Capítulo 3: ¿Qué te ha pasado?
Nos separamos con lentitud, al tiempo que se abrían mis ojos y me percataba de que los suyos también, lo cual quería decir que habían estado cerrados durante el beso. Sonreí para mis adentros por eso.
―Me debes una explicación ahora mismo ―murmulló, a poca distancia de mi rostro.
―Creo que sabes que S.H.I.E.L.D anda por aquí, casi nos ven ―Le respondí con el mismo tono. Me percaté de que los agentes que había visto ya no estaban en nuestro perímetro.
―Lo supuse, pero..
No dejé que terminara, la interrumpí halándola de un brazo hacia la fila frente al detector de metales. Para mi sorpresa, no se opuso como había predicho que lo haría; volteé a verla cuando quedamos de últimos en la cadena de personas que se formaban, tenía la confusión plasmada en ella.
―¿Has estado saliendo con alguien? ―Me miró extrañada.
―No.
―¿Dónde.. ―. Se detuvo unos segundos, pensativa, antes de terminar su pregunta―. ¿Dónde aprendiste a besar así? Estoy segura de que no fui yo quien te enseñó.
Sentí el calor invadir mi rostro por su comentario, me puse muy nervioso y desvié la mirada hacia atrás, como si cuidara nuestras espaldas. Ella fijó sus ojos en mí, escaneándome la cara.
―¿Sharon? ―Apretaba los labios reprimiendo una sonrisa. Dejé de verla.
―Avancemos ―Corté, tomando su mano a lo que dábamos unos pasos más.
―Tomaré eso como un sí.
Quise negarlo, decirle "No, Nat, el único beso que he dado en ésta época ha sido el del centro comercial, contigo". Pero entonces habría mentido. Yo sí estuve saliendo con Sharon Carter, o algo así. Tuvimos por lo menos unas tres citas después de lo de Ultrón y uno que otro encuentro casual hasta hace pocos meses. Sin embargo, tener una relación con ella no era para mí, sé que es inteligente y hermosa, aún así, yo no estaba tan seguro de que fuese a funcionar sólo porque era la sobrina de Peggy.
Entre mis pensamientos y el silencio emitido por la pelirroja, me perdí en el tiempo y, cuando regresé al presente, ya íbamos camino hacia la zona de embarque. Terminé de aterrizar en la realidad cuando la espía me dio un codazo para que entregase mi pasaporte a la aeromoza.
―Que tengan buen viaje ―Se dirigió a nosotros con una sonrisa al terminar de verificar la identificación.
Devolvimos el gesto y subimos al avión, siendo guiados amablemente por una rubia hasta nuestros puestos. Sentí la mirada pesada de Natasha cuando la chica se tomó demasiadas molestias conmigo; estaba algo nervioso por ser el centro de atención en ese momento.
―Ya saben, si quieren algo, sólo llámenme y de inmediato les consigo lo que necesiten ―Aunque se ofrecía en plural, sus ojos estaban clavados en mí. Se dirigía hacia mí especialmente.
―Sí, entendimos ―Respondió con frialdad mi compañera antes de que yo pudiera decir algo.
La aeromoza asintió y se fue de inmediato. Volteé hacia la mujer con la que había compartido muchas misiones desde que desperté en este nuevo tiempo; miraba por la ventana, lugar que pidió antes de que siquiera consiguiéramos los puestos, con la barbilla recargada en su mano izquierda y moviendo la pierna derecha con un toque de preocupación. Verla así no hubiese sido normal para mí antes de lo de Ultrón, pero después del acontecimiento, después de que Wanda se hubiese metido en su mente y de que Banner se fuera, la rusa dejó de tener esa seguridad que la caracterizaba. Una parte de ella no terminaba de regresar, desde que la vi dormida en mi departamento entendí eso, sin embargo, la Natasha que había vuelto a veces parecía no querer estar aquí.
―Deja de verme así ―Se dirigió a mí sin despegar su vista de lo que fuera que estuviese observando a través del vidrio.
―¿Estás bien? ―Me atreví a preguntar.
―Sí ―Respondió seco.
―No te creo, siento que..
―Cuando me creas algo, será sorprendente ―Fui interrumpido por su voz, seguido de un ligero suspiro.
Debí haberla ignorado, no era de mi incumbencia después de todo, pero de un tiempo para acá sentía que me importaba un poco más lo que le pasara. Bueno, específicamente desde un día. El día que confió completamente en mí, cuando me contó algo sobre su pasado en donde entendí varias cosas.
Flashback..
Me estaba mentalizando para la quinta cita con Sharon, tuve el atrevimiento de invitarla a salir por primera vez hace más de un mes y ya llevábamos cuatro viernes encontrándonos en un restaurant de comida tailandesa que quedaba cerca de nuestro edificio. Eso sí, quisimos mantener todo en secreto, al menos hasta que supiéramos lo que éramos. Era divertido compartir con la rubia, a pesar de que nuestros trabajos no nos permitían vernos tan seguido, sentía que una buena amistad crecía con solidez. Ya no era la agente Carter para mí ni yo era el Capitán América para ella. Sólo nos sentábamos a comer, reír y hablar sobre los sucesos de la semana como dos amigos de toda la vida; aunque, algunas veces, pasaron «otras cosas».
Terminé de entrenar a los reclutas de los nuevos vengadores, eran, en su mayoría, chicos menores de veintidós años con gran determinación y ganas de pelear por el bienestar mundial. Les felicité por el avance que llevaban desde que habíamos empezado con la iniciativa de la academia y me dispuse a salir hacia mi nueva cita. Pero, cuando ya estaba sobre mi amada motocicleta, a dos segundos de ponerla en marcha, recordé un recado que Fury me había dado.
―Diablos ―Susurré para mí, riéndome al final por la nueva serie de palabras que jamás hubiese pensado llegar a decir.
Bajé de la Harley, dando un leve suspiro y calentando mis manos; porque estaba haciendo frío esa noche. Primero fui a mi oficina en busca del pendrive que el director me entregó, "dáselo a Romanoff, dile que hay información sobre el doctor Banner allí" había dicho; después volví hasta la moto poniéndola en marcha. Rumbo al edificio en donde vivía mi compañera.
Toqué varias veces, la mujer de recepción le había estado llamando sin obtener respuesta, hasta que el guardia de seguridad me aseguró que ella no bajó ese día y decidí subir a insistir desde la puerta de su departamento. Yo sabía que esa ausencia en la academia se debía a que no se sentía bien, pues notificó en la mañana que faltaría y me pidió que entrenara a su clase; cosa a la que me estaba acostumbrando, ella había faltado mucho en los últimos dos meses.
―¿Qué mierda, Rogers? ―La puerta se abrió, y sin darme cuenta, terminé dando un ligero golpe en la cabeza de la pelirroja mal humorada frente a mí.
―Nat, lo-lo siento.. ―Dije avergonzado.
Ella asintió, moviéndose a un lado para que yo pudiera pasar. Mientras la seguía a través del pasillo que nos llevó hasta una gran y moderna sala de estar abierta a la también moderna y lujosa cocina, me percaté de que su cabello estaba mojado y de que vestía unos shorts cortos color beige con una camisa de tirantes blanca; andaba descalza, seguro se había estado duchando.
―Habla ―Exigió dejándome en la zona de la sala y caminando hasta la cocina en donde parecía estar preparando algo.
No me senté, estaba parado mirando todos sus movimientos; nunca me habría imaginado a Natasha Romanoff como cocinera. Reprimí una sonrisa divertida sacando el pendrive que Fury me entregó.
―Sólo quería darte.. ―Medité bien las siguientes palabras, el tema no era agradable para ella y hacerla molestar más de lo que parecía estar tampoco era mi plan. Mucho menos ahora que picaba una zanahoria―. Fury me entregó este pendrive hoy, pidió que te lo trajera personalmente. Es.. ―Tragué saliva―. Algo sobre Bruce.
Se quedó estática, viendo hacia el vegetal que cortaba, con la mirada perdida en la tabla de picar. Me fui acercando poco a poco hasta ella, con el usb reguardado en mi mano derecha y algo de precaución, por si acaso.
―No sé si quiero recibir eso ―Dijo después de unos segundos, retomando el corte de la zanahoria con agresividad.
―Entiendo, pero.. ¿No sientes curiosidad? Quizás puedas hallar a Bruce con lo que sea que contenga esto ―Vi cómo apretaba el mango del cuchillo fuertemente. Una tristeza inexplicable me invadió; no era lástima, parecía más algo de nostalgia―. Nat..
―Creo que el doctor Banner no quiere ser hallado.. Al menos no por mí.
Puedo jurar que vi una lágrima escapar de sus ojos y caer camuflada en el granito del tope de la cocina, quizás nunca sabré si fue sólo mi imaginación o si en realidad pasó, pero lo que sí sé es que en ese momento sentí cierto impulso a abrazarla y consolarla hasta que volviera a ser la Natasha Romanoff fuerte, sarcástica e indiferente que conocía; no una versión destruida de ella.
El silencio incómodo se hacía presente y el pendrive destinado a la pelirroja aún se encontraba en mis manos, no sabía qué decir para apaciguar el ambiente.
―Puedes dejarlo sobre la mesa, tal vez después lo revise ―Me mostró una sonrisa, una tan triste que mi corazón se arrugó. Sí, mi corazón de supersoldado se acababa de doblegar por algo tan sencillo.
Asentí, di media vuelta, caminé unos cuantos pasos y coloqué el contenedor de datos sobre la mesa de centro de la sala, lenta y cuidadosamente. En mi mente se estaba debatiendo una guerra intensa, me encontraba indeciso, entre irme y quedarme; tenía a Sharon esperando sola en la mesa de un restaurant tailandés, por un lado, y a Natasha en sus peores momentos de depresión, por el otro. Por quien fuese que me decidiera, habría alguien a quien haría sentir sola esa noche; sólo tenía que elegir quién me importaba más.
―¿Algún problema, Steve? ―La voz de la espía me hizo caer en cuenta de que estaba congelado como tonto mientras pensaba.
―No.. ―Respondí en un tono suave, aún embelesado―. Nat, ¿qué ha pasado contigo?
No estoy seguro de porqué le pregunté eso, ni siquiera lo pensé dos veces. Sólo lo hice. Y pareció tener un impacto tan grande en ella, que su mandíbula se tensó y sus manos soltaron el sartén que apenas había tomado de la gaveta. Estábamos mirándonos fijo.
―¿A qué te refieres? ―Tenía entrecerrados los ojos y hablaba bajo, pero audible para mí.
―A todo.
―¿Qué es todo, Rogers?
―Todo ―Medio negué con la cabeza―. ¿Dónde estás ahora mismo?
Me iba acercando a su posición.
―¿Estás drogado? ―Rió irónicamente―. Estoy aquí, ¿qué mierda te pasa?
―Natasha, no sé qué pasó con Banner, pero autodestruirte no es la solución ―La alcancé y apreté mis manos en sus hombros en señal de apoyo incondicional. Su expresión fue la de alguien siendo insultado sin razón.
―¡¿Qué maldita cosa les pasa a todos por la maldita mente?! ―Gritó alterada, soltándose de mi agarre―. ¡Fury lleva meses dándome mierdas en información, Clint me llama al menos dos veces a la semana preguntando estupideces sobre mí, y tú.. Maldita sea, Rogers, ahora vienes a tratarme como una maldita depresiva!
―Nat, no te..
―¡Nat, nada! Déjenme en paz de una maldita vez.
Abrí los ojos como platos ante su reacción, no me esperaba que se pusiera así por eso. Es decir, es normal que nos preocupemos por ella; Fury la estima mucho, Clint la quiere como a una hermana y, para mí, la agente se había ganado mi aprecio y admiración desde lo de los infiltrados de HYDRA.
Vi que tenía las manos tapando su rostro, respirando con dificultad. La alteré demasiado y ahora me sentía culpable.
―Nat ―Le susurré, observando cómo trataba de no llorar frente a mí.
Negó con la cabeza, parecía una niña pequeña y perdida en la peor de sus pesadillas; cerrada a mis palabras. Yo no sabía qué hacer, fui capacitado para combatir a los villanos más poderosos y liberar el mundo de alienígenas o acabar con terroristas y nazis, pero no estaba preparado para algo más fuerte que cualquier ser vivo en el universo, el miedo.
Entonces, hice lo único que pensé prudente para esa situación. La abracé con toda mi alma, esperando que mis brazos lograran comunicarse con ella y la trajeran de vuelta conmigo. De verdad lo esperaba.
―Steve.. ―Me pegó la cara al pecho, aferrándose de mi camisa con fuerza; cosa que le atribuí a su dolor―. Él se considera un monstruo, pero yo soy peor. Yo soy asquerosa.
―No lo eres, jamás vuelvas a decir eso.
―¡Lo soy! ¡Lo soy! ―Daba golpes en mi pecho, mientras yo le abrazaba más fuerte―. No lo merezco.. No merezco a nadie, ni siquiera puedo dar hijos. Nunca tendré una familia como Barton, nunca seré la mamá de alguien. Soy una maldita asesina de la red room que nunca podrá ser mamá de algui..
―¡Natasha, basta! ―No pude soportar verla en ese estado, estaba cansado de que se tortura de esa manera. Tuve que gritar para hacerla reaccionar.
Lo cual funcionó, pues se detuvo.
Tomé sus mejillas entre mis manos y la hice mirarme, muy a su pesar. Tenía los ojos rojos y un par de lágrimas cayendo de ellos. Sentí cómo mis facciones se aflojaban por ver a mi compañera de tal forma.
―¡Deja de decir esas cosas sobre ti, maldita sea! ―Ella se sorprendió al escucharme decir aquello último igual o más que yo. Me molestaba tanto que también tenía ganas de llorar―. Eres buena, quizás tuviste un pasado turbio, pero eso no fue tu decisión. Te obligaron, lo sabes; creciste con malas personas. Y, sobre lo de tener hijos.. Puedes adoptar, hay miles de opciones hoy en día, Nat. No eres tú la que debe merecer a alguien, son los demás quienes deberían preocuparse por merecerte.
Terminé de hablarle con el tono de voz más suave que pude poner, quería que comprendiera que ella era muchísimo mejor de lo que pensaba; al menos eso creía yo. Se soltó de mi agarré y limpió las pocas lágrimas que cayeron en algún momento que no divisé, después miró mis ojos regalándome una sonrisa que nunca había visto salir de sus labios; era alguna combinación de agradecimiento, tranquilidad y ternura. Volvía a parecer una niña, pero ésta vez era una feliz.
―Lamento que hayas visto eso ―Dijo desviando la mirada.
―Yo no, creo que ya confías en mí ―Le brindé una de mis más sinceras sonrisas y sequé la última lágrima traidora que salió.
―Tal parece ―Se rió, de la manera arrogante que tanto extrañaba. Un nudo se formó en mi garganta y negué con la cabeza mirando al suelo―. ¿Tienes hambre?
Miré el reloj de la cocina, eran pasadas las nueve de la noche; ya había dejado plantada a Sharon oficialmente. Sentí que era un irresponsable, por ni siquiera avisar, pero después volví a ver a la pelirroja que esperaba mi respuesta con una ceja levantada y supe que había valido la pena. Todo.
Asentí, disponiéndome a ayudarla a terminar la cena que compartiríamos más adelante. Feliz porque tomé la decisión de quedarme y ver regresar un pedazo de esa rusa tan maravillosa que tenía por compañera de trabajo.
Sentí algo cosquillearme en la oreja; moví la cabeza con esperanzas de que parara, pero eso sólo intensificó la sensación. Abrí los ojos de golpe para encontrarme con una pelirroja riéndose en mi cara.
―Que divertido, Rogers ―Alegó con sarcasmo reprimiendo una sonrisa.
―¿Qué? ―Pregunté aún perdido en el espacio.
―Nada, bienvenido a Rusia ―Abrió la cortina cerrada de la ventana a su lado, señalando que sobrevolábamos el país en ese momento.
Medio me incliné sobre ella y pude ver el panorama, era hermosa la vista desde ahí. Volví a sentarme en mi lugar, preparándome para el aterrizaje.
―Hemos llegado ―Hablé para ambos, riendo un poco. Cosa que la espía imitó.
Habíamos llegado, la primera fase de nuestra misión estaba completa.
Espero que les haya gustado y dejen review sobre lo bueno y lo malo que vean aquí (no revisé por última vez el cap, perdonen los errores). Les quiero por leerme, besos!
