Hola! Aquí traigo otro capítulo más de este fic, que en lo personal, me encanta. Estoy tratando de trabajar lo más rápido posible sin descuidar el fic para poder mantener al día la historia. Quiero agradecer a los lectores que me han estado dejando maravillosos reviews, entre ellos (lamisteriosacristal, nonahere, Desahogada, Nara-no-Temari). Me encanta seguir complaciendo a mis lectores y poder satisfacer a los nuevos. A los que me van siguiendo hasta ahorita les invito a que se den una vuelta por otros fics, y me dejen sus comentarios. Uno nunca deja de aprender, sin más….
IV
Temari corría a toda velocidad por el pasillo, tratando de no golpear a ningún miembro del personal. Podría ir más rápido si lograba deshacerse de la caja, pero eso no era posible a menos que se la dejara a alguien. Frenó en seco al casi irse encima de una enfermera.
-¡Kaede! Por favor, ayúdame. Lleva esto a la habitación 229, en el ala de Neuro en cuanto puedas.-Dicho esto, le tiró la caja encima y siguió la carrera hasta su habitación, la enfermera le vio con una mirada curiosa hasta que la perdió de vista cuando dobló en la esquina del pasillo.
Logró llegar a la habitación cinco minutos después de que su localizador comenzara a sonar. Frunció el ceño cuando vio que ninguna enfermera había acudido ante la alerta de los monitores; pero ya de eso se encargaría más tarde. Revisó la presión cardíaca, era de ciento treinta y nueve sobre ochenta y nueve, lo cual indicaba una prehipertención; y la actividad cerebral se veía elevada. Sabía que lo primero que tenía que solucionar era la presión cardíaca, que volvía a descender abruptamente. Tomó su estetoscopio y revisó el ritmo respiratorio. Era lo suficientemente estable como para utilizar epinefrina.
Las habitaciones del hotel estaban dispuestas de modo que la cama del paciente estuviera en el centro de la habitación, la puerta de la habitación estaba del lado izquierdo; junto a la cama del lado derecho estaban los monitores, el equipo de reanimación y el soporte de las bolsas que se conectan la vía. En frente de la cama, se ubicaba una mesita que se utilizaba más que nada para colocar los presentes que trajeran las visitas del internado, y encima de esta mesa, pegada a la pared una pantalla de televisor de tamaño decente.
Como doctora de ese centro médico, Temari sabía que en el mueble con el equipo de reanimación, se mantienen dentro inyecciones con 0,5 mililitros de epinefrina que, aplicados directamente sobre el corazón, aplacarían las irregularidades que el corazón del paciente estaba presentando. Sin embargo había un problema: el paciente ya tenía cinco minutos en que su corazón aceleraba y desaceleraba, lo cual significaba que el ritmo sanguíneo era inconstante y como el sujeto estaba estable en su momento de ingreso, la cama estaba en posición de reposo –es decir, con el torso en inclinación de cuarenta y cinco grados-, lo cual significaba que el flujo sanguíneo debía combatir la fuerza de gravedad para llegar al cerebro. Cinco minutos sin la oxigenación cerebral adecuada podía significar una lesión cerebral que podía variar desde problemas de memoria como pérdida de capacidades básicas, como el habla.
Ahora los segundos eran oro, y Temari no tenía suficientes como para rodear la cama, darle la vuelta al mueble de reanimación, abrirlo, sacar una inyección y pinchar al paciente en el pecho.
-'La distancia más corta entre dos puntos es una línea recta'-pensó.
Al ser una doctora joven, ella no tenía miedo de ser poco ortodoxa. Se impulsó para subirse a la camilla del paciente, y manteniéndose sobre él sin ponerse directamente en contacto, logró alcanzar el mueble y sacar la inyección tal vez en la mitad del tiempo que habría empleado dando todo el recorrido. Abrió el empaque herméticamente cerrado, y sacó la aguja. Le quitó la tapa y se disponía a introducirla directamente en el pecho del paciente.
-Sabes, la epinefrina inyectada en un paciente perfectamente despierto podría causarle una taquicardia.
Temari sintió que un escalofrío le recorría la espalda, al tiempo que retrocedía sobre sus pasos tan rápido como sus reflejos le permitieron, cayendo al piso al ubicarse al borde de la cama. Sus ojos verdes buscaron el origen de esa voz. Se detuvieron al ubicar directamente la mirada del joven que tenía los ojos puestos en ella.
-T…t…tú- la neurocirujana comenzó a balbucear abruptamente.
-Deberías ponerte en pie, pierdes puntos como figura de autoridad si te quedas allí en el suelo mirándome estupefacta.
Ella se puso en pie, obedeciendo. Su estado de asombro dio paso a la confusión. El paciente había despertado de la inconsciencia en un abrir y cerrar de ojos, y había sido capaz de reconocer el lugar en donde estaba, la profesión de ella y lo que se disponía a hacer en ese momento. ¿Cómo era eso posible? Pareciera que él hubiera percibido todo a su alrededor con una simple mirada.
-Yo… yo soy la doctora Sabaku no Temari, Jefe de Neurocirugía del Hospital Central de Tokio.-dijo ella con toda autoridad, siguiendo el protocolo- Usted se encuentra aquí por un accidente automovilístico, usted fue atropellado…
-¿Atropellado?
-Sí atropellado y fue traído hasta acá. Usted está estable que pero presentó síntomas de lo que podría ser una arritmia, programaré pruebas para determinar la razón de esto. Ahora le haré unas preguntas para verificar que no tenga ninguna lesión cerebral notoria…
-Mi nombre es Morikubo Showtaro, tengo veinte años, vivo en Tokio, soltero, trabajo en N.S.I.Y.C.A Tech, entre otros datos inútiles que vas a proceder a preguntarme. Ahora, mi pregunta para usted es… ¿Fui atropellado?
Sí, ya se lo dije-dijo Temari, exasperada- usted fue arrollado.
-¿Ese fue mi diagnóstico?
-No su diagnóstico, sino la razón que lo trajo hasta aquí…
-Vaya, es la primera vez que me atropellan cuando eso pasa…
-¿Cuándo pasa qué?- Temari odiaba que la trajeran con muchos rodeos.
-Ustedes los doctores sí que pueden llegar a pasar por alto detalles importantes.
-Señor Morikubo, por favor, me está llegando a desesperar. Aquí está en una de las mejores instituciones médicas del país; no crea que no hayamos revisado todo lo que se nos ha ocurrido y hemos programado más exámenes para la tarde, así que si no tiene alguna información relevante sobre usted que darme, le pido que se reserve sus prepotentes comentarios y me deje trabajar.
-Vaya, veo que tienes un mal genio. De verdad que las doctoras son sexys en todos los sentidos.
-Señor Morikubo, por favor- espetó ella.
-No fue mi intención insultarla, no vaya a tomarlo a mal. Por otro lado, podría dejar de hablarme de "usted", me siento como reprendido.
-No creo que sea correcto.
-Es un favor que te pido. Si prometes tratarme más amablemente, seré más colaborador.
-Está bien- bufó Temari, claramente exasperada.
-Perfecto. Ahora, Doctora, vamos a ver qué tanta atención pusieron al revisarme cuando ingresé aquí y que tan actualizada está en neuropatologías…
Notas médicas:
-Una presión óptima es de 120/80 estándar, pero esto tiene variaciones según los movimientos cardíacos y la persona misma.
-La epinefrina también es conocida como adrenalina, y se usa para tratar paros cardíacos, desaceleraciones importantes; así también como alergias o problemas de asma ya que expande las vías circulatorias. Esta disuelta generalmente en líquido salino Y SOLO DEBE USARSE BAJO RECETA MÉDICA. Nuestras glándulas suprarrenales producen la que necesitamos n.n
-Los datos utilizados en este capítulo son producto de mi afición por la medicina, que si bien no fue la carrera que escogí, siempre me ha fascinado, por lo tanto paso leyendo artículos. Por ahora, no me es necesario tergiversar ningún dato médico n.n
¿Review? Sí por favor =D
