Holaaa gente.

Les cuento las nuevas noticias. Ya no estoy en el concurso, pero independientemente de eso, yo voy a terminar esta historia (ya sólo le queda un capítulo más), y espero les guste mucho. Les agradezco por todo el apoyo que me dieron, se lucieron con los comentarios, pero sobre todo, me gustaría saber que esta historia les ha gustado. Eso es lo que de verdad importa al final, que para ustedes sea tan agradable leer como lo es para mí escribir.

Nos leemos pronto con el final de esto, les mando un abrazo enorme. Cuídense mucho lectores, los aprecio.


Me dolía la mejilla y me llevé la mano al rostro. Ya me lo esperaba, en realidad, pero fue incluso más fuerte de lo que pensé. No sólo me dejó hinchado el cachete, también me rompió el labio y el sabor metálico llenaba mi boca. Escupí la sangre en el suelo antes de sentarme en la banqueta. Solté un audible suspiro. Me lo merecía, de hecho creo que esto era poco comparado con lo que debería haberme hecho.

—Me lo gané por idiota.

Me levanté sacudiendo mis pantalones con las manos. Miré la ventana de la casa, pero no había nadie ahí, estaba cerrada y la cortina tapaba la vista al interior.

Lo arruiné. Joder, debería haber hecho las cosas bien desde el principio.

18 horas antes.

— ¿Por qué estás tan nerviosa?

Mai tenía ya todo listo para su cena con Mikoto e incluso así, no parecía dispuesta a quedarse quieta mientras esperaba la llegada de la susodicha. Como si hubiera algo que no hubiera hecho ya; la mesa estaba puesta, la comida lista, la casa impecable, hasta me quitó mi vaso de jugo argumentando que era una descuidada y podría manchar algo en el último segundo, cosa que yo decidí no discutirle, en parte porque no quería exaltarla más y, porque sabía que tenía razón.

Mikoto había venido ya muchas veces a su casa, no entendía que de pronto comenzara a comportarse de ese modo, era absurdo.

Al ver que había ignorado mi pregunta y continuaba bebiendo una copa de vodka con actitud nerviosa, decidí levantarme, quitarle la bebida de la mano y encararla. Ella parecía molesta por interrumpir sus pensamientos, pero no me importó.

— ¿Voy a tener que repetir la pregunta?

Suspiró, resignada.

—Mikoto me habló por teléfono hace un rato para avisarme que venía.

—Sí, eso ya lo sé.

Tamborileaba con los dedos sobre la encimera y coloqué mi mano sobre la suya para evitar que siguiera con ese ruido tan molesto.

—Dijo que quería hablar conmigo, Natsuki. Te lo repito, ella uso exactamente éstas palabras: "Mai, iré a tu casa, creo que hay algo de lo que tenemos que hablar" —soltó—. ¿Qué pasa si quiere terminar conmigo? Yo…

Ni terminó la frase. Sus ojos se veían llorosos y me sentí mal por ella y al mismo tiempo me recordó a mi propia situación.

—Mai, a ustedes se les nota el amor a kilómetros. Si termina contigo sería una idiota —dije—. Además, no pueden acabar algo que ni siquiera han empezado.

Hasta donde yo sabía, ellas todavía no formalizaban su relación por lo que no había manera de que terminaran en el estricto sentido de la palabra.

—Lo sé, pero no me gustaría acabar con algo que no tiene ni nombre.

—Tranquila, no tiene que ser precisamente eso.

—No lo sé, sonaba bastante seria cuando lo dijo.

Soltó un suspiro y echó la cabeza atrás observando el techo. No había nada ahí, pero seguramente estaba sumida en sus pensamientos.

—Hey, calma, si viene con esas intenciones, seguramente se arrepiente al verte con ese vestido —dije.

Ella me miró con las mejillas sonrojadas y sonrió. Me dio un fuerte abrazo que yo le devolví.

—Gracias, Nat.

—No hay de qué, Mai.

—Ahora debes irte —dijo separándose del abrazo. Estaba viendo algo en el celular—. Mikoto está por llegar.

—De acuerdo, ya me iba, no tienes que correrme.

Apenas tuve tiempo de tomar mis cosas cuando ya me estaba aventando fuera. Yo todavía reía cuando me subí a la motocicleta. Me coloqué el casco y emprendí mi camino a casa de Shizuru, después de aquella conversación que tuvimos hace dos días, voy y duermo con ella por las noches. No he ido a mi departamento para nada y tampoco me he topado con Nao, ni siquiera me ha llamado, ni yo lo he hecho tampoco. Sé que sólo estoy retrasando lo inevitable, pero, ¿qué le digo? ¿Uso el clásico "tenemos que hablar"? Va a asesinarme antes de que pueda siquiera llegar a verla.

Apenas voy llegando toco el claxon y Shizuru abre la cochera para que pueda estacionar ahí, junto a su deportivo rojo. Ya me estaba esperando en la puerta que da el paso a su casa y dejé el casco sobre la moto apresurándome en ir a sus brazos ya extendidos que esperaban por mí.

—Te amo —le dije sobre sus labios.

Ella sonrió y yo también. Lo cierto es que no me canso de repetirlo una y otra vez, no tenía idea que podía llegar a ser tan cursi, pero al parecer hasta alguien como yo puede serlo si se trata una persona tan especial como lo es Shizuru.

Dio un pequeño salto aferrando sus piernas a mi cintura al mismo tiempo que yo las sostenía. Caminé así hasta su habitación donde nos dejamos caer en la cama y, contrario a lo que podrían pensar, no hicimos nada. Nos quedamos ahí, viéndonos a los ojos y sintiendo nuestra cercanía.

Era un momento tan íntimo, algo que nunca había compartido con nadie, ni siquiera con Nao y me encantaba estar así, acariciando su brazo con la yema de los dedos mientras ella me hablaba, casi susurrando, de todo lo que había vivido en su vida antes de conocerme. Yo la escuchaba fascinada.

— ¿Crees que estar juntas hubiera sido más sencillo de habernos conocido antes? Cuando estabas soltera, por ejemplo.

La tenía tan cerca que al hablar me hizo cosquillas en el cuello.

—No lo sé, pero si algo tengo seguro es que, sin importar en que momento te conociera, siempre terminaría a tu lado.

Ugh. ¿Desde cuándo yo soy así? Vaya que el amor puede cambiar a las personas, pero parece que a Shizuru le gustó lo que dije porque la sentí sonreír y me estrechó con fuerza entre sus brazos.

— ¿Cómo haces eso?

— ¿A qué te refieres?

Me miró a los ojos.

—A que eres muy dulce.

Yo negué con la cabeza riendo por lo irónico del asunto. Nunca me consideré una persona dulce, y estoy bastante segura de que cualquier persona podría corroborar que no lo soy, pero…

—Para nada. Sólo puedo serlo contigo.

Sentí como enrojecí por la declaración.

—… Vayamos a dormir —dije tratando de evitar seguir pasando esta vergüenza.

— ¿Dormir? —preguntó alzando una ceja.

Yo sonreí. Ay Shizuru, yo quería estar descansada para mañana, pero no voy a negarte nada a ti.

Y ciertamente no dormí nada, cuando salió el sol apenas había logrado pegar los ojos como dos segundos y sentía el cuerpo pesado.

—Deberías quedarte aquí y descansar —sugirió.

Me observaba de pie mientras terminaba de vestirse, aún con el cabello húmedo por el reciente baño. Y yo seguía sentada al borde de la cama, pensando cómo recuperar toda mi energía perdida.

Yo la miré con un poco de envidia, a su lado lucía como un completo desastre, en cambio ella, estaba radiante.

—Estoy bien, Shizuru.

Se acercó sin dejar de verme a los ojos y me dio un tierno beso en los labios.

—No tienes que impresionarme.

— ¿Quién dice que eso quiero?

Sabía que se notaba enseguida cuando mentía, en especial si mis mejillas estaban tan sonrojadas.

—De acuerdo, ¿entonces te vas a levantar?

—Ya voy.

Esto fue toda una hazaña, en serio, creo que merezco un premio. Que alguien trate de hacer lo mismo que yo, satisfaciendo a Shizuru y aun así poder pararse y continuar con su día como si el alma no se les quisiera escapar del cuerpo. Pero vamos, si ella todavía podía caminar y verse tan fresca como una lechuga, yo no podía dejarme vencer tan fácilmente.

Apenas hube terminado de alistarme fuimos a la cochera, estaba dispuesta a irme en mi moto, pero ella me lo impidió.

—No puedes conducir así —dijo.

Está bien, eso no se lo puedo discutir.

— ¿Entonces me voy caminando?

—No seas boba, iremos en mi coche.

—Pero… Será sospechoso.

—Te dejaré en la esquina, no te preocupes.

Al final fue agradable ir juntas en su auto, estaba tan acostumbrada a manejar mi propia motocicleta que esto fue un cambio refrescante, de algún modo, incluso el sentirme un poco inútil en estos momentos, ella lo convertía en algo placentero, colocando música en la radio mientras hablábamos sobre nuestros planes. ¿No parece increíble? Planes a futuro, con ella.

Volví a la realidad cuando tuve que bajarme a una cuadra y caminar el resto del camino, con cada paso un bostezo hasta que entré por fin al colegio. Ciertamente, hay algo que debo resolver antes de seguir avanzando con Shizuru.

Mai estaba en la entrada, supuse que esperándome, ¿qué más? Así que me acerqué y en cuanto me vio se le formó una enorme sonrisa, sin que me diera cuenta ya estaba abrazándome y yo trataba de conservar el equilibrio, como ya dije, no es mi momento de mayor energía.

— ¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan feliz?

—Mikoto y yo… Estamos saliendo. Oficialmente.

— ¿Qué? —Me separé un poco—. ¿En serio?

Ella asintió completamente entusiasmada.

La abracé con más fuerza y comencé a darle vueltas por los aires mientras Mai reía y golpeaba mi brazo pidiendo que me detuviera.

—Te lo dije. Terminar contigo era una locura y ya ves, lo que quería era formalizar.

—Natsuki, estoy tan feliz.

—Lo sé, pero vamos, hay que ir a clase.

Asintió y entramos juntas al salón de clase. Me alegraba tanto que las cosas hubieran salido bien para ella, ayer la vi tan nerviosa que hasta llegué a pensar dónde enterraría el cadáver de Mikoto si lastimaba a mi amiga.

Yo sólo esperaba el final del día para ir a ver a Nao y terminar nuestra relación, seguir postergando esto era una tontería, si la única a la que quiero es Shizuru.

Mai ni siquiera me esperó en la salida, pero supongo que tiene cosas más importantes qué hacer con su ahora novia. Busqué mi celular en los bolsillos para llamar a Nao y pedirle que me esperara, pero no lo encontré por ningún lado, tampoco en mi mochila.

—Maldición.

Lo más probable es que lo haya dejado en la casa de Shizuru. Bueno, voy a tener que correr y tratar de alcanzarla antes de que se vaya. Y eso hice, pero choqué con alguien al dar la vuelta por el pasillo, casi nos caemos.

— ¿A dónde vas con tanta prisa, Natsuki?

—Oh, Nao, iba a buscarte justamente.

Ella sonrió burlona.

No apostaría mi brazo, pero me daba la impresión de que estaba algo… Rara.

—Qué casualidad, yo también quería hablar contigo. ¿Te parece si vamos al patio?

—Está bien.

Caminamos a paso tranquilo, el lugar estaba ya casi desierto, y los pocos alumnos que quedaban eran pertenecientes a algún club por lo que no tenían tiempo de andar merodeando por los alrededores. Acomodé la correa de mi mochila escuchando en silencio el sonido de nuestras pisadas al caminar, ¿por qué no decía nada?

Decidí empezar yo.

—Nao, yo… Yo creo que lo mejor para nosotras…

—Cállate, Natsuki. Ya lo sé todo.

Me quedé de piedra, ¿en serio había escuchado bien? ¿Estaríamos hablando de lo mismo?

— ¿De qué hablas? —pregunté temerosa.

— ¿Ni siquiera te preguntaste porque no he hablado contigo hace dos días? ¿Recuerdas lo que hacías hace dos días en el salón de tutorías, Nat?

Eso fue… Fue cuando le dije a Shizuru que la amaba. Pero es imposible que Nao sepa eso, ¿no? Tendría que haber estado ahí, en el lugar y tiempo correcto, para saber las palabras que usé con Shizuru.

—No estoy segura —respondí.

Nos habíamos detenido sin importar que el sol me estuviera dando justo en la cara. Creo que incluso era mejor así, me evitaba ver la expresión de enojo en el rostro de mi ex.

—Que fácil olvidas tus declaraciones de amor, Natsuki.

Ahora no me queda la menor duda, realmente lo sabe. Lo escuchó, no sé si todo, pero sí aquello más importante.

—Nao, yo… Lo siento.

Vi que tenía toda la intención de golpearme, no entiendo porque no lo hizo, pero se contuvo y soltó un suspiro.

—No me importa, Natsuki. Ya no me amas, lo entiendo.

¿Estaba hablando con la misma Nao de siempre? ¿La misma persona con la que estuve saliendo por tanto tiempo? Nunca imaginé que ella podría reaccionar tan bien, me esperaba un golpe, como mínimo. ¿Me había ido a otro mundo en algún punto del día?

— ¿Te sientes bien?

—Necesito pedirte un favor —dijo de repente.

Decir que estaba sorprendida por su actitud era poco, no podía entender nada, pero lo menos que podía hacer era ceder a lo que sea que me fuera a pedir, digo, no hace falta que le diga textualmente que terminamos, ¿no? Ella ya sabe que acabó. Acaba de decir que lo acepta.

—Claro, dime, lo que quieras.

Sacó algo de su bolsillo y me lo entregó. Era una nota y enrojecí al verla, esto yo lo escribí un día en mi libreta y ella me lo arrebató, recuerdo aquel momento perfectamente bien.

Flashback.

Estábamos en casa, se supone que yo haría la tarea mientras Nao pedía algo de comer, pero en lugar de eso yo escribía tonterías cursis en la parte trasera del cuaderno y ella hablaba por teléfono con una amiga. La pizza se estaba tardando y comenzaba a darme hambre.

Cabe mencionar que era la primera y también fue la última vez que hice anotaciones de ese tipo, incluso era bastante seca cuando trataba de expresar romanticismo, simplemente no iba conmigo, pero qué puedo decir, ese día tal vez estaba inspirada.

Estaba tan distraída que no noté que se había quedado parada tras de mí, sólo me di cuenta cuando me quitó la libreta y comenzó a leer en voz alta haciendo que me pusiera roja.

No lo había escrito porque quisiera, sino que fue cosa del momento de aburrimiento en el que estaba, la seguí por toda la casa, pero no me devolvió mi cuaderno por más que se lo supliqué y que traté de quitárselo. Era ágil y para cuando logré tomarla de la cintura ya había terminado de leerlo.

Se reía burlándose de mis bobas palabras y yo seguía con el rostro como tómate.

— ¿Quieres darme eso?

—Claro.

Arrancó la hoja y me dio el cuaderno.

—Nao, vamos, ni siquiera te gusta la cursilería. Sólo te vas a reír de mí.

—No es cierto, me encanta porque viene de ti.

Me besó en los labios y yo desvíe la vista. La dejé ahí, con la dichosa nota, qué más da, si la quería podía quedársela, sólo espero que no me moleste con eso todo el tiempo como supongo que planea hacer.

—Como quieras —dije y volví a la mesa.

Esa tarea no se iba a hacer sola.

Fin del Flashback.

— ¿Todavía la tienes?

—Sí, nunca la tiré.

Esto no me estaba haciendo sentir mejor.

— ¿Qué quieres que haga? —pregunté.

—Léela para mí.

— ¿Qué? Pero…

— ¡Natsuki! —Dijo levantando un poco la voz con tono de advertencia—. Sólo hazlo, por favor. Léelo ahora mismo, es todo lo que te pido antes de que me dejes.

Tragué saliva. Está bien, si era su última petición, creo que al menos puedo cumplirle eso.

—Tú eres la persona que más quiero en el mundo —leí con la vergüenza a tope—. Entre más tiempo paso contigo, más me convenzo de que eres todo lo que necesito. Quiero quedarme a tu lado, todo el tiempo que pueda, mientras me sigas queriendo…

No pude continuar, yo había escrito eso, pero ni siquiera era algo que debiera ser leído, planeaba esconderlo por el resto de mi vida, que ahora fuera público, no era más que un accidente. Aunque esto me hace darme cuenta de que de verdad la quería. Claro, hace mucho, cuando recién iniciamos la relación.

Se acercó y me dio un beso muy cerca de la comisura, cuando se alejó, una sonrisa adornaba su rostro y miró sobre mi hombro, yo giré por puro instinto teniendo un mal presentimiento y, por supuesto, ahí estaba Shizuru, demasiado cerca para mí gusto.

—Shizuru, no…

Ella se veía muy molesta, y peor, herida. ¿Cuánto había escuchado? ¿Por qué estaba ahí justo ahora?

—Lamento interrumpir.

Y se marchó, maldición, ¿por qué se va? Quería seguirla, pero Nao me tomó del brazo y me hizo girarme. Me confundí al ver su expresión, tenía una sonrisa en el rostro que no me gustó. Se acercó de nuevo, muy cerca de mi oído, y me susurró.

—Esta es mi pequeña venganza por tu infidelidad, Nat. Espero que no puedas recuperarla.

Se separó y lo entendí todo. Que leyera la nota para ella, el beso…

— ¿Cómo sabías que ella escucharía? —pregunté molesta.

—Yo le dije que viniera, que tenía una duda sobre las tutorías —explicó como si no fuera la gran cosa.

No quise decirle nada, no podía, no niego que me merecía un castigo, pero, ¿tenía que meterse con Shizuru?

Salí corriendo de ahí y lamenté terriblemente no haber llevado hoy mi motocicleta. El auto de Shizuru ya no estaba en el estacionamiento así que salí del colegio y tomé un taxi a su casa, no puedo creer lo rápido que hizo todo, mi moto estaba ya en la acera, intacta, pero igual me sentí tan preocupada y desesperada, sólo quería explicarle que todo fue una trampa, que yo terminé con Nao tal como le dije que haría.

Toqué la puerta mil veces hasta que abrió, y sentí la esperanza renacer en mí por un minuto.

—Shizuru, realmente no es lo que parece…

No me dejó terminar, me dio tremenda bofetada, ni siquiera pude reaccionar al verla llorando. Diablos, Shizuru no merecía llorar, no había motivos y si me escuchara podría saberlo, pero en lugar de eso, lloraba. Me dolió más ver lágrimas en sus ojos por mi causa, que el golpe que acababa de recibir, a pesar de que me sacó sangre de la lengua, de alguna manera.

Me arrojó el teléfono al suelo y volvió a cerrar.

—Shizuru, escúchame, por favor —rogué a través de la puerta.

¿Realmente merece esto? Todo es mi culpa, si tan sólo hubiera dicho algo desde antes.

Recogí mi celular del suelo y escupí la sangre que se acumulaba en mi boca al suelo antes de sentarme en la banqueta. Todo esto estaba mal.

—Me lo gané por idiota.

Miré la ventana con la esperanza de verla ahí, pero no había nadie, la cortina cerrada por completo.

Tal vez deba darle tiempo, por ahora lo único que puedo hacer es irme, a la casa de Mai de preferencia, puesto que necesito apoyo moral.

Subí a mi moto y emprendí el rumbo a alta velocidad llegando en tiempo récord. Me bajé como un zombi, aparte de no haber dormido prácticamente nada, mi cuerpo cansado y abatido por perder a Shizuru, y todo por culpa de Nao. Caí en su maldita trampa.

Toqué la puerta de Mai y me abrió Mikoto, rayos, olvidé que ahora están saliendo oficialmente, era lógico que estaría aquí. Ella enseguida me dejó pasar, supongo que daba un aspecto lamentable, con la mirada vacía y el andar desganado.

Yo estaba tan molesta, supongo que eso me impulsó a no usar mi razonamiento adecuadamente, pero por un momento pensé que si Nao era amiga de Mikoto, probablemente le habría contado su plan y hubiera podido evitar que todo esto pasara.

Me sentí furiosa.

— ¿¡Tú lo sabías!? —grité tomándola del cuello.

La azoté contra un mueble donde Mai deja sus libros y algunos de ellos se cayeron. El ruido hizo salir a mi amiga de la cocina, Mikoto ni siquiera entendía lo que estaba pasando, pero sostenía mis manos para que no volviera a agredirla.

— ¡Contesta!

— ¿¡De qué diablos hablas!?

— ¿Natsuki que pasa? —preguntó Mai histérica.

Llegó hasta donde yo tenía acorralada a su novia y me tomó de los brazos separándome por fin de Mikoto. Yo no pude más y la abracé, había herido a Shizuru, maldición, le hice daño, es mi culpa por no terminar con Nao desde el primer momento en que mi relación con Shizuru pasó el punto sin retorno.

¿Será que voy a poder recuperarla?