélido lo envolvió, una violenta llama brotó desde el cuerpo de su hermano, quien estaba suspendido unos centímetros del suelo, era un frio terrible, el azul brillante que teñía la llama borró ambas figuras unos momentos ante la vista de todos los presentes, y luego la llama se dispersó suavemente como cuando uno sopla con delicadeza al fuego de una vela.
-Lebeche, te estábamos esperando.-Dijo Hermes mientras se ponía de pie lentamente.
Cuando la llama se hubo dispersado totalmente, frente a Mephisto estaba nada más y nada menos que Amaimon, estaba de pie, en su forma humana, traía unas botas negras ligeramente más abajo de la rodilla, unos pantalones también negros, una camisa sin mangas, blanca, y su usual gabardina rota, en este caso, negra y en vez de sus usuales guantes largos sin dedos color verde, ahora usaba unos guantes normales, blancos con unos símbolos en la palma, dos círculos concéntricos en cada guante, en cada uno una estrella de doce picos, en figura de doce lados del centro había un triangulo con una línea horizontal atravesada casi al final del las vértices que iban hacia abajo, y en el otro había un triangulo invertido del otro, el de la línea atravesada era la mano derecha.
Miró sus guantes blancos con detenimiento, y entonces empezó a frotar sus dedos unos con otros, mientras salía una tenue luz desde los círculos, entonces la tela se volvió más rígida y su color cambio a un gris, después se volvió plata.
Extendió su mano y ayudó a Mephisto a levantarse, ya frente a frente este tragó con dificultad.
-¿Qué no él estaba en ese raro reloj de cuckoo?-Preguntó sin entender, al ver que Amaimon estaba frente a ellos.
-Es una historia graciosa si la vez desde otro punto de vista.-Dijo Amaimon bajando la vista.
-Aja… estas en problemas, en serios problemas.-Exclamó Mephisto seriamente, estaba muy enojado.
-Lo sé.-Dijo cerrando los ojos fuertemente.
-¿Cómo escapaste de mi reloj de cuckoo?-Preguntó mientras apretaba los puños.
-Es que nunca estuve dentro del reloj, lo que vieron fue un… bueno no era, era mi sombra.-Dijo finalmente.
-¿Tu sombra?-Preguntó Rin.
-Sí, mi sombra, es independiente, no está "pegada" a mí, ni esta tiesa puede adoptar físicamente mi forma y un porcentaje de mis poderes, se despegó en uno de mis experimentos, desde hace cinco años que yo no estoy en Japón, estuve secuestrado por los mismos tipos que están atacando la escuela y toda la ciudad.-Explicó mientras miraba tres gemas que estaban fundidas en la plata recién transmutada de sus guantes largos.
-Oye, ¿me reconstruyes mi espada?-Preguntó Rin mientras le daba la empuñadura de la Kurikara.
Tomó la empuñadura con la manó izquierda y con la derecha empezó a trazar la hoja, hasta que estuvo completa.
-Aquí tienes.-Dijo mientras se la daba.
-Vamos a mi oficina, si no te mato, mínimo saldrás arrastrándote de ahí.-Exclamó con un aura asesina creciendo dentro de el.
-Sí, claro como a ti no te drenaron la sangre ni te hicieron fallar el corazón y mucho menos te transmutaron en quien sabe que chingados ¿verdad? -Exclamó Amaimon.- Además, no puedo.
-Quien te enseñó ese vocabulario, ¿besas a tu hermanó mayor, o sea yo, con esa boca?-Preguntó Mephisto.
- No, Catrina me ha dicho que no bese porquerías.-Contestó inteligentemente.
-Mocoso Hijo de… Bueno, ¿y porque no puedes?-Preguntó Mephistó ya hartó.
-No puedes decir esas palabras, estas frente a dos niños, además tengo que pelear.-Dijo mientras se tronaba la espalda.
-¿Te cuentas como niño?-Preguntó sarcástico.
-Si-Contestó.
-¿Contra qué?-Preguntó Rin mientras empuñaba la Kurikara.
-Contra una quimera que tiene en su interior una "Lapis Philosophorum", hecha a partir de la vía del pequeño magisterio según escuche de John.-Contestó mientras le bajaba la moral a Rin ya que este no entendió nada de lo que dijo Amaimon.-Contra la que no puedes, la única forma de destruir una piedra filosofal es descomponiendo todos sus elementos a la vez, y eso solo se logra sabiendo como manipular la materia, lo cual solo se logra si se sabe alquimia, además se debe saber manipular y descomponer la materia a un nivel subatómico, que no creo que sepas.
-Ahora en cristiano.-Exclamó Rin.-Suena difícil.
-Hermes y John, ustedes estarán combatiendo con los demás en los alrededores de la ciudad, en cuanto a ti Nicholas, tu combatirás a los que están dentro de la ciudad.-Ordenó Amaimon.
-¿Y tú?-Preguntó Hermes.
-En cuanto a mí, estaré junto con Nicholas y me encargare de la Quimera.-Contestó.
-¡Entendido! -Exclamaron los tres a unísono.
Entonces John y Hermes, se fueron con un grupo de alquimistas a proteger los límites de la ciudad.
Después de un rato peleando a las afueras de la academia, llegó en momento.
-Es hora.-Murmuró Amaimon, mientras levantaba del suelo su arma predilecta, una entregada en persona por su antigua maestra, un arma hecha para segar, una cuchilla curva hecha del mejor acero de damasco, un mango largo, largo hecho de igual manera de acero y el astil de encina oscura, tratada para que se viera negra, una arma incomparable.
