Hola queridos lectores, les traigo nuevo capítulo. Disfrútenlo y espero puedan dejarme sus reviews

Avatar La Leyenda de Korra, así como sus personajes pertenecen a Bryan Konietzko y Michael Dante DiMartino.


CAPÍTULO 4: BA SING SE

—Con mucho gusto lo haría pero sabes que tengo otros deberes que atender. Saldrás ahora mismo.

No podía negarme, Sabía que el futuro del Reino estaba en mis manos.

—Ella es la única de la realeza, después de todo sabes cómo son y además, solo tiene diecisiete años ¿Qué tan difícil podría ser encontrarla? —Dijo, dándome una sonrisa de medio lado y lanzándome al mismo tiempo una daga con el símbolo de Ba Sing Se.

Había sonreído ante la recapitulación de "realeza" de Zaheer, pero una respuesta no era necesaria. Ambos sabíamos que sería fácil. Una presa asustada que no se preocupaba al dejar un desordenado rastro.

Zaheer había hecho mi trabajo cientos de veces, él me había entrenado después de todo.

Una vez más, no le fallaría.

—Así lo haré señor, cuente conmigo —Incliné la cabeza y salí, viendo de reojo la satisfacción que emanaba de su rostro.

Caminaba por el largo pasillo, tomando unas cuantas cosas y guardando el dinero que me dio Zaheer en el bolsillo, si me apresuraba estaría de vuelta en unos días. No podía perder más tiempo.

—Auch!

O eso quería creer…

—Oh, lo siento, lo siento mucho. Todo es culpa de estos idiotas —Volteó para empujar a los que venían detrás de él.

—Jaja ¿Qué pasa Kai, te aburriste de jugar?

—Déjalo en paz Ghazan —dije, en un intento por levantarme, pero alguien más se adelantó, empujando a Ghazan en el acto.

—Permítame ayudarle jefa…

— ¡Bolin! Te he dicho que no me llames así. No me hables de usted que no estoy tan vieja. Ni mucho menos me trates de jefa ¿Está claro?

—De acuerdo, disculpe. Digo, disculpa es la costumbre.

—Por cierto, ¿Que hacen ustedes tres aquí? ¿Dónde está P'Li? —Pregunté con leve preocupación.

Como era costumbre P'Li se encargaba de que no hicieran tonterías, vigilaba que alguno de ellos no hiciera algo que afectara al reino o a Zaheer. Era una tarea simple pero para nada sencilla.

—P'Li dijo que iría con Zaheer a terminar unos pendientes del reino, no sé exactamente cuáles porque no quiso darnos detalles pero si quieres investigo antes de que nos vayamos para…

—¡Espera! ¿Vayamos? ¿A dónde crees que irás tú, Kai? —Dije con un tono de burla.

— ¿Qué no es obvio? sabemos a lo que te han mandado y necesitarás ayuda para ello.

—Tú lo has dicho, me HAN mandado. No dijeron nada de acompañantes. Además, será demasiado fácil para necesitar ayuda.

Di media vuelta y comencé a caminar. Ya no estaba dispuesta a seguir perdiendo más tiempo.

—Si será fácil ¿Por qué no puedo ir? — Dijo alzando la voz para que pudiera escucharlo.

—Éste no es trabajo para ti —Contesté, levantando la mano en señal de despedida.

Kai era entusiasta para probarse. Estaba calificado tanto en sus lenguajes como en el cuchillo, yo lo sabía perfectamente, y al tener apenas doce años podría pasar desapercibido para cualquiera, alejando todo tipo de sospechas. Pero había una diferencia entre matar en una batalla y cortarle el cuello a una chica mientras duerme. Él no estaba preparado para esto. Podría dudar cuando viese sus ojos sorprendidos. Ese era el momento más difícil, y no podía haber dudas ni segundas oportunidades. Zaheer había dejado eso claro.

La alianza entre Zaofu y Omashu haría todos nuestros esfuerzos inútiles. Ambos reinos serían más poderosos que el nuestro mismo, o incluso peor. Se dice que la chica posee el don de la visión. Bien podemos no tomar en cuenta esa creencia mágica, pero otros lo hacen y en caso de ser cierto, nos vería llegar antes del ataque. No podemos darle una oportunidad. Su huida es la mala suerte para ellos y buena fortuna para nosotros.

—¡Buena suerte! Dejas caer mucha sangre y… ya sabes —Dijo Ghazan, mientras agitaba las manos alentándome —. ¡Deslizarse dentro, deslizarse fuera y ya está! Es tu especialidad. Si puedes hacerlo como el trabajo de Omashu, mucho mejor. —Escuché decir a Ghazan mientras golpeaba el hombro de Bolin y Kai, éste último poniendo cara de tristeza que me era casi imposible de ignorar.

Mientras caminaba a la salida del palacio no podía dejar de preguntarme…

¿Había estado así de impaciente por complacer a Zaheer cuando tenía su edad?

Habían pasado un puñado de años, pero parecía que fue hace tan solo unas semanas.

Zaheer ni siquiera era una docena de años mayor que yo cuando se convirtió en gobernante de Ba Sing Se. Ahí fue cuando me tomó bajo su ala. Me salvó de la hambruna en la que me encontraba, me brindó un techo, me salvó de muchas cosas que durante todo este tiempo he intentado olvidar. Me dio lo que mi propio Yo no tenía

Una oportunidad.

Una familia.

Siento que nunca terminaré de agradecer, y por mayor que sea el esfuerzo, hay cosas que nunca terminarás de pagar.

Esto sería un comienzo, incluso para mí. No es que no hubiese cortado gargantas en la oscuridad de la noche antes, pero esas gargantas siempre habían pertenecido a soldados, traidores o espías, y sabía que sus muertes significaban que mis compañeros vivirían. Incluso así, cada vez que mi cuchillo se deslizaba por una garganta, los ojos sorprendidos robaban una parte de mi alma.

Probablemente habría abofeteado a Kai si continuaba insistiendo con el tema de venir conmigo, aun con la fuerza que él posee, y la capacidad para inmiscuirse en territorios desconocidos. Es demasiado joven para estar perdido. Además de que tiene suficiente con la clase de personas que lo rodean, siendo consciente que yo formo parte de ellas.

Las palabras de Ghazan hacían eco en mi mente.

Deslizarse dentro, deslizarse fuera, es tu especialidad.

Así lo haría, y después unas merecidas vacaciones…


MÁS ALLÁ DEL BOSQUE, A LAS AFUERAS DEL REINO DE ZAOFU…

Nos dirigimos hacia el bosque, conscientes de que el mozo nos observaría hasta que desapareciéramos.

Cuando estuvimos bien dentro de su cubierta, encontramos el arroyo que Opal había visto en las cacerías con sus hermanos y doblamos hacia la parte trasera del riachuelo, caminando en el arroyo poco profundo hasta que encontramos un hueco rocoso al otro lado a utilizar para nuestra salida, sin dejar huellas o rastro detrás de nosotras que otros pudiesen seguir.

A pesar de que el lugar al que íbamos era nuestra única opción, teníamos la esperanza de que mi padre decidiera no seguirnos. Después de mi traición esperaba que así fuera.

Una vez que llegamos a terreno firme de nuevo, no paramos y montamos como si un monstruo nos persiguiese. Montamos y montamos, siguiendo un camino poco utilizado escondido por los densos pinos, que nos darían refugio si necesitábamos escondernos en forma rápida. A veces estábamos mareadas de la risa, a veces las lágrimas corrían hacia atrás a través de nuestras mejillas, empujadas por nuestra velocidad, pero la mayoría de las veces nos quedamos en silencio, sin poder creer realmente lo que habíamos hecho.

Después de una hora no estaba segura de que dolía más, mis muslos, mis pantorrillas acalambradas, o mi trasero magullado, todos estos no acostumbrados a algo más que un rígido paso real, debido a que estos últimos meses mi padre no lo permitió más. Mis dedos estaban entumecidos a causa del agarre de las riendas.

Perdí la noción del tiempo, el ruido de los cascos era la única cosa que importaba, cada paso alargando la distancia. Finalmente, casi al unísono, nuestros relucientes caballos castaños resoplaron y desaceleraron por su propia voluntad, como si un mensaje secreto se hubiera hablado entre ellos. Los caballos eran el orgullo de los establos de Zaofu, y éstos nos habían dado todo lo que valían.

Miré a lo lejos, por encima de las copas de los árboles. Todavía había por lo menos tres horas de luz del día. No podíamos parar todavía. Viajamos a un ritmo más lento y finalmente, cuando el sol desapareció detrás de la cordillera, buscamos un lugar seguro para acampar y poder pasar la noche.

Escuché con atención mientras dirigíamos los caballos a través de los árboles, y exploramos en busca de lo que podía ser un refugio probable.

Nos encontramos con las ruinas derrumbadas de los ancianos, paredes parciales y pilares que ahora eran más bosque que civilización. Estaban llenos de musgo y liquen verde, que era probablemente la única cosa que sostenía los restos en posición vertical. Tal vez las ruinas modestas fueron una vez parte de un templo glorioso, pero ahora los helechos y las enredaderas los reclamaban para la tierra.

Finalmente llegamos a un pequeño claro, con un último rayo de luz.

Las dos, sentadas en nuestras sillas de montar nos pusimos de acuerdo en silencio que éste era un buen lugar para acampar.

Todo lo que quería hacer era colapsar en la hierba y dormir hasta la mañana, pero los caballos estaban demasiado cansados y todavía merecían nuestra atención, siendo éstos nuestra única forma de seguir.

Removimos las sillas de montar, dejándolas caer bruscamente al suelo, ya que no teníamos fuerza para más. Sacamos las mantas húmedas y las colgamos en una rama para secarlas. Llevamos a los caballos al arroyo para beber y así finalmente derrumbarnos en el piso.

Estábamos demasiado cansadas para comer, cuando el sol bajó y la luz se hizo más tenue, nuestro cansancio dio paso al miedo. Buscamos leña para mantener apartadas a las criaturas que asechaban en el bosque a una distancia segura de nosotras, o al menos que nos permitiesen ver sus dientes antes de que nos devorasen.

Cuando encontramos la suficiente, la encendimos para después sentarnos frente a ella.

Observé las llamas lamer el aire frente a nosotras, escuché los crujidos, los siseos y el susurro de los árboles.

— ¿Crees que haya osos? —Preguntó Opal.

—Con mucha certeza. —Respondí, pero mi mente ya había optado por topos tejones. Había enfrentado a uno cara a cara cuando solo tenía diez años, tan cerca que sentí su gruñido, su aliento, su saliva, su inmensidad interna por engullirme. Había esperado morir. El por qué no me había atacado al instante no lo sabía, pero un fuerte grito de mi amigo Mako fue suficiente para salvarme la vida. El animal desapareció en el bosque tan rápido como había llegado. Nadie me creyó. Había sospechas de que los topos se hallaban en lo más profundo del bosque, a las afueras de Omashu, pero sus números eran pocos.

—O peor que osos, podría haber bárbaros. —Dije con simulado terror en la voz, intentando aligerar nuestros estados de ánimo.

Los ojos de Opal se ampliaron, aunque una sonrisa se produjo detrás de ellos.

—He oído que se alimentan como conejos y que arrancan las cabezas de los animales pequeños.

—Y solo hablan en gruñidos —Dije.

Había oído las historias también. Al regreso los soldados contaban las historias de sus patrullas sobre las formas brutales de los bárbaros y sus números crecientes.

Un gran reino feroz con una creciente población, y el rumor de expandir sus fronteras era más una amenaza que un reino vecino poco civilizado.

Las fuerzas combinadas de Zaofu y Omashu podrían ser grandes, lo suficiente para derrotar su ejército. Pero separadas eran miserablemente vulnerables. Es por ello que mandaban a grupos bárbaros en grandes cantidades al Rio Grande y las Colonias, para poder atacarnos en cualquier momento.

Pero eso ya no sería necesario. Ba Sing Se debía estar feliz ahora por mi escape.

—No deberías tener problemas con los gruñidos de los bárbaros. Así es como habla la mitad de la corte de tu padre.

Rompimos a reír, imitando los gruñidos del Canciller y el Erudito real.

— ¿Alguna vez has visto uno? —Preguntó

— ¿Yo? ¿Ver un bárbaro? Me han mantenido encerrada estos últimos años, casi no he visto nada.

Mis días libres de vagar y salir por las colinas terminaron abruptamente cuando mis padres decidieron que ya era toda una mujer, por lo que también debería comportarme como tal. Me arrebataron las libertades que compartí con Mako, como explorar las ruinas del bosque, correr en los caballos por los prados, cazar animales pequeños y meternos en una buena cantidad de problemas. A medida que íbamos creciendo, lo iban alejando de mí. Sobre todo mi padre, ya que Mako se convertiría en soldado y debía cumplir con sus obligaciones.

El pretexto perfecto del rey.

Aun así, con ayuda de Opal, se las arreglaba para vernos y platicar los tres de la interesante vida que yo tenía, y las emocionantes patrullas que hacía él a las afueras del reino.

Me dolió mucho dejarlo. Él y Opal se convirtieron en algo más para mí. Los veía como mis hermanos y estaba muy orgullosa de tenerlos. Aunque me sentía culpable por el hecho de tener que comprometerla a venir conmigo, sin ser consciente de las cosas que pudo dejar atrás.

La observé mientras ella distraídamente miraba el fuego, sabía que ambas pensábamos lo mismo. Ella tenía todas las de perder por lo que habíamos hecho.

—Lo siento, Opal. ¡Que enredo he hecho en ti!

Ella se encogió de hombros.

—Iba a irme de todos modos, te lo dije.

—Pero no así. Podrías haberte ido en circunstancias mucho más favorables.

Ella sonrió, incapaz de estar en desacuerdo.

—Tal vez. —Su sonrisa se desvaneció lentamente, sus ojos mirando fijamente mi rostro—. Pero nunca te hubiera dejado sola. No siempre podemos esperar el momento perfecto.

La abracé fuerte

—Seremos atrapadas. —Dije, no aguantando más. Ya no podía dejar de pensar en lo que sucedería. No podía seguir pensando que mi padre se quedaría de brazos cruzados o que me tuviera alguna consideración. Es un hombre egoísta, que solo piensa en lo "mejor" para el reino, en cortar toda la mala hierba de éste, incluso si su familia estuviese de por medio.

Ella se apartó, me miró y sacudió la cabeza vigorosamente.

—No por tu propio padre.

Suspiré, abrazando mis espinillas y mirando las brasas cerca de mis pies.

—Sobre todo por mi padre. He cometido un acto de traición a la patria, lo mismo que si un soldado del ejército lo hubiera hecho. Y lo peor, le he humillado, he hecho que se vea débil. Su gabinete no le permitirá olvidarlo, tendrá que actuar.

Opal frunció el ceño.

—Pero no eres un soldado, Asami. Eres su hija, no tuviste elección. Nadie debe ser obligado a casarse con alguien que no ama. En especial con un viejo y feo príncipe. Que por cierto, aún no puedo creer que te las ingeniaras para ver al rey a costa de tus padres, y entregarle la carta para su hijo, debió ser muy vergonzoso.

— ¡Lo sé! Pero más que eso, fue el tenerlo tan cerca y ver tantas cicatrices. Debo admitir que me dio un poco de miedo, sobre todo cuando no dijo ni una sola palabra y se retiró, fue muy extraño.

Rompimos a reír de nuevo, estaba tan agradecida por tener a Opal cerca.

Vimos las constelaciones titilantes juntas, y ella me habló acerca de su novio, las promesas que se habían hecho el uno al otro y los planes que hicieron para cuando él regresara de su última patrulla con la guardia real a finales de este mes.

Vi el amor en sus ojos cada que decía su nombre, me dijo lo mucho que lo echaba de menos. Me aseguró que se verían. Habían hablado del pueblo de Yi durante incontables horas y de su acuerdo por encontrarse ahí.

Me preguntaba lo que sería tener a alguien que me conociera tan bien, quien mirara directo en mi alma, alguien cuyo toque me quitara los pensamientos de mi mente. Traté de imaginar a alguien que quisiera pasar el resto de su vida conmigo, y no solo por querer cumplir un acuerdo sin amor en papel.

Opal se levantó, añadiendo al fuego la poca leña que quedaba, para después tomar las mantas y colocarlas en el piso.

—Tenemos que dormir un poco para viajar temprano.

Se acurrucó en la manta junto a mí, yo saqué el manto de bodas para abrigarnos.

El repentino silencio hizo que los bosques tomaran un gran paso más cerca, haciendo nuestro circulo de luz cada vez más pequeño.

Opal rápidamente se quedó dormida, pero los acontecimientos del día todavía se agitaban dentro de mí, no importando que estuviese agotada.

Mi único consuelo mientras miraba las estrellas parpadeantes era que al fin era libre.

Al fin mi vida cambiaría. Una vida nueva, alejada de mis padres, del reino y por supuesto...

Del príncipe.