Este capítulo contiene escenas de violencia explícita, al igual que vocabulario no adecuado para menores (como si no lo hubieran escuchado ya en la televisión)
Michiru-san tiene mucho que contarnos –dice Setsuna-san. A veces, no tengo claro si ellos son amigos, o enemigos…
Los dos están expectantes, mirándome fijamente. Llegó la hora de la verdad. Abro la boca para comenzar mi relato cuando Katsuo-kun me interrumpe con uno de sus estallidos.
-¡Demonios, me arruinaste mis planes! Pensaba presentarte a mi prima. La verdad hace mucho que no la veo, pero he estado hablando con ella últimamente y hace un par de meses llegó. Hasta donde sé, puede ser de tu gusto. De hecho, hoy te la iba a presentar…
-Katsuo-kun –interrumpe Setsuna-san- déjala contar qué pasó y cómo es que sabe dónde vive, luego nos contarás tus historias familiares.
-Es que Haruka-chan, bueno, es una buena chica, y Michiru-san se merece una buena chica.
-¿Cómo se llama?- Setsuna-san levanta una ceja algo incrédula. También levanto la mía.
-Se llama Haruka, es alta, rubia, ojos verdes. Era piloto en la liga Junior, ahora es ingeniero automotriz, llegó hace poco de Nagoya. Inteligente, culta. Justo el tipo de chica que le gusta a Michiru-san. Ah, y lo más importante: también le gustan las chicas.
Me quedo lívida al escuchar esa descripción. No puede ser tanta coincidencia, definitivamente es la misma persona. Mi reacción no pasa inadvertida para Setsuna-san. Me mira con expresión divertida.
-No me digas que la prima de Katsuo-kun es la chica que conociste anoche.
-¿Qué? ¿Quién? ¿Mi prima? ¿Esa chica es mi prima? Cielos, hace tiempo que no la veo, pero no creo que no la haya podido reconocer. Cuando éramos pequeños una vez me empujó a una mata de zarzamoras por haberle quitado su postre. Dice que fue por su orgullo Tenoh.
Confirmado, se trata de la misma chica.
-Vive en el mismo edificio que yo, de hecho, en el mismo nivel, departamentos contiguos. Por eso dije que sabe dónde vivo. Y en realidad Katsuo-kun contó lo que sé de ella, así que gracias, me ahorraste relatar la historia de lo que hice anoche.
-Ah no, Señorita Kaioh, vas a comenzar a hablar ahora. –dice Setsuna-san- Sabemos la información concreta, hechos, pero no sabemos bien qué te pasa a ti. Katsuo-kun, sí, le gusta tu prima. Pero aún le pesa esa historia que parece aún no supera. Y eso se lo pone difícil a tu prima.
-Bah, lo que pasa es que ella tiene demasiado miedo de abrirse, por eso ha estado sola todo este tiempo. Pero si encuentra a alguien lo suficientemente interesante seguro esta situación cambia. Por eso le quería presentar a mi prima, aunque ahora que lo pienso no es de esas personas ultra pacientes, y mucho me temo que eso es lo que necesita Michiru-san.
-Al menos ya se conocen. Sabemos que a Michiru-san le gusta o al menos le interesa tu prima, pero ¿qué opina tu prima de Michiru-san?
-Pues, la verdad no sé. Pero sería una idiota si la deja pasar sin más. Vale la pena el esfuerzo de escarbar entre las piedras.
-Perdón, pero ¿puedo decidir yo el que hacer con mi vida? Sería agradable poder opinar también. ¿O es que andan de celestinos? Ya tuve suficiente con las señoras que querían que me casara con sus respectivos hijos –aunque quiera sonar fría, la situación me divierte un poco.
Bah –dice Katsuo-kun- tú sola no eres capaz de hacerlo, por eso decidí darte un empujón, y por eso cité a mi prima aquí, hoy. Dice que no la reconoceré, pero que seguro ella sí.
Escucho cómo se abre la puerta del restaurant, y los pasos seguros de alguien a mi espalda. Escucho su voz, grave y aterciopelada, pero esta vez no se dirige a mí.
-Katsu-baka, hace mucho que no te veía. Sigues igual que hace años –cambia la expresión de su voz- con la misma cara de idiota de cuando te empujé en las zarzas.
-Haru-chan, no puedo creerlo, no te podría reconocer así mi vida dependiera de ello, ¿qué le hiciste a tu cabello? Mi tía debe haberte gritado un mes, siempre dijo que el cabello largo era importante en una señorita.
-Y yo nunca fui lo que se llama una señorita. A veces parecía más hombre que tú, Katsu-chan. –un pequeño silencio, parece que notó que no estaban solos, sino que hay dos personas más escuchando su conversación- y siempre fui más caballerosa, nunca hubiera dejado de presentar a estas hermosas damas… Michiru-san, un placer volverte a ver. Aunque me desconcierta un poco esta situación. ¿Se conocen, Katsu-chan y Muchiru-san?
-Somos amigos desde hace mucho –respondo. Ay no, estoy sacando ESA expresión de diva de película de los 50. Alcanzo a ver de reojo la ceja alzada de Setsuna-san- es como un hermano para mí.
Toma mi mano y deposita un delicado beso en ella. Me estremezco desde lo más profundo de mi ser, es obvio que hay química, al menos de mi parte. Me pregunto si siente algo que se acerque a esto.
-¿Y esta otra hermosa señorita? –pregunta también besando la mano de Setsuna-san. Siento que el suelo se abre a mis pies. Me ilusioné demasiado rápido, solo es un gesto de galantería, nada que tenga que ver conmigo. De pronto quiero irme.
-Soy Setsuna Meiou, compañera de trabajo de Michiru-san, y también su amiga, lo que por extensión también me hace amiga de tu primo.
-Gracias por llamarme accesorio –tercia algo indignado Katsuo-kun- pensé que era algo más que un amigo de tu amiga –dice algo entristecido.
-Oh, vamos, no seas tan sensible al respecto –dice Haruka- Al menos Meiou-san te toma en cuenta. Y que una señorita tan linda te tome en cuenta es demasiado.
Eso fue demasiado para mí. Sé que no tengo derecho a reclamar nada, pero en realidad me había empezado a gustar. No quiero estar otra vez cerca de una versión femenina de Don Juan Tenorio. Y ya tengo ganas de seguir aquí, no quiero ser una de sus conquistas, no quiero que me trate con galantería, no quiero su caballerosidad estudiada. Es mejor que me vaya ahora que puedo, antes de que cruce el puente hacia dónde ya no tendré retorno.
-Lo siento, pero debo irme –maldición, no quiero sonar tan fría- aún debo terminar unas cosas para hoy en la tarde.
-Pero pensé que íbamos a conversar, ni siquiera has comido –dice Katsuo-kun.
-Puedo pedirlo para llevar. ¿Recuerdas el favor que me pediste? Tengo que trabajar en ello. Los espero mañana por la tarde en la oficina. Haruka-san, muchachos, nos vemos luego.
Salgo antes de que nadie me diga nada, con suerte me detengo para retirar mi orden y comer en la oficina. Alcanzo a escuchar a Setsuna-san explicar que tengo muchas responsabilidades y que pronto viene el lanzamiento de una nueva colección y eso siempre es estresante, bla, bla bla. No me interesa lo que sigue. No debe interesarme. No debo volver atrás, no debo sentir esto otra vez. Me pone en peligro, me deja vulnerable ante alguien. Siguiendo esta línea de pensamiento, no me doy cuenta de un sujeto que choca conmigo.
-Perdón. Lo siento –salen automáticas las palabras de mi boca.
-No creas que con eso lo vas a arreglar –dice ese sujeto. Al mirarlo ne doy cuenta de que no va solo, va con una mujer que parece ser su esposa. Ella está callada, mirando el suelo. Detrás del maquillaje se adivina una mancha púrpura sobre su ojo derecho.
-Señor, fue un accidente y ya le pedí disculpas, usted no salió dañado así que no veo que pueda arreglar.
-¡Una zorra como tú no me habla así, no eres más que una perra! –Dios, este sujeto realmente es desagradable.
-No tengo tiempo ni ganas de discutir con una bestia como usted, mis condolencias, señora. Debe ser una carga vivir con semejante monstruo –demonios, tal vez no debí decir eso. Mejor sigo mi camino.
-Perdónelo, señorita. Él es algo arrebatado… -alcanzo a escuchar a la mujer antes de que la calle una bofetada.
-¡Cállate, estúpida! ¡Nadie te autorizó a hablar! –escucho los sollozos de la mujer quien llora desde el suelo en que la dejó el golpe.
Siento como la sangre comienza a hervir en mis venas, Quiero hacer algo, no es justo para esa mujer aguantar eso, pero estamos a plena luz del día, puedo acabar fácilmente con él, pero no aquí, no ahora. Eso debe esperar, pero esta mujer tal vez no tenga otro día más. Este hombre es tan imbécil que caerá fácilmente en una trampa. Me giro hacia el hombre.
-Seguro las mujeres necesitamos que un buen macho nos enseñe, ¿no? Pero parece que ella no ha aprendido bien. Dudo que ese hombre me pueda enseñar a mí también –eso es suficiente.
-Vas a ver, ramera. –Ni siquiera grita, es solo un susurro amenazante. Perfecto. Solo espero que no se desquite con ella.
Dejo que me siga hasta mi oficina, saludo al portero, me detengo para conversar un poco, a sabiendas que el gorila me va a escuchar.
-Lindo día, lástima que no pueda disfrutarlo.
-¿Otra vez se quedará hasta tarde?
-Me temo que sí. Otra vez haré horas extra, me temo que saldré después de las 9 de la noche. Hay mucho que hacer. Por cierto, ¿cómo está tu hija?
-Bien, gracias por preguntar. El puesto que le consiguió le ha sido muy agradable. Gracias –se inclina en una reverencia.
-No hay de qué. Déjenme saber si necesitan algo –sin más entro, no tengo nada más que añadir a la trampa.
Comienzo a trabajar sobre lo que creo le servirá a la amiga de Katsuo, cuando inicié en esta compañía lo hice como asesora de imagen. Eso me valió una buena reputación entre mis pares y mis jefes, y así llegué donde estoy ahora. Aún hay señoras que preguntan por mí, les ayudé a mejorar su aspecto un día en que necesitaban desesperadamente reafirmar su seguridad y su feminidad. A veces extraño esa época en que estaba tan en contacto con la gente.
Reviso las revistas mientras como, me concentro tanto que no escucho que entra Setsuna-san hasta que no me habla. Más bien regaña.
-¿Se puede saber qué demonios fue eso?
-¿Eso? Fue fettuccine, y fue mi almuerzo –digo luego de tragar el último bocado.
-No te hagas la graciosa. Me refiero a tu comportamiento, hace una hora andabas toda babosa por esa chica, que además resultó ser la prima de tu mejor amigo quien te la entrega en bandeja de plata y de pronto pareciera que la detestaras. Y que yo sepa, no ocurrió nada relevante como para que reaccionaras así.
-Es una Don Juan, te estuvo coqueteando abiertamente, lo hizo ayer conmigo, lo debe estar haciendo en este momento con la mesera nueva, lo hará con cualquiera otra en la noche. No quiero eso cerca de mí, ya tuve suficiente, gracias. ¿Seguimos trabajando?
-Es que no sé si no ves las cosas o qué sucede. Porque si necesitas que te las digan, allá voy: Le gustas, habrá coqueteado conmigo, pero en todo momento estuvo mirándote con disimulo. Cuando te fuiste puso cara de contrariedad y de decepción.
-Qué bien, así no insistirá –murmullo.
-No es de decepción de: "creí que era una chica más educada, mejor me busco otra", sino decepción de: "realmente me hubiera gustado compartir este almuerzo contigo".
-¿Ahora sabes diferenciar los tipos de decepción de la gente? –digo con una ceja levantada y algo de sarcasmo.
-Lo digo porque se fue enseguida, algo habló con Katsuo-kun de verse mañana, retiró su almuerzo y se fue, ni siquiera ver a su primo le hizo quedarse.
-Oh, ¿ahora soy yo la malvada y cruel? Esa era su opción, si se fue, no tengo nada que ver.
-No, no eres la malvada y cruel. Solo destilas amargura, no eres capaz de deshacerte de esa carga de dolor que traes para todas partes. –se acerca a mi lado y me toma la mano en un gesto protector de hermana mayor- Sé que has pasado por cosas muy duras: toda una vida viendo la maldad de primera mano, sufriendo en carne propia ese maltrato. Luego encontrar a alguien que creías merecía la pena para ver luego que en realidad jugaba contigo. Entregarle todo a cambio de migajas. Pero ya es hora que lo superes, de eso han pasado años, tienes que dar vuelta la página.
-Ya la di, solo que en el proceso olvidé como sentir.
-No, no lo has olvidado, solo perdiste la práctica. Puedo ver que sigues en el fondo siendo esa chica sensible que ayuda a los demás. ¿Crees que nadie sabe lo que hiciste por la hija del portero?
-Eso no fue nada, necesitaban a alguien y la recomendé. Todo es mérito de ella.
-Michiru-chan –sonrío ante el honorífico- esa chica estaba al borde del colapso, nadie creía en ella, solo su padre. Y tú. Le abriste una puerta para que se sintiera mejor consigo misma para que pudiera llegar más alto. Y junto con su padre se encargaron de que toda la compañía supiera lo genial que eres –termina con una sonrisa.
-No sé qué decir. Sí, estoy aterrada de verme nuevamente enamorada de alguien que me utilice otra vez. De ser un trofeo solo por mi aspecto, que otra vez tenga que aguantar esos maltratos que hubiera preferido fueran físicos, puedo lidiar con eso mejor que con la manipulación.
-Piensa: si Katsuo-kun tenía planeado presentártela no es casualidad, sabes que ese muchacho es capaz de castrar a alguien que te haga daño, eres como su hermana. Jamás pondría en tu camino a alguien que no valga la pena o que tenga reputación de andar dañando a alguien. Además, si no le prestó atención a la camarera nueva, es porque le debes interesar algo.
-Al menos hasta que se canse. Suele ocurrir.
-No creo que ocurra. Va a ir mañana otra vez, Katsuo-kun le dijo que almorzábamos todos los días a la misma hora, como trabaja cerca dice que sería agradable compartir otra vez con su primo. Aunque la verdad creo que la razón que se quede eres tú. Dale una oportunidad. Y más que nada, date tú una oportunidad.
Suspiro. No puedo negar que tiene razón, hace demasiado que cargo con todo eso, y más aún, ella no tiene idea de las cosas que hago por las noches. Eso también interfiere en cualquier posible relación que me quiera plantear. Pero para qué adelantarnos, apenas hace unas horas que la conozco.
-Ok, me daré esa oportunidad.
-Bien. Espero que sea verdad, no quiero verte así más tiempo. Ahora tenemos trabajo que hacer.
La tarde pasa rápidamente cuando hay trabajo que hacer y debe ser hecho con prontitud. Pero para mí el trabajo aún no termina. Me queda algo más por hacer, algo que nadie debe saber jamás.
-Michiru-san, otra vez te quedarás trabajando, ¿no?
-Alguien tiene que encargarse de la investigación. Además, mis contactos en Londres deben enviarme unos diseños por internet. No deberán tardar más allá de las 9.
-Mujer, deja de trabajar así. ¿Es que no tienes vida social?
-Sí tengo vida social, pero se basa en qué tal cómo está y escuchar las vidas de los demás. Al menos aquí puedo hacer algo. En casa ni siquiera tengo un perro que me haga compañía.
-Podrías adoptar uno, o un gato.
-No me gustan los gatos. Prefiero los perros, son más leales
-Sí, ya sé. Y también te dan más trabajo. Bueno, que puedas terminar con eso. Nos vemos mañana –dice antes de salir del taller.
Me quedo no solo trabajando en los proyectos que tenemos actualmente, sino preparándome mentalmente para lo que vendrá. Estoy segura de que ese sujeto me está esperando afuera, y esta será mi oportunidad de cazarlo. Siempre tengo guardado algo en la oficina, en el fondo del último cajón del escritorio para cuando estoy ante un imprevisto. Aunque suelen ser imprevistos de los que me encargo. Decido sacar una daga que pongo en mi antebrazo izquierdo, de esta manera queda oculta y puedo sacarla con facilidad. Como siempre uso un listón en mi cabello, que resulta práctico para atar o estrangular a alguien. Eso es lento, doloroso y angustiante, pero hay veces en que es la mejor manera de terminar con esas bestias. Recibido y revisado el correo desde Londres estoy lista para irme.
Tomo mi trench negro, bajo al hall y me despido del portero, este es el del turno de la noche. Un hombre taciturno. Comienzo a caminar hacia una zona algo oscura que me aleja de casa, pero que para lo que voy a hacer es perfecto, especialmente porque veo que el sujeto de temprano me está siguiendo. Es increíble lo predecible que son estos imbéciles y lo fácil que caen en las trampas que les tiendo. Doblo por un callejón sucio y oscuro, perfecto para abandonar su cuerpo y que no lo encuentren inmediatamente.
Ahora me detengo y espero.
De pronto siento que me toman por el brazo izquierdo: es él. Pretendo estar asustada, de manera que baje la guardia. Es hora de la función.
-No, por favor –ruego.
-Tú, zorra, cállate. No eres más que una perra sucia y miserable y si crees que puedes hacer o decir lo que quieras te demostraré que no es así.
Al decir esto me arrincona y comienza a meter su mano debajo de mi falda: sus intenciones son claras. Para enseñarme primero me va a humillar violándome. Siempre es igual, solo somos objetos para estos animales. Antes de que se dé cuenta, lo golpeo en la manzana de Adán. Para él tengo planeado algo especial, muy especial.
Saco ventaja de su dolor y lo lanzo al piso cubierto por desperdicios. Ato sus manos detrás de la espalda.
-Interesante la lección que planeabas enseñarme. Pero no eres el único con vocación de profesor.
-Suéltame, zorra. Te haré pagar por esto.
-Esa es precisamente una buena razón para que nunca salgas de este callejón. Pero no tengas miedo, aún vivirás por un rato más. Sin embargo no será una vida agradable.
Saco mi daga y la clavo en su espalda hasta llegar a los pulmones. No es una herida letal, al menos por ahora, pero cada aliento será una agonía.
-¡Puta maldita! ¡Déjame ir ahora!
-No es una buena idea insultar a quien tiene tu vida en sus manos –susurro en su oreja. Eres incluso más estúpido de lo que pensaba. Y ya me cansé de tu aburrida conversación.
La daga atraviesa sus mejillas y corta su lengua, que cae sobre el pavimento junto con un chorro de sangre.
-Esto es por tus poco amables palabras, no hacia mí, sino a todas las infortunadas que tuvieron la mala suerte de encontrarte en su camino.
Lo miro, veo cómo se desangra, como baja el líquido rojo por su barbilla, su cuello, su cuerpo, sus ojos ahora abiertos por el terror. Su propia sangre lo ahoga, así que no puede pedir ayuda. De todas maneras, los sonidos que hace pueden hacer que alguien quiera averiguar de dónde provienen.
-Deja de quejarte –para callarlo corto un fragmento de su tráquea- con esto no podrás llamar a nadie, pero seguirás respirando.
Sale un rocío rosado desde el agujero en su garganta. Esto no me da placer ni alivio, solo una falta de sentimientos. Si fuera un animalito el que estuviera en su misma situación, no dudaría un segundo en ayudarlo. Pero lo que tengo frente a mí es un monstruo, no un humano.
Su sangre corre por el pavimento alcanzando los basureros que hay allí. Algunas ratas se acercan atraídas por el olor de lo que se supone es una buena comida. Eso me da una idea.
Corto sus muñecas, sus tendones principalmente para que en caso de que alguien lo encuentre no sea capaz ni siquiera de escribir una descripción de quien le hizo esto. Aunque dudo que eso sea posible. Lo arrastro hasta un rincón dejándolo recostado de lado. Así podrá ver las ratas acercarse.
-Sabes, me tengo que ir. Pero no te preocupes, no te quedarás solo. Vendrán unos amiguitos a hacerte compañía. Adiós, disfruta tus últimos momentos.
Un gato se acerca y lame la sangre que se derrama sobre el sucio pavimento de ese callejón mientras las grandes ratas comienzan a mordisquear la carne del inesperado banquete que fue dejado para su deleite. Me alejo mientras escucho un silencioso grito de terror que solo está en mi mente.
Ahora solo debo llegar a casa.
Mil perdones por demorarme tanto en actualizar, he tenido toneladas de trabajo estas semanas, además de que las últimas fueron muy desgastadoras emocionalmente hablando. pero en cuanto tuve unos días libres me dediqué a pasar a digital lo que escribo en mi cuaderno en los momentos muertos.
Muchas gracias a The Eternal Voyager (Pitty, verdad?), Aurora Kaioh y Aidan Ross por sus reviews.
