Un nuevo ramo de flores había llegado para Astoria. Draco sonrío cuando la vio colocar las nuevas flores, unas pequeñas flores azules.

— ¿Más flores para la cumpleañera?— se levantó y la abrazó por la cintura, enterrando su rostro en el cuello de ella.

— Si. Esto parece ya el jardín— Astoria se dejo abrazar, con una sonrisa triste en el rostro, sabiendo que Draco no la vería.

— Estas son bonitas. Todas lo son.

— Las mejores son las tuyas— Astoria se giró en sus brazos, mirándole divertida— Calas.

— Tus preferidas.

Draco bajo el rostro, apenas lo suficiente como para acariciar los labios de Astoria con los suyos, algo que le encantaba hacer, antes de que un elfo entrara, haciendo que soltara un juramento. En cuanto se separó de su esposa, volvió a ser el altivo Draco Malfoy, y salió de la sala, siguiendo al elfo, para solucionar cualquiera de los problemas que se hubiera dado y que necesitaba su presencia.

Astoria aprovechó que estaba sola para volver su atención a las flores que estaba colocando en el jarrón. Nomeolvides. No llevaban tarjeta, pero tampoco la necesitaba para saber quien le había mandado el ramo.

— Blaise.

Fue solo un susurro roto, un lamento de corazón. Se dio un momento más para admirar las flores, para mirarlas y acariciarlas, pensando que es la piel de él la que esta acariciando.

— ¿Astoria?

Narcissa la miraba desde la puerta y ella se giró, borrando de su rostro cualquier rastro de tristeza que pudiera haber.

— Me han llegado más flores.

Su suegra entró y admiró las flores, mientras abrazaba a la joven que había entrado en su familia, pero a la que conocía de toda la vida.

— Nomeolvides. Son flores muy bonitas, pero con un significado un poco trágico, ¿no crees?

— Si, la verdad es que si. Las llaman las flores del amor desesperado, ¿no?

— Si. ¿Tienes algún enamorado por ahí que se sienta desesperado?— Narcissa rio cómplice.

— No llevan tarjeta. Pero si lo hay, deberá hacerse a la idea de que ya estoy cogida.

Le dolió en el alma mentirle a Narcissa, que siempre había sido su confidente. Ella había sido asidua de Malfoy Manor desde muy pequeña, y siempre se había sentido una más en esa casa. Y por eso le dolió mentirle a una persona que era casi como su madre, pero no tenía más remedio. ¿Qué podía decirle?

— Vamos, tus padres, tu hermana y Blaise ya han llegado.

Asintió y fue con ella al salón, donde recibió las felicitaciones y regalos de parte de su familia. Notaba que le costaba sonreír pero hacía el esfuerzo. Por Draco y por ella misma. Pero sobre todo por Blaise, porque sabía que si ella se derrumbaba, si daba alguna muestra de lo que sentía realmente, él dejaría todo.

Después de la comida, encontró un hueco para escaparse sola al jardín y poder estar a solas con sus pensamientos. Se acomodo en el césped, debajo de un árbol que formaba un claro rodeado por un pequeño seto. Era su lugar especial.

El chasquido de un mechero la saco de su ensoñación.

— Bonito sitio.

Le miro sin saber bien que decir. Antes podían hablar de cualquier cosa, ahora era peligroso cualquier tema de conversación.

— Fumas demasiado.

— Daphne dice lo mismo— se encogió de hombros— Aunque claro, para ella, uno solo es demasiado.

Astoria se permitió una pequeña sonrisa, mientras admitía para sí misma que tenía razón. Su hermana había odiado siempre ese vicio muggle de Blaise, incluso en el colegio, cuando solo fumaba un cigarrillo de vez en cuando.

— Estas tan bonita cuando sonríes…

— Blaise.

— Lo sé— se dejó caer en el césped a su lado y, sin poder evitarlo, ella empezó a acariciarle el cabello, como había hecho en el colegio tantísimas veces.

— Echo de menos el colegio.

— Yo también.

Ninguno de los dos lo dijo, pero lo que echaban de menos no era Hogwarts, sino la presencia continua del otro. Las charlas en la sala común, los encuentros "fortuitos" en el pasillo, esos en los que ninguno admitía que había estado buscando al otro.

— Esto no está bien.

Era cierto. Pero igual les había pasado en el colegio. No estaba bien, pero seguían haciéndolo, seguían buscándose y seguían sin poder decir que no. Eran como imanes.

— No puedo estar lejos de ti, As. Lo he intentado, te juro por todo lo que conozcas que lo he intentado de todas las maneras posibles.

— Blaise…

— Déjame que te lo diga una última vez. Después ya me callare y seré tu hermano mayor, lo que debo ser. Pero tengo que decírtelo porque si no…

— Está bien— se le estaba rompiendo el corazón y el alma al escucharle, pero sabía que él necesitaba decirlo. Y ella necesitaba escucharlo.

— Te amo. Eres la única mujer que he amado y a la única que amare en mi vida. Quiero a tu hermana, pero no es lo mismo que contigo. Eres la única mujer por la que abandonaría todo, lo que tengo y lo que soy te pertenecen, y ten por seguro que el día que me digas "ven conmigo" lo haría. Aunque significara traicionar a mi mejor amigo y a una mujer con un corazón excelente que su único fallo ha sido enamorarse de mí. Y lo haría porque eres la única mujer que me da una razón para levantarme por las mañanas y seguir adelante. Eres la única que ha logrado hacerse dueña de mi corazón, cuando me jure que jamás lo haría.

— No puedo hacer eso— las lágrimas se deslizaban mansamente por su rostro y él se apresuro a secarlas.

— No te lo estoy pidiendo. Te estoy diciendo que si algún día decides hacerlo, estaré ahí.

— No puedo dejar que hagas eso, Blaise. Estas condicionando tu felicidad a algo que seguramente no suceda.

— Astoria. Mi felicidad eres tú.

— No es justo para ti.

— No se trata de ser justos o no, As. El amor no suele ser justo. Sobre todo cuando es imposible— siguió fumando con gesto pensativo.

— ¿Por qué tuvimos que enamorarnos?

— No lo sé— Blaise se echó a reír suavemente, como burlándose de sí mismo— Supongo que para mí es un castigo por como he tratado a las mujeres. O simplemente, que a alguien no le ha gustado mi promesa de no enamorarme jamás.

— ¿Y yo?

— Tú eres lo más maravilloso que hay sobre la faz de la tierra.

Se quedaron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos, Astoria aún acariciando distraída el pelo de Blaise, y él disfrutando de sus caricias.

— Gracias por las flores.

— ¿Como sabes que te las envié yo?

— Me lo acabas de confirmar al no preguntar a que flores me he referido— se echo a reír suavemente, consiguiendo que él sonriera— Solo tú eres capaz de mandarme nomeolvides el día de mi cumpleaños. Pero no hace falta.

— Siento si te ha molestado.

Ella volvió a reír y Blaise la miró, confundido.

— No me ha molestado, bobo. Digo que no hace falta que me envíes nomeolvides, no puedo olvidarte. Pero eso no significa nada.

— Lo sé. Lo correcto es que permanezcas con Draco.

— Exacto.

— Vega me dijo una cosa el día de tu boda y tiene toda la razón del mundo.

— ¿Qué te dijo?— le miro un poco extrañada.

— Que a veces hacer lo correcto es una mierda. Bueno, sin él a veces.

— A veces sí que lo es.