DISCLAIMER: Este capítulo probablemente hasta casi el final, podría haber pertenecido a la franquicia, pero no. Sin embargo, yo no cobro ninguna comisión por ello, ni LWA me pertenece.
¡Gracas por la lectura!
STAY
Atsuko se quedó mirando el techo de la habitación, pensando y repensando lo que acababa de pasar. Un rojo tiñó sus mejillas, mientras apretó más aún la cintura de su compañera.
Sucy…
Tenía que estar enamorada d Akko. No había otra manera de interpretar lo que había ocurrido. Ese casi beso. Su respiración. La sensación de esos labios suaves. Sus alientos mezclándose a la perfección. El aroma a pino y bosque que desprendía la bruja era casi embriagante.
Sacudió su cabeza y se apretujó más al cuerpo de la joven. Instintivamente, su compañera, la apisonó contra ella, sumida en sueños.
No supo cuándo, pero su cuerpo se apagó, al igual que su mente y se vio vagando por el castillo una vez más.
Fue con urgencia hasta la habitación donde estaba encerrada la real propietaria y se sentó en la silla que encontró por ahí, decidida a una gran charla.
-¿Akko?
-Ella Cavendish. –Susurró la voz de la joven, con una sonrisa más familiar. Era algo más dulce que la que se merecía.
Después de todo, estaba retozando con la chica que le gustaba, mientras usurpaba ese joven lleno de vida.
-¿Te lo han contado?
-Sí. –Akko suspiró y se quedó mirándola con tranquilidad. –Podrías habérmelo dicho y no me hubiera opuesto tanto, gran tonta.
-¿Por qué?
Ella sabía que Akko era buena, pero lo que estaba haciendo era quedarse con los momentos más importantes, egoístamente….
-Porque Diana es una gran amiga. Porque tu historia es conmovedora. Porque… No sé, yo adoro a Diana –Akko volvió a sonreír. –No hay dudas de que te ayudaría con los ojos cerrados.
-Lo siento, pero no sabía cómo ibas a responder.
-Bueno, úsalo cuanto necesites. –Akko hizo una señal de aprobación con sus dedos y un brillo de felicidad resplandeció en sus ojos. –Además, los fantasmas de aquí no son tan malos, me la estoy pasando de maravillas.
Ella rió.
-Lo sé, son lo más.
Un incómodo silencio se instaló entre ambas, mientras Akko seguía manteniendo toda esa actuación bastante sospechosa.
-Ve antes de que Sucy se levante. A esta hora comienza sus pociones y probablemente te utilice para probarlas. –La chica del espejo, rió. –Cuidado, porque ella suele provocarme un par de náuseas matutinas.
-O…. O…pkay… -Ella se sonrojó. Akko estaba por irse, pero su voz la llamó nuevamente. -¡Espera! –La aludida se frenó en seco y la miró sorprendida.
-¿Si?
-¿Sucy y tú son algo?
-¿A qué te refieres? –Su voz denotaba sorpresa y un rojo enorme se instaló en sus mejillas, al igual que la interlocutora.
-Son… ¿Novias?
A Akko le dio una histérica risa que la tuvo que frenar, luego de unos minutos.
-No, claro que no. ¿De dónde has sacado eso?
-¿No te gusta Sucy?
-No es de tu incumbencia. –Akko se abrazó a sí misma, ruborizándose furiosamente. Al fin, la máscara se había caído.
-Te gusta.
-¡Yo no dije nada! ¡No puedes venir y sacar esas conclusiones tan…!
Ella desapareció de la habitación, dejando a Akko con las palabras en la boca, una vez más. Luego, cuando no vio rastros del fantasma, sonrió satisfecha consigo misma. Observó a la amiga de Ella y le guiñó un ojo.
-¿Estas segura de lo que haces?
-Más que nunca. Merece tener una felicidad en su vida.
El fantasma pareció pensárselo.
-Te gusta Sucy, ¿Verdad?
Akko se abochornó de nueva cuenta, y bajó la mirada
-No lo sabía hasta ayer…
Ella abrió lentamente los ojos cuando el sol había despuntado. Observó a la joven que estaba a su lado, a unos pocos centímetros de sus labios.
Intentó separarse un poco, sus mejillas ardiendo y el corazón latiendo locamente. Lamió los suyos, sintiéndolos resecos, antes de intentar desasirse del agarre, pero Sucy, sucumbida ante el sueño, la apretujó más contra su cuerpo.
-No…
Susurró, en los brazos de Morfeo, antes de darle un beso en la frente. Esta vez sí, había sido uno y de los más dulces que había tenido la fortuna de probar. Ni su madre ni su padre la habían besado de esa manera.
-Sucy…
La joven se había apartado a una distancia prudente y luego, abrió los ojos de par en par. Sonrió perezosamente a Atsuko y luego la soltó.
-Disculpa. –susurró algo avergonzada. A unos segundos transcurridos, agrandó la mirada. –Akko….
-¿Sí?
-¿No sabes la hora que es? –Observó el cielo azul, sin ninguna nube. Era un día gélido, pero precioso.
-Las diez y algo… ¿Qué más da? Son vacaciones. –Se desperezó gimiendo de placer, cerrando los ojos nuevamente.
-Debemos ir con la maestra Finnelan para nuestro castigo. Rápido, levántate, ahora…. –Sucy la empujó con apremio y la chica se apresuró.
-¡Mi uniforme! ¿Dónde está mi uniforme?
Sucy se lo alcanzó con magia y luego la vistió con un simple hechizo. Su cuerpo dio un par de piruetas, la ropa de cama se transformó en el uniforme de verano, la peinó y colocó un poco de maquillaje, como una…
-¡WOAH, SOY UNA MAGICAL GIRL!
-¿Eh?
-Nada, nada. –Akko se rió antes de hacer una pose infantil. -¡Te castigaré en el nombre de la Luna!
Sucy por primera vez en mucho tiempo, lanzó una carcajada de buena gana, sentándose en su cama, ya que sus piernas habían fallado.
-Vamos, Sailor Moon –La tomó de la mano, antes de ir corriendo por los pasillos, libremente. –Por primera vez no me regañarán por andar así. –Susurró la chica, mientras le dirigió una sonrisa a Atsuko.
Era una muy genuina y dulce.
-No creí que te regañaran…
-Bueno, lo hacen porque te acompaño en todas tus locuras.
-Eres una gran amiga, Sucy. –Atsuko le sonrió antes de detenerse en seco. La chica iba a responder, totalmente muerta de timidez, pero no pudo decir nada, ante el rostro indescifrable de su compañera. Su estómago se contrajo en algo extraño y luego recordó.
Vería a esa mujer, luego de tantos años…
La puerta se abrió y estaba la profesora, con un semblante serio. Observó a sus dos alumnas, pero principalmente a Akko. Por una extraña razón, notó que había un aura diferente en su cuerpo.
Atsuko rió al verla tan añeja, pero siempre conservando esa personalidad que la hacía temible en sus años de estudiante. Sonrió ante la profesora, antes de darse cuenta de que estaba escrutándola demasiado. Se hizo un paso atrás.
-Se ha suspendido su castigo. La directora lo dictaminó, por lo que podrán volver a su vida normal. Lamentamos los inconvenientes ocasionados.
Y la puerta se cerró.
Tan aula tradicional. Tanta frivolidad. Tanta ignorancia hacia los sentimientos de los alumnos. Así era la estricta Anne Finnelan. Aún no se había quitado esa mota de antigüedad.
Sucy y ella quedaron mirando como dos estúpidas la enorme puerta y luego intercambiaron miradas.
-¿Qué acaba de pasar?
-No tenemos castigo... No entiendo por qué lo han levantado…
-Supongo que les dio pena. Después de todo, no lo merecíamos.
Ella sabía que las habían castigado por desobedecer órdenes. Era injusto, puesto que habían ayudado a toda la comunidad mágica y a los humanos del borde de la extinción. Esos seres diabólicos que tenía Croix en su haber podrían destrozar una civilización, con una Tercera Guerra Mundial.
-¿Tienes algún plan para hoy…? –Preguntó ahora, Sucy, algo desganada. Al menos podría haber molestado un poquito a Akko mientras cumplían el castigo, como siempre. La otra opción era ir a desayunar y pasarse el día leyendo en su habitación. ¿Verdad?
-No… ¿Qué tal si desayunamos cerca del bosque, luego vamos al pueblo y no sé… nos abrigamos y quedamos toda la tarde?
Los ojos de Sucy se agrandaron, aunque sólo se mostró uno, debido a ese largo flequillo. Sus mejillas se ruborizaron, dándole un color extraño a su pálida piel.
-¿Me acompañarías a buscar hongos?
Se veía encantadora.
-Sip.
Sucy desapareció y reapareció en un santiamén, con todo lo que pudieran necesitar. En los años que Ella se había quedado observando a esa extraña brujita, jamás la vio tan animada.
-¡VAMOS!
No había pasado demasiadas horas desde que habían desayunado juntas en una charla larga. Sucy traía un bolso chiquito, pero era de esos que se agrandaban por dentro, lo suficiente como para llevar una mansión. Estaban recolectando un par de hongos, mientras la brujita le explicaba cada una de las propiedades que poseían. Ella jamás se había sentido atraída hacia esos tubérculos, pero la verdad es que eran bastante interesantes.
-Woaaaah. –Ella se quedó mirando un gran campo escondido en el bosque, lleno de setas de distintas formas, tamaños y colores.
-Akko, Akko! ¡Ven! –Sucy estaba excitada observando su objeto de adoración. Faltaba que saltara en una pierna, muerta de felicidad.
-¿Mmmmh?
-¿Quieres ver algo genial? –Su cuerpo le decía que corriera antes de meterse en líos, pero la curiosidad pudo más. –Tranquila, no es ninguna trampa, ven a conocer esto, te encantará, lo prometo.
Eso mismo hizo, luego de apartar unas cuantas ramas. El bosque estaba oscuro, pero podía ver una luz. Seguramente era Sucy, así que se acercó a la fuente. A ciencia cierta, sería una de esas cosas viscosas que solía encantarle.
Grande fue su sorpresa cuando se dio cuenta que estaba equivocada.
-No puede…
Ni siquiera el olor a amoníaco podía apartarla de esa imagen tan preciosa
- Mycena Chlorophos. La seta que da luz en la oscuridad. ¿No es una belleza? –Sucy le mostró una, sin arrancarla.
Había muchas de color verde, pero otras eran rosas, amarillas y azules, probablemente porque están modificadas por magia. Sucy la observó con una sonrisa encantadora, totalmente feliz de haber hallado este pequeño tesoro en la oscuridad. Sus ojos resplandecían de puro goce.
-¡Es hermoso! –Los ojos de Ella se aguaron ante la emoción de ver tanta belleza. Unas mariposas bioluminiscentes sobrevolaron el lugar, era todo un ecosistema maravilloso. Nunca había hallado algo tan maravilloso en su vida.
-Los hongos no son tan feos y tétricos ¿No? -Sucy sonrió, antes de tocar un par con su varita, estudiándolos de cerca. –Se recomienda no comer, pero te cuento que estas crecen en climas subtropicales del este asiático y Brasil. Sólo dura un día, pero ¿Ves a estos pequeños? Probablemente harán lo mismo mañana o pasado. El clima caluroso y oscuro de aquí, logra que se reproduzca. Quizás lo han modificado con magia. Tomaré uno de cada uno.
Eso hizo, con suavidad y tanta delicadeza que daba ternura. Ella pensó que si Sucy se dedicara a la enseñanza de las artes de los hongos y las pociones, sería una gran profesora. Al menos, se tomaría el tiempo de enseñar sus propiedades con mucha pasión. Probablemente a alguien inspiraría seguir sus pasos.
-Es tan… -Se secó disimuladamente sus lágrimas, mientras atrapaba a un bichito de luz entre sus manos y lo dejó escapar.
Valía la pena vivir una vez más.
Totalmente.
-¡Ven! Dejemos que crezcan con tranquilidad y volveremos a visitarlos cuando desees. –Sucy la tomó de la mano, entrelazando sus dedos cariñosamente. Ella se dejó guiar, antes de salir de ese mundo tan especial. Los rayos del sol hirieron sus ojos y tuvieron que cerrarlo un rato, antes de volver a su cacería de hongos.
Siguieron caminando por lugares diferentes del predio, perdida cada una en sus diferentes mundillos. Sucy estaba entretenida clasificando las setas, mientras Akko le mostraba algunas con formas raras. Todo iba bien, hasta que de repente, se fijó en uno que parecía el color de una naranja, como el sol cuando despierta.
-¿Y este?
-¡NO LO TOQUES! –Sucy golpeó suavemente su mano, para apartarla, detrás de ella, aprovechando su estatura. –Es la mar de venenoso. Lo tocas y te mueres.
Ella dio un par de pasos, retractándose de su admiración poseía esa flora particular. Su amiga rebuscó en el bolso, encontrando unos guantes que parecían especiales para la recolección. Un frasco que seguramente contenía su toxicidad y luego una tapa hermética. –Por nada del mundo, Akko, toques esto. ¿Escuchaste? Esta seta se llama Amanita Phalloides –Lo guardó con un simple movimiento de su varita. -¿Ves su color anaranjado? Debería ser verde. Estos hongos terminan destrozando el hígado y los riñones hasta el punto de un trasplante urgente o mueres. Pero ante su cambio de pigmentación significa que tiene parentesco con unas de las setas que sobrevivieron a la catástrofe de Chernobyl. Está modificada genéricamente para provocar úlceras y hemorragias internas. –Si encuentras más de este tipo, llámame antes de tocar, por favor.
Sucy se fue a buscar otro espécimen, urgente antes de que alguien lo encontrara y se lamentaran largamente, dejando a Ella helada de puro terror. Si hubiera sido por Akko, seguramente la hubiera tocado y tendrían que ir volando a un hospital. Su torpeza e ignorancia la superaba crecientemente, así que o había dudas de que lo haría. Suspiró, aun temblando.
Esa seta le causaría pesadillas a cualquier ser humano.
Siguió caminando con más sigilo y luego observó uno de aspecto adorable. Parecía una novia con su velo, blanco, impoluto e inocente.. Sonrió y quiso tocarlo, pero Sucy la aportó de nueva cuenta.
Suspiró, mientras dejaba que los finos y largos dedos de su amiga la retiraran.
Parecía que tenía un imán con los hongos peligrosos.
-Lo siento…
-Ese… -Sucy reprimió una risa, antes de aislarla un poco más. –A menos que quieras estar caliente por semanas, te aconsejo siquiera respirar sus esporas.
Ella se sonrojó hasta las orejas.
-¿A qué te ref…? –Apenas pudo balbucear
-Esta cosita se llama Phallus Indusiatus o mejor conocida como "la seta de los orgasmos." –Cubrió sus labios con la mano, reprimiendo una risita pícara.
-Ya… ya veo… -Ella sonrió un poco incómoda, enrojeciendo un poco más.
Sucy tomó la muestra en otro de sus frascos, cuidadosamente, antes de colocarse una máscara, al igual que a Ella. Ambas observaron al pequeño hongo, con un tamaño adorable e inocente.
-No hay estudios totalmente concretos pero se estima que setenta de cien mujeres han caído en orgasmos espontáneos al aspirar siquiera su aroma. Prefiero evitarme el bochorno. Y tú también, ¿No? –Le guiñó un ojo, antes de guardarlo en su bolso con sumo cuidado. –Pero será divertido probarlo en alguien. Tranquila, ya sabes mi secreto, no puedo experimentarlo en ti.
-¿Y si me dejara? –Susurró pensativa. A ambas esto lo tomó por sorpresa y las dos se sonrojaron hasta la raíz del pelo, a la par de que no dejaban de mirarse como idiotas. –Lo siento, olvida lo que dije. –Ella bajó la cabeza, aún sorprendida por lo que había dicho.
-En ese caso… -Sucy se aclaró la garganta, su voz había salido carrasposa y oscurecida. –Supongo que no estaría mal, pero no querría perder tu amistad.
Sucy se marchó, aún un poco atontada por lo que había escuchado. Dio un par de tumbos, mientras Ella procesaba bien lo que había dicho.
"No querría perder tu amistad"-
Sus ojos resplandecieron y sonrió con picardía.
"Gotcha!"
Luego de una tarde de campo, estaban en la habitación, cada una en su mundo. Habían almorzado algo delicioso que dieron en la cafetería y todo lo que deseaban. Pudieron repetir un par de platos, mientras charlaban animadamente, disfrutando la suave caricia de los rayos del sol.
Sucy lucía tan satisfecha y feliz que Ella terminó apretujándola contra ella, aún con la reticencia de la joven. Ahora no estaría Lotte para despegarla, por lo cual se quedaron un largo tiempo así, antes de que Sucy se cayera dormida y Ella tuviera todo el tiempo del mundo para observar los bonitos rasgos de la bruja.
Pese a su piel pálida y las ojeras enormes, era realmente preciosa. Tenía unas facciones delicadas y bonitas. Acarició ensimismada esos labios suaves, un poco perdida en su mundo, mientras urdía un plan para hacerla caer a su merced.
Ahora que estaban en la habitación, su rostro se enrojeció cada vez que dirigía los ojos hacia ella. Sucy parecía estar perdida en su mundo de lectura sobre hongos. Según ella, había llegado tan muerta de la cacería que quería descansar y mañana comenzaría con las pociones.
-Sucy… -Ella se levantó de la cama, llamándola por su nombre.
Caminó a paso seguro, por la habitación, antes de tomar su libro y revolearlo por los aires. Sí, esto seguramente haría Akko.
-¡Hey! ¿Qué…?
-¿Tú me quieres?
Sucy la miró estupefacta, las mejillas se tiñeron de un bordó acusador.
-¿Eh?
-¿No me quieres? –Hizo un puchero, mientras se acercaba gateando en la cama, de manera provocativa.
Los ojos de Sucy se fijaron en el escote de la blusa que llevaba, revelando una enorme parte de sus atributos femeninos, que no traían puesto sostén. Tuvo que apartar la mirada, tragó saliva como pudo y respiró agitada; tratando de borrar esa imagen de su mente.
Piensa en hongos, estúpida… hongos. Setas, bonitas se…
-¿Qué bicho te picó? –Intentó apartar a Ella. –Espera, has aspirado algo de…, Oh, espera, te haré una poción para…
El fantasma le impidió salir de la cama, con un hechizo rápido. El ropero de la otra equina de la habitación, le impidió el paso. Sucy se quedó helada al instante y la miró a los ojos, petrificada, lentamente.
-¿Qué…?
-¿Me quieres, Sucy?
-E…So…Sí… ¿Ya? ¿Me dejas ir?
-No.
- Uh…Oh…. –Sucy se rascó la nuca, algo nerviosa. Nunca la había visto tan incómoda en el tiempo que llevaba conociéndola. Sus ojos rojizos realmente parecían alarmados y tenía sus labios haciendo un rictus adorable y gracioso. Realmente parecía asustada y avergonzada.
-Sucy…
-¡Siento haberte mirado el escote! Por favor, déjame ir…
Ella estuvo a punto de echarse a reír, pero aprovechó y acarició la línea de la mandíbula con suavidad; divertida. Desabrochó dos botones, provocativamente, acercándose aún más. Sucy cerró los ojos, suspirando.
-Eres una chica muy pervertida, ¿Eh?
-N…No.
-Ya me parecía que humana eres. No podía ser que no te interesaran nada más que los hongos. –Hizo un mohín encantador. –Dime, dime… ¿Entonces me quieres?
-Di…Dije que…. Sí. –Susurró para sus adentros.
-¿Mmmh? No escuché bien… -Ella se sentó en sus piernas, cruzada de brazos. Sonrió, más entretenida aún. Esas reacciones adorables de Sucy realmente le hacían su día aún más encantador.
-¡QUE SÍ
El semblante explotó en rojo, mientras Sucy temblaba cubriéndose el rostro, avergonzada por esto. Ella sintió un poco de pena, pero no se aminoró. Se la debía por todas las cosas que le había hecho pasar a Akko desde que se conocieron.
-Ya veo… Entonces, si te pido algo, me lo darás ¿No?
-¿Qué…Tipo de cosas? –Sus ojos rojos se fijaron en los de la joven amante de hongos que estaba intentando desaparecer en ese instante.
-Cosas como… Abrazos, caricias… Besos…
-¿Eh? ¿Qué te pasa, Akko? –La miró más sorprendida.
Algo estaba fuera de lugar.
Su Akko no diría ese tipo de cosas.
Su Akko se ruborizaba apenas insinuaba una cita con Andrew.
No podía llegar a pedir esas cosas. ¿Verdad?
-Es que estoy curiosa. Después de todo, estas cosas también las hacen las amigas.
-¿..Las amigas?
¿Podía ser simple curiosidad? Era posible. Quizás le pedía ayuda para alguna cita con Andrew. Sí, eso era seguro.
-Sí, las amigas hacen estas cosas. –Atsuko tomó sus brazos y expuso el cuerpo de la chica con toda la sensualidad del mundo. Sucy intentó debatirse, pero lo arqueó, logrando que su compañera no dejara de perder detalle. Los ojos pardos penetraron su cuerpo, mientras Sucy se sonrojaba hasta decir basta.
-Akko… -Susurró, suplicante. –Por favor…
-¿Lo harás?
-Yo…
-¿Acaso quieres que dejemos de ser amigas? –Akko torció el labio de forma más amenazante, su mirada se volvió tan fría como un témpano de hielo.
Los ojos de su compañera se aguaron.
Sucy temía eso.
No podía imaginar su vida sin su Akko.
Akko era para ella….
Suspiró, derrotada.
-Haré lo que me pidas…
¡PIDO TANTAS DISCULPAS!
Estuve ocupada a morir, muy enferma y con una situación dolorosa por culpa de una muela de juicio que crece sin pedirme permiso. De hecho, he casi desaparecido de las redes sociales, porque no aguanto ni el brillo en mínimo de la pc.
Además, estuve preparando exámenes.
Espero que este capítulo sea de su agrado, finalmente empezará la verdadera acción y se verá la verdadera personalidad algo manipuladora de Ella.
No la odien.
Prometo que terminarán amándola, sólo denle tiempo de madurar.
Me gustaría que comenten qué les ha parecido, una vez más, pido perdón por tardarme tanto.
¡Se los quiere!
Nos vemos en la próxima
PD: Pido paciencia, intentaré contestar todos sus reviews. ¡Gracias!
