IV

Un mes después el tiempo acabó dando la razón al sabio director, el cual contemplaba la armonía de la sala común durante la cena. Todos parecían llevarse bien, o al menos soportarse, todos excepto Hermione y Draco, lo cuales seguían discutiendo, o por el contrario se miraban sin decirse nada. Sus compañeros habían terminado por aislarles cuando se encontraban juntos, pues eran los que provocaban las discusiones. En aquél momento se encontraban cenando en silencio en una de las esquinas de la mesa. Draco buscaba las palabras para molestar a su compañera, pero habían discutido tantas veces que incluso llamarla sangre sucia se le hacía repetitivo y ya la mayoría de las veces la chica optaba por ignorarle y mirarle con sorna. Al igual que ellos, estaban Mcgonagal y Snape. Sus personalidades chocaban continuamente y ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Los puntos de las casas subían y descendían con demasiada rapidez debido a eso.

-Si sigues comiendo así ni siquiera Weasley te va a querer –murmuro Draco a la desesperada, necesitaba hablar con alguien y sentirse superior, pero su condición de "aislación" no le permitía satisfacer su ego-

Hermione dejo el tenedor que estaba usando en la mesa, y lo miró con desanimo, tan solo quedaba media hora para que pudiera volver a su sala común y separarse de Draco. ¿Merecía la pena contestarle?...

-¡Vamos maldita sea Granger! ¿Ahora eres de piedra? –dijo ¿ofendido, acaso tan insignificante era ya qué ni siquiera podía sacarla de sus casillas?

Hermione dio una sonora carcajada, y los ojos grises de Draco se encendieron con rabia. Pansy le había dejado por que no soportaba los ácidos comentarios de Ginny cuando estaban juntos, Grabbe y Goyle parecían disfrutar de la compañía de los Grinffindor, es más todos los Slytherin parecían hacerlo ahora. Solo el parecía mantener la cordura, o eso creía. Se levantó de golpe de la mesa, no soportaba estar rodeado de tanta gente que parecía feliz cuando el estaba al borde de la desesperación, necesitaba aire fresco. Hermione simplemente le siguió. Solo quedaba media hora, y ver a Draco en aquel estado era muy divertido. Ninguno de los profesores pareció darse cuenta de que ambos habían abandonado el comedor.

Draco caminaba deprisa, necesitaba que el aire fresco de la noche lo relajara, salio del castillo seguido por Hermione, y avanzo unos cientos de metros hasta encontrar un árbol que parecía de su gusto para sentarse a sus pies. Hermione se quedó e pie a su lado y bufó. Hacía frío para ella.

El chico se quedo mirando un segundo al horizonte, para minutos más tarde enterrar su rostro entre las rodillas, y ocultarlo entre sus brazos, definitivamente necesitaba que todo aquello acabase, necesitaba volver a ser él, respaldado por Grabbe y Goyle, rodeado de los miembros de su casa. Las lágrimas surgieron de sus ojos como dos torrentes y de no ser por los sollozos, Hermione no se hubiera dado cuenta de que su odiado hurón estaba llorando. La media hora había pasado y el hechizo llegó a su fin por aquel día.

-Lárgate de aquí Granger- espetó el rubio con voz ronca entre sollozos-

Hermione se quedó paralizada, tenia a una de las personas que más odiaba llorando a sus pies derrotado. Aquello debería de ser un triunfo para ella, pero su instinto de mujer le decía que debía consolarlo, o al menos arreglar las cosas. Se sentó a su lado, y le puso una mano en la espalda, la cual temblaba a cada sollozo del chico.

-¡He dicho que te largues! –Draco levantó la cabeza, su rostro estaba lleno de lágrimas y al mismo tiempo rojo de furia-

Hermione se tragó su orgullo antes de hablar.

-Te ofrezco una tregua… ¿Qué me dices?

-No necesito tu compasión, maldita sangre sucia, un Malfoy no necesita la compasión de nadie

-Serás idiota…Aun nos queda un mes de esto, tanto te costaría fingir amabilidad por una vez en tu vida.

El rubio simplemente la miro con odio. Tras eso Hermione se levantó y se fue de allí dejándolo solo. No había sido ella quien se había derrumbado, y desde luego no iba a hacerlo después de aguantar así todo un mes.

* * * *

Hermione dormía placidamente cuando una lechuza comenzó a mordisquearle el dedo suavemente para despertarla. Abrió los ojos y miro al animal el cual le entregó un sobre y se esfumo por la ventana. Aun no había amanecido, y todos parecían dormir. Abrió el sobre preguntándose quien podría mandarle una carta a esas horas. Dentro solo había una breve nota escrita a tinta esmeralda.

"Reúnete conmigo frente a la sala de los menesteres, ahora.

Draco M."

Hermione suspiró, que podía querer ahora ese idiota de Malfoy. Se puso el uniforme con rapidez y tras lavarse la cara y recogerse el pelo en una coleta salió sigilosamente para dirigirse al encuentro de Draco. Tuvo que esquivar a la señora Norris y a Peeves, pero consiguió llegar si que la descubriera, para cuando llegó Draco ya estaba allí, miraba distraídamente el cuadro de los Trolls que había frente a la entrada de los menesteres.

Cuando Hermione llego hasta el le tocó la espalda, temía que si hablaba la señora Norris apareciera. Segundos después una puerta apareció frente a ello, y tras un gesto de Draco ambos pasaron, en la sala había simplemente un sofá. Hermione bostezó y se sentó en el sin mediar palabra con el chico.

-He decidido aceptar tu tregua…-expresó sin dar muchos rodeos mientras se sentaba a su lado.

-¿Y has tenido que despertarme antes del amanecer para decírmelo?- se quejó después de volver a bostezar, lo que provocó que Draco también lo hiciera.

-No quería que nadie me oyera…

-Bien me alegra que hayas decidido guardarte tu ego-murmuro antes de quedarse dormida en el sofá, la noche anterior había estado estudiando hasta bastante tarde y levantarse tan pronto no había entrado dentro de sus planes.

"Estúpida Granger" pensó Draco mientras la contemplaba. Aun era temprano, quedaban dos horas para el amanecer y si bien la chica se había acostado tarde, el ni siquiera lo había echo aun. Se recostó al otro lado del sofá, y decidió dormir allí las dos horas que quedaban.