Quería liberarse, trataba de moverse de un lado a otro, buscando la manera se zafarse, pero la movilidad de su cuerpo se veía limitada a la cabeza, y sentía como si se la hubieran atravesado con un disparo.
Los pulmones a duras penas y trabajaban, su mente estaba nublada, por algo más que el recuerdo de la valkiria pelirroja… los ojos ya no tenían esas fastidiosas motas, y el cuerpo ya no le dolía como antes, aunque el dolor persistía en gran parte de su brazo izquierdo, aunque ya había vuelta la sensibilidad a todo su cuerpo, no podía sentir la mano.
Espero unos segundos, sin saber muy bien que… escucho algo detrás del vidrio, un choque o algo parecido, pero seguro trataban de fastidiarlo.
Se centró en algún punto en el techo, mientras trataba de contener el mareo que estaba controlando su cabeza. Le vino otro ataque de tos, no tan fuerte como el anterior, y el cuerpo se le estremeció al sentir un extraño cambio en la temperatura, estaba haciendo más calor o eso le parecía.
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Escucho de nuevo el vidrio, el golpe lo saco de sus extrañas ensoñaciones y antes de que pudiera reaccionar del todo, el metal se retiró rápidamente de su cuerpo.
La mesa—porque no podía catalogarse de otra forma— fue retirando despacio las bandas de metal, y la presión fue bajando de su cuerpo poco a poco. Estiro las piernas, dándose cuenta de que casi no tenía fuerza en ellas, lanzo las manos delante del el… y su respiración se detuvo.
Desde el codo, su brazo izquierdo, esa parte estaba ocupada solo por un muñón con demasiadas cicatrices, trato de levantarse de la mesa por la sorpresa, pero la cabeza le latió de tal forma que le hizo pegar un grito.
Llevo la mano directo a una parte del cráneo, y luego al otro lado, contuvo otra vez un grito al tocar la aguja clavada en su cráneo. Aguanto la respiración, asimilando el hecho de la falta de su brazo con toda la parsimonia que podía, obligándose—aun con el dolor de cabeza— a tener una mirada crítica. Toco de nuevo la aguja, jalándola y sintió que podía desmayarse… se detuvo volviendo a tomar aire, jalo de nuevo la aguja con fuerza.
La sangre que corrió por su mejilla, bañándolo con el líquido vital lo reconforto. Encogió en cuerpo, dándose cuenta que solo contaba con una bata de papel blanco, el sonido del electrocardiograma y otros aparatos a penas y aparecieron en su mundo.
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No paso demasiado cuando el vidrio sonó de nuevo, presionado por el dolor de cabeza que todavía no desaparecía del todo. Observo la puerta, y el lector magnético que tenía, no estaba seguro demasiado de nada, pero despego la aguja del aparato monitor de un solo golpe con toda la fuerza que le quedaba en el brazo que tenía.
Se puso al borde de la mesa, exhausto y molesto por igual, estiro las piernas y cuando trato de levantarse se derrumbó por su propio peso. Enlazo la mano al borde de la cama, usándola como único apoyo, después de dejar respirar un poco los musculo logro levantarse del suelo.
Las piernas le temblaron, pero esta vez aguantaron su peso, tomo la aguja de la mesa y se encamino hacia la puerta.
El pasillo con el que se encontró al salir, con las paredes blancas pintadas de cenizas negras y con manchas de sangre, de una de las otras puertas que estaban en el pasillo una llamarada de fuego invadía el camino. El dolor de cabeza bajo considerablemente, mientras el del brazo izquierdo— con todo el impacto que eso había causado en su cabeza—se mantenía de una forma más leve.
Se encamino por el otro lado del pasillo, sosteniéndose de la pared mientras jalaba las piernas en cada paso, la vista se le nublaba a ratos e incluso perdía en su totalidad en campo de visión.
Logro abrirse camino entre las puertas cerradas— con la ayuda oportuna de la aguja—, teniendo que bajar por escaleras varias veces… no supo a qué piso llego cuando, entre un mareo, pudo divisar cuerpos tirados en el suelo, con batas de laboratorio y uniformes de soldados, ninguno de ellos iba armado y lo considero un desperdicio. Había leves indicios, de lucha, los trajes desgarrados y las mesas volteadas.
Continúo bajando, recorriendo escaleras y las instalaciones de un lado a otro, sin encontrarse con vida alguna… ni siquiera con los muertos que en un principio sospecho. Se resignó de inmediato, a buscar una salida.
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Paso por un mostrador que seguro pertenecía a la recepción, el pasillo era largo y pintado de blanco, los cuadros en las paredes estaban rasgados y manchados de sangre. Camino con la aguja en alto, aguantando en silencio el dolor del brazo, logro abrir la puerta principal de las instalaciones, y un olor dulzón y quemado le invadió los pulmones.
Había una cantidad extraña de autos chocados, y el frio era horrendo, los edificios de bloques rojizos, aun con la hoz y el martillo de la Unión Soviética.
Se acercó lentamente a un coche abandonado, con los huesos congelándose y entumeciéndosele, encontrándose con un uniforme sin usar y bañado en sangre, una pistola y un chaleco antibalas, tenían un sello de la policía de algún lugar… le pareció una mala jugarreta del destino.
La oficina tenía un mobiliario exquisito, los muebles tallados en madera, las cortinas y alfombras finamente diseñadas, varios libreros llenos, las lámparas iluminando todo el lugar o al menos lo que podían al atravesar el humo.
Una atmosfera a base de humo de cigarro, olor a whiskey, la oscuridad contenida que era combatida solo por unas pequeñas lámparas en el escritorio… un computador de tecnología puntera, en un escenario del siglo XVII, al otro lado de la sala una ventana cerrada, en la esquina dos divanes acompañados de una mesa de café de caoba sobre ella un cenicero.
Un cuadro sobre la pared, con la imagen de una cruenta batalla, con los cuerpos en el suelo y un antiguo estandarte de tres compartimientos.
Una persona en la oficina, con el cenicero lleno, un vaso de vidrio medio lleno de un licor caramelo, dio una profunda calada al cigarrillo para a continuación degustar el sabor del agrio licor bajar por su garganta.
Le sonríe al cuadro, mientras apaga la colilla de cigarro.
Los golpes sobre la puerta la sacaron de su ensoñación, un hombre paso a dentro de la oficina espantando el olor del humo con una carpeta.
— ¿Algún cambio, Levesque?— pregunta, rebelando un sonido carrasposo en su finura de mujer.
—Ouais, eh bien... les installations du village à distance n'a pas communiqué de soixante-huit heures...*—Respondió, con su típico acento cantarín— Parece que incluso que el personal no esencial dejo de comunicarse en un mismo intervalo de tiempo.
— ¿Por qué eso debería serme relevante?— abrió una gaveta, sacando un nuevo paquete de cigarros.
El hombre se levantó, pasando una mano por su cabello pelirrojo.
Lanzo al escritorio una carpeta, llena de todo tipo papeles desordenados y de diferentes tamaños… coloco una de las antiguas sillas frente al escritorio mientras se acomodaba los anteojos a la cara. El humo condensado empezaba a agobiarlo.
Abrió la carpeta desperdigando documentos por toda la mesa, dando un leve vistazo entre uno y otro, hasta que su vista fue jalada hacia uno.
Estaba impreso en un fino papel blanco, con imágenes del sujeto en cuestión:
"Estudio de desarrollo central
Data del sujeto:
Nombre: Wesker, Albert.
Edad: 54 años.
Status: Vivo, Inconsciente.
Científico a cargo: Isaacs, Sam
Lugar de Contención: Pyramiden en Svalbard, Noruega
Altura: 190 cm.
Color de ojos: Azul.
Color de Cabello: Rubio.
Nota: El fuego quemo parte del cuerpo del sujeto, en los intentos del virus por salvar al portador, se implicó la pérdida de la extremidad superior izquierda a la altura del codo. Aún se desconoce la razón de la inconsciencia, aunque se presume sea por los daños causados por el cohete.
Se adjuntan exámenes del décimo quinto ciclo vital anual.
Movió la vista de los documentos, dando una calada al cigarro antes de colocarlo en la punta del cenicero con cuidado.
—Tengo entendido que Isaacs estaba en una "convención" — dio un trago del licor antes de poder continuar— ¿Tenemos algo más?
—L'installation à distance, mais personne ne sait ce qu'il sera facile de se cacher et nettoyer la place...*— Se levantó de la silla, en necesidad de aire y dirigiéndose a la puerta de la oficina esperando para salir— ¿Deberíamos informar al gobierno del país, o a la B.S.A.A de inmediato?
—A nadie hasta que sepamos que sucedió realmente. Dile a Slatter que mande un equipo de limpieza.
El hombre francés emergió de la oficina, tapando con un pañuelo la tos que se le presentaba por el humo, empezó a caminar, dirigiéndose a su oficina y dándose un choque por la diferencia de decoraciones que había en la oficina de la mujer a diferencia del resto de las instalaciones.
Dentro de la oficina la mujer suspira, captando el olor del humo, se sirvió otro trago solo para degustar el sabor. Saco de un cajón un teléfono, lo encendió, marcando rápidamente un número y presionando para llamar… escucho el tono al otro lado, hasta que al fin alguien contesto.
— Fatto ... Muovi i pezzi, perché non penso di poter continuare a gestire questo senza sospettiº—Frunció el ceño, apretando tan fuerte el vaso que estuvo a punto de astillarlo— ¡Non è colpa mia!, Mi sono preso cura di tutti che è stato al centro, ma Slatter e Isaacs sembra capire il vostro giocoº.
Apago el cigarro de golpe, mientras se masajeaba las sienes… Podía odiar a los millonarios caprichosos, y más a los vengativos.
Frances:
*Sí, bueno... las instalaciones del pueblo remoto no ha establecido comunicacion en sesenta y ocho días...
*La instalación es remota, nadie sabe de ella por lo que va a ser fácil de ocultar y limpiar el lugar...
Italiano:
ºHecho ... Mueve las piezas, ya que no creo que pueda seguir gestionando esto sin sospecha
ºNo es mi culpa!, Me he encargado de todo lo que estaba en el centro, pero Slatter e Isaacs parece entender su juego
Jejeje, por si iban a usar el traductor (como yo)
El tercer capítulo, me quite la maldición de solo dos capítulos de encima.
Espero les guste la trama que lleva la historia, porque no estoy demasiado segura con lo que estoy escribiendo.
Bueno, espero que lo de Wesker no haya sido demasiado jajaja, pero bueno.
