Debilidad

Edward POV

La semana se había terminado de la forma más lenta posible. No había día en que no tuviera una enorme batalla entre el monstruo y yo. Bella comenzaba a soltarse más con nosotros, yo incluido, y eso era insoportable. Anteriormente Alice solía seguirle a todas partes de la casa. Ahora, exhausta de las corridas de la pequeña, le dejaba ir libremente por todas partes.

Ese día lo había dedicado por completo a mí mismo. Me había acomodado en el banquillo que solía estar frente a mi piano, y toqué. Cerré mis ojos, tratando de olvidarme de todo y de opacar los pensamientos de mi familia. Me concentré en trasportarme a otro lugar, lejos de allí. Lejos de quien yo era en realidad.

La música sonaba suave, con un dejo de tristeza, de frustración y de dolor. Sabía bien que significaba esa melodía para mí. Nunca antes la había tocado, ni escuchado. Las notas salían de mis dedos, guiadas por mi seco corazón. Era triste. Yo me sentía así la mayor parte del tiempo. Era el único en la casa que no tenía compañero. Nadie con quien pasar la mayor parte del tiempo.

Cuando Carlisle salvó a Rosalie, aguardaba la esperanza de que ella se convirtiera para mí lo mismo que Esme significó para él. Pero no era lo que yo quería. Rosalie y yo éramos demasiado diferentes. A ella no le importaba nada ni nadie –y mucho no ha cambiado – Las pocas cosas importantes en la vida de Rosalie Hale son ella y todas sus pertenencias materiales. Ahora creía que quizás Emmett también le importase, aunque fuera un poco, pero quizás es por que lo consideraba una de sus pertenencias.

Me sentía frustrado por que toda la situación de la aparición de Bella me rebasaba. Me superaba como nunca antes lo había hecho otro problema. Esta vez me sentía atrapado. No tenía forma de huir. El monstruo que cohabitaba dentro de mí vivía atento a la más mínima oportunidad de acercarse a su sangre. Cualquier herida, hasta la picadura de un mosquito, sería suficiente para hacerme perder el control, arrastrándome a hacer lo que no quería hacer.

Y ahí aparecía el miedo. El terror de lo que sabía que podía llegar a causar. Atacar a una criatura indefensa, a una niña que apenas comienza su paso por el mundo. A una criatura creada por dios. Perfecta en todos los sentidos. Su irresistible aroma venía acompañado de un tentador ingrediente, la inocencia. Bella era inocente, frágil y hermosa. Esas eran unas de sus tantas virtudes, pero también eran esas mismas las cosas que la condenaban. Que me condenaban.

Era imposible estar en la misma habitación que ella y no sentirme embriagado con su aroma. La garganta comenzaba a secárseme, hasta un punto insoportable. Sentía mi estomago rugir pidiendo ser llenado con su sangre – a pesar de que nunca llenaba mi estómago con la misma, supongo que eso era una especie de reflejo de mi humanidad, como el acto innecesario de respirar – y huía de la habitación donde ella se encontraba en cuanto sentía la ponzoña en mi boca. Haría hasta lo imposible por evitar lastimarla.

Seguí tocando, suave y tranquilamente aquella melodía. El volumen de la música era tan alto que había conseguido convertir los pensamientos de aquellos que estaban cerca de mí, en simples susurros.

Pero uno lo escuché claramente; ¡Bella!

Mis ojos se abrieron de golpe, en dirección al grito desesperado de Alice. Entonces toda la escena se reprodujo como en cámara lenta; Bella corría sonriente por la sala y giró su cabeza para ver a Alice persiguiéndola, pero para cuando volvió a mirar al frente no pudo evitar tropezar contra una mesa, donde había un jarrón de cristal. El jarrón cayó, haciéndose añicos, y Bella aterrizó sobre las filosas astillas de vidrio.

No necesité verla, para saber que se había cortado y que la sangre comenzaba a salir rápidamente. Mis manos se cerraron fuertemente en torno al borde del piano. Alice llamó a los gritos a Esme y a Carlisle – no necesitaba gritar, con un simple susurro alcanzaba, pero estaba presa del pánico – No podía moverme. No podía correr a ayudarle.

Mi cabeza daba vueltas entre las imágenes, el brillante color de la sangre de Bella bañando sus brazos y el suelo, y su dolorido llanto. Podía sentir la presión en mi cabeza, a causa de la fuerza que hacía por contenerme. Alejé mis ojos de ellos, teniendo como última visión la mirada asustada de Alice. Enseguida escuché que el resto de mi familia había llegado. Afortunadamente Emmett se había llevado a Jasper y a Rosalie de caza y no volverían hasta la noche. O quizás él no era por el cual debíamos preocuparnos.

Entonces comencé a sentirme extrañamente mareado. Un perfume dulzón y floral se colaba por mis fosas nasales, acariciando mi garganta; aumentando mi deseo de poseerla. La ponzoña se acumulaba en mi boca, preparándola para ser llenada con la sangre de Bella.

Lentamente me volví hacia ella. Aun seguía llorando. Carlisle le indicaba a Alice que trajera su maletín, mientras que Esme subía las escaleras en busca de toallas limpias.

Carlisle estaba solo. Alice y Esme tardarían en llegar. En el tiempo que ellas dedicaban en acercarse al lugar del accidente, yo podría haberme bebido su sangre. Un gruñido salió violentamente de mi garganta cuando me lancé sobre Bella. Pero algo evito que diera con ella, y salí disparado, golpeándome contra la pared.

Cuando logré incorporarme Alice y Esme estaban sosteniendo a Bella, quien ahora lloraba aterrorizada. Carlisle sostenía una mano sobre mi pecho, atento a cualquier movimiento que hiciera. Movía sus labios, Alice y Esme también, pero no les escuchaba. No quería escucharles. Internamente estaba aturdido y violentos resoplidos salían de mi pecho.

Traté de avanzar un paso hacia la pequeña, hacia su sangre, pero Carlisle me detuvo.

-Edward- Me advirtió con un gruñido. Le miré.

Carlisle me miraba furioso y a la vez entristecido. Bien sabía que su furia no era hacia mí, si no hacia lo que iba a hacer – cosa que, como él pensaba, no era mi culpa, eran mis instintos – y entristecido por la obvia razón. Había pasado demasiados años cuidándome de no beber sangre humana, y ahora una pequeña llegaba para tentarme a probar el fruto prohibido.

-Tengo que llevar a Bella al Hospital, trata de calmarte, ve de caza. Alice irá contigo.- Esme pasó hecha una bala hacia el garaje, con Bella en brazos – aun herida-. Aun podía oler la sangre que lentamente salía de sus venas – Carlisle le siguió.

Me encontré solo en la sala. Resbalé por la pared, cayendo al suelo, donde escondí mi rostro tras mis manos. Avergonzado de lo que había estado apunto de hacer. Por entre mis dedos podía ver el desastre de la sala. El jarrón hecho añicos, las astillas del cristal bañadas en sangre, así como también el lugar donde Bella estuvo llorando. La sangre brillaba menos que antes, pero no por eso resultaba menos tentadora. Pero no podía rebajarme a lamer las manchas del suelo, y menos si la sangre era de Bella.

-Edward,- Murmuró Alice arrodillándose frente a mí. No le respondí, ni la miré. No tenía cara. Había sido débil. Había dejado manipularme por el monstruo. Jamás iba a perdonármelo. -Ven, vamos de caza.- Susurró tomando mi mano. Simplemente me dejé conducir.

Mi cuerpo caminaba y corría como de costumbre. Pero mi mente viajaba por millones de lugares. Desde la aterrorizada expresión de Bella, hasta el dolor presente en los ojos de Carlisle, Esme y Alice. Hacía años había sido capaz de matar gente – generalmente asesinos, y demás, gente que se lo merecía – pero nunca a un niño. Y ahora llegaba Bella para poner mi mundo de cabeza, para hacer flaquear las bases que Carlisle había construido para nosotros.

-No es bueno que calles las cosas, Edward.- Susurró Alice luego de que hubiera acabado con un rebaño mediano de alces. Era lo único que abundaba en esta zona. Y la situación me urgía cazar rápidamente. Me senté a su lado, mirando las luces del crepúsculo entre los árboles.

Tenía que tomar una decisión. Tenía que alejarme de Bella. Claro estaba que ella no se iría. Con lo cual, debía irme yo. Nuevamente me mudaría. Pero esta vez no me sentía digno de estar acompañado; ni por mi familia ni por la familia de Tanya. Debía irme solo para ayudar a fortalecerme. Para darme cuenta de lo que pierdo si no soy fuerte. Darme cuenta de que o me contengo, aprendo a controlar a la bestia que Bella despertaba, o tendría que aprender a vivir solo mientras ella estuviera con vida.

-Creí que era fuerte,- Mis labios murmuraron. Alice me dio un suave codazo, animándome a seguir hablando. -Jasper parece llevarlo muy bien,- Sonreí ante la ironía. Jasper era el que menos se controlaba. Era el más débil. Cada humano que pasaba por su lado, parecía ir hacia él servido en bandeja – o eso era lo que él creía – Entonces ¿Por qué yo? ¿Por qué Bella tenía que ser mi cantante?

-Edward…es diferente, Carlisle ya nos lo dijo,- Nada de esto fue tu culpa, Edward. Lamento no haber podido ver las cosas con anticipación, para evitarte el sufrimiento. Pero te ayudaré a superar esto, el resto de la familia también te ayudará. Verás como en unos pocos años te haces inmune a su aroma. Pensó Alice. A veces disfrutaba mucho de mi don.

-No Alice. No creo poder volver a ver a Carlisle a los ojos. Ni a Esme. No,- Le detuve al ver que iba a interrumpirme. -Tengo que irme, y sabes que va a ser lo mejor.-

-Lo sé…lo veo,- Hizo un gesto con su mano, tocando sus sienes con la misma. -Solo que no concuerdo con que vayas solo por el mundo. Bien sabes que Tanya no tendrá problemas en recibirte…-

-No quiero tener que dar explicaciones, Alice…ni merezco la compañía de nadie.

-Edward. Estás armándote un teatro que no existe. Bella está bien. Carlisle y Esme la traerán en pocas horas, sana y salva. Será como si nunca se hubiera lastimado. Nadie va a echarte la culpa de nada. Ya sabes…no hay culpa sin sangre…en cierta forma…en fin…no hiciste daño alguno, Edward.-

-Pero fue así Alice. Y yo traté de matarla. Eso no voy a olvidarlo jamás,- Dije poniéndome de pie.

-Edward, por favor. Al menos despídete del resto. Esme va a ponerse mal...- Me di vuelta, viendo a Alice a los ojos. Tenía que irme ahora, o si no, no lo haría jamás. Tomé su rostro entre mis manos.

-Alice, dile a Esme que la quiero…que no esté triste. Llamaré. Que cuide de Bella. Prometo que volver. Cuando me sienta lo suficientemente fuerte, volveré,- Susurré dándole un beso en la frente. Y antes de que pudiera decir palabra alguna que me detuviera, me alejé corriendo cuan rápido podía.

Alice POV

Me acomodé en una de las hamacas del jardín. Era una de las pocas noches estrelladas que había visto desde que nos habíamos mudado a Williton, en Dakota del Norte.

Me dejé envolver por el silencio que reinaba esa noche. Traté de poner mi mente en blanco y descansar – de la única forma que podía – hacer a un lado los problemas y preocupaciones.

Edward se había marchado. Y nada de lo que le dijera le haría entrar en razón y volver. Esme estaba destrozada. Había llamado innumerable veces a Tanya para ver si él había decidido ir allí. Pero no. Edward se había esfumado. Ocasionalmente llamaba o escribía alguna que otra carta. Como la última que aun sostenía entre mis manos.

Alegaba estar bien, viajando por el mundo. Solo. Auto castigándose por algo que no había hecho. No teníamos forma de hablar con él, de contarle como estábamos, cuánto le extrañábamos. Cuánto Bella le extrañaba.

Sobre aquella noche, ella no recordaba nada. Carlisle suponía que sería a causa del shock y del hecho de que las mentes humanas pierden cierta información con el correr de los años. Y Bella ya tenía diez años.

Cada día que pasaba la veía más grande, más hermosa. Bella tenía una inteligencia única en los demás humanos de su edad. Era una niña bastante despierta. Eso me recordaba que en los últimos dos años Bella vivía cuestionándonos miles de cosas.

No había pasado por alto ningún detalle sobre nosotros; que no comíamos – o que si lo hacíamos, parecía que no lo hacíamos - que en nuestras habitaciones no había camas – Descuido de mi parte cuando una vez le dejé entrar a mi habitación, siendo que habíamos pactado con el resto de la familia que no lo hiciera – nuestros fríos cuerpos, y tantas cosas más que llamaban su atención.

Por eso esa noche había salido sola a tomar aire, a pesar de que no lo necesitaba. Debía plantearme la idea de que le dijéramos la verdad a Bella. Visualizar todo, y ver si podría tener una pequeña pista de cómo reaccionaría, y que sería de ahora en adelante para nosotros…y para ella.

-¿Alice?- Escuché la voz de Carlisle a mis espaldas. Me giré suavemente.

-Deberíamos decírselo...sé que le duele que escondamos esto de ella. También sé que nunca se acercará a pensar lo que en realidad somos…pero veo el dolor en sus ojos.- Le dije mientras él se sentaba a mi lado. Como lo habría hecho con mi padre, me doblé y descansé mi cabeza en su regazo.

-Alice…realmente no sé que hacer. Creo que aun es muy chica. Puede escapársele con sus compañeros de colegio…eso sería, problemático. Para todos, para ella inclusive.-

-¿Tío?- Escuchamos la voz de Bella desde el hall de entrada. No le tomaría más de diez minutos saber donde estábamos. -¿Alice?- Deseaba tanto ser como era frente a ella. Estaba segura de que iba a quedar encantada.

-Solo esperemos unos años más…a que ella sea más grande y pueda entender mejor las cosas…- Su tono de voz fue bajan a medida que Bella se nos acercaba.

-¡Ah! Acá están,- Dijo finalmente y se echó a correr hacia nosotros. -¿Otra carta de Edward?- Preguntó con una triste sonrisa señalando la postal que tenía apoyada en mis piernas. Rápidamente la guardé en mi bolsillo, tenía cierta información que estaría de más que ella la leyera.

-No, Bella…esta es una que me dio Jasper.- Le dije incorporándome en la hamaca y haciéndole lugar para que se sentase junto a mí. En lugar de eso, Bella prefirió sentarse encima de Carlisle.

-¿Cuándo va a volver Edward?- Preguntó suavemente. Carlisle me miró, esperando que yo hubiera visto algo.

-No lo sé, cariño…- Susurré mirando la inmensidad del cielo oscuro.