Se dice que en Azkaban no se necesitan muros para contener a los prisioneros, pues estos son aplastados por sus propias memorias, si ningún buen pensamiento puede tener lugar en aquel sitio, lo menos lógico sería que alguien pudiera sobrevivir con su cordura más de unos pocos días. Cada vez que Sirius quería escapar de esto, la presencia de los dementores aparecía con un poco de sal para posarla sobre la herida abierta de este prisionero y que cada intento de escape de tal maldición le signifique no más que el aumento de su agonía.
Un sueño que ocupo gran parte de su tiempo durante esos doce años fue particularmente doloroso, todo comenzaba con un recuerdo de James y Lily durante la primera navidad de Harry, puede verlos felices tomando leche y galletas frente a la fogata, sin embargo él esta fuera de la casa en la nieve, congelándose sus dedos posados sobre el vidrio, siente unas terribles ganas de saltar sobre la garganta de James Potter, acabar con él para poder ser quien ríe y come galletas junto a una hermosa esposa y un precioso hijo, desea que jamás pueda levantarse de ese sillón, que todo lo malo en este mundo lo toque, lo desgarre y lo mande tan lejos que nunca pueda regresar. Sirius se siente despertando y se oye a si mismo decir:
- Desearía que estuvieras acá, Potter, las galletas sabrán más dulces si tú eres quien se está pudriendo.
Tal vez nunca experimentaría más dolor que en aquel momento, quisiera arrancarse la lengua solo de escucharse tal veneno salir de su boca, jamás se perdonaría por esos pensamientos y era ese el peor de los castigos. Pero no se debe decir eso tampoco, pues en Azkaban siempre puede aparecer algo peor.
