Nota autor: Me tardé bastante con este capítulo pero por fin ya está aquí. Estas últimas semanas he estado bastante bloqueado y hace varios días que no tengo Internet porque una tormenta eléctrica dañó el módem de mi casa, y también me quemó otro par de cosas por lo que estuve sin computador por unos días también. Por suerte ya he arreglado gran parte del problema y puedo seguir escribiendo sin problemas otra vez :) Disfruten de la hitoria.
Erbrow se despertó lentamente, al abrir los ojos esperó a que se aclarara su visión y se dio cuenta de que se encontraba en un lugar que no conocía. En el momento él estaba sobre un cojín y al parecer estaba en una especie de habitación. Inmediatamente a su mente llegaron los recuerdos de la conversación con el cronista, luego de meditar un momento las cosas, se dio cuenta de que no había obtenido mucha información, no para qué lo habían traído ni tampoco sabía cómo volver. Erbrow inhaló profundamente y luego exhaló para calmarse, un viento frío recorrió la habitación. Él entonces recordó sus poderes para controlar el viento, pero había algo más importante que hacer antes de ponerse a experimentar con sus nuevas habilidades, averiguar dónde estaba. Erbrow se levantó, ahora le era mucho más fácil pararse y no le tomó tanto tiempo como antes ya que había tenido un poco de práctica. Justo en ese momento la puerta se abrió y dos dragones entraron a la habitación, Erbrow inmediatamente los reconoció como Spyro y Cynder.
Cuando ellos entraron se quedaron perplejos mirando a Erbrow, en ese momento el joven se dio cuenta de que los dragones no son bípedos. Eso explica por qué le dolía tanto la cadera la primera vez que se convirtió en dragón, su cuerpo se encontraba en una posición bastante antinatural. Erbrow se dejó caer y quedó apoyado sobre sus cuatro patas, inmediatamente se dio cuenta de que esta posición era mucho más cómoda.
-Veo que ya estás despierto –Dijo Spyro luego de compartir una mirada curiosa con Cynder.
-¿Dónde estoy? –El dragón púrpura le sonrió.
-Estamos en la ciudad de Warfang, dentro del templo, esta es mi habitación. Te trajimos aquí luego de que te desmayaste –Erbrow entonces salió al balcón y apreció la ciudad. Comparado con las ciudades de su mundo no era tan grande pero aun así quedó impresionado, podía ver cientos de dragones que andaban de un lugar a otro por las calles o volando por encima de la ciudad, él prestó un poco más de atención a las calles y se dio cuenta de que también habían otras criaturas más pequeñas, al parecer eran… topos. Él se quedó apreciando extraña arquitectura de la ciudad hasta que Spyro habló de nuevo.
-¿Sabes por qué te desmayaste? Ibas a decirnos algo y de pronto caíste al suelo -Erbrow volteó hacia el dragón púrpura de nuevo.
-Realmente no estoy muy seguro de por qué me desmayé, pero mientras estaba inconsciente hablé con un tipo, dijo que era el cronista -Spyro y Cynder abrieron los ojos con sorpresa.
-¡¿Hablaste con el cronista?! -Dijeron los dos dragones sorprendidos.
-Sí, así es ¿lo conocen? -Spyro y Cynder asintieron con la cabeza.
-Él nos ayudó mucho durante la guerra -Erbrow hizo una nota mental sobre lo que le había dicho Spyro, al parecer hace poco hubo guerra, pero averiguaría los detalles más adelante.
-¿Y qué te dijo? -Preguntó Cynder.
-Pues... me explicó algunas cosas sobre mí y me dijo dónde estaba y cómo había llegado hasta aquí -Respondió Erbrow.
-¿De dónde vienes? - Erbrow meditó un momento sobre la pregunta del dragón, si les decía de dónde venía lo más probable era que no le entendieran o no le creyeran, decir que antes era un humano y que venía de otra dimensión sonaba algo descabellado, así que decidió guardárselo para sí mismo y hacer algo que suelen hacer mucho en su mundo, decir una verdad incompleta...
-De un lugar muy lejano -Se limitó a decir Erbrow.
-¿Y cómo se llama ese lugar? -Preguntó Cynder.
-Gaia -Dijo Erbrow recordando uno de los nombres que se le solía dar a la tierra antiguamente. Los dos dragones se miraron extrañados, ninguno nunca había escuchado ese nombre antes y obviamente no tenían idea del lugar al cual se estaba refiriendo Erbrow.
-¿Tienes algún lugar en dónde quedarte? -Erbrow negó con la cabeza como respuesta a la pregunta de la dragona negra –Vamos entonces a dónde los guardianes para ver en dónde pueden ubicarte –Los dos dragones salieron de la habitación y Erbrow los siguió.
Él se dio cuenta de que caminar en cuatro patas no era tan difícil, pero su cola si era un problema, no era capaz de controlarla y durante el camino golpeó varios objetos. Spyro y Cynder volteaban a verlo y él solo pedía una disculpa en silencio.
– ¿Quiénes son los guardianes? –Preguntó intentando romper el silencio.
–Son la autoridad de la ciudad y los que se encargan de protegernos –Respondió Spyro. Los tres siguieron caminando por los pasillos en silencio hasta llegar a una gran puerta de madera en la cual estaban tallados los símbolos de los elementos fuego, tierra, electricidad y hielo. Cynder tocó la puerta y al momento un viejo dragón verde abrió la puerta.
–Spyro, Cynder, que bueno verlos de nuevo, pasen –Dijo con voz grave – ¿Quién es su nuevo amigo? Nunca lo había visto por aquí –Erbrow entró a la sala y la observó rápidamente, allí habían otros dos dragones, una amarillo y otro azul.
–Mi nombre es Erbrow –Se presentó el joven dragón.
–Yo soy Terrador, y estos son mis compañeros Volteer y Cyril –Dijo el dragón verde -¿Qué los trae por aquí? –Spyro les contó rápidamente a los guardianes lo que había pasado en la mañana.
-¿Es cierto que viste al cronista joven dragón? –Preguntó Cyril luego de que Spyro terminó de contar la historia.
-Si así es, él me enseñó un par de cosas, ese Ignitus es muy inteligente –Todos miraron sorprendidos a Erbrow.
– ¿Dijiste Ignitus? –Erbrow asintió con la cabeza – ¿El cronista te habló de Ignitus? –Preguntó Spyro.
–No, Ignitus es el cronista –Todos se quedaron en silencio como si hubieran visto un fantasma.
–Está vivo... –Dijo suavemente Spyro – ¡Está vivo! –Repitió esta vez más fuerte. Las lágrimas cubrían los ojos del dragón. Cynder puso un ala sobre Spyro y lo abrazó.
–Vaya... así que nuestro viejo amigo es el nuevo cronista... –Dijo Terrador.
–Eso es excelente, fantástico, increíble, grandioso, emocionante, solo puedo alcanzar a imaginar la vasta cantidad de información a la que puede acceder Ignitus, y pensar que cuando lo conocimos solo... –Volteer continuó hablando a una velocidad increíble luego de que se le pasó el shock inicial. Erbrow se sorprendió al escuchar al dragón amarillo, no pensaba que hablar de esa manera fuera posible.
Luego de que Volteer por fin terminó de hablar Spyro le pidió a los guardianes que lo dejaran ir a la isla Blanca pero ellos se negaron ya que el viaje era muy largo y las clases empezarían la próxima semana, el dragón se mostró un poco desanimado al principio pero el hecho de saber que su maestro aún seguía vivo le devolvió el ánimo.
-Retomando el tema del cual estábamos hablando en un principio ¿qué fue lo que te dijo Ignitus? –Preguntó Volteer.
-Nada importante, solo un par de cosas acerca de dónde estaba, pero en realidad vinimos por otra cosa –Contestó Erbrow, Spyro dio un paso al frente.
-Erbrow no sabe cómo volver a casa y no tiene dónde quedarse, así que queríamos saber si se puede quedar en una de las habitaciones del templo –Los guardianes lo meditaron por un momento.
-Está bien, puede quedarse, pero tendrá que asistir a la academia como junto con los demás dragones de su edad –Dijo Terrador –Puedes usar la habitación que está junto a la de Spyro si quieres –
-Gracias –Dijo Erbrow y se volteó para irse. Al parecer estar en otra dimensión no lo iba a salvar del estudio.
-Ah, una cosa más –Erbrow volteó hacia Terrador –Nosotros cubriremos tu estadía aquí, pero no podemos darte dinero, así que si quieres algo más tendrás ganártelo por tu cuenta – Erbrow asintió con la cabeza y salió da le sala junto que Spyro y Cynder.
-Genial, ahora además de estudiar también tendré que trabajar –Pensó Erbrow mientras caminaba por los pasillos del templo.
-Aquí estamos –Dijo Spyro indicando que ya habían llegado, él abrió la puerta de la habitación y Erbrow entró. La forma de la pieza era igual a la de Spyro, pero en esta solo había un colchón en el medio y en la pared que quedaba a su izquierda había un espejo y una estantería vacía.
-Te dejamos por ahora Erbrow, sin nos necesitas estaremos en la sala de entrenamiento –Dijo Cynder. Erbrow asintió con la cabeza sin pensar y ambos dragones se retiraron.
Él se dio cuenta que la habitación no había estado nadie en bastante tiempo, con sus agudos sentidos podía percibir el olor a humedad en el ambiente con facilidad. En ese momento Erbrow recordó que Ignitus le había dicho que tenía algunas cosas guardadas en su brazalete, él entonces se concentró e intentó ver o sentir algo. Al principio no sucedió nada pero luego comenzó a ver una luz blanca que salía del brazalete, Erbrow sabía que él no estaba viendo esto con sus ojos si no con su mente, entonces él imaginó que esta energía que estaba allí salía hacia el exterior y así fue.
La perla del brazalete brilló y varios objetos se materializaron en frente de Erbrow, él se quedó con la boca abierta a darse cuenta de que todo lo que estaba en su habitación ahora estaba allí frente a él, su cama, su mesa de trabajo, sus instrumentos, todo.
Erbrow puso una mano sobre su cama, se concentró y esta desapareció al instante, el joven sonrió, al parecer guardar las cosas no era tan difícil, sacarlas es el problema, pero eso podía solucionarse con algo de práctica. Ahora que tenía la mayoría de sus cosas aquí Erbrow rápidamente las organizó en su habitación y guardó todos los aparatos electrónicos que había.
Una vez que terminó lo primero que hizo fue sacar su guitarra pero cuando iba a empezar a tocar se dio cuenta de que tenía un gran problema, las garras de su mano izquierda eran muy largas y no le permitían tocar las cuerdas. Lo primero en lo que pensó fue en usar su cortaúñas, pero luego de meditarlo bien se dio cuenta de que eso no era una buena idea, sus garras eran muy gruesas. Luego recordó que siempre guardaba en sus herramientas un cortafrío, tal vez podría usarlo para cortar sus garras.
Erbrow tuvo que sacar su cama de nuevo ya que las herramientas las guardaba en un cajón que estaba debajo de esta, al sacarla también salió su computador, por suerte quedó sobre la cama y no le pasó nada. Una vez que sacó el cortafrío guardó su cama y su computador de nuevo y se dispuso a cortarse las garras.
Erbrow pasó el cortafrío a través de su garra y apretó, nada, cambió entonces de posición y volvió a intentarlo con todas sus fuerzas, hubo un sonido seco y su garra calló al suelo. Él miró su dedo, horrendo, se veía como a un perro que le han cortado las uñas, solo que su dedo era más largo y más delgado.
-Las cosas que hago tan solo por un poco de música –Se dijo Erbrow suspirando y prosiguió con el resto de sus garras, cortárselas todas le tomó un tiempo, pero al fin lo logró. Tenía suerte de tener un cortafrío tan grande, ese se lo había dado su papá el año anterior para que le hiciera mantenimiento a la guitarra, Erbrow le había dicho que era muy grande y que prefería uno más pequeño ya que solo necesitaría cortar pedazos sobrantes de las cuerdas de la guitarra, él le dijo que lo conservara, que tal vez algún día podría necesitar uno de ese tamaño. El joven dragón se rio en silencio, su papá debió haber pensado muchas cosas en las pudo haber usado el cortafrío pero no creyó que le llegara a pasar por la cabeza lo que estaba haciendo en ese momento.
Erbrow terminó su tarea y cogió su guitarra de nuevo, ahora podía poner sus dedos en los trastes sin ninguna dificultad. Él sonrió al sentir el agradable sonido de su guitarra, ya que quería relajarse un poco comenzó a tocar Stairway to Heaven, sus dedos eran suaves y precisos al tocar cada nota, mientras avanzaba con la canción comenzó a cantarla también, Erbrow era bastante bueno cantando, dominaba tanto el canto lírico como el natural y hace poco había aprendido a manejar el gutural también.
Justo en ese momento Sparx iba hacia su habitación pero se detuvo súbitamente al oír a alguien cantando, en toda su vida nunca había escuchado una música como esa, él entonces pegó su oído a la puerta para escuchar mejor.
Erbrow continuó con la canción hasta que llegó la parte del solo de guitarra, usando su garra como pajuela lo ejecutó fácilmente, las garras en su mano derecha sí le eran bastante útiles, luego de esto siguió con la parte animada de la canción.
Sparx movía su cabeza al ritmo de la música sin darse cuenta mientras Erbrow cantaba la canción, para la libélula la canción estaba en un idioma incomprensible pero le gustaba como sonaba. El dragón negro terminó con su canción y siguió tocando otras melodías, varias de ellas compuestas por él mismo. Sparx lo dejó y se fue a su habitación, más tarde averiguaría quien era su nuevo vecino.
Pasaron casi dos horas has que a Erbrow le dio hambre, el guardó su guitarra y la puso en una esquina, en ese momento él se miró al espejo. Ahora que lo pensaba, desde que se había convertido en un dragón no se había visto la cara. Él se detalló cuidadosamente, aún conservaba el color café claro de sus ojos, pero el iris estaba rodeado por un aro grisáceo. De su cabeza sobresalían un par de cuernos plateados muy parecidos a los de Cynder. Erbrow por curiosidad abrió la boca y vio que estaba llena de filosos dientes, aun así en la parte de atrás tenía muelas lo que lo llevó a pensar que los dragones eran omnívoros, pero lo que más le llamó la atención fue su lengua, esta era bífida como la de las serpientes.
Él quería saber si esta tenía la misma función que en la de muchos reptiles así que probó el aire con su lengua. Una gran cantidad de sabores u olores, no sabía exactamente como definirlo, invadieron su lengua, al parecer sí tenía la misma función. En ese momento su estómago gruñó, mejor iba a buscar algo de comida.
Erbrow salió de su habitación y fue a buscar a Spyro y Cynder, ellos dijeron que podía encontrarlos en la sala de entrenamiento, en ese momento el dragón se detuvo en seco, no tenía idea de dónde quedaba la sala de entrenamiento, él se maldijo a si mismo por no haberlo preguntado, eso le pasa por distraerse.
-Oye ¿Estás bien? –Escuchó que le decía una voz detrás de él.
-Sí, es solo que… -Erbrow se interrumpió cuando volteó y no vio a nadie.
-Hey aquí arriba grandote –Erbrow levantó la cabeza para ver a una pequeña libélula amarilla flotando delante suyo. Esto cada vez se ponía más extraño, primero dragones, luego topos y ahora también libélulas.
-Lo siento mucho, no te vi –Dijo Erbrow dejando sus pensamientos de lado.
-No importa, ya estoy acostumbrado –Le respondió la libélula – ¿Cómo te llamas? –
-Mi nombre es Erbrow ¿y tú? –Preguntó Erbrow.
-Yo soy Sparx –Erbrow asintió en reconocimiento.
-¿Sabes por casualidad cómo puedo llegar a la sala de entrenamiento? –
-Claro, de hecho hacia allá me dirijo, ven sígueme –Erbrow siguió a la libélula a través de templo hasta que por fin llegó al lugar. Cuando entró vio que Spyro y Cynder estaban allí luchando contra unos extraños maniquíes que se movían solos, ambos acabaron con los maniquíes sin mucho esfuerzo, Erbrow se sorprendió de la gran habilidad que tenían.
-¡Hey Spyro, Cynder! –Gritó Sparx.
-Sparx ¿dónde estabas? –Preguntó Spyro.
-Estaba ayudando a los guardianes con algo –Respondió la libélula.
-¿Con qué? –
-Lo siento, no te lo puedo decir, es una sorpresa –El dragón resopló con disgusto, entonces notó que Erbrow estaba más atrás.
-Hola Erbrow ¿ya terminaste de instalarte en el templo? –Él asintió con la cabeza en respuesta.
-Olvidaste decirme dónde quedaba la sala de entrenamiento, de no ser por Sparx ahora estaría perdido en el templo –Spyro sonrió avergonzado.
-Lo siento mucho –
-Bueno, no importa –Dijo Erbrow – ¿Saben dónde puedo encontrar algo para comer? Muero de hambre –
-Claro, vamos todos a comer, yo también tengo hambre –Cynder salió y Erbrow fue tras ella junto con Sparx y Spyro. En un par de minutos estaban en el comedor, allí habían dragones y topos por igual comiendo. Ellos se sentaron en una mesa y al momento llegó un topo a atenderlos. Erbrow lo examinó detenidamente, nunca había visto a una de las pequeñas criaturas de cerca.
-Hola Ren ¿cómo estás? –Le preguntó Spyro al topo.
-Muy bien, gracias maestro Spyro –Erbrow los miró en silencio preguntándose que clase de título tenía Spyro.
-Ren, quiero presentarte a nuestro nuevo amigo Erbrow –Spyro señaló a Erbrow con un ala.
-Es un placer conocerlo señor –Ren hizo una leve venia hacia Erbrow.
-Gracias –Respondió el dragón negro. Luego de eso el topo tomó su pedido, Erbrow no sabía qué pedir así que siguió una recomendación se Cynder y pidió una carne asada junto con una ensalada. Ren se retiró y en unos minutos habían traído sus comidas.
Erbrow olfateó disimuladamente su carne, desprendía un olor agradable, al parecer habían agregado algunas especias. Él probó la carne y la saboreó, era un poco diferente a lo que él estaba acostumbrado pero le gustó mucho. En menos de diez minutos el dragón había terminado su comida, ahora que lo pensaba, esa era la primera vez que comía desde que había llegado a ese mundo. Spyro y Cynder compartieron una sonrisa al ver que a Erbrow le había gustado.
Lugo del almuerzo los dos dragones se ofrecieron para mostrarle a Erbrow la ciudad y Sparx los acompañó, estuvieron varias horas caminando por las calles apreciando todas las edificaciones y pasando por los lugares más importantes de la ciudad. El último lugar que visitaron fue la biblioteca.
-Quiero quedarme aquí –Dijo Erbrow.
-¿Por qué? –Preguntó Cynder.
-Me gusta mucho leer, tal vez encuentre algo interesante –Erbrow no mentía cuando dijo esto, el realmente leía mucho y quería quedarse a estudiar un poco sobre los dragones y si tenía suerte, encontrar algo que le ayudara a dominar su elemento.
-Está bien, como quieras –Cynder se volteó para irse pero se detuvo a medio camino -¿Sabes cómo volver? –
-Sí, no te preocupes por eso –Respondió Erbrow tranquilamente. Los dos dragones se voltearon para irse pero Sparx se quedó mirando al dragón negro.
-Oye ¿se puede saber qué le paso a tus uñas? –Preguntó Sparx señalando su mano izquierda, Spyro y Cynder se detuvieron y miraron a Erbrow esperando su respuesta. Cuando ellos habían llevado al dragón a la ciudad todas sus uñas estaban perfectamente bien, cuando él llegó a la sala de entrenamiento fue que dieron cuenta de que estas le faltaban en una mano, pero ninguno de los dos se había atrevido a preguntarle por qué.
-Lo que pasa es que yo toco la guitarra y las uñas me estorbaban, así que me las corté –Todos quedaron con una mirada de confusión en sus caras.
-¿Qué es una guitarra? –Preguntó Sparx. Erbrow supuso que tal vez en ese mundo aún no habían inventado el instrumento, eso lo llevó a preguntarse si siquiera existían instrumentos; él dejó a un lado sus pensamientos y le respondió a Sparx.
-Si quieres cuando vuelva al templo puedo mostrártela –
-Está bien, pero no te olvides de hacerlo ¿eh? –Dijo Sparx. Erbrow asintió con la cabeza y la libélula salió volando junto con los dos dragones en dirección al templo.
En ese momento a Erbrow se dio cuenta de algo de lo cual debió haberse dado cuenta mucho antes, de hecho se golpeó a si mismo por su propia estupidez. Rápidamente comenzó a buscar una solución a su problema, no sabía volar. Él recordó que mientras que hacía turismo por la ciudad habían pasado por una amplia zona verde, Cynder le había dicho que esos eran los jardines del templo y que estos daban a un pequeño bosque. Erbrow pensó que este sería un buen lugar para aprender a volar y rápidamente se dirigió hacia allí, al parecer su lectura tendría que esperar.
