Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.
El sonido incesante del timbre despertó a Hermione a las siete de la mañana. La castaña se levantó y salió de la habitación, tan dormida que no se dio cuenta de cierto rubio que estaba apoyado en el marco de la puerta de su cuarto. Y mucho menos recordó el camisón que llevaba y de lo poco que este cubría
- ¡Yaaaa! – Chilló mientras bajaba las escaleras - ¡Y deja de tocar, que vas a fundir el timbre!
En cuanto abrió se arrepintió de haberlo hecho. La hermana menor de Claire, Susanne, estaba ante ella con una sonrisa perversa. Susanne era una jovencita de veinticinco años algo loca, con el pelo rubio-castaño y los ojos negros, que estaba casada con un joven empresario. Quedaba sola en casa con su hija la mayor parte del tiempo, pues su marido viajaba mucho a causa del trabajo, por lo que se dedicaba a participar en sorteos, hacer manualidades, confeccionar ropa…
- ¡Holaqueridaprima, cuántotiemposinverte! – Chilló la joven – Mealegraverqueestásaquí, almenosasíséquemihermanatienealguienvigilándola. ¿¡Sabesqué!? ¡Mehatocadouncrucerodeunmesenunsorteo! Ynosabeslopreocupadaqueestabapornotenerconquiendej araminiña. ¡Peroahoratodoestábien! ¡Porquésiestásaquímínimosignificaquepasarascasitod oelverano! ¡YasínotendréqueabandonaramipequeñaconClaire! Noesqueodieamihermana, peroyasabescómoesyesascosas… Noesadecuadodejaraunniñoasucargo, anoserquequierasqueacabevetetúasaberqué… ¡Esperoqueoslopaséisbien! Buenoyomevoyya. TedejoaquílasmaletasparaqueacomodesaAlexaenlahabit aciónquequieras. ¡Chauchaito! – Dijo a la velocidad de la luz.
(N/A: traducción para personas que hablan a una velocidad normal:
¡Hola querida prima, cuánto tiempo sin verte! – Chilló la joven – Me alegra ver que estás aquí, al menos así sé que mi hermana tiene alguien vigilándola. ¿¡Sabes qué!? ¡Me ha tocado un crucero de un mes en un sorteo! Y no sabes lo preocupada que estaba por no tener con quien dejar a mi niña. ¡Pero ahora todo está bien! ¡Por qué si estás aquí mínimo significa que pasaras casi todo el verano! ¡Y así no tendré que abandonar a mi pequeña con Claire! No es que odie a mi hermana, pero ya sabes cómo es y esas cosas… No es adecuado dejar a un niño a su cargo, a no ser que quieras que acabe vete tú a saber qué… ¡Espero que os lo paséis bien! Bueno yo me voy ya. Te dejo aquí las maletas para que acomodes a Alexa en la habitación que quieras. ¡Chau chaito!)
Susanne llegó y habló tan rápido como desapareció, dejando a la pobre Hermione con cara de tonta intentando explicarle que le era imposible hacerse cargo de la pequeña Alexa. La castaña bajó la mirada y vio a la pequeña Alexa observándola alegremente.
Alexa era una niña de cinco años que poseía un pelo tan largo que le llegaba por la cintura y de un color oro como su padre, más brillante y dorado que el de los Malfoy incluso. En ese momento lo llevaba recogido en una cola alta y tenía varios mechones cayéndole por los laterales del rostro. Sus ojos eran marrones, grandes, brillantes y llenos de energía. Unos ojos tan iguales a los de Hermione que quienes la vieran podrían pensar que eran madre e hija o hermanas. La pequeña tenía una constitución delgaducha y a veces daba la sensación de tener ramitas en vez de extremidades. Pese a todo esto, muchos la llamaban "la niña ninja" gracias a sus estupendas habilidades (agilidad, velocidad, flexibilidad…), fruto de las clases de artes marciales y danza a las que la había apuntado su padre a petición de ella misma, ya que le gustaban mucho las películas como Karate Kid.
Hermione se giró lentamente, escuchando como Claire bajaba casi saltando por las escaleras y los demás la seguían a paso normal.
- ¿Quién…? – Fue a preguntar, pero al ver a Alexa y las maletas se calló - ¿Ha venido Susanne? ¿Qué quería? ¿Por qué Alexa está aquí?
Hermione intentó interceptar alguna palabra coherente en toda la cascada de sonidos que había soltado Susanne.
- Puees… No sé… Ha hablado tan rápido que… - respondió mirando a Alexa - ¿Qué posibilidades hay de que haya decidido abandonarla? – Preguntó alzando una ceja.
- ¡Mami no me ha abandonado! – Exclamó Alexa dándole un manotazo – es sólo que le ha tocado un crucero de un mes.
- ¿Y nos toca a nosotros aguantarte? – Preguntó Claire en broma.
- En realidad venía a pedirte el teléfono de los tites – respondió sincera la pequeña – pero al ver a Hermione ha pensado que podía dejarme aquí.
- ¿Ya le ha dado tiempo a pesar en la milésima de segundo que ha tardado en aparecer y desaparecer? – Inquirió Hermione – yo creo que no habría podido ni respirar.
- Mami piensa y habla siempre muy rápido – rio Alexa.
- ¿Qué está pasando aquí? – Preguntó Ginny desperezándose junto a Harry.
- Pueees… por lo que parece vamos a ser uno más durante un mes más o menos… - explicó Hermione.
- Oh, si es Alexa – sonrió Harry – buenos días, enana.
- ¡Yo no soy una enana, tontolaba! – Lloriqueó la pequeña sacándole la lengua.
- Creo que debería llamar a Minerva para que dé su consentimiento – propuso Snape.
La castaña le miró enarcando una ceja.
- ¿Consentique? – Preguntó irónica – si yo digo que se queda se queda, y punto final. Y ahora, me vuelvo a dormir.
- ¡No puedes! Tienes que ayudarme a ordenar mis cosas – se quejó Alexa cogiéndola del brazo.
- Ya eres mayorcita – se quejó Hermione – puedes guardar la ropa y eso tu solita.
- ¡Sólo tengo cinco años! – Recordó Alexa.
Hermione hincó los mofletes.
- ¡Pero tengo sueeeño! – Lloriqueó - ¿no podemos dejar todo esto aquí y ya cuando nos despertemos lo guardamos?
Alexa miró a Hermione alzando una ceja y con los brazos en las caderas, pose que había aprendido se su padre.
- Las cosas se hacen cuando tienen que hacerse – anunció, citando al mismo.
La castaña murmuró algo por la bajini y en tono infantil y, tras coger una maleta, empezó a arrastrarse escaleras arriba. Se paró un segundo y, mirando a sus amigos, les pidió que cogiesen cada uno una maleta, ya que la pequeña traía siete maletas. ¿Cómo había podido Susanne con todas ellas?
- Te pondré en la habitación que hay delante de la de Claire – explicó Hermione subiendo al segundo piso - ¿seguro que vas a quedarte sólo un mes? Con la cantidad de maletas que traes yo podría irme un año entero…
- Mami se ha empeñado en poner de todo. Hay ropa, toallas, zapatos, juguetes, libros,… - explicó la pequeña – no todo es ropa.
Tardaron cerca de media hora en ordenar las pertenencias de la pequeña, aun contando con la ayuda de Luna y Ginny, y cuando acabaron se quedaron sentadas en la cama.
- ¿Y ahora qué? Se me ha quitado el sueño - dijo Hermione.
- Los demás han vuelto a sus habitaciones – susurró Luna - ¿qué tal si bajamos a la biblioteca? Podríamos ponernos a jugar allí para no molestar.
…..
- Snape, ¿¡vas a permitir que venga otra maldita muggle!? – Chillaba Lucius en su habitación, en la que también estaban Draco, su mujer, Blaise y Zabini.
- Lucius, eso no es algo que yo pueda controlar – recordó el mentado con la calma que le caracterizaba – y no creo que ninguno de la orden decida echarla teniendo en cuenta las circunstancias.
- Hay que decir que la familia de la sabelotodo es bastante… Curiosa – dijo Blaise para sí mismo – ya son dos primas locas. ¿Toda su familia estará igual de chalada?
- Cállate, Blaise – ordenó Draco.
- Snape, tienes que hablar con esa vieja – ordenó Lucius – no pienso seguir aquí si esa maldita niña se queda.
- Entonces ya puedes ir haciendo las maletas – intervino Narcissa – tal como se comportaban tanto la sangre sucia como la muggle no creo que tus amenazas sirvan. ¿Te recuerdo que estamos aquí por caridad? – Recordó con asco.
Lucius bufó. Si, caridad. Eso era lo que les había llevado a ese maldito caserón muggle. Seguía sin creérselo. Su señor, aquel al que había servido desde siempre le había echado a él y a su familia a patadas. ¡Y sus amigos y familia igual! No podría creérselo.
- Por ahora Lucius, recomiendo tomarse las cosas con calma y ver cómo se desarrollan los acontecimientos – sentenció Snape – y por lo que he llegado a observar, será mejor que dejéis de usar apelativos como "sangre sucia", sobre todo con la niña delante, o no creo que a la joven Granger le tiemble la mano para echarnos a todos.
…..
- ¡Mano derecha al rojo! – Anunció Ginny – vamos Mione, que lo tienes al ladito.
- Claro, como tú no tienes que vigilar de no pisarle la cabeza a una enana – se defendía ésta torciendo su cuerpo y provocando que el camisón se le subiera hasta el pecho.
- Creo que habría sido mejor vestirse antes de empezar a jugar – susurró Luna haciendo un puente inverso con el cuerpo (n/a: con la espalda mirando hacia el suelo, también suele llamarse "postura de cangrejo" en yoga).
- Que va, con lo divertido que es estar peleándose con los camisones – rio Ginny y pasando por encima de su cuerpo para poner la mano izquierda en un círculo verde.
Luna llegó con dificultad a la ruleta y la puso a girar. Pie derecho a verde.
- Creo que me voy a caer, el verde está muy lejos – susurró.
- Venga Luna, que tú puedes – la animó Hermione.
Poco a poco la rubia soñadora fue llevando su pie hasta el círculo que tocaba, pero al tocarlo se relajó demasiado y sus músculos flaquearon.
…..
Harry y Ron estaban en el salón charlando animadamente con Claire cuando los refugiados hicieron su aparición.
- Nana está preparando el desayuno, en unos diez minutos lo tendremos – dijo Claire sin mirarlos mientras buscaba el mando de la tele.
- ¿Qué está haciendo? Espero que haga mucha cosa, tengo un hambre feroz – sonrió Ron.
- Tu siempre tienes hambre, Ronincito – se burló Claire – creo que está haciendo crepes, tortitas, tostadas y esas cosas.
- ¿Dónde está las otras? – Preguntó Draco, poniendo excesivo asco en el "otras".
- En sus habitaciones no están – respondió Claire – quizá han ido a caminar por el bosque o…
Y en ese momento escucharon varios chillidos y golpes procedentes de la biblioteca. Fueron casi corriendo hasta el lugar y abrieron la puerta de golpe, encontrándose con una maraña de piernas, brazos y ropa sobre un tablero de Twister y a las cuatro jóvenes presas de un ataque de risa.
- Os dije que me iba a caer – rio Luna.
- Eso te pasa por fiarte y dejar de hacer fuerza – la regañaba Ginny.
- ¿Qué tal si os quitáis de encima? – Lloriqueaba Hermione.
- Eso, eso – pedía Alexa, que había quedado bajo Ginny.
Tardaron más de lo necesario en separarse, quizá por la diversión que les causaba la postura, quizá porque la risa impedía que se coordinasen bien y se chocasen las unas contra las otras, o quizá simplemente porque así lo quisieron.
Los observadores se quedaron boquiabiertos ante las vestimentas de las chicas. Todos ellos se habían puesto ropa normal o batas, pero ellas estaban todas en pijama o camisón.
Luna llevaba un camisón de tirantes que llegaba por los muslos, de un color azul algo oscuro por el que bailaban ondas negras verticales.
Ginny se había puesto un corto pijama rojo, con unos pantaloncitos y un top muy ceñido.
Hermione llevaba su camisón perlado, en el que cierto rubio se fijó y reparó en algo que no había visto antes. Tenía encaje blanco en el escote y la parte baja y unas florecitas negras sobre el pecho.
Alexa había decidido quitarse la ropa que llevaba, que ahora estaba desperdigada por el suelo, y se había quedado con la ropa interior, unas braguitas blancas y una camisa de tirantes azulada.
Y, gracias al estado en el que las encontraron, todos pudieron vislumbrar que las adolescentes llevaban ropa interior acorde a sus pijamas/camisones.
- ¿Se puede saber que hacéis? – Preguntó Ron repentinamente avergonzado.
- Jugar – respondió Hermione – nos aburríamos y se nos ocurrió venirnos aquí para no molestar.
- ¿Tú no te estabas muriendo de sueño? – Preguntó Claire riendo.
- ¿Crees que después de haber tenido que ayudar a este bicho a ordenar sus cosas iba a seguir con sueño? – Inquirió la castaña.
- ¡Yo no soy un bicho! – Se quejó Alexa.
- Vale, pues cosa.
- ¡Tampoco soy una cosa!
- Vale, pues monstruito.
- Tampoco soy un monstruito.
- Argh, pues entonces eres una… una… una… - pensó unos segundos - ¿una bicha?
- ¡Qué te he dicho que no soy un bicho! – Chilló Alexa tirándose sobre Hermione.
- He dicho bicha no bicho, son conceptos distintos.
- Pues no soy ninguna de esas cosas.
- Vale, vale… Reconozco y confieso que eres un… ¡Extraterrestre! El día menos pensado te saldrán tentáculos y dos cabezas más – reía la castaña apartando a la pequeña.
- ¡Que no! ¡Que no! ¡Y que no! ¡Que yo soy Alexa!
- Vale, Alex – se burló la castaña.
- ¡Que no me cambies el nombre! Alexa. A. LE. XA.
- Aaaaa, vale, vale. Señorita A. LE. XA – le sacó la lengua la castaña mientras separaba las sílabas.
Alexa miró a Claire haciendo pucheros.
- ¡Dile aaaalgoo! – Lloró - ¡Que deje de llame cosas raras!
- ¿Ahora eres una "cosa rara"? ¡Apoyo la moción! – La interrumpió la castaña tirándosele encima.
- Chicas… - llamó la atención Harry – que tal si os ponéis algo más encima y vamos a desayunar.
- Eso, que me muero de hambre – acompañó Ron.
- ¿Ponerse algo más? – Preguntó Claire - ¡Tú eres tonto! Que se queden así y nos alegran la vista.
La prima se acercó peligrosamente a Luna, que la miraba confundida. Y de repente levantó los brazos y le tocó los pechos. Hermione corrió en ayuda de su amiga y la apartó de su prima, abrazándola.
- ¿No te he dicho que no dejes que se te acerque cuando tenga expresión de violador? – La regañó.
- Son blanditas… - susurró Claire tocando unas "tetas de aire" – pero me gustan más las tuyas, Mione, son algo más grandes – rio.
- ¿Por qué me ha tocado tener una prima así? – Preguntó Hermione al aire – cualquier día nos llama la poli diciendo que has acabado violando a alguien.
Theo sintió un calor extremo centrándose en cierta zona baja de su cuerpo. Su mente le estaba jugando malas pasadas, cosa que nunca pensó que podría pasar, y le obligaba a fijarse en cada parte del cuerpo de la rubia soñadora: sus ojos, su pelo, su boca, sus orejitas, su cuello,… Y cuando Claire la "atacó" un millar de imágenes perversas explotaron en su mente. Era increíble… Después de tantos años, de tanto rechazar a chicas muy monas… Luna Lovegood estaba provocando que sus hormonas despertasen de una forma que nunca imaginó.
Zabini se dio cuenta de la reacción de su amigo y le dio un codazo medio riéndose. Luego se fijó en su otro amigo y su sonrisa se extendió.
Draco miraba fijamente la escena, más bien debería decirse que su miraba bailaba entre Hermione, Claire y Alexa. ¿Cómo podían comportarse de esa forma? ¿Acaso nunca les habían puesto normas? ¿Por qué? ¿Por qué podían ponerse a jugar sin pensar en quienes estaban delante ese momento? ¿Y por qué la sangre sucia actuaba de ese modo aun estando ellos? ¿Dónde había quedado su faceta de niña seria y perfecta? ¿Por qué nunca la había visto comportarse así en Hogwarts? La había visto comportarse tan infantil alguna vez, pero de esta forma nunca. ¿Acaso la desaparición de la magia tenía algo que ver? ¿La sabelotodo había perdido la cabeza? ¿Se le había frito el cerebro?
- El desayuno está servido – anunció Nana apareciendo por la puerta de la biblioteca – espero que piensen adecentarse un poco antes de ir a desayunar – añadió mirando a las jóvenes de arriba abajo.
- Si, Nana – dijeron todas a la vez, como si estuviese sincronizadas.
Mientras las chicas se preparaban los demás se dirigieron al salón y se sentaron en la mesa, en donde ahora había una silla más para Alexa.
- Me encanta que esta mesa sea taaan grande – remoloneó Claire casi abrazando al producto de madera,
- Por qué será… - rio Ginny.
- ¡Oye! ¿Queréis dejar de hablar tan mal de mí? Vais a hacer que estos crean que soy una especie de desviada salida pervertida calentorra depravada y viciosa… - lloriqueo la adulta.
- ¿Acaso no lo eres? – Preguntó Hermione entrando junto con las demás chicas.
- ¡Pues no! – Aseguró la prima hinchando los mofletes.
Y siguieron los piques mientras ponían la mesa.
Hermione y Luna ayudaron a Nana a repartir los grandes platos con comida en tres puntos distintos de la mesa: tortitas de crepe (la crepe sin nada, solo la masa cocida), gofres, crusanitos de mantequilla, macedonia, cereales de arroz inflado con miel, cereales de chocolate (Chocapic, para que os hagáis una idea) y tostadas.
Harry y Ron se encargaron de repartir las jarras de café, leche y zumo; los tarros con azúcar y cacao (en plan Cola Cao); los botes de sirope chocolate, sirope caramelo, sirope de fresa y nata montada; la salsera con tomate triturado (para untar en las tostadas), la mermelada y la mantequilla.
Ginny repartió rápidamente platillos, tazas y cubiertos y Alexa, que se había empeñado en ayudar, les dio a cada uno su servilleta.
Theo tuvo que aguantarse los impulsos que le llevaban a ayudar a Luna cada vez que esta pasaba un plato por delante de ti, ya que sin su ayuda la rubia soñadora tenía que estirarse cuan larga era y eran inevitables los pequeños roces, frente a los que ella siempre se disculpaba con su peculiar sonrisa.
Draco y Lucius no podían creérselo. ¿Tenían servicio y aun así ellos hacían cosas?
Lucius lo tenía claro: en esa casa de locos nadie sabía su lugar. Los sirvientes eran sirvientes, por mucho que llevaran en la casa y por mucho que los conocieras.
Narcissa no podía evitar mirar disimuladamente a Alexa. Le recordaba tanto a su querido hijo antes de que su cruel marido empezara a corromperle… Algo en ella se sentía bien al saber que una pequeña tan alegre tuviera la oportunidad de estar en un ambiente tan tranquilo y lleno de libertad.
Blaise miraba detenidamente la comida con la misma cara de "tengo hambre" que Ron y hacía grandes esfuerzos por no ponerse a reír como un loco allí delante. ¿Quién le hubiera dicho que estar con los "complejo de héroe" podía ser tan divertido?
- ¿No te has pasado un poco, Nana? – Preguntó Hermione viendo el panorama – ni que fuéramos un ejército.
- Ay, niña Hermione. No me dio tiempo a preguntarles a los invitados sus gustos, así que pensé que podría hacer un poco de todo – se disculpó la anciana – me iré fijando para saber que gusta más.
- Pues a mí me gusta todo – aseguro el pelirrojo sirviéndose una cosa de cada y llenando todo de chocolate y nata.
- Tú no cuentas, Ron – rio Hermione.
Draco cogió una tortita de crepe y se quedó mirando el plato. ¿Y ahora? ¿Debía comérselo así? Miró discretamente a los demás de la mesa y vio que nadie había cogido aún una torta de esas. Sintió tentaciones de devolverla a su lugar o coger otra cosa hasta que alguien se sirviera una cuando Nana se paró a su lado.
- ¿Quiere que se la monte, señorito Draco? – Preguntó sonriente.
Draco asintió sin expresión y vio sin mostrar su sorpresa como Nana cogía su plato, abría la tortita, echaba chocolate y nata dentro, la enrollaba y dejaba caer unos chorros más de chocolate sobre ella. Para finalizar hizo una artística montañita de nata.
- ¡Ay! No le he preguntado si prefería chocolate o que – se dio cuenta la mujer.
- No sé preocupe, el chocolate me gusta mucho – dijo él rápidamente, sintiendo pena por aquella mujer que se lamentaba.
- Pues espero que disfrute, señorito Draco – sonrió volviendo a su lugar.
Lucius apretaba la servilleta con fuerza. ¿¡Cómo se atrevía una simple sirvienta muggle a tratar a su hijo con tanta confianza!?
Joseph apareció por la puerta de la cocina y se dirigió al lavadero, a donde llegaba el montacargas de la ropa sucia. En él tenía la ropa sucia de los invitados, que estaba colocada en pequeños cestos individuales para no mezclarse.
- ¿Querrán usar la piscina? – Preguntó al salir.
Todos se miraron y los "buenos" asintieron.
- ¿Queréis piscina? – Preguntó Alexa a los refugiados.
- No hemos traído bañadores – se lamentó Blaise.
- A mí se me ha olvidado… - susurró Luna.
Hermione pensó unos segundos.
- Podríamos ir a comprar… - propuso – Lupin y Tonks no deberían tardar en venir. No creo que tengan inconvenientes en acompañarnos.
- ¿A dónde iríamos? – Preguntó Theo – no podemos dejarnos ver por Londres.
- A unos quince minutos en coche hay un centro comercial que está bastante bien – explicó Claire – Nana, podrías hacernos una lista de cosas que falten y aprovechamos para comprarlas.
- ¿Qué es un centro comercial? – Inquirió Blaise.
- Es un edificio muuuuuy grande en donde hay de tooodo – explicó Alexa exageradamente – ropa, juguetes, comida, cine, karaoke, atracciones… ¿Podré subirme en La Rana? – Le preguntó a Hermione poniéndose en pie sobre la silla y dando saltitos - ¿te subirás conmigo? ¿Podemos ir al karaoke? ¿Podemos? ¡Yo quiero cantar! ¡Y quiero que Mione cante! ¡Qué canta muy bien! – Exclamó con un entusiasmo que crecía peligrosamente.
La castaña suspiró.
- Tranquilidad, que aún no sabemos si podremos ir… - recordó.
- A las malas yo tengo que salir a hacer unos recados – anunció Joseph – podrían decirme las tallas y los colores preferidos y podría encargarme de comprar unos bañadores sencillos.
Los refugiados arrugaron la nariz. ¿Un muggle comprándoles bañadores? La situación sobrepasaba el nivel de locura.
- Ya veremos cuando vengan los demás – intervino Hermione – ahora a desayunar.
Hermione fue la primera en coger otra crepe y la envolvió exactamente igual que lo había hecho Nana, recibiendo miradas incrédulas por parte del rubio ante la "maestría" que demostrada.
- Yo quiero – anunció Alexa tendiéndole el plato con una crepe a Hermione – caramelo y fresa.
La castaña la miró frunciendo el ceño.
- Sabes hacerlo tú solita – dijo.
- Me gusta más cuando lo haces tú – sonrió la pequeña – te daré muchos besitos – añadió aumentando la sonrisa.
Hermione la miró y, con una risita, cogió el plato.
- Mínimo veinte besitos – advirtió antes de empezar a montar la crepe.
- ¿Y uno muy muy grande acompañado de un abrazo muy muy grande también? – Propuso Alexa.
La castaña miró a sus amigos, que se estaban descojonando ahí mismo, y suspiró.
- Bueno, pero unos muy muy muy muy muy muy muy muy grandes, ¿eh?
Alexa asintió enérgicamente.
Hermione montó con mimo la crepe de la pequeña, echándole caramelo y nata por dentro y fresa y nata por fuera.
- Si luego te duele la barriga yo no me hago responsable – aseguró sirviéndose una buena cantidad de cereales en la leche.
- Pues deberías, mami me ha dejado contigo – recordó la niña.
Hermione le sacó la lengua y continuó comiendo.
Tonks, Mcgonagall y Lupin llegaron justo cuando estaban recogiendo todo.
- ¿Qué tal os va? – Preguntó la profesora.
- Mejor de lo que esperaba. Cualquiera pensaría que el 90% del tiempo les han echado un hechizo silenciador a esos – explicó Harry – y cuando abren la boca sólo dicen sandeces, aunque a eso ya estamos acostumbrados.
- ¿Y la pequeña?
- Es hija de la hermana Claire – respondió Hermione – Susanne ha ganado un crucero o algo así y nos la ha dejado aquí un mes. Apareció y se fue tan rápido que no tuve tiempo de explicarle nada… - se disculpó.
- Oh, no se preocupe señorita Granger – sonrió la mujer – quizá la compañía de una niña pequeña les haga bien.
- ¿Usted cree?
- Quizá… Al menos por lo que he llegado a ver no parece que al señor Malfoy hijo y la señora Malfoy les haga cosa tenerla cerca.
La castaña miró a los nombrados y vio a que se refería la anciana. Ambos miraban discretamente a Alexa, cuando dejaban de notar la vista fulminante de Lucius sobre ellos, y cuando la veían un extraño brillo afloraba en sus ojos. ¿Qué era? ¿Por qué no la miraban con asco como al resto de muggles? ¿Tenía que ver que fuera rubia?
Se sentaron todos en el salón y Lupin se dispuso a interrogar a los refugiados, pero antes Hermione les contó lo de la piscina y los problemas con los bañadores.
- No sé si sería conveniente que saliéramos todos – susurró Tonks.
- ¿Por qué no? ¿Acaso se van a escapar? – Bromeo Ginny – Si lo hacen será peor para ellos…
Draco se mordió la lengua. Como desearía mandar a paseo a esa maldita pobretona, pero por alguna razón se calló, incluso sabiendo que la pequeña estaba en su habitación con Claire.
Los tres de la orden se apartaron y hablaron unos minutos.
- Supongo que si vigilamos no habrá problemas – dijo Lupin – pero será ir y volver.
- Si buana – rio Hermione. (N/A: para los que no conozcan la expresión "si buana" es una expresión usada en España para aceptar algo sin rechistar pero con un tonito de burla, como diciendo "que sí, que sí").
Hermione, Harry, Ron, Ginny y Luna decidieron dejar a los de la orden interrogando a los refugiados y salieron al porche delantero, en donde se sentaron en los asientos-columpio que había colgados.
- ¿Qué creéis que les están preguntando? – Inquirió Ron.
- Imagino que las mismas preguntas de siempre, contando con que no hay magia. Que si saben dónde está Voldemort, que si tienen alguna idea del plan que van a seguir ahora que se ha ido la magia, que cuantos mortífagos quedan con él… - Supuso Hermione.
- Me sigue pareciendo tan fuerte que los echara… - Aseguro Ginny.
- Pues a mí no – aseguró la castaña – ya sabemos cómo es Voldemort y lo mucho que sirve ser su fiel seguidor.
- A no ser que seas unas masoquista loca como Bellatrix… - agregó Harry.
Casi una hora después Lupin les indicó que podían volver a entrar.
- Ya hemos acabado – dijo Tonks guardando unas libretas en su mochila.
- ¿Entonces nos vamos al centro comercial? – Preguntó con alegría Luna, la cual tenía unas ganas inmensas por conocer ese lugar en donde los muggles se distraían y que por las descripciones de sus amigos tenía muy buena pinta.
- Yo no pienso ir a ese lugar lleno de muggles – espetó Lucius.
- Yo tampoco – dijeron Narcissa y Draco al unísono.
Blaise y Theo se miraron unos segundos. ¿Debían quedarse ellos también? Su fidelidad estaba con Draco, eso no lo dudaban ni un momento, pero tenían ganas de salir. Estar encerrados en aquella casa les estaba produciendo picores en todo el cuerpo.
- ¿Y qué tal si van sólo los jóvenes? – Propuso Mcgonagall – la señorita Granger, los hermanos Weasley, la pequeña Alexa y los señores Potter, Zabini, Nott y Malfoy hijo – explicó – y sí, señor Malfoy hijo, le he nombrado a usted porque dudo que los demás conozcan los gustos de sus padres y su padrino para estos temas.
Draco frunció el ceño. ¿Gustos? Sus padres siempre iban de negro, eso no era ningún gusto. Y además, nunca les había visto hacer uso de la inmensa piscina de su mansión.
Escucharon a Claire y Alexa bajar por las escaleras y en menos de un segundo las tenían en el salón.
- ¿Qué? ¿Feria o no feria? – Preguntó Alexa.
- ¿Quién ha dicho que vayamos a ir a la feria? – Preguntó Hermione enarcando una ceja.
- ¡Yo quiero feria! La rana, los tronquitos, las pistolas de agua… ¡Es divertido! – Respondió – seguro que se le quitará la cara de tonto cuando juguemos – espetó refiriéndose a Draco.
La castaña tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no descojonarse ahí mismo. Menos mal que Alexa era una niña pequeña porque si no…
Draco estaba impactado. ¿Una niña acababa de decir que tenía cara de tonto? ¿En serio? No podía creérselo, estaba tan acostumbrado a que todas babeasen por él… Incluso las más jóvenes. Seguro que la sangre sucia le había dicho algo.
- ¿Entonces qué? – Preguntó Claire.
- Tal y como se nos ha propuesto el plan… Tu no vienes – rio Hermione.
Claire la miró haciendo pucheros.
- ¿Por qué no? ¿Tan poco me queréis? ¡Yo también quiero ir! Prometo que no me comeré a nadie… - lloriqueo.
- Había pensado en dejar a los jóvenes ir solos – explicó Mcgonagall – por rango de edad es el grupo más idóneo.
- Ya, y Alexa puede ir y yo no – refunfuñó la prima.
- Alexa es una niña pequeña. Tú tienes treinta y cinco ya. Por edad nos acercamos más a ella que a ti – aseguró Hermione.
- ¡Mentira! Sólo queréis dejarme aquí marginada – fingió teatralmente Claire dejándose caer sobre el sofá – cuando volváis tendré la misma cara de pasa que esos tres – añadió refiriéndose a Lucius, Narcissa y Snape.
Harry y Hermione hicieron rodar los ojos.
- A veces me pregunto si no serás una niña de dos años en el cuerpo de una adulta – confesó Hermione.
- Bueno, entonces todo está decidido – sonrió Lupin – haré que os llevé un taxi de esos grandes.
- ¿Un monovolumen de doce plazas? – Inquirió Hermione.
- Sí. Tengo el número de la compañía apuntado – respondió él.
- Deberíamos apuntárnoslo también, para llamarlos cuando volvamos – apuntó Harry - ¿llevas el móvil, Mione?
La castaña asintió y se acercó a la libreta de números que tenía Lupin.
- Conozco esta compañía, son muy buenos – anunció – y a las malas tengo vuestros números – dijo mirando a Tonks y Lupin.
- Bien. Pues una vez todo hecho, jóvenes, creo que tendrían que ir a prepararse – dijo Mcgonagall.
Los adolescentes y Alexa subieron a sus habitaciones rápidamente, aunque Blaise y Theo tuvieron que achuchar a Draco, quien les recordaba una y otra vez la charla que habían tenido.
¿Qué os ha parecido este cap? ¿Os cae bien Alexa? Está un poco loca pero... teniendo a la madre y a la tía que tiene... XD
SALESIA: ¡gracias! Me encantan los resúmenes que haces de los capítulos _ Con Claire ya veremos... Tengo dos caminos pensados, ahora sólo tengo que elegir por cuál le hago ir jijijijijiji Y si. Narcissa es uno de los personajes que más pena me ha dado desde siempre y es que, por mucho que se empeñen en decir lo mala que es, se nota a la legua que todo es producto del miedo que le tiene a Lucius, que de seguro la ha amenazado más de una vez con matar a Draco si ella no obedecía.
Miriam Campuzano: ¿A que esta Hermione mola? ¡Sííí! Siempre me ha parecido demasiado paradita en ese sentido XD
alee con doble e: pues suelo actualizar los lunes por la tarde (horario de España). ¡Que bien que te guste esta Hermione! ^^
merylune: lo pongo a jugar al Monopoly y seguro que gana aunque sea por la "suerte del principiante" y ya lo tenemos en plan "¿veis? soy el mejor" XDD
Mareliz Luna: ¿A qué mola? Desde que me preguntaste por Bellatrix me la imaginé chillando eso mientras corría de un lado a otro de la habitación. Estuve cinco minutos de reloj tronchándome en el suelo XDDDDDD
Para los que lo habéis pedido, fotos de la habitación de Luna no tengo, ya que me lo imaginé totalmente. Pero os podéis hacer una gran idea con la descripción: es una unión entre la "jungla" y el cielo. Si ponéis "jungle room" en google imágenes os podéis hacer más idea aún, con eso de las enredaderas por las paredes y demás. Y luego sólo hay que añadir estrellitas y eso ^^
¡Saludos!
