Barnabas entró detrás de Julia, ésta le hizo un gesto para que cerrase la puerta y obedeció.

-Bien, una pregunta Barnabas...¿ves que me parezca a ti?-preguntó Julia, sin preámbulos.

-¿Cómo?-contestó Barnabas, totalmente confuso.

-Que si me parezco a tí, física y mentalmente. ¿Nos parecemos?

-Em...no, para nada.

-Ah vale...

Julia cogió una de las cartas falsas que le había entregado Elizabeth y la lanzó con fuerza en toda la cara del vampiro.

-¡¿ENTONCES POR QUÉ TE HICISTE PASAR POR MI?!-gritó Julia, histérica.

Barnabas agarró la carta con nerviosismo y comprobó con sus propios ojos que se trataba de unas de las cartas que él había escrito haciéndose pasar por ella.

-¿Qué querías que hiciera? ¿Que le dijera a la familia "Buenos días, ¡Ah, por cierto! He matado a la doctora Hoffman"?-contestó Barnabas, con sarcasmo.

-¡Ah claro! Se me olvidaba que necesitas mentir para vivir, tanto como necesitas la sangre.

-Aquí la verdadera pregunta es...¿¡cómo demonios has vuelto!?-exclamó él, deseoso de saber la respuesta.

Julia se tranquilizó.

-¿Aún no te has dado cuenta Barnabas?

Barnabas calló y la observó, pensativo. De repente, sus ojos se abrieron de par en par.

-Oh dios mío...¡ERES UN VAMPIRO!-gritó, alarmado.

-Sí, y gracias a eso pude escapar de las sucias aguas en las que me tiraste. ¡Por tu culpa perdí cinco años de mi vida! Cinco años que tú te has encargado de llenar de mentiras a mis espaldas. ¿Enfermo mi padre? ¡Él murió cuando era joven y no tienes derecho a hablar de él y mucho menos a utilizarlo en uno de tus sucios planes!-contestó Julia, dolida.

Barnabas guardó silencio, Julia escupía toda una retahila de acusaciones envenenadas.

-¿Ya has terminado?-preguntó, con toda la tranquilidad del mundo.

Julia se sintió ofendida, Barnabas se comportaba como si todo aquello fuera un juego de niños.

-No te lo tomes a mal, todo ese discurso que me has echado encima ha sido conmovedor pero...lo que me interesa es saber si se lo vas a contar a la familia.-dijo Barnabas con frialdad.

Julia comenzó a temblar, sentía rabia, mucha. Parpadeó varias veces para contener el llanto.

-No Barnabas...no lo haré. Dejaré que ellos descubran por sí mismos la clase de persona que eres.-murmuró, con un nudo en la garganta.

Barnabas se acercó lentamente a ella y se quedó a escasos centímetros de su cara.

-Yo no soy una persona...soy un monstruo, al igual que tú.-susurró en el oído de ésta.

-Yo al menos puedo amar...no sabes cuanto.-contestó con suavidad Julia.

-Yo amo a Victoria.

-¿Seguro Barnabas? Como bien has dicho...ahora somos iguales. No puedes ocultar nada...puedo percibir lo que sientes. Y lo que he visto esta mañana no me ha parecido amor, si no más bien capricho.

Barnabas calló y miró con odio a Julia. Había dado en el clavo, totalmente, pero no dijo nada.

-No metas las narices dónde no te llaman Julia...vive tu vida ahora que tienes toda la eternidad, y yo haré lo mismo con la mía. Pero como me molestes lo más mínimo...me encargare personalmente de que vuelvas a las profundidades del lago Collinswood, y esta vez...no volverás.

Y con estas palabras, Barnabas salió de la consulta dando un fuerte portazo.

Julia se echó para atrás, hasta pegar su espalda contra la pared. Rompió al llanto y se deslizó hasta el suelo, dónde continuó llorando desconsoladamente.

Horas después, se encontraba sentada en su sofá y con un vaso de whisky en la mano, todavía soltando algunas lágrimas.

De repente, alguien entró en su consulta, pero ella no se dio cuenta. Dio otro trago de whisky...y casi se atragantó al ver a David allí.

-David, ¿qué haces aquí?-preguntó mientras se arreglaba el pelo y la ropa para estar lo más presentable posible.

-Bueno...nos pareció buena idea venir a verla.-contestó el chico.

David se sentó en frente de la doctora.

-¿Nos pareció bien?-preguntó Julia, extrañada.

-A mi madre y a mi.-contestó.

A Julia le recorrió un escalofrío, ya sabía que David podía comunicarse con el fantasma de su madre, pero aún así le parecía raro el hecho de que él hablase con ella todos los días.

-Pues...te lo agradezco David...os lo agradezco a los dos.

David observó detenidamente a Julia.

-¿Se encuentra bien doctora?

Efectivamente, el muchacho había notado el ligero color rojo de sus ojos, síntoma de que había estado llorando.

-Sí...tranquilo, sólo estoy cansada.-mintió Julia, mientras sonreía...o más bien lo intentaba.

-Entonces...¿sigue bebiendo por gusto no?-dijo David, mirando el vaso medio vacío de whisky.

-¿Te acuerdas de eso?

-Sí, me acuerdo que solía beber constantemente. No la culpo por ello ni mucho menos.-dijo, al ver la cara de culpabilidad de Julia.- Aunque tal y como es ahora, no lo veo necesario.

-¿ A qué te refieres?-preguntó Julia, asombrada.

-Eres como Barnabas y Vicky, me lo ha dicho mi madre.

Julia sonrió. Aunque David había crecido, aún seguía teniendo esa pizca de inocencia típica de un niño.

Miró su vaso, dio un sorbo para terminarlo y lo dejó a un lado.

-Tienes razón David. Ya no lo necesito.

Cierto era, pues Julia bebía con el principal objetivo de emborracharse para olvidar los problemas. Ahora que era un vampiro, su capacidad de regeneración era mil veces mayor que la de cualquier ser humano, con lo cual su sangre se limpiaba al instante de cualquier tipo de sustancia y no le daba tiempo ni siquiera a embriagarse lo más mínimo. Eso significaba, que no podría olvidarse de sus problemas ni por una décima de segundo.

-Está triste, doctora.

-¿Eso también te lo ha dicho tu madre?

-No, lo he notado yo.

Julia volvió a quedarse sin habla, aquel niño tenía una sensibilidad pasmosa.

-Ahora lo estoy menos. Gracias a tu visita me he animado un poco.-respondió, agradecida.

David se levantó de golpe y abrazó a Julia.

-¿Qué haces David?-preguntó, extrañada.

-Creo que lo que necesita es un abrazo, a fin de cuentas...usted me ayudó mucho cuando era más pequeño.

Julia quedó conmovida. Le devolvió tímidamente el abrazo a David, hacía mucho tiempo que nadie se mostraba tan cariñoso con ella.

Cuando se separaron, Julia sonrió ampliamente.

-He de irme a hacer mis tareas, le veo a la hora de la comida doctora.-dijo David, separándose de ella.

-Por favor...llámame Julia. Muchas gracias por todo, de verdad.

David sonrió y salió de la consulta. Julia se sintió feliz al saber que alguien le seguía teniendo aprecio. David siempre había sido un niño muy especial.

El resto del día, transcurrió con normalidad, aunque algo solitario de no ser por la visita de David. De todas formas, Julia se fue esa noche a la cama tranquila...bueno, no tanto. Pues aún tenía en mente la conversación con Barnabas. ¿Qué pasaría entre ellos a partir de ahora?


Hoy me ha dado un toque de creatividad (o más bien aburrimiento) y he escrito dos capítulos en un día. Muchas gracias a los que estáis siguiendo la historia y comentando, conseguís animarme a seguir escribiendo.