4. On a date

14 de Febrero, año 2.010. Un restaurante ligeramente modesto del centro de Londres alojaba en una de sus mesas a la pareja del momento de todo el mundo mágico. Cuando la cosa explotó, cuando la relación salió a la luz, casi todo el mundo mágico quedo ámpliamente sorprendido por la noticia, no se esperaban que dos archienemigos de prácticamente toda la vida comenzasen a salir; muchos esperaban que Harry acabase con Ginny, con Hermione o incluso con Luna, alguno un poco más observador, esperaba que acabase con Ron; por el otro lado, también habían distintas teorías con respecto a los noviazgos y amoríos del Príncipe de Slytherin. Ambos bandos estaban equivocados, pues estaban juntos. Después de un par de semanas, la cosa comenzó a suavizarse un poco con respecto a la relación y acabaron siendo llamados en muchos sitios la pareja del momento.

Todos los muggles que les rodeaban no veían más que dos hombres de unos treinta años teniendo una especie de cena, algunos veían una cita y otros no, unos lo veían mal y otros bien. Desde luego eso no fue algo casual, por supuesto Draco sabía, Harry sabía y hasta el panadero de la esquina sabía que si iban a un restaurante mágico o alguno de un pueblo o ciudad mágica iban a salir hasta en las ofertas de empleo. Pero en cambio allí, no eran más que dos más celebrando San Valentín y disfrutando de la compañía del otro. Draco sonreía, Harry sonreía, Draco disfrutaba, Harry disfrutaba, Harry comía, Draco comía, Harry comía, Harry comía... Draco sonrió, su novio comía casi como un Weasley, cogiendo cada miga de pan con muchas ansias.

Las escena se volvía ligeramente monótona, al menos visto desde fuera lo parecía así, puesto que dentro estaban en un aura de tranquilidad, calidez, respirando amor y felicidad. Eso estaba así hasta que un pequeño grito, pequeño el grito y pequeño el ser que efectuó dicho grito, que rompió cada pequeña escena que había en ese restaurante pero sobre todo la de Harry y Draco, que en ese momento estaban mirándose fíjamente a los ojos mientras se sostenían de la mano y sonreían de esa forma que desde dentro parecía tierna pero desde fuera daba un poquito de asco y pena. Mientras Harry alzaba un poco los ojos y se giraba hacia la puerta, de donde provenía ese "papis", Draco se limitó a observar su reloj.

—20 minutos desde que salimos de casa —se puso en pie entonces—, un nuevo record.

Tres personas, un hombre y dos niños, se acercaban a la mesa. Mientras el hombre y el niño de mayor edad caminaban pacientemente, con cierto respeto hacia el restaurante y las personas que estaban allí cenando, el menor de ellos corría con sus piececitos embutidos en unos zapatos italianos y unos pantalones de traje hecho a mano, algo incómodos para el pequeño pero no lo suficiente como para que no corriese por el suelo; Harry sólo rezó porque no resbalase, cayese y comenzase a llorar, montando una escena.

—Hola, bichejo —el pequeño James llegó primero a los brazos de Draco, siendo inmediatamente aupado por éste, siendo sujetado en sus brazos mientras dejaba un pequeño beso en su suave mejilla.

Un niño de poco más de un metro, siete años, ojos castaños y pelo moreno le devolvió inmediatamente el beso a su padre mientras Draco observaba algo que le mantenía con la mosca detrás de la oreja desde que le había visto entrar: el traje; era un traje de Draco, uno de hombre que solía usar en las cenas de negocios o las reuniones importantes, un traje, camisa, corbata y zapatos incluidos, que no bajaba de las cuatro cifras.

Tras él aparecieron Teddy, el metamorfomago de 10 años que ahijado de Harry que estaba pasando una temporada en la casa Potter-Malfoy y Ron, el mejor amigo de Harry. Teddy, con el pelo azul, se acercó con un traje que también era de Draco, también encogido aunque le sentaba un poco mejor que a James, se acercó entonces a Harry y le dio un abrazo.

Detrás de ellos apareció finalmente Ronald Weasley, con una sonrisa divertida en el rostro. Era San Valentín, 14 de febrero y Draco y Harry pensaron en dejar a James y Teddy al cargo de Ron esa noche y poder tener una cita medianamente normal sin hijos, ahijados, sobrinos, primos o nietos. Obviamente no funcionó como ellos esperaban y en veinte minutos, según había informado Draco los tres estaban allí.

—Hola, mami —respondió James con una sonrisa.

En ese momento sucedieron tres escenas distintas: por un lado James, James simplemente sonreía con inocencia, mirando con cariño a uno de sus padres mientras se acomodaba en su pecho, era un niño y apenas entendía, aún no lo hacía con malicia; por otro lado estaba Ron, Ron sonreía con diversión, una diversión casi cruel, no sólo traía a su hijo y su sobrino y ahijado de su novio a su cita con dos de sus mejores trajes sino que además había acostumbrado a James a llamar mamá o mami a Draco; y por último estaba Draco, hacía mucho que había olvidado la rencilla con Ron, con los Weasley, incluso se podría decir que se trataban con cordialidad, lo que ocurre es que cuando Ron y Draco estaban juntos, solían haber piques, un odio tan efímero que casi ni existía.

—¿Van a pasarse ya a la mesa grande, señor? —el camarero que anteriormente había sido avisado por Draco, llegó entonces hasta donde se encontraban.

—¿Mesa grande? —Harry, que hasta ese momento estaba observando la escena desde un lado, abrazando a Teddy y acariciando su cabeza, casi como un simple espectador más del restaurante, decidió intervenir.

—Papi precavido vale por dos —le guiñó un ojo al pequeño que había entre sus brazos, elevándole un poco para que tomase una mejor posición, una más cómoda sentándose sobre su brazo derecho; comenzó entonces a caminar, siguiendo al camarero.

—¿Nos esperabas, Malfoy? —cuestionó Ron, caminando junto con el resto de ellos tras Draco.

—A decir verdad, me sorprende que estos niños hayan tardado tanto en engañarte —subió la mano hasta la cabeza de James y comenzó a acariciarla de manera lenta—. ¡Creo que estamos perdiéndolos, Harry!

Harry decidió callar, rodando los ojos cada vez que una puñalada salía volando por parte de uno de los dos hombres, atravesando el espacio que los separase y se clavase directamente en el pecho del contrario. Se dio cuenta en ese momento que el joven James y el joven Teddy eran los más maduros, los más callados al menos, al punto de que llegó a plantearse dejar a Ron y Draco en la guardería y cenar con ellos. Al final no lo hizo, pero estuvo cerca.

Los cinco se sentaron en la mesa, Harry y Draco al fondo separados por James, que no quería estar apartado de ninguno de los dos, Teddy al lado de su tío Draco y Ron a la derecha de Harry. Draco miró un momento a Harry, dándose cuenta de que no le importaba tanto estar un poco lejos del moreno si el que los separaba era su pequeño hijo, la luz de sus ojos y todas esas cursilerías muggle.

—Al final te vas a quedar a cenar, supongo —Draco no dijo nombres, pero era más que obvio que no hablaba precisamente de Teddy.

En ese momento estaba cortando uno de los trozos de carne que estaba comiendo en trozos pequeños, casi en dados, para poder dárselo de comer a James. Ron alzó por un momento sus dos cejas pelirrojas, observando al Malfoy con una mezcla de diversión y enfado, fingido en su enorme mayoría.

—Alguien tendrá que vender la exclusiva a Skeeter, ¿no crees?

—¿Que Harry y yo celebramos San Valentín en un restaurante muggle?

—¡Que eres un buen padre! Al menos lo pareces —señaló a Draco, que estaba llevando el tenedor con un trocito de carne a los labios del joven James, que abría la boca gustoso dispuesto a comer, ajeno a la conversación trivial e infantil de los mayores—. Eso es una noticia.

—Te odio —respondió el Malfoy, aunque dejó entrever una sonrisa de satisfacción, le alegraba saber que la gente pensase que era un buen padre; lo cierto es que deseaba sacarse de encima esa imagen de mortífago cabrón, ya que no lo era, un poco frío sí, pero tampoco tanto.

Después de eso, la cena avanzó normal, nadie más habló, no hubieron más levantamientos de cejas ni indirectas, simplemente cuatro tenedores y cuchillos chocando contra los platos para posteriomente ser llevados a la boca para comer, alternando de vez en cuando con alguien bebiendo ya sea agua en caso de los infantes y vino en caso de los adultos. Draco y Harry se iban alternando para alimentar a su pequeño cachorro, unas veces dándole Draco un poco de su plato y otras veces Harry haciendo lo propio.

—¿Quién quiere que el tío Ron le invite a un helado?

La cena había acabado y el camarero se estaba llevando la cuenta. Ron se puso en pie en ese momento, haciendo esa pregunta antes de que ambos chicos se pusiesen en pie casi al unísono para ir tras él a por un poco de helado. Ron se giró un momento, guiñando un ojo a Draco mientras se alejaba con los niños. La maldita comadreja, llamada así en su pensamiento por Draco, les había dado un poco de tiempo a solas con Harry.

—Sé que querías un poco de tiempo a solas —se disculpó Harry, apoyando los codos en la mesa y suspirando; eran su hijo, su ahijado y su mejor amigo los que habían "incordiado" la cena, aunque pareció olvidar que también eran el hijo, el sobrino y Ron, que tenía salud.

—A veces eres idiota, Potter —se dejó caer de manera sutil sobre Harry, cerrando momentáneamente los ojos para poder disfrutar mejor—. Si no quisiese este tipo de escenas, no habría querido adoptar al cachorro.

—James —recordó Harry.

—Bichejo.

—James.

—Está bien, James —frunció levemente los labios.

—Tú le pusiste James.

—TÚ le pusiste James Sirius, yo dije que no le pondría ni de broma un nombre compuesto a mi hijo y entendiste que quería simplemente James.

—Está bien, tú ganas... pero al menos no le llames cachorro, dice que no es un perro.

—Se pone muy adorable cuando se enfada, ¿no crees? Inflando los mofletes y frunciendo el ceño.

—Pues —pasó la mano por las mejillas del rubio— en eso ha salido a su mami.

—¿Sabes, Potter? Estás jugándote quedarte sin acabar de celebrar San Valentín.

—Oye, Draco. ¿Tú recuerdas cuál es el helado favorito de James?

—Claro, el de chocolate, ¿por?

Silencio.

Más silencio.

Draco se pone al momento en pie, dando un rápido beso a Harry y corriendo a un ritmo nada fino hasta la heladería de un par de manzanas, donde se encontraban los niños y Ron.

—Parece que ha recordado que James suele ensuciarse hasta los zapatos al comer chocolate —Harry se puso en pie, sonriendo al camarero que apenas entendió de lo que el contrario hablaba y salió también del restaurante, aunque a paso un poco más lento y tranquilo. Para esos momentos, el traje de Draco ya estaría lleno de chocolate hasta por los bolsillos, no había necesidad de correr.


24/03/2.017