Capítulo 4. Profundizando lazos

Como había estado previsto gracias a las acusaciones de Karin, Ichigo y Rukia ahora dormían en habitaciones distintas.

La habitación de huéspedes, en la que ahora dormía Rukia, quedaba al final del pasillo en el segundo piso, no muy lejos de la de Ichigo. La recámara era bastante espaciosa y estaba bien decorada, pero para Rukia era difícil acostumbrarse a dormir en una cama ella sola después de tanto tiempo quedándose en un armario, a pesar de que ya llevaba una semana con su nueva habitación.

Eran alrededor de las cuatro y media de la tarde. Rukia se encontraba trazando algo con una especie de pluma en una hoja de papel encima del escritorio color blanco. Sonó un golpe en la puerta y esta se abrió al instante.

— ¿No se supone que debes esperar a que te cedan el paso para entrar? —preguntó la chica adivinando la presencia del pelinaranja.

—Sí, sí, lo que sea. —replicó cerrando la puerta y acercándose al escritorio. — ¿Qué escribes?

—No escribo, practico mi caligrafía.

— ¿Qué no es lo mismo?

—No, no lo es.

— ¿Enserio? A mí se me hacen iguales…

—Supongo que para gente como tu si es lo mismo.

— ¿Eh? — frunció el ceño — ¿Qué quieres decir con eso?

—Nada. ¿Quieres algo? —preguntó por fin mirándolo.

—Ah, sí, vine a decirte que vamos a salir.

— ¿Salir? ¿Quiénes?

— ¿Cómo que "quienes"? Tú y yo, por supuesto. —dijo mientras desviaba la mirada y se rascaba la cabeza. Todavía le era nuevo eso de salir con Rukia como… pareja.

— ¿A dónde vamos? —Rukia no notó la incomodidad del chico.

Ichigo recobró la compostura y su semblante se oscureció de una extraña manera.

—Luego veras. Por ahora cámbiate.

—Entonces, ¿planeas sacarme de aquí sin ni siquiera decirme a dónde?

—Pues si… —dijo como si fuese algo normal.

—Ah… ¡Ni hablar! — respondió la morena frunciendo el ceño de una manera parecidaa la que Ichigo solía hacerlo y volvió a bajar la mirada hasta la mesa.

—Rukia, es algo serio, tenemos que volver antes del anochecer.

La chica esta vez prestó su atención a las palabras de Ichigo y giró en la silla hasta quedar frente a él.

— ¿Por qué? ¿Urahara-san nos llama? ¿Pasa algo? —el tono en el que había hablado Ichigo la había alterado un poco.

—No, nada de que preocuparse.

— ¡Tonto! ¿Qué es lo que pasa entonces?

—Te dije que íbamos a salir y no quiero que se nos haga tarde fuera, eso es todo ¿Es tan difícil de entender?

—Tengo cosas más importantes que hacer ahora.

—Ah ¿Enserio?

— ¡Sí! ¿Qué no ves? —espetó cambiando la posición del papel que se había desacomodado un poco.

Ichigo arqueó una ceja y estiró el cuello para ver mejor en lo que Rukia estaba trabajando. Unos vivos colores llamaron su atención. Apartó rápidamente las primeras hojas que estaban llenas de una elegante y delicada letra y dejo al descubierto unos infantiles dibujos que parecían narrar las aventuras de dos conejitos.

— ¿A esto llamas importante? —cuestionó mientras los ponía en alto con cara de desaprobación.

— ¡Dámelos! —ordenó la chica poniéndose de pie e intentando alcanzarlos. Lamentablemente la diferencia de estaturas no la ayudaba mucho y el muchacho mantenía los papeles a una altura que ni de puntillas la chica pudo alcanzarlos. Sus mejillas se sonrojaron un poco.

—Te los doy si prometes cambiarte.

— ¿Me estas chantajeando?

—Si lo quieres ver de esa manera…— le dijo Ichigo triunfante.

Rukia le proporcionó un buen pisotón en el pie haciéndolo soltar los dibujos.

— ¡Aaargh! —Ichigo comenzó a saltar en el pie bueno.

— ¡Esta bien! Me cambiaré. —Rukia recogió sus dibujos aún avergonzada por su estatura y los volvió a ordenar en el escritorio. — ¿Qué esperas? ¡Sal!

—No tardes mucho. — Ichigo se estaba encaminando ya a la salida.

— ¡No me des ordenes!

—Sí, sí… Tan enana y tan pesada—murmuró Ichigo luego de cerrar la puerta y dirigirse a su cuarto.

Rukia observo la puerta cerrada unos momentos y luego abrió el ropero y sacó una blusa de mangas hasta los codos con anchas rayas azules y blancas, unos pantalones tela jean que se ceñían bien a sus piernas hasta acabar en sus rodillas y un par de zapatillas tipo ballerina de color blanco con una pequeña flor azul a un lado. Luego de que se hubiera vestido se acercó a la ventana abierta y asomó la cabeza haciéndose sombra con la mano. Volvió al armario y extrajo un pequeño sombrero de sol que hacia juego con su vestimenta. Al salir de la habitación se topó con Ichigo, que se disponía a tocar la puerta nuevamente.

— ¿Ya estas lista? —No, idiota, es que ahora me gusta ir al baño bien vestida. —le espetó de manera seca al pelinaranja. Enserio no estaba del mejor ánimo para salir.

Ichigo ignoró el sarcasmo, descendió las escaleras con la chica siguiéndolo de cerca.

—Vamos a sal… ¿Dónde está el viejo? —se interrumpió al percatarse de que su padre no se encontraba en la cocina con sus dos hermanas.

—Se fue acostar—contestó Yuzu con cara de preocupación, mientras terminaba de secar un plato. —Creo que tiene dolor de cabeza. ¿A dónde van?

Ichigo inventó rápidamente una mentira y con voz muy segura respondió:

—Urahara-san nos llamó.

—Oh, ya veo. ¡Vayan con cuidado! —les deseó la castaña.

Ichigo levantó la mano a modo de despedida y se dedicó a abrir la puerta dejando a la chica salir primero, la cual cruzo el umbral y salió directo a la calle.

— ¿Por qué no quisiste decirme que fue Urahara-san quien nos llamó?

—Porque él no nos llamó.

— ¿Entonces por qué le dijiste a Yuzu que…?

— ¡Demonios, Rukia! Ni que te fuera a secuestrar. No es nada malo, solo vamos.

—Si no es nada malo, ¿Por qué no me quieres decir de que se trata?

Ichigo la miró desganado.

—Digamos que es una sorpresa.

— ¿Buena o mala? —dudó Rukia.

—Depende.

— ¿De qué?

—De cómo lo quieras tomar. —añadió el muchacho poniéndose en marcha.

Rukia vaciló un momento mirando la espalda del que se alejaba lentamente. Que Ichigo no fuera un joven normal lo tenía muy claro, pero se estaba comportando de una manera extraña, algo pasaba. Por otro lado también tenía muy claro que él no se atrevería a hacerle daño a nadie cercano, y en caso de que intentara lo contrario, ella no era ninguna debilucha y sabría ponerlo en su lugar. Confiando una vez más en el pelinaranja comenzó a seguirlo.

( Φ Φ Φ )

A pesar de que en la mañana de ese mismo día hubiera llovido, ahora hacia buen tiempo. Una brisa fresca mecía las hojas de los árboles y arbustos alrededor, arrastrando las ultimas gotas de agua con ella, el cielo apenas dejaba ver un par de nubes advirtiendo que el ocaso se acercaba. Una tranquilidad a la que el pueblo de Karakura ya se había acostumbrado. Hacía mucho que no pasaba nada fuera de lo normal, a excepción de un par de Hollows que la pareja de shinigamis derrotaban sin problema alguno.

Ahora ambos subían una colina que a la chica le pareció familiar. Se detuvo a observar, y como iba un poco quedada el chico no lo notó. A su derecha tenía un muro de ladrillos amarillos coronados por una hilera de frondosos arbustos, mientras a su izquierda había un terreno lleno de césped descuidado.

—Ichigo ¿no piensas decirme a dónde vamos? —preguntó reanudando su caminata.

— ¿Cuál es la desesperación por saber? Ya falta poco.

—No estoy desesperada, pero no me gusta que me arrastren a lugares extraños que no conozco.

—Si conoces el lugar al que vamos. Creí que ya te habrías dado cuentas a estas alturas del camino.

La chica volvió a examinar el entorno. El muro amarillo, el césped descuidado, el pequeño bosque que se podía divisar un poco más adelante y la curva hacia la izquierda que Ichigo al parecer tenía intenciones de tomar para continuar el trayecto. La shinigami recordó todo de pronto.

—Ichigo, no tienes porque…—intentó articular deteniéndose en seco.

— ¿Ves? No era tan difícil darse cuenta. —se detuvo y volteó hacia la chica. Un intento de sonrisa asomaba en sus labios pero la nostalgia era evidente en sus ojos. —Sé que no es obligatorio, pero quiero hacerlo.

— ¿Hacer qué? Ichigo enserio no hay razón para esto…

— ¡Si la hay! Todavía no termino de presentarte a mi familia y además querías saber sobre ella, ¿no?

—Pero, Ichigo, te dije que puedo esperar hasta que…

—Sí, sí, "Hasta que esté listo", ¿verdad? Pues ya lo estoy.

—Bueno, p-pero…

—Nada de "peros". Lo haremos a mi manera. —volvió a interrumpir el pelinaranja. —Cállate y camina.

Rukia quedó perpleja unos segundos, suspiró y continuó tras su compañero rumbo al cementerio.

( Φ Φ Φ )

Vieron desfilar a los últimos visitantes del lado opuesto al que habían entrado. Una mujer de pelo castaño lloraba la pérdida de su hijo mientras era consolada por un señor de cara penosa.

El corazón noble de ambos jóvenes se vio conmovido y sintieron ganas de correr hacia ellos y brindarles el apoyo que necesitaran, pero recordaron que ellos tampoco estaban ahí para algo especialmente bonito, era un cementerio después de todo y a pesar del hecho de estar acostumbrados a lidiar con espíritus y Hollows, no les gustaba estar entre cadáveres sepultados.

Avanzaron a través de las hileras de tumbas y se detuvieron frente a la que llevaba la inscripción "Masaki Kurosaki". Unas pequeñas flores la adornaban. Alguien había estado recientemente por ahí, Isshin tal vez…

A la chica le era imposible creer que aquel pilar de frio cemento guardara el cuerpo de una de las personas más dulces sobre las que había escuchado en toda

su larga vida. Pero ¿Que se le iba a hacer? "Cuando morimos todos terminamos siendo lo mismo: Nada más que una serie de recuerdos y sentimientos." Pensó.

Ichigo tenía los ojos clavados en el sepulcro pero su mente definitivamente estaba en otro lado.

Transcurrieron unos minutos en completo silencio. Ya eran casi las seis de la tarde y el cielo ya empezaba a perder su vivo color azul. Rukia comenzaba a desesperarse e intentó un modo de escape.

—Bueno… ¡Ya está, nos podemos ir! —dijo dando media vuelta de manera robótica.

—No tan rápido, enana. —la detuvo Ichigo poniendo una mano en su hombro y haciéndola volver a su lado. —No dije que hayamos terminado.

Rukia se cruzó de brazos sin hacer nada más que esperar. El muchacho no estaba seguro de si mirar hacia la tumba o hacia el cielo así que enfocó su vista en el horizonte, hacia el sol que comenzaba a ponerse.

—Madre…—comenzó con voz queda. —Ella es Rukia, la chica que me dio el poder para vengarte. Es bastante agresiva y grosera y le gusta golpear a la gente—miró de reojo a la shinigami, que parecía estar calculando con ojos entrecerrados el número de golpes que Ichigo llevaría después de salir de allí. —Aun así es… muy buena persona. Estar cerca de ella me produce una sensación parecida a cuando estaba cerca de ti…yo… puedo sonreír más fácilmente con ella. —la voz del pelinaranja comenzó a flaquear y las mejillas de Rukia se ruborizaron ante la nueva confesión.

El joven continúo con voz ahogada entre los nudos que se formaban en su garganta, sin vergüenza alguna, como si estuviese solo.

—No suelo confiar mucho en la gente… —Sus aguados ojos descendieron hasta el pilar. —pero con Rukia… todo es diferente. Por eso… la protegeré. La protegeré así como debo proteger a Yuzu y a Karin… Incluso al viejo. La protegeré… ¡Así como debí protegerte a ti! —La frustración del muchacho lo hizo perder la fuerza y caer de rodillas rompiendo en llanto.

A Rukia se le rompió el corazón al ver a Ichigo llorar de esa manera. Siempre había sabido como subirle el ánimo, era algo que hacia prácticamente sin darse cuenta, algo que le salía natural, pero cuando se trataba sobre su madre ella simplemente no lograba entenderlo del todo. Era como si Ichigo se cerrase por completo a cualquier persona. Pero en aquel momento sintió que Ichigo finalmente mostraba lo profunda que era su herida ante ella. Por desgracia todavía no sabía muy bien que hacer para aliviar un momento tan emotivo como el que sufría el sustituto, solo supo arrodillarse frente a él, con las lágrimas surcando sus mejillas.

—Idiota… sabes que no me gusta verte llorar tan patéticamente. —intentó sonreír.

Ichigo la miró a través de sus ojos cristalizados como un pequeño niño que se acerca a su madre después de haberse raspado la rodilla mientras jugaba. Apretó los dientes y sintiendo más confianza que nunca se aferró a ella desesperadamente mientras su llanto se hacía más sonoro. La fuerza y el sentimiento que transmitía el despechado chico desconcertaron por un momento a Rukia, pero luego correspondió el abrazo y lo acompañó en su llanto como si ella misma hubiese estado cargando con el dolor y la culpa que el muchacho sentía a través de los años. Una brisa fría sopló, congelando el momento y llevándose consigo cualquier feo sentimiento que estuviera presente en aquella escena.

( Φ Φ Φ )

Descendían nuevamente por el camino que los llevaba a casa. La chica se sorbió la sonrojada nariz por última vez y continúo andando al lado del pelinaranja con las pequeñas cejas fruncidas. El joven también se encontraba avergonzado por la faceta tan penosa que había dejado ver momentos atrás. Ahora intentaba volver a su papel de chico rudo, pero, sus manos metidas en los bolsillos, mostrando inseguridad, y sus ojos húmedos aun, lamentablemente no lo ayudaban.

Doblaron en una esquina, la chica fue aminorando el paso y acercándose a uno de los muros grises que eran tan característicos de ese sector.

—Espera. —dijo apoyándose en la pared y sacándose uno de los zapatos. El dedo meñique y la parte más alta de su talón estaban ligeramente raspados. — Demonios.

— ¿Qué pasa? —preguntó Ichigo cuando se detuvo a verla.

—Los zapatos me han pelado un poco, pero no pasa nada. —respondió poniéndose el zapato. El simple roce le hizo plegar la cara en una mueca de incomodidad. —Sigamos.

— ¿Segura que estarás bien? Todavía queda más de un kilómetro.

—Te digo que estoy bien. —replicó Rukia cojeando hacia el camino. Había aguantado el dolor prácticamente todo el recorrido de vuelta, un kilómetro mas no la mataría. Al menos eso esperaba…

Ichigo la observó con mala cara unos instantes y luego suspiró.

—Venga, sube. —dijo después de ahincar una rodilla en el suelo.

— ¿Eh?

— ¡Que subas a mi espalda! No creo que puedas combatir bien los Hollows con los pies medio muertos— Ichigo puso a los Hollows de excusa, pero la chica sabía muy bien que él estaba, de algún modo, preocupado por ella. Lo conocía demasiado bien. Se quitó ambos zapatos y los tomó en manos, para luego subir a la confortable espalda de Ichigo.

— ¡Vaya! Hasta que por fin vuelves a mostrar tu lado caballeroso. —Se burló Rukia con una sonrisa en el momento que Ichigo se puso en marcha.

— ¡Cállate! No digas tonterías. Si no lo hago ahora seguro me tocara cuando no tus pies no se puedan mover en algún combate

—Eso no tiene nada que ver. De seguro, aun si tuviera los pies "medio muertos", sería mejor que tú combatiendo Hollows. —presumió solo por molestarlo. —Además, las mujeres aguantamos mucho más dolor que los hombres.

— ¡Solo quédate quieta y callada! No quiero que nos partamos la cara contra el asfalto.

— ¿Ves que si estas preocupa…?

— ¡Rukia!

La chica se carcajeó cuando las mejillas de Ichigo se ruborizaron. Los brazos de Rukia rodeaban su cuello, mientras que los de él sostenían las delicadas piernas, lo cual lo hacía recordar el incidente en el que su tentación casi acababa con él.

Ichigo continuó pacíficamente su camino a casa con la shinigami cuestas arriba, sin saber que una chica bien atribuida los observaba desde un callejón cercano sin dar crédito a lo que sus ojos veían.