Capítulo 3
Kenshin se apoyó en el tronco de un árbol, intentando recuperar la respiración, y movió su hombro de forma brusca para acomodar al bulto que llevaba encima.
¡Maldita fuera la niña por desmayarse justo en ese momento!
Respiró hondo e intentó escuchar algo entre medias del ruido de su propia respiración. Parecía que habían conseguido escapar. Miró alrededor. No tenía ni idea de donde estaban ni que hora era. Por la oscuridad que había estaba seguro que era bien entrada la madrugada. No había manera de salir de ese bosque hasta que la luz del sol no le indicara que camino debía tomar. Dejó el bulto con cuidado sobre el suelo y se dejó arrastrar por el tronco hasta que estuvo sentado al lado con la espalda apoyada.
Se tocó la mejilla.
Nunca, nadie, había conseguido tocarlo en una batalla. La fuerza y la voluntad que había mostrado ese hombre lo tenían aturdido. Ese hombre realmente tenía ganas de vivir...
Tendría que haberlo dejado... Había acabado con él como hacia con todos y por primera vez, realmente había sentido una pizca de culpabilidad. Quizá ese hombre tuviera familia... mujer. Lo había escuchado pronunciar el nombre de una mujer.
Gruñó.
¿En que estaba pensando? Ningún hombre que no quisiera morir empuñaría una espada para proteger a otro. Había sido un estúpido, y como estúpido había muerto. Punto.
El bulto se removió a su lado y dio un jadeo, Kenshin centró su vista en la mujer que tenía a su lado mientras intentaba abrir los ojos y se llevaba una mano al costado. Seguramente se había hecho daño con su hombro a causa de la carrera. Que se aguantara. Si no se hubiera escapado no estarían en esa situación.
Tan solo la horda de hombres que había aparecido para enfrentarse contra él la había salvado de un castigo mucho peor que una rápida muerte. Y aunque ahora estaba mas calmado no quería dejarlo pasar. Esa mujer se iba a enterar. Cuando terminara su estancia con él, esa facilidad para enfurecerlo no sería mas que un débil recuerdo.
Kaoru parpadeó y abrió los ojos. Se sentía mal, le dolía el costado tanto que apenas podía respirar y el resto de su cuerpo no estaba mucho mejor. ¿Qué había pasado? Sintió el estallido de una rama a su lado y vio al hombre pelirrojo sentado, apoyado en el árbol y con los ojos entrecerrados.
De golpe los recuerdos acudieron a su mente. El pánico la invadió, haciendo que diera un jadeo entrecortado. ¡Ese hombre era un asesino! Intentó moverse para alejarse, pero al ver que no podía fijo su vista en sus manos y sus pies. ¡Estaba atada!
Ohh Dios...
El hombre la miró y le dedicó una sonrisa aterradora, que habría resultado arrebatadora si ella no tuviera tanto miedo.
-Vaya, vaya... ¿así qué la ratita ya se ha despertado?
Kaoru se sentó con esfuerzo, ya que estando atada así no era fácil y se encogió. En cualquier otro momento le contestaría a ese insulto, pero ni siquiera ella era tan tonta. Había podido ver con sus propios ojos lo que ese hombre era capaz de hacer.
-¿Dónde estamos?
Kenshin enarcó una ceja y sus ojos se oscurecieron de manera peligrosa. ¿Qué tenía esa mujer que hacía que perdiera los estribos y lo enfurecía ante el más mínimo comentario?
-No tengo ni idea... ya que aquí la ratita a decidido escapar y tocarme las narices.
-¿Quieres decir que estamos perdidos?
Kenshin no contestó.
Kaoru tuvo que parpadear para evitar que le cayeran las lagrimas. Hacía apenas unos días estaba alegremente hablando de cosas de chicas con su prima Misao y ahora estaba en manos de un bruto asesino que la miraba como si fuera el próximo aperitivo del Akabeko de Edo. Genial, sencillamente genial.
Temía hasta mirarlo, porque ya sabía con que cara se lo encontraría. Seguramente se estaba relamiendo planeando la manera más dolorosa de matarla.
Kenshin la vio temblar. ¿Tendría frió? Seguramente. Él estaba acostumbrado a estar a la intemperie, pero ella... observó sus ropas. Eran ropas caras, estaban hechas con seda y por la actitud de la mujer estaba seguro de que jamás se había encontrado antes en una situación así. Estaba tan fuera de lugar en esos momentos que hasta sintió lastima por ella.
Pese a que se había dicho que era mejor que no lo mirara, desobedeció sus propias ordenes en cuanto lo escuchó removerse a su lado. Lo vio levantarse y coger unas cuantas ramas y hojas antes de depositarlas cerca de ella. Antes de pensarlo siquiera, la pregunta se escapó de su boca.
-¿Qué estás haciendo?
Kenshin no contestó. Se limpió las manos en su hakama y metió la mano en su gi para buscar algo. Kaoru frunció el ceño.
-Se te da genial hacerte el sordo, ¿verdad?
Kenshin detuvo su mano y la miró. ¿Es que esa niña tenía ganas de morir? ¿O que? Se sorprendía de la poca cautela que tenía. Tenía que darle crédito. Incluso estando en la situación que estaba mantenía su orgullo.
-Estoy haciendo fuego. Tienes frío, ¿no?
Kaoru no se hubiera sorprendido mas si hubiera sacado su katana y la hubiera hecho pedacitos. Kenshin frunció el ceño y gruñó.
-¿Por qué me miras así, niña?
Reanudo su tarea y sacó de su gi una pequeña bengala. Kaoru se dio cuenta que era de las típicas que usaban los ninja. A su prima Misao le encantaba usarlas para casi todo. Pero le extrañaba que él la usara. Parpadeó de nuevo para fijar su vista en otro lugar que no fuera su peligroso y guapo captor. Tenía la sensación de que ese hombre era como la bengala, se encendía a la mínima oportunidad, y su escrutinio estaba claro que le molestaba.
-Por nada, es solo que me extraña que alguien como tu muestre interés por alguien a quien tiene intención de matar.
-Ya te dije que es poco probable que te mate por ahora, ratita. Y no muestro interés, solo intento que no mueras antes de tiempo.
Kaoru frunció el ceño. Una la pasaba, dos no.
-¿Sabes que odio que me llamen niña? ¿Y sabes que no soporto que me digas ratita?
Kenshin sonrió.
-¿Y tu sabes que no deberías habérmelo dicho?
Kaoru pareció confundida.
-¿Y eso por que?
-Porque ahora las usaré mas.
Kaoru sintió ganas de abalanzarse contra él, y lo habría hecho si no estuviera atada.
-Y yo que había empezado a pensar que tenías sentimientos...
Kenshin apretó la mandíbula, y se apartó de la fogata ya encendida.
-Yo no tengo sentimientos, ratita. Así que no cometas el error de pensar que puedo sentir compasión por ti. Cuando llegue el momento y así se requiera, te mataré, no lo dudes siquiera. Por el momento puedes estar tranquila.
Kaoru vio como volvía a sentarse a su lado, pero un poco mas alejado de ella. El fuego realzaba los rasgos finos y cincelados de su rostro y el color dorado de su mirada mientras observaba fijamente a través de las llamas. Parecía un hombre muy triste...
"Supongo que así es como se siente después de haber matado a esos hombres".
Por alguna extraña razón, y aunque el hombre se regodeara de su hazaña, le daba la sensación de que no le gustaba tener que hacer eso. Si... ese hombre si que tenía sentimientos, aunque se empeñara en decir que no. La melancolía de su mirada y la tensión que había adquirido cuando ella lo había tachado de no tenerlos le decían que su comentario le había molestado. Mas que eso, le había dolido.
Y había hecho fuego porque ella tenía frió...
Ahora que se fijaba, con la luz de las llamas, podía ver que tenía el rostro manchado de sangre, y que le caía un reguero hacia el cuello, llenándole el gi. ¿Estaba herido?
-¿Te hirieron?
Kenshin parpadeó, sorprendido por la pregunta. Si no fuera porque era hija de quien era y porque sabía que nadie, jamás se preocupaba por él, hubiera jurado que era preocupación lo que había sonado en su voz. ¿Otra vez, Kenshin? El mismo lo había dicho, nadie se preocupaba por él, y menos ella. De todas las personas del mundo ella sería la que menos se preocuparía.
-Te vendría bien descansar un rato, ya mismo amanecerá y continuaremos el camino.
Kaoru suspiró resignada. ¿Por qué ni siquiera eso quería contestarle? Lo miró e intuyó que por mas que lo intentara no iba a recibir ninguna respuesta. Con un gruñido se acomodó como pudo y cerró los ojos. No le quedaba mas que esperar a que él los sacara de ahí.
No sabía cuanto rato había pasado, pero sintió como a zarandeaban de manera brusca, y cuando fue a hablar, Kenshin le tapo la boca.
-Shhh... silencio.
Su voz no era mas que un susurro y aunque le pudiera parecer increíble dada la situación a Kaoru le ascendió un estremecimiento por la espina dorsal al escuchar el tono que adquiría. Ese hombre tenía una voz de lo mas sensual.
-¿Qué pasa? –su voz sonó sofocada por la mano del pelirrojo.
Kenshin la miró con el ceño fruncido y entonces ella se dio cuenta de que había sofocado el fuego con su gi, y sobre todo, se dio cuenta de la manera tan íntima en que la sostenía contra él, mientras se mantenían agazapados tras un arbusto. Antes de que pudiera volver a preguntar algo, sonaron voces procedentes de algún lugar del bosque.
Kenshin maldijo en voz baja.
Tenían que salir de ahí. Estando donde estaban era fácil que alguno de esos hombres los viera, y entonces sería el final. Ellos no iban a permitir que él viviera después de haber matado a su jefe, y tampoco permitirían que vivera Kaoru para que pudiera manchar su nombre con acusaciones. Él lo hubiera tenido fácil si no tuviera que estar al pendiente de la niña. Ella hacía que su pelea con ellos no fuera oportuna. No les quedaba de otra, tenían que escapar de nuevo. Y con la suerte que tenían seguro que terminaban perdiéndose más.
Kaoru lo escuchó gruñir y el sonido reverberó por su espalda cuando Kenshin se inclinó un poco hacía adelante y rozó su pecho en ella. Kaoru contuvo la respiración. Nunca había estado tan cerca de un hombre. Al menos de ninguno que no fuera un familiar o que valiera la pena mirar mas de un minuto seguido. Pero el pelirrojo...
Sacudió la cabeza. ¿En que estaba pensando? Ellos en peligro y ella nada mas que pensando en el hombre que tenía a su espalda.
"El es el culpable de tu desdicha, Kaoru".
Pero también la había salvado. Esos hombres iban a violarla, y seguramente la hubieran matado después. En ese momento se dio cuanta de algo. El único aliado posible que podía tener era el pelirrojo que la sujetaba en esos momentos. Y ella no quería ser un estorbo para la única persona que podía sacarla de ahí.
Sintió como la cargaba en brazos con otro gruñido y la pegaba a él. De buena gana hubiera enterrado la cabeza en la piel atezada de su cuello, pero ni era el momento, ni el lugar, ni él era la persona adecuada para eso.
-Si me sueltas los pies puedo caminar yo, nos será mas fácil huir.
Kenshin la miró con sospecha.
-Querrás decir que te resultará mas fácil huir, ¿no?
Pero mira que era desconfiado ese hombre. Y ella no podía culparlo después de que ya se había escapado en sus propias narices.
-Te prometo que no huiré. No se donde estoy y tu pareces ser un buen escudo en estos momentos. No quiero terminar comiendo tierra.
Ella tenía un punto.
Kenshin la dejó un segundo en el suelo y se agachó junto a ella para desatarle los pies. La miró una última vez advirtiéndole que no se la jugara. No hacía falta, ella no era lo suficientemente estúpida para volverlo a hacer. Al menos de momento.
La sujetó del brazo y la levantó de manera brusca.
"Si, lo de bruto no te lo quita nadie".
Tras eso echaron a andar. Él la mantuvo cerca mientras pasaban de arbusto a arbusto agazapándose para no ser descubiertos.
Las voces se escucharon mas cerca y Kenshin paró para poder identificarlas bien. Eran aun mas hombres que antes. Miró alrededor, se escuchaba el murmullo de agua cerca. Quizá hubiera un rió. Si era así lo tendrían fácil para escapar.
Se aseguró que nadie estaba cerca y tiró de Kaoru hacía la dirección en la que escuchaba el ruido del agua. No se equivocó, al rodear un árbol vio un pequeño río. Quizá podrían seguir el camino por la orilla. Ahí sería difícil que los vieran.
Kaoru puso los ojos como platos cuando vio como se acercaban al agua. ¿Qué pretendía hacer? Ohh no... ¡iba a librarse de ella! ¡No podía hacer eso! Pero se sorprendió aun mas cuando Kenshin volvió a cargar con ella y se metió despacio en el agua. Siseó debido al frío cuando el agua le cubrió hasta la cintura. La levantó un poco mas. ¿Por qué o hacía? Ella podía caminar igual que él.
-Puedo yo sola.
Kenshin frunció el ceño de nuevo, aunque claro, esa era su reacción favorita.
-Tu irías muy lenta.
No irían mas lentos que teniéndola que cargar él. Su peso le hacía ralentizar el paso, y ella no era ninguna estúpida. Pero entonces supo porque hacia eso. Igual que había hecho al hacerle fuego para que no pasara frío. No quería que se mojara.
Sintiéndose extraña, paso sus manos atadas alrededor de su cuello para ayudarle a cargar parte de su peso. Lo sintió tensarse pero no dijo nada.
Él estaba equivocado, si que sentía compasión.
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