Per me.
Loco por Ella
Capítulo IV
- ¡Soy tan idiota, Hermione! Todo iba bien, estaba lográndolo. Inhalé y exhalé y de verdad lo estaba logrando. Pero… ¡maldición! – Harry se dejó caer en el sofá. – Soy tan estúpido – masculló. Ya habían pasado dos días desde aquel incidente en la cafetería, sin embargo, el joven aún refunfuñaba y maldecía, azorado, sobre lo ocurrido.
- El que seas algo torpe no quiere decir que seas estúpido. De hecho, hay chicas que piensa que la torpeza en un hombre es algo… tierno.
- No trates de consolarme, Hermione – pidió, rodando los ojos y moviendo sus manos.
- No pasó nada grave, fue un accidente. Ginny ni siquiera se molestó – Hermione se sentó junto a él.
- Debe creer que soy el ser más… ¿inútil? ¡Patético! – al menos no se había orinado en los pantalones. ¡Gracias a Dios!
- Exageras, Harry – La castaña le miró con una sonrisa, que al joven mago le causó cierta curiosidad.
- ¿Qué sucede?
- Ayer, Ginny me dio esto – le tendió un pequeño papelito con un número escrito. – Me dijo que te lo diera.
¿Acaso su amiga le estaba jugando una broma? Seguramente, pues no se imaginaba que una mujer como Ginevra Weasley le diera su número telefónico a alguien como él, menos si se tomaba en cuenta lo que ocurrió en el café. No, imposible.
- Me estás tomando el pelo, ¿verdad? ¡No lo esperaba de ti! No creí que fueras capaz de burlarte de mí con…
- ¡Por favor, Harry! ¿De verdad piensas que haría algo así? ¡Me conoces!
- Pues…
- Me dijo que te lo diera, lo juro. Ahora, si no lo quieres… - hizo ademan de arrugar el papelito, aunque no lo haría realmente. Harry se movió hacia ella, sobresaltado, y le quitó el número de las manos. – Deberías llamarla e invitarla a tomar algo, como recompensa por lo que pasó con la limonada.
- No sé. Yo…
- Ella pretendía dártelo en el taxi después de la merienda, pero nos entretuvimos tanto conversando que se le pasó por alto.
De regreso del café los cuatro jóvenes compartieron un taxi, sólo para convivir un poco más. Tal era la pena que acongojaba a Harry, que había pensado irse él solo en autobús, o desaparecer, para hacerlo todo más fácil. Se sentía tan tonto y avergonzado… no se atrevía ver la cara de Ginny. ¿Se habría dado cuenta de con qué precisión patológica la detallaba, la estudiaba y grababa en su memoria? Le fue difícil contralar su mirada, y es que esa chica era toda fascinación; con su perfecto cabello, su plano abdomen, su sensual ombligo, las pecas de su pecho… sus ojos se desviaron hacia más debajo de su escote y lo que logró admirar, le había dejado sin la capacidad de respirar por varios segundos.
No quería estar cerca de ella, le aturdía de sobremanera y temía cometer alguna otra idiotez, mas la insistencia de Hermione para que fuera en el taxi había logrado su cometido. Viajó en el asiento del copiloto, luchando con las ganas de virar la cabeza hacia el asiento trasero.
- Y bien, Harry, ¿la llamarás?
- No creo que…
- ¡Anímate! Le caíste bien, algo me lo dice.
Tratándose de Ginevra Weasley, para Harry "caerle bien" no era suficiente. Aunque por algo se iniciaba, ¿no era así? No podía pretender gustarle a la chica de un sopetón, y menos viéndose como se veía y siendo un idiota de primera categoría.
- Debo irme a casa, quedé de verme con mis padres para ir al teatro.
- ¿Ron no se molestó al ver que decidiste subir a mi departamento ese día? Lo vi incómodo en el café. – Harry consideró esos celos bastante absurdos. Ron era un hombre, claro está, pero incluso el sexo masculino lograba percibir el aroma de perdedor a distancia. Debía saber que alguien como Hermione no tendría una aventura amorosa con alguien como él.
¡Ush! Arrugó el rostro al imaginarse tal cosa.
- No – sonrió la joven. – Ya sabe que te adoro como a un hermano y que tú sientes lo mismo, se lo dejaste muy claro. Además, él confía en mí – se levantó del sofá y tomó su bolso. – Quería que fuera hoy al teatro con nosotros, así se relaciona un poco más con mis padres, pero tenía un compromiso con los gemelos. Parece que van a abrir un negocio en el Callejón Diagon, ¿qué te parece? Por lo que me contó, llevan años ahorrando para eso. – caminó hacia la puerta. – Nos vemos luego, Harry.
El moreno la despidió con la mano sin querer levantarse para acompañarla a la puerta, entre ellos existía esa confianza que les permitía no ser tan educados el uno con el otro. Miró el papelito y no supo qué hacer; ¿llamarla o no llamarla? La mano le temblaba y su corazón daba brincos desmesurados. ¿Por qué Ginny quería que tuviese su número? ¿Acaso…? ¿Sería posible? No quería hacerse ilusiones, además, le costaba creerse que la chica sintiera alguna especie de atracción hacia él. Pero, ¿por qué el número?
Llámala y descúbrelo, Harry. ¿Si de verdad…? Invítala a tomar algo y veremos qué sucede. ¿Acaso no añorabas la oportunidad? ¡Ahí la tienes! ¡Tómala!
Suspirando, dejó el papelito sobre el sofá, cerca de su teléfono celular. Si decidía llamarla ¿qué le diría? ¿Se atrevería a invitarla a tomar algo? ¿Sería capaz? No debería hacérsele tan difícil, puesto que no la tendría frente a frente; su perfume no le distraería y, si llegaba a sufrir del tic, ella no lo vería. Pero si aceptaba… ¿qué haría? ¿Cómo actuaría estando a solas en una cita con ella?
- No llames… - se decía constantemente. Tomó un baño y esa noche se acostó temprano.
No llames, no llames, no llames…
Repetírselo entre sueños, aumentó aquella curiosidad referente a lo que podría suceder. Igualmente, tenía deseos de escuchar esa voz. Se imaginaba sus ojos castaños observándolo conforme su boca degustaba ese trozo de pastel que se le había antojado. Quería ver nuevamente aquel ombligo decorado, le tenía loco. Si pudiese, le sacaría una foto y la pondría como fondo de pantalla en su celular… no se había percatado de lo atractivo y erótico que le parecían los piercing en esa zona, y es que a Ginny se le veía tan bien… tenía un abdomen bonito, pagaría lo que fuese por poder al menos rozarlo con la yema de los dedos.
- Estás mal, Potter – se despeinó los cabellos al mismo tiempo que se levantaba de la cama y apagaba el despertador.
Sus sueños habían consistido en la imagen de una hermosa pelirroja nadando en bikini dentro de una piscina. Ella salía lentamente del agua, con su piel brillando, húmeda y suave.
- No llames, no llames, no llames… – Se dijo, al ver el papelito en el sitio donde lo había dejado la noche anterior. – No llames…
¡Llámala!
Sin pensarlo más, tomó su teléfono celular y marcó los números, seguidamente, sin analizarlo y sin saber con exactitud qué decir cuando le contestara. ¿Qué hora era? ¿Y si aún dormía? Le iba a odiar si arruinaba su descanso, quizá hasta lo insultaría… mejor colgaba y…
- Aló… - ¡La linda voz! No parecía adormilada, quizá era madrugadora.
- Lo siento, no te desperté, ¿cierto?
- ¿Quién habla?
- Soy Harry, Harry Potter… - Respira, así.
- ¡Harry! ¡Hola! No, descuida. Estando en Escocia tomé la costumbre de levantarme antes de las ocho de la mañana.
- Muy bien. Yo…
- Sé por qué llamas.
El moreno sintió un vuelco en el corazón e incontables aleteos en su panza.
- ¿Sí?
- ¡Por supuesto! Hermione te dijo que me avisaras cuando llegara el pedido de las escobas.
¡Las escobas! ¡Claro, claro! El que Ginny le mandara su número se debía a que quería que le avisara cuando tuvieran las escobas… ¡las estúpidas escobas! ¿Cómo no se lo imaginó?
- Así que ya las tienen, ¿no? fabuloso. Llegaron antes de tiempo, ¡y justo cuando estoy por dar una audición de Quiddicth acá en Londres! Eso se llama tener buena racha, ¿no crees? Iré a la tienda en cuanto yo…
- ¡Qué idiota! – Se gritó, y colgó la llamada, sin cuestionarlo, simplemente colgó. No fue un acto nada inteligente pero… ¡que estúpido pendejo!
¿Por qué Hermione no le había mencionado lo de las escobas? Lo peor, ¿por qué se había hecho ideas sobre una posible atracción de Ginny hacia él? Porque sí, muy en el fondo se había imaginado una que otra fantasía la cual se podría hacer realidad, lo admitía. ¡JÁ! Iluso...
- ¡Estúpido! ¡Estúpido! ¡Estúpido! – Pateó un lado del sofá, irritado. – ¡Merlín! ¡Soy un idiota! – Bramó, tomándose los mechones de cabello despeinado.
¡No! ¡Joder! le llamó idiota… bueno, en realidad no pero… todo insulto era para él, su patético ser… pero ella quizá pensó, al bramarlo en el teléfono… ¡mierda!
La buena racha estaba, indiscutiblemente, bastante lejos de él.
N/A: Todo mejorará para nuestro Harry, lo prometo. Lo que inicia con mal pie puede a veces terminar de la mejor manera (?). Aunque, admito, estoy adorando hacerlo "sufrir", jajajaja (¿?)
¡Gracias por leer a todos!
Les mando un beso, ¡y hasta la próxima actualización!
Yani.!
