Un par de niños se columpiaban en un parque mientras sus padres charlaban animadamente no muy lejos de allí, junto a ellos una pequeña niña observaba como los chicos se divertían queriendo ir a jugar con ellos, pero tenía miedo de caerse y hacerse daño ya que no era tan fuerte como los niños, pero los columpios la llamaron la atención, así que cuando pudiera iría corriendo a jugar allí.

Pasados unos segundos los niños decidieron bajar e irse a jugar a otro lugar, la niña que aprovechó que nadie la miraba fue corriendo hacia uno de ellos, pero como era tan pequeña no llegaba a subir. Después de varios intentos se dio por vencida y pensó en volver con sus padres hasta que unos brazos la rodearon por detrás y la depositaron encima del columpio.

-¿Querías montarte, verdad? – Dijo un pelirrojo mirándola fijamente, a su lado un rubio tenía una sonrisa muy amplia hacia ella.

-Naminé, chi lo hubiese sabido te hubiera subido yo. – Regañó a la niña.

-Pero Roxas… - Susurró ella. – Es que no quería molestaros ni hacerme daño…

-Mientras yo esté con vosotros no pasará nada malo. – Dijo el pelirrojo empezándola a columpiar. – Sois mis amigos y eso nunca cambiará. – Rio el chico.

-Axel, grachias… - Dijo la chica con una gran sonrisa ahora en el rostro.

Naminé estaba contenta corriendo de un lado al otro del cuarto, recogía la ropa recién seca y la doblaba para meterla en los cajones de su habitación mientras tarareaba una canción, era domingo por la mañana y el tiempo para ser otoño no estaba nada mal, aunque si cayeran truenos tampoco le importaba, hoy había soñado con su infancia, exactamente cuándo Axel les prometió quedarse a su lado. Sabía que todavía le dolía su partida, pero no podía evitar ser feliz por su infancia.

-¡Naminé! –Llamó Roxas desde el salón, y a los pocos segundos la rubia llegaba dando pequeños saltitos.

-Dime Roxy. – Dijo dándole un pequeño beso en la mejilla. – Buenos días, por cierto.

-Ah, sí, buenos días. – Dijo este sonriendo. – Es que hoy he quedado con Xion para pasar el día, así que… - Dijo nervioso. – Te quedarás con Axel todo el día.

-Ni que fuera un perro al que cuidar. – Dijo el pelirrojo saliendo de la cocina. – Buenos días Naminé. – Dijo saludando con la mano mientras se acercaba a donde hablaban los hermanos.

- Por mí no hay problema… -Dijo la única chica allí, nerviosa.

-Genial, pues que os lo paséis bien. – Dijo Roxas directo a la cocina, unos segundos después salió directo para irse con un helado en la boca, Axel y Naminé se llevaron una mano a la cabeza al mismo tiempo haciendo como si se golpeasen, este chico no cambiaría.

Una vez allí solos Axel tomó la iniciativa y se sentó en el sofá para ver un poco la televisión, Naminé se le unió cuando dejó un programa más o menos de su gusto, cuando escuchó.

-Pero yo te amo, desde que te conocí te amé, siempre fuiste mi mejor amigo… -Decía una mujer medio llorando.

-Para mí no podrías ser más que una amiga… -Decía el hombre a la mujer, esta volvía a explotar en llanto después de sus palabras.

Naminé se había puesto colorada, no quería seguir viendo eso, las telenovelas no le gustaban para nada, solo pocas se salvaban, pero esta no era la excepción así que antes de que pudieran decirse más cosas buscó el mando a distancia desesperadamente y lo encontró justo a la derecha de Axel, pero ella estaba a su izquierda. Alargó su mano lentamente hacia donde se encontraba el dichoso mando, cuando unos dedos aprisionaron su muñeca.

-¿Qué haces? – Dijo Axel mirando a Naminé, quien por lo que estaba haciendo había acercado su cara a la del pelirrojo.

-Y-yo n-nada… - Susurró nerviosa. – S-solo quería cambiar el canal… - Dijo señalando al mando, pero Axel no le quitaba la mirada de sus ojos, Naminé veía como sus rostros se iban acercando lentamente, Axel todavía sujetaba la muñeca de la rubia así que no podía alejarse aunque quisiese.

-A-axel… - Naminé llamó al pelirrojo, que parecía no percatarse de su situación, hasta que la televisión al parecer le hizo reaccionar.

-Eh… eh… ¿Qué pasa? – Axel, que al parecer acababa de salir de un trance, soltó la muñeca de Naminé y se puso de pie, tirando a la rubia al suelo sin querer. - ¿Qué haces ahí tirada? – Preguntó rascándose la nuca. Naminé no contestó, al menos no al momento puesto que se levantó y se cruzó de brazos, enfadada, le sacó la lengua del modo más infantil posible, frunciendo el ceño.

- A mí no me mires así, yo no he sido. – Dijo moviendo la mano para restarle importancia al asunto. - ¿Qué te parece si salimos a comer algo? – Propuso sonriente.

-No quiero salir contigo, ¿lo captas? – Dijo Naminé imitando la forma en la que Axel decía esa frase muchas veces y salió corriendo hacia su cuarto.

-¡Encima te vas corriendo después de usurparme mi frase! – Dijo Axel siguiéndola, pero lo único que recibió fue un portazo en la cara.

-¡Déjame en paz, me has tirado y encima a propósito, a comer te vas tú solo! – Soltó Naminé apoyada contra la puerta con los brazos cruzados.

-Venga que ha sido sin querer, no te enfades. – Pidió el pelirrojo desde la otra parte de la puerta. – Te prometo que te invito a comer si me perdonas.

-Pero donde yo quiera. – Dijo saliendo de su cuarto sonriente.

-Mira que eres… - Susurró negando. – A ver, ¿dónde te has hecho daño?

-Me he dado en la cabeza. – Señaló la frente. – Pero con una comida rica creo que se me pasará. – Dijo ahora tocándose el estómago.

-Nah, esto yo lo soluciono en nada. – Axel abrazó por la cintura a Naminé y depositó un suave beso en la frente de la chica mientras que ella se quedaba en shock con un color muy fuerte en sus mejillas. - ¿Mejor? –Dijo separándose de la rubia unos centímetros, la chica asintió como si de un robot se tratase. –Bien, pero creo que te ha subido la fiebre o algo, estás ardiendo. – Dijo tocándole de nuevo la frente.

-E-estoy bien… - Susurró Naminé antes de desmayarse.

Cuando Naminé volvió a despertarse se encontró a si misma metida en su cama arropada hasta el cuello, intuyó como había llegado hasta ahí y los colores volvieron a sus mejillas, negó repetidamente con la cabeza y se sentó en su cama. Miró a su alrededor y se encontró nada más ni nada menos que a Axel mirándola desde una silla.

-Sabes que está mal dormir con la ventana abierta cuando ya refresca. – Dijo señalando la ventana. – Tampoco es que te dieras un golpe tan fuerte como para que te subiera la fiebre de golpe y te desmayases. – Negó repetidamente. – O es que quizás al verme te hayas sentido así. – Dijo ahora con una sonrisa pícara.

-Creo que hubiera vomitado si hubiera sido eso. – Dijo Naminé ante la broma. – Pero supongo que fue por lo del frío, no lo sé. – Se tocó la frente y vio que efectivamente, estaba ardiendo.

-Te prepararé algo de comer, tú ponte el termómetro que tienes encima de la mesa y no te muevas. – Dijo Axel frunciendo el ceño. – Quiero que mejores. – Y se fue.

Naminé suspiró y volvió a tumbarse observando el lugar por donde el pelirrojo había abandonado el cuarto. Estaba nerviosa por lo que había pasado en el sofá y luego con lo del beso en la frente y eso solo la hacían estar más confusa. Se tapó con la sábana la cara y buscó debajo de la almohada la camiseta que aun guardaba de Axel, la abrazó y se quedó así unos minutos, abrazándola y oliendo el aroma que desprendía aun la camiseta, tan a… Axel. La guardó después pasados unos minutos más por si acaso el dueño de dicha camiseta llegaba y la pillaba con las manos en la masa y no era plan.

Al poco tiempo Axel apareció con una bandeja entre las manos, algo humeaba encima y las tripas de Naminé empezaron a gruñir. Axel sonrió ante tales ruidos y dejó la bandeja sobre las piernas de la chica.

-Come, te sentirás mejor. – Dijo señalando la bandeja.

La chica asintió y empezó a comer despacio, no era la típica comida que comía de Roxas o hecha por ella, no, tenía sabores distintos y eso le gustaba.

-Está muy rico… - Susurró. - ¿Dónde aprendiste a cocinar? Cuando te fuiste no tenías tales dotes culinarias…

-Digamos que convivir con una mujer es constructivo. – Axel se encogió de hombros. – Larxene sabía cocinar y yo al verla decidí aprender por mi cuenta, digamos que fue ella la que me incitó a meterme en el mundo de la cocina.

Naminé suspiró al oír de nuevo el nombre de la rubia, no es que le cayera mal ya que nunca le había dado razones para odiarla, pero muy en el fondo intuía que ella y el pelirrojo tuvieron algo, o puede que ese algo siguiera en pie. Algo dentro de ella se removió y lanzó un suspiro cansado.

-¿Pasa algo? – Preguntó el pelirrojo al verla en ese estado.

-No es solo que… - Suspiró de nuevo. – Axel… ¿A ti te gusta alguien? – Preguntó.

-¿A qué viene esa pregunta ahora? – Preguntó asombrado. – No lo sé… Supongo. – Susurró.

-¿Supones? – Preguntó la rubia dejando la bandeja sobre la mesita de noche de su habitación. – Cuando una persona le gusta alguien sabe perfectamente lo que siente… Creo yo. – Susurró.

-Bueno, quizás unos sean mejores que otros en el tema de los sentimientos, yo soy un lío. – Dijo sonriente Axel mientras volvía a mirar por la ventana. - ¿Y tú, pequeñaja?

-¿Yo qué? – Preguntó la rubia, ahora la asombrada era ella.

-Nada, olvídalo, nunca te he visto con novio y aunque te viera con él no dejarías de ser mi pequeñaja. – El pelirrojo se acercó y se puso de rodillas cerca de la cama, quedando a la altura de la cabeza de Naminé.

- Hey, no soy ya pequeñaja – Se quejó ella sacándole la lengua. – He crecido.

- Me apuesto lo que sea a que no sabes ni dar un beso. – Picó Axel a la rubia, quien enrojeció por completo. – Eso confirma mi teoría.

-Te puedo asegurar de que eso no es así, además sí que he tenido novio… -Susurró girando la cabeza para otro lado. – Solo me he puesto así porque hace mucho que no beso a nadie… - Susurró todavía más bajo.

-Ya, seguro. – Picó todavía más él.

-Seguramente estés picándome porque eres tú quien no ha besado nunca a nadie. – Se defendió ella. – Además esta discusión es de críos. – Se quejó.

-Perdona, pero eso sí que es menti… - Dijo Axel, pero Naminé le cortó.

-Demuéstralo. – Añadió la rubia.

- No podría. – Susurró él. – No hay chicas por aquí cerca.

-Gracias. – Susurró ella señalándose el pecho. – Me acabas de recordar que aquí hay un gran hombre, y ese hombre es rubio. – Se quejó sonrojándose.

- ¿Qué insinúas? – Preguntó él. – No podría besarte.

- ¿Por qué? Que yo sepa soy igual de mujer que Larxene o Xion. –Murmuró apenada a las dos últimas, ella era mujer, pero no tan mujer.

- No lo veo… Bien. – Murmuró ahora él. – Además tú no querrías.

-Pruébame. – No sabía cómo había soltado eso, pero lo había soltado y en aquellos momentos Naminé parecía un pequeño tomate.

-Naminé yo… - Susurró Axel mirándola a los ojos. Las mejillas de la rubia estaban rojísimas, su pelo rubio estaba revuelto y una parte de su camiseta se caía de su hombro, dejando la piel de éste al descubierto mientras jugaba con sus dedos. Axel volvió a sus ojos y volvió a pensar que de verdad ya no era su pequeñaja, que había cambiado y él se lo había perdido. Se levantó del suelo y se sentó junto a ella, atrayéndola a él, no sabía qué le estaba impulsando a hacer eso pero después de verla le habían entrado ganas, luego se arrepentiría, y lo sabía, sabía que no podía tocarla, ella era su amiga, era como su hermana y a las hermanas no se las tocan.

Naminé por su lado no sabía cómo reaccionar, ¿sería besada por Axel al final? ¿No? ¿Qué hará? Sus rostros se iban acercando por momentos gracias a que Axel la sujetaba de la nuca y la atraía hacia él. Naminé tenía el corazón a más de mil por hora, no estaba preparada, o si, no lo sabía, no sabía nada, solo sabía que iba a ser besada por Axel.

Sus rostros no podían estar tan cerca sin rozarse, Naminé cerró los ojos por inercia y fue en aquel momento cuando Axel rozó el labio superior de la rubia con los suyos, lentamente. La rubia entreabrió la boca para coger aire y fue ahí cuando el pelirrojo la besó por completo, un beso suave, Naminé sentía que su corazón se quería ir a las Islas del Destino y correspondió el beso también de forma lenta, subiendo las manos al cuello de Axel, él, por su parte, la agarró de la cintura, atrayéndola más a él.

Siguieron así por un periodo de tiempo bastante corto para los dos, pues necesitaban aire para respirar así que la rubia cortó el beso, separándose lentamente del pelirrojo. Él sonrió provocando en ella otra sonrisa instantánea.

-Con que sabes besar de verdad. – Dijo él, rompiendo el silencio que habían formado.

-Tú también. – Susurró ella.

-Bueno yo creo… Voy a dejarte descansar. – Dijo excusándose. – Ha-hasta luego. – Susurró antes de salir corriendo por la puerta dejando a la rubia sin saber qué hacer, confusa, y ahora con un nuevo sabor de boca.


Holii~ Aquí traigo el capítulo cuatro :3 Muchísimas gracias por sus reviews, de verdad, hacéis que mi día esté mejor solo con leeros, ¡os lo agradezco a todos!

Bueno, no sé como me habrá quedado el ''beso'' pero ya está hecho x3, veremos cómo se llevan estos dos próximamente. No sé cuando actualizaré el siguiente porque tengo el Pokemon X y... No tengo escrito el quinto, así que... Bueno, lo haré lo antes posible, entre ocio y estudio... Soy un desastre(?).

¿Merezco reviews? ¿O tomates?

Nos leemos.