- ¿Qué estás haciendo? - le preguntó Sakura al hombre mientras se inclinaba en la baranda del porche.

- Revisando el motor, no estoy seguro de que es lo que le sucede - respondió con la voz amortiguada por la llave que sostenía en su boca.- Tu auto se va a convertir en chatarra.

Aún se preguntaba de donde diablos salió aquel hombre tan guapo para salvarla. Había estado tan asustada, temblando de pánico y cuando el zombie estuvo a punto de morderla fue capaz de impulsarlo lejos de ella usando sus piernas como palanca, luego se había levantado para encontrarse con aquel hombre pelinegro que no había dudado al abrir fuego contra el bendito, ¿qué es lo que estoy viendo? Sasuke era alto, muy alto, parecía sacarle más de una cabeza a la pelirrosa; la piel con un suave bronceado se estiraba sobre su delgado y atlético cuerpo; el cabello y los ojos de un profundo color negro, que le recordaban a una gema en específico: ónix. Usaba una camiseta blanca, pantalones y botas negros.

Estaba tan nerviosa en aquel momento que cuando cayo en cuenta de que no conocía a su salvador, ya era demasiado tarde, pues se encontraba sentada en la mesa del comedor de él con un plato de arroz y pescado asado frente a ella. El comía silenciosamente, ella se preguntaba si había puesto algo en la comida con mala intención y el ambiente empezó a entrar en tensión cuando el vio que no había probado bocado alguno. Entraron en una pequeña discusión, con ella deseando salir corriendo de allí antes de que él le hiciese algo.


- ¿Cuál es su propósito? - el cuchillo que sostenía con ambas manos temblaba ligeramente.

- Ya se lo dije, yo sólo pretendo ayudarla - el intentaba apaciguarla mostrándole sus palmas.

- Baje eso antes de que resulte lastimada.

- ¿Por qué intentar ayudarme? Puede usted ser un violador o un asesino. ¡Quiero que me que deje salir de aquí en este mismo instante!

- Se lo repito, no tengo esa clase de gustos - le vio fruncir el ceño con fuerza.- Al demonio.

Se movió tan rápido que sus ojos solo lo captaron cuando estaba tras ella, de algún modo le quito el cuchillo con un solo movimiento y lo lanzó a la mesa del comedor. Sakura intentó liberarse del abrazo, pero él era muchísimo más fuerte que ella y la limitó hasta poder sentarla. Ambos respiraban entrecortadamente y con fuerza, haciendo notable el esfuerzo que hicieron por sus propias intenciones.

- Mire, si quiere irse no la detendré - el detuvo su pataleo con un susurro a su oído.- Pero lo primordial es que descanse y recupere sus energías.

- No confió en usted.

- No le estoy pidiendo eso, simplemente tranquilícese - retiro sus brazos de su cuerpo.- Voy a soltarla y me iré a dormir. Puede tomar la habitación que desee.

Le vio levantarse y caminó hacia la cocina. Ella suspiro y descubrió que aún no tenía ni la más mínima idea de quién era él.

- Oye - le llamó y vio como se detenía.

- ¿Qué?

- Su nombre - el se giró del todo.- No me ha dicho su nombre.

- Sasuke Uchiha. Solo Sasuke, para variar.

Y finalmente desapareció. Esa noche ella durmió en una habitación con futón y con el seguro de la puerta puesto, temerosa de lo que podría ser el hombre que dormía a unas pocas puertas más allá.


El recuerdo no hizo más que hacerla sonreir. Luego de aquella primera semana, el resentimiento fue disminuyendo poco a poco y ambos parecían estar a gusto entre sí. Tenían turnos para cocinar y en limitadas ocasiones, se encontraban en la sala para leer o tomar algo de té en las tardes, sin embargo sus interacciones eran nulas, a pesar de estar tan cerca el uno del otro. El permanecía encerrado en su habitación y ella vagando por la casa, buscando algo con que entretenerse.

Si no hubiese sido porque ella desea fervientemente salir a buscar una nueva bombilla para la cocina, no habria descubierto que su auto estaba a punto de dar su último suspiro. Intento comentarle al pelinegro en la noche anterior su problema y con su inexpresiva cara le había dicho que lo revisaría en la mañana. Y aqui estaban, a casi ser las diez, sin desayunar y con la intención de reparar el auto.

- ¿Crees que podamos reponerlo? - se puso a su lado mientras le extendía un vaso de agua.

- No lo creo - el acepto gustoso y golpeo el borde del auto.- Deberíamos buscar otro y traer sus partes aqui, pero no durará más de un par de semanas.

- ¿Me estas diciendo que no importa qué no volverá a funcionar? - ella le frunció el ceño.

- Le has dejado estar al inclemente sol, permaneció demasiado tiempo caliente y no funciona apropiadamente.

Ella se resignó y se recostó junto a él, con la mirada perdida, pensando en una posible solución que no implicase destruir otro auto, algo que llevaría demasiado tiempo. Quizás podría buscar un auto y ver si era capaz de encenderlo sin la llave. Oh, el problema estaba en que su conocimiento en autos era tan básico, que avergonzaría al gremio femenino amantes de dichas posesiones. Se dispuso a preguntarle al pelinegro que debería hacer ahora pero lo descubrió inclinado, mostrando la curva de su trasero.

Ella sintió la sangre subir a través de cuello hasta llenar a sus mejillas y encenderlas como dos focos de navidad. Dio varios pasos atrás avergonzada, con la mano en el pecho y la respiración agitada. ¿Por qué estoy reaccionando de esta manera? No es como si no hubiese visto a un hombre desnudo, por favor. Su conciencia la traicionó, pues no pudo evocar una imagen de algo desagradable para detener su creciente sentimiento de vergüenza.

- Oi - vio el brazo extendido del Uchiha y su mano entregándole el vaso, que ella recibió gustosa con la oportunidad de alejarse.- Gracias.

- E-está bi-bien. Yo... ire a... sólo... estaré dentro.

Mantén la mente centrada, Haruno, se regaño a si misma mientras ingresaba a la casa, estamos recuperándonos para ir a Tokio, nada más. La palabrería le distrajo y continuó con su antigua labor. Debía admitir que el ojinegro poseía una hogar grande y agradable. Muy minimalista, sin embargo. Estaba totalmente decorada en tonos blancos, negros y rojos, acompañada de una suave fragancia masculina a bosque, que la hacia pensar en los veranos de su infancia cuando, acompañada de sus padres, visitaba los templos cercanos a Fukushima. Era de dos pisos, contaba con un diseño más occidental que japones, llena de cuadros extraños en cada pared vacía y una que otra foto de su dueño con varias personas. Contaba con una cocina integral con todo lo que un chef profesional pudiese imaginar, incluso algunos instrumentos permanecían en su empaque original y sin abrir. Tenía una biblioteca repleta de libros en diferentes idiomas, la mayoría de ellos de temáticas militares, lo que la hacia preguntarse por la posible labor del Uchiha.

Bueno, no puedo quejarme, se ve que puede hacer de todo. Decidida a alimentarse antes de que se pusiera de mal humor, se dispuso a preparar algo para desayunar, a pesar de que pronto sería hora de almorzar. Cocinó algo muy básico pues, a pesar de saber preparar los platos mas famosos de todo Japón, era incapaz de realizarlos sin fallar en la sal, su mayor debilidad en el arte culinario, sin olvidar la escasez de ingredientes. En cuanto terminó, se quito el delantal y se acercó a la puerta principal para llamar a su compañero. El entró, limpiando sus manos manchadas de grasa antes de sentarse en la mesa.

Sakura dispuso los alimentos y ambos dieron las gracias antes de empezar a comer. El silencio que lleno la habitación no era incómodo o tenso, sino uno tranquilo y relajante, algo que a ella en realidad le parecía increíble, pues no entendía el porque de aquella sensación. Observó por encima de su plato de arroz a Sasuke, tan silencioso y metódico como siempre, así que consideró aquella la oportunidad perfecta para preguntarle varias cosas que le rondaban por la cabeza desde hace un par de días.

- Sasuke-san, ¿puedo hacerle una pregunta? - le vio con los palillos a medio camino hacia la boca antes de detenerse y asentir.- ¿Qué hacia antes de toda esta locura del apocalipsis zombie?

- Era soldado - le respondió dejando el plato en la mesa para tomar un poco de té.- Me retiré hace un par de años.

- Oh, eso explica muchas cosas - ella se animo a dejar la formalidad atrás.- ¿Y en qué trabajabas específicamente?

- Hmp.

- No tienes que decírmelo, claro, si no quieres.

- No es eso - el frunció el ceño perdiendo su aire pensativo.- Era parte de un grupo élite que hacia misiones rescates y esas cosas, fui el capitan de mi equipo y era el único francotirador que poseían. Se supone que en este momento estoy solo como soldado de reserva.

- Vaya, eso es realmente impresionante. Debió ser peligroso, sin embargo se ve que no tienes ninguna cicatriz visible.

- No todas ellas tienen que estar en el cuerpo, Sakura. Las almas tambien pueden quedar expuestas y permanecer con cicatrices aún más profundas de las que puede dejar un arma - la profundidad de sus palabras caló hondo en la pelirrosa.

Ella asumió aquello como una señal de que debía guardar silencio, algo que su compañero pareció aceptar pues continuo comiendo apretando con evidente fuerza los palillos. Que podría haberle pasado para que su alma se sintiese herida? Realmente lamento haberte preguntado, Sasuke-kun. De haber sabido que podría recordarte algo doloroso, habria mantenido mi boca cerrada. Al fin y al cabo, no dejas de ser mi salvador.