Capitulo 4: Un recién llegado
Lo odiaba, y esta vez no estaba pensando ni hablando de Edward Cullen, sino del leve rayito de sol que se colaba por la ventana de la habitación del hospital dándome directamente en los ojos y causando mi desvelo. Hoy era al fin el día. El tan esperado día en que me darían el alta médica en el hospital. No cabía en mi de puro gozo y no me importaba que el motivo de mi recuperación fuese una condena eterna en el infierno con el mismísimo diablo, yo era feliz, pues solo me importaba que sería capaz al fin de cumplir con el tan ansiado deseo de mi padre. Aún así, no era mi padre ni mi alta médica lo que desde la noche rondaba por mi cabeza. En toda la noche había soñado innumerables veces con él, con sus sonrisas, con sus cambios de humor que tanto me molestaban y que por algún motivo no lograba olvidar…sin embargo, lo que no podía olvidar era su última frase "Nos volveremos a ver Bella…muy pronto…" ¿Qué quiso decir? ¿Por qué debería volver a verle? Si lo que decían los médicos era cierto, debían pasar varias semanas hasta que mi padre falleciese y que mi alma le perteneciese, sin embargo, él lo dijo como si realmente fuese a pasar muy poco tiempo antes de volver a vernos. ¿Sería cierto? ¿Nos volveríamos a ver…muy pronto?
El ruido de aquel gato negro que ya era costumbre se posase en la ventana de mi habitación me hizo apartar mis pensamientos sobre Edward Cullen y centrarme en el pequeño animal. Recordaba que la noche en la que él apareció ese gato también estaba ahí. Me levante de la camilla, ya no tenía mi gotero y no me costaba trabajo alguno incorporarme. Sonreí. Hacia tanto tiempo que no podía caminar con tanta gracilidad, aunque…el hecho de que me sintiese mejor no significaba que mi torpeza hubiese desaparecido, por lo que en cuando pisé el suelo y anduve me caí. No tardé ni uno par de segundos en levantarme y caminé hacia el pequeño animal. Lo acaricié y este no opuso resistencia. Dicen que los animales tienen un sexto sentido y recordaba que el animalito le bufó con mucha intensidad a Edward. A mí, Edward me hubiese parecido un chico endemoniadamente hermoso al verle y conocerle en otra situación diferente, sin embargo, aquel gatito supo nada más verle que Edward no era normal, que no era bueno para mí. Tomé al gatito entre mis brazos y sonreí.
- ¿Quieres que nos vayamos juntos de aquí? Podría cuidarte y darte una rica lata de atún y tu protegerme de Edward. ¿Qué te parece? – el gatito me lamió el dedo con su lengua áspera - ¿Eso es un sí? – reí
- ¿Bella? – la voz de mi padre a mis espaldas llamó mi atención.
- Buenos días, papá, te presento a… - me quedé unos segundos pensativa – Negrito – dije emocionada
- Ja, ja, ja es un bonito nombre pero no es un gatito sino una gatita
- ¿Una gatita? Entonces… … … ¡Alice!
- ¿Alice? – preguntó algo extrañado – es perfecto. ¿Cómo te sientes hoy Bella?
- Muy bien, no me duele nada, estoy feliz y esperando a que el doctor venga a darme el alta, aunque aún no me arreglé, ni preparé la maleta ni… ¡Se me va a hacer tarde!
Deje a Alice en el suelo y corrí hacia el armario blanco como la cal para coger mis cosas. Como era normal en mí, caí al suelo varias veces antes de llegar al armario y la maleta se me cayó en la cabeza al cogerla de la parte más alta de este. Mientras tanto, mi padre intentaba desde su silla de ruedas ayudarme a colocar mis prendas dentro de la maleta. Aproveché ese tiempo en el que él guardaba las cosas parar darme un ligera ducha y ponerme ropa limpia. Era realmente liberador quitarte la bata de hospital, esa maldita e incómoda prenda que siempre olía realmente a rallos. Cuando salí acicalada del baño, mi padre ya me tenía preparada la maleta y extendía hacia mí sus brazos, esperándome. No dude en lanzarme a los brazos de mi padre para abrazarle con todo mi cariño…Le sentía temblar y al mirarme a los ojos vi que estaba llorando. Yo no sabía qué hacer, ni que decir, por lo que simplemente volví a abrazarlo. Suspiré y justo en ese mismo instante, mi padre, con voz pesarosa y aun llorando susurró una y otra vez que era feliz, susurró que me quería, susurró que aunque él no estuviese a mi lado por mucho tiempo solo deseaba que yo viviese muchos años y fuese feliz…Fue muy duro escuchar eso, porque a fin de cuentas yo moriría después de él. Sin embargo no podía decirle la verdad y aunque le estuviese engañando merecía la pena, pues, a fin de cuentas, cuando la hora de su muerte llegase moriría feliz.
- Te quiero papá…te quiero… - murmuré y le di un ligero beso en la frente
Escuchamos una leve risa a nuestras espaldas y observamos que el doctor estaba esperando en la puerta cargando un portapapeles con mis documentos para el alta y con una hermosa sonrisa en sus labios. Ahora que me fijaba, el doctor me recordaba a alguien, aunque no era capaz de saber a quién, por lo que le resté importancia.
- Es extraño decirle adiós señorita Swan, pero todos estamos muy felices por su recuperación. – me abrazó y volvió a sonreír – Aún así, recuerde que deberá pasarse mensualmente durante un tiempo para hacerle las respectivas pruebas y si se encuentra mal no tardé en llamarnos.
- Tranquilo doctor, seré una muy buena ex-paciente – le devolví el abrazo – gracias por ayudarme todo este tiempo a recuperarme sin vuestra ayuda nada hubiese sido posible.
- Anda, anda que me vas a sonrojar – rió y me mostró los papeles que cargaba – estos son los papeles de tu alta médica, por lo que ya solo nos queda firmarlos señorita Swan.
- Doctor, llevamos mucho tiempo juntos para que sigas llamándome por mi apellido se lo he dicho muchas veces, me llamo Bella y por cierto ¿tiene un bolígrafo?
- Está bien, Bella supongo que ya acabo eso de ser médico y paciente – buscó en su bata blanca y sacó una pluma con apariencia muy antigua en la que grabadas ponía unas iniciales que no era capaz de leer – firma y podrás marcharte cuando desees.
- Gracias por la pluma, es muy hermosa – comencé a firmar.
- Es un regalo de mi familia – terminé de firmar y le devolví la pluma.
- Ya puedes marcharte Bella, espero que puedas tener una vida larga y plena, pero sobre todo, espero que seas feliz. – volvió a abrazarme y yo le correspondí - Espero volver a verte pero no en este hospital Bella.
- Adiós doctor. Gracias por todo – sonreí
- Gracias doctor – sonrió mi padre tomando mi mano.
Tras eso, mi padre y el doctor conversaron durante un tiempo mientras yo tomaba mis maletas y Alice saltaba en mi hombro y se quedaba en este como si de un loro se tratase. El doctor me miró como preguntándome por mi recién adoptada gatita y recriminando que dicho animal no podía encontrarse dentro del hospital o se podría meter en un fuerte lio. Tomé a Alice y la escondí dentro de mi enorme bolso de mano dejándole un pequeño hueco para que por él sacase su cabecita y mostrase sus ojitos amarillos y relucientes. Le sonreí y ella maulló desde su escondite como si también quisiera sonreírme. Cuando al fin mi padre terminó de hablar con el doctor, se acercó a mí y tomo mi mano, en su triste sonrisa estaba el penar de verme marchar de su lado; pero en sus ojos brillaba con intensidad la alegría y la emoción de saber que estaba sana y podría seguir viviendo a su lado.
- Te acompañaré a la planta baja a tomar un taxi para casa.
Cargué parte de mi equipaje en la silla de ruedas de mi padre, puesto que él se ofreció con una sonrisa, y empujé a mi padre hasta el ascensor. Era feliz, desde que sufrió el accidente y debido a mi salud jamás pude arrastras la silla de ruedas de mi padre y verme ahora allí, de pie, pudiendo arrastrarla me hacia completamente feliz. Cuando nos montamos en el ascensor pulsé el botón sonriente como un niño que se monta por primera vez y es que, para mí, que llevaba tanto tiempo en aquella habitación subir al ascensor, ver la luz de los botones y sentir el movimiento de este me hacía sentir real. El ascensor se detuvo en la planta baja y volví a empujar la silla de ruedas. Ahora que lo miraba todo a mí alrededor me daba cuenta de que realmente vivir en una camilla era como estar encerrada en una burbuja, en una pesadilla de la que no despiertas y ahora...justo cuando pisaba la puerta de la salida…desperté de mi terrible pesadilla tiñendo mi mundo real de color y esperanza. El aire era puro y suave, la brisa del viento movía al compas de este mi cabello y mi piel me pedía a gritos sentir el tacto del árbol que había a mi lado…
- Me alegro de verte tan feliz Bella, me alegro tanto de que estés curada… - Alice maulló – y ella también se alegra.
- Curada…no podía parar de darle vueltas a esa palabra…Solté la ramita del árbol que toqué y sonreí tristemente, yo no estaba curada…yo…no quería morir.
- ¡Bella! ¡Corre vas a perder el taxi que viene por allá!
- ¡Voy papá!
Corrí hacia donde él estaba y el taxi se detuvo frente a nosotros. Le miré, había tantas cosas que decir y no sabía cómo ser capaz de hacerlo. Le abracé, decían que un gesto valía más que mil palabras y creo que eso era lo que yo quise decirle con un abrazo. Quería decirle que gracias a él seguía día tras día adelante, que gracias a él vivir tenía sentido, que cuando él muriese yo moriría poco después pues nada valdría sin su ayuda. Era mi padre, el mejor padre de todos y lo único que se me ocurrió para expresarle todo mi amor fue decir "Gracias papá…" Sus ojos se abrieron como platos ante mis palabras; pero no tardo en sonreír. Un hombre como él no merecía castigo tal como la muerte. La vida es simplemente injusta.
Tomé mis maletas y tras darle un beso en la mejilla a mi padre y tomar mis maletas y mi bolsa con Alice, subí a aquel taxi, algo sucio y me despedí de mi padre moviendo mi mano mientras pude ver al alejarme como una lágrimas triste resbalaba por su rostro.
Adiós papá…
El taxista era un señor regordete y algo sudoroso que ponía la radio a gran volumen para evitar que se entablasen conversaciones. Alice, sacó su cabecita de la bolsa de mano y maulló reclamando mi atención. Comencé a acariciarla tras las orejitas. Por la ventana, el paisaje pasaba a gran velocidad y apenas podía contemplar las casas y a las personas que por allí paseaban. Hacía mucho tiempo que no pisaba el pueblo de Forks y tantos árboles empezaban a dejarme algo mareada. Recordé al ver todas esas casas que la mía hacía tiempo que estaba vacía y que al llegar, lo primero que debería hacer sería limpiarla. Al menos ahora tenía a Alice para hacerme compañía en los deberes y además, mi casa no era excesivamente grande. Aunque sin mi padre, limpia o sucia, esa casa se me hacía enorme y vacía.
El taxi se detuvo en la puerta, el suelo estaba algo helado debido al frio de las noches anteriores y al písalo tuve que tener mucho cuidado de no caer con todo el equipaje. Pagué al taxista y tras sacar las maletas cerré la puerta del automóvil y me dirigí al portón principal de mi casa. Del bolsillo trasero de mis vaqueros saqué la llave de la puerta y abrí. La puerta chirrió como si se tratase de la puerta al mismísimo infierno, que irónico. A mí alrededor todo estaba oscuro y pude escuchar el correr de algún bichito que habría por el suelo de la planta superior. Me acerqué a las ventanas y comencé a levantar las persianas y abrir los cristales para que la luz y el aire entrasen en la casa. Alice comenzó a revolverse dentro del bolso y le abrí para que ella también pudiese inspeccionar la casa conmigo. En la cocina, aunque todo estaba lleno de polvo, las luces y los electrodomésticos parecían funcionar puesto que mi padre aún pagaba las facturas de luz y agua de la casa. El color negro del sofá pasó a ser completamente blanco por el polvo que le cubría y lo mismo con la televisión. Decidí inspeccionar un poco la planta de arriba. Las escalaras chirriaban bajo mis pies y por un momento me pensé en volver hacia atrás y no subir ni un solo peldaño más por miedo a romper las escaleras. Aún así, seguí adelante. En cuando pisé la planta de arriba Alice salió disparada hacia la habitación de mi padre y yo tras ella. Al entrar vi las fotos de mi madre cubiertas de polvo y soledad, las flores, junto a su fotografía, marchitas y con sus pétalos secos sobre el suelo. Hacía tanto tiempo que no entraba en esa habitación y sin embargo, podría jurar que aún conservaba el olor del perfume favorito de mi madre. Abrí la ventana y me asomé por ella admirando las copas de los árboles. Ojala…la vida no fuese tan difícil mamá…ojala siguieses aquí, al menos, tú de seguro sabrías como cuidar a papá mejor que yo…
Miau. Fue lo único que escuché justo en el mismo instante en el que Alice colocaba a mis pies un pequeño ratoncito muerto que deduzco ella había cazado. Sonreí y la tomé en mis brazos elogiando su caza y juntas salimos de la habitación. Tardé un par de segundos en decidirme si entrar o no en la mía. Si lo hacía, estaría aceptando mi nueva realidad, una realidad en la que podía vivir sana y feliz durante un poco de tiempo; pero también, corría el riesgo de acostumbrarme a ser feliz cuando al final de todo poco tiempo me quedaba de vida. Por suerte o por desgracia, Alice se adelantó saltando de mis brazos hacia el interior y no me quedó más remedio que seguirla.
Tal y como lo recordaba, todo estaba tal y como lo recordaba. Mis apuntes aún seguían sobre el escritorio y varios folios arrugados tirados por el suelo, las paredes llenas de fotos y la cama desecha. Todo tal y como el día que me tuvieron que llevar de urgencias al hospital. Sentí nostalgia, pena, pero sobre todo, miedo de recordar el momento en que abandoné esa casa hacia meses. Sabía que tendría que volver a recoger mi habitación; pero de momento, prefería entrar cuando acabase la limpieza.
- Alice ven aquí – la tomé en brazos y me marché de mi habitación.
Horas, largas e interminables horas fue lo que tardé en limpiar toda la casa. En total había recogido unas 3 bolsas de basura y tuve que desechar un par de paños para limpiar el polvo, puesto que más que limpiar comenzaban a ensuciar. La verdad, y aunque estuviese mal reconocerlo una misma, la casa había quedado perfecta. Abrí el frigorífico y en un pequeño cuenco saqué algo de leche para Alice que nada más olerla vino a beberla, por mi parte, tomé un poco de agua fría y me senté en la mesa de la cocina. Mientras bebía, comencé a pensar en que sucedería a partir de ahora. Pensé en el instituto, debería volver lo antes posible puesto que yo seguí estudiando aún en el hospital y me hacían extraños exámenes, por lo que ahora que de momento estaba sana me gustaría seguir estudiando, tener amigos de verdad que llorasen mi muerte y me quisieran aun enferma pues mis otros "amigos" me dejaron de lado cuando ingresé. Pensé en Edward, en que no lo había vuelto a ver cuando él estaba seguro de que en poco tiempo nos encontraríamos, pensé en su sonrisa y pensé en aquel intento de beso robado, y como en ese momento sus ojos eran rojos como el fuego y esos colmillos hacían sentir que podían beber toda mi sangre.
"Edward Cullen… ¿Cuándo volveré a verte?"
Tic, tac, tic, tac, un sonido tan familiar como molesto. El reloj de cuco del salón me despertó con su ruido característico y vi que el reloj aún marcaba las 7:00 hora de ir arreglándome para mi primer día de clases, pues el día anterior llamé para saber cuándo podría incorporarme y me dijeron que me pasase hoy y ese era el motivo de que madrugase. Me intenté incorporar y vi que Alice estaba hecha una bolita a los pies de mi cama profundamente dormida. No recordaba exactamente cuando me acosté ni como llegué a mi habitación, solo sé que por algún motivo durante la noche, sentí mucho frió. Miau. Alice se comenzó a frotar por mis piernas, acaricié su cabecita y me levanté de la cama.
Apenas en unos pocos minutos estaba ya vestida con mis vaqueros, sudadera y convers, mi cabello estaba recogido en una cola. Alice estaba en la encimera de la cocina reclamando algo de desayunar que no tardé en servirle, a la paz que yo tomaba algo para comer también. Tras desayunar y lavar el cuenco del tazón de cereales, salí dejando a Alice dormida sobre el sofá y me monté en mi vieja furgoneta roja. Dudaba que pudiese arrancar después de tanto tiempo; pero al décimo intento lo conseguí y puse en marcha mi cacharro dirección al único instituto de Forks.
Pasaron varios minutos que logré llegar y en el mismo instante que aparqué mi camioneta hizo un ruido extraño llamando la atención de todos. "Genial Bella, muy bien". Me bajé lentamente tomando mi maleta y no tardé ni un solo segundo en cerrar la puerta cuando una chica pequeña, rubia y que yo ya conocía vino a recibirme.
- ¿Bella? ¿Eres Bella Swan no? Pero…
- Hola Jessica, si me estaba muriendo pero me he recuperado. – mi voz era seca cortante, después de lo sucedido no quería saber nada más de la falsa de Jessica.
- ¿Qué si? ¿Entonces ya no tienes esa cosa que mata? – ignorante, eso era ella.
- Se llama cáncer, y si lo tuviese no estaría aquí sino ingresada.
- ¡Ainss me alegro tanto que estés bien! ¡Deseaba que te recuperaras! - ¿Qué deseaba que me recuperase? A otro perro con ese hueso, Jessica.
- ¿De verdad?
- ¡Claro, eres mi amiga!
- ¿Amiga?... ¿Y dónde estabas cuando yo estaba en el hospital?
- Yo…lo siento es que…no pude, los exámenes y eso y he estado castigada durante… - pero se quedó callada de golpe
- ¿No tienes más escusas?
- ¡Bella dios mira allí!
Al parecer no era que se hubiese quedado sin excusa, sino que un chico guapo llamó su atención. Por curiosidad, miré hacia donde Jessica señalaba con su mano de manera muy descara y allí estaba él, apoyado contra el capó de su coche, tan guapo como cuando le vi por primera vez. Su cabello largo y rubio se movía al compás del viento a la vez que lo humedecía la leve lluvia que empezaba a caer. Era el chico que toda mi vida había estado deseando, James Witherdale. James, tenía un año más que yo y jamás habíamos hablado; pero aún así, era completamente guapo y muy popular.
- Es cierto, James hace perder la cabeza a cualquiera – murmuré
- ¿James? Él no – tomó mi rostro y lo giró en otra dirección – él, había un rumor en el instituto sobre un recién llegado; pero ni de lejos esperaba que fuese tan… ¡Guau!
- ¿Un recién llegado?
Miré al chico que Jessica me había ordenado, el estaba de espaldas a mi; pero esa espalda me resultaba muy familiar. Su pelo cobrizo era desordenado; pero parecía sedoso y daban ganas de enredar tus dedos en él. Escuché su risa, pues estaba algo cerca de nosotras y volvió a resultarme completamente familiar, una risa hermosa, una risa hipnotizan…
- ¡¿Edward?! – al pronunciar su nombre se giró y sus ojos verdes iluminaron más que el sol de la mañana. Intensos como el fuego. Sonrió y caminó lentamente hacia mí con su andar grácil y perfecto. - ¿Qué haces aquí Edward? – murmuré con miedo, confusa y para qué negarlo, muy nerviosa…No lo entendía, no entendía porque esos ojos tenían ese efecto sobre mí.
- Te dije que nos veríamos muy pronto Bella, tengo que proteger mi futura adquisición… - se inclinó un poco hacia mí y murmuró sonriente - ¿Qué te parece si me enseñas el instituto Bella? A fin de cuentas, soy un recién llegado de Alaska.
CONTINUARA
N/A: Hola a todos, sé que este capitulo puede parecer algo pesado puesto que nuestro ahora diablo favorito no aparece hasta el final; pero poco a poco se entenderán porque a veces estos capítulos son necesarios, además, en este se ve que por algún motivo Bella no puede olvidar a Edward.
También decir que siento haberme retrasado en la fecha; pero me fue imposible tenerlo para el día de ayer u hoy en la tarde. Aún así, para ser buenas con todos aquellos que me seguís con cariño y me escribís bonitos reviews os dejaré en esta ocasión algo más del capítulo siguiente así que espero que lo disfrutéis.
- ¿No duermes? ¿No tienes frío? Estamos en invierno y... - pero Edward posó su dedo frió sobre mis labios y yo no pude hacer más que sonrojarme y olvidarme de respirar
- Bella soy el diablo, no duermo, no siento, ni tan siquiera estoy vivo. - sonrió
- ¿Entonces? - pregunté algo desafiante al apartarme algo de él para que su aliento no me dejase profundamente hipnotizada
- ¿Entonces qué?
- ¿Por qué estás tiritando de frió Edward? - sonreí al ver que Edward abría ligeramente sus ojos mostrandome que yo había acertado con mis sospechas. Esta vez había ganado.
Bueno solo me queda decir que en el siguiente capitulo Edward aparecerá en todo momento. Tendremos a nuestro diablo bipolar durante todo el capitulo y que aún quedan muchas cosas por suceder.
Espero que os haya gustado este capitulo y que me dejéis un lindo reviews con vuestras opiniones. :)
Besos vampiricos para todos! ;[
Att: SthelaCullen
