Notas de la autora:

Antes que nada un agradecimiento a Siesna y a Vedda quienes son ahora mis beta y a las que les debo la vida. Especialmente a Siesna a quien se lo pedí en un mal momento y aun así lo hizo.

Debo decir que el cap. ya lo tenía desde hace tiempo, pero por diversas circunstancias no he podido publicarlo.

Terminare la historia cueste lo que cueste, puesto que ya está casi terminada en borrador, y está avanzando a buen ritmo aunque la verdad se me complique un poco pasarla a computadora, en parte porque el cable de la lap es de mi hermana y ella es un poco egoísta. Y bueno, debo admitir que a veces también es lo cansado del asunto de escribir todo de nuevo, aunque yo así lo prefiera.

Besos, abrazos y mil disculpas, en verdad estoy muy apenada.

Hachi.

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Capítulo 3

Diciembre 10

Entre lo retazos de su duermevela creyó escuchar algo... ¿Tal vez agua cayendo? Todo se volvió oscuro de nuevo. Algo le daba una extraña sensación de frescura...

"No estoy muerto"

Ese fue su primer pensamiento claro; fue como un haz de luz que le hiso sentir extrañamente miserable y muy aliviado. Tal vez feliz.

Al segundo haz de luz todo aquello le dejó, y descubrió con un suave gemidito que se sentía totalmente adolorido, muy cansado, casi quería volver a aquella eterna negrura de la que acababa de salir.

La extraña suavidad de un paño humedeciendo su piel le hizo sentir mínimamente mejor, una mano que a pesar de ser callosa no era ruda, le trajo una extraña ventisca de recuerdos. El callo (especialmente grande) en el dedo índice le hizo saber que quien le cuidaba era su padrino.

Un suave quejido volvió a escapar de sus labios.

― ¿Draco?

Sabía que era un susurro, pero a él le pareció casi un grito en sus desacostumbrados oídos e hizo que por reflejo abriera los ojos de golpe, cerrándolos de inmediato por la luz que había.

Suavemente los volvió a abrir para mirar el techo, uno que no le sonaba de nada, y lentamente los dirigió por toda la habitación resultándole curioso que se le hiciera familiar aun siendo un lugar extraño. En su errante búsqueda se topó con la mirada de oscuros ojos del hombre que hasta ahora había ignorado.

―Severus― y su voz le sonó demasiado extraña, muy... ronca.

El hombre suspiró, y le vio con algo que Draco pudo definir como preocupación.

―Estamos a diez de diciembre ―dijo y el chico solo asintió.

El hombre lo comprendió, se levantó y caminó por la habitación con la atenta mirada del chico fija en él.

―Me duele.

Fue un susurro, que se escuchó a la perfección en el silencio en que estaban sumidos, pero el hombre prefirió ignorarlo.

Diciembre 15

Recargó mejor la espalda contra las acojinadas almohadas, aun en cama, sigue sin poder levantarse. Severus dijo que volvería en unos momentos.

Alegremente dirige su mirada al calendario que se encuentra en su mesita de noche y recuerda los hermosos jardines de la mansión, y rápidamente vuelve su mirada a la mesilla en sus piernas, en ella hay pergaminos, tinta plumas; Severus fue tan gentil de traerle estas cosas para que no caiga en la ociosidad y el aburrimiento. Prefiere ignorar de dónde sacó sus libros, ropas, pergaminos, tintas y plumas.

En esos momentos sus ojos buscan en la habitación algo lindo mientras sus manos retiran el pergamino. Hoy estaba muy inspirado así que con un suspiro moja la pluma en la tinta y comienza el suave trazo de lo que en unos momentos será el florero chino que se encuentra en una mesilla junto a la ventana con un arreglo floral. Pudo distinguir unos alelíes amarillos, un ramillete de azaleas, un par de lirios blancos y, margaritas de colores blancos y anaranjados. Desde ya sabía que no sería fácil de dibujar, pero había mejorado mucho en ello.

Frunció el ceño y se mordió ligeramente el labio inferior, escuchó a los lejos la puerta abriéndose, pero sus ojos siguen en sus trazos y de sus trazos al florero.

―Draco, traje tu comida, después te bañaré.

―Sí, dame un segundo ―dijo suavemente mientras gira el dibujo y le da un visto bueno ―Sí, me agrada ¿A ti no?

―Sí claro― dijo con desdén.

Draco sonríe para sus adentros porque sabe que le ha guastado, aunque sea tal vez un poco.

Ve el rostro de su padrino y suelta una suave y musical risa de esas que casi nunca le es permitido dar.

Severus se sienta en el silloncillo de color blanco al lado de la cama y con un pase de varita acomoda las cosas para dejarlas en la mesilla del centro, pone la bandeja con los alimentos.

―Come conmigo

Severus gruñe y transfigura un pedazo de pergamino en un plató y se lo tiende a Draco.

―Solo no me des todas las verduras. Ni los pepinos – añade viendo las intenciones del chico.

Draco odia los pepinos, los odia incluso más que la mermelada de melocotón.

― ¿Cuándo podré salir?

―Depende de cómo te recuperes- susurra con simpleza.

Draco asiente y continúa comiendo mientras que con calma sigue una plática trivial.

Diciembre 16

Severus entra a la habitación y junto a la cama de Draco pone una cajita que con un pase de varita devuelve a su tamaño normal.

Draco sabe muy internamente lo que aquello significa, pero lo ignora con olímpica agilidad y el hombre simplemente se despide con un gesto adusto.

Toma uno de los libros, pergamino, pluma y tinta para comenzar a leer mientras hace anotaciones.

Diciembre 19

Han pasado tres días, Draco se siente muy solo. Al no poder levantarse se ve obligado a humillarse y usar los calzoncillos mágicos especiales esos que con un puff desaparecen "ciertos desechos". Se ve en total desacuerdo con llamarlo de otra manera y verse obligado a humillarse más.

Se siente sucio cuando se da cuenta de que solo se baña si esta Severus, aunque alguien más entra en la habitación para asearlo. Una vez incluso ha intentado quedarse despierto, mas falló estrepitosamente.

Con esfuerzos logra sentarse, y jalando la mesilla toma sus cosas y comienza un nuevo dibujo. Hacía poco tiempo que lo practicaba, pero ya estaba más que dispuesto a pedirle a Severus unos lienzos y un par de carboncillos, tal vez Severus denegara su petición al afilador de carboncillos. Vuelve la atención a su dibujo, que está resistiéndose.

Lee mucho, desde siempre, pero ahora lee mucho más de lo que nunca pudo haber imaginado, más simplemente es inevitable, al igual que aumente la rapidez con la que lo hace. Cada día estudia más que el día anterior, mejorando su técnica de estudio así como su escritura, que también se ha vuelto más veloz y su letra ahora le parece más curvilínea, fina y elegante, lo que le induce a pensar que parece de chica, extrañamente le recuerda a la de su madre. Es ahí cuando sus pensamientos vuelven a SU letra y se dice "Me gusta más ahora" y continua con lo que hacía evitando volver a aquellos pensamientos.

Mientras hace lo que sea que tenga ganas de hacer en ese momento, llega un instante donde aparece una bandeja con sus respectivos alimentos, lo cual es un alivio. Realmente no se ha dado cuenta de que tiene hambre. Antes de comer toma las pociones que le tocan para después, aliviado, comerse el caramelo de limón que siempre acompaña su comida en esas veces que Severus no va, agradeciendo secretamente el caramelo de limón que su padrino se niega a darle y el teniendo que aguantarse los gestos de asco.

Y así son sus días cuando Severus Snape no va a verlo.

Diciembre 24

–Severus – dice Draco con voz alegre al ver entrar al hombre después de ocho días sin haberle visto.

Para ser sinceros, Draco jamás se imaginó anhelando ver al hombre, no es que no quererlo, lo hace, pero aun así es difícil desear con todo tu corazón ver a alguien que siempre tiene la misma expresión y que cuando abre la boca lanza solo comentarios ácidos, los cuales, aunque le duele, solo son divertidos cuando se dirigen a un tercero. Simplemente ha cambiado de parecer cuando el hombre es el único ser vivo con el que interactúa realmente.

Severus levanta la ceja.

–Podrías llevarme a la mesa.

Hoy es víspera de Navidad. Severus asiente y con un pase de varita lo hace.

–Hoy fuiste a la mansión – dice con simpleza degustando la exquisita cena.

–Sí – responde a pesar de saber que no era una pregunta.

–Entiendo – y lo dijo con calma, pues aún no se siente listo para hablar de… – ¿Dónde estoy?

Cambiar de tema es la manera más sencilla de evitar hablar de eso, incluso de pensarlo, realmente no le había dado importancia, pero ahora tiene toda su atención este tema.

–Estás a salvo.

– ¿Puedo saber dónde?

–No – dijo simplemente.

–La cena está deliciosa.

–Sí, lo está.

Continuaron hablando trivialmente, uno evitando cierto tema del que aún no estaba preparado para hablar, el otro tajando un tema que aún estaba por establecerse.

Al terminar la cena, Severus baño a Draco a conciencia, lo secó y vistió con cuidado y tranquilidad. Después de haberlo acostado, esperado a que tomara las pociones y luego a que durmiera, Severus se levantó, acomodo las cosas y se dispuso a irse, tomando nota mental de discutir el tema tabú.

Antes de cerrar la puerta recuerda lanzar el hechizo nuevamente, ese que no le permite a Draco tomar más dosis de la que debe. Por supuesto esto no lo sabe el chico, y francamente Severus espera que siga así.

Diciembre 28

Ha pasado ya poco más de medio mes desde que despertó, y Draco sabe que el lugar le suena, pero realmente no recuerda de qué.

Lee un libro que le parece bellísimo, alzó la mirada y algo vino a su mente.

– ¡38, 39, 40! ¿¡Listos! ¡Allá voy! – se escuchó a lo lejos la voz de una niña. Un tanto molesto, el niño rubio entró veloz y en silencio en la habitación que estaba frente a él.

– ¿Dónde? – susurró con un tono misterioso.

Lo sabía, sí, pero no lograba recordarlo.

La bandeja con el almuerzo llegó con un "puff" e ignorando la sucesión de pensamientos tomó sus pociones para después saborear el dulce, y comenzó a comer.

Cuando terminó, la bandeja volvió a desaparecer y se sumergió nuevamente en el libro.

Después de unos minutos dejó el libro en sus piernas y alzó la vista, creía que aún no era el momento, pero era obvio que se equivocaba, su pecho le oprimía, como diciéndole "Vamos, ya paso mucho tiempo".

Cerró los ojos, recordó todo lo que pasaba, en realidad aún no se percata de todo, aun así prefiere que sea ahora a hacerlo frente a Snape, el cual igual se daría cuenta.

Suspiro hondo y examino todo lo que le había dicho su madre, a ver ¿Qué había leído en uno de los muchos libros? ¡Ah, sí! Analizar los hechos y pensar con la cabeza fría las cosas que son ciertas, las que no.

Volvió a suspirar preso de un ataque de llanto que ahogaba en su garganta, se tranquilizó y apretó el puente de la nariz. Dolía, dolía mucho.

Pensó, pensó mucho y de un momento a otro en el cual no supo bien lo que sucedió comenzó a llorar con fuerza, lagrimas que en un tiempo no había sacado, lagrimas que le perforaban por completo y quitando el libro y la mesa se volvió a recostar con trabajo se puso de lado y oculto el rostro en la almohada.

No supo cómo se había quedado dormido, pero cuando despertó, la mesilla estaba acomodada donde siempre, el libro en su mesita de noche y la almohada había sido cambiada y acomodada.

Se volvió a sentar, vio al lado del libro una bandeja con té, pastas, galletas y una generosa porción de caramelos, había también un libro y sobre él una rana de chocolate. Sonrío vagamente, se sentía extraño, era como si le quisieran consolar; se encogió de hombros y tomo uno de los dulces pero antes de echárselo a la boca, recordó que tenía que tomar sus pociones, después de hacerlo comió el dulce mientras preparaba su té, seguramente eso le haría bien.

Algo en su cerebro hizo un "clic" haciéndole ver que alguna de esas muchas pociones era un antidepresivo potente. Volvió a suspirar y sorbió un poco del té sabiéndole extraño por el dulce que aún tenía en la boca.

Después de tomar dos tazas de humeante té, tomo la rana de chocolate y en último momento decidió que la guardaría para otro momento, la metió en el cajón y domo un par de caramelos y tras desenvolverlos se los hecho a la boca tomando el libro, rio al ver la cubierta y rio aún más al leer las primeras líneas.

Diciembre 28

Cuando Severus Snape entro al lóbrego caserón con su rostro adusto se sintió satisfecho de sí mismo por poder mantenerse como de costumbre, y es que no todos los días uno logra lo que él. Draco, ese bribón pelafustán no se merecía a alguien como él.

Cuando llego a una habitación vio a los tres felices compadres sentados tomando el té, reían, pero, el que ríe último, ríe mejor; el único que podía verle era Potter pero siendo quien era no lo notaria así que con malignidad se acercó silenciosamente y cuando estuvo a una distancia aceptable, dijo:

–Buenas tardes – dijo secamente y en un tono de lo más lúgubre.

Weasley de la sorpresa o el susto –Severus le apostaba más al segundo- roció a Granger con todo el contenido de su boca. Algo asqueroso pero muy, muy divertido de ver.

Hay ciertos placeres en la vida que nunca podemos evitar, Snape estaba seguro de que ese era uno de ellos. Así que, así que más satisfecho que antes se fue dejando a un infeliz trio de oro para ir a la habitación de su ahijado.

En el camino, recordó que tenía algo más que recoger, y dirigió sus pasos a la cocina, donde encontró al hombre-lobo, rio para sus adentros, hoy era un gran día. Renegó un rato con el hombre incluso le insulto felizmente y tomando lo que necesitaba se dirigió a la habitación que todos creían que era su suite privada.

Al entrar vio a Draco sentado con un libro en las manos.

–Buenas tardes, Severus.

Frunciendo el ceño se preguntó si eso que veía en las mejillas de su ahijado eran lágrimas. Elevo una ceja y prefirió ignorar el tirón de felicidad al comprender. Hoy era quizá uno de los mejores días de su vida.

–Draco, buenas tardes

– ¿Por qué siento que brillas? – pregunto con ironía.

–Cállate, hoy ha sido un buen día y no pienso dejar que un malagradecido como tú me lo eche a perder

Draco lo miro y lentamente elevo una ceja, cerro el libro y palmeo el silloncillo al lado de su cama.

– ¿Y bien? ¿Piensas quedarte con toda la diversión para ti solo ovas a contarme? – dijo con una sonrisilla maliciosa.

–Veras, Dumbledore y yo hemos discutido

– ¿Y?

–Bueno, yo he ganado – dijo con orgullo y Draco sonrió

Después de contarle con lujo de detalles donde se encontraba ahora. Draco volvió a hacer la pregunta.

–Ya te lo he dicho

–No, me has dicho una parte.

–No te atrevas a hablarme como si tuviera tres años Draco Malfoy

Draco alzo las manos en señal de paz y después se sumergieron en una plática un tanto trivial hasta que Draco recordó algo.

– ¿Quién más sabe qué estoy aquí?

–Solo Dumbledore y yo

Entonces sus conjeturas no estaban muy lejos de la verdad.

Y así volvieron a sumirse en una plática amena tomando temas peliagudos que Draco ya no evito, era lo correcto, además de que necesitaba hablarlo con alguien más.

Aquella noche, volvió a él la vieja costumbre de encerrar el día. Esa noche también, después de encerrar el día en un círculo abrió la rana de chocolate y comió un pequeño pedazo y guardo lo demás, aún faltaba mucho camino.

Notas:

Bien, si alguien me sigue le leyendo le pido que me deje un comentario en estos momentos eso me levantaría los ánimos y avanzaría tal vez más rápido. En verdad es un mal momento en mi vida.

Gracias, nuevamente: discúlpenme.

Hachidori.