Gracias a Tamao Ichigo y longliveotakus500 por sus reviews, no creo que el fanfic sea largo, les dejo el cuarto capítulo.
La posada
El yacimiento minero se erguía ante 2D con aspecto sombrío, pero no tan tétrico como nuestro amigo imaginó. A su memoria acudió el rostro de Miho y bajó la cabeza.
-Noodle, te echo de menos…
Se rodeó el cuerpo, recordando los abrazos de todos los inquilinos en la hacienda. Los últimos fueron Del, Russell y Murdoc. Noods ya lo había estrechado contra sí, observando a su adorado con una mezcla de altivez y candidez. Le llamó aparte y le puso en el dedo una sortija. Era un aro plateado muy sencillo, sin adornos, en el cual la joven hizo grabar su nombre y el nombre del peliazul.
-Stuart, sé que vas a volver, te estaré esperando.
-Amor, dentro de poco nos veremos, no lo dudes.
Sólo entonces la pareja reparó en que los habían dejado a solas. La doncella lo condujo al portón, intentaron sonreír, tras una pausa se atrevieron a intercambiar miradas románticas, el muchacho la besó en la boca, cogió el boleto de tren que le compró su patrón y lo último que divisó fue a la japonesa de rodillas, temblorosa y ocultando la inocente cara entre sus finas manos.
Un remezón sacó al chico de sus pensamientos. El temblor se hizo más fuerte y el ovejero no pudo sostenerse sobre sus piernas. Cerró los ojos, murmurando unas oraciones. Rodaron peñascos, a lo lejos escuchó gritos de animales y de pronto perdió el equilibrio y cayó dando tumbos entre las piedras.
-¡Mis cosas!
El morral se abrió y unos objetos pequeños y dorados volaron por los aires. 2D los atrapó uno a uno, tomó el bolso de cualquier modo, se raspó la rodilla, esquivó a duras penas un cactus y la rama espinosa de un árbol golpeó su mejilla derecha.
Justo en el momento en que la angustia hacía brotar las primeras lágrimas, tropezó, se fue de bruces contra el suelo y no supo más.
-Ya ha despertado.
-Menos mal.
2D recobró la conciencia en un recinto desconocido. Al lado de su cama, sobre unas sillas de madera, hablaban dos jóvenes, una morena y otra de pelo morado.
-¿Noodle, eres tú? –preguntó, esperanzado.
-Yo me llamo Cyber, también puedes llamarme Cyborg, ¿quién es Noodle?
-Una amiga mía –el corazón de Stuart dio un vuelco.
-Aquí tienes tus pertenencias –se las alargó la otra señorita-. Por cierto, mi nombre es Paula.
El peón se presentó, dio las gracias a las vírgenes y notó que los ojitos de las dos amigas eran negros.
-Puedes quedarte en nuestra hostería hasta que te recuperes –musitó Pau, sirviendo té.
-Les pagaré con esto.
Stu extendió su mano y exhibió las pequeñas muestras recogidas en la mina.
Paula y Cy por poco se fueron de espaldas.
-¡Es oro! –aullaron.
-¿Qué, están seguras?
-Sí, dentro de poco serás un hombre rico –afirmó Paula con total convicción.
Unos golpes en la puerta sobresaltaron a los tres mozos.
-¡Yo abro!
Cyber se precipitó hacia la entrada, descorrió el cerrojo y una voz que al inqulino pareció conocida dijo:
-Amparo, por Dios.
Paula lanzó un alarido cuando el sujeto de piel verde, quien cargaba a una niña de rasgos orientales que a todas luces se hallaba inconsciente, entró tambaleando, seguido de dos personas, y antes de que sus acompañantes pudieran sostenerlo, se desmayó.
