Hola a todos de nuevo n.n aquí vuelvo para aburriros con mis paranoias escritas xD el capi de hoy puede ser un poco aburrido, pero es necesario Nuevamente agradezco los reviews, aunque sólo voy a poder contestar los del capi anterior

Mari-Cullen: Sí, parece que Bella tiene algo que a los vampiros los vuelve locos xD ojalá me enseñe el truco xD por cierto, hace un mes y pico me leí tu fic "Un nuevo comienzo". Joder, que Bella hiciese ciertas cosas que como niña buena no debería haber hecho es que no quiero spoilear demasiado tu fic xD me dejó hecha polvo xDD odio a sus nuevos amigos, especialmente el que suele mostrarse tan cariñoso (¿Tomás era?) Gracias por comentar

carotwilight80: Yo no odio a Edward todo lo contrarioo , ni siquiera en Luna Nueva, pero me encanta verlo celoso xD además este fic es principalmente lo que me gustaría que SM hubiera hecho con el personaje de Bella: que madurase en vez de retroceder. Luna Nueva demuestra a una Bella patética, débil, hundida en la miseria y que no es capaz de salir adelante como hubiera hecho en Crepúsculo, dependiente y obsesionada de manera enfermiza con Edward, y eso sinceramente me enfada muchísimo, así que quiero darle a Bella un poco de carácter sin cargarme el personaje original demasiado. Gracias por pasarte por aquí

brujita184: Tu comentario me ha sacado los colores pero bien xD Que alguien opine tan bien de mi fic me anima a seguir escribiendo, a pesar de saber desde el principio que mi fic no iba a tener buena acogida por la ausencia casi total de Edward en él. A mí también me gustan ese tipo de fics, por eso intento respetar al máximo los personajes, las situaciones y los lugares amoldándolos a la historia que mi turbulenta mente ha creado xDDD Sigue pasándote por aquí aunque sea con reviews anónimos

EDIYU: Tus deseos son órdenes xD aquí tienes un capi bastaaaante largo y posiblemente los siguientes también sean largos, porque aunque me guste dejar a la gente con expectación, no puedo partir los capítulos en varios pedazos en FF. Disfruta el capi!

E.W.C: Juas automáticamente pensaste en Josh? Vaya, parece que el factor intriga no es lo mío xD tendré que mejorar a la hora de crear enigmas XDXD Gracias por el coment!

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Capítulo 2: Trabajo de Historia

Al día siguiente, me dirigí hacia la clase de Literatura, a primera hora. Fui de las primeras alumnas en llegar; la mayoría tenían cosas mejores que hacer que llegar los primeros a clase. Me senté en mi pupitre, al final del todo en la esquina, y saqué mis inmaculados apuntes. Estábamos aún con la novela romántica, pero había aprendido a sobreponerme, intentando no pensar ni comparar demasiado. Apenas fui consciente cuando el pupitre de al lado, que había permanecido vacío todos aquellos meses, fue ocupado por otra persona.

Pero en ese instante, algunas hojas de mis apuntes salieron volando hacia el suelo. Antes de que pudiera inclinarme a recogerlos, una mano nívea y rápida los tomó. Mi mente quedó en blanco un momento y luego, casi con temor, alcé la vista hacia mi nuevo compañero de al lado.

Con una sonrisa que paraba el corazón, uno de los "nuevos alumnos", concretamente el chico de pelo negro, me tendía las hojas de apuntes con gesto amable, pero se podía ver claramente que mantenía algo las distancias.

Su rostro era tan fascinante, tan atrayente, como cualquiera de los de su especie. Su tez pálida contrastaba vivamente con sus cabellos negros, y no hacía falta más que un simple vistazo para ver que las ropas que llevaba resaltaban sus áureas proporciones. Miré sus ojos dorados, tan parecidos y a la vez tan diferentes a los de él. Eran amables, ni una sola pizca de recelo en ellos. ¿Era posible que se sintiera tan cómodo y suelto con una humana a la que no conocía de nada? En mi interior, una mezcla de recelo y de fascinación comenzaba a apoderarse de mí. Intenté esbozar una sonrisa, pero la falta de práctica hizo que todo intento quedara en una mueca.

-Gracias- murmuré quedamente, sin mirarle. Tomé las hojas de apuntes y no volví a mirarle en ningún momento. La clase ya comenzaba a llenarse, y el profesor comenzó a dar la lección de ese día. Necesité todo mi autocontrol para no volver la vista hacia el chico. ¿Cómo pretendía sanar algún día, olvidar todos los daños del pasado, si el destino me ponía a una familia vampira con el mismo número de integrantes en mi vida? ¿Es que no había ningún maldito pueblo en todo Estados Unidos donde lloviera tanto o más que en Forks? Suspiré mientras seguía traspasando, casi por inercia, lo que decía el profesor a mis apuntes. Noté cómo me miraba de reojo y sentí la sangre agolparse en mis mejillas.

Un momento. ¿Me estaba ruborizando?

Ese simple gesto, que antes había resultado tan cotidiano en mí, me sobresaltó. Era la reacción más humana que había tenido en mucho tiempo. ¿Por qué los vampiros ejercían ese poder sobre mí? Era absurdo pensar que eran como ellos. Él - nuevamente sentí esos pinchazos en el pecho - era absolutamente irreemplazable. No podía intentar fingir que estaba ahí, sentado, ni intentar sentirme mejor porque otro clan de vampiros se asentara por esos lares. Llamaron a la puerta. El profesor de Literatura cortó la explicación y salió a atender al que llamaba, en ese caso, la recepcionista.

Nada más cruzar el umbral de la puerta, las pelotitas de papel comenzaron a volar por los aires y todos los alumnos comenzaron a girarse para intercambiar cuchicheos en ese inesperado descanso.

Comencé a garabatear distraídamente en una hoja en sucio, sumida en mis depresivos pensamientos, cuando una voz sacada de ensueño me devolvió a una realidad que prefería evitar.

-Tu nombre es Isabella, ¿no? - Instintivamente - a pesar de que una parte de mí se negaba a hacerlo- me giré en el asiento y vi al chico de pelo negro sonreírme con esa dentadura tan perfecta.

-Sí. - respondí.- aunque prefiero Bella.-

La gente comenzó a girarse y a mirar de reojo en un radio de cinco asientos. Con disgusto, comprobé que, a pesar de que el nuevo llamaba la atención por su portento físico, la mayoría de las miradas de auténtica sorpresa era por mi inesperada respuesta. La gente estaba demasiada acostumbrada a tratarme como parte del mobiliario escolar, y escucharme hablar por primera vez en seis meses fue tan sorprendente que Angela se me quedó mirando con la boca abierta desde la otra punta de la clase. Incómoda, me revolví en el asiento. ¿Cómo había permitido que mi estado llegara tan lejos? Sorprendentemente, a pesar de la fascinación que sentía por todos los vampiros, me di cuenta de que podía hablarle sin tartamudear ni ponerme nerviosa, cosa que no pasaba con él. "Normal. Nunca nadie podrА tener ese control sobre mis emociones como...", no pude evitar pensar.

-Me llamo Josh Miller, soy nuevo. Encantado.- dijo, y volvió a sonreírme.

-Igualmente.- dije, esforzándome por parecer natural.

En ese instante el profesor llegó y todo el mundo guardó silencio. Seguí tomando apuntes, aunque mi mente se hallaba muy lejos de la novela romántica en el Barroco. Me parecía muy extraño que un vampiro que se alimentaba de sangre se comportara igual que un alumno normal y corriente, recogiendo apuntes del suelo y presentándose a todo el mundo. La campana tocó, y me levanté del asiento, recogiendo todo con rapidez y dirigiéndome hacia Angela, que ya me esperaba en el marco de la puerta.

Anduvimos en silencio hasta la siguiente clase. Yo tenía Cálculo y Angela, Historia. Llegamos a mi clase pero, antes de entrar, Angela me rozó la mano.

Sorprendida, me di la vuelta y vi a mi amiga mirándome con los ojos llenos de alegría.

-Bella...me alegro que hayas empezado a reaccionar- me dijo.

La miré y sonreí sinceramente por primera vez en mucho tiempo. Al parecer, Angela pensaba que yo volviese a hablar era un gran avance que iría a más. Yo deseaba lo mismo. Con el ánimo subido, entré a la siguiente clase, donde mi sonrisa atrajo la atención de más de un curioso.

A la hora del almuerzo me sentía mucho más despejada que de costumbre. La confianza de Angela era muy importante para mí. A pesar de mi ausencia, no quería perder los pocos vínculos humanos que me quedaban. Ya había perdido demasiado en esos últimos meses.

Me senté al lado de ella y Ben en la cafetería. Ben hablaba sobre una película de comedia bastante mala, mientras Angela asentía, más atenta a mí que a la cháchara de su novio. Entonces, una muy enfadada Jessica llegó contoneándose con su almuerzo dietético, seguida de Lauren, cuyo rostro decía que no estaba mucho más contenta que su inseparable amiga. Jessica se sentó, apartando bruscamente una de las sillas de plástico, y sin que nadie la animase comenzó a berrear y a despotricar.

-¡Menudos modales! ¿Qué forma es esa de presentarse? Debería de haberles dado una patada en el culo, por desagradecidos. ¡Tío bueno prepotente sin nada de cerebro! ¡Ag! - Angela miró a Jessica y luego a Lauren. Luego, con timidez, preguntó:

-¿Qué ha ocurrido?- Jessica abrió la boca, pero Lauren la cortó, recibiendo una mirada fulminante de su amiga de rizos oscuros.

-¡Los nuevos, eso es lo que pasa! - Espetó con su aguda voz - Hemos ido a presentarnos a Matt Miller y a su hermano Josh ¡y nos han mandando a paseo casi literalmente!- Giré levemente la cabeza, fingiendo nuevamente indiferencia.

¿Las habían tratado mal? Era extraño. Josh me había parecido amable a primera hora. Excesivamente amable.

-¿Qué os han dicho? - preguntó Mike, que acababa de incorporarse a la reunión.

-Bueno, pues nos hemos presentado y nos han saludado con un "buenos días"bastante seco -comenzó Jessica.
Lauren hizo un sonido de disgusto, de acuerdo con su amiga - Luego, en un intento de hablar con ellos, les preguntamos que qué tal les parecía el instituto y dónde se habían mudado, y que de dónde venían. En vez de responder, el tal Josh se ha levantado y se ha cambiado de pupitre, ¡y el otro, el rubio, Matt, nos ha dicho que nos metiésemos en nuestros asuntos!- terminó, claramente ofendida.

-¡Estúpidos y prepotentes! ¡A saber cómo serán las chicas! - dijo, y lanzó una mirada envenenada a las preciosas piernas de la chica castaña, Amy, que hablaba con Matt, apenas moviendo los labios.

En ese momento, alcé la vista de las piernas de la chica y me encontré con la mirada sonriente y tranquila de Josh. Ruborizada, bajé la vista y comencé a desenredar y enredar el cordón de mi sudadera. ¿Por qué narices me miraba a mí?

Lauren y Jessica estaban demasiado ocupadas opinando sobre la virginidad de las dos chicas nuevas, pero Angela, siempre tan observadora, se percató del intercambio de miradas entre Josh Miller y yo, mirándome de manera inquisitiva.

Tras terminar el almuerzo, me levanté a mi clase siguiente, Historia. Hoy teníamos una larga y aburrida clase sobre la Revolución Francesa. ¿Cómo un tema tan sanguinario podía ser tan aburrido? Como estaba repasando mentalmente la lección, mientras cruzaba el aparcamiento camino al edificio 3, no me fijé en que una sombra ágil y blanquecina, cual espectro, se colocaba al lado mío.

-Hola - saludó una voz que ya quisiera cualquier barítono - ¿También tú tienes Historia con Jefferson? -

Si no fuera porque mi capacidad de reacción aún seguía adormilada, hubiera dado un buen bote. Con desgana, sabiendo lo que iba a encontrarme, giré a cabeza para encontrarme nuevamente con Josh Miller. Miré a sus ojos, bebiendo de su belleza, y respondí fríamente:

-Sí. Es por allí.- dije, señalando el camino. Josh entendió a la primera que era una clara invitación de que quería continuar mi camino a solas. Tampoco le pasó desapercibido mi tono frío y cortante. Además, esa inusitada amabilidad, honor que se reservaba sólo para mí, me producía más recelo que otra cosa

-¿No quieres acompañar al chico nuevo?- preguntó, fingiendo un mohín de tristeza.

Miré de reojo su rostro. ¿A qué jugaba?

-Acabo de decirte dónde está la clase. No creo que vayas a perderte. El instituto no es especialmente grande, ¿no crees?- respondí.

Permaneció callado un segundo, probablemente sopesando mi cambio de humor con respecto a primera hora de la mañana, y luego respondió.

-Bueno, te lo pido como favor. Yo recojo tus apuntes, tú me enseñas el instituto. Aún no sé muy bien dónde está cada clase y leer planos no se me da muy bien.- sonrió de manera angelical.

"Mentiroso", mascullé en mi fuero interno. ¿Qué no se le daba bien a un vampiro? Repentinamente, me descubrí pensando cuántos años tendría éste.

-De acuerdo. ¿Qué otras clases tienes? - pregunté.

Josh sacó su horario y comenzó a decírmelo. Suspiré. Las mismas clases a las mismas horas que yo, salvo Biología.

-¡Genial! Ya tengo una compañera a la que conozco.- dijo, feliz, y comenzó a silbar.

Sonreí débilmente, mientras me preguntaba qué querría el vampiro de mí. ¿Era simple coincidencia lo de los horarios? ¿O me estaba volviendo simple y llanamente paranoica?

Entramos a la clase. Durante toda la hora estuvimos con el tema de la Revolución Francesa. De vez en cuando, nos mirábamos de reojo. Yo me ponía colorada y él sonreía, abiertamente feliz. A veces, entre murmullos, me preguntaba cosas simples, como quién era el muchacho de la tercera fila a la derecha o qué deportes solíamos hacer en gimnasia. Yo le respondía, también entre susurros, aunque los chicos que nos rodeaban se daban cuenta de que estábamos hablando. Demasiada publicidad, pensé.

La última hora era gimnasia. Josh y yo nos encaminamos hacia el gimnasio. Las miradas de los alumnos, especialmente del sector femenino, se clavaban en nosotros y nos perseguían durante todo el trayecto. Esa escena me resultaba desagradablemente familiar. Josh lo ignoraba, mientras me seguía preguntando cosas sobre el instituto y el pueblo.

Cuando llegamos al gimnasio, descubrí con sorpresa que el hermano de Josh, Matt, nos esperaba en la puerta. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con las manos hundidas en los bolsillos de unos vaqueros anchos. A pesar de su aire de frívola indiferencia, seguía asemejándose a un modelo. Dentro del gimnasio, un grupito de chicas emocionadas cuchicheaba entre sí y lanzaba miradas a su dirección, soltando risitas tontas cada dos por tres. Matt me miró con sus ojos dorados. A pesar de su aire casi ausente, no mostraba nada de recelo en su mirada. Es más, casi creí ver un destello de simpatía cuando observó mi rostro con detenimiento. No parecía sorprendido al verme acompañando a su hermano menor.

-Vamos, Josh. Aún tenemos que coger los uniformes. -dijo a modo de saludo. - Y seguro que Bella tendrá que cambiarse.

Me sorprendí levemente al ver que mencionaba mi nombre. ¿Le habría hablado Josh de mí? Sentí un nudo en el estómago.

Esa hora nos tocaba jugar al bádminton, y teníamos que hacerlo por parejas. Suspiré y lancé una mirada a mi alrededor. Ningún compañero mío compartía esa hora conmigo, salvo Mike, que estaba exento de esa hora porque hacia media semana se había hecho una esguince en el tobillo derecho.

-¿Qué, no tienes compañero?- me dijo una voz conocida.

Me di la vuelta para encontrarme con Josh. Iba vestido con unos shorts azules y una camisa de deporte blanca, pero igualmente parecía sacado de una revista retocada por ordenador. En la mano derecha llevaba una raqueta, mientras que en la izquierda llevaba otra que me ofrecía a modo de invitación.

-Gracias.- dije, tomando la raqueta.- Pero debo advertirte que soy muy torpe y probablemente acabe tetrapléjica antes de acabar la hora.- él se limitó a guiñarme el ojo y comenzamos a jugar. Me caí varias veces, y una vez estuve a punto de darle con la raqueta a la ilusionada chica que había acabado emparejada con Matt. Josh se acercó, preocupado, para ver como estaba.

-Bien.- respondí - Estoy acostumbrada a caerme.- él suspiró, aliviado al ver que no me había hecho ningún daño. Al finalizar la clase, se me acercó, justo antes de que entrara en los vestuarios.

-¿Puedo hacerte una pregunta?- dijo.

-Claro.- parpadeé asombrada.

-Bien, eres de las pocas personas con las que he hablado...por eso me preguntaba si podrías hacer conmigo el trabajo de Historia. Es que me da vergüenza pedírselo a otra persona, porque hay mucha gente a la que no conozco todavía.- esbozó su mejor sonrisa.

Respiré hondo. ¿Qué hacía? Estaba realmente confusa. Por un lado, recelaba de tanta amabilidad. En un humano hubiera resultado natural, porque habíamos tenido muchas clases juntos y probablemente en un día no habría hablado con mucha gente, pero en un vampiro era muy extraño. En cambio, se había mostrado realmente agradable conmigo y no parecía tener ningún reparo en acercarse a mí, cosa que no era excesivamente preocupante porque sus ojos decían que su dieta era vegetariana.

Josh me miró, la expectación brillaba en sus ojos ámbar.

-De acuerdo.- dije.- ¿Cuándo comenzamos?

-Bien.- dijo, sonriendo con alegría.- El trabajo es para la semana que viene y es bastante largo, así que propongo comenzar hoy, si te parece bien..- agregó.

Asentí. No tenía muchos deberes esa tarde y Charlie iba a ir a La Push para ver el partido de baloncesto con Billy.

-¿Dónde vamos a quedar?- pregunté, incómoda.

La gente ya comenzaba a salir del vestuario, y no pude dejar de notar las miradas, unas furtivas, otras asombradas, que los alumnos nos dedicaban.

-Mi casa se encuentra en la carretera hacia Port Angeles, y sería un mal caballero si permitiese que una señorita condujese a las afueras del pueblo, lloviendo y a oscuras - sonrió de tal manera que a más de una se le hubiera parado el corazón - así que, si no te importa, voy a recogerte yo. Me vendrá bien porque así conoceré un poco más el pueblo - sonrió avergonzado.

Me alarmé al escuchar sus palabras. ¿Un vampiro inusitadamente amable pasaría a recogerme a mi casa, aislada del resto del pueblo y donde sólo iba a estar yo?

Josh pareció ver la alarma en mis ojos, y sonrió levemente, aunque su mirada denotaba... ¿tristeza? El poder de convicción de su dorada mirada acabó por convencerme. Había algo en él...algo que me empujaba a confiar a ciegas, a pesar de que no debería. Esos ojos parecían demasiado sinceros para mentir.

-E-está bien.- conseguí decir.- A las seis en mi casa.

La alegría volvió a los ojos dorados de Josh, que sin más palabra se dirigió hacia el vestuario. Yo hice lo propio, pero poco antes de entrar, Josh me llamó:

-Eh, Bella- me di la vuelta, y me encontré una mirada agradecida en su rostro.

-¿Sí?-

-Muchas gracias por dejarme hacer el trabajo contigo.-

Su voz parecía sincera. Sonreí levemente y me dirigí hacia los vestuarios, embargada por una confusión de emociones que no sentía desde hacía meses.

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El reloj del salón dio unas cuantas campanadas.

Eran las seis de la tarde. Me hallaba en el sofá de mi casa, con la mochila en la mano y los nervios a flor de piel. Cualquier ruido me sobresaltaba. Intentaba convencerme a mí misma que había aceptado hacer el trabajo con Josh porque si no, tendría que hacerlo con cualquier humano aburrido de mí y mi comportamiento, pero en el fondo no podía mentirme: los vampiros influían en mí de manera notable. ¿Por qué resultaba tan patética a veces?

El timbre sonó, amortiguado por el ruido de la incesante lluvia. Me levanté despacio y me dirigí hacia la puerta de la entrada. Suspiré profundamente - a sabiendas de que, probablemente, él lo escuchase - y la abrí.

Josh ya estaba ahí, con una chaqueta negra, el cabello negro perlado con gotas de lluvia y su acostumbrada sonrisa feliz, casi de niño pequeño, que daba a su rostro de arrebatadoras facciones un aire dulce, casi inocente. No sé por qué, tuve la corazonada de que esa sonrisa era sincera y no ningún engaño.

Sonreí débilmente, y ese simple gesto me costó más de lo que pensaba. Si Josh notó algo raro en mí, no lo demostró.

-¿Nos vamos?- preguntó.

Asentí. Iba a tomar un paraguas del vestíbulo, pero súbitamente, Josh me tomó delicadamente de la muñeca, desviando el brazo de su trayectoria. Sus gélidos dedos eran suaves al tacto, pero no produjeron en mí ninguna descarga eléctrica.

Suspiré, aliviada, al comprobar que, al menos, su tacto no me recordaría a él, aunque una parte de mí se hallaba claramente desilusionada. Josh apartó la mano con delicadeza, aunque noté que me echaba una mirada de reojo.

-No hace falta que cojas paraguas. He traído uno bastante grande para los dos.- respondió.

Me fijé en el enorme paraguas negro que se hallaba apoyado en su pierna. Sin más palabras, lo abrió y me ofreció el brazo, con una sonrisa en el rostro y una mirada cariñosa. ¿Cariñosa?

Tomé su brazo, titubeando, y echamos a correr por las baldosas mojadas que separaban el umbral de mi casa con su coche.
Ahogué un gemido. El imponente Lamborghini Reventon - menudo nombre - se hallaba aparcado. Era de color negro y el coche deportivo más lujoso que había visto en mi corta vida. Sentí una punzada. Al parecer, beber sangre no era la única característica común en los vampiros.

Josh pareció avergonzado ante mi mirada de estupefacción, que enseguida conseguí reprimir. No dijo nada, pero me abrió la puerta del copiloto, manteniéndola abierta hasta que entré. Luego, cerró y se dirigió hacia la puerta del conductor.

"Por favor, por favor, por favor, que no conduzca rápido", era todo lo que podía pensar. Sin embargo, al arrancar, el coche se deslizó suavemente por la carretera de asfalto mojado. No me atreví a mirar a la ventanilla, pero no sentí ninguna sensación de velocidad.

-¿Te ocurre algo?- me preguntó Josh. Pude notar que intentaba disimular la preocupación de su voz.- Pareces un poco tensa. - Sonrió levemente.- No debes preocuparte. No muerdo.

No muerdo. ¿Se estaba riendo de mí en mis narices, o qué?

Seguimos con el trayecto en silencio.

-¿Vives con alguien?- me preguntó, en un intento de abrir conversación.- No parecía que hubiese mucha gente en tu casa.-

Me mordí el labio, debatiéndome entre contestar o no. Mi parte racional me decía que no, que saliese del coche y me olvidase de ese chico, pero mi parte irracional - que siempre le llevaba clara ventaja a la racional - me empujaba a contestar con sinceridad a aquel misterioso muchacho que tan agradable conmigo era. Además, si quisiera matarme, podría haberlo hecho perfectamente al ir a por mí a mi casa. Un bosque profundo, una casa aislada y una chica torpe eran una combinación perfecta para un asesinato limpio y tranquilo. Sacudí mi cabeza, ahuyentado esas imágenes.

-Sí, con mi padre, Charlie.- contesté.

Sonrió feliz, y me recordó a un niño que acaba de recibir un juguete nuevo. Sus ojos brillaban con cariño al mirarme.

-¿El jefe de policía?- Asentí otra vez. No me resultaba fácil hablar con los demás de nuevo, pero decidí que, si él podía hacer preguntas, yo también.

-¿Y tú? ¿Con quién vives?- pregunté, aunque era una estupidez, pues ya sabía quién era la mayor parte de su familia.

Esperaba que borrara la sonrisa amable de la cara, pero contestó con toda normalidad, aunque su espalda se había envarado un poco. Normal.

-Vivo con Matt, al que has visto esta mañana - te hubiera presentado pero parecía tener prisas por jugar a bádminton -, y Alyson. Los dos son mis dos hermanos mayores, son mellizos. Vamos al mismo curso porque llevamos una temporada que, por traslado de mi padre, no paramos de ir de a un lado a otro, y tuvieron que repetir curso a pesar de que tienen buenas notas, aunque ahora parece que vamos a permanecer aquí una buena temporada - me sonrió- Luego Tom y Amy son irlandeses y están aquí de intercambio, y al ser nuevos han preferido vivir aquí con nosotros, que también somos recién llegados. Lo cual es una suerte porque Matt y Amy parecen que han...congeniado bastante bien, igual que Tom y Alyson. - se rió por lo bajo.

-¿Y tus padres? - pregunté.

Descubrí, asombrada, que era capaz de llevar una conversación agradable con él, algo que me resultaba imposible desde hacía tiempo. Me encontraba bien, por ilógico que resultase.

-Mi padre es de un gran bufete de abogados, trabaja en Port Angeles, pero hemos preferido vivir alrededor, porque la vida en una ciudad no es algo que nos agrade demasiado. Se llama Sacha. Mi madre se llama Hannah, trabaja en una galería de arte.- explicó.

Sin darme cuenta, llegamos a la biblioteca. Era un edificio ancho, de varias plantas. Estaba construido con ladrillo rojizo y rodeado, como todo lo demás en el pueblo, de bosque. Bajamos del coche y corrimos a refugiarnos en el interior. Allí, nos acomodamos en unas sillas al fondo de la sala. Estuvimos buscando libros para el trabajo, pero la mayoría de ellos no estaban en la biblioteca. Maldije en voz baja, pero igualmente comenzamos a trabajar.

Pasamos una tarde que, tengo que reconocerlo, fue bastante agradable. Josh era una persona bastante amable. No hablaba mucho de su pasado -evidentemente - pero mostraba amabilidad e interés por cualquier nimia cosa que le contase, aunque yo tampoco hablé mucho.

-¿Nunca has visto una carrera de motos como Dios manda?- preguntó, cuando le conté, a petición suya, las carreras de motos que algunos chicos del instituto montaban los fines de semana. Parecía tener interés en cada mínimo detalle de las costumbres y las personas de Forks. ¿Curiosidad o algo más?

-La verdad es que no. Ni siquiera he montado en una. Como hija de jefe de policía que soy, he sido criada odiando todo vehículo que pase de los 80 km/h -se carcajeó ante esto, y no pude evitar mirarle ceñuda. Enseguida, se mordió el labio, arrepentido.

-No quería ofenderte. En coche no me importa conducir despacio, pero en moto...siempre tengo que coger velocidad, la adrenalina me lo pide. ¿Estás segura de que no te gustaría probar?- me miró emocionado.

-Ahora mismo no estoy para buscar hobbies nuevos.- dije a bocajarro, y al segundo me arrepentí.

¿Por qué había dicho eso? Josh pareció darse cuenta de que no quería decir lo que había dicho, porque no dijo nada y enseguida cambió de tema.

Josh me dejó en la puerta de mi casa a las ocho y cuarto, con tiempo suficiente para preparar la cena. Sin embargo, al entrar, comprobé que Charlie ya estaba allí. Enseguida supe que había mirado por la ventana del salón - en mi fuero interno, le llamé cotilla - al ver que me miraba con los ojos abiertos de par en par y una sonrisa incipiente en el rostro.

-Hola, papá- dije, y comprobé que mi voz sonaba con algo de emoción, no era la voz fría, plana, cenicienta de los últimos meses.

-Ho-hola Bella- consiguió decir mi padre, mientras dejaba con esfuerzo la lata de cerveza encima de la mesa.- ¿Qué tal todo?

-Bien, he salido con un nuevo compañero de clase a hacer un trabajo de Historia. ¿Qué tal el partido?- le contesté, mientras comenzaba a cortar verduras para la cena.

-Hemos ganado. Bueno, he ganado yo. Billy y su equipo han perdido - una nota de orgullo se dejó entrever en su voz - por cierto, tienes en la nevera pescado, lo trajo Harry hace un par de días, por si quieres prepararlo para la cena-

Asentí levemente mientras seguía cocinando. Por el rabillo del ojo, pude ver que Charlie fingía mirar la televisión, mientras bebía de su cerveza y seguía sonriendo. Mentalmente, me preparé para el interrogatorio de tercer grado.

-Y, ¿quién es el nuevo compañero de clase? ¿Algún hijo de los nuevos? - preguntó.

-Sí, se llama Josh, es el chico de pelo negro. Te sonará de haberlo visto ayer, al ir a su casa.- comenté, fingiendo indiferencia, aunque en el fondo me estaba divirtiendo mucho al ver las caras de Charlie, que alternaba incredulidad con molestia y con alegría.

-Pues, no mucho, la verdad.- comentó.

Al cabo de un rato cenamos en silencio. Yo iba repasando mentalmente el día. Había sido, sencillamente, impresionante. Hacía dos días estaba ausente del mundo. La comida no me sabía a nada, no distinguía entre el frío y el calor, la única emoción que me embargaba era el miedo a las pesadillas que, noche tras noche, desfilaban por mis sueños. Pero ese día había sido diferente. Había hablado, había sentido emociones que antes no era capaz de sentir desde su partida, había actuado como una persona normal y todos lo habían notado.

Incluso si no era un vampiro del todo bueno, incluso si sus intenciones, sus motivos por los que se acercaba a mí no eran del todo agradables, no podía sentir más desconfianza hacia Josh. Principalmente, por dos motivos. El primero era que, aunque no podía hacerme sentir como él - pinchazos en el pecho- , pues eso nadie nunca lo podría conseguir, me inspiraba confianza y contra todo pronóstico, no me recordaba a ellos. Su gélida presencia me resultaba agradable. Era tan parecido y a la vez tan diferente a él que, cuando estaba a su lado, no los recordaba de una manera tan intensa.

Y lo más importante: me había sacado de ese confinamiento voluntario, esa especie de burbuja formada por sueños rotos e ilusiones vacías en la que me había envuelto. La tarde que había pasado con él era la primera en que los recuerdos no me atacaban, en que el dolor no era tan palpable. Le estaba profundamente agradecida a pesar de conocerlo desde hacía tan poco.

A pesar de todo, esa noche las pesadillas volvieron a mí.