Capítulo 3: Acción de gracias

—No tardes querida, hoy tenemos mucho por hacer.

—Lucien, deja de molestar. Es acción de gracias.

—Por eso mismo Caroline, tenemos un evento extraordinario.

—¿Ah? —preguntó sin entender.

Habían pasado varios días desde que llegó a New Orleans, y para desgracia suya su problema con los Strix aún no se había solucionado. Tuvo la esperanza de que se pudiera llegar a un arreglo antes de acción de gracias, así podría pasar la festividad en Mystic Falls, pero ese tal Tristán andaba algo desaparecido, cubierto por sus maniáticos secuaces de The Strix. Lo único bueno es que de cierta forma tenía un poco más de libertad, ya no la cazaban como antes, esperando ordenes de ese Tristán seguro.

Y bueno, ella por su lado había decidido quedarse en le pent-house de Lucien, después de todo fue él quien le ofreció su protección y le dijo que podía quedarse el tiempo que quisiera. No es que no confiara en Klaus, es que simplemente no podía estar en esa mansión más de cinco minutos sin que apareciera la básica de Aurora a joder. Por más que Rebekah pareciera estar de su lado en esa especie de competencia para ser su próxima cuñada, ella no toleraba que Aurora se le acercara. Para variar uno de esos días apareció también la tal Camille y se presentaron formalmente.

La verdad es que la supuesta terapeuta de Klaus no era una mala persona, ni petulante, ni nada desagradable, no podría decir que tuviera algo contra ella. Pero solo recordar como el corazón de Camille latió acelerado esa vez ante la presencia de Klaus, o como ambos se miraban casi sin parpadear, la hacía desistir de tener cualquier tipo de trato con ella. Así que era eso básicamente, prefería soportar a Lucien y sus indirectas antes de pasar más de una hora rodeada de "las amiguitas" de Klaus. ¿Estaba celosa? Quizá... Bueno, está bien. Lo admitía, si estaba celosa.

No podía negar que a pesar de todo Klaus era una persona importante en su vida, y pensaba que ella también significaba algo para él aunque el tiempo haya pasado y las circunstancias ya no fueran las mismas. Ese día le presentó al fin a su hija Hope, una bebé preciosa y adorable que no quiso soltar. Solo la dejó un rato cuando Hayley llegó. En un principio ambas estuvieron bastante sorprendidas de verse, pero lo superaron pronto. No tenía nada en contra de ella, Hayley tampoco se mostró hostil con la chica. Hablaron un poco, juguetearon con Hope, nada más.

Todo estaba bien aparentemente, o al menos así intentaban que sea. Las brujas estaban en lo suyo, Marcel (a quien también le presentaron) se encargaba de los vampiros, y los hermanos Mikaelson se concentraban en encontrar una manera de detener esa profecía que los condenaba para siempre. ¿Qué podía hacer ella en medio de todo eso? Solo esperar, como esa mañana. Acababa de terminar de alimentarse con una bolsa de sangre y ya Lucien le salía con esa novedad.

—¿Pasa algo? —le preguntó.

—Tenemos una cordial invitación a una cena de acción de gracias en la mansión Mikaelson, ¿qué te parece?

—¿En serio?— La pregunta real era, ¿Klaus me invitó? Eso era muy probable en realidad, no le sorprendería que él quisiera tenerla cerca. Pero se le hacía raro que en medio de tanta tensión de pronto decidan hacer una celebración.

—Pues si, no será nada grande, más bien es un evento muy íntimo. No vas a negarte a acompañarme, ¿verdad?

—Iré —respondió tranquila—. Voy a buscar qué ponerme.

—Así me gusta querida, ponte bella y arrasa —ella sonrió de lado. Lucien no era la peor compañía, en realidad se llevaban bien y confiaba en él. ¿La mejor parte? Que Klaus seguía celoso de que ambos vivieran juntos... ¡JA!

Después de recibir la noticia de la invitación, Caroline fue en busca de un vestido decente para de acción de gracias. Ah rayos, qué mala suerte, ¿a quién se le ocurrió que el Black Friday fuera al día siguiente? Estúpidas tradiciones americanas, ahora tendría que comprar un vestido a precio normal en lugar del 50% de descuento. Podía usar la compulsión para salirse con la suya, pero la verdad es que aún le daba cositas eso de andar manipulando a la gente solo porque sí. En fin, ya tenía el vestido, el maquillaje, el peinado, todo. Diva, señores. La diva. Miss Mystic Falls por siempre. Se miró en el espejo y sonrió, apostaba que al híbrido se le iban a caer los calzones cuando la vea. No se ponía sexy para él claro, era solo porque le daba la gana.

Hasta Lucien se sorprendió al verla, le sonrió y luego de darle un beso en la mejilla salieron juntos al territorio Mikaelson, listos para la cena. Al entrar vio una bella mesa decorada para la ocasión con seis asientos, se preguntó quienes más estarían invitados. Apenas estaba dando unos pasos cuando Klaus les salió al encuentro y no se veía tan contento que digamos. O al menos no lo estuvo los primeros segundos, pero luego la quedó mirando de pies a cabeza mientras Caroline formaba una graciosa imagen mental de los calzones del híbrido en el piso por la impresión de verla. Caminó despacio hacia ella mientras la miraba fijamente. Le sonrió de lado, sentía que esa mirada la estaba quemando. Ella se quedó quieta sin poder reaccionar, un efecto secundario de la sensual presencia de Klaus Mikaelson en su vida. Cuando estuvo lo bastante cerca tomó su mano y la besó despacio.

—Caroline, permíteme decirte lo exquisita que te ves hoy —le dijo con esa voz que la derretía. Como le gustaría que le repita eso al oído, los dos solos, juntos y desnudos en el bosque. O en su cama. "Mierda, cálmate. Tú has venido aquí a calentar al híbrido, no a que él te tiente", se dijo intentando contenerse.

—Tú tampoco estás nada mal —contestó tratando de aparentar indiferencia. Él también lucía arrebatador como siempre, perfecto, como le dijo alguna vez.

—Me alegra verte amor, pero la idea es que no estuvieras aquí –—e le borró la sonrisa. ¿Pero qué mierda acababa de decir?

—Quiero creer que no me estás echando —le dijo molesta, pero él se apresuró a negar con la cabeza.

—No es por ti, Caroline. No tendría motivos para querer alejarte, pero sí para ponerte a salvo.

—¿A qué te refieres?

—Esta no es precisamente una inocente cena de acción de gracias-— Apenas terminó de decir eso vio a Elijah bajando por las escaleras, elegante como siempre. La miró extrañado, y por alguna razón le pareció que opinaba lo mismo que Klaus sobre su presencia ahí.

—Señorita Forbes, es un gusto volver a verla —dijo Elijah con toda educación—. Aunque las circunstancias no sean las más favorables.

—Lucien —dijo molesto Klaus mirando al vampiro—, ¿qué demonios tienes en la cabeza?

—¿Qué? —preguntó él con una sonrisa radiante. Si había un problema, simplemente con él no era. Y ahora Caroline se sentía algo preocupada, los originales tramaron algo y sin querer se metió en medio de eso.

Fue en ese momento que sintió que la reja exterior se abría. Se quedó en silencio un instante cuando al fin vio entrar a los invitados que faltaban. La básica de Aurora, y otro hombre que la llevaba del brazo. No, ese no era un hombre, era un vampiro. Pronto el vampiro fijó la vista en ella y la quedó mirando en silencio un instante para luego sonreír de lado. Solo que esta sonrisa le daba bastante desconfianza, por no decir algo de miedo.

—Creí que solo seríamos nosotros —dijo Aurora molesta.

—No seas maleducada, amor —le dijo Klaus, le hizo una seña a un camarero que contrató para la cena (bajo compulsión, suponía) y este se acercó—. Trae una silla más para la señorita Forbes y acomoda la mesa. Rebekah debe estar por llegar.

—De inmediato, señor —dijo el hombre antes de ponerse en acción.

—¿No nos presentas? —preguntó el vampiro que llegó con Aurora, desde que entró no le había quitado la vista de encima.

—Deja de fingir —contestó Klaus—, si tú mismo mandaste a perseguirla —contuvo su expresión de sorpresa, no podía creerlo. Era él.

—Tristán De Martell —dijo Caroline, este solo amplió su sonrisa y asintió. Tenía al frente al líder de los Strix, el que por alguna razón mandó a perseguirla por todo el país. Quizá no fue tan mala idea ir a esa cena.

—Damas, caballeros, nos alegra tenerlos aquí con nosotros. A pesar de que nuestra querida hermana aún está tardando en llegar, creo que podemos adelantarnos —empezó a decir Elijah—. En estos momentos críticos es cuando se conoce a los verdaderos aliados. Una profecía amenaza con destruirnos, así que nos alegra contar con ustedes. Empezaremos esto con una política de honestidad.

—Exacto —continuó Klaus—, y empezaremos reconociendo la alianza clandestina que tienen Tristán y Lucien.

—¿Qué? —se le escapó la sorpresa, ¿pero qué acababa de decir? Lo peor es que parecía ser cierto, los rostros desencajados de los tres invitados lo decían todo. Apenas podía reaccionar, ¿cómo que aliados? Todo ese tiempo Lucien estuvo en contacto con quien la perseguía, ¿era eso? Ah no, pero en serio que lo iba a agarrar a patadas apenas pudiera.

—Tomemos asiento por favor. La cena nos espera —dijo Elijah para romper la tensión.

La primera en caminar hacia la mesa fue Aurora, luego ella la siguió. Empezaron a moverse, el mesero llegó con la silla para Caroline y al fin todos tomaron asiento. Nadie dijo nada hasta que se sirvió el plato de entrada junto con un poco de vino.

—Qué interesante, todos juntos otra vez —dijo primero Tristán—. Sin duda será una cena memorable.

—¿No les parece curioso? Acción de Gracias, nosotros celebrando una tradición americana —decía Lucien mientras bebía su vino.

—Y la verdad temo que se me agríe la comida —dijo Aurora mientras la miraba— con esta inoportuna presencia.

—Tranquila Aurora, que Caroline es mi invitada especial —le respondió Lucien.

—Pues que malos gustos tienes, antes te gustaban las mujeres con clase —se sorprendió un poco por esa declaración, sobre todo al darse cuenta del detalle. Lucien miraba fijamente a Aurora, hasta sonrió cuando le dijo aquello. No pero qué horror, ya lo entendía todo. Qué horribles gustos los de Lucien, ¿cómo que le gustó la básica?

—No voy a decir nada —dijo Caroline de lo más tranquila—. No pierdo mi tiempo con gente que no vale la pena —bebió un poco de su vino y miró a Klaus de lado. Le pareció que sonreía pero a la vez trataba de disimularlo.

—¿Pero acaso no es especial Acción de Gracias? —preguntó Elijah—. El pavo, el vino, el puré, las mentiras, el engaño, la traición. Todo en uno.— Sin querer sonrió de lado, notaba que los Mikaelson estaban poniendo tensos a los invitados. Además, no tenía idea de que Elijah podría ser un rey del shade cuando quería. Un brindis por el "cuñado".

El plato de entrada fue retirado, y ella aún no entendía de qué iba toda esa cena. Olía que era un plan macabro de los Mikaelson, ellos no se iban a poner a confraternizar con el enemigo solo porque sí. Fue casi una ironía, porque cuando llegó el plato de fondo a la mesa, al fin empezaron a salir los trapitos al aire. O mejor dicho, la hora de indagar la verdad.

—Empecemos en orden con la agenda del día —dijo Elijah de lo más tranquilo—. ¿Cómo es que ustedes dos son aliados secretos?

—¡Oh por favor! —protestó Aurora—. ¿Van a convertir esta cena en un vil interrogatorio? Qué desagradable.

—Solo responde —le pidió Elijah a Tristán, ignorando a Aurora.

—Pues verás, todos saben que Lucien y yo nos odiamos, yo personalmente lo detesto —decía Tristán, por su lado Lucien asintió confirmando aquello—. Así que cuando nos enteramos de la profecía obviamente nos preocupamos y decidimos dejar de lado un momento nuestras peleas antiguas por la supervivencia. Como comprenderán, si veníamos aquí juntos no iban a creernos, así que decidimos mantenernos en personaje mientras trabajábamos cada quien por nuestro lado, todo en aras de salvarles la vida claro.

—Ah vaya...—dijo Elijah haciéndose el sorprendido—. ¿Le cree usted, señorita Forbes?

—Esas mentiras son más difíciles de comer el relleno del pavo para este año. Nueces, ¿verdad? Nunca me gustaron —dijo ella con ironía. No se la creía, y eso empezaba a molestarle. Esos tres tramaban algo y no era a favor de los Mikaelson. Odiaba eso, estuvo viviendo con alguien que podía ser su enemigo todo el tiempo.

—Veamos, Tristán —empezó a decir Klaus con voz calmada—. Caroline Forbes está al frente tuyo, ¿no tienes nada que decirle?

—Considerando que mandaste a tus esbirros a atraparla —continuó Elijah. Eso, al fin hablarían del tema. Caroline miró con interés al vampiro, quería respuestas y las quería ya.

—¿Qué puedo decir? Sentía curiosidad por conocer personalmente a la mujer que conquistó a Klaus Mikaelson, según decían por ahí —contestó para su sorpresa.

—Yo no estoy con él —se apresuró a aclarar—. No somos pareja, apenas viejos amigos. Ahora ya me conociste, acá estoy.

—Si, ya lo sé. No soy ciego. Pero lamento decirte que ahí no acaba el asunto —le dijo Tristán. Lo que la enojaba de la situación es que fueron por ella solo porque alguna vez tuvo una especie de "relación" con Klaus, es más, ni se podía llamar así considerando que se dedicó a evitarlo y solo se acostaron una vez.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó Klaus—. Ya la escuchaste, ella no tiene relación conmigo, déjala en paz.

—¿No la tiene? ¿Entonces qué hace aquí? —preguntó Aurora—. No se te da bien mentir, Klaus. Te conozco bastante bien, la niegas ahora por alguna razón, te encanta hacer eso. ¿Vas a negarme a mí también?

—El asunto es simple, Tristán —continuó Klaus—. Deja de perseguirla, no tienes que ser tan bajo y rastrero, además de ridículo claro. Si quieres hacerme daño, acá estoy. No uses a otras personas, es bastante patético. Entiendo que no seas tan fuerte y poderoso cómo crees, por eso tienes que recurrir a lastimar a una vampira bebé. Qué lástima.— Tristán se quedó en silencio unos segundos, luego sonrió como si no tomara en cuenta esa proposición.

—¿Y de qué me sirve eso? Creo que es más divertido verte sufrir por perder a los que te importan. Además no puedo hacer nada contra ti, por ahora.— Apenas dijo eso Klaus dio un golpe a la mesa. Al parecer ya había llegado a dónde quería.

—Lo que nos lleva al punto tres —dijo Elijah—. Un medallón que convenientemente puede encerrarnos para siempre, y el que por cierto ustedes dos, aliados secretos, andan buscando sin mucha discreción.

—Pero Klaus —dijo ahora Lucien— si te he jurado lealtad desde tiempos ancestrales. Protejo a tu ex de todo mal, incluso de los oscuros planes de Tristán, que por cierto jamás comentó conmigo. Todo lo que hago es por protegerte, sabes bien que si algo te pasa a ti, yo me iré contigo, no puedo permitirlo.

—Un medallón que nos podría encerrar para siempre no me parece una buena estrategia —contestó Klaus bastante serio. Y ella que acababa de enterarse de la existencia de esa cosa tampoco creía que fuera bueno. "Ah, como nadie nos contó de eso cuando este híbrido del mal se la pasaba jodiendo en Mystic Falls", pensó sin querer con gracia mientras contenía una sonrisa y bebía su vino.

—Tú queda tranquilo, todo estará bien —le dijo Lucien a Klaus de lo más relajado—. Resulta que en esta ciudad las cosas estás expuestas a quien quiera encontrarlas. Ya sabes, la gente habla, hay que detenerla. Y más en esta ciudad con tantos crímenes, imagina que confiscan una curiosa lista de instrumentos mágicos sospechosos y entre ellos esté el dichoso medallón. Para tu suerte siempre estoy velando por tus intereses, y digamos que el medallón fue propiedad de tu bella amiga y terapeuta Camille —ella contuvo la sorpresa apenas escuchó aquello, pero también notó como se le iba la sonrisa a Klaus—. La detuve por seguridad, no dejaría que nadie la lastime considerando el afecto que le tienes.— Eso fue claro. Tenía secuestrada a Camille. Y aunque claro que era preocupante, por un instante compartió la misma emoción que Aurora. El desconcierto por escuchar que Klaus sentía "afecto" por ella, y que su expresión lo delataba.

—Niklaus, ¿podrías recordarme por qué los tratamos con modales y simplemente no los obligamos?— Eso también se preguntaba Caroline. Pero apenas dijo eso los tres invitados no pudieron contener las risas.

—Sé que a ustedes les parece una amenaza, pero lo hacemos por el bien de todos —dijo Tristán—. Una profecía los condena, desde la muerte de Finn y Kol todos los vampiros del mundo supieron que matando a uno, morían todos los de su línea de sangre. Ahora que se ha desatado la guerra de linajes muchos quieren matarlos para deshacerse de sus rivales. Si fueran conscientes nos permitirían encerrarlos.

—Además prometemos no dormirlos un siglo, el tiempo que nos hicieron perder a nosotros —dijo Aurora mirando a Elijah con desprecio.

—¿Cómo? —preguntó ella. ¿Pero qué quería decir esa maniática?

—¿Es que acaso no te lo han dicho? —le dijo Aurora—. Se aprovecharon de nosotros. Usaron su compulsión para hacernos creer por un siglo que éramos Elijah, Rebekah y Klaus Mikaelson. Vivimos un siglo huyendo juntos de Mikael, a eso nos condenaron.— A pesar de sentir que ya detestaba a Aurora y Tristán, escuchar eso le chocó un poco. Entendía que eso pasó hace muchos años, pero aún así era terrible. Quizá no debería sorprenderse, Klaus era así. No podía olvidar su naturaleza.

—De todas las cenas desagradables que hemos tenido en años esta es de lejos la peor —comentó Elijah de pronto. Y la verdad con tantas declaraciones ella ya no sentía ganas de probar nada de la comida. Quizá alguien iba a agregar algo más, pero fue en ese momento cuando una rubia delgada entró en el patio apresurada, pero más que eso parecía molesta.

—Rebekah no está —dijo de pronto—. La he buscado, pero la tienen escondida con un hechizo. Alguien se la ha llevado.— ¿Acaso era una bruja? Para empezar, ¿quién era ella?

—¿Qué quieres decir, Freya? ¿Secuestrada?— Ahora los dos Mikaelson estaban en alerta, ella también.

—Oh no, ella no está secuestrada ni desaparecida —dijo Aurora de lo más tranquila—. Yo la tomé como seguro. Ya que claramente ustedes apenas podrán protegerse, alguien tenía que cuidarla. Así que digamos está un poco inconsciente y encerrada, pero viva y a salvo gracias a mi.— Apenas terminó de decir eso Klaus dio un fuerte golpe en la mesa mientras Elijah se ponía de pie. Mierda, mierda... No. Esa maldita básica tenía a Rebekah.

—¡Vas a devolverme a mi hermana ahora mismo! —gritó la chica Freya. Se quedó aún más sorprendida y dejó los cubiertos en el plato haciendo tremendo ruido.

—¿Por qué nadie me dijo que tenían una oportuna hermana bruja? —preguntó de lo más indignada. Pero antes de que pudiera seguir hablando, Tristán se puso de pie y a gran velocidad cogió a Freya de espaldas para ponerle un cuchillo de besa en el cuello. Al instante, Elijah cogió a Tristán y lo arrinconó contra la pared.

—Uhhhh...Todo ha empeorado muy rápido —dijo Lucien con gracia.

—¡Cállate Lucien o te arrancaré la lengua! —gritó Klaus furioso. Sabía que era por su hermana, ahora que la maniática al fin sacó las garras ya no sabían qué esperar.

—Yo que tú tendría cuidado con tus amenazas, porque algo le puede pasar a Camille.

—Ok, ya van dos veces que escucho ese nombre —decía molesta Aurora—. ¿Quién es Camille?

—Tú tienes problemas mayores —le dijo Freya, y en el acto le rompió el cuello con magia, haciendo que el cuerpo de Aurora se derrumbe en el piso.

—¡Al fin! —gritó ella—. Ya me estaba cansando.

—Muy bien Niklaus, ¿a cuál de estos dos vulgares parásitos te gustaría torturar primero?

—Veamos, tú ve con el mozo de cuadra —dijo refiriéndose a Lucien—. Yo con el traidor insoportable.— Sin decir nada más, ambos tomaron a los dos vampiros y los llevaron cada quien por su lado. Ahora ella estaba parada ahí al lado de Freya, ambas rodeando el cuerpo de Aurora.

—Caroline, ¿verdad? —ella asintió—. Ya había escuchado hablar de ti, Rebekah decía que eres su cuñada favorita.

—Creo que eso le dice a todas.

—No lo creas. Ahora ven conmigo, nos haremos cargo de esta maldita. Si tiene a Rebekah vamos a sacarle la verdad a la fuerza.

—Cuenta conmigo, quiero romperle la cara desde el primer momento en que la vi.

Usando su fuerza de vampira, Caroline cargó el cuerpo de Aurora y lo llevaron hasta una habitación en la planta superior. Mientras esperaban que despierte, Freya se encargaba de poner un hechizo, aunque no entendía bien de qué se trataba. Fue en ese momento que llegó Hayley, quería ayudar con el "interrogatorio" a Aurora. No le afectó, en realidad le parecía lógico que esté ahí. Hayley era más de la familia que ella misma, ironías de la vida. Cuando al fin Aurora empezó a abrir los ojos, Freya se paró delante de ella.

—¿Vamos a jugar? —preguntó con gracia, como si eso fuera divertido.

—Claro que si, y verás lo divertido que se pone gracias al hechizo que no permite que salga ruido de esta habitación. Nadie escuchará tus ruegos ni vendrá a ayudarte —dijo muy amenazante. En ese momento ella y Hayley avanzaron hasta quedar al lado de Freya.

—Oh... ya veo. La ex que cree que aún tiene oportunidad, y la madre de la hija. Qué interesante dupla.

—¿Dónde está mi hermana?

—En algún lugar.

—Mal comienzo.— Freya levantó la mano y empezó la tortura. Aurora soltó un grito, pero aún así fue lo suficientemente fuerte para levantarse y lanzarse sobre ella. Caroline apenas pudo contenerla, era más fuerte. Hayley la cogió de la espalda y la arrojó con fuerza a un lado, cuando se iba a incorporar otra vez Freya le provocó dolor y ahora si soltó un fuerte grito.

—Uhhhh... Vaya. Ese si dolió, no sentía dolor desde el siglo XVIII —dijo Aurora mientras se recobraba.

—Habla de una vez maldita, ¿o prefieres una mordida mía? —dijo Hayley mostrando los colmillos.

—¿Para que después Klaus me cure? Dale, hazlo, me voy a reír mucho.

—O podrías morder a Tristán —propuso ella—. Dudo mucho que Klaus quiera curar a tu hermanito...

—¡No se atrevan a tocar a Tristán! —gritó rabiosa.

—¡Entonces devuélveme a mi hermana! —volvió a repetir Freya.

—Tengo una mejor idea.— Lo primero que hizo fue arrojarse contra Hayley. La híbrida se defendió, pero no esperó que Aurora le mordiera el cuello con fiereza y la arrojara a un lado. Caroline se lanzó contra ella, lucharon apenas unos segundos antes de sentir que su cuerpo salía despedido a un lado. Freya intentó detenerla una vez más, pero Aurora seguía siendo rápida y fuerte, la empujó a un lado haciendo que se golpeara la cabeza y perdiera la consciencia—. Dile a Klaus que tengo a su hermana y a esta patética rubia.— Oh no... eso no. Caroline se incorporó, sacó los colmillos. Iba a lanzarse contra Aurora, pero esta fue más rápida.

Lo último que escuchó fue su cuello quebrarse antes de perder la conciencia.