Todos los personajes de este capítulo pertenecen a JK Rowling, y por una vez, no he inventado casi nada.

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CLAUSTRO EXTRAORDINARIO

Era la primera vez que iba a iniciar un curso en Hogwarts como profesora, así que por primera vez asistiría al claustro inicial, la reunión en la que se repartían los horarios. Estaba nerviosa, para qué negarlo, y no sólo por las advertencias que me había hecho Charity, sino sobre todo porque iba a ver a algunos de los que habían sido mis profesores en su salsa, desvestidos del aura de la autoridad. Como alumna, siempre había pensado bastante mal de ellos, los veía maniáticos, a veces mezquinos, siempre inalcanzables. Y ahora estaban a mi altura, o mejor dicho, yo me había elevado a la suya. Que no es que fuera mucho, pero era algo.

Al entrar en la sala de reuniones, saludé a Aurora Sinistra. Aun no había tenido oportunidad de verla porque, al igual que Charity, vivía en Hogsmeade y apuraba los últimos días de las vacaciones consintiendo a sus revoltosas hijas. Ella me propinó un fuerte abrazo.

-¡Willa! Pensé que no te veríamos tan pronto por aquí. Me alegro de que estés, así podemos hacer frente común y que no nos trituren los "basiliscos"- miró hacia Minerva McGonagall y una anciana profesora cuyo nombre no recordaba pero que parecía una auténtica arpía- Creo que deberíamos cambiarle el nombre al día. En lugar de 29 de agosto, llamémoslo Día del Caníbal.- detecté rápidamente la sorna en la voz de Aurora, que sonrió a la anciana y albina bruja que se sentaba enfrente de ella.- O Día del Tuerto, porque de aquí unas pocas saldremos sin ojos.

Eché un vistazo a la sala de profesores, o mejor podría decir sala de profesoras, ya que éramos amplia mayoría: casi todas estábamos ya sentadas, y nadie tenía aspecto de caníbal, pero los gestos tensos abundaban. Hice un gesto de súplica a Charity, que llegaba en ese momento musitando una disculpa, para que se sentara a mi lado. Si alguien quería asesinarme con la mirada por arrebatarle un mejor horario, prefería tener a amigos cerca.

En la zona de la derecha, de pie y dominando con su altura la amplia mesa circular, Minerva McGonagall carraspeó y lanzó una mira asesina por encima de sus lentes.

-Por favor, vamos a empezar con el reparto de horarios de clase. Todos tenéis delante un pergamino con el número de alumnos que hay matriculados en vuestras asignaturas, y los niveles, así como el agrupamiento por casas.

-Ejem, Minerva, creo que antes de repartir los horarios habría que retocar los agrupamientos. Te he pedido mil veces que no me juntes a los Hufflepuff con los Slytherin de 3º, esa es una combinación explosiva.- protestó Betsheba Babbling, la anciana profesora de Runas Antiguas.- Si ya es difícil conseguir que estos mentecatos aprecien los matices de la traducción de la Balada de Hengist de Woodcroft, al menos podrías no torpedear mis clases a posta uniendo a esos dos grupos. Son agua y aceite.

-Betsheba, no tengo intención de torpedear a nadie, pero no es posible que en tu asignatura tengas solos a los alumnos de cada casa, deberías duplicar tus horas de clase entonces. No es mi culpa si pocos Hufflepuff eligen tu materia.

-Si el plan de estudios la considerara obligatoria, como siempre ha sido, habría alumnos suficientes para…

-Creo, querida Betsheba, que no debe obligarse a todos los alumnos a cursar todas las materias, sobre todo si, como en el caso de la mía, es tan imprescindible una predisposición natural para desvelar los misterios del futuro.- la voz chirriante de Sybill Trelawney consiguió sorprenderme al intervenir en la discusión. Luego prosiguió.- Por mi parte, Minerva, solo te recuerdo que mi ojo interior alcanza su mayor precisión cuando trabaja una vez que el sol ha sobrepasado el punto más alto.- Ahora Trelawney ensayó una especie de voz tenebrosa, pero se acabó rasgando en una tos que exhudaba un fuerte olor a jerez.

-Claro, el ojo interior necesita reposar la resaca.- comentó con sorna Aurora, inclinándose hacia Séptima, que le guiñó aceptando la broma.

-Por cierto Minerva, a ver si este año consigues encajarme todas mis clases prácticas entre el martes y el miércoles: los lunes tengo que salir de trabajar temprano porque me toca a mí recoger a Kettie de la guardería.- Aurora sonrió a los presentes.- Con cuatro años, ya consigue encender las velas, no se le puede quitar el ojo de encima…

Severus Snape, sentado al otro lado de Charity, no pudo evitar un gesto desdeñoso, y gruñó por lo bajo: "Mocosos".

-¿Podemos continuar, señores? A ver, Filius, tienes a los alumnos de EXTASIS los viernes a última hora.- Flitwick desorbitó sus grandes ojos saltones, boqueó como un pez fuera del agua, pero no emitió una sola queja.- Y vosotras, Rolanda y Wilhelmina, os tenéis que repartir las horas centrales del día, no quiero tener a ningún alumno al aire libre cuando esté anocheciendo.

Miré a la bruja de ojos amarillos que ocupaba asiento frente a mí, y nos hicimos un gesto de entendimiento.

-Volviendo a los agrupamientos, Minerva,- la cara rubicunda de Pomona Sprout expresaba preocupación- sabes que meter en el mismo invernadero, con escardillos de por medio, a los Slytherin y Gryffindor de cuarto año, con todas esas hormonas revoloteando por ahí, es un poco temerario.

-Te digo lo mismo, Pomona. Si no quieres estar dando clases los fines de semana, hay que unir grupos.

-Puestos a hacer comentarios, debo agradecerte que hayas tenido el detalle de colocar las dos horas de clase de Pociones los lunes después de Historia de la Magia. Mis alumnos podrán llegar bien descansados para apreciar el sutil arte de las pociones después de haber roncado apaciblemente.- me costó un poco entender la enrevesada ironía de Severus Snape, cuya presencia resultaba intimidante incluso en un gallinero como el que se había formado allí.

Todo el mundo miró al fantasma que ocupaba el sillón junto al de Snape, pero este no se inmutó.

-¿A qué se debe este aumento en el número de horas de clase?- preguntó Séptima Vector, que impartía la asignatura de Aritmancia. Aunque era una de las profesoras más cercanas a Charity, y habíamos coincidido mucho el año anterior, no tenía muy clara cuál era su forma de ser. Al igual que yo, era bastante reservada, hablaba poco de su situación personal y prefería dejar que otros llevaran el peso de la conversación. No obstante, me agradaba su porte serio y reposado. Seguro que ella no necesitaba envejecer su aspecto para ganarse el respeto de los alumnos.- Creo que tengo un horario digno de un elfo doméstico…

-Lo siento, Séptima, pero supongo que es mérito tuyo. Este año ha habido más peticiones que nunca para cursar tu materia.- le contestó McGonagall.

-Y sin embargo, por primera vez desde que trabajo aquí, han bajado las matrículas de la mía.- intervino Charity, que hasta entonces había estado muy alegre, oscureciendo su semblante.- ¿Crees que hay algún motivo en particular?

Minerva se calló y apretó los labios. Su mirada vagó por toda la mesa y acabó posándose en una bruja gruesa y vestida con una rebeca de un tono rosado. Sonreía beatíficamente, y no había abierto la boca en toda la reunión.

-Supongo que no, Charity. Vaivenes en los gustos, ¿qué otro motivo podría haber para no querer cursar Estudios Muggles?

De pronto, la tensión se podía cortar con un cuchillo. El entretenido toma y daca de minutos antes había dado paso a un frío silencio que nadie se atrevía a romper. A todos se nos ocurrían motivos. Como por ejemplo que si Quién-tú-sabes había vuelto de verdad, estudiar a los muggles era una manera perfecta de buscarse problemas.

-Bueno, si todos tenéis ya vuestros horarios, creo que podemos terminar la reunión. Mañana llegan los alumnos, me gustaría que todos reviséis vuestras aulas antes de ese momento. Feliz curso a todos.

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Muchas gracias a las personas que leen en la sombra, y muchas más a las que salen a la luz.