No todas las historias de amor se escriben bajo la misma línea, ni las esculturas más hermosas se esculpen con el mismo cincel, existen historias con inicios difíciles, intermedios desastrosos y finales aún más inesperados que superar, tal vez… aunque no parezca justo mi niño, alguno de los escenarios terribles de las historias de otras personas, te tomen como personaje y te arrastren al dolor, pero una vez tomando conciencia de eso, puedes moldear el porvenir de la historia con tus manos, nunca olvides lo que te digo mi pequeño Ali…

MYTHICAL BUTTERFLY

IV

Aquella mirada dolida y abrumada no lo dejaba pensar con claridad. Hacerle cualquier clase de daño era lo último que quisiera, sin embargo… había pasado, estaba ahí parado, frente a ella, que había sido colocada sobre el suelo de la tienda real y arrodillada sobre las ataduras de sus pies, no dejaba de mirarlo.

Era normal pensar en su enojo, por todo el tiempo… desde que la conoció le había mentido… pero aquella mentira no había sido más que su nombre, todos los sentimientos que tenía por ella eran absolutamente reales, pero cómo expresárselo sin que se tomara como una suma más a aquella pantalla que había formado sobre su verdadero ser.

La diosa terminó por bajar la mirada al ver que él no tomaba la iniciativa de hablar. Cerró fuerte los párpados tratando de controlar sus lágrimas pero no hizo más que apresurar su salida.

- …¡Stacia! -llegó a arrodillarse a su lado al ver lo que había provocado, ella, su joya divina, derramaba lágrimas por su culpa.

- ¡No! ¡No me toques! -gritó desesperada sólo con sentirlo acercarse, lo que lo sorprendió, por lo que cerró la mano con que iba a tocarla en un puño.

-Stacia… déjame explicarte…

- ¿Explicarme?... ¿Es que acaso no lo ves?... -levantó su mirada angustiada hacia él. -Soy una diosa de Underworld… mi hermano… -tiemblan sus ojos de solo recordarlo y su faz se descompone en culpa. -¡Todos saben que fue el príncipe vector quien asesinó al rey Alistair! -le gritó frustrada de solo pensar que su familia le hubiera causado tanto sufrimiento directo y ella hubiera actuado tan distante al asunto todo ese tiempo.

Al comprender el punto de su enfado, el príncipe que había permanecido callado escuchándola, bajó la mirada.

-Es verdad… -sonrió por lo bajo, al asimilar que lo que más le dolía de su engaño, no era que escondiera quien era realmente, sino… que no tener esa información la había privado tratarlo como se merecía. -Mi padre… murió defendiendo a su pueblo… a las personas que amaba… -el recordarse a sí mismo sufriendo por la falta de oxígeno en aquella última habitación del castillo donde se refugiaban y ver a su padre conteniendo a los caballeros negros que los atacaban, le provoca un nudo en la garganta. -Pero… nada lo hace más noble y más fuerte que eso… y esa fortaleza es la que vive conmigo cada día… No ha sido nada fácil despertar de una noche a la mañana siguiente y saberme el nuevo rey de una nación… por eso, debía proteger mi identidad… tanto como pudiera.

- Pero tu padre…

-¡Lo que haya pasado entre tu gente y mi gente no es asunto nuestro! -colocó sus manos sobre las suyas, que al sentir su tacto sobre su piel, sus dedos buscaron hacer contacto con los de él instintivamente.

-Claro que lo es…nuestros reinos… -lo soltó y se llevó las manos al rostro tapándose los ojos, todo aquello le parecía sumamente doloroso, podía tolerar en su corazón el dolor de un pequeño que lo había perdido todo en la guerra… la desdicha, el infortunio… ¿Pero el príncipe?... ¿El eje principal? ¿El nuevo blanco de la armada real de su reino?

Tratando de tranquilizarla se acercó un poco más y abrazándola, la recibió sobre su pecho, en el cual enseguida buscó refugio y lo abrazó fuerte por la espalda agarrando la tela de su camisa entre sus dedos.

-Alteza… -la voz de su fiel amigo y escolta se coló entre las mantas de pared de la tienda, tras levantar la puerta y asomarse. Se notó la pausa en sus movimientos al verlos abrazados. Alistair que estaba de espaldas a él lo miró despacio sobre su hombro.

-Todo está bien Eugeo. -respondió serio indicándole que debía retirarse.

-Solo… me temo que debo informarle que los centinelas del sur han avistado varias compañías de Underworld a la distancia, tal parece que nuestro descanso termina esta noche.

-¡¿Qué dices?!

-Acaba de llegar el reporte.

-¿Cuántas compañías?...

-6 o 7…

-¿Tanto?... -se quedó pensativo unos segundos. -Avísale a los guardias de la frontera, pon a los francotiradores en posición y ¡Toda la caballería lista ya!

-Enseguida mi lord, -le reverenció y salió rápido de la tienda real.

-Esto es malo… -murmuró para sí mismo, mientras deshacían su abrazo y tras ayudarla a desatar sus pies, ambos se pusieron en pie.

-Es… por lo que estoy aquí… venía a decirte que pensaban emboscarlos en las afueras de Underworld, -lo siguió con la mirada mientras él se movía por toda la tienda recogiendo sus cosas y colocándoselas.

-¿Tú te enteraste del ataque? -se paró en seco.

-Sí… mi dama de compañía me lo dijo… pero ella estaba segura que atacarían dentro de cinco días… por lo que me parece muy extraño que estén tan cerca…

-Debe haber algo que haya detonado su salida… -abrió grandes los ojos de gema ante lo que estaba frente a su nariz. -La princesa… -volteó a verla, -Te siguieron…

-¿Qué?... -no era posible si había sido muy cuidadosa… pero aún así… sabía perfectamente que Vector tenía ojos en todas partes. -…Perdóname… No estoy haciendo nada más que traerte problemas… -se llevó las manos a la boca y cerró fuerte los párpados.

-Stacia… debemos afrontar esto… -la miró dulce, para luego suspirar y seguir en su recolección de indumentaria, mientras ella lo miraba sintiéndose totalmente culpable, hasta que de un momento a otro, sintió el abrigo de la tela recubriendo su rostro, el príncipe la había tapado desde los cabellos hasta un poco más abajo de la cintura con una manta sin adornos.

Tras tomarla de la mano, salieron de la tienda, el fuego escocía entre casi toda el área, los arqueros estaban preparados para el ataque, así que soportando el calor se dejó dirigir por Alistair hasta donde se encontraban otras mujeres.

-Vas a quedarte aquí con ellas… -le dijo, colocándole las manos sobre los hombros.

-No Eugeo-kun… por favor…

-No puedes venir conmigo… será muy peligroso… debo irme. -dijo finalmente serio y dándole la espalda corrió de vuelta a la concentración de armas.

-¡Ali! ¡Alistair! -pronunció finalmente su nombre mientras se alejaba, pero sus palabras llegaron a sus oídos, el escucharla llamarle por su verdadera identidad era regocijante.

-¿Qué son esas maneras de hablarle a su alteza niña? -la toma de la mano una de las mujeres que por su apariencia trabajaba en la cocina y la encaminó hacia adentro.

-Sí… discúlpeme…

-Bueno… si eres una de sus doncellas y él te lo permite está bien… supongo, aunque -se llevó una mano al mentón, la mujer que lucía experimentada y robusta. -Yo pensaba que aún no había pasado el ritual de la prima Notche…

-Prima Notche… -repitió asustada. Lo había escuchado antes, el ritual realizado a los monarcas vírgenes para asegurar que fueran fructíferos engendradores y los reinos contaran con abundantes herederos al trono.

-Aunque a decir verdad… no creo que le funcione… -se tapó la sonrisa con la mano la mujer, -ya ves al Rey Alistair… cuanto le costó darle un heredero a la corte… y nuestro joven príncipe pues… ¿está muy delgado no te parece?

Apenas y escuchó lo que la mujer decía, definitivamente no deseaba que él ni nadie pasara por algo así… aunque no estaba segura de que trataba, seguramente era bochornoso… o hasta doloroso. Pero más allá de eso, la actual situación no la dejaba tranquila.

-Quita esa cara de susto niña, su alteza y todos los demás regresarán pronto, siempre lo hacen. -le sonrió.

Mientras tanto, las filas de hombres estaban formadas y listas para el contraataque.

-¿Tienes el silbato que te dí? -lo mira impaciente Eugeo, aparentemente tiene más cosas que controlar, por lo que el príncipe al ver su premura, empezó a tocarse en todos los bolsillos y llevando una mano a sus pantalones sacó de la bolsa el que creía el silbato, pero se encontró únicamente con los pendientes que compró para Stacia. Al verlos los regresó a su sitio.

-Tal parece que lo perdí…

-¿Qué?

-Pero tranquilo, no voy a usarlo, nunca lo utilizo, -se llevó una mano tras la nuca.

-Claro, como siempre estoy yo tapándole las espaldas a su majestad… -la voz del capitán de la guardia real, les hizo sonreír a ambos.

-Gracias por eso, -lo reverenció Eugeo.

-¿Qué acaso no es ese su trabajo?... -levantó una ceja Alice.

-Hey… no me quite mi gloria señorita, -le sonrió Sir Klein, a lo que ella rodó los ojos.

-Bueno, poniéndonos serios, lo primero será que avancemos… para ver si podemos hablarlo… -les informó el príncipe, caminando unos cuantos pasos hasta los caballos alados y colocándole una mano en la cabeza al pegaso negro lo acarició.

-¿Cómo que hablar?... ¡¿Si nosotros íbamos a meternos a su reino a acabarlos no?! -reclama Alice.

-Lo sé, pero ahora las cosas son diferentes, esto ya no será una sorpresa para ellos… y la ofensiva está toda en nuestra contra. -encilla a su amigo el regente y tomándolo de las riendas lo hace trotar un poco. -¿Vamos?

La frontera entre las dos naciones lucía desolada a simple vista, pero ambas armadas estaban listas para saltar contra la otra en cualquier momento.

-¿Qué… es?...

-No… es un qué es… es… ¿Qué son?...

Los espías que estaban más cerca del territorio donde acampaban los caballeros de Overworld, se levantaron rápido y tocaron las alarmas de las compañías de Underworld.

-¡Se acercan! ¡Se acercan! ¡Overworld viene!

-¿Así que viene?... -recibe el mensaje Vector.

-Parece que son el príncipe y otros tres más, sus intenciones parecen pacíficas señor.

-Muy bien… -asintió con la cabeza tres veces. -Mátenlos.

El mandato sorpresivo se hizo inmediato, en unos segundos, la lluvia de flechas incandescentes inundó el cielo oscuro iluminándolo como la erupción de un volcán.

-¡¿Pero qué demonios?! -los centinelas de Overworld que vieron los acontecimientos sucedidos sobre sus representantes, dieron aviso a las fuerzas que enseguida se movilizaron, dándole a la pradera donde corrían la impresión de varias estrellas fugaces desplazándose sobre el pasto con furia.

Desde donde se encontraba Stacia, no se apreciaba más que miles de luces colisionando unas contra otras, era demasiado tarde, el enfrentamiento había comenzado y todo había sido por ella, quien bajo aquel manto descolorido y burdo, era la diosa de la nación que acabaría con las vidas de todos los humanos maldecidos de las tierras altas y muy posible de su príncipe…

Al pensarlo, el rostro sonriente de Alistair le viene a la mente. -No puedo perderlo… no puedo… no quiero… -negó con la cabeza y limpiándose las lágrimas con las palmas de las manos, corrió lo más rápido que pudo hacia las luces que se veían a la distancia, sin imaginar… que el enfrentamiento había sobrepasado por completo al reino del príncipe de cabellos negros.

Adentrándose entre las llamas de los alrededores, los cuerpos tendidos sobre el suelo crecían en número a cada paso que daba, llegando finalmente a encontrar al príncipe que tanto le preocupaba arrodillado a cuatro extremidades contra el suelo, mientras su hermano le pegaba con la fusta.

-¿Dónde está Stacia?...

La sangre que se escapaba de sus heridas se escurría entre los legajos de sus prendas y su piel rasgada, mientras sus labios temblaban con frustración y deshonra.

-¡Alistair! -gritó desesperada Alice, a quien enseguida le estrellaron la cabeza contra el suelo. Mientras Eugeo y Klein miraban la escena desde sus respectivas restricciones. Todos habían sido capturados.

-¿Sigues sin querer hablar?... Podría hacer esto todo el día… y toda la noche… y al día siguiente… -tomó impulso hacia atrás y el siguiente azote y lo derribó por completo contra el suelo, dejándolo inhalando con la boca abierta buscando el aire que se le escapó de golpe con aquel grito ahogado.

-¿Este es el fin?... ¿Es así como todo se termina?... -preguntaba a sus adentros el príncipe mientras apenas y mantenía los ojos abiertos, mismos que se abrieron un poco o más bien cuanto pudieron, por la sorpresa amarga ante ellos. -¿Qué estás haciendo aquí?...

-Hasta que saliste… -la mirada de molestia de su hermano era evidente, y mirarla con aquella apariencia lo enfurecía más. Aquella manta que sepultaba su infinita belleza, sus manos y pies cubiertas de lodo y el rostro empapado en lágrimas oscurecidas al secarse.

-Suéltalo…

-¿Cómo?... -su sonrisa se ladeó burlona al escucharla.

-Estuve… charlando con él un poco… preguntándole por ti… porque estaba seguro que él sabía dónde estabas… pero la verdad Stacia… es que fuiste tú la que le hizo esto… al pensar de una manera tan estúpida y egoísta… al tratar de protegerlos en primer lugar… ¿Por qué por eso te escapaste del palacio no? ¡¿Acaso no te he dicho que tu deber es permanecer en el palacio absolutamente todo el tiempo?! ¡Gobernar! ¡Junto a mí! ¡Tú rey! -le azotó nuevamente pero con mucha más ira, tanto que la sangre le salpicó el rostro.

-¡AAAGGH! -el grito de Alistair le caló hasta los huesos a la diosa.

-¡Déjaloo!

-De continuar así… va a matar al príncipe… -Pensó Eugeo, quien cruzó la mirada con Sir Klein en un segundo.

Las peticiones de Stacia lo encolerizaban, ¿Por qué debía defenderlo de esa manera? ¿Quién era este sujeto para ella? No iba a averiguarlo, bastaba con eliminarlo. Por lo que sacó su espada enfundada, al verlo la diosa, corrió con todas sus fuerzas en su dirección y aprovechando la distracción, Eugeo sacó la daga oculta en su bota y la lanzó al guardia de Underworld que sujetaba a Sir Klein, dejándolo libre para correr al auxilio del príncipe que apenas y estaba consciente.

No sintió dolor alguno, pero la sangre corría sobre su espalda agrietada nuevamente, tal vez… había llegado ese punto donde el dolor desaparecía y se encontraba de manera certera cercano a la muerte. Pero sus teorías fueron derribas al ver un brazo cubriéndole el rostro mientras el resto del cuerpo servía como escudo sobre el suyo.

Stacia había logrado empujar a su hermano, pero las intenciones persistían, por lo que quitándosela de encima arrojándola al lado volvió a enterrar la espada, sin darse cuenta que el cuerpo que atravesaba no era su principal objetivo.

-Ali… por favor… despierta… y acabalo… -le susurraba apenas al oído al príncipe el pelirojo.

-¿Có…mo?... ¿Klein?... -las lágrimas acudieron a sus ojos perlados al entender la situación. -¿Por qué?... siempre…

-¿Recuerdas… la fiebre?... -las palabras se llevaban sus últimos alientos, pero las mismas hacían fluir los recuerdos del príncipe.

Era apenas un poco mayor del día en que su padre había caído bajo el poder de Underworld, yacía recostado sobre un catre con mantas recién cambiadas y lavadas con un fuerte esterilizante, lo sabía por aquel olor penetrante que no lo dejaba descansar con tranquilidad, junto al dolor de todos sus músculos y huesos que parecían iban a doblarlo hasta hacerlo perder su forma humana. La fiebre era tan alta que sentía la garganta quemante como braza y los labios partidos por la resequedad.

-El curador que salió del aposento negó con la cabeza ante el capitán de la guardia real que para esos entonces había fungido como uno de los escoltas del antiguo rey.

-Alteza… tiene que luchar… nosotros… contamos con usted…

-Aghh…ahh…ahh…ag… -los gemidos de dolor se escapaban de sus pequeños labios, pero lo único que él podía hacer era cambiarle la manta que se calentaba a gran velocidad en su frente, mientras peinaba hacia atrás los cabellos empapados de sudor del príncipe a sus ojos agonizante. -Aggh… ¡Agghh! -abrió los ojos asustado por semejante dolor inundándolo.

-¿Alteza?... ¡Alteza! -trató de sostenerlo y en sus intentos terminó recostando al niño contra su pecho, fue entonces cuando lo notó, en la almohada y la sábana, los rastros de sangre que había fluido por su cabeza y su espalda alta, los pequeños cuernos habían surgido antes que perdiera el conocimiento.

-Lo recuerdo… no era una fiebre… era la transformación… -entendió entonces su punto y cerró los ojos preguntándose si podría utilizar aquel poder que jamás había experimentado más que en ese momento. Para de un momento a otro abrirlos al sentir el peso del otro cuerpo completamente sobre el suyo.

-¿Klein?... -esperó unos segundos y no obtuvo respuesta, por lo que supuso lo peor, sus ojos se inundaron en lágrimas y frustración. -¿Klein?... su seño se frunció mientras los destellos de sus iris adquirían una apariencia aplatinada.

Continuará…

Wow… más de 2 meses sin escribir una sola palabra de mis historias, me siento muy feliz de estar de vuelta y por supuesto que lo primero que tenía que actualizar era un fic de SAO. ¡Gracias por leer!

Saludos especiales a: Selector18, L' Fleur Noir, Luz Night

ARIGATO MINNA-SAN!

JA NEE!