CAPÍTULO 4: UNA PEQUEÑA MENTIRA.
Ese mismo día habían llegado al castillo. Nozomi realmente se había encargado de todo por Maki, hasta se sorprendió un poco de que no hubiera nadie en la entrada de su Palacio ni la de su habitación. Maki, como la mujer obediente que era, llevó a la pequeña a su habitación. La cama estaba un poco desalineada pero con ser cómoda era suficiente. Ya cansada recostó sobre la cama a la pequeña totalmente rendida. Maki tomó la silla de su tocador y se sentó en ella, poniendo el respaldo enfrente haciendo que estuviera a horcadas en ella, tal como un chico haría. Recargó sus brazos en la orilla del respaldo, cuidando no lastimar el brazo herido y apoyó su mentón en ellos. Era cierto que era de la realeza y se tenía que comportar como tal, pero no era como todos los demás, era libre de hacer lo que fuera al igual que su reino, no quería que nadie más sufriera como lo hizo ella, no fue criada así a pesar de su indiferencia hacía los demás, excepto a los cercanos a ella. Pasaron horas y horas y la pelirroja esperaba pacientemente el regreso de la conciencia de la pequeña sin éxito hasta que dio el amanecer.
Los finos rayos de luz entraban por los bien limpios cristales de la ventana de la habitación, iluminando a su paso el rostro de la "Intrusa" desfallecida. Maki bostezó en cuanto se percató de que había amanecido ya y se levantó de su incómodo asiento. Se dirigió al baño de que tenía junto a su habitación y se encerró ahí. Comenzó a desvestirse y lanzar todas las partes de la armadura y vestimenta llena de lodo a su suerte por todo el baño, las partes de metal resonaron por todo el cuarto, después de todo era su Palacio. Entró a la regadera y giró la perilla de agua caliente, tenía frío, el lodo y el agua la habían empapado por completo, después se arrepentiría por haber pescado un resfriado, tal como Rin le advirtió. El vapor del agua de elevada temperatura era relajante para Maki. El agua resbalada desde su cabeza hasta la base de sus pies, no sin antes haber pasado por su definida espalda, recorriendo su cintura y toda el área de los glúteos. Me atrevo a afirmar que de todos los reinos existentes en su zona ella era la reina más hermosa de todas. El agua con suciedad corría por la coladera mientras la pelirroja miraba el suelo, sentía que había entrenado aunque fuera un poco.
Terminó de lavarse el cabello y el cuerpo para finalmente salir del baño. Tomó una toalla y se la puso alrededor del cuello secando su cabello, tal cual deportista haría después de terminar una carrera. Nadie deja el hecho de que seguía desnuda y estaba a punto de pasearse por su habitación con la pequeña durmiendo ahí. Joder.
Finalmente salió de la ducha sin ropa. Sólo la toalla que tenía alrededor del cuello la cubría. Salió del cuarto de baño y se encaminó directo al armario que contenía miles de vestidos y atuendos dignos de alguien de la realeza.
No encontró lo que quería y abrió la otra puerta de su armario, sí, tenía otra puerta ese armario.
Ésta contenía ropa más simple, más "A la moda" y optó por tomar un pantalón blanco liso y una blusa guinda de manga larga lisa, así de sencilla era, tal vez porque sabía que tendría que ponerse la armadura en otro instante. Mientras revolvía con pereza sus camisas y pantalones se dio cuenta de que tenía demasiadas cosas que ya no usaba, se sorprendió de que realmente creció demasiado. Como pasaba el tiempo. Miró a la pequeña tendida en la cama y se preguntó si esas cosas le quedarían a ella. Realmente no le importaba que ella ensuciara las sábanas de su cama, nadie se había quedado en su habitación desde que conquistó su Palacio, no tenía idea del porque se dejó llevar por las descabelladas ideas de Nozomi, pero ¿Alguna maldita vez Nozomi se equivocaba? No que ella supiera. – Me pregunto de donde vendrá... No me imagino donde vivirá. – Se dijo así misma.
Se vistió y se dirigió a tomar una cubeta de agua caliente y una esponja. La descubrió de la calidez que le regalaba la cobija a esa pequeña, su cuerpo era completamente como el de un niño pequeño, complexión delgada, piernas finas y busto poco desarrollado, ella ya había visto muchos pacientes en su vida, pues, más que una reina, era como un trabajador más, siempre esforzándose en la salud de sus súbditos, ahora lo tenía claro, desnutrición. Era un caso de poca gravedad, se le notaban las costillas y su cara era muy marcada, tragó pesado e intentó limpiar las piernas primero, eran las más sucias. Terminó esto y subió hasta su estómago, sintió algo en su mente al ver unas costillas demasiado marcadas por la desnutrición y suspiró. – Cielos, desde ayer hasta hoy no he dejado de dar resoplidos. – Se dijo para continuar con su acción, deslizó delicadamente la esponja alrededor de su abdomen y costillas para llegar a sus senos, repentinamente hubo un espasmo de parte de la pequeña. – Ko... Ko – Maki no tanteó ni un segundo y se dispuso a escuchar con claridad sus balbuceos. – Koko... ro – Pero que... ¿Qué? – Maki se razonó la pregunta y la hizo pensar mal pues, un espasmo a partir de tocar parte de zona erógena y balbucear un nombre no era nada sano de pensar. – Ah, diablos. – Se dijo aún pensando mal y sacudió un poco su cabeza para esfumar esos pensamientos extraños, era mejor apresurarse y terminar rápido lo que sin querer comenzó.
Siguió delicadamente a partir de donde lo dejó, la misma acción de nuevo, se estaba sintiendo incómoda por las reacciones, en sí no era pervertida, pero la parte inocente y curiosa que tenía la hizo querer experimentar las sensaciones que llegara a recibir la pequeña y estudiarlas, justo lo estaba haciendo cuando...
Llegó la bruja. – Oh, Maki, te gusta ir rápido ¿Eh? – Dijo soltando una leve carcajada de pura burlería. Maki en el acto soltó un gritito y dio un salto. – ¡Nozomi! – Gritó molesta. – La miró expectante sentada en la mesa de su fino tocador. – Veo que te gustan las sumisas. – Dijo Nozomi sin fijar la vista en la pelirroja y tomando uno de los perfumes Europeos que había en aquel tocador, leyendo la parte de atrás. – Debes esperar un poco más hasta llegar a eso, ¿No crees? – Miró a Maki con una sonrisa inocente y cálida, dejando el perfume donde estaba. – ¿Qué haces aquí, Nozomi? – Preguntó con fastidio. – Oh nada. – Respondió. – Quería ver como estabas y ya sabes, molestarte un poco. Rin está preocupado, ¿Sabes? – Le explicaré todo después, ya puedes irte. – Pero Maki... – Y la reina enfureció. – ¡Vete! – Gritó sin moderación alguna. – ¿No quieres saber nada acerca de ella?
La malicia y la burla era lo que realmente describía a Tojo, no era para nada la sensible y compresiva bruja que todos pensaban, bueno, sí lo era, pero no con los que la conocían realmente.
Los ojos de Maki se abrieron más de lo que habitualmente estaban y miró a Nozomi con cierto toque de cansancio y rabia, a veces quería matarla en esos momentos. Una sonrisa cínica se dibujó en el rostro de la bruja y a apostar por su reacción, eso quería Maki, saber sobre la pequeña. – No me provoques Tojo. – Dijo entre dientes. – No lo estoy haciendo. – Respondió y prosiguió. – Sólo te diré algo, Maki. – Se bajó del tocador y atrajo a Maki hasta donde estaba ella, jalándola de la camisa. Sus rostros estaban demasiado cerca, sus respiraciones se entremezclaban y Nozomi mordió el labio inferior de la pelirroja, sin vergüenza y con delicadeza. Maki frunció el ceño ante semejante acción y la miró expectante. – Esa chica, vino a por ti, Nishikino. – Susurró en su oído con una voz ronca y provocativa.
Maki sólo pudo sentir un escalofrío, con un rápido movimiento empujó a la bruja y escupió con desagrado, se limpió con la manga de su suéter y cuándo volvió a mirarla se había ido. – Hija de puta. – La maldijo y se volvió a lo que estaba.
Limpió por completo a la pequeña y la vistió con su ropa sin uso, para su suerte le había quedado perfecta. Retiró las sábanas sucias y puso unas nuevas, cargó un poco a la pequeña y la movió al centro de la cama puesto que estaba en la orilla derecha de ella. La volvió a cobijar y se sintió satisfecha de ella misma. Suspiró y se sentó en la silla nuevamente.
¿No quieres saber nada acerca de ella?
Esas palabras resonaban en la mente de Maki una y otra vez, como si de un eco se tratara.
Vino a por ti.
Negó y ya no pensó en nada más, seguiría esperando a que la pequeña despertara.
